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3 ideas para darles trasfondos potentes a tus personajes

¿Por qué nos gustan nuestros personajes favoritos? ¿Por sus reacciones? ¿Porque son guapos? ¿Por sus nombres exóticos? En realidad no. Nos gustan porque nos identificamos con ellos. Y esa identificación no surge de la nada, nace del trasfondo.

Literup lo explica estupendamente en este artículo de su blog. Y además os da algunas pistas acerca de cómo crearlo.

En poquísimas palabras, el trasfondo es la historia que hay detrás del personaje, el origen que explica de dónde viene, quién es y por qué reacciona de la manera en que lo hace.

¿Habéis visto la película de Capitana Marvel? Durante todo el metraje asistimos al desarrollo del personaje. La pobre mujer (sic) ha perdido la memoria, pero no la personalidad. Esa personalidad viene de algún sitio y ese sitio es el trasfondo. Un trasfondo que se explica en esta escena y sin duda uno de los trasfondos potentes que más se ha comentado en los últimos tiempos:

Carol Danvers tiene una idea férrea de la justicia porque ha sufrido la injusticia; es una mujer que no se rinde, no lo ha hecho nunca. Y, cuando recuerda ese trasfondo, cuando recuerda quién es, se hace más fuerte y vence a sus enemigos.

Trasfondos potentes y clichés, una combinación peligrosa

No es fácil encontrar trasfondos potentes, creíbles y novedosos. Queremos que nuestras protagonistas tengan motivos para ser cobardes o valientes; para vivir felices o estar enfadadas. Pero esos trasfondos potentes, esa historia personal de la que surgen sus emociones principales y su manera de ver de la vida o de enfrentarse a los obstáculos ¿de dónde viene? 

¿Cómo hacemos que una niña odie a sus padres sin recurrir al maltrato físico evidente o a una rabieta de la adolescencia? 

Que no cunda el pánico. La historia de la humanidad nos provee de multitud de posibilidades que podemos añadir a nuestras obras. Sobre todo si son de fantasía, de Ciencia Ficción o de terror. Una de las ventajas que nos dan los géneros no realistas es que podemos jugar con los límites de la realidad.

Aunque tampoco es que haga mucha falta. Hoy os propongo tres situaciones reales que podéis adaptar para llenar a vuestros protagonistas, antagonistas y secundarios de buenos motivos para ser como son.

Pero antes… ¿que sería de estos artículos sin sus ejemplos?trasfondos potentes 

Ejemplos de personajes con trasfondos potentes

Severus Snape: el amor tóxico y el sentimiento de culpa

Como crear trasfondos inolvidables para tus personajes

Las discusiones sobre este personaje, su naturaleza inicial, los deplorables actos que comete contra los padres de Harry Potter y su redención final son infinitas. Es un personaje complejo y por eso está entre mis preferidos de la saga.

Es verdad que J.K. Rowling juega con inteligencia cuando decide, además de crear un hombre atormentado por los errores de su pasado, esconder ese trasfondo hasta el final de la saga. Nos presenta así a un personaje aparentemente malvado que nos sorprenderá en el momento justo.

Es el amor no superado hacia Lily Potter en combinación con un pasado de abusos por parte de los supuestos héroes de la saga (los fundadores de la Orden del Fénix) y con las consecuencias de la venganza del propio Snape lo que lo convierte en un personaje contradictorio. 

Snape, además, hace promesas que se obliga a cumplir. Es un hombre inflexible y atado tanto por lo que hizo como por su determinación de redimirse.

El trasfondo de Severus Snape es un gran ejemplo a seguir y uno de esos trasfondos potentes que me gustaría haber creado.

Louis de Point du Lac, en Entrevista con el vampiro. Cuando un trasfondo potente se come a tu personaje

Como crear trasfondos potentes para tus personajes 2
Como crear trasfondos potentes para tus personajes 2
Como crear trasfondos potentes para tus personajes 2

Todo el comienzo de esta novela de Anne Rice habla de las desgracias de Louis, el terrateniente de Nueva orleans que en la película de Neil Jordan pierde a su mujer pero que en la novela asiste a la muerte de su hermano, de la cual se siente culpable.

