Libertad de expresión en la ficción, algunas cuestiones

A la hora de hablar de libertad de expresión en la ficción, conviene delimitar a qué nos referimos con “libertad de expresión” y qué alcance tiene dicha libertad. También conviene decir, antes de nada, que mi posición respecto a este asunto es que hay algunas ideas que son aceptables y otras que no lo son. Y que tanto unas como otras deben poder expresarse. A ser posible de manera responsable e informada. Y, siempre, sabiendo que el ejercicio de cualquier libertad tiene consecuencias. Tanto para quien lo ejerce, como para otres. De eso habla este artículo.

La libertad de expresión y sus límites

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, en su artículo 19, dice que toda persona tiene libertad de opinión y de expresión, este derecho incluye la libertad de mantener opiniones sin interferencia y de buscar, recibir y difundir información e ideas a través de cualquier medio de comunicación e independientemente de las fronteras.

Entre otras muchas cosas, esto quiere decir que los hombres blancos cis y heterosexuales tiene la obligación de respetar el derecho a expresarse de todas aquellas personas que no son hombres blancos cis y heterosexuales. Porque el ejercicio de la libertad de expresión no es censura. Llamar censura a la expresión de ideas que contradicen las propias es un ejercicio de victimismo, como poco, infantil.

El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos pone a este derecho a la libertad de expresión algunos límites. Según este pacto, el ejercicio del derecho a la libertad de expresión conlleva deberes y responsabilidades especiales y por lo tanto puede estar sujeto a restricciones cuando esto sea necesario para:

  • Respetar los derechos o la reputación de otros
  • Para la protección de la seguridad nacional o del orden público, o de la salud o la moral públicas

Esas restricciones de la libertad de expresión suelen relacionarse con una serie de conductas, algunas tipificadas como delito en diversos códigos penales, como el español, otras de puro sentido común:

  • Difamación libertad de expresión en la ficción
  • Calumnia
  • Obscenidad y pornografía libertad de expresión en la ficción
  • Sedición, incitación
  • Información clasificada
  • Violación de derechos de autor libertad de expresión en la ficción
  • Secretos comerciales
  • Etiquetado de alimentos libertad de expresión en la ficción
  • Acuerdos de confidencialidad libertad de expresión en la ficción
  • Derecho a la privacidad libertad de expresión en la ficción
  • Derecho al olvido libertad de expresión en la ficción
  • Seguridad pública libertad de expresión en la ficción
  • Perjurio libertad de expresión en la ficción

El concepto de daño

Tal y como dice la Wikipedia, todos estos motivos por los que se pueden hacer excepciones al ejercicio de la libertad de expresión responden al concepto de daño que en On Liberty (Sobre la libertad) acuña John Stuart Mill. Según el mismo, el único motivo por el que se puede ejercer el poder sobre un individuo en contra de su voluntad, en una sociedad civilizada, es evitar daño a otros. libertad de expresión en la ficción

Las limitaciones a la libertad de expresión basadas en el principio del daño pueden ocurrir bien mediante la imposición de sanciones legales, bien mediante desaprobación social o mediante ambas. libertad de expresión en la ficción

Por eso hay opiniones que no pueden tolerarse. Por ejemplo, las que declaran que la homosexualidad es una aberración. Esa opinión atenta directamente contra la seguridad de las personas homosexuales porque las convierte en menos humanas. Es decir, las deshumaniza. Y la deshumanización lleva en no pocas ocasiones a situaciones no solo intolerables sino delictivas: agresiones, asesinatos, abusos. libertad de expresión en la ficción

Uno de los problemas a los que nos enfrentamos a la hora de establecer límites a la libertad de expresión en la vida real (todavía no nos hemos metido en el mundo de la ficción), es que el principio del daño, para funcionar correctamente como límite, tiene que estar definido de manera correcta y precisa. Problema que no parece fácil resolver.

Me encantaría poder aludir al sentido común para delimitar lo que es el daño, pero no creo que sea inteligente. La responsabilidad es un concepto mejor.

No parece responsable, desde el punto de vista de una persona que se precie de respetar a todas las demás personas, sean estas de la raza, religión, estrato social, género u orientación sexual que sea, emitir opiniones que pongan en peligro a cualquiera de esas personas.

Ponen en peligro a esas personas este tipo de enunciados:

  • Las mujeres deben permanecer calladas
  • Las personas migrantes deben volver a sus hogares
  • Las lesbianas son unas desviadas
  • Los gays son poco hombres
  • Las mujeres trans no son mujeres

Cuando estableces que una persona debe callarse, estableces un marco en el que, que esa persona hable puede considerarse como merecedor de castigo. El razonamiento es el mismo para el resto de enunciados.

  • Si los migrantes deben abandonar tu país, las agresiones que sufran pueden considerarse represalias por no irse.
  • Si las lesbianas son unas desviadas, las conductas que las devuelvan al camino recto pueden considerarse legítimas.
  • Si las mujeres trans no son mujeres, es más sencillo etiquetarlas como monstruos y tratarlas como tales.

Si te tienes por una persona íntegra y decente, ejercer tu libertad de expresión de manera responsable pasa por evitar poner en peligro a personas de colectivos oprimidos.

Quien es titular del derecho a la libertad de expresión

Pues todas las personas.

El derecho a expresar las ideas y opiniones permite a cualquier persona decir cualquier cosa. Excepto que traspase alguno de los límites mencionados.

Eso quiere decir que cualquier persona puede reaccionar a lo que tú digas. Porque la reacción también es un ejercicio de libertad de expresión. Es un hecho que se reacciona de manera más o menos virulenta contra las opiniones libres que atentan contra la integridad de colectivos oprimidos.

Las personas que se sienten atacadas por las reacciones ajenas a sus palabras suelen hablar de censura. Y no solo eso, al calificar esas reacciones como censura pretenden que se limite el derecho a la libertad de expresión de quien reacciona.

El problema en estos casos es que las personas que ejercen su libertad de expresión de manera irresponsable no quieren que se les identifiquen como lo que son: misóginas, machistas, homófobas, transfobas, racistas, capacitistas, gordófobas, etc. Pero lo son. Porque si no lo fueran, actuarían con responsabilidad a la hora de expresarse.

Por decirlo de otra manera: quienes expresan misoginia y son tildades de misógines, dicen que es censura llamarles así.

Prefieren que se les llame librepensadores, valientes o políticamente incorrectes.

La libertad de expresión en la ficción ¿Es diferente? ¿Debe tratarse de diferente modo?

¿Qué es la ficción?

Ahora que ya sabemos lo que es la libertad de expresión, conviene que pensemos un momento acerca de lo que es la ficción. De por qué existe y de las implicaciones que tiene sobre las sociedades y, por tanto, sobre las personas.

La RAE es clara:

Ficción:

  1. Cosa, hecho o suceso fingido o inventado, que es producto de la imaginación.
  2. Conjunto formado por los acontecimientos y los personajes que forman parte del mundo imaginario.
  3. Acción de presentar como verdadero o real algo que es imaginario o irreal
  4. Obra o género literario narrativo, especialmente la novela.

O sea, que las obras literarias o cinematográficas, los cómics y cualquier otro soporte lo que hacen es presentar al lectore o espectadore, etc. un mundo imaginario. Y lo presentan realizando una simulación de la realidad.

Se cuentan historias desde antiguo. Hace poco leí un libro sobre técnicas narrativas que comenzaba preguntándose por qué el ser humano prehistórico, con todo lo que tenía que hacer, perdía el tiempo contando historias.

Es una buena pregunta. Había muchos mamuts que cazar, desollar, curar. Había mucho que parir, mucho camino que recorrer… Todo eso mejoró con la creación del lenguaje, que dio pie a que la especie humana evolucionara mucho más rápido. Si no os lo creéis preguntaos cómo, sin lenguaje, podría llegarse a crear una tortura tan compleja como las matemáticas. Sin lenguaje no puedes preguntar cuál es el logaritmo neperiano de doce.

Pero la cuestión es que incluso antes de hablar se contaban historias: mediante el dibujo. O a eso apuntan les expertes. Y se contaban historias porque puede que el lenguaje sea imprescindible para crear una sociedad, pero sin historias esa sociedad carece de pegamento. Las historias sirven para aprender, para afianzar el conocimiento, para crear nexos de unión.

No es casualidad que el Nuevo Testamento sea generoso en parábolas. Las parábolas no son más que historias ejemplarizantes. Las religiones, en su mayoría, nacen a partir de la sacralización de leyendas; es decir, historias.

Las historias que contamos, las que oímos, las que escuchamos, nos convierten en quienes somos y determinan cómo serán las generaciones futuras.

Este es el papel y esta es la importancia de la ficción. Ni más ni menos. Una minucia ¿verdad? No. Claro que no.

¿Estará el problema de la libertad de expresión en la ficción relacionado con el contenido?

Pues claro que sí, por favor.

Sumemos dos más dos.

Si las historias que contamos ayudan a conformar la realidad en la que vivimos ¿qué más da como las cuentas? Lo que importa es qué contienen. Y aquí empieza lo que algunas personas consideran un problema para la libertad de expresión. Cuestiones sobre la libertad de expresión en la ficción

Algunes escritores de ficción desconocen el verdadero significado de la transgresión. Transgredir, subvertir, ver más allá, está relacionado con caminar hacia adelante y no hacia atrás.

No es transgresor llamar a una persona con síndrome de Dawn, retrasada. Ni lo es llamar a todas las mujeres putas. No tiene nada de transgresor que todos tus personajes gays respondan a un estereotipo determinado. Eso es lo que se ha hecho toda la vida. Y, si quieres, puedes seguir haciéndolo en tus relatos y tus novelas. La libertad de expresión te garantiza que puedas hacerlo. Ahí tienes a… bueno, a la mayor parte de escritores que ocupan los puestos de libros más vendidos en grandes librerías, franquicias y grandes superficies.

Libertad de expresión en la ficción desde la perspectiva de le lectore

La misma libertad de expresión que te permite escribir una obra como, qué sé yo, El Tango de la Guardia Vieja, o esa cosa horrible de los perros, del mismo autor, permite a tus lectores identificar las ideas que expresas con ella. Y no solo identificarlas. Si escribes un panfleto machista, quien te lea puede escribir una reseña, que no es más que una opinión, y decir que le ha parecido un panfleto machista. Si muchas de las personas que han leído tu obra opinan lo mismo, no es un linchamiento. Es una opinión con muchos adeptos. Cuestiones sobre la libertad de expresión en la ficción

Porque seguro que no crees que hay una organización internacional detrás de un buen puñado de críticas positivas. Esas son elaboradas y depositadas en la red social correspondiente por mentes librepensadoras. Aplica a las cosas buenas que te dicen la misma vara de medir que a las malas y quizá descubras algo sobre ti.

Cuando te encuentras con cincuenta opiniones positivas sobre tu novela y con cincuenta opiniones negativas sobre la misma novela ¿quién crees que tiene razón? ¿Quien te alaba por tu valentía o quien critica tu falta de responsabilidad en algún sentido? Ambas posiciones son ideológicas. Y tenderás a posicionarte con quien confirme tu ideología (vamos, con quien hable bien de ti).

Publicar ficción rancia ¿es imposible?

Yo lo llamo ficción rancia, sí. Porque desde mi punto de vista lo es. Es rancio lo que está escrito para perpetuar el inmovilismo y la posición subordinada de colectivos oprimidos. Lo misógino, lo homófobo, lo capacitista, lo racista… Todo eso es rancio.

Pero que a mí me aparezca rancio no quiere decir que no pueda publicarse. Se publica, claro que sí. A los perretes de Reverte me remito. Cuestiones sobre la libertad de expresión en la ficción

Lo que pasa es que las sociedades evolucionan y las cosas cambian. Lo que pasa es que un grupo no demasiado amplio, pero en constante crecimiento, empieza a hacerse oír. Y ya no sale gratis publicar novelas rancias.

El concepto de responsabilidad

Ahora el público exige responsabilidad. Es decir, una parte del público, que quiere reírse y conmoverse, exige que les creadores seamos más inteligentes, más agudos. A ese público, que espero que sea el mío, ya no le vale con el mismo chiste repetido desde hace siglos. Ese público no quiere que insultes a tus personajes más despreciables al grito de “mariconez”. Tenemos que buscar nuevos insultos, nuevos modos de obtener lágrimas, risas y de provocar miedo. Es nuestra labor. Porque les lectores no son les mismes. Porque hemos evolucionado y ahora hay más de un tipo de persona exigiendo sus derechos. Y eso es bueno.

Curiosamente, muchas de las voces que abogan por la libertad de expresión que les garantice la publicación de estas obras rancias abogan al mismo tiempo y sin mayor sonrojo por la supresión de algunos productos que el público elige libremente. Como el fútbol, o los programas del corazón. La libertad de expresión es buena para perpetuar el status quo, pero solo una parte, la que les afecta a elles.

Cuestiones sobre la libertad de expresión en la ficción

Efectos de la ficción en la realidad

La libertad de expresión en la ficción, a pesar de todo lo anterior, precisamente por todo lo anterior, debe ser inalienable.

Si alguien quiere escribir una novela de 400 páginas llena de mujeres sometidas y de personas racializadas torturadas, debe poder hacerlo. Y debe enfrentarse a las consecuencias. Consecuencias que no deben ir más allá del ejercicio del derecho a la libertad de expresión contrario.

Algo similar a la tercera ley de Newton: Si un cuerpo A ejerce una acción sobre otro cuerpo, B, este realiza sobre A otra acción igual y de sentido contrario.

Puedes decir lo que te plazca. En ficción y en la vida real.

Puedes, claro que sí.

De eso trata la libertad de expresión en la ficción.

Pero recuerda que todo lo que hagas tiene consecuencias.

Recuerda también, que no eres le únique con ese derecho.

 

 

Vivir de escribir, sí se puede aunque no como tú quieres

Sin introducción y sin anestesia. Sí, se puede vivir de escribir. No, no es fácil y, con toda probabilidad, el contenido de este artículo no es lo que esperas. Pero es lo que es: el último año y medio de mi vida. La quinta parte de mi plan a cinco años. Más o menos.

Marzo de 2017: prólogo

No hace mucho de esto que os voy a contar. Lo fecho en marzo porque en marzo me enteré de que el 27 de febrero Felicidad Martínez había escrito sobre mí en su blog, La Mirada Extraña. Publicó un artículo elogioso que yo no esperaba y que tuvo una repercusión que tampoco esperaba. Este fue el primer acontecimiento de los cuatro o cinco que terminaron por conjurar mi cambio de vida.

Nieves Delgado, por su parte, me incluyó en la iniciativa Adopta una Autora. Se ofreció como madre adoptiva. Adopta una Autora fue un bonito proyecto que espero que algún día resucite. A mí me dio mucho. Sobre todo visibilidad. Pero también me puso en contacto con La Nave Invisible y con su trabajo. Algo que me ha hecho mejor persona. Pero eso es otra historia y merece ser contada en otra ocasión.

Israel Alonso fue la tercera persona que terminó de ponerme en la recta de salida. Cerbero había dado el primer ladrido allá por noviembre del 96 y la editorial no recibía mucha fantasía. Barro fue la consecuencia directa de una conversación a la puerta de una librería.

Cristina Jurado me pidió un relato para el número 8 de Supersónic… ¡Y me pagó por él! Un hito en mi carrera profesional, que hasta entonces se componía de varias obras autopublicadas y participaciones a título no oneroso en antologías y publicaciones varias.

En el plano personal pasaron un par de cosas entre marzo y julio que también jugaron un papel importante en esta historia.

  • Terminé una relación de amistad insatisfactoria y accidentada con la impresión de que, una vez más, me habían tomado el pelo. Me ha pasado esto alguna que otra vez, pero afortunadamente sigo aquí. Hoy puedo decir que rodeada de amigas en las que confío.
  • Recuperé una relación de amistad (las gallinas entran por las que salen, supongo) que me puso en contacto con quién soy yo de verdad.
  • En junio pedí una baja por depresión. Para entonces ya llevaba unos 16 años trabajando como secretaria de dirección. Un trabajo drenante en el que dependes constantemente de las necesidades y los caprichos de personas a las que no suele importar mucho nada que no sean esas necesidades o caprichos. Esta es una historia muy larga que cuento en este artículo del blog de Editorial Cerbero.

 

Julio de 2017: llamada a la aventura

En julio, ya de baja, me di de alta en autónomos con la intención de comprobar, con el colchón correspondiente, si podía mantenerme escribiendo. Yo cobraba cada mes un porcentaje de mi sueldo y también mis trabajos como autónoma.

Debo aclarar que ya había trabajado escribiendo contenido web de manera esporádica durante unos cuatro años. Mientras trabajaba como secretaria, también escribía artículos de vez en cuando. La mayoría de mis ingresos de este tipo provenían de Greatcontent.com.

Encontré varias plataformas más donde se buscaba todo tipo de escritor y creador de contenidos, copy o redactor. Sucedió por casualidad. Estaba escribiendo un tutorial sobre cómo ser copy para un curso que me habían pedido. Me puse en contacto con Contenidosclick.com y me registré en Upwork.

Cerré julio y agosto con beneficios.

Cerbero publicó Barro

Seleccionaron relatos míos para las antologías Kalpa III y Visiones 2017.

Ya había escrito Carne, que saldría a principios de 2018 y una primera versión de Sombra, que verá la luz en una semana.

Quedaba, pues, claro, que podía vivir de escribir. Así que a finales de agosto pedí el alta. No porque me hubiera curado, sino porque no me parecía correcto seguir cobrando de una empresa en la que no prestaba servicios cuando podía mantenerme haciendo lo que más me gusta y mejor se me da.

Septiembre de 2017: La heroína empieza su camino

Septiembre de 2017 fue el comienzo de un año que ha terminado hace dos meses y en los que he escrito mucho. Pero cuantifiquemos mucho:

  • 1 237 000 palabras en artículos para webs y blogs. Aproximadamente.
  • 200 000 palabras en novelas fantasma
  • 100 000 palabras en relatos, novelas cortas, etc
  • 20 000 palabras en artículos de mi propio blog y para un amigo. Trabajo que no se cobra, por supuesto.

Eso hace un total de más de un millón y medio de palabras desde Septiembre de 2017 hasta ahora. Repito que son cantidades aproximadas. Seguro que he escrito más. Desde luego, Facebook, Twitter, Telegram, Whatsap, correos electrónicos… Todo eso no está contabilizado. Tampoco contabilizo el curso de novela corta que escribí, ni los tutoriales personales que he preparado.

Además de escribir he leído mucho. Para mí y para otros. Por dinero y gratis. Es decir, que el año no ha transcurrido entre mi pantalla y yo.

Diré que también les he conseguido trabajos a algunas amigas. Y he contestado a quien me ha preguntado y he procurado echar un cable cuando me lo han pedido. A veces con éxito, otras sin él. En todos los casos he hecho lo que estaba en mi mano.

Tengo familia, gatos, amigos, presentaciones, viajes, imprevistos, enfermedades.

Pero se puede vivir de escribir. Claro que se puede.

Ahora, espero que se pueda vivir de escribir un poquito mejor que este año.

Septiembre de 2018: Elixir conseguido. Es posible vivir de escribir

Bien, hemos llegado a finales de septiembre y ya sabemos que sí, que se puede vivir de escribir. Y me veo las quejas:

  • Cero premios literarios remunerados ganados
  • Poca repercusión y visibilidad
  • No me han sacao en la tele, majes
  • No he pegado un pelotazo
  • Eso de escribir artículos a destajo no es escribir

Todo eso es cierto (la última no, pero ya hablaremos de ello cuando nos apetezca. O cuando me apetezca a mí). Ya advertí al principio del artículo que no ibas a encontrar aquí la fórmula para el best seller. De hecho, y a estas alturas, más nos vale ponernos realistas: esto ni siquiera es una experiencia extrapolable a todo el mundo. Esta es mi experiencia personal.

A medida que esta experiencia ha ido construyéndose, me he planteado muchas cosas. La mayor parte de ellas relativas a lo que pensaba yo que era vivir de escribir antes de, efectivamente, vivir de escribir. Y lo que pienso ahora.

¿Qué es, pues vivir de escribir?

Creo que con esto tenemos todos un problema de base, de concepción. Porque lo que queremos (yo la que más) es vivir de escribir la ficción que nos gusta a nosotros. En serio, queremos (yo la que más, repito), escribir nuestras cosas, nuestras mierdas y que mucha gente nos pague por ello un buen dinero.

Ningún problema. Hay gente que lo hace, así que es posible. De hecho, mi plan a cinco años apunta en esa dirección, porque escribir un millón de palabras sobre las sartenes antiadherentes tiene algunas ventajas, pero ninguna de ellas es la diversión.

Bien, si establecemos que vivir de escribir es equivalente a vivir de escribir nuestras neuras y hacernos ricos con ello, estamos restringiendo un poco nuestras propias posibilidades de éxito. Primero porque limitamos nuestra actividad. Segundo porque limitamos el éxito al precio que el mercado quiera poner a nuestro producto (que por lo que veo últimamente es un tuit borrado. Una cosa bastante triste, esto del pago antisocial cuando se compran libros gratuitos en Lektu).

He mencionado ya el segundo problema: un problema de ambición. No vale con un sueldo de pobreza como los demás sueldos de pobreza del resto de profesionales. Les escritores debemos ser superestrellas del bestsellerismo y cobrar muchillones por nuestro primer relato.

Vale, eso es una reducción al absurdo, pero sabéis que es cierto. Que habéis pensado en vivir de escribir no como vivir, sino como hacerse rico.

Hacerse rico es difícil en cualquier profesión. Las enfermeras no se hacen ricas. Ni las neurofisiólogas como mi hermana, ni las profesoras de física, ni las conductoras de autobús. Todas ellas viven de sus profesiones. A nadie se le ocurriría decirle a una enferma que es más enfermera si ayuda en quirófano que si lo hace en una consulta de familia.

Pero una es menos escritora si es copy.

A mí me da igual. Yo soy escritora y haré el copy que sea necesario mientras consigo vender mis mierdas a buen precio. Y puede que después. Hay encargos de copy bien chulos.

Qué creo yo que hay tras el desprecio a algunas profesiones relacionadas con la escritura y no tanto con la literatura

Creo que hay pereza.

Igual que creo que hay pereza en aquellos que dicen que su estilo descuidado es una cuestión de gusto.

Hay mucha pereza porque las palabras son gratis. Están ahí, en el hiperespacio, y puedes tomarlas, poner unas detrás de otras en un papel y esperar que te reporten beneficios. Pero eso, que también es escribir, no es suficiente para ser escritore.

Vivir de escribir supone tomar la escritura y/o la literatura como un oficio. Un oficio que se puede desarrollar mejor o peor. Un oficio cuyos trucos se pueden aprender. Con trabajo.

Me consta que yo he trabajado de más por no conocer algunos trucos que ahora sí conozco. Pero es que, para llegar a conocerlos, el trabajo es necesario. Y cada vez que alguien me dice que si me dedico a escribir contenido web no soy escritora de verdad, lo que oigo es que escribir no es trabajar. Y por una parte me da mucha pena y por otra la risa boba.

Pero bueno, lo dejo, que me lío. Vamos a por el penúltimo capítulo del resumen anual.

Diciembre de 2018: vuelta a casa, a tomar fuerzas y emprender un nuevo camino

En diciembre dejo el copy de manera temporal. Para hacer algo que debí haber hecho antes: planear una estrategia editorial.

Escribo hoy MUCHO mejor que hace un año y medio.

Tengo una visión mucho más amplia y creo que acertada de lo que puedo esperar de la literatura.

Y sí, sigo pensando que puedo vivir de escribir mis mierdas.

Sigo animándoos a que vosotres hagáis lo mismo, por cierto.

Ahora bien, en esto, como en vuestras historias, no recurráis al deux ex machina, que tiende a no funcionar. Aquí no vale el “lo hizo un mago”. Aquí el mago eres tú. Así que haz tu magia. Siempre que puedas.

Mis disparadores de incredulidad: lo que me saca, como lectora, de una historia

Quiero hablar hoy sobre la suspensión de la incredulidad. Algo que afecta a todas las lectoras y por tanto también a mí. Pero no lo trataré como he visto que se hace en otras páginas y blogs. Os enlazo este artículo de Litreup en el que hablan de los personajes creíbles y de los manuscritos en botellas entre otras cosas. Es interesante y cubre con solvencia todo lo que ya se ha dicho. Dragón Mecánico, compañero de Sinécdoque, también lo hace estupendamente en este artículo suyo.

Qué es la suspensión de la incredulidad

Por decirlo con muy pocas palabras , la suspensión de incredulidad se produce cuando una lectora pasa por encima de lo increíble y decide creer que lo que está leyendo es posible.

Ejemplos:

“En un agujero en el suelo, vivía un hobbit.”

Esa es la frase de inicio de El Hobbit, de J.R.R. Tolkien. A la lectora le toca firmar un acuerdo con el autor según el cual va a asumir que los hobbits existen en el mundo que plantea la novela y que además viven en agujeros en el suelo. A partir de esa primera frase se construye un mundo de fantasía que se rige por unas reglas determinadas. El autor debe seguir esas reglas hasta el final de la historia para que la lectora no rompa su suspensión de incredulidad.

“Hacía un día estupendo.

Como todos los anteriores. Habían pasado bastantes más de siete hasta entonces y la lluvia no se había inventado aún. Pero las nubes que acechaban al este del Edén insinuaban que la primera tormenta estaba de camino, y que menuda iba a ser.

El ángel de la Puerta del Este se cubrió la cabeza con las alas para protegerse de las primeras gotas.”

Así comienza Buenos Pesagios, de Neil Gaiman y Terry Pratchett, donde no solo se nos pide que, como lectoras, suspendamos nuestra incredulidad, sino que se establece el tono humorístico de la obra. A partir de ahí estamos a dispuestas a creer casi cualquier cosa que pase porque ya nos han dicho que esto va de acontecimientos absurdos en un universo que posiblemente resulte disparatado.

 

Un tercer ejemplo:

“Un semestre más, mi querido lector, tienes entre tus mano este humilde boletín.”

Esta es la fórmula que Conchi Regueiro escoge para meternos de lleno, como lectoras y metalectoras, en el universo de La Moderna Atenea. Una gran novela escrita a modo de colcha de retales mediante extractos del boletín mencionado, cartas y correos electrónicos.

Cómo crear la famosa suspensión de la incredulidad en novelas de género fantástico

De verdad que no, que este artículo no pretende enseñar a nadie cómo crear personajes redondos o cómo dar con el world building perfecto. Para eso están los dos artículos que os he enlazado más arriba y otros cientos de miles de resultados que Google os devolverá solo con que escribáis las cuatro palabritas en su caja mágica.

Los disparadores de la incredulidad

Por fin me acerco a lo que de verdad quiero decir. Siento la introducción previa, pero es que para establecer un diálogo hay que dejar claro de qué se está hablando. Así que, hechas las presentaciones, vayamos ahora a lo que interesa. A saber ¿cómo se pierde la credulidad del lector? O, en otras palabras, ¿qué hace que el lector vea al autor y las costuras de la obra? ¿Es eso malo, por otra parte?

La respuesta a la segunda pregunta es que sí. Es malo, feo y una de esas cosas que, como lectora, más me repatea. Ahora os cuento por qué.

En primer lugar hay que decir que cada lectora tiene sus propios disparadores de incredulidad. Hay quien dice que si la orografía del mundo no es verosímil, dejan de leer. Hay quien traza líneas temporales porque no puede con historias que tengan huecos de ese tipo. Otros no soportan que los personajes se muevan como marionetas, o que las cosas sucedan porque sí. Los deus ex machina son la piedra de toque de casi todas las lectoras a la hora de disparar la incredulidad. Ese es el momento en el que dejan de leer. Sí, así es de malo ver las costuras de una obra.

Mi disparador de la incredulidad es, entre otros el estilo

Ha costado, pero este era el tema del que venía a hablaros hoy.

¿El estilo? Dices mientras me siento estafada ante tu blog con imagen de cabecera azul? El estilo es subjetivo, el estilo es personal, el estilo es como Moby Dick, que si te vas a cazarlo terminas jodida como Ahab.

No. El estilo es una herramienta. Una herramienta con diferentes formas. Y cada autora debe saber emplear un estilo adecuado a la obra que pretende contar. Porque el estilo también ayuda o impide la suspensión de la incredulidad en la literatura de género fantástico. En fin, y en toda la literatura.

Pongamos una novela escrita en primera persona en la que la protagonista es una profesora. O una en la que la protagonista es una niña de quince años, también contada en primera persona. Pongamos que la narradora habla del terror que le produce una situación particular.

Imagino que estaremos de acuerdo en que una profesora no habla igual que una alumna. Imagino que también coincidiremos en que el tipo de frases y la paleta de significados que emplearemos para pintar una escena alegre no es la misma que la que usaremos para hablar de pánico o tristeza.

Sí, hay genios capaces de pintar la desolación bajo los rayos del sol en un paraje mecido por la fresca brisa de un verano que rozaba la perfección. Pero pocas autoras son genios. Incluso las autoras buenas y muy buenas solo son buenas o muy buenas.

Así que las buenas y muy buenas profesionales de la literatura se preocupan de su estilo. Porque un estilo cuidado funciona mejor que un estilo descuidado a la hora de transmitir lo que sea que deseamos transmitir.

Dame pistas ¿Qué es el estilo descuidado?

Veréis, es justo lo opuesto al cuidado. Un estilo cuidado es preciso mientras que el estilo descuidado es torpe. Las escritoras que cuidan sus escritos emplean un vocabulario rico, pero no rimbombante. Usan construcciones variadas y crean un ritmo dinámico. Pero no se lían con artificios alambicados y cosas raras.

Ejemplo de estilo cuidado:

“La principal característica de Jimena desde el mismo instante de su nacimiento fue su suerte negativa, la misma que lleva a tantos desgraciados a partirse las narices al tropezar en la única piedra del desierto o a morir por la última bala de una guerra.”

Conchi Regueiro La Moderna Atenea

 

Segundo ejemplo:

“—¿Lo que? —dijo el Andrés, y nada, en cambio, el galgo. Porque lo había entendido perfectamente, sin moverse, sin haberse reunido nunca antes, sin haberse repartido jamás ni una moneda, ni un cigarrillo siquiera, con ellos. Lo vio primero, como la primera vez, agachado, desnudo, con una lanza. “Maldito, te veré colgado, abierto en canal, me reiré de tus humeantes vísceras, rojas y azules.”

—Se dice el qué, no lo lo qué —se oyó Juan, tembloroso ante la sorpresa del Andrés, que se puso pálido, o lo parecía[…].”

Ana María Matute, Algunos muchachos

 

En esos dos párrafos, tan distintos, no hay grandilocuencia, ni más complejidad que la de haber buscado las palabras precisas para que los textos se comprendan y para algo más: para que la lectora lea lo que la autora ha querido decir.

Conchi Reguiro introduce ese “partirse las narices” con una socarronería gallega que dice mucho del personaje que habla (es este un fragmento de carta al director del Boletín alrededor del que se articula La Moderna Atenea).

Ana María Matute antepone un adjetivo; humeantes vísceras y ahí radica la emoción principal de su párrafo, la violencia.

¿No echáis nada de menos en esos párrafos?

Ninguna de estas dos autoras necesita llenar su prosa de los elementos que destacan como luces rojas de semáforo en medio de una autopista en los textos que yo llamo torpes.

No veréis en esas pocas líneas más que un único verbo ser. Tampoco hay gerundios.

No, no es que les tenga manía al ser, estar, parecer, tener, a los gerundios, a las perífrasis o a los adverbios usados desaforadamente. Ni es que yo esté obsesionada, es que la mayoría de las veces no son necesarios. De hecho, hacen daño. Mucho. A la prosa y a la bendita suspensión de incredulidad.

Lastran un buen texto. Los seres, estares y perífrasis cargan de palabras párrafos que podrían ser mucho más cortos si se escribiesen empleando el vocabulario adecuado. Y sí: menos es más. Cuando escribes, quieres que te entiendan, pero también quieres causar un impacto determinado, una emoción o transmitir una idea. Pues bien, el impacto se pierde cuando das rodeos en forma de perífrasis.

Ejemplo:

“La principal característica que empezó a mostrarse en el mismo momento de su nacimiento fue que tenía mala suerte negativa. La misma que lleva a tantos desgraciados a soler partirse las narices al acabar tropezando en la única piedra del desierto o a morir por la última bala de una guerra”

Este párrafo (perdona, Conchi) dice exactamente lo mismo que el que he transcrito más arriba, pero mucho peor. Hay que leerlo varias veces para comprender su significado, se pierde el sentido del humor. Es una porquería de párrafo.

Y eso que solo le he añadido un par de perífrasis. Sí, una de ellas con gerundio.

¿Por qué esto dispara mi incredulidad?

Pues lo acabo de decir: porque tengo que leer dos veces un mismo párrafo para saber lo que la autora quiere decirme. Y eso me saca inmediatamente de la historia.

Pasa lo mismo cuando en lugar de emplear las formas del verbo, conjugadas como la gramática manda, la autora coloca una forma del verbo ser y un participio: “estaba vestida con un traje azul” en lugar de “vestía un traje azul” o “llevaba un traje azul” o “un traje azul colgaba de su esqueleto”.

Torpeza vs Pereza

Leo muchos textos que abundan en este tipo de torpezas. Algunos son descuidados, otros son torpes, otros perezosos.

Torpeza

Tengo que reconocer que la torpeza en sí no me molesta. Sobre todo no me molesta en autoras jóvenes con ilusión por trabajar y mejorar. El estilo se pule leyendo, escribiendo y aceptando críticas. Con criterio, ojo. Todas las críticas no son acertadas. Ni siquiera las mías. Ni siquiera las hechas con la mejor intención.

La torpeza, digo, no me molesta porque a escribir bien se aprende. Si se quiere. Si se tiene un cierto respeto por la profesión o la afición de una, que en este caso es la literatura. Cualquier primera obra estará, con toda probabilidad, mejor escrita que la segunda o la tercera. Siempre que haya voluntad de aprendizaje.

Yo tengo el secreto deseo de que cada uno de mis relatos esté mejor escrito que el anterior. Quiero que cada novela corta, que cada cosa que escriba, gane en precisión, en riqueza semántica, en simbología… Y que al mismo tiempo sea asequible para un público más amplio.

Pereza

Me molesta la desidia, me molesta la pereza. Saca lo peor de mí que autoras incapaces de leerse desde fuera o de aceptar que no saben lo suficiente digan que el estilo es subjetivo y que por tanto todo lo escrito es igualmente válido. Me molesta hasta la urticaria galopante porque esas autoras no quieren escribir bien, quieren que las lean. Y sí, hay una diferencia.

Desde mi punto de vista, las defensoras de que todo en literatura es subjetivo no quieren ser escritoras, no quieren trabajar sus textos. Pero quieren ser consideradas buenas escritoras.

Hola: quiero ser campeona olímpica, pero no quiero entrenar.

No tengo nada en contra de la gente que escribe textos ligeros, sin mucho cuidado y que dice: ¡Eh! He escrito esto, no tiene muchas pretensiones, pero entretiene. Igual te divierte. Son personas que escriben se lo pasan bien y no se enfadan si una lectora les dice: qué divertido, un poco simple, el estilo un poco basto, pero me ha hecho la tarde muy amena. Tampoco se enfadan si una editorial les rechaza un manuscrito.

Todo lo contrario a esas autoras que creen que escriben bien y que no trabajan su prosa porque ellas ya lo saben todo. Esas que, cuando reciben críticas o rechazos debido a la pobreza de su estilo, enarbolan la bandera de “el arte es subjetivo” en lugar de coger un bolígrafo rojo para identificar dónde han fallado.

Sí, el estilo inadecuado, las incorrecciones gramaticales, al abuso de los verbos débiles, los gerundios mal empleados… Todo eso hace peor un texto. Afortunadamente, el posible aprender a manejar el lenguaje. Es posible y satisfactorio. Además, no se vuelve atrás. Una vez que aprendes a escribir un poco mejor, ya no puedes escribir peor. Así que, por favor, tómate el tiempo necesario para leer con los ojos abiertos. Tú escribirás mejor y yo disfrutaré más de lo que escribes.

Gracias.

 

 

Cosas que sé

Pienso a veces en salir a la calle y caminar

hasta que se me desgasten las suelas,

hasta la última lágrima.

Pero sé que mi límite está en el restaurante de ahí abajo.

Sé también que las lagrimas no acaban.

 

Pienso en comer hasta embotarme o en beber

hasta perder la forma y el seso,

hasta conocer por su nombre a las gaviotas.

Pero sé que los pájaros me comerán los ojos.

Sé también que el exceso no cura, engorda.

 

Pienso en pedirte que me mates justo ahora.

Que me apagues el dolor,

que me pares el mecanismo de la angustia.

Pero sé que si te ofrezco el cuello blanco y puro

lo retorcerás

sin llegar a quebrarlo.

Lo que trajo 2017… y lo que se llevó

Todos los años hago balance.  Aquí donde me veis tengo estas cosas mainstream. Con lo que me dedico yo a rajar de costumbres instauradas. Pero bueno, si cada año, a día 31 de diciembre, se ponen a cero todos los contadores, incluso el de las mujeres muertas ¿quién soy yo para no hacer borrón y cuenta nueva?

2017 ha sido uno de los mejores años de mi vida, el mejor

Así, sin exagerar. Haré un pequeño resumen de cómo se han ido desarrollando las cosas. Aunque creo que en realidad el 2017 ha sido como una enfermedad: años de trabajo lo incubaron y, de repente, por una pura cuestión de coincidencias, los síntomas se han hecho evidentes.

El 27 de febrero, solo seis días después de mi cumpleaños, Felicidad Martínez publicó esta entrada en su blog.  Claro, que seis meses antes yo me había puesto en contacto con ella para decirle que Inquilinos, el libro del que habla, era de terror y que lo mismo le interesaba leerlo. A mí, desde luego, me interesaba que lo leyera. Yo le había echado un vistazo a sus críticas literarias y me constaba que no se mordía la lengua, así que Felicidad era la persona perfecta para decirme todo lo que yo no quería oír.

La buena fortuna quiso que Inquilinos le gustara lo suficiente.

Ese mismo día, Israel Alonso me presento virtualmente a Cristina Jurado. Yo, que vivo en Babia, un sitio muy bonito, lleno de unicornios, arco iris, pinchos morunos y monstruos de siete cabezas, no tenía ni idea de quién era Cristina. SPOILER: esta no va a ser la única deshonra que va a caer sobre mi vaca hoy. De hecho, la pobre vaca lleva seis meses en el gimnasio entrenándose para esto.

Cristina había leído un relato muy corto que vosotros también podéis encontrar en una antología en la que participamos ambas: Onírica. Le gustó y, como es un alma inquieta, me preguntó si me apetecía mandarle algo para Supersónic. Yo no tenía muy claro lo que era Supersónic. Sólo había oído hablar de ella en relación a Exilium (mi vaca, la pobre), pero le dije que sí. PISTA: soy muy de decir que sí a propuestas literarias.

Hablamos de final de febrero, 2017 estaba casi sin estrenar y ya me había dado dos buenos motivos para quererle.

Pero es que eso, que fue genial, fue solo el principio: la primera marca de la viruela, el primer sarpullido del sarampión, el primer trozo de nariz sifilítica que se pudre.

