7 clichés a evitar en los libros de fantasía (y que yo evito en los míos)

La fantasía, ese género literario donde parece que cabe todo pero en realidad siempre se meten cosas parecidas. ¿No os da la sensación de que los libros de fantasía son calcos unos de otros? ¿no os aburre ver repetida la misma historia con distintos ropajes? A mí sí, lo confieso. En realidad por eso escribí Barro hace casi dos años de la manera en que está escrita y no de otra y por eso me he embarcado en la aventura de comenzar una novela de fantasía poco convencional (con vosotras).

La cuestión es que, antes de construir un edificio nuevo; es decir, antes de escribir un libro de fantasía poco convencional, hace falta saber saber cuál es la convención en la fantasía.

No hay que darle muchas vueltas al asunto. En cuanto repasas los libros de fantasía más recomendados en diferentes webs, blogs y hasta listas de ventas, te das cuenta de lo que la mayoría de ellos tienen en común. Y esos precisamente son los tópicos de la fantasía de los que tenemos que deshacernos. Nosotras para empezar. El mundo ya lo conquistaremos cuando corresponda.

¿Quiere esto decir que hay que quemar toda la fantasía que se ha hecho hasta ahora?

Pues no, mujer, no. Lo que hay que hacer es escribir las obras que queremos leer nosotras. Obras de las que es mejor eliminar algunos clichés, tropos y vicios enfermizos.

Siete obstáculos que superar para escribir libros de fantasía poco convencional:

1.- El héroe.

7 clichés a evitar en los libros de fantasía 1y que yo evito en los míos

Dejad de mirar esa espalda y seguid leyendo

Frodo, Conan, Drizz, Tanis el Semielfo, Raistlin Majere en su propia saga, El tío ese que os trae a todas locas, el Witcher, el Kvothe de las narices (que además me cae especialmente mal).

Todos ellos son un héroe. Cierto que entre ellos se parecen poco (al menos a simple vista) y que unos tienen más carisma que otros. Pero ¿en serio? ¿Siempre tiene que haber un hombre a la cabeza de todo? Un líder indiscutible o no al que todos siguen y de quien depende la solución del conflicto. Sea este el que sea.

¿No estáis un poco cansadas?

Rocío Vega ha puesto mucho de su parte en este sentido, pero La compañía Amable solo es un libro, uno, entre un millón. Ella emplea mujeres como protagonistas. Mujeres poco convencionales. Y se agradece. Pero todavía queda mucho por hacer.

2.- El bien y el mal a la conquista / conservación del mundo

Esto me agota. Y dicen que la baja fantasía limita el conflicto al poder por un reino en lugar de centrarse en el conflicto entre las fuerzas del bien y las del mal. Pero ¿no es un poco lo mismo? Al final, en novela fantástica como en gran parte de la narrativa, el mundo que existe es el que la autora decide presentarnos. Que las cosas sucedan en Cimmeria, la Tierra Media o en una pequeña aldea gala (fantasía histórica y comedia, eso es Asterix) ¿no es delimitar el mundo en lugar de cambiar el conflicto?

Yo quiero hablar de otras cosas. Por ejemplo, de que no hay un bien y un mal, sino un modo más o menos de dañino de comportarse. Y de que cada persona tiene la libertad (o no) de elegir cómo se comporta. Imaginas un libro de fantasía en que no haya luchas por el poder porque, qué se yo, no haya un poder establecido, sino un código que se equilibra a sí mismo.

3.- El medievo europeo

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Esta foto no es del medievo, pero es típica y muy mona. Quizá esa sea la clave: crear nuevos paisajes monos.

Que yo no sé si es porque no sabemos concebir mundos pretecnológicos sin imaginarnos castillos, almenas y espantosos sistemas de vasallaje, pero ¿no os cansan los mismos paisajes de siempre? Esos campesinos, esos caballeros, la guardia de la ciudad, los posaderos… En ocasiones tengo la sensación de que toda la literatura de fantasía que leo está ambientada en una partida de rol de ADD&D. En algunos casos con variaciones (pienso en Terramar o en Los Dones y se me pasa la indignación).

4.- Historia de amor como trama secundaria

Porque los héroes de las novelas de fantasía no pueden entretenerse viendo la tele (es el medievo). Así que les colocan un interés amoroso, a ser posible heterosexual, que sirva como obstáculo a la consecución del objetivo principal. O de objetivo extra.

Y digo yo ¿Por qué no te quitas la máscara y escribes una novela romántica con magia? Que no pasa nada. Ojalá se hiciera más. Pero sin tapujos. Nada de novela de fantasía con romance. No: novela romántica con elementos fantásticos. Sería un cambio agradable y fresco, la verdad.

5.- No sin mis enanos, no sin mis elfos

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Si hay algo que agradecer a Roahl Dhal y a Michael Ende, entre otros, es que prescindieran de razas de ascendencia tolkeniana. Charlie y la fábrica de chocolate o La historia interminable son magníficas y diferentes. Absolutamente poco convencionales. Y creo que ambos autores son una inagotable fuente de inspiración. Uno de mis primeros personajes de WoW se llamaba Perellin, como la selva nocturna. Y no diré que me gustan los umpa lumpas, pero por lo menos son originales.

Si las nuevas autoras de fantasía quieren jugar con razas nuevas, existe un montón de mitología de la que extraer fauna, flora, y personajes de todo tipo. Exploremos. No se puede abordar la literatura de lo maravilloso sin expandir un poco los horizontes de lo que ya está hecho.

6.- Uso tópico de la magia en los libros de fantasía

Lanzar bolas de fuego, cambiar de forma para distraer a los malos, emplearla para hacer el mal… A mí esto me suena a poca imaginación. Es verdad que la magia debe tener unas reglas. Por ejemplo, que si no la usas se te acaba. ¿Por qué a nadie se le ha ocurrido eso? Imaginaos una maga desesperada por poder hacer magias todo el tiempo porque si no se vuelve normal. Esto estaría muy cerca de lo que viene a ser una maldición, pero seguro que me entendéis.

Hay que emplear los elementos puramente fantásticos de las nuevas novelas de fantasía con un brío nuevo.

7.- El traidor

7 clichés a evitar en los libros de fantasía 1y que yo evito en los míos

¿Por este puñado de pesos mejicanos me vendes?

Todo héroe tiene su enamorada (ver punto 4) y toda misión cuenta con su traidor. Como si las cosas no fueran lo suficientemente difíciles por sí mismas en esos mundos fantásticos de Dios, llenos de dragones, ladrones, trileros y mercenarios. No basta con todo eso, no. Hay que hacer que alguien del grupo traicione al héroe. Porque después de siglos de literatura escrita no se nos han ocurrido subtramas nuevas.

Se que quienes han dedicado a escribir libros de fantasía y los han publicado han pensado en mucho más. Sé que los mejores libros de fantasía (los mejores de verdad, no los que aparecen en las listas), superan estos clichés con nota. Pero son minoría. Y nosotras, las personas que escribimos y que respetamos a nuestras lectoras, debemos seguir ese camino. El de Ende, el de Dhal, el de Vega. Escribamos libros de fantasía poco convencional.

Si quieres hacerte una idea de a qué me refiero, puedes leer Barro o este primer capítulo de la novela de fantasía que escribiré junto a mis mecenas de Patreon en 2019. Sí, ya hemos empezado.

Yo fui Dosflores

A Mundodisco llegué como Dosflores, sin saber dónde me estaba metiendo. La portada ya venía avisando de que en las páginas no iba a encontrar el tipo de fantasía al que estaba acostumbrado.

¿Es aconsejable empezar a leer a Mundodisco por El color de la magia?

Sí, ya os avisé, lo primero que leí de Terry Pratchett fue «El color de la magia». Sé que hoy habrá cientos de fanes que me dirán que no es el mejor libro para entrar en Mundodisco pero, aunque no lo creáis, cuando yo lo leí no se podía empezar por ningún otro libro porque aún no existía. En cualquier caso, no estoy de acuerdo con que empezar en «El color de la magia» sea una mala idea. De hecho creo que es una idea excelente. Aunque, claro, todo depende de qué busques, de qué esperes encontrar. De qué Pratchett te han contado y por qué has ido a buscarle. Veintiséis años de escritura dan para mucho. Si además son los que van desde los treinta y cinco años hasta los sesenta y uno, os podéis imaginar lo que puede cambiar una persona, y por lo tanto su obra, en ese tiempo.

«El color de la magia» es una novela ligera, si la comparamos con las últimas. Incluso si la comparamos con las que han sido catalogadas como literatura juvenil. Sin embargo, sirve perfectamente de «piloto» porque marca el tono general de la serie (al menos el que tendría inicialmente), presenta uno de los escenarios y algunos de los personajes más relevantes para la ambientación y esboza en general el mundo en el que se desarrollarán los cuarenta libros que le siguen. Y, además, lo hace desde la óptica del primer turista de Mundodisco. ¿Casualidad? No lo creo. Quizá el propio Pratchett estaba siendo un poco «brújula», o quizá tenía claro que el lector se identificaría más con el inocente despistado que quería conocer mundo que con el desastre de echizero (sic.) que iba a servirle de cicerone.

(Si alguien cree que estoy siendo injusto con Rincewind debe saber que el propio Pratchett dijo, en una entrevista para SF Site[1], que no le gustaba el personaje porque no se le podía dar profundidad. Tampoco es mi personaje favorito, aunque no puedo dejar de tenerle cierto cariño porque fue quien me llevó de la mano por primera vez a través de las calles de Ank-Morpork. Sin embargo, a pesar de que tiene algunas frases memorables, me resultaron mucho más simpáticos «Y-voy-a-la-ruina» Escurridizo o incluso el Equipaje.)

A’Tuin, la Gran Tortuga y Strata, CiFi precursora de Mundodisco

Yo fui Dosflores

Es en este libro donde descubrimos el nombre (pero no el sexo) del quelonius estelaris, A’Tuin, la Gran Tortuga sobre cuyo caparazón giran incansables cuatro elefantes (que también tienen nombre, aunque en futuros libros se olvida) que soportan el Disco sobre sus lomos. Yo conocí este notable animal en este libro pero Gran A’Tuin y sus elefantes no son creaciones de la mente Pratchett, sino el primero de los préstamos que toma del imaginario no ya fantástico, sino mitológico.

Los antiguos mitos hindúes ya hablan de un mundo (tres, en realidad) que se apoya en los lomos de cuatro elefantes que, a su vez, están subidos a la concha de una tortuga gigante. Pratchett elimina la serpiente aún más grande sobre cuyo espinazo camina la tortuga, para crear una imagen más onírica: la de una tortuga nadando en el vacío hacia el punto donde se encontrará con todas las demás tortugas estelares para… bueno, para crear tortuguitas.

«The sky was falling in on them. Then Marco, almost in hypnosis, turned the ship and there, spread out below like a bowl of jewels, was the flat Earth. It was like a plate full of continents. A coin tossed into the air by an indecisive god». («Strata», 1981)


Pero no es la primera vez que Pratchett utiliza esta imagen. En realidad, la primera aparición de A’Tuin y sus paquidermos ocurre dos años antes de la publicación de «El color de la magia», aunque nuestro querido quelonio aún no tendría nombre. En junio de 1981, Terry Pratchett publica uno de sus escasos títulos de ciencia-ficción en solitario: «Strata», y aquí aparece el embrión de lo que luego sería Mundodisco.

En «Strata», el disco es la Tierra, pero aplanada. No es una consecuencia de la infinitud probabilística del Universo, sino obra de una raza tecnológicamente superavanzada pero ya extinta: los Spindles. «Strata» es un libro sobre constructores de mundos por encargo, que hacen su trabajo utilizando una tecnología ancestral encontrada por casualidad y que aún resulta en buena parte un misterio. Los diez sitios arqueológicos Spindle que se conocen han sido una fuente de innovación tecnológica importante así que, cuando alguien dice haber descubierto todo un mundo creado por ellos, es absolutamente imprescindible investigarlo.

«Strata» no tiene nada que ver con la saga de Mundodisco, aunque comparte algunas de sus características: el uso de tópicos del género, por ejemplo, y la profundidad filosófica de su mensaje disfrazada de una novela ligera de fantasía (ciencia-ficción, en este caso) y humor. Y la tortuga, los elefantes, y el mundo plano. Ah y, como es obvio para cualquiera que tenga un conocimiento del género mejor que el mío (es decir, todo el mundo), el hecho de que parodia una obra, mejor dicho, una saga anterior. Tanto «Strata» como «The Dark Side of the Sun» (publicado en 1976) se apoyan en la saga de Mundo Anillo de Larry Niven, aunque «The Dark Side of the Sun» también tiene préstamos de Asimov. De hecho hay quien dice que, sin haber leído esta saga, «Strata» pierde gracia.

 

En cualquier caso, el planeta que descubre Jago Jalo cuando la sonda Términus en la que viaja le despierta después de más de un milenio en un punto que nada tiene que ver con su destino inicial no es simplemente un mundo plano. Es una Tierra plana, no Mundodisco. Ni siquiera comparten el mismo universo.[2]

«Es bastante embarazoso saber que uno es dios de un mundo que sólo existe porque cada curva de improbabilidad debe tener su cenit». (La emisión de Ocho, «El color de la magia», 1989)


Así, existe un panteón de dioses similar al de muchas mitologías europeas, con su residencia en la montaña más alta del Eje del disco, sus rencillas particulares y su afición a distraerse enredando en las vidas de los mortales por falta de algo mejor que hacer. Existen héroes legendarios, una ciudad que sería aún más caótica de no ser por la mano firme de su Patricio, magos, criaturas de fábula de todo tipo… y monstruos. La magia es tan común que prácticamente se respira. En la periferia del Disco, el arcoíris tiene ocho colores en lugar de siete, porque la luz atraviesa un fuerte campo mágico que añade a los habituales el octarino, el color de la magia que da título al libro.
Mundodisco existe no en un universo sino en un multiverso, en el que absolutamente todo es posible. Y, si todo es posible, un universo construido por creadores con más imaginación que actitudes mecánicas está condenado a suceder. Y aquí está. En la cúspide de la curva de improbabilidad, mirado desde el punto de vista de quien lee, por supuesto. Todo aquello que nos resulta imposible de creer, sucede, sin importar la falta de coherencia interna. La única regla es esa: si es parte de alguna mitología o del worldbuilding de alguna obra fantástica canónica, está en Mundodisco. Pero nunca un fiel reflejo del original; Mundodisco es un espejo deformante.

El color de la magia: cuatro novelas cortas y un solo mago ¿verdadero?

El color de la magia

El libro. O el medio libro, si consideramos que la acción continúa en «La luz fantástica». O la antología o recopilación, si tenemos en cuenta que «El color de la magia» se estructura como cuatro novelas cortas que comparten protagonistas, pero sin un hilo argumental real entre ellas. La primera de ellas es, precisamente «El color de la magia», y se desarrolla en la ciudad de Ankh-Morpork, que está plagada de los tipos y los tugurios más repetidos en la fantasía heroica.

La emisión del ocho

«Mira, ya sabes que si sumas siete y uno, o cinco y tres, o si restas dos de diez, te sale un número. Mientras estemos aquí, no lo pronuncies, y quizá tengamos una oportunidad de salir vivos. O sólo muertos». (La emisión de Ocho, «El color de la magia», 1989)


La segunda parte, «La emisión de Ocho» convierte el horror cósmico al estilo de Lovecraft en menos horroroso y mucho más cómico que cósmico. Como todo lo que consideramos imposible en Mundodisco es completamente real, también existen terroríficos seres primigenios que somos incapaces de comprender. En esta parte nuestro dúo de protagonistas en constante huida tropieza con Bel-Shamharoth (quien, por supuesto, tiene tentáculos. ¿Qué clase de horror cósmico sería si no los tuviera?), el Devorador de Almas, el Emisor de Och… el número entre el siete y el nueve.

«Rincewind bajó la vista para mirarle y, poco a poco, sonrió. Era un rictus amplio, maníaco y nada humorístico. Era la clase de sonrisa que suele ir acompañada de pequeños pájaros que van de un lugar a otro quitando porquería de entre los dientes a otros animales.

—Tendrá que ser vivo —dijo Rincewind—. Y si quieres que muera alguien, recuerda quién tiene la espada por el mango». (El señuelo del Wyrm, «El color de la magia», 1989)

El señuelo de Wyrm

En la tercera parte, «El señuelo del Wyrm», Pratchett cambia de objetivo a parodiar y se divierte con la saga de Pern de Anne McCaffrey y, en particular, con «Dragonflight». La trama se desarrolla en el Wyrmberg, una montaña que está del revés debido a un intenso campo mágico en la zona, secuela de las Guerras Mágicas entre los Primeros Hombres y los Dioses. En Wyrmberg vive un pueblo de jinetes de dragón.

Una vez más, Rincewind se ve forzado a ser el héroe involuntario que saque a Dosflores del atolladero en el que se ha metido, pero en esta ocasión es una espada mágica parlanchina quien le obliga a realizar hazañas que es tan incapaz de creer que las hace tapándose los ojos con la mano, para desconcierto de sus oponentes.

Cerca del Borde

 

«—¿Están preparados los quelonautas? —preguntó.

El maestro controlador de lanzamientos dio un paso al frente.

—Por supuesto, su prominencia —respondió.

—¿Se han entonado las plegarias adecuadas?

—Más o menos, su prominencia.

—¿Cuánto falta para la partida?

—Para el lanzamiento —le corrigió con cautela el maestro de lanzamientos—. Tres días, su prominencia. La cola del Gran A’Tuin estará en una posición inmejorable.

—Entonces, lo único que falta —concluyó el Archiastrónomo—, es averiguar cuáles serán los sacrificios más apropiados». (Cerca del Borde, «El color de la magia», 1989)

Que yo recuerde, Wyrmberg no vuelve a ser mencionado en ninguno de los libros siguientes. De Bel-Shamharoth apenas hay alguna velada mención. Lo mismo ocurre con la Circunferencia[3], que es donde empieza la cuarta y última parte de «El color de la magia», titulada «Cerca del Borde».

El final de «El señuelo del Wyrm» es un tanto caótico, incluso para Pratchett, y yo diría que rompe un poco la coherencia interna, pero no hay que perder de vista que este es el primer tomo de la serie y, probablemente, el autor aún estaba decidiendo qué funcionaba y qué no. «Cerca del Borde» comienza con un rescate in extremis de nuestros ya familiares desventureros (es difícil llamarles aventureros, la verdad), aunque sólo para ponerles a disposición de servir a una de las más nobles causas de cualquier mundo: la de la Ciencia.

Cerrando el círculo, como no podía ser de otra manera, esta última parte se desarrolla en el reino de Krull que se menciona en la primera página del libro, y gira en torno a una de las preguntas fundamentales que también se menciona en esa primera página: ¿cuál es el sexo de Gran A’Tuin?

Y así os dejo, con un cliffhanger, igual que hace Pterry en «El color de la magia».

yo fui dosflores

Leedlo. Leedlo sobre todo si no habéis leído nada de Mundodisco. Sed, como yo fui, Dosflores, y descubriréis un mundo que aprenderéis a amar cuando lo veáis aún más de cerca en futuros libros.

[1] Steven V Silver, «A conversation with Terry Pratchett», abril 2000 (https://www.sfsite.com/04b/tp79.htm)

[2] «Strata used the idea of a Discworld but I’ve never thought of it as a Discworld novel within the meaning of the act. The first Discworld novel was The Colour of Magic». Terry Pratchett, «Words from the Master», The Annotated Pratchett File v9.0, agosto de 2004 (http://www.lspace.org/books/apf/words-from-the-master.html).

[3] Aparentemente no hubo forma de traducir Circumfence manteniendo el juego de palabras.

¿Mi primer Pratchett?

Estaba seguro de que tenía unos dieciséis años y que JV, de cuya mano llegaban siempre las novedades en cómic, cine y literatura, se había presentado con una novelita de portada desquiciante que después supe que era obra de Josh Kirby. Estaba seguro de que nos había dicho: «Tenéis que leer esto». Esto era «El color de la magia», escrito por un tal Terry Pratchett que no me sonaba de nada. Estaba seguro de que me dio igual, porque JV nos había traído a tita Úrsula y, si decía que había que leerlo, es que había que leerlo. Estaba totalmente seguro de todo eso hasta que miré las fechas; y nada encaja, así que no debió de ser así como descubrí Mundodisco.

Sí recuerdo sin lugar a dudas que aquello no había por dónde cogerlo. Era una risa constante. Ya en aquél momento pensé, y sigo pensando desde entonces, que si «El Quijote» se hubiese escrito hoy, lo habría hecho Pratchett. Mundodisco se mofaba del género fantástico y, de paso, un poco también del de terror. Era una amalgama de clichés llevados al extremo y, por reducción al absurdo, demostraba que se podía hacer fantasía riéndose de la propia fantasía. De la que se suponía fantasía seria, claro.

Hasta entonces, las obras de fantasía que yo había leído estaban cargadas de una solemnidad presente incluso cuando el texto era ligero (por ejemplo, el «Egidio» de Tolkien). Y si no era la solemnidad el rasgo más pronunciado, entonces era la tristeza o la nostalgia. Pratchett había hecho una ensalada de topicazos y la había aliñado con abundante gas de la risa, y gotas de delirio en sus deliciosas notas al pie marca de la casa. Así que ese fue el motivo por el cual me enganché, al principio: para ver qué nueva herejía había cometido y contra qué género, o personaje, o cliché.

Tardó poco en tocar fibra sensible, la verdad. «Ritos iguales» («Equal Rites», el tercer libro de Mundodisco) era a la vez una sátira amable de Terramar de mi querida tita Úrsula y un alegato por la igualdad de derechos (como su título original deja bastante claro, por otra parte). Esto ya es más serio. No por atreverse a enmendarle la plana a Le Guin, porque tampoco había tenido reparos en hacerlo antes con H. P. Lovecraft o con Robert E. Howard, sino por tratar un tema tan ajeno a los cánones establecidos para la literatura fantástica como el feminismo.

Podría parecer un caso aislado, y quizá no fue más que un experimento. Lo que sí es cierto es que sentó precedente en su obra, porque comenzó la fusión de elementos aún más alienígenas para la literatura fantástica al uso. Aparecen referencias a Shakespeare, al cine de Hollywood, a la mitología egipcia, a la filosofía griega, a la novela de detectives, ¡a Fausto…! Y todo funcionaba, de una manera o de otra. Teniendo en cuenta que la idea subyacente era (si no recuerdo mal) que Mundodisco existe realmente porque, al ser infinito el Universo, en alguna parte tenía que existir, ¿por qué no iba a tener una evolución paralela a la de la Tierra?

Joshua Sammy dijo: «Discworld has always been about change. Every single book involves a major change in one way or another»[1], y ahí reside una de las principales diferencias con la literatura fantástica que yo solía consumir: las cosas cambian. Incluso cuando, como en «Pirómides», están condenadas a no cambiar, cambian. Y eso es un elefante en la cacharrería de los imperios milenarios a los que me tenían acostumbrado. «El Señor de los Anillos», para mí entonces el canon del género fantástico, es absolutamente inmovilista. El intento de cambiar las cosas de Melkor se narra como herejía, traición y maldad. Toda la obra gira en torno a la restauración del orden encarnado por la monarquía en Gondor y, por extensión, en toda la Tierra Media. Lo estático es bueno, lo cambiante es maligno. La evolución no existe, o es a peor.

Mundodisco rompe con esa idea. Las cosas cambian porque tienen que cambiar. No hay nada que podamos hacer para evitarlo. Las sociedades progresan y, con ellas, sus ideas. O quizá es al revés. Que en «El Segador» se haga referencia a las consecuencias del consumismo y a los movimientos de derechos civiles es algo impensable en la fantasía canónica.

Pero claro, es que entre «El color de la magia» y «El Segador» habían pasado ocho años para Pratchett. Los que van desde los treinta y cinco hasta los cuarenta y tres, que ya es una edad. Concretamente, la edad suficiente para ser mi padre (su hija es dos años menor que yo). En esos ocho años, no sólo Mundodisco había evolucionado, sino también el estilo y la temática del autor.

Esos ocho años fueron sólo tres para mí, porque aunque «El color de la magia» lo leí traducido, para mí «El Segador» será siempre «Reaper Man», circunstancia que me ahorró un año de espera (compré la edición de Corgi, que salió un año más tarde que la de Gollancz, o hubiese esperado un año menos todavía). Yo era otra persona, entonces. JV apenas era un recuerdo del pasado, mi cabeza estaba en otras cosas más adultas como terminar la carrera y el servicio militar, la relación con mi novia que ya duraba tantos años como los que había estado leyendo a Pratchett, y la perspectiva de un trabajo o, al menos, de buscarlo.

Supongo que el que ese crecimiento que yo había experimentado haya ido acompañado del crecimiento del mensaje de las obras de Pratchett ha influido en que haya seguido leyéndole. Cuando lo que lees está en sintonía con tu estado mental, anímico o de madurez, no se produce el rechazo que sientes a veces por obras que te parecen «demasiado infantiles» o «demasiado profundas».

No sé decir a partir de qué punto llegué a la conclusión de que Terry Pratchett había abandonado la sátira amable al género para pasar a difundir su crítica de la sociedad disfrazada de humor. Y su crítica es feroz. Neil Gaiman dijo: «There is a fury to Terry Pratchett’s writing: it’s the fury that was the engine that powered Discworld. […] The anger is always there, an engine that drives. […] And that anger, it seems to me, is about Terry’s underlying sense of what is fair and what is not. It is that sense of fairness that underlies Terry’s work and his writing.»[2] Las sucesivas relecturas de los textos de Pratchett, sobre todo de los más recientes, me permitieron comprobar hasta qué punto es cierto eso. Imagino que el haber llegado a los cincuenta años me habrá dado también una perspectiva distinta desde la que mirar esos textos.

Durante treinta y dos años, Sir Terence David John Pratchett, caballero de la Orden del Imperio Británico, más universalmente conocido como Terry Pratchett o incluso Pterry, nos tuvo engañados. O quisimos vivir engañados por él. Quisimos creer que estábamos leyendo por las risas, porque era fantasía pero divertida, en vez de pensar que nos estaban hablado de feminismo, de xenofobia, de integración, de diversidad, de capitalismo, de pacifismo, de racismo. Y no, era todo eso. En plan jaja-mira-qué-gracioso-pero-no.

Y cuando un autor deja tan claros sus principios y resuenan tanto con los propios, ¿cómo no quererle?

Hasta siempre, Terry. «A man is not dead while his name is still spoken».

[1] Joshua Sammy, «How Terry Pratchett’s Discworld Has Evolved», The Artifice, 25/07/2013 (https://the-artifice.com/terry-pratchett-discworld-has-evolved/)

[2] Neil Gaiman, extracto de la introducción a «A Slip of the Keyboard», de Terry Pratchett. (Tomado de https://www.theguardian.com/books/2014/sep/24/terry-pratchett-angry-not-jolly-neil-gaiman).

9 hechos que permiten leer El Señor de los Anillos en clave de terror

Este libro trata principalmente de los Hobbits, y el lector descubrirá en sus páginas mucho del carácter y algo de la historia de este pueblo. 

Eso dice Tolkien en su primera página, pero la verdad es que no hay que esforzarse mucho para leer El Señor de los Anillos en clave de terror. Sobre todo porque salen tumbas, muertos, fantasmas, arañas gigantes, demonios y toda una serie de escenas de mucho miedo. Y no, no se trata de decir que ESDLA no es fantasía, claro que lo es. Se trata de convencer a los lectores que dicen que no leen terror porque les da miedo, de que seguro que han leído terror sin saber lo que estabn leyendo. Y no fue tan grave ¿no?

A modo de introducción: ¿Qué elementos eran imprescindibles para crear una atmósfera de terror?

No me extenderé mucho porque ya os lo conté en este artículo tan chulo y que tiene tantas visitas (gracias).

  1. Sentimiento de indefensión
  2. Empatía
  3. Tempo
  4. Atmósfera
  5. No conocer al malo

Desde mi puto de vista, ESDLA cumple con todos ellos en varios pasajes clave del libro. Y además P.J. Jackson los retoma sin mucho sonrojo y con artificios un poco infantiles en las películas. De hecho, puede que creas que el 5, no conocer al malo, no se cumple. Pero ¿estás segura? ¿Seguro que conoces al malvado desde el principio? Para mí la clave está en Eru y su relación con el libre albedrío. Pero ya hablaremos de ello…

Una nota de advertencia: este es un artículo largo y contendrá muchas citas. Todas ellas extraídas de mi eidción de Minotauro. En concreto de la reimpresión número 43 de 2001.

Empecemos pues.

¡Señoras y señores! Presentamos… ¡El anillo único!

 

El Señor de los Anillos en clave de Terror - Aliciaperezgil.com

 

-En muchos sentidos -respondió el mago-. Es mucho más poderoso de lo que me atreví a pensar en un comienzo, tan poderoso que al fin puede llegar a dominar a cualquier mortal que lo posea. El Anillo lo poseería a él.

 -¡Qué aterrador! -dijo Frodo

Esto así, nada más empezar. Claro, que a Gandalf no le importa mucho que a Frodo el cuento le parezca aterrador. De hecho, sigue a lo suyo (esto es muy de Gandalf, seguir a lo suyo como si nada importase)

Espera… fue el año en que el Concilio Blanco expulsó al Poder Oscuro del Bosque Negro, poco antes de la batalla de los Cinco Ejércitos, cuando Bilbo encontró el Anillo. El corazón se me ensombreció entonces, aunque sin saber todavía cuáles eran mis verdaderos temores. Me preguntaba a menudo cómo Gollum había obtenido un Gran Anillo, de un modo tan simple… Esto fue claro desde el principio. Después oí la extraña historia de Bilbo acerca de cómo lo había “ganado”, y no pude creerlo. Cuando al fin le saqué la verdad, entendí en seguida que había estado defendiendo sus derechos al Anillo. Algo parecido a la explicación de Gollum: “un regalo de cumpleaños”. Las mentiras eran demasiado semejantes, a mi juicio, y al fin entendí: el Anillo tenía un poder nocivo que actuaba inmediatamente sobre su dueño. Fue para mí el primer aviso de que las cosas no andaban bien. A menudo le dije a Bilbo que era mejor no usar esos Anillos. Pero se ofendió y no tardó en enojarse. No había muchas otras cosas que yo pudiera hacer. Era imposible quitárselo sin causarle un daño mayor y yo tampoco tenía derecho a hacerlo, de todos modos. Sólo me restaba esperar y observar.

la conversación continúa y llegamos a uno de los poemas más reproducidos de la historia de la literatura (fantástica al menos)

Tres Anillos para los Reyes Elfos bajo el cielo

Siete para los Señores Enanos en palacios de piedra.

Nueve para los Hombres Mortales condenados a morir.

Uno para el Señor Oscuro, sobre el trono oscuro

en la Tierra de Mordor donde se extienden las Sombras.

Un Anillo para gobernarlos a todos. Un Anillo para encontrarlos,

un Anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas

en la Tierra de Mordor donde se extienden las Sombras.

Un anillo para atarlos en en las tinieblas, en la Tierra de Mordor, donde se extienden las sombras.

Se trata sin duda de un anillo fascinante de cuya destrucción depende que el mundo no se convierta en el reverso tenebroso que nos muestran en Strange Things.

Pero hablemos de él como elemento de una novela de terror. Se lo merece, ya que desata él solito el elemento de indefensión. Al fin y al cabo no se diferencia mucho de otros trozos de metal con una oración satánica inscrita. Un objeto maldito que anulará la vilutad de quien lo posea antes o después.

De hecho en la novela se habla mucho de la voluntad propia del anillo. Esto en sí mismo es un detalle que habilita la lectura de El Señor de los Anillos como novela de terror. De hecho, un objeto inanimado con voluntad resulta bastante aterrador. Un objeto maldito que ni siquiera es que vaya a convencerte de que hagas algo que no quieras, no. Solo va a anular lo bueno que hay en ti para que brille lo malo.

A esto me refería cuando preguntaba si Tolkien nos enseña o no a su villano desde el principio. Solemos creer que sí, que Sauron es el malo. Sauron, discípulo de Melkor. Melkor, creación de Eru, a quien el propio Eru humilla tanto que se rebela. Pero Eru no persigue esa rebelión. Al contrario, deja vivo a Melkor para que, con el paso de las eras, cree el arma definitiva capaz de hacer nacer la maldad de cualquier ser mortal.

Aquí el profe lo que nos dice es eso que voy yo proclamando a voz en grito en cuanto me dan un micro: que el mal está en nosotros. El Villano de Tolkien no es en relaidad el Señor OScuro, sino el ser humano. Y, mediante un genial juego de espejos, el propio lector.

El bosque viejo

 

El Señor de los Anillos en clave de terror

-¡Ya está! -exclamó Merry-. Hemos dejado la Comarca y estamos fuera en los linderos del Bosque Viejo.

-¿Son ciertas las historias que se cuentan? -preguntó Pippin.

-No sé a qué historias te refieres -respondió Merry-. Si es a esas historias de miedo, que las nodrizas le contaban a Gordo sobre duendes y lobos y cosas así, te diré que no. En todo caso yo no las creo. Pero el Bosque es raro. Todo ahí está más vivo y es más atento a todo lo que ocurre, por así decir, que las cosas de la Comarca. A los árboles no les gustan los extraños te vigilan. Por lo general se contentan con esto, mientras hay luz, y no te molestan demasiado. A veces los más hostiles dejan caer una rama, o levantan una raíz, o te atrapan con una liana. Pero de noche las cosas pueden ser muy alarmantes, según me han dicho. No he estado aquí después de oscurecer sino una o dos veces y sin alejarme del cercado. Me pareció entonces que todos los árboles murmuraban entre sí, contándose noticias y conspirando en un lenguaje ininteligible; y las ramas se balanceaban y rozaban sin ningún viento. Dicen que los árboles se mueven realmente y pueden rodear y envolver a los extravíos. En verdad, hace tiempo atacaron la cerca; vinieron y se plantaron al lado, inclinándose hasta cubrirla. Pero los hobbits acudieron y cortaron cientos de árboles e hicieron una gran hoguera en el bosque y quemaron el suelo en una larga franja al este de la cerca. Los árboles dejaron de atacar, pero se volvieron muy hostiles. Hay aún un ancho espacio despejado, no muy adentro, donde hicieron la hoguera.

-¿Sólo los árboles son peligrosos? -dijo Pippin.

-Hay criaturas extrañas que viven en lo profundo del bosque y al otro lado – dijo Merry-, o así me han dicho al menos; yo nunca las vi. Sea como sea, hay senderos entre los árboles. Cuando uno entra en el bosque encuentra sendas abiertas, pero que parecen moverse y cambiar de tanto en tanto de una manera extraña. No lejos de este túnel hay o hubo hace tiempo un camino que llega al Claro de la Hoguera y que continúa aproximadamente en nuestra dirección, hacia el oeste y un poco hacia el norte. Ese es el camino que trataré de encontrar.

[…]Merry y Pippin se arrastraron hacia adelante y se tendieron apoyándose de espaldas contra el tronco del sauce. Detrás de ellos las grandes hendiduras se abrieron para recibirlos y el árbol se balanceó y crujió. Miraron hacia arriba y vieron las hojas grises y amarillas que se movían apenas contra la luz y cantaban. Cerraron los ojos y les pareció que casi oían palabras, palabras frescas que hablaban del agua y del sueño. Se abandonaron a aquel sortilegio y cayeron en un sueño profundo al pie del enorme sauce gris. Frodo luchó un rato contra el sueño que lo aplastaba[…].

[…]-¿Sabes tú, Sam -dijo al fin-, que ese árbol maldito me arrojó al agua? Lo sentí. ¡La raíz me envolvió el cuerpo y me hizo perder el equilibrio!

-Estaba usted soñando sin duda, señor Frodo -dijo Sam-. No debiera haberse sentado en un lugar semejante, si tenía ganas de dormir.

-¿Y los demás? -inquirió Frodo-. Me pregunto qué clase de sueños tendrán…

Fueron al otro lado del árbol y Sam entendió entonces por qué había creído oír el sonido de una cerradura. Pippin había desaparecido. La abertura junto a la cual se había acostado se había cerrado del todo y no se veía ni siquiera una grieta. Merry estaba atrapado; otra de las hendiduras del árbol se le había cerrado alrededor del cuerpo; tenía las piernas fuera, pero el resto estaba dentro de la abertura negra y los bordes lo apretaban como tenazas. Frodo y Sam comenzaron por golpear el tronco en el lugar donde había estado Pippin. Luego lucharon frenéticamente tratando de separar las mandíbulas de la grieta que sujetaba al pobre Merry. Todo fue inútil.

-¡Qué cosa espantosa! – gritó Frodo -.

Apenas salimos de La Comarca y ya nos encontramos con un bosque hostil poblado por árboles que fagocitan hombres. Y esto sucede, literalmente, a la puerta de casa. No es mal momento para empezar a justificar la lectura de El Señor de los Anillos en clave de terror. Este episodio, además, coincide con la aparición del primer ayudante mágico tal y como establecen los estudios de Porpp para los cuentos infantiles.

Hay un montón de lectores que huyen del terror porque dicen que las escenas espeluznantes les provocan pesadillas, ya lo decía más arriba. Pero es que Tolkien introduce muchísimo terror en su obra cumbre y a nadie parece asustarle. Yo de esto deduzco cierto prejuicio y no sé si cierta desgana a la hora de enfrentarse a ese viajecito fuera de la zona de confort. Tolkien sin embargo habla de algunas cosas que también se tratan en el terror:

  • Habla de que la vida es cruel
  • De que todos guardamos oscuridad en nuestro interior
  • De que las cosas casi nunca siguen el camino trazado por nosotros. O el de la justicia, si vamos a eso.

Quizá por eso el Bosque Viejo con su hombre sauce estén tan cerca del lugar en que los obbits se sienten a salvo. Quizá una de las funciones de este paraje de pesadilla sea hacer que nosotros, como lectores, nos cuestonemos si nuestro hogas es seguro.

Niebla en la quebrada de los túmulos

El Señor de los Anillos en clave de Terror

Con la ingenuidad de la época que las grandes mujeres del gótico convierten en maestría, Tolkien diseña unas criaturas de ultratumba que la propia TolkienPedia define como “no muertos, que animaban los huesos y las armaduras de los antiguos reyes de los hombres que habían vivido en aquella tierra” . No parece descabellado acudir a este artículo como fuente que permite leer El Señor de los Anillos en clave de terror.

De pronto comenzó un canto: un murmullo frío, que subía y bajaba. La voz parecía distante e inconmensurablemente triste; a veces era tenue y flotaba en el aire; a veces venía del suelo como un gemido sordo. En la corriente informe de lastimosos pero horribles sonidos, de cuando en cuando tomaban forma algunas ristras de palabras: penosas, duras, frías, crueles, desdichadas palabras. La noche se quejaba de la mañana que le habían quitado y el frío maldecía el deseado calor. Frodo estaba helado hasta la médula. Al cabo de un rato el canto se hizo más claro y con espanto en el corazón Frodo advirtió que era ahora un encantamiento:

Que se te enfríen las manos, el corazón y los huesos,

que se te enfríe el sueño bajo la piedra:

que no despiertes nunca en el lecho de piedra,

hasta que el Sol se apague y la Luna muera.

En el oscuro viento morirán las estrellas,

y que en el oro todavía descanses hasta que el señor oscuro alce la mano

sobre el océano muerto y la tierra reseca.

Frodo oyó detrás de su cabeza un rasguño y un crujido. Incorporándose sobre un brazo se volvió y vio a la luz pálida que estaban en una especie de pasaje, que detrás de ellos se doblaba en un codo. Allí un brazo largo caminaba a tientas apoyándose en los dedos y venía hacia Sam, que estaba más cerca, y hacia la empuñadura de la espada puesta sobre él.

No hablamos ya de un bosque hostil, sino de criaturas de pesadilla cuyo único único objetivo es hacerse con cuerpos vivos para ocuparlos con sus almas demoniacas. Este fue siempre uno de mis capítulos favoritos de la novela. Fijaos que llevamos un horrible objeto encantado, un árbol comehombres y un zombi ¡Y a la gente le aburre La Compañía del Anillo!

Además, no hay que olvidar que todo esto se replicará mucho más adelante, cuando los hobiits hayan llegado a la Tierra de Mordor, donde se extienden las sombras.

El anillo va hacia el sur

El Señor de los Anillos en clave de terror

Una vez la Compañía deja Rivendell y hasta el segundo punto de giro importante (la muerte de Gandalf a manos del Balrog), no es que se pueda leer El Señor de los Anillos en clave de terror, es que no hay otro modo de leerlo. Trataré de ser breve:

  1. Todo va mal, se ven unos cuervos negros de mal aguero.
  2. Los 9 toman el paso del Caradrhas que también resulta horrendo y eso que era el mal menor para no pasar por Moria.
  3. Se habla de malos augurios
  4. El propio nombre de Moria evoca recuerdos siniestros
  5. En medio de la noche sufren el ataque de un lobo cuyo cadáver ha desaparecido por la mañana
  6. Las aguas hierven como un ejército de serpientes y aparece el kraken
  7. El propio kraken los encierra en la oscuridad de las minas.
  8. Ecos de sonidos lejanos salen del pozo.

Pero nada de todo esto es comparable a las páginas del diario inconcluso de Balin, que no tiene nada que envidiar a muchas obras de la literatura gótica. De hecho cuenta una masacre. Una masacre, sí, con su buen puñado de muertos y sus grandes dosis de desesperación.

-Es una lectura siniestra -continuó-. Temo que el fin de esta gente haya sido cruel. ¡Escuchad! No podemos salir. No podemos salir. Han tomado el puente y la segunda sala. Frár y Lóni y Náli murieron allí. Luego hay cuatro líneas muy manchadas y sólo puedo leer hace cinco días. Las últimas líneas dicen la laguna llega a los muros de la Puerta del Oeste. El Guardián del Agua se llevó a Oin. No podemos salir. El fin se acerca, y luego tambores, tambores en los abismos. Me pregunto qué será esto. Las últimas palabras son un garabateo arrastrado en letras élficas: están acercándose. No hay nada más.

Y, de repente, la Compañía se encuentra rodeada por un montón de monstruos, tras los cuales aparece el plato fuerte. El Balrog.

-Es una lectura siniestra -continuó-. Temo que el fin de esta gente haya sido cruel. ¡Escuchad! No podemos salir. No podemos salir. Han tomado el puente y la segunda sala. Frár y Lóni y Náli murieron allí. Luego hay cuatro líneas muy manchadas y sólo puedo leer hace cinco días. Las últimas líneas dicen la laguna llega a los muros de la Puerta del Oeste. El Guardián del Agua se llevó a Oin. No podemos salir. El fin se acerca, y luego tambores, tambores en los abismos. Me pregunto qué será esto. Las últimas palabras son un garabateo arrastrado en letras élficas: están acercándose. No hay nada más.

Y que nadie me diga que el balrog no es exactamente un demonio:

Algo asomaba detrás de los orcos. No se alcanzaba a ver lo que era; parecía una gran sombra y en medio de esa sombra había una forma oscura, quizás una forma de hombre, pero más grande, y en esa sombra había un poder y un terror que iban delante de ella.

Llegó al borde del fuego y la luz se apagó como detrás de una nube. Luego y con un salto, la sombra pasó por encima de la grieta. Las llamas subieron rugiendo a darle la bienvenida y se retorcieron alrededor; y un humo negro giró en el aire. Las crines flotantes de la sombra se encendieron y ardieron detrás. En la mano derecha llevaba una hoja como una penetrante lengua de fuego y en la mano izquierda empuñaba un látigo de muchas colas.

Habrá más, porque esto es solo La Compañía del Anillo y de hecho me he deajdo un par de episodios terroríficos pero ¿Qué decís? ¿Os convence la lectura de El Señor de los Anillos en clave de terror? ¿Pasásteis miedo con él?

 

¿Halloween en España?¿Tradición?

 

Halloween en España

Los aficionados al terror somos así, un poco de dejarnos llevar por las tradiciones de todas partes. A mi me gusta particularmente la historia de las mariposas monarca, que transportan las almas de los muertos y a quienes se respeta en Mexico, sobre todo. Pero también me encanta Halloween. Me gustan los disfraces, así soy yo. Así que cuando puedo me maquillo de bicho terrorífico y me hago fotos. Antes esto era más o menos inofensivo, pero ahora… Ahora tenemos gente para todo. Gente de esa que te dice que por qué no lees el tenorio como Dios manda, que eso del Halloween es una cosa yanky muy fea y muy mala y muy poco española.

Pues, señoras, señores:

Halloween en España existe desde hace siglos

Toca mencionar la festividad del fin del verano, ya sabéis la mítica Samaine que nos ha llegado a través de leyendas artúricas, Las Nieblas de Ávalon y, a los más estudiosos, de estudiar un poco de historia de las religiones o un poco de folklore celta. La cuestión es que antes de Cristo los celtas celebraban el fin de verano, la plenitud de las cosechas etc en lo que se conocía como una especie de año nuevo druídico. Se creía, ya entonces, que los espíritus de los muertos regresaban esa noche. Los celtas tuvieron la idea de vestirse de muertos para evitar que esos espíritus se los llevaran con ellos. Hablamos de personas que  llegaban del norte de Francia, de Inglaterra e Irlanda y que extendieron estas costumbres hasta la zona norte de la península. Lo que vendría a ser Asturias y Galicia.

Vale, dirás que eso no es Halloween, pero yo insisto:

Halloween es español

Halloween en España

Allá por el siglo IV, en estas tierras nuestras se empezó a celebrar el día de todos los santos, lo que pasa es que un poco fuera de fecha: el 13 de mayo. Se celebraba el martirio sufrido por los primeros católicos. Aquellos a los que los malvados romanos echaban a los leones. Ojo, que para dar inicio a una celebración que ha terminado en disfraces de vampiros y momias, no es mal comienzo en absoluto. Tiene su sangre, sus personas devoradas por fieras y su componente religioso. Pero todavía no explica por qué digo que Halloween en España es anterior al que nos llega de USA.

Tenemos que irnos hasta el siglo VIII. Momentazo histórico en el que Gregorio III ya no puede con los celtas del norte y sus cosas de celtas del note y cambia la celebración del 13 de mayo al 1 de noviembre. Ahí lo tenemos: Halloween en España empieza en el siglo VIII con la sana intención de desterrar para siempre el Samaine. Lo que pasa es que en esto, como en casi todo lo demás, la Iglesia nunca ha sido excesivamente pulcra, ni excesivamente tonta. Así que, más que exterminar a los celtas o a sus costumbres, lo que hizo fue asimilarlas. Aunque, bien pensado, quizá la asimilación se debió más al arraigo de las costumbres que a otra cosa.

La evolución de Halloween

Halloween en España

Al final casi todas las tradiciones que molan se asientan y se expanden por el mundo. Nosotros tenemos la Castanyada, la Santa Compaña, la noche de finados en Canarias… Y en todo el mundo la gente se reúne a contar historias de muertos (de los suyos o de otros) y se disfraza para confundir a las ánimas malvadas. Es verdad que ahora compramos dulces y calabazas de plástico, pero no es menos cierto que la fiesta es bonita. No es una celebración de la muerte, como se empeñan muchos, sino una manera un poco retorcida de aferrarse a la vida.

Jack O Lantern

No lo he comentado más arriba, pero si Halloween es (y lo es) una derivación de All Hallows Eve; es decir, la víspera de los difuntos, la historia de las calabazas encendidas y el nombre que reciben no es menos prosaico. Jack O Lantern o Jacobo el de la linterna era, según unos, un señor que se dedicaba a alumbrar las calles. Según otros (y esta es mi versión favorita), un hombre que engaño al Diablo… con unas consecuencias poco favorecedoras.

Al parecer Jack era un ladrón, un avaro y un mala persona en general. Una noche, huyendo de sus vecinos, a los ha había robado, Jack se encontró con el Diablo, que llegaba para reclamarle la vida y el alma. Jack le tentó o bien lo cazó engañándolo para que se subiera a un manzano (muy bíblico todo). En cualquiera de las dos historias, el Diablo termina “desactivado” por quedar demasiado próximo a una cruz. Jack le dice que solo lo dejará ir si le promete que jamás se llevará su alma. El preso accede y Jack sigue con sus cosas de avaro ladrón.

… hasta que muere y no puede entrar en el cielo por motivos obvios. Pero tampoco tiene cabida en el infierno (porque todo sabemos que el diablo es muy de cumplir su palabra), así que se ve obligado a vagar en la oscuridad por toda la eternidad. No sin un sarcástico regalito del diablo, que le dio una brasa ardiendo, para iluminar el camino. A Jack le encantaban los nabos, así que vació uno y puso la brasa dentro… Y así hasta ahora.

En el siglo XIX, cuando el Halloween en España ya estaba más centrado en el Tenorio…

Halloween en España

Llega la hambruna a Irlanda, miles de irlandeses emigran a USA y se llevan con ellos sus mitos y sus dioses, como bien nos explica Neil Gaiman en American Gods. Así que Jack emigró. Pero en América no había ni nabos ni remolachas (la segunda opción de los amigos irlandeses a la hora de colocar brasas ardientes). En cambio sí había un gran excedente de calabazas.

Así que no os dejéis engañar: Halloween en España existió como 8 siglos antes que en América. Y que nadie os quite la ilusión de vuestros disfraces.