20 temas que tratar en una historia de terror (con ejemplos y propuestas)

¿Pero es que se pueden escribir historias de terror originales?

Dicen que el terror es un género difícil, que la gente ha dejado de asustarse con la ficción porque, bueno, para provocar pesadillas ya tenemos el telediario. Pero tú, como yo, te has empeñado en escribir sobre cosas que dan miedo. Además, como a mí, te cansa la violencia gratuita, la sangre injustificada y te sabes de memoria las motivaciones de quienes matan por placer al estilo de Hannibal Lecter.

A lo mejor todo lo anterior te ha llevado a pensar que el terror está caduco, que se ha escrito todo lo que se puede escribir sobre fantasmas, maldiciones, vampiros, monstruos varios y todo eso que se nos viene a la cabeza cuando pensamos en terror. Y puede que algo de verdad haya en ello, pero es que el miedo surge de muchos más lugares y de muchas más formas. Y si no surge, nuestra es la responsabilidad de hacerlo nacer… Igual que hizo Mary Shelley.

Te propongo veinte modos de enfrentarte al terror y algunos ejemplos de cómo autoras a las que deberías leer los han empleado.

1.- La transformación.

Puede que haya muchos programas de telerealidad que hablen de cambiar el cuerpo de las personas como si fuera algo positivo, pero el hecho es que las transformaciones que se producen en nosotros sin que lo hayamos pedido no nos hacen mucha gracia.

¿Qué pasa cuando te leventas por la mañana con un lunar en la cara que no tenías al acostarte? ¿No te preguntas si será cosa de la edad o si se trata del primer indicio de un cáncer? El cuerpo es la primera frontera de la identidad y la identidad es frágil. Si no lo fuera, el fútbol no se convertiría en un campo de batalla, ni las redes se inflamarían como lo hacen cada vez que una persona emite una opición. Creemos que somos lo que parecemos, lo que nos gusta, lo que comemos, las películas que vemos.

Ahora ¿cómo utilizar la identidad en una historia de terror? La propia Mary Shelly lo hizo en su relato Transformación y Kafka en su Metamorfosis, pero nosotros no escribimos terror gótico. A cambio somos personas con una gran capacidad de observación y sabemos a qué nos aferramos cuando nos miramos en un espejo. Solo tienes que identificar tu rasgo más distintivo y eliminarlo o cambiarlo por otro. Imagina que un buen día se te cae una uña, y al día siguiente otra, y el tercer día ya no tienes uñas, sino piedras preciosas. A.S. Byatt hace algo parecido en Una mujer de Piedra, un relato de su Libro oscuro de los cuentos. Pero no hace falta que nos pongamos trágicos. Imagina que una mañana te levantas y tu plato favorito te da arcadas ¿Por qué podría pasar algo así? ¿Y si lo siguiente es que te repugnen las ideas del partido al que votaste? ¿Qué consecuencias podría tener eso?

2.- La invasión.

Si la transformación pone en jaque la identidad, la invasión ataca al control. Tú sigues siendo tú y estás en tu cuerpo, sigues adorando la tarta de manzana, pero hay alguien que te obliga a a comer brócoli porque se ha instalado en tu interior y no te permite seguir con tu vida tal y como la conocías. Por supuesto, libros como El Exorcista hablan de las típicas posesiones diabólicas, pero no es demonología todo lo que reluce. Daniel Pérez Navarro en un fragmento de MobyMelville usa la posesión para contar un drama dieciochesco. En nuestro caso queremos darle un nuevo aire a esto de perder el control sobre nuestro cuerpo o sobre nuestro cerebro: drogas, alcohol, sonambulismo, personalidad múltiple, personajes que no saben que tienen el poder de que algunos de sus pensamientos se hagan realidad, el mundo entero de los sueños…

3.- La mala conciencia.

Este es uno de mis favoritos. Lo que es capaz de hacer el ser humano para lavar su conciencia entra por la puerta grande en el mundo del terror literario. Como cometí un pequeño error que quiero solucionar me hundo cada vez más en un cenagal de maldad.