Como veis, el sentimiento de culpa es una cuestión ampliamente explotada por autoras y autores.

Louis se siente culpable y además no le tiene especial apego a la vida. Si unimos eso con la «casualidad» de que se encuentra con un vampiro bully y bastante estúpido, es normal que el personaje de Louis se convierte en una caricatura. Pero de todos modos, su trasfondo es creíble y muy potente. Además, la propuesta de la novela, al contrario que la de la película, está poco explotada.

También hay que decir que, en este caso, la elección de un trasfondo potente no ha salvado al personaje de ser un poquiiiiiito plano 😉

Amor de monstruo, de Katherine Dunn y su protagonista: Olympia «Oly»

Amor de Monstruo está narrado en dos instancias temporales: presente y pasado. En el presente suceden unos acontecimientos determinados que se explican con abundancia de detalles en los fragmentos situados en el pasado. Este pasado explica el trasfondo de Oly, su pasado como miembro de una familia circense, los abusos físicos y sicológicos a los que la sometieron de pequeña y sus sentimientos deformes, que culminan en un hecho condenable.

Oly es un personaje enternecedor al que le tengo especial cariño, pero eso no elimina que su autora la haya tratado con una crudeza desoladora. Uno de los problemas que encontré en la novela, de hecho, fue que el trasfondo de su protagonista tomaba demasiada relevancia. De todos modos, es una historia de creación de identidad y personalidad tan potente como para aparecer en estos ejemplos.

La novela, por cierto, es todo un compendio de trasfondos potentes.

John Wick

El cachorrito de John Wick y su trasfondo

¿Es potente el trasfondo de este personaje que ya se ha convertido en icono?

Sí.

Estamos ante un asesino a sueldo letal que quiere dejar su trabajo y vivir tranquilo. Un poco como Scarface. De hecho corresponde a un arquetipo relativamente moderno que se resume en la frase anterior: quiero dejar de ser quien soy, pero el mundo me lo impide y, como consecuencia, desato el infierno sobre la tierra. 

Ese «ser quien soy» es el trasfondo de John Wick. Y si en la primera película lo sospechamos, en las dos siguientes se nos cuenta con pelos y señales.

Puedes leer esta reseña de una novela de misterio con protagonista femenina similar a John Wick. Su trasfondo es igualmente potente

Ahora sí, vamos con lo que nos ha traído aquí:

Cinco ideas extraídas de la historia para darles trasfondos potentes a tus personajes

Mis padres me enviaron al bosque a llevar a una cestita a mi abuelita ¡Pero lo hicieron por correo!

trasfondos sacados de curiosidades históricas para mejorar tus personajes

El uno de enero de 1913 se inaugura el primer servicio de envío de paquetes postales en Estados Unidos. Damos la bienvenida al Parcel Post Service y aconsejamos a Tramuntana, la cartera despistada de Mágica Pirimpella, que se siente y observe. 

Por aquel entonces, recién estrenada la segunda década del siglo XX, no existía una normativa demasiado estricta sobre lo que se podía enviar por correo o no, así que algunas personas hicieron sus cálculos y tomaron sus decisiones: resultó que salía mucho más barato enviar a los niños por correo que pagarles un billete de tren.

¿El resultado? Respetada gente de bien, como el señor y la señora Beauge, de Ohio, enviaron a su hijo a casa de su abuelita por el módico precio de 15 centavos de aquellos tiempos (unos 4$ de  hoy).

La práctica se prohibió a los pocos meses, pero se siguió llevándose a cabo hasta 1915. Porque los caminos de la ley son inescrutables, supongo.

Ahora bien ¿cómo viajaban estos niños? ¿Los metían en cajas con agujeritos para respirar? No seré yo quien te diga que no puedes hacer eso en tu novela, pero el Parcel Post Service era menos cruel. Se cosían los sellos a la ropa de las criaturas y se las dejaba al cuidado del cartero. Los niños viajaban en tren con él, aunque no en los vagones normales, sino en el vagón del equipaje. Y, al menos en principio, no se quedaban solos.