Luego llegó marzo, el mes en el que me reencontré, gracias a la poesía, con una de las personas más importantes de mi vida. Itziar había sido una piedra angular de mis 20 años y se me había perdido. No sabíamos ninguna de las dos dónde nos habíamos puesto. Aun así nos encontramos. Para mí ese encuentro supuso también una recuperación de mí misma, de quién había sido. Y no es que me arrepienta de haber cambiado. La evolución es buena, pero arrancar a dentelladas la propia identidad para sobrevivir no suele terminar bien. Itziar me trajo Barro. Ya sabéis, Ba-rro.

Así las cosas, en Abril me enteré de que Nieves Delgado me había adoptado.

Autoras de terror y mujeres asesinas visibilizadas

Tercera deshonra para la pobre vaca: ni idea tenía de yo de lo que era el proyecto Adopta una autora. Pero allí estaba, flamantemente adoptada por la autora de una de las novelas cortas que más he disfrutado en este 2017: 36. Yo a Nieves la conocía de interactuar a veces en Facebook. Le había dado mi opinión sobre algún relato suyo, habíamos coincidido en antologías y recuerdo (atenta, vaca, que vienen curvas) haber comentado con alguna compañera que esta chica tenía mucho que mejorar en relato corto. Recordad que soy encantadora la mayor parte del tiempo. Nieves se tomó muy a pecho la adopción y abrió un blog muy chulo para recopilar todo lo que tenia que decir sobre mí. El primer post es de mayo.

Pero es que mayo fue EL MES.

No os voy a contar ahora quién es Editorial Cerbero (la mejor del mundo entero), porque si me conocéis a mí es que ya les conocíais a ellos. Entre Cerbero y la peregrina idea de Cristina Jurado de llevarme a Supersónic, este año me ha cambiado la vida. De manera literal.

Alguno pensaréis que el día más feliz del año sería cuando Israel me dijo que hiciera el favor de firmar el contrato (es un ser de luz, sensible y delicado. Exactamente lo que parece). Pues no. Ahí empezó el calvario. Recuerdo que Emlio, mi marido, me perseguía por la casa con una lupa para ver si me encontraba el chip defectuoso:

-Alicia, cariño, que publicas una novela.

-Es maaaaaaaaaal.

-¿Pero no era lo que querías?

-Ahora todo el mundo sabrá lo mal que escribo, y nadie la comprará, y la gente me odiará, y la editorial perderá dinero, Israel tendrá que cerrar, jamás nadie confiará nunca en mí. Todo es maaaaaaaaaaaal.

Y así todos los días.

Con el aliciente de que el 14 de junio me cogí una baja por depresión porque, bueno, ya llevaba muchos años tratando de ser una persona que no era y me estaba muriendo. Había dejado de dormir, lloraba a todas horas, me había colocado como 10 kg encima para no pensar y ya no podía más. Literalmente. Todo ha sido muy literal, este año.

Precioso todo. Para aquellos a los que les interese, mi vaca y yo estamos encantadas de anunciar que la segunda edición de Barro está pronta a imprimirse y que una segunda novela corta saldrá en enero de 2018. Parece que mal no fue tan malo.

Y no hemos llegado ni a mitad de año.

En junio me entero de que existe Patreon y me lanzo como loca.

Patreon es, a todos los efectos, mi Jauja particular. Allí dejo relatos (y mucho mucho más, si no, preguntad a mis suscriptores) a personas que quieren leerme. Son mecenas que me dan 1USD al mes porque quieren que escriba. Y como quieren que escriba me dan total libertad. Estamos ellos y yo. Escribo lo que me gusta escribir, ellos leen lo que les gusta leer y todos ganamos. De momento solo somos 17, pero espero que seamos cada vez más.

A primeros de julio me seleccionaron para la antología Kalpa III con un relato clásico de posesiones diabólicas. Poco tiempo después me comunicaron que también estaría en el Visiones 2017. Dos honores inesperados como dos inesperados soles.

Autoras de terror en La Nave Invisible

Un lugar increíble para encontrar autoras de terror. Me tienen hasta a mí.

Pero es que, también en junio, a mi vaca se le cae encima La Nave Invisible.

No, tampoco tenía la menor idea de lo que era La Nave. Yo es que me he pasado toda la vida sin tener ni idea de lo que existe ahí fuera, qué le voy a hacer. Pero es trabajo de la Nave rescatar a autoras del anonimato y eso hicieron conmigo. Organizaron una lectura conjunta de Inquilinos (sí, esa recopilación de relatos que había enviado a Felicidad Martínez y que tantas alegrías me ha dado) y la cosa fue muy bien, la verdad.

En septiembre di un portazo

Salí de la empresa en la que había estado trabajando como secretaria, me di de alta como autónoma y escribí este artículo, que es una de las cosas más importantes que he dicho jamás.

Llevo desde entonces, un trimestre completo, ganándome la vida como escritora. Os cuento lo que escribo:

  • Artículos para blogs
  • Relatos para Patreon
  • Novelas, como escritora “fantasma”
  • Clases de español para una academia holandesa
  • Mis propias novelas (dos este Nanowrimo pasado)

Me dijeron hace poco que eso no es ni ser escritora ni nada. Durante un cortísimo segundo me ofendí. Señora de Bilbao que dijo aquello: esto es ser escritora. Pero, sobre todo, esto es estar viva. Yo disfruto escribiendo artículos. Es un hecho. Menos de lo que disfruto escribiendo ficción, pero lo disfruto. Pero es que, además, vivo de ello mucho más feliz de lo que he vivido nunca.

Trabajo en mi casa, cuando quiero y haciendo lo que me gusta.

 

Queride @NoaVelascosas, llevo desde ayer dándole vueltas al último tweet de tu hilo. Preocupada porque me parece que hablas de suicidio. No es que yo sea una gran admiradora de la vida, pero sí soy muy #teamescribir y para escribir solo hay un requisito: estar vivo. Escribe. Si tus novelas no pagan facturas, busca un modo de escribir que sí las pague.

  • www.upwork.com
  • www.greatcontent.com
  • infojobs freelance

Esas son mis tres fuentes de ingresos.

Que nadie os engañe, por favor. Vivir de escribir no quiere decir ser millonario. Las enfermeras, las conductoras de autobús, las profesoras, las barrenderas, se ganan la vida con sus trabajos. Vosotros también podéis ganaros la vuestra haciendo lo que más os gusta. Recordad que no hay un solo modo de hacer las cosas.

Han pasado muchas más cosas a nivel literario. Muchas. Como la otra lectura conjunta, este mismo mes de diciembre, la de los diseccionadores de novelas de Origen Cuántico, que me ha dado la oportunidad de hacer lo más bonito del mundo: hablar con lectores de la obra de uno. Oír como la obra muta, crece, se enriquece con la visión de cada uno de ellos. Arkaitz es el sol.

Pero lo que más agradezco a este año me ha cambiado a nivel personal.

Todo comenzó gracias aun debate acerca de… bueno, de cuotas y de personajes LGTB en literatura. Mi vaca no lleva alforjas para esto, así que dejadla tranquila. Pobre, ella no tiene culpa de nada.

Jamás me había planteado qué tipo de personajes escribía. Nunca. Hasta que me di cuenta de que todos eran hombres cis, heterosexuales y blancos. Cuando me di cuenta de eso ni siquiera sabía que cis era una palabra, ni su significado. No sé ni cómo noté que ni siquiera hablaba de mujeres en mis escritos. En mi cabeza el rol protagonista estaba tan asociado a los hombres que me limité a perpetuarlo en mis relatos.

Pista: soy machista, y homófoba, y transfoba y racista. Soy gordófoba y capacitista y muchas más cosas feas.

Pista mucho más importante: eso no me hace una mala persona. Porque cada día me miro, me estudio, trato de aprender, de reeducarme, de deconstruirme y de ser inclusiva. Sería ridículo pretender que una sociedad que ha puesto todo su esfuerzo en crearme a su imagen y semejanza no ha hecho mella en mí. Claro que sí. Claro que tengo todos esos defectos. Claro que me avergüenzan. Pero es que mi vergüenza y mi incomodidad no importan. Importan mi esfuerzo por ser una persona mejor.

Me haría una mala persona no querer cambiar, empecinarme en mis errores.

He empezado a esforzarme hace muy poco. Lo lamento y pido disculpas, porque habré hecho muchísimo daño pensando que yo era súper inclusiva y nada homófoba (yo siempre he tenido amigos gays, o sea…). Yo no era machista ¿cómo, si soy mujer? Ni mucho menos transfoba. De gordófoba ni hablamos, yo estoy gorda. Que me de asco a mí misma no es gordofbia, es cosa de mis taras mentales ¿dije capacitista?

Y aquí llegó la gran noticia. Escribí ese artículo del que os hablaba antes y que podéis leer aquí porque no me cabía en la cabeza… bueno, lo que digo en el artículo. Y me puse en contacto con una chica bisexual que me dijo: todo chachi, pero metes la pata en cuestiones de género. Y yo pensé, ajá, pues pregunto. Y me quedé patidifusa al descubrir que no conocía a una sola persona trans. Ni una. Y no es que haya vivido bajo una roca y no me haya enterado de que las mujeres trans mueren porque son trans; vamos, porque las matamos personas cis, no. Es que no me había preocupado de ellas. Ni de los hombres trans, si vamos a eso.

Así que me vi en la vergonzante tesitura de reconocer que no tenía a quien pedir opinión de primera mano sobre algo que concernía a un colectivo al que no pertenezco. Y no solo eso: me daba miedo acercarme a una mujer trans. Miedo a meter la pata, a ofender y a que me mandaran a la mierda. Pero miedo al fin y al cabo. Pero no, yo no soy transfoba, hombre por favor, eso es de lelos y retrógados, no de gente culta con twitter y que además escribe novelas.

Ese artículo, la necesidad de buscar ayuda para escribirlo, me ha traído muchas alegrías. Y agradezco a @SigridValkyrie   que me dirigiera a Artizar Badass, que me ha enseñado muchas cosas, toda buenas. No, no la adoro ni estoy de acuerdo con todo lo que dice siempre, pero la respeto y la admiro. Me ha hecho plantearme de dónde proceden la fortaleza y el valor y llegar a la conclusión de que muchas mujeres no tienen otra cosa que esas dos virtudes para sobrevivir. 

Gente cis del mundo, pensad esto: no importa que os digan que sois transfobos, homófobos o misóginos. Importa que lo sois. Aceptadlo y trabajad para cambiarlo. Es duro, pero es mucho más duro ser transexual, homosexual, racializade, lesbiana o, en definitiva, no normative.

Twitter me ha traído un huracán de aire fresco en forma de una TL muy joven.

Hace unos meses le decía a uno de mis lectores y de mis amigos (porque he hecho más amigos que lectores) esto:  “vosostros os comunicáis de maneras nuevas para mí y os interesan cosas nuevas para mí. El acto de escribir es un acto de comunicación y la comunicación evoluciona. Sois como la sangre joven para los vampiros que no quieren envejecer. Yo no quiero envejecer .”

You all know who you are. Y soy yo la que quiere ser como vosotros. Me dais perspectivas nuevas, palabras nuevas, ganas de ser mejor y de haceros sitio. Mi generación llega tarde a todo. Desafortunadamente, los que nos precedían no tenían mucho interés en lo que vendría después y creen que serán eternos. Nosotros, por nuestra parte, no dimos el golpe necesario en la mesa para que eso cambiara. Y por eso todo en el mundo es viejo. Todo en el mundo huele a viejo. El prestigio apesta a antigualla.  Menos lo que ha construido la gente más joven que yo y lo que podéis construir vosotros.

Entendedme, por favor, yo soy una tía joven con más vida por delante, todavía, de la que tiene a la espalda. Que me hago cargo de cómo suena el párrafo anterior. Y me consta que no soy una cuarentañera al uso, que mi último cambio de rumbo ha sido hace tres meses y que habrá más porque uno no muere cuando se le va la vida, sino cuando se para. Eso lo sé.

Pero vosotres, Coral, Virginia, Jorge, Manu, Rafa, Edu, Iván, todes, hasta los que me quedan un poco más lejos porque hablamos menos, Saren, Rocío, Logan,  Carlos, todes sois otra cosa. Y doy mucho las gracias por haberos encontrado. Y quiero seguir viéndoos por ahí. Con vuestras alegrías, que me alegran; y con vuestras miserias, que también comparto.

Yo también me frustro cuando los concursos los ganan otros, cuando la ropa me queda como el culo, cuando no digo lo que quería decir y creo que la gente me odiará por torpe, cuando no cumplo una promesa, cuando todos triunfan a mi alrededor y me siento pequeña. ¡Ay! No os imagináis lo pequeña que me siento a todas horas. Pero vosotres me hacéis grande. Aunque siga encerrándome en casa porque en la calle hay gente… y cosas.

Vosotros habeís sido lo mejor de 2017. El mejor año de mi vida.

GRACIAS

 

Una opción para publicar: te presento a Ficción Científica

Hoy te presento a Ficción Científica

Hoy quiero presentarte una red social con menos usuarios que Twitter o Facebook pero mucho más específica y cercana a tus intereses. Y es que supongo que te has pasado por este blog y por ningún otro en el mundo mundial (deja que sueñe) porque disfrutas leyendo, escribiendo o ambas cosas. En ese caso, FICCIÓN CIENTÍFICA ES TU RED.

Ficción Científica recibe manuscritos todo el año

Y no busca profesionales de reconocido prestigio, aunque entre los muchos nombres que se encuentran en su haber están el de Juan González Mesa, Daniel Pérez Navarro, So Blonde y el mío propio.

¿Qué buscan exactamente?

Buscan historias cortas que ronden las 1.000 palabras. Aunque si tu texto les gusta no lo descartarán porque sea un poco más largo. A mí me ofrecieron en una ocasión publicar un relato largo en varias entregas.

Publican ficción de género fantástico; es decir, fantasía, ciencia ficción y terror. También hacen reseñas. De hecho, si me buscas entre sus autores encontrarás 5 historias de terror mías y las reseñas de tres de mis libros: El tren de la felicidad de Felicity Happiness es lo primero que publiqué con ellos.

Sí, ya sé que es un poco pesado referirme todo el tiempo a mí misma, pero es que quiero que te quede claro que hablo solo y exclusivamente por experiencia propia, así que no me queda mucho más remedio.

¿Hay contraprestación económica?

No. Ficción Científica no paga.

Pero mi experiencia personal con ellos (sí, otra vez yo) me lleva a recomendártelos por varios motivos:

  • Ampliarás tu audiencia y por tanto saldrás de la zona de confort de los lectores que ya conoces. Esto quiere decir que te expondrás a un público más amplio y por tanto recibirás nuevas críticas y puntos de vista.
  • Publicarás con gente a la que quizá admires (en mi caso fue así y todavía recuerdo el regustillo de placer).
  • Una vez al año sacan un e-book recopilatorio de todos los relatos publicados en la página. Se trata de un volumen de descarga gratuita. Es un modo fácil de empezar a hacerse un hueco, de conseguir que tu nombre resuene más allá de quienes ya te conocen. Una vez más, yo lo hice y me ha servido. Si no, no lo recomendaría.

En esta página podéis descargar no solo el último de esos recopilatorio, sino una obra que os dejará boquiabiertos: Lusus Nature, de Teresa P. Mira de Echeverría

 

Ficción Científica es un buen proyecto, una de esas iniciativas llevadas a cabo por personas amantes de la literatura de género que desean leer y que otros los lean y que por eso se ocupa en primer lugar de los que escriben. Ficción Científica fue una de las primeras webs que me pidió un texto y lo publicó. Yo no soy una Lannister, pero me gusta pagar mis deudas, y las mayores deudas son las que he contraído por lealtad hacia aquellas personas que en algún momento creyeron en mí.

De todas formas, lo mejor que puedes hacer es ponerte en contacto con ellos y ver si su web y su propuesta te convencen. Si es así, te invito a que compartas la iniciativa. La literatura merece espacio. Merece hacerse grande .

 

 

 

 

DOÑANA ES ARTE: UN PROYECTO SOLIDARIO PARA PALIAR LOS EFECTOS DEL INCENDIO DE MOGUER

¿Por qué este post debe ser compartido de manera masiva?

Porque esta vez la literatura, la ilustración y la fotografía no sirven de vehículo a las ansiedades ni necesidades de sus autores, sino que pretenden servir para algo muy concreto: recuperar una parte de todo lo que se perdió en el incendio que asoló Doñana a principios de verano.

Os dejo la nota de prensa que han redactado mis compañeros, donde se explica, mucho mejor de lo que yo lo haría, en qué consiste el proyecto.

NOTA DE PRENSA

Más de 300 artistas solidarios contra el incendio de Moguer

Cuentos, versos, ilustraciones y fotografías como armas para apagar los efectos del incendio que arrasó más de 8.000 hectáreas a las puertas de Doñana a finales de junio. Una ilustradora, Nélida Alhambra, tuvo la idea de ayudar de alguna manera a repoblar la zona y pidió colaboración en las redes. Más de 1.000 personas ofrecieron su apoyo. Ahora, junto a José Luis Pastor (Suseya ediciones), la escritora Itsy Pozuelo y más de 300 artistas, están a punto de sacar un libro de relatos e ilustraciones, una antología de poemas y fotografías y una edición digital, que se imprimirá bajo demanda, con todas las aportaciones altruistas.

Sevilla, 29 de agosto de 2017

«Doñana es Arte» es el nombre de un proyecto que pretende contribuir desde el mundo del arte a la recuperación de la zona afectada por el incendio de Moguer. El proyecto supondrá la edición de dos libros en papel, uno de relatos e ilustraciones y otro de poemas y fotografías, y un tercero en formato digital, que también se podrá imprimir bajo demanda. Todos los fondos que se recauden con la venta de estos libros se destinarán a ARBA Huelva (Asociación para la Recuperación de Bosque Autóctono) que los destinará a un proyecto de reforestación del entorno de Doñana afectado por las llamas.

El primero de los libros de «Doñana es Arte» que saldrá a la luz será el de relatos ilustrados. Se espera que pueda presentarse en los últimos días de septiembre. Posteriormente, se presentará el libro de poemas y fotografías y también el libro digital que reunirá todas las colaboraciones recibidas. En total más de 300 personas de toda España han querido aportar su semilla. Escritores, ilustradores, poetas, fotógrafos, correctores, maquetadores y un editor.

Respuesta masiva

Un problema de movilidad mantenía a la ilustradora madrileña (Alcobendas), Nélida Alhambra, en su casa de San Juan de Aznalfarache (Sevilla) sin poder acudir a la zona del incendio para ayudar de alguna manera. Se le ocurrió colaborar con lo que mejor sabía hacer, dibujar, y lanzó la idea a través de las redes. Hacía falta la colaboración de mucha gente. Y llegó incluso más de la que habría soñado. Para afrontar la avalancha Nélida contó con la colaboración de la escritora Itsy Pozuelo, y de José Luis Pastor, de Suseya Ediciones, el editor que afrontó el riesgo de poner en papel esta propuesta solidaria.

A partir de aquí la colaboración llegó de toda España y de varios países, las redes no conocen fronteras. Madrid, San Juan de Aznalfarache, Pensacola, Valladolid, Barcelona, Sevilla, Mairena del Aljarafe, Paradas, Vigo, Huelva, Córdoba, Valencia, Linares, Cádiz, Buenos Aires, Las Palmas, … y todos, todas, con ganas de aportar una semilla para hacer crecer este proyecto que pretende reforestar al menos una parte de las más de 8.000 hectáreas arrasadas por el fuego.

En poco más de dos meses se ha logrado concentrar el trabajo de más de 300 personas para que, si los plazos se cumplen, a finales de septiembre pueda ver la luz el primero de los libros de «Doñana es Arte». A finales de agosto ya se ha concluido la maquetación de los libros. Antes, se escribieron los relatos, sobre Doñana, la naturaleza, y los ilustradores se inspiraron en ellos para sus obras. Los poetas cantaron las imágenes de las fotografías que les llegaban. Los correctores trabajaron a destajo y después fue el turno de los maquetadores. Un equipo multidisciplinar y solidario.

El resultado serán dos libros en papel y uno digital que recogerán las obras de unos 70 escritores de relatos, un centenar de ilustradores, más de 70 poetas y 18 fotógrafos, 3 maquetadores, 7 correctores y un editor.

 

Contacto:

Nélida Alhambra: 622 05 14 36

Itsy Pozuelo: 620 20 14 38

José Luis Pastor (Suseya ediciones): 606 60 06 86

 Correo electrónico: dibujantesescritoresdonana@gmail.com

 

       

 

Señor, Sí señor: Nuevo Relato en PATREON

SENOR SI SENORSINOPSIS:
La Jonesy es una nave terrestre tripulada que vigila un planeta cubierto de algo que parecen nubes y que en realidad son gases de los que nada se sabe. La superficie del planeta jamás ha sido vista. Tampoco sus habitantes.
La tripulación de la Jonesy echa mano de un poco afortunado sentido del humor para sobrellevar la misión. Joe Jiménez, novata nacida en Albacete, es la destinataria de las bromas pesadas de sus doce compañeros. Al menos hasta que todos ellos desaparecen.
¿Se los ha tragado la niebla? ¿Se trata de otra broma pesada? En cualquier caso, la respuesta de la novata Jiménez es la única que le han autorizado a dar: Señor, sí, señor.
Ciencia Ficción en su variante de space opera ligera con tientes de humor militar. 5.000 palabras de lectura refrescante solo para mecenas.
¡Disfrutadlo!

 

En PDF, EPUB y MOBI

 

 

Extraño Laboratorio de Verdades Incómodas

FEAT-VIVIR¿Qué es el Extraño Laboratorio de palabras incómodas?

Es un alfabeto ilustrado.

La ilustradora es LíneasSinMás, a quien podes encontrar en Facebook y en la foto de mi perfil, que es obra suya. De hecho, el proyecto surge a partir de sus ilustraciones, que nacieron de manera espontánea durante ese extraño mes que los ilustradores llaman Inktober.

Sigo a esta mujer desde hace años y siempre que puedo la lío para que colaboremos. En esta ocasión le pedí permiso para adoptar sus dibujos y escribir un pequeño texto para cada uno. Poco a poco el abecedario tomó forma. A cada ilustración correspondía un concepto, a cada concepto una palabra y a cada palabra un formato.

 

La A es de Amor

La B es de Boicot

La C es de Cólera

La D es de Diferencia

La Z es de Zoo

ABECEDARIO PATREON L

Desde que terminamos de montar los textos en su precioso fondo de imitación papel he querido hacer algo físico con este trabajo. Porque es bonito, es inspirador y merece un formato especial. Merece convertirse en un objeto de culto, de colección.

El plan es crear un cofre sencillo que albergue postales en blanco, negro y rojo. Una postal con cada letra: la ilustración en el anverso y el texto en el reverso.

Para conseguir esto necesito mucho más que una editorial convencional. Os necesito a vosotros. Aquí está la página donde podéis convertiros en los merecedores de alguna de estas recompensas.

Todas las semanas subiré una de ellas a este Patreon mío para que los mecenas sean los primeros en verlas. Ellos, desde un solo euro, recibirán en cuanto se publique la última letra, el E-book completo en PDF, EPUB o MOBI.

Los patrones de 5€ recibirán una copia impresa en formato libro encuadernado en cuanto lleguemos a los 100€. Será una edición cuidada en formato 10×15 en blanco y negro cosida a mano con hilo granate, firmada y dedicada por mí misma. También recibirán el E-book

Los patrones de 10€ recibirán una copia del cofre con las postales en cuanto lleguemos a los 1000 € más una tarjeta adicional con una dedicatoria de las dos autoras y, por supuesto, todo lo anterior.

 Todo esto además de poder leer los relatos, poemas y otros textos que aparecerán por aquí con mucha más asiduidad que hasta ahora.

Es una meta ambiciosa, pero el proyecto es precioso.

Os dejo dos imágenes de muestra y toda mi esperanza.

 LABORATORIO LETRA A