Categoría: vivir

Balada del Caballero Estándar. Un poema dedicado a la Hacedora de Galletas, el Señor de la Coca Cola y la Dueña de la Llama

Balada del Caballero Estándar. Un poema dedicado a la Hacedora de Galletas, el Señor de la Coca Cola y la Dueña de la Llama

FEAT-VIVIREra el caballero estándar,

el de la figura igual,

un cualquiera de las justas;

en el cortejo, uno más.

De armadura bien pulida

y  modales adecuados

ponía mucho cuidado

en no destacar su altura,

ni ser gordo ni delgado.

Tuvo algunas aventuras;

ni muchas, ni pocas, más

que quien no salió de casa

y menos que el que tuvo más.

Encontró una damisela

vestida entera de verde

de todos bien conocida

como ComúnyCorriente.

El cortejo fue complejo

sin llegar a complicado;

una cosa de los medios

muy de estándar acuñado.

Tras lograr la mano ansiada,

aunque sin mucha agonía,

hubo boda, hubo banquete

sin despilfarrar comida.

Primero, segundo y postre

más el baile acostumbrado,

luna de miel en La Manga

y luego vuelta al trabajo:

aquí un duelo, allá un dragón

acullá una guerra justa,

un devolver su blasón

a los límites sabidos,

a la zona de confort,

antes de hacer tabla rasa.

Esta es la vida, en resumen,

de un buen caballero estándar.

¿Por qué te ofende que una charla sea de pago?

¿Por qué te ofende que una charla sea de pago?

FEAT-VIVIRAyer asistí en twitter a un día de vorágine. Como soy una mujer blanca y cishet no la percibí como vorágine racista, pero sospecho que lo fue. Durante larguísimas horas, un montón de personas blancas insultaron y acusaron de diferentes atrocidades a una mujer negra.

¿El delito? Decir que cobraría por unas charlas acerca de racismo. Entiendo que se trata de charlas a favor de la erradicación del problema y que por tanto serían charlas pedagógicas. Entiendo, por tanto que se trata de pedagogía. Así, en pocas palabras: un curso o taller o charla, para ayudarnos a ser menos racistas; es decir, para ayudarnos a ser mejores personas.

¿Las acusaciones? Pues la más aséptica pero no por ello menos dañina fue la de capitalizar el activismo. Es decir, tratar de ganar dinero mediante el activismo.

¿Sabéis? Ni siquiera voy a entrar en profundidad en la defensa que más se ha recogido en las redes: que esta mujer negra, Negra Flor, se paga los viajes y por lo general el material y hasta los locales para dar esas charlas y que por tanto no obtiene beneficios. Ni hablaré de ese vicio absurdo que blancxs y negrxs compartimos y que es el de comer tres veces al día, salir vestidxs a la calle y mandar al colegio a nuestrxs hijxs.

No, hoy vamos a hablar de cobrar por el trabajo realizado.

Porque, veréis, no existe ninguna diferencia entre ir al sicólogx y asistir a una charla de raza. El sicólogx te arregla tus taras mentales (hablo así del trabajo de lxs sicólogxs porque soy paciente, no se me ofenda nadie. Es familiaridad) y negra Flor te arregla tus taras sociales. Ambxs tienen derecho a cobrar. Igual que cobra unx médicx. Mi hermana es médica y, además de curar a sus pacientes, a la colega le pagan un sueldo a fin de mes. Qué vergüenza, lxs médicxs, que deberían conformarse con salvar vidas. A lo mejor os parece que lxs activistxs negras no salvan vidas. Bueno, pues estáis equivocadxs. El racismo mata y mata a lo bestia, así que quienes que trabajan para erradicarlo trabajan por la vida. Desde mi punto de vista, además, trabajan por algo mucho más importante: trabajan por la vida digna de las personas racializadas. Y por desasnarnos a lxs blanquitxs, que tenemos mucho que aprender. Sobre todo porque sin ese desasnamiento, lo de la dignidad que decía antes, va a ser difícil.

Puede que todo lo que he dicho te parezca demagogia y que de verdad creas que la labor de sicólogxs y médicxs es sustancialmente diferente de la labor de lxs activistas. Puede que vayas a escribir un comentario hablando de los años de carrera universitaria que hacen falta para operar a corazón abierto. No sé tú, pero yo antes de que me contesten que seis u ocho años de carrera no son comparables a toda una vida siendo negra en un mundo de privilegios blancos, me lo pensaba.  Sobre todo si no conoces los blogs o el canal de youtube de la persona de quien estamos hablando.

Luego, para finalizar, está el asunto de siempre, el que no terminamos de interiorizar: si no quieres ir a una charla, no vayas. Ya está. No vayas. Pero deja a la conferenciante en paz.