Ahora que sabes que esto pasaba, puedes incluirlo en tus novelas. también podías hacerlo antes, pero a lo mejor no se te había ocurrido. Y puedes adaptarlo. A lo mejor en tu historia de fantasía se envía a los ancianos por correo, o a los hombres casaderos. Tu imaginación es el límite.

En cualquier caso, el trasfondo puede venir determinado por una experiencia traumática como esta, pero tendrás que diseñar de qué manera la experiencia afecta al personaje.

  • Puede que el cartero sea un tipo agradable y le cuente historias durante todo el camino. 
  • Puede que el cartero (o la cartera, perdón, Tramuntana), no deje de quejarse de que la cría es un estorbo y esto haga que crezca con problemas de autoestima.

En definitiva, que la experiencia sea positiva o negativa afectará a tu personaje. A lo  mejor se toma como una liberación salir del domicilio familiar. Veta tú a saber.

La cuestión es que aquí tienes una forma pintoresca de mostrar los motivos para que el carácter de tu personaje es el que es y no otro.

Sé leer, pero aprendí con las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique

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Tienes un personaje culto, o al menos más culto que aquellos que lo rodean. Sabe leer en un entorno en el que nadie más sabe. Nuestros prejuicios (que son oscuros y albergan más horrores que la noche), tienden a llevarnos a pensar que las personas cultas son más racionales y proclives al pensamiento científico.

Esto no siempre es así. Luis Alfonso Gámez cuenta el caso de Conan Doyle en su libro El peligro de creer, que es muy interesante por muchos motivos; entre ellos que recoge el nacimiento del espiritismo, su auge y no sé muy bien si su caída; porque una vez has plantado una semilla, las plantas germinan y no hay quien se libre de ellas. Así que de espiritistas, ocultistas y otros especímenes sigue el mundo lleno.

Pero no hablaremos de Conan Doyle, para eso os dejo el enlace al libro de Gámez.

Hoy hablaremos de cómo aprender a leer puede dar lugar a la gestación de horrendas pesadillas.

¿Sabéis con qué aprendían a leer las niñas y niños del siglo XIX? Mirad las fotos que vienen de la web del Smithsonian: El New England Primer enseñaba a leer y daba valiosas lecciones sobre la vida y la muerte. Este libro de 1811 decía: La vida y la tumba nos enseñan dos lecciones diferentes: la vida nos enseña a morir, la muerte nos enseña cómo vivir.

Estaremos de acuerdo en que no es lo mismo aprender matemáticas con el Monstruo de las Galletas o el Conde Draco que sumando y restando cadáveres en un cementerio.

No es lo mismo aprender a leer con «Mi mamá me mima» que con «Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar, que es el morir».

Así que, dependiendo de cómo nutrais los cerebros de vuestros personajes durante sus años de aprendizaje, así os saldrán de adultos. Por supuesto, esto no son fórmulas exactas. Algunos hechos de la infancia pueden matizar otros. Por eso dos hijas del mismo matrimonio no leen lo mismo, ni tienen los mismos hobbies. 

Si no conocéis la revista del Smithsonian os la recomiendo mucho. Allí cuentan como sus New England Primers variaron a lo largo de los años, pero su estructura básica se mantuvo prácticamente igual. Cada libro tenía un abecedario en imágenes, como el de la foto, y junto a cada dibujo había una lista de palabras con un número de sílabas ascendente. Desde «muerto» a «mortalidad», por ejemplo.

La misma  página cuenta la historia de la letra equis, que no era especialmente fácil de ilustrar antes de que el xilófono entrase en el diccionario inglés; así que los Primers de la colección del museo (el Smithsonian es un museo), ilustran la Equis con una coplilla: ´Xerxes the great did die/And so must you and I». Algo así como «Jerjes el Grande murió/como lo haremos tú y yo».

Había un motivo para exponer a los niños a la muerte a edades tempranas; a saber, que los niños morían a edades muy tempranas también. Para ser franca no termino de entenderlo, pero el caso es que se hacía y ahora puedes usar este tipo de enseñanza tú en tus historias para crear personajes traumatizados con la muerte… o con lo que se te ocurra.

Mi hermano fue un niño prodigio

Trasfondo del niño prodigio

A veces el trasfondo de un personaje, su identidad, su carácter, se forjan no por lo que les sucede a ellos, sino por lo que no les sucede.

A principios del siglo XX, se pusieron de moda los niños prodigio. Dejad que os cuente la historia de uno de ellos y luego vemos cómo pudo afectar a las personas de su entorno.

Quizás el prodigio más célebre de principios del siglo XX fuera William James Sidis, que se convertiría en el ejemplo más conocido de los peligros que entraña la fama prematura.  

Nacido en Nueva York en 1898 y era hijo de inmigrantes rusos. Su padre era un destacado psicólogo. Su madre fue doctora en medicina, pero nunca ejerció, sino que se dedicó a cuidar de su hijo y su esposo.

Impulsado por sus padres, en particular su padre, que creía que la educación debería comenzar en la cuna, Sidis mostró una gran facilidad para los idiomas y las matemáticas a una edad en que la mayoría de los niños se contentan con gorgotear. Según The Prodigy, una biografía de Amy Wallace de 1986, los niños mayores jugaban con él, cuando todavía era un bebé de sillita y lo llevaban al parque para oirle contar hasta cien.  Existen informes que aseguran que con un año y medio leía ya el New York Times. A los tres años aprendió latín de manera autodidacta.

Los periódicos se hicieron eco de su inteligencia porque se matriculó en el instituto a los ocho años y entró en la universidad de Harvard a los once.  

Para cuando Sidis se graduó de la universidad, su fama se había extendido como un virus. Durante algún tiempo se dedicó a la enseñanza,, pasó un tiempo en la facultad de derecho y coqueteó con el comunismo, pero su mayor pasión parecía ser su colección de trenes en miniatura, tranvías, de hecho; un tema sobre el que escribió un libro, eso sí, bajo seudónimo. Más tarde escribiría otros libros con otros seudónimos, incluida una historia de los nativos americanos.

Para ganarse la vida, Sidis realizó una serie de trabajos de oficina de baja cualificación. Cuando el Newyorker lo buscó para llenar páginas con uno de esos artículos de «Qué ha sido de tal celebrity» en 1937, explicó que vivía en una pequeña habitación en un mal barrio de Boston. Al parecer, el ex niño prodigio dijo: «la simple visión de una fórmula matemática me pone físicamente enfermo». Sidis, de 39 años, demandó a la revista por invadir su privacidad y perdió la demanda. El caso alcanzó tanta fama como el propio crío.

Sidis murió en 1944 a los 46 años, aparentemente de una hemorragia cerebral. Dejó una pila de manuscritos.

La vida de este muchacho es lo bastante triste e inquietante como para escribir su historia, pero imaginemos cómo esa vida pudo afectar a un supuesto hermano, o a un chico al que le gustara, o a sus profesores.

  • ¿Sabéis en quién pienso cuando trato de imaginar a un hermano de Sidis? en Scar, el segundo nacido, el que no tiene derechos. Imagino un hermano menos inteligente y por tanto con menos tirón mediático ¿cómo se sentiría? Quizá no llegase a querer matar a su Mufasa particular. Si su familia lo trataba bien no tendría por qué desarrollar baja autoestima, ni sentirse desplazado, pero siempre cabe la posibilidad. 
  • Imaginad una profesora joven e inexperta que tiene que dar clase a un niño súper inteligente. Tampoco debe de ser una situación fácil ¿verdad? Hemos hablado del trasfondo como lo que sucede en la infancia, pero el carácter de las personas sigue forjándose a medida que vivimos.
  • ¿Y si había un muchacho de inteligencia normal en el barrio y estaba enamorado de Sidis? ¿Y si se sentía tonto? 

Las posibilidades son infinitas. Solo os pongo este ejemplo para que tengáis en cuenta que crecer al lado de una figura muy potente, a su sombra, puede modelar la personalidad de una manera determinada.

¿Y ahora qué?

Ahora ya puedes ponerte a trabajar.

Pero además, recuerda:

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