5 elementos necesarios para crear terror

Hace nada, unas poquitas semanas, os daba, porque así soy yo, un alma generosa y amable, 20 ideas para escribir una hitoria de terror, con ejemplos y propuestas; l0 que no está mal, ni mucho menos. El artículo ha tenido más repercusión que aquel que se titulaba Alicia, Tetas y que también cuenta una historia de terror, mucho más real y sufrida por un montón de mujeres que no se llaman Alicia. (#Meetoo)

Hoy vamos a hablar de lo que tiene que tener, sí o sí, cualquiera de esas 20 historias de terror para que den miedo. Porque por mucho que cojas una coctelera, metas dentro tres vampiros, una casa encantada, zarzas parlantes, una señora con ojos rojos y lo agites todo al ritmo de bloody mary, si no sigues unas pocas normas no vas a tener éxito.

¿Qué es el éxito para una escritora de terror?

Esta es fácil: que sus historias de terror den miedo.

 

Personalmente encuentro muy difícil asustar a nadie con una historia. Una se pone delante de la tele y la banda sonora de una película, las apariciones sorpresivas y la atmósfera suelen apañárselas bastante bien para causar sobresaltos, pero eso se pierde cuando la historia la estás leyendo. Vamos, que no es lo mismo que te aparezca un señor de la nada en medio de una habitación con cuerpos colgando de ganchos de carnicero, acompañado por un piano ominoso o unos violines que chillan a leerte esta frase.

Por mucho que pongas “de repente”. De hecho, poner “de repente” es un aviso de que algo va a pasar. Mejor no poner “de repente”. Hay unas cosas que se llaman puntos, comas, puntos y comas y.

Puntos y a parte.

Que solucionan con cierta eficacia lo del “de repente”. Pero eso es otra historia y… bueno, ya sabemos lo que hay que hacer con esas otras historias.

¿De dónde surge el terror? ¿Cómo se induce el miedo?

Esta es menos fácil, pero tenemos la suerte de que Juan Gonzélez Mesa lo explica estupendamente es su artículo El Terror, un juego de niños; publicado en el número 7 de la revista Supersonic, que podéis encontrar haciendo click (Y puesta a mencionar números molones de Supersonic, en el 8 hay un relato mío de terror new weird. Una no debe teorizar por teorizar).

Juan explica, en un texto muy fácil de leer y cargado de esa verdad aliñada con mala leche que tanto admiro de sus escritos, que el terror, el miedo del lector, nace de un sentimiento de INDEFENSIÓN. Anotadlo bien: vuestras lectoras deben sentirse indefensas, vulnerables. Deben creer que algo malo, muy malo, les puede pasar.

Vuestras lectoras deben sentirse indefensas, vulnerables. Deben creer que algo malo, muy malo, les puede pasar.

El miedo es una reacción espontánea, racional, primitiva, que sirve para salvarnos de un peligro. Una buena escritora de terror debe saber qué situaciones, experiencias o personajes son capaces de crear por sí mismos una situación de alerta. Juan habla de lo que se siente cuando alguien tres veces más grande que tú se te acerca con la intención clara de darte la del pulpo. Pero lo dice mejor que yo, leed el artículo.

Una buena escritora de terror también debe saber cómo crear esa sensación poco a poco. En realidad se trata de que tus lectoras se encuentren con cosas que no saben muy bien cómo interpretar, que no cuadran, que no parecen del todo razonables. Introduciéndolas de manera sabia, en escalada, por ejemplo, la lectora se encontrará inquieta al principio y la tensión irá aumentando hasta que se resuelva la historia. Con suerte en un clímax apoteósico y bla bla bla.

Recuerda que no vas a hacer que quien te lee salte del asiento. Salvo que seas una genia, en cuyo caso te ruego que me envíes unas epiteliales para clonarte y explotar tu talento en mi propio beneficio. Gracias.

La tensión, la inquietud, ese picor que se instala allá por la zona del hipotálamo y que a lo mejor provoca un sueño intranquilo, o que las imágenes de tu historia regresen a la cabeza de quien las ha leído unas horas, unos días o unos meses más tarde son mis metas.

Cómo crear miedo, qué es el terror, indefensión
Si te digo que tengo pegadas las patas a la rama y que el agua sube te da miedo?

 

¿Cómo se consigue crear ese sentimiento de indefensión?

Vamos a lo que veníamos desde que hemos hecho click porque el título del artículo contenía un número y una promesa:

1.- Empatía

No vamos a inventar la rueda. Igual que en todas las historias de todos los géneros del mundo, para enganchar a tu lectora tienes que hacer que empatice con tu protagonista. O con todos los secundarios a los que vas a matar poco a poco de horribles formas. Si en una historia de terror no haces que lo que vaya a pasar traspase la frontera del papel, tu lectora habrá perdido el tiempo.