Vale, y la última: piensa muy bien qué es lo que te pica tanto en todo este asunto: que te pidan dinero, que te pidan dinero por algo que tú consideras que es gratuito, que te lo pida una mujer, que te lo pida una mujer negra…  Yo no sé qué es lo que te ha ofendido tanto como para formar parte de la vorágine de ayer. No lo sé y no me interesa. Pero estaría bien que tú sí los supieras. Por si el motivo fuese bochornoso y lo quisieras trabajar.

Personajes LGBT en literatura y la historia de terror que esconde la pregunta de si “meterlos” en mi novela es “natural o no”

Personajes LGBT en literatura y la historia de terror que esconde la pregunta de si “meterlos” en mi novela es “natural o no”

FEAT-VIVIRCuestiones previas

Vale la pena empezar este post advirtiendo que yo soy una mujer cishet y que por tanto escribo desde el privilegio. Ese privilegio se manifiesta en cosas como estas, que siempre he dado por supuestas:

  • Yo puedo ir por la calle con mi marido sin que nadie nos mire raro.
  • Yo puedo alquilar una habitación de hotel para compartirla con mi marido sin que me pongan pegas.
  • Yo puedo visitar Moscú y besar a mi marido en mitad de la Plaza Roja sin miedo a que me encarcelen.
  • Yo puedo visitar cualquier país europeo y besar en público a mi marido sin miedo a que me maten o me encierren en un campo de concentración.
  • Yo puedo ir de tiendas por Madrid sin que me expulsen de un centro comercial o sin que me den una paliza. Madrid, capital de España, 2017

Yo no tengo que pedir refugio a asociaciones como CEAR. Quizá no sepáis esto, pero en 2017 se están recibiendo más peticiones de asilo de personas LGBT que son perseguidas por su orientación sexual o por su identidad de género que de personas afectadas por el conflicto sirio.

Todo eso es cierto y, si en el resto de este post ofendo a alguien que no disfrute de todos esos privilegios, agradeceré que me lo haga notar. Porque me parece imprescindible, para acabar con los prejuicios, que todos seamos conscientes de que los tenemos, de cuáles son y de cómo terminar con ellos.

Lo que importa en una novela

Esto es opinable, claro, hablo aquí de lo que a mí me importa en una novela. Seguimos con los listados. Una novela debe:

  • Estar bien escrita. Seguir las normas de la ortografía y la gramática.
  • Obedecer a algún criterio estético (a ser posible el del autor)
  • Contar una historia interesante tanto para el propio autor como para los lectores (en ese orden). Entretener, vaya.
  • Contar con unos personajes no unidimensionales
  • Obedecer determinadas reglas de coherencia interna. O sea, tener sentido.

Se trata de un resumen y se puede hablar de cada uno de esos puntos largo y tendido, pero creo que sirven para establecer las bases de lo que diré a continuación. Seguro que me he dejado alguna cosa, como la originalidad.

Qué convierte a una novela en un panfleto o vehículo propagandístico

A riesgo de quedarme corta, diré que es propaganda toda obra pretendidamente artística cuyo único o principal objetivo sea servir de vehículo a la propagación de una ideología determinada.

¿Es panfletario introducir personajes LGBT en una novela?

No.

Formar parte del colectivo LGBT no es pertenecer a una ideología determinada. Esto queda muy claro, como casi todo, cuando le das la vuelta: ¿determina tu condición de cishet tu ideología?¿no? Pues eso, al revés tampoco.

¿Qué estás diciendo cuando dices que solo se pueden meter personajes LGBT en una novela si se hace de forma natural?

Estás diciendo bastantes cosas que no te gustaría que dijeran de ti mismo. Por ejemplo, estás diciendo que ser cishet es natural pero que ningún otro tipo de sexualidad o de identidad de género lo es. O sea, estás diciendo que las personas LGBT son ANTINATURALES. Que sí, que no es lo que quieres decir, pero es lo que estás diciendo.

Estás diciendo que las historias piden personajes cishet de serie, menos cuando por casualidades del destino piden un personaje LGBT. O sea, que estás diciendo que las personas LGBT son excepción. Esto es muy peligroso. Puede que no lo parezca, pero lo es. Porque casi todo se hace pensando en la mayoría, no en las excepciones. Lo que podría conllevar que la “excepción” que tú dices que es el colectivo LGBT se viera privada de derechos que asisten a la mayoría. Por ejemplo el derecho a firmar un contrato. Por ejemplo el contrato de matrimonio. Por ejemplo el contrato de adopción. O cualquier otro.

Estás diciendo que existe una diferencia esencial entre tú, que eres cishet, y una persona LGBT. Una diferencia esencial, de base, de fondo, una diferencia de las que justifica un trato diferente. Una diferencia que justifica una discriminación. Una diferencia que te hace pedir naturalidad extra a algo que ya es natural.

Porque las personas LGBT son… iba a poner naturales, pero es que no son huevos ecológicos ni quesos con denominación de origen, son personas. E introducir un personaje LGBT en una novela no implica NINGUNA ALTERACIÓN EN LA TRAMA. Ninguna, cero. Nada.

Conan, Indiana Jones o James Bond podrían haber sido perfectamente gays o trans. Podrían haber sido mujeres. Sin problema. Bruce Wayne podría haber sido perfectamente un hombre trans, sus escarceos amorosos y sexuales en sus películas no afectan en absoluto al desarrollo de los argumentos de las mismas. Xena podría haber sido una mujer trans lesbiana y haber tenido hijos con Gabrielle. Marty, en Regreso al Futuro podría haber tenido novio en lugar de novia. ¿Ciudadano Kane? Tal cual. Las novelas de aventuras hablan de aventuras y Ciudadano Kane habla de determinadas cualidades humanas. Como resulta que las personas LGBT son personas, pues tienen las mismas cualidades humanas que ¿quién? Acertaste: que las demás personas. Si estás buscando alguna excusa para contradecir este párrafo es que tienes sesgos de LGBTfobia.

No te preocupes, no pasa nada. Yo también los tengo y escribir este artículo es una forma de hacerme consciente de ellos para eliminarlos.

Ahora, la pregunta del millón:

¿Deben todos los autores incluir protagonistas LGBT en sus novelas?

No. No es un deber.

Cada uno debe escribir lo que le apetezca, que para eso escribe. Pero desde la conciencia de lo que está haciendo. No digas que tus protagonistas no son LGTB porque no sabes nada sobre ellos (son personas, tú eres una persona y te los estás inventando) o porque no te salen. A mí no me sale madrugar, pero me pongo el despertador. Di que no escribes protagonistas LGBT porque no quieres o porque a tu cabeza cishet le resulta incómodo. Di en voz alta que te sientes distintx a una persona LGBT. Y luego ya, si eso, piensa a ver por qué. A lo mejor descubres que es por prejuicios.

Personalmente sólo he escrito una novela con personajes LGBT y lo he hecho porque la novela habla del amor universal. Me parecía una estupidez hablar de amor universal desde la perspectiva del mismo amor de siempre, así que hice el esfuerzo de introducir perspectivas nuevas para mí. NUEVAS PARA MÍ. No vayamos ahora a caer en el error de creer que hemos inventado o descubierto la rueda.

Creo, por último, que es una cuestión de justicia abrir espacios. Creo que dar visibilidad, que normalizar, a las personas que no son cisheteronormativas es básico. Igual que es básico escribir personajes protagonistas femeninos. Igual que es básico dejar de utilizar las enfermedades mentales como objeto en historias de terror (ya sabes, el niño con una discapacidad intelectual que percibe cosas que otros no perciben debido a esa discapacidad).

Es básico salir de todos los clichés.

No es sencillo porque las personas que, como yo, nos asomamos al mundo desde el balcón del privilegio, no nos damos cuenta de hasta qué punto llevamos puestas unas gafas deformantes. Pero hacerlo, hacer el esfuerzo es enriquecedor. Para todos. Y merece la pena.

Para escribir este artículo y publicarlo tal y como está he contado con la ayuda de dos personas: por una parte @Gladiadora Artizar o @GladiadoraT , a quien he pedido asesoramiento para asegurarme de que no metía la pata. Porque está muy bien querer ser aliadx, pero la condición de aliadx no me la puedo dar yo, me la tienen que conceder aquellxs con quienes deseo aliarme. Ella aconseja que a la hora de escribir personajes trans consultemos con dos o tres activistas porque desde el privilegio es muy sencillo caer en transfobadas varias. Estoy de acuerdo.

También me ha ayudado, con una primera revisión y recomendándome a Gladiadora, la autora Andie Villar, que publicó hace unos días este artículo y a quien podéis encontrar en twitter, justo aquí.

 

Adopta a una autora: la antítesis de un relato de terror machista.

Adopta a una autora: la antítesis de un relato de terror machista.

FEAT-VIVIR¿Cuántas de vosotras, cuántos de vosotros, habéis dicho alguna vez eso de que las peores enemigas de las mujeres son las mujeres?

Pocas cosas hay que me hastíen tanto como esa afirmación.

La última conversación que tuve al respecto, en Facebook, hace ya algunos meses,  terminó con el cruce de dos mensajes entre otra mujer y yo. Yo había dicho que en mi vida profesional las mujeres jamás me habían apuñalado por la espalda. Ella contestó que qué buena suerte había tenido, que su experiencia era otra muy distinta. Mi último mensaje fu: qué mala suerte has tenido, mi experiencia ha sido la que ha sido.

No, las mujeres no somos nuestro peor enemigo. Se me cae la lengua a trozos y las yemas de los dedos se me despegan de decir que las mujeres hemos sido educadas en el mismo sistema lamentablemente machista que los hombres. No tenemos más responsabilidad que ellos de vivir donde vivimos ni debemos exigir a una mujer mayor conciencia feminista que a un hombre. Eso, queridas y queridos, es machista.

