Como enfrentarse al bloqueo escritor y vencerlo con un poco de paciencia (y de neurociencia)

Como profesora o mentora de escritoras, uno de los retos más importantes a los que me enfrento es el bloqueo escritor o lector de las personas con las que trabajo.

Muchas de ellas, por no decir todas, me escriben a menudo para decirme que esa semana no han podido hacer los deberes. Yo siempre contesto lo mismo: que no importa, que pasará. Pero esa respuesta no es suficiente.

Y no lo es porque, aunque yo sepa que este tipo de bloqueos es transitorio y que se debe a problemas que nada tienen que ver con la escritura o con la lectura, el hecho es que hay personas que, casi cada semana, se sienten culpables, vencidas, tristes, frustradas, inútiles o vagas, entre otras cosas, por culpa del maldito bloqueo escritor.

Cómo enfrentarse al bloqueo escritor 8

Dejad que haga aquí una pausa para deciros que, aunque voy a hablar de los bloqueos que se producen a la hora de escribir, el artículo se aplica también a los bloqueos lectores y a cualquier tipo de bloqueos más o menos creativos.

Valga también este espacio para advertir de que esto es únicamente un artículo de blog. Por tanto, no sustituye ni pretende sustituir al consejo de una profesional de la psicología. En todo lo relacionado con cómo se ordena el pensamiento y cómo hacer que tu cerebro trabaje para hacerte feliz, lo mejor es acudir a una de ellas.

Yo estoy en terapia. Cada quince días hablo con una sicóloga estupenda que me da información y herramientas para que me sienta mejor y sea más dueña de mis procesos mentales, mis reacciones y mis emociones. Gracias a su ayuda y mi trabajo no soy la misma persona que hace seis meses. Algunas de las herramientas que ella ha puesto a mi alcance han servido para redactar este post.

En pocas palabras:

Leer este artículo no va a convertirte en una persona más centrada ni va a liberar todos tus bloqueos. Pero puede darte algunas pistas sobre el camino a tomar para acabar con ellos. Y, sobre todo, cuando acabes de leer quizá te sientas menos culpable y un poco más apta. Porque no poder hacer las cosas que deseas hacer no es culpa tuya.

La neurociencia y el bloqueo escritor

Cómo enfrentarse al bloqueo escritor

Rosanne Bane en Around the Writer’s block, habla de un hecho muy conocido y probado por la neurociencia. A saber, que, cuando estamos sometidos a un alto grado de estrés o amenaza, se activa una parte de nuestro cerebro denominada SAR (Sistema de Activación Reticular). El SAR se hace cargo de la nave y le quita el mando al capitán córtex para cedérselo al sistema límbico.

Para que os hagáis una idea, en un estado normal, relajado, nuestro, digámoslo así, cerebro racional, está haciendo sus cosas de ente civilizado: es creativo, analítico, escribe poemas, va a clase, no insulta a tu jefe… Más o menos lo que se espera de él. Hablo de personas neurotípicas.

Pero cuando algo nos estresa mucho o nos sentimos amenazados, ese cerebro racional pasa a un segundo plano y el sistema límbico, alertado por el SAR, le manda a retaguardia. El córtex oye el grito de alarma del SAR y llegan los refuerzos, la infantería, la caballería, un carro blindado que bloquea todo excepto los sistemas de supervivencia.

Esto es normal, nos pasa a todas y solía servir para que sobreviviéramos en un ambiente hostil dominado por la necesidad de comer cuando se podía y la de huir casi todo el tiempo. Puede que la humanidad no conviviera con los dinosaurios, pero los tigres dientes de sable y los mamuts cabreados tenían mucho peligro.

Vivir a las órdenes de un carro de combate llamado sistema límbico

Cómo enfrentarse al bloqueo escritor

Nuestro carro de combate es el sistema límbico. Esa parte de nuestro cerebro que quiere que sobrevivamos. Hay que quererle, pero trae consigo ciertas complicaciones.

Como el córtex es el que se encarga de hacer análisis sutiles de las situaciones, y también de desarrollar el pensamiento creativo, un cerebro con el sistema límbico activado no puede dedicarse a esos asuntos. Porque está en modo supervivencia y cuando hay que huir de un tigre dientes de sable, no es muy inteligente ponerse a retocar los cuernos del ciervo ese que te estaba quedando tan mono. Por mucho que lo que tú quieras sea terminar tus pinturas rupestres.

Lo malo, de todas formas, no es que esto pase. Ese clic del cerebro nos ha venido muy bien, como especie, para sobrevivir. Lo malo es que, por lo general, no solemos ser conscientes de que el SAR ha gritado, de que el grito ha puesto en guardia al sistema límbico y que se nos ha abotargado el córtex.

Notamos que no somos tan creativos como de costumbre, que no tenemos tanta capacidad de concentración y que nos falta voluntad. Y nos sentimos fatal.

Pero no deberíamos, porque el bloqueo lector es producto de las vacaciones que se está tomando el córtex.

Cuando el cerebro se pelea consigo mismo

Sin profundizar demasiado y sin faltar a la verdad, podemos decir que el sistema nervioso central está dividido en varias partes y que cada una de ellas cumple una función.

Todas ellas están conectadas unas a otras y se coordinan mediante una complejísima red neuronal y la actividad electroquímica corresondiente. Los pulmones realizan su función porque las diferentes zonas del cerebro cooperan, se dan información se envían órdenes… Es como una empresa cuyas empleadas recibieran un buen sueldo y un trato adecuado, con vacaciones pagadas, conciliación y respeto.

Pero a veces, las diferentes partes del sistema compiten. Cuando esas dos partes son el córtex y el sistema límbico, asuntillos insignificantes como la escritura, la pintura o la capacidad para resolver una ecuación, se resienten. Aparece entonces el síntoma más evidente del bloqueo escritor: la resistencia a escribir.

Las tres partes principales del cerebro

La fotografía de más arriba lo muestra con mucha claridad, pero hagamos un pequeño esquema de las tres partes principales del cerebro:

  1. Bulbo raquídeo o cerebro reptiliano: mantiene en perfecto estado de revista las funciones corporales (respiración, circulación, digestión, etc.).
  2. Sistema límbico o cerebro de leopardo: rodea al bulbo raquídeo, es el encargado de las emociones y responde a las amenazas o el estrés eligiendo una de dos soluciones: huir o luchar.
  3. Córtex cerebral: es el que nos ayuda a resolver problemas complejos, el encargado del aprendizaje y el que, en definitiva, se lleva la fama por el trabajo del grupo.

Se llama cerebro de leopardo al sistema límbico porque es muy parecido, fisiológicamente, al sistema límbico de estos mamíferos. Su labor es dotar de emoción a nuestras experiencias sensoriales.

El córtex se toma un café y percibe su sabor, la temperatura, etc. El sistema límbico interpreta tomar un café como algo agradable o desagradable.

SAR, la central de alarmas del cerebro

Cómo enfrentarse al bloqueo escritor

Cuando todo va bien, cuando estamos relajados y no percibimos ningún tipo de amenazas, el SAR deja que el córtex lleve la voz cantante. Es en esta situación cuando somos capaces de pensar de manera lógica, simbólica y creativa. La actividad que el córtex lleva a cabo cuando estamos relajados es lo que ha llevado a la especie humana a sus mayores cotas de progreso.

Pero cuando percibimos una amenaza potencial (el equivalente a un tigre dientes de sable, que puede ser una jefa capulla o la obligación de hacer algo que nos pone nerviosas), el SAR pone en marcha el protocolo de emergencia y cede el control al sistema límbico. Nos pone en manos de nuestro instinto, que contempla dos opciones y solo dos opciones: huir o luchar.

Además, entra en juego una cuarta participante: la amígdala, que ordena la segregación de adrenalina y cortisol, las hormonas del estrés. ¿Qué pasa en estas situaciones?

  • Se acelera el ritmo cardiaco
  • Nos sudan las palmas de las manos
  • Se nos eriza el pelo de la nuca
  • La sangre abandona la zona central del cuerpo y acude a las extremidades, para facilitar movimientos rápidos. Puede que identifiques que te has puesto nerviosa porque te hormiguean las piernas y los brazos. Es por esto. Yo, personalmente, lo noto muchísimo en los bíceps. No es que le haya dado un puñetazo a nadie en mi vida, pero parece que a mi cuerpo le gusta la posibilidad.
  • Y la creatividad disminuye… porque pintar la cueva es un poco menos importante que seguir vivo y a salvo.

Cuando estar consciente es un problema ¡Dame un desmayo ya!

Cómo enfrentarse al bloqueo escritor

Todo esto sería mucho más fácil de gestionar si, cuando nos pusiéramos en modo leopardo perdiésemos la conciencia, al menos en parte. O si nos salieran unas manchitas de aviso. Pero esto no es así.

El SAR pone en marcha nuestro leopardo interior y no nos enteramos. Somos conscientes de lo que pasa a nuestro alrededor, podemos sumar y restar y podemos mantener una conversación normal. Vamos, que no hay manera de saber que se nos ha apagado el córtex porque el cerebro es muy listo y es perfectamente capaz de actuar como si nada durante una alarma nuclear. ¿Cómo? Tirando de las cosas que ya sabe. Vamos, por así decirlo, en automático.

¿Y qué pasa cuando vamos en automático? La respuesta es fácil: no podemos innovar. Nos convertimos en una especie de robots que usan su base de datos de una manera muy eficiente, pero que no pueden crear nada nuevo con el conocimiento allí acumulado.

Porque el córtex busca novedad, quiere crear de manera activa, pero el sistema límbico solo quiere que sigamos vivos. Por eso, a veces pasa que, con el leopardo activado, reaccionemos por instinto, sin pensar, y hagamos (o no hagamos, que es lo que nos preocupa) cosas que dejan a los demás alucinados.

Explicando lo inexplicable

La misma Rosanne Bane pone un ejemplo que data ni más ni menos que de 1911. A ver si hay suerte y os deja tan ojipláticas como a mí.

El señor Edouard Claparede, doctor en medicina, francés para más señas, estaba tratando a una mujer que había perdido la capacidad de crear nuevos recuerdos. Durante sus estudios, Claperade descubrió que el ser humano tiene dos tipos de memoria (era 1911), la memoria capaz de almacenar recuerdos conscientes a los que acceder de manera voluntaria, y una especia de “memoria instintiva”.

La paciente con la que estaba trabajando no sabía qué había desayunado o si había desayunado. No sabía si había visto a alguien esa mañana o si era la primera vez que se encontraba con él. Su médico, un poquitín sádico, probó a esconderse el equivalente de 1911 a una chincheta en la mano y saludarla. La mujer sintió el pinchazo y retiró la mano.

Un rato después, el médico se presentó de nuevo. La paciente no recordaba haberlo visto esa mañana. Él le ofreció la mano para saludarla y ella se negó a estrechársela.

—¿Por qué no me saluda, señora Sin Memoria?

—¿Es que no tengo derecho a elegir a quien le doy la mano? —contestó ella.

El médico insistió y la mujer, sagaz ella, preguntó, un poco al azar:

—¿Es que esconde usted una chincheta?

Pero no, la verdad era que la mujer no recordaba nada. Su sistema límbico percibió al doctor como una amenaza de pinchazo sin que ella recordase conscientemente que se había pinchado. Por tanto, cuando decidió no darle la mano, no sabía por qué lo hacía.

Igual que nosotros cuando no sabemos por qué hacemos algunas cosas raras… O cuando no hacemos algunas que deseamos hacer, como escribir o leer

La lógica de la resistencia o, lo que es lo mismo, la lógica del bloqueo escritor

Cómo enfrentarse al bloqueo escritor

Lo que podemos deducir del caso de la señora pinchada en el dedo por su médico es que, cuando aparece el bloqueo lector o la resistencia a escribir, es que un ser humano no tiene por que tener o conocer la razón lógica de la que nace esa resistencia.

Lo que ocurre cuando una persona no conoce cual es la lógica que la lleva a actuar resistiéndose a leer o a escribir es negativa y muy frustrante. La común de las mortales racionaliza su resistencia a la escritura. Donde racionalizar significa que aplica a la resistencia toda la fuerza de su razón… pero mal. Hacemos asunciones equivocadas y tendemos a sacar conclusiones de evidencias que no significan lo que parece.

Cuando el maldito bloqueo o la no menos maldita resistencia aparecen nos decimos lindezas del estilo: soy una vaga, no tengo disciplina, siempre me bloqueo sin motivo, me falta fuerza de voluntad y una serie de cosas similares que refuerzan nuestros sentimientos de estrés.

¿Y qué pasa cuando nos estresamos a nosotras mismas? ¡Bingo! Reforzamos la necesidad de que el sistema límbico permanezca al mando para salvarnos de esa amenaza que nosotras mismas hemos provocado mediante un diálogo interno que ni siquiera reconocemos como diálogo.

¿No os pasa? Porque a mí sí.

Cuando estoy delante de internet, con el Word abierto y Tuiter reluciendo en azul celeste y me meto en Tuiter (que es una forma de resistirme a escribir, pero no la única), mi cabeza empieza a lanzar mensajes:

  • Ya estás otra vez
  • Eres adicta a las rrss
  • Nunca saldrás de ahí
  • Eres una perezosa
  • Así no vas a llegar a ningún sitio

Cuanto más dejo que prospere esa ronda de insultos, menos ganas tengo de salir de Tuiter y de escribir.

Afortunadamente, mi psicóloga me ha ayudado a reconocer la voz del bicho verde que me habla (he decidido que mi diálogo interno es la voz de un bicho verde y malvado muy similar a un duende de San Patricio) y cuando lo pillo, le doy una patada mental y hago el esfuerzo de centrarme.

Esto no es fácil.

Para empezar, al principio me sentía muy imbécil cuando lo hacía. Pero lo hacía. Como tengo la suerte de pasar mucho tiempo sola, hasta he llegado a decirle que me dejara en paz y le he mandado a la mierda en voz alta. No os lo recomiendo si tenéis trabajos, vais a clase, etc. La gente os va a mirar raro, eso os va a estresar y no os desharéis de la atención del sistema límbico jamás en la vida.

Es complicado, pero es posible.

En cualquier caso, la conclusión que debemos sacar de todo lo anterior, es que no es culpa nuestra que se nos presente un periodo de resistencia a la escritura.

Es imposible escribir cuando el sistema límbico le ha tomado la delantera al córtex. Así que dejad de flagelaros, dejad de sentiros culpables, dejad de castigaros. Por favor, no es culpa vuestra.

Deshagámonos del la culpa, que no ayuda a nadie y centrémonos en resolver el tema.

Para ello hay dos cosas que debemos entrenar: reconocer la resistencia y combatirla

Reconocer la resistencia a la escritura para acabar con el bloqueo creativo

Cómo enfrentarse al bloqueo escritor

La mujer que me ha abierto los ojos con esto de la resistencia y cuya página os he enlazado al principio del artículo, o sea Rosanne Bane, llevó a cabo un pequeño estudio al respecto. Hizo unas preguntinas de nada a 350 escritores.

  • El 94% expresión que había sentido algún tipo de resistencia a la escritura. Siento comunicarte que tu bloqueo no te hace única. A mí tampoco el mío. Somos legión.

Las formas de resistencia a la escritura que mencionaron fueron:

  • Distracciones: 94%
  • Procrastinación: 84%
  • Inercia inicial o lo que llamamos “es que me cuesta ponerme”: 84%
  • Ansiedad o miedo: 70%
  • Bloqueo del escritor: 67% (estos decidieron no comerse mucho el coco)

En la página de Facebook que comparto con mis mecenas, la mayoría de ellos mencionó alguna o todas estas formas de resistencia. En mis clases también. Y también se comentaron otras que Rosanne Bane tiene en cuenta aunque aparecen menos:

  • Estar demasiado ocupadas
  • Dudar del propio talento
  • Autocrítica feroz
  • Perfeccionismo
  • Sentirse abrumada
  • Cansancio repentino e inexplicable cuando nos sentamos a escribir
  • Todas las anteriores y más…

Sea cual sea tu forma de resistencia, entrará dentro de una de estas dos categorías: o te congelasy huyes, o te congelas y luchas. Eso es lo que hacen los leopardos y otros mamíferos cuando se sienten amenazados. Y recuerda que el sistema límbico es el cerebro leopardo.

Congelarse y huir

Cuando un conejo está cruzando la carretera y lo deslumbran los faros de un coche, se queda paralizado. Mala idea. No voy a decir cómo suele terminar el conejo porque soy muy de llorar con estas cosas. Leed La colina de Watership.

El momento de congelación suele ser breve, luego el conejo sale corriendo, por lo general.

Escoge las posibilidades de más arriba que implican correr: yo me pido cansancio repentino, no ponerme, procrastinar… Todas esas que te llevan a hacer otras cosas o a no hacer nada.

Congelarse y luchar

Esto es más feo, porque cuando luchas en este caso no es que inicies una batalla contra el sistema límbico ¿cómo vas a hacerlo si no sabes lo que pasa? Lo que haces es luchar contra ti misma e insultarte. Te tratas fatal. Te dices todas esas cosas horribles que hemos visto antes. También puede que discutas con otra persona, como tu profesora o alguna amiga que intenta animarte.

Esta lucha puede llevar a altas cotas de ansiedad y frustración muy intensa. Tanto, que te lleve a criticar a otros, que nada tienen que ver en lo que te sucede y a cosas tan extrañas como negar que puedes mejorar en la escritura.

¿Qué se puede hacer para combatir el bloqueo escritor o lector?

Cómo enfrentarse al bloqueo escritor

Lo más importante es reconocer la resistencia a escribir como lo que es: un problema soluble que viene de un pequeño clic en el cerebro.

No estamos hablando de un misterioso arcano que te impide hacer lo que deseas. No, es que tu cerebro se ha puesto en modo alerta. No pasa nada más.

Siempre, por supuesto, que no hablemos de otro tipo de trastornos. Este artículo, como decía al principio, habla únicamente de este bloqueo.

El lenguaje importa

Haced el ejercicio de llamar al bloqueo lector resistencia a la escritura. Posiblemente se os haga, ya de entrada, más sencillo tratar con el asunto. Las resistencias se pueden vencer. Los bloqueos imponen más respeto.

Además, si tienes una resistencia, es tuya, puedes trabajar con ella. Pero si estás bloqueado, te sitúas en una posición de víctima que no te permite mucha capacidad de acción.

Lo sé, sé que suena a autoayuda barata. Pero el lenguaje conforma la mente. De verdad. Nos pegamos por el lenguaje inclusivo y escribimos porque las palabras tienen poder. Es buena cosa usar ese poder a nuestro favor.

Como enfrentarse al bloqueo lector

Las buenas noticias

Las buenas noticias son que, ahora que ya sabes esto, seguro que te puedes imaginar cómo hacer que tu córtex se reactive. Sé que me vas a odiar cuando lo diga porque precisamente decirlo es lo fácil. Hacerlo ya es otra cosa. Pero bueno, aquí va: lo que debes hacer es relajarte.

Hay personas que se niegan la capacidad de relajarse, pero yo os aseguro que todas la tenemos. Lo que hace falta es paciencia con una misma y darse tiempo para que las técnicas de relajación funcionen.

Si tu resistencia a escribir es muy aguda y te causa dolor emocional o mucho estrés, comienza tus sesiones de escritura con una práctica de relajación.

No puedo, porque no soy experta, recomendarte cuál es la mejor para ti.

Algunas de las que se habla con cierto entusiasmo y que quizá te ayuden son:

  • Ejercicios de relajación
  • Poner música relajante mientras escribes
  • Escoger un espacio que te ayude a sentirte segura y a salvo

Cambiar de actitud

También viene bien que hagas un pequeño ejercicio de cambio de actitud:

  • Deja de criticarte. Cuando te oigas a ti misma ponerte verde, para. Para y asegúrate, en voz alta si puedes o escribiéndolo en un papel o pensándolo de manera muy consciente, que no eres una persona horrible, que no eres un fraude ni una mala escritora.
  • Cuando escribas, no te flageles por los errores que cometas.
  • Enfrenta la escritura, o la lectura, como algo divertido. Tú eliges escribir porque quieres. Diviértete. Quítale peso.
  • Hay un truco muy sencillo que a mí me sirve cuando me presiono para escribir una obra maestra. Y menos mal: coge un post it o una hoja de papel y escribe: Hoy me doy permiso para escribir basura. Parece una idiotez, pero relaja muchísimo (y casi nunca escribes basura bajo esa premisa. Pero, si sucede, no pasa nada porque te habías dado permiso).
  • Si no tienes ideas, lee este post. Está enfocado en el terror, pero puede ayudar. Y si no, al menos lo pasarás bien 🙂

Conclusiones

Ahora ya sabes que la resistencia a hacer precisamente eso que más te gusta hacer no te convierte en una mala persona, ni supone un fracaso.

Puedes dejar de maltratarte y tratar de conectar con tu actividad favorita. Sin presión.

Las cosas salen mejor cuando las dejas fluir.

Escribir un primer borrador puede ser una experiencia muy liberadora. Así que dile a tu editor interior que sus indicaciones y críticas te parecen genial, pero que ya hablarás con él más adelante.

Busca la manera de relajarte. El relax es la mejor manera de hacer que tu cerebro salga del estado de alerta y le devuelva el mando al córtex. Algo que no puedes hacer de manera consciente porque no tienes un botón. Así que cierra los ojos, respira y sonríe.

Solo es resistencia. Y nadie es tan capaz de vencerla como tú.

Sobre este artículo

Escribir este artículo me ha llevado unas ocho horas de trabajo, puede que algo más.

Te lo doy gratis porque confío en que te sea de utilidad. He experimentado casi todo lo que he escrito, lo he superado y conozco a personas –muchas- que han pasado por lo mismo.

Si te es útil y quieres apoyarme para que pueda seguir investigando, escribiendo y echando una mano, hazte mecenas en Patreon. Algunas personas que ya lo hacen son Nieves Mories, Darío Anzalone o Charo Palacios.

Si te has inspirado un montón y quieres empezar a leer ya, aquí hay un relato cortito que quizá te guste. Echa un vistazo.

Un comentario

  1. ¡Un artículo muy interesante! Y muy bien planteado 😀
    Me resulta curioso lo del cerebro leopardo, ¡jamás lo había oído! (siempre había oído lo del cerebro mamífero, pero nunca específicamente un leopardo, ¿de dónde sale esa expresión? Veo que en inglés es habitual pero en español no parece que se use). También había oído la historia del médico pero de forma distinta, como un experimento de hipnosis, aunque quizás sea un intento de replicar la experiencia de 1911…
    ¡Un gran artículo! Veo que también has cambiado tu patreon, así que le echaré un vistazo de nuevo ^^

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