Yo leo terror para que se me quede mal cuerpo primero y para sentirme a salvo después ¿Por qué se me queda mal cuerpo? Porque durante un momento me creo que algo malo puede pasarme (me siento indefensa). Eso sucede porque empatizo con los personajes, la autora es capaz de hacer que yo me ponga en su pellejo. Luego, cuando termino de leer, es cuando me siento a salvo de nuevo. Porque salgo de la historia y regreso a mi cuerpo de Alicia Pérez Gil, escritora de terror, separada de lo paranormal gracias al anodino hechizo de la realidad. Creo que eso sucede en este relato de aquí.

Cómo crear terror, dar miedo
No me digas que no has cerrado la mano por puro reflejo y dentera.

Que tu lectora empatice no quiere decir que tus personajes deban caerle bien. Oh, no. Yo tengo una fama muy merecida de escribir personajes femeninos que caen mal a mis lectoras. Echa un vistazo a la lectura conjunta de Inquilinos que organizó la Nave Invisible en junio de 2017. No escribo sobre personas admirables o encantadoras, sino sobre gente mezquina y pequeña, débil o torpe. Pero es que ¿te cuento un secreto? Aunque todas queremos creer que somos buenas, generosas, fuertes y honestas, incorruptibles y todo lo demás, en nuestro fuero interno sabemos que somos humanas y por eso nos identificamos con personajes imperfectos.

Haz imperfecto a tu personaje para generar empatía.

2.- El tempo

Hablaba más arriba de crear una escalada de inquietud para llegar a un punto de tensión que se resolviera en el famoso clímax. Para encontrar el punto justo y que esto funcione hay que leer mucho relato de terror y ver alguna película buena del género. Como espectadora desengañada no me queda más remedio que soltar un clásico del celuloide: El Exorcista. Intenta quitarte de la cabeza las escenas de la segunda mitad de la película, que han perdido vigencia y que además no son las que dan miedo. Lo que da miedo es lo que pasa antes.

Cómo crear terror, dar miedo
La imagen es de Jesús Guzmán. Está en Instagram como @JESUS_GUZMAN_ILUSTRADOR y Twitter como @Pandoretas. También está en Facebook y es fan del género de Terror. Acepta encargos y vaís a querer hacerle uno 😉
  • El sonido de cosas que reptan por el ático limpio.
  • Las trampas para ratas vacías.
  • El frío inopinado
  • La ciencia incapaz de resolver el misterio de lo que le sucede a una NIÑA INOCENTE.
  • Las sombras intermitentes en un fotograma o dos.
  • La mentalidad obtusa de quienes deciden creer que no pasa nada porque no pueden explicarlo.

En el momento en que aparece el Padre Karras y Reagan habla raro ya estás más mosqueada que todas las cosas. Por cierto, el libro es mejor que la película. Y eso que la adaptación es estupenda, de las mejores de la historia del cine de terror.

Blatty te lleva de la mano por un montón de cosas que no cuadran, que te ponen en alerta, que te preparan para salir corriendo en el momento en que aparece el peligro.

Hace poco escribí un relato para mis mecenas de Patreon basado en esta técnica. Se llama Yo soy Aquel y tiene como leit motif la famosa canción de Raphael. Durante el paseo de una chica, Marina, suceden cosas extrañas. Si lo he hecho bien, cuando llegues a la página 12 (tiene 15) dudarás de si Marina está loca, si ha viajado en el tiempo o si hay una entidad maligna que por la noche la persigue. Porque hay detalles aparentemente contradictorios que construyen al menos dos discursos complementarios. Las historias de desdoblamiento de la personalidad usan mucho este recurso. Pista: la mía no es una historia de desdoblamiento de personalidad. Pero Deabru… Bueno, puedes echarle un vistazo si quieres. Y si no te gusta, pues nada. Me cuentas por qué J

3.- La atmósfera

Si hay un género en el que la atmósfera es importante, ese es el terror. A ver, que ya estamos con lo mismo de siempre: hospitales abandonados, orfanatos, quirófanos sucios, sótanos, casas abandonadas, bosques tenebrosos, montañas alejadas, castillos de Drácula… Todo eso estaba muy bien en los tiempos en los que estaba muy bien, que no son estos. Vivimos en la era de internet, momento histórico en el que a la gente le da más miedo un unfollow en Twitter que las sombras como garfios proyectadas por las ramas de los árboles.

Cómo crear terror, dar miedo
Esta es una buena novela de terror que incumple algunas de las cosas que os cuento en el post. Así es la vida del las autoras de terror…

La atmósfera no tiene por qué ser un personaje. La Casa Usher (además de ser el próximo relato de mi retelling de Poe) está muy vista y tienes que ser tan buena como Nieves Mories en la colina de los arándanos para que funcione. Ahora hay excursiones organizadas para grupos a lugares que quizá fueran escalofriantes pero que se han convertido en parques temáticos de cartón piedra. Hay que dar miedo en lugares domésticos. Hay que convertir la oficina, la cocina de tu casa, el salón, el parque donde juegan los niños del barrio, en lugares aterradores. Y sí, es un poco repetitivo, pero hay que hacerlo colocando en ellos elementos que no deberían estar allí. El ejemplo de autor ideal para tratar lo inapropiado como si fuera lo normal es Kafka. No me canso de citar la primera frase de La Metamorfosis: “Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto.” Y ya está. Kafka no carga más las tintas.