Ejemplo para tu uso y disfrute: alguien va a que le lean las cartas del tarot. La cartomante predice un hecho determinado que no se produce. Y no se produce porque ese día ella no está para ejercer, pero en lugar de decir que no, hace la tirada porque necesita el dinero. Influenciada por la lectura, la clienta precipita el hecho que jamás debió producirse. Esto afecta profundamente a la cartomante ¿Qué se te ocurre que puede pasar a partir de ahora? ¿Y si hay alguien o algo manipulando a esa cartomante y en realidad la lectura sí era buena? Es un buen inicio y será la mala conciencia de la protagonista la que determinará cómo se desarrollen los acontecimientos.

No se te habrá escapado que en el ejemplo intervienen más de un elemento. En este caso, la invasión, la manipulación, se une a la mala conciencia. Combina y vencerás. Hazme caso.

4.- Lleva al límite sentimientos positivos

Otro de mis favoritos: coge a tu protagonista y averigua de qué es capaz por amor. El ejemplo más evidente nos lo dan los clásicos: Drácula se enfada con Dios porque su esposa ha muerto y a partir de ahí todo es muerte y destrucción.

Un niño que es capaz de las mayores barbaridades para hacer más fácil la vida de su madre puede convertirse en un filón. O una amiga que quiere salvar a otra.

Así, a priori podría no parecer gran cosa, pero ¿Y si el niño y su madre son Dioses primigenios? No, no me refiero a pulpos gigantes, sino a infiltrados con mucho poder. En realidad la historia de terror es de terror porque retuerce los elementos de una historia común: lo que es bueno pasa a no serlo o, al menos, a resultar sospechoso.

5.- Usa el arquetipo del Rey Midas.

La imagen es de https://www.flickr.com/people/centralasian/

Arquetipo, divino tesoro. El Rey Midas pidió el deseo de que todo lo que tocara se convirtiera en oro. El hombre, claro, se murió de hambre. A lo mejor estás pensando que si está escrito no se puede tocar… ¡Error! Imagina otros poderes malvados. Imagina que tu prota tiene que dejar de hablar porque todo lo que dice se materializa. O porque todo lo que piensa se hace realidad. A lo mejor no es el protagonista quien tiene el poder, sino un personaje secundario al que se busca para usarlo como arma.

Usa cualquier otro arquetipo y dale la vuelta. A lo mejor la princesa estaba encerrada por un buen motivo y cuando llega el caballero a salvarla desata las siete plagas sobre el reino. O a lo mejor lo que obtienes cuando besas a la rana no es un príncipe azul, sino otro tipo de ser.

6.- ¿Y qué pasa con los grandes monstruos clásicos?

Hablemos, por fin, de vampiros. Los vampiros han sido traidos, llevados, maltratados y hasta se los ha hecho brillar. En realidad son seres sanguinarios que se alimentan de sangre humana y que DEBEN vivir eternamente (si no los matas o se matan, siguen viviendo en plan conejito rosa de anuncio de pilas). Anne Rice ya hizo que nos enamorásemos de ellos, así que deja eso a un lado. Nada de seres oscurosa que brillan. No me cansaré de repetirlo: brillitos vampíricos NO.

Se puede tratar a todos los clásicos de un modo diferente. Imaginemos a la familia Van Helsing. Imaginemos que han capturado al último vampiro. Imaginemos que lo torturan hasta casi matarlo cada noche, que lo exponen al sol naciente cada amanecer pero que permiten que se regenere para poder continuar con su tradición familiar ¿Quién es el malvado en esta historia?

NOTA: Yo te dejo la idea para que la desarrolles, pero que conste que es la que más me gsuta de todo el post, así que mencióname en los créditos. Gracias 😉

7.- Lugares cotidianos que se convierten en laberintos o mazmorras

Personalmente no me gustan las estaciones de tren ni los pasillos con muchas puertas. De hecho, una puerta cerrada es terreno abonado para que seres como Barbazul o la señora Agramonte hagan su agosto a costa de la curiosidad empedernida de otros personajes. El motivo por el que no me gustan las estaciones es que leo fatal los horarios de trenes y termino sintiéndome estúpida al subir y bajar siete veces el mismo tramo de escaleras. Se puede aprovechar este sentimiento de pequeñez y aderezarlo con ciertas gotas de sentirse observado o una ligera amenaza de muerte. En relatos que suceden en laberintos se combinan el miedo a perder el control, el miedo a la muerte y el miedo a quedar expuesto.

8.- La tecnología

El miedo a la exposición del que hablaba ahí arriba se puede explotar de muchos modos ¿Y si cada botón o tecla que pulsas a lo largo del día envía información a algún lugar. Pero no cualquier información, sino información concreta sobre ti. Yo ya me estoy preguntando quién puede querer esa información y para qué.

Piensa que cada huella dacticar podría servir para reproducir tu identidad y de que esa reproducción puede hacerse de muchos modos y tener muchas consecuencias ¿Y si te clonan y tratan de destruirte? ¿Y si usan tus datos para culparte de algo que no has hecho?

9.- El doble.

Este es un tema recurrente que comienza en las historias de gemelos y quizá termine en la clonación. Entronca con el problema de la identidad y puede llevarse por derroteros casi infinitos. Seguro que lo primero que se te ha ocurrido es que tu doble sea malvado, pero ¿Y si ha llegado para salvarte de tu propia maldad? ¿Y si el doble eres tú? La cantidad de conflictos éticos que pueden contemplarse en este tipo de historias es espectacular. Con qué tintes específicos de terror los cubras es cosa tuya.

10.- Sombras y espejos

Puede que lo que ocurra no sea real, que suceda en submundos, o en los reflejos de agua y cristales. Puede que allí el cesped se vea más verde ¿Seguro que conoces lo que crees que conoces? Descubrir secretos propios o de otros siempre es un buen punto de inicio para un relato de terror. Que se lo digan a Mr. Hyde.

11.- Acude a la historia.

Llevamos 2.017 años de historia si contamos desde el nacimiento del hombre aquel que terminó tan mal.  Son muchos más de historia anterior a ese hecho, más la prehistoria. Casi todo lo malo que la especie humana podía hacer ya lo ha hecho, así que si te falta inspiración acude a las páginas más macabras de la historia. Puede que se te haya ocurrido la inquisición o la Gran Guerra, pero eso no es más que la punta del iceberg. Leopoldo II en El Congo, Idi Amin, Pinochet, la Biblia. Date una vuelta por Google y se te pondrán los pelos de punta. De hecho, Margaret Atwood no inventó prácticamente nada en lo que se refiere a las torturas y humillaciones sufridas por las mujeres en El cuento de la criada. En el prólogo de la última edición explica que no quiso poner nada de su propia cosecha, sino usar lo que la historia ya había utilizado.

Y es que damos mucho miedo.

12.- La naturaleza.

En El Principito te sueltan lo de la boa constrictor que se ha comido un elefante y se quedan tan panchos. Pero el hecho es que una buena combinación de bichos como la boa y mala baba humana puede terminar contigo en el estómago de algo. Pero no es solo eso ¿Conocéis a ese bicho que es capaz de sobrevivir en el espacio? ¿Sabeís lo de las bacterias que viven en el intestino? ¿No os estáis muriendo de urticaria? Pues eso. Argh. Me voy a por el 13, que esto me pone malita.

Y eso que no ha hablado de parásitos ni de plantas, dos de mis terrores favoritos. En serio ¿Por qué creeís que las plantas crasas tienen las hojas gordas? Comen gente, os lo digo yo. Una hiedra con mala leche puede cargarse un edificio. Son lentas, sí, pero no les prestamos atención y eso no puede acabar bien.

13.- Quita algo de la sociedad

Funcionamos como lo hacemos porque tenemos todo lo que tenemos. Si nos quitas alguno de los elementos a los que estamos acostumbrados, se darán cambios sustanciales que podrían ser terroríficos. Echa un vistazo a este relato de Gaiman.

Por hablar de algo menos drástico ( o no) Imagina que desaparece el papel, todo el papel del mundo. O que todos perdemos el olfato. Todos, también los animales no humanos ¿Y si desaparece el dinero? ¿Y si un buen día todos los pobres se despiertan sin saber qué es el dinero o para qué sirve? Los ricos no, los ricos sí lo saben pero ¿cómo ejercerían su poder?

14.—Pon algo que antes no estuviera.

De nuevo, el truco consiste en alterar el equilibrio conocido. Una persona que de repente aparece de más en cada familia, un cadáver que regresa y que ni siquiera es consciente de haber muerto. O que todo el mundo engorde 100 gramos al día sin saber por qué o cómo evitarlo. O aparece una nueva raza.

¡¡¡Sí!!! Puedes usar cualquiera de estas ideas, pero déjame un enlace para que lea tu relato.

15.- Dios

No hay mucho que decir al respecto. Trae a Dios a la tierra, dótalo de sentimientos humanos y ya veremos qué pasa con todo ese omipoder…

16.- Instintos humanos

Explota los peores. Experimentos como el de la Prisión de Stanford  o el de Experimento de Milgram  ponen de manifiesto lo que las personas somos capaces de hacer en determinadas circunstancias. Echa un vistazo a los enlaces y seguro que se te ocurre alguna maldad que perpetrar. Literaria, alguna maldad literaria.

17.- La reducción al absurdo

Escoge un buen hábito, el que sea, y conviértelo en una obsesión. Hacer deporte, ayudar a los demás, comer sano…

Imagina a alguien tan empeñado en echarte una mano que te asusta, que te acosa ¿por qué podría estar comportándose así? ¿Qué sucederá si se lo impides? ¿Qué podría suceder si se lo permites?

18.- Tu amiga la literalidad

En “Pedazos”, Lisa Tuttle hace que los recuerdos de las relaciones terminadas de la protagonista aparezcan en su cama de forma física. Así, se encuentra con el pie de uno de sus amantes, el torso de otro…

Tú puedes escoger una frase hecha, una que te de mal rollo y hazla real. A quien madruga Dios le ayuda podría convertirse en la lucha sin cuartel de los habitantes de un pueblo por ser los primeros en levantarse cada mañana. Tampoco me hagas mucho caso, llevo 18 posibles ideas y la cosa flojea. Pero el refranero está lleno de frases que puedes convertir en realidad. Imagina el ojo por ojo ciente por diente

19.- Los mejores deseos

Toma los deseos más comunes y dales una vuelta de tuerca ¿Qué podría tener de malo que de verdad hubiera paz en el mundo? ¿Y si no se pasara hambre en ningún lugar? ¿Y si todo el mundo tuviera sus necesidades básicas cubiertas? O, mucho mejor ¿Cómo se ha conseguido que eso suceda? Se trata de una macro utilización de la imagen del pueblo idílico donde algo huele a podrido bajo la crema del pastel.

20.- Cuestiona las reglas.

Da significados diferentes a las señales que vemos a diario. Lo mismo para costumbres que parecen inofensivas ¿Por qué la gente se lanza a las terrazas durante el verano? ¿Qué les obliga a salir de casa? ¿Y si tu protagonista decide no salir? ¿Qué pasa durante la hora de la siesta? ¿Qué hacen las madres durante las horas de colegio y por qué cada vez hay más actividades extraescolares?

Verás que en la mayoría de los 20 puntos hay preguntas. En realidad el terror, como comentaba antes, se basa en dar respuestas diferentes a preguntas conocidas. Por supuesto, puedes contestar a todas ellas con las respuestas tipo, pero entonces te van a salir unos bonitos ensayos sociológicos, no una historia de miedo.

A estas cosas que te propongo hay que darles una vuelta, ponerles sus trajes de gala gótica y darles una atmósfera adecuada. Pero ya hablaremos de esto en otra ocasión. De momento, espero que alguna idea haya brotado en tu cabeza mientras leías. Y deso con todo mi ensangrentado corazón que me permitas leerla.

Oye, y si se te ocurren más ideas, cuéntamelas ¡que la vida es larga y hay mucho que escribir!

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