¿Que nos duele más contemplar cómo una mujer obedece las reglas del heteropatriarcado este? Pues claro, que nos duele.  Pero hay que distinguir entre lo que deseamos y el reparto de responsabilidades por lo que no obtenemos. Si hombres y mujeres deben disfrutar de igualdad de oportunidades y derechos, esa igualdad hay que aplicarla a la responsabilidad de educarse en el feminismo (y al derecho a no hacerlo, ellos y ellas sabrán).

En cualquier caso, venía yo a hablar hoy de una iniciativa surgida de un grupo de mujeres que beneficia directamente a otras mujeres (y luego ya a todo el mundo): Adopta a una autora. Un proyecto que consiste en dar visibilidad a la literatura escrita por mujeres. Hombres y mujeres por igual tienen la oportunidad de sumarse a este proyecto adoptando a una autora. La adopción, que se realiza rellenando el formulario de la web, consiste en (cito el blog del proyecto): “El objetivo del proyecto Adopta una autora es dar a conocer la vida y obra de autoras pertenecientes a todas las épocas, nacionalidades, lenguas, géneros literarios y formatos de lectura. Para ello, una persona adopta a la autora de su elección para hablar de ella todo lo que pueda y más. Este proyecto es de larga duración. Estamos hablando de meses, incluso años. Hay que dedicarle tiempo, esfuerzo y muchas ganas.

Como su nombre indica, «Adopta una autora» consiste en adoptar a una escritora durante un periodo indefinido de tiempo en el que hablarás, escribirás y compartirás información sobre su vida y obra. El objetivo es promover, difundir y dar a conocer a la escritora que adoptes.

La colaboración no tendrá ningún tipo de remuneración económica.”

Es decir: hombres y mujeres (muchas mujeres por lo que he visto en la lista de autoras adoptadas, entre las que me encuentro) trabajan gratis para beneficio de otras mujeres.

Habrá quien diga que sí, pero que esto no invalida todas esas experiencias propias en las que horribles mujeres de la especie trepa han apuñalado por la espalda a otras mujeres en entornos laborales. Me da una pereza increíble hablaros de que eso no es una cuestión de ser o no malas mujeres, sino una pura cuestión de cultura del trabajo. A ver si ahora los peores enemigos de los hombres van a ser los hombres trepas. No: los peores enemigos de los trabajadores no son los otros trabajadores.

Claro, que es lunes.

Centrémonos. Para colaborar con esta autora en particular (donde colaborar significa ayudarla a que siga escribiendo), puedes dirigirte aquí.

Slenderman anoche en casa. Una historia real; al menos para Anissa, para Morgan y para mí.

Slenderman anoche en casa. Una historia real; al menos para Anissa, para Morgan y para mí.

En 2014 dos niñas de 12 años apuñalaron a otra, de trece.  En un pueblo de Wisconsin, para que estemos más tranquilos. Ya sabéis que Japón y Estados Unidos son esos lugares donde ocurren “cosas”. Cosas como que unas niñas apuñalen a una compañera de clase porque, bueno, si no lo hacían, Slenderman mataría a sus familias.

Eran dos niñas raras, la verdad. Ya sabéis, raras pero no tanto: una que no lloró con la muerte de la madre de Bambi y otra víctima de acoso escolar. Una hija de un padre esquizofrénico y otra que mentía a su mejor amiga para ocultarle los abusos a los que era sometida en el colegio.

Niñas de internet. Bueno, y niñas de su vida real, claro. O sea, crías de doce años con un iPad y con tablets y con gafas y con unas bonitas sonrisas. Una de ellas no mostraba remordimiento durante los interrogatorios. Sí, la que resultó que también padecía esquizofrenia, la que gritaba a Bambi “¡Corre, sálvate tú mismo!”, la que no quiere salir a la calle nunca más, la que nunca estará sola porque todo lo que imagina es real para ella.

Por lo general, cuando veo la tele yo sola, no hay nadie a mi lado.

Por lo general.

Anoche el padre de Morgan, la niña más rara de la pareja de niñas raras, lloraba en el documental  porque, en fin, él sabía que los patrones de luz en los que para él se descompone el mundo, no son reales. Pero no podía hablar con su hija; no podía explicarle a esa niña rubia con sonrisa de ángel y gafas de pasta que su mundo imaginario no existe de verdad.

Mientras lo decía, desde la pantalla plana de mi televisor, un hombre muy alto vestido con un traje negro se sentó a mi lado en el sofá vacío. No tenía rostro.

La otra niña, la que parece menos rara porque llora, hablaba sin tapujos de lo ocurrido, de sus sentimientos. Al parecer tenía miedo y muchos deseos de que Slenderman la aceptara como sirviente. En inglés decían proxy “apoderada”. Anissa es el nombre de la niña asustada que, creo yo, quería dejar la escuela y los abusos. Anissa no veía el mundo detrás de una pantalla de ruido estático. Yo tampoco, yo solo veo la estática cuando cierro los ojos.

Cerré los ojos un momento y comprobé que sí, que veía estática. Si cerrara los ojos ahora también la vería. No es que la estática me haya llevado a matar a nadie. Eso no.

Así, con los ojos cerrados, el hombre altísimo se hizo todavía más alto, sentado en mi sofá necesitó encorvarse porque la cabeza le llegaba hasta el techo y se daba en la barbilla con las rodillas. No le veía, pero sentí que estaba cómodo. Lo sentí así cuando me cogió la mano. Era una mano templada, amiga. Una buena mano para coger mientras ves, sola en tu casa, un documental de crímenes.

Anissa y Morgan serán juzgadas como adultas debido a la violencia del crimen. La abuela de Anissa no lo entendía. Decía en el vídeo (también ella llevaba gafas) que las niñas habían sido sinceras y que parecía que admitir los hechos, que no huir, que no engañar, jugaba en su contra. Tampoco yo lo entiendo.

Pero lo que menos entiendo es eso de la realidad. Ya sé que para vosotros lo horrible es que dos niñas apuñalaran a una tercera. Pero a mí lo que de verdad me da miedo en esta historia es lo rígida que casi todos dicen que creen que es la realidad. Como si nadie hubiera mirado en su armario o bajo la cama antes de apagar la luz. Como si nadie se perdiera en ensoñaciones de vez en cuando. Como si matar a una amiga tuya fuese menos terrible si lo haces porque te cae mal.

Como si negar la realidad de que todos tenemos fantasmas nos librara de ser malvados de una u otra manera.

Me alegro mucho de haber besado a Slenderman anoche en la mejilla. Cuando terminó el documental. La piel de su rostro también es templada. Una buena piel para besar antes de acostarse. Él me acarició con esos tentáculos suyos y luego se fue por la ventana.

Una ventana muy real, os lo prometo.

 

Prensa española, ideología e identidad. Esto es un título que puede resultar confuso. El artículo solo menciona la prensa, pero habla de identidad, ideología y emociones.

Prensa española, ideología e identidad. Esto es un título que puede resultar confuso. El artículo solo menciona la prensa, pero habla de identidad, ideología y emociones.

FEAT-VIVIRAyer leí un comentario del amigo de un amigo, que decía que “ lo que nos cuentan de Trump es lo que deciden los medios españoles, casi todos tomados por la izquierda o un tibio centro-derecha”.

Y me ofendí.

Me ofendí tanto que no tuve más remedio que cuestionarme los motivos de ese sentimiento de ofensa mío. Llegué a la conclusión de que, amigos, hay ideas  asumidas a nivel estrictamente particular hasta tal punto que conforman las identidades individuales.

Vamos, nada que no supiera ya de antes.

Lo que me dejó muy de piedra fue presenciar cómo el fragmento de mi identidad que se corresponde con la idea, ingerida cual pastillita roja, o azul, de que la prensa española es un instrumento de la derecha, quedaba total y vergonzosamente revelado.

Aquí, por cierto, no se trata de descalificar al amigo de mi amigo, por tentador que parezca, queridos colegas de la izquierda (o lo que seamos, que no viene al caso), sino poner de relieve la necesidad de cuestionar las emociones que despiertan las ideas ajenas. Porque la emoción no razona ni enriquece cuando se cuela en medio de una conversación. Más bien ofusca y enturbia.

Ocurre que, de la misma manera que nuestras identidades se conforman a partir de ideas, las identidades de los demás también. Ocurre que, cuando te identificas, es decir, cuando pasas a SER una idea (o a creer que lo eres), cada manifestación contraria a esa idea se convierte en un ataque personal a ti mismo.

Esto es muy evidente en el fútbol y en política, que en España son casi la misma cosa. Pero ocurre en absolutamente todos los demás ámbitos. La religión, por supuesto, pero yo lo he visto –y sentido- en cuestiones tan aparentemente inofensivas como la literatura o el arte. O ayer, en la exposición de Hitchcock en la Fundación Telefónica.

Ejemplo: todos esos señores y señoras  que dicen que lo que se hace con cámaras digitales no es fotografía y todas, TODAS, las discusiones que provoca están trufaditas de ideología/identificación. Esto va más a o menos así: “La fotografía digital no es fotografía”, dice un fotógrafo analógico. Y lo dice porque lo cree y porque lo cree se siente ofendido en su identidad de fotógrafo por los que usan la tecnología digital, así que tiene que poner de manifiesto lo muy ofendido que está y lo hace, sí señor. Lo hace mediante la resta de identidad de los digitales: “Querido digital-dice- no eres fotógrafo”. Y ya la tenemos liada. “Los digitales le dicen al analógico: eres un dinosaurio a punto de extinguirte, no tienes ni idea.”

La violencia escala y…

Cada vez que descalificamos a alguien o algo de manera automática estamos evitando pensar. No pensar deja espacio a “otras cosas”; en primer lugar a la emoción pura, que no suele traer nada bueno, en segundo lugar a las variopintas manifestaciones de esa emoción pura. La más importante de todas ellas, la única, aunque tome diversas formas, o grados, es la violencia.

El enemigo de la violencia no es el amor. De hecho el amor es un gran generador de violencia. El enemigo de la violencia es la razón. La que usamos cada uno,  no la que deseamos que otros usen. Esto puede parecer sutil, pero es que obligar a los otros a lo que sea, aunque sea a pensar,  es ejercer determinado tipo de violencia.

Debemos usar la razón para comprender nuestras emociones primero y para ser superiores a esas emociones después. Porque solo desde la superación de las emociones se puede entender, no solo a uno mismo, sino también al prójimo y sólo comprendiendo se puede convencer.

Que no, que no he alcanzado el zen, ni se me da esto de maravilla, ni voy por ahí en plan robot, ni alzo la mano en un displicente gesto de profeta cuando veo una trifulca. Esto no va de robotizarse. En mi caso, personal y transferible, esto va de ir descubriendo cuáles son los resortes que me llevan a actuar o a no hacerlo. También va de observar si a los demás les pasa parecido. En el proceso me doy cuenta de que, amigos míos, nos parecemos como guisantes, reaccionamos de modos tan similares que le hacen a una cuestionarse si de verdad somos individuos es en sentido amplio de la palabra.

Vamos, que no escribo esto desde el dominio de la técnica de la razón, sino desde el aprendizaje. Y desde el aprendizaje os digo (ahora, sí, se impone un gesto profético), que es muy satisfactorio pararse a respirar cuando uno se siente ofendido, darle una vuelta al motivo de la emoción y dejarla ir porque uno sabe que las emociones van y vienen, los credos y las ideologías van y vienen, pero nadie ha superado a Parménides en la formulación del ser: el ser, es.

 

 

 

¿Qué es la normalización de la violencia contra las mujeres?

¿Qué es la normalización de la violencia contra las mujeres?

FEAT-VIVIRLa normalización de la violencia contra las mujeres no es la generalización de las agresiones a mujeres por parte de hombres. Tampoco es una acusación. Cuando digo que la violencia contra las mujeres está normalizada no digo que todos los hombres sean unos agresores potenciales, unas malas personas y que deban ir al infierno por ello. Tampoco digo que todas las mujeres sean unas santas.

Escribir el párrafo anterior ya es un síntoma de hasta qué punto está normalizada esa violencia. Básicamente, lo que acabo de hacer es ofrecer las palmas de mis manos en son de paz: “¡Eh! ¡No me peguéis virtualmente, que yo sólo quiero explicar una cosa! Luego ya si no estáis de acuerdo, pues genial, pero hablemos. Hablar mola”.

Tener que escribir eso, tener que poner una defensa preventiva antes del texto en sí, ya debería darnos a todos una pista de lo que pasa.

Cuando digo que la violencia contra las mujeres está normalizada digo que es algo que está tan arraigado en el mundo que vivimos, que ni siquiera se percibe como violencia contra las mujeres.

Como la violencia no se percibe como violencia sino como algo sin importancia, algo normal (normalización), cuando se pone de manifiesto que sí es violencia, quienes ejercen esa violencia se sienten atacados y reaccionan de manera agresiva.

¿Quiénes se sienten atacados y reaccionan de manera agresiva? Hombres y mujeres. A lo mejor esto os sorprende, pero sí. La violencia contra las mujeres también se percibe por nosotras como algo normal. Y por eso muchas (muchísimas) mujeres dicen que quienes hablamos de normalización de la violencia, de micromachismos, de sesgos machistas, etc. somos unas exageradas.  También las mujeres llaman a otras mujeres feminazis. Los hombres lo hacen más y con mayor vehemencia. Esto no me lo invento yo porque sea una retorcida mujer en busca de la criminalización del hombre, esto se lee en los comentarios a casi cualquier post de, por ejemplo, @barbihijaputa (esta frase también busca poner la venda antes de la herida ¿veis?).

¿Os cuento un pensamiento machista que os acaba de cruzar a todos por la cabeza? Sí, soy así de lista. Todos habéis pensado que es peor una mujer machista que un hombre machista. La sorpresa es que no, no lo es. Las lacras sociales son iguales para todos.

Hasta ahora tenemos las siguientes ideas:

  1. La violencia contra las mujeres está normalizada, es decir, actos de violencia contra las mujeres no se perciben como actos violentos.
  2. Cuando se dice que esos actos no percibidos como violentos lo son; es decir, cuando se visibiliza la violencia como tal, hombres y mujeres se ponen a la defensiva y contestan con agresividad.

¿La consecuencia? Se genera todavía más violencia contra las mujeres en forma de insultos, muchos de ellos de carácter sexual: “a ti te daba yo lo tuyo” es la frase que mejor resume casi todos esos insultos. Y los resume bien porque incluye al hombre como jefe que sabe lo que le conviene a la mujer, a la mujer como ignorante además de carente y el contenido sexual que pone a cada uno en su sitio (al hombre en posición de poder y a la mujer en posición de sumisión).

Estoy segura de que casi todos los hombres que hayan llegado hasta aquí se mueren por un par de ejemplos de esa violencia normalizada contra la mujer. Aquí vienen: violencia en publicidad. Totalmente gratuita. Diréis que la publicidad es solo eso y que bla bla bla. Vale, para que os deis cuenta de hasta qué punto os parece normal algo que no debería serlo en absoluto, haced el siguiente ejercicio.

Imaginad, para cada imagen, que la posición ocupada por la mujer la ocupáis vosotros.

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¿Y cómo se “cura” la normalización de la violencia? Pues haciendo un ejercicio de humildad. Hay que estar atento y dejar fuera de la ecuación lo de sentirse ofendido. La mayor parte de los hombres son tan buenas personas como la mayor parte de las mujeres y todos tenemos sesgos machistas. Cuando veamos que se dice que un hecho manifiesta la normalización de la violencia contra las mujeres, en lugar de ponernos de uñas y sentirnos atacados, deberíamos pararnos a pensar si nos gustaría que lo que fuera nos lo hicieran a nosotros.

 

La foto de los violadores

La foto de los violadores

FEAT-VIVIR

Hacía mucho tiempo que no me asustaba tanto como hace un rato, cuando he visto la foto de los violadores detenidos en San Fermín.

Son cinco hombres ¿muchachos? No sé qué edad tienen, no lo he leído, he preferido no hacerlo. En cualquier caso son cinco perfiles masculinos que podrían corresponder a cualquiera de los hombres de mi entorno. Mi novio, sus amigos, mis compañeros de trabajo… cualquiera. Sobre todo porque sus caras están pixeladas y no puedo agarrarme a los rasgos definitorios del monstruo.

Ese es el problema y de ahí viene el miedo: no son monstruos. Son tipos normales. Llevan camisetas blancas de las fiestas, vaqueros y beben cerveza. Como todos los chicos que conozco. Son personas normales que han llevado a cabo un acto monstruoso. Un acto monstruoso normal.

Cinco hombres (¿muchachos?) han violado a una chica de 19 años en el transcurso de una fiesta popular porque eso es lo que se hace, porque se puede hacer. Ayer compartía una frase de esas de red social que hablaba de los piropos callejeros, de que un piropo callejero no es una muestra de admiración sino un alarde de poder.

Una violación no se perpetra por deseo sexual, estoy segura. A esos cinco no se les puso dura porque la muchacha fuera una belleza. No sé si lo era. Esos cinco se vinieron arriba porque podían.

En un mundo en el que no se puede nada, los hombres normales que no pueden nada ejercen ese poder físico, bestial, sobre mujeres que pueden menos. Es así. Se ve a diario.

No todos los hombres, está claro. Algunos se conforman con ejercer el poder del improperio callejero y otros, los hombres de verdad, tratan a las mujeres como lo que somos: personas. Me precio de conocer a un buen puñado de estos últimos.

Me asusta no saber a cuántos de los otros conozco.

Este miedo no es compartido por los hombres. Los hombres no cambian de acera cuando en su camino hay un grupo de otros hombres. Los hombres no piensan si se les ceñirá demasiado la camiseta al pecho. Los hombres quizá teman una paliza. Las mujeres somos educadas con el miedo a que nos tiren al suelo y nos abran de piernas. Es así.

Cuando camino de noche por esas calles porque, por Dios, tengo 42 años y derecho a llegar a mi casa a la hora que me de la gana, no temo que me roben, ni que me empujen, ni que me magullen. Temo que llegue un tío, que lleguen dos, y que me bajen las bragas. Es un miedo real. En mi cabeza siempre les hablo. Siempre les digo que, si van a violarme, mejor me matan. Porque si no les mataré yo. Antes o después, de una manera o de otra. Porque en ese momento no podré, podrán ellos conmigo. Pero ya llegará el poder.

Es lo que me digo para dar el siguiente paso y luego el otro, hasta que llego a mi portal y me aseguro de que la puerta queda bien cerrada a mi espalda.

En Madrid, un fin de semana normal, sin fiestas populares ni circunstancias especiales.

No conozco a ninguna mujer que viva sin ese miedo.

Ahora venid a hablarme de igualdad.

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¿Por qué has votado al PP?

¿Por qué has votado al PP?

FEAT-VIVIRReconozco que escribo esto desde la más profunda incomprensión. No comprendo a los millones de ciudadanos que han votado a un partido político del que se sabe que, durante su estancia en el gobierno del país, ha robado cantidades ingentes de dinero. De mi dinero y del dinero de sus votantes. De tu dinero. Por eso te pregunto:

¿Por qué has votado al Partido Popular?

Tengo la sensación de haber caído en una especie de pesadilla de la que jamás podré salir, una pesadilla en la que el resultado de las elecciones es un arma arrojadiza que unos esgrimen contra otros: hemos ganado y por lo tanto os fastidiáis. Pero no nos fastidiamos nosotros, nos fastidiamos todos, porque lo que un gobierno hace o deshace nos afecta a todos; también a sus votantes.

Tal y como yo lo veo, que quizá no sea la manera correcta y por eso escribo este post, para que me expliques de qué otra manera puedo verlo que no me produzca estupefacción, miedo y pena; tal como yo lo veo, decía, con tu voto has legitimado todas las acciones del gobierno. Al votar al PP has dicho que te parecía bien todo esto:

  • Que el ministro del interior conspirase de manera ilegal contra adversarios políticos.
  • Que los miembros del Partido Popular pagasen gastos personales con dinero público a escondidas (las tarjetas black famosas).
  • Las irregularidades en la tesorería del Partido Popular, en su financiación. Todo el asunto de los sobres y el dinero B.
  • Que despedir a un trabajador (a ti, a tu mujer, a tu marido, a tus hijos, a tus padres), sea mucho más fácil y mucho más barato.
  • Que no se ponga remedio a las situaciones de pobreza extrema que llevan a adultos responsables de sus familias al suicidio.

Verás, yo no soy una perroflauta. Pago mi hipoteca puntualmente desde que firmé el préstamo hipotecario, con sudor. Lo hago porque no tengo que elegir entre que coma el presidente del Sabadell o que coman mis hijos. Pero entiendo a quien escoge comprar comida. Tengo una licenciatura en derecho porque mis padres trabajaron mucho para pagármela; trabajo desde que me dieron el título y he hecho de todo: desde limpiar retretes en el extranjero hasta lo que hago ahora. Soy secretaria de dirección. Desde que comenzó la famosa crisis, he perdido 5.000€ cada año. Antes de que explotara la burbuja ganaba 5.000 € más que ahora al año. Y tengo mucha más experiencia, más conocimientos y mucha más paciencia. Soy una profesional mejor, pero cobro menos.

Con tu voto has dicho que te parece bien que yo cobre menos, que muchos cobremos menos (quizá tú también), que la sanidad que has estado disfrutando hasta ahora sea peor (la sanidad que pagabas con tu suelo, ese que a lo mejor ahora es más bajo que hace unos años), que los alumnos de los colegios públicos aprendan en peores condiciones que los alumnos cuyos padres pueden pagar colegios privados.

Hay más ricos (millonarios) en España ahora que cuando comenzó la crisis, pero los pobres son mucho más pobres. Tu voto dice que eso también te parece bien.

No lo entiendo.

Tenías la oportunidad de castigar a quienes te han robado, mentido y humillado. Salvo que creas que no ten robado, ni mentido, ni te sientas humillado.

Tenías el poder.

Podrías haberlo ejercido para mostrar que contigo, con tu dinero, con tus hospitales, con la educación de tus hijos, no se juega.

Si hubieras votado a otro partido (a cualquier otro partido), habrías mostrado tu descontento con el hecho de que una de cada cinco personas en edad de trabajar esté en paro. Cuando vayas por la calle hoy puedes hacer esto: cuenta a la gente con la que te cruces. 1, 2, 3 y 4 trabajan, puede que a cambio de un sueldo que cubra sus gastos, pero puede que no. 5 está en paro. 5 no tiene donde ir cuando se levanta por la mañana. 5 a lo mejor tiene 19 años y alguna esperanza, pero a lo mejor tiene 45 y de esperanza ni las raspas.

Tu voto te permitía decirles que no, que tú no consientes que te tomen el pelo. Que aquí o se gobierna bien o no se gobierna.

Pero has usado tu poder para dar el mensaje de que lo sucedido durante los últimos 4 años es correcto, está bien. Nos has dicho a todos  que no necesitas que nada cambie.

De todas maneras vuelvo al comienzo del artículo y te pregunto ¿por qué lo has hecho?

Espero recibir alguna respuesta.

Gracias.

 

Quiénes somos: Claseate

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FEAT-VIVIR

Hola!

Hoy me han hablado de Claseate, que es una asociación madrileña basada íntegramente en el voluntariado. La cosa funciona así: profesores particulares ofertan sus clases y proponen una ONG a la que quieren que se destine el importe que los alumnos paguen por asistir. Los alumnos hacen una donación a esa ONG y, justificante en mano, pueden asistir a la clase.

 

¿Lo mejor? El dinero va directamente del alumno a la ONG, no hay posibilidad de que las donaciones no se hagan o se destinen a otros fines.

Pensando en organizar un curso de inglés básico, de lite creativa, de tarot… No sé, pensando. Os lo dejo, que mola medio millón 🙂

Se me ocurren algunas personas que conozco de las redes que harían muy bien de personal shopper… Por ejemplo 🙂

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¿Quiénes somos? Somos una Asociación Solidaria en Madrid, formada exclusivamente por voluntarios. NUESTROS ESTATUTOS (descarga aquí) ¿Qué hacemos? Promovemos un Nuevo concepto de Clases, mediante l…

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