Unos ejemplos de cómo hacer algo parecido con los escenarios.

  • Armando llevó a los niños a su parque favorito, el del ahorcado.
  • Almudena se levantó con los ojos pegados de legañas y saludó al sumidero del lavabo. A veces el eco le respondía. Así se habían construido esos bloques.
  • Rita imaginó que cuchillas a lo Ben-Hur salían de los tapacubos de su Renault. ¿Cuánto le duraría el atasco si dispusiera de esas cuchillas?
  • Roberto abrió la puerta del cuarto de servidores. Siempre le parecía que respiraban. El frío tampoco ayudaba a convertir la habitación en un lugar agradable.

¿Os dais cuenta de en qué se diferencian las dos últimas frases de las dos primeras?

4.- El punto de vista

Sí, el Parque del Ahorcado y el sumidero que contesta se parecen más a Gregorio Samsa que las cuchillas de Ben Hur y el cuarto de servidores. Un narrador omnisciente en tercera persona, alejado de los hechos y de las emociones del texto requiere de una pericia mayor a la hora de generar descripciones extrañas. O a lo mejor es que yo me apaño mejor con los puntos de vista subjetivos que se pegan al personaje todo lo posible sin convertirse en una primera persona.

Cómo crear terror, dar miedo
Hola, soy tu punto de vista.

Si has logrado que tus lectoras empaticen con tus personajes, estos puntos de vista claustrofóbicos te darán una gran variedad de recursos para –una vez más- generar extrañeza y por tanto inquietud y por tanto tensión y por tanto un clímax cuya resolución resulte satisfactoria.

¿Qué puede hacer un punto de vista estrecho por ti?

  • Te deja manipular la realidad a gusto del personaje cuya perspectiva adoptes. Si tu narradora cuenta las cosas desde la óptica de alguien con cierto grado de paranoia inducido por el uso de la cocaína, tu lectora va a contar con una realidad distorsionada. Ya verás tú, autora, cuando y cómo le cuentas la verdad.
  • Te deja entretejer la realidad del personaje con la realidad de la narración. A mí me encanta jugar con el decórum para estas cosas. Ya sabes, tu personaje tiene unas características y un modo de hablar determinado y tu narradora tiene otro. Alternar ambos de manera razonable da pistas, sí, pero también crea disonancias cognitivas. Y el cerebro reacciona poniéndose muy alerta cuando no es capaz de integrar todos los elementos que le presentas.
  • Te ayuda a crear esa empatía. Hay que tener cuidado con las emociones. Sobre todo hay que tener cuidado porque son todo lo contrario de Beatlejuice: cuando las nombras tres veces, desaparecen. Así que si te acercas lo bastante como para mostrar esas emociones sin mencionarlas, es posible que tu lectora las sienta también más cerca de ella que si se las cuentas. En “Rita imaginó que cuchillas a lo Ben-Hur salían de los tapacubos de su Renault. ¿Cuánto le duraría el atasco si dispusiera de esas cuchillas?”, la primera frase es muy lejana, pero la segunda te mete de un tirón en la cabeza de Rita. Te plantea una pregunta que quieres contestar. ¿O no?

5.- Spielberg tiene razón: es mejor no conocer al malo desde el principio

Nos dolerá más o menos, pero hay que ser muy bueno para presentar al villano como villano desde el principio y que la historia siga creando tensión. No es imposible, Ahí tenéis Agramonte, de Yolanda Camacho, que de todas formas juega con muchos de los tópicos del género de… del que trata en Agramonte, no desvelemos nada que no deba ser desvelado.

Cómo crear terror, dar miedo

Si el terror es nuevo para ti o si quieres ir a lo seguro, prueba a esconder el origen del mal. Esto está muy enlazado con lo que decíamos de que el cuerpo se pone en modo alerta para salvar el peligro. Puedes dar pistas, pistas que no sean definitivas. Porque reconocer el peligro no elimina la alerta, solo afina sus mecanismos. Pero si tu lectora sabe a dónde vas, cómo vas a llegar y lo que te espera allí ¿no es más fácil que cierre tu novela y busque nuevas emociones en otro sitio?

Debes llevarla de la mano por un laberinto de inquietud, por una caseta de feria de aquellas con suelos inclinados, perspectivas estrambóticas, luces intermitentes y muchos espejos. Que crea que el asesino es el mayordomo para que puedas matar al mayordomo en la escena siguiente.

Eso sí: recuerda siempre, siempre, siempre, que el terror, por mucho que beba de la confusión en ocasiones, si no es coherente no es terror: es trampa.

si no es coherente no es terror: es trampa.

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