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El árbol de las mentiras: reseña CON spoilers

Frances Hardinge, la autora de El árbol de las mentiras, es una mujer con aspecto de elfo que emplea un halo de magia y misterio cuando habla de sí misma  y de sus obras.

Lo sé porque tuve la suerte de asistir a un par de los eventos en los que participó durante el pasado Festival Celsius. También hablé con ella un momento, mientras me firmaba mi ejemplar de esta novela juvenil. Según sus propias palabras, el dibujo que veis en la foto, y que ella misma trazó, es un ganso homicida. Me dibujó a un colega del mismo ganso homicida en mi ejemplar de La canción del cuco. Por lo visto, uno de los dos le salió más homicida que otro. 

Cosas de autoras.

Firma Frances Hardinge

FICHA TÉCNICA

Fecha de lectura: julio de 2019

Como os contaba en este artículo de aquí, quiero valorar los pilares fundamentales de la novela en las obras que leo. Eso me ayuda a saber qué funciona y qué falla en cada una de ellas, además de darme un criterio estricto para valorarlas.

Por supuesto, la emoción es muy importante para mí, así que siempre valoraré mejor un libro que me haya emocionado que uno que me haya dejado fría. Pero eso lo dejamos para el apartado final. Vamos con El árbol de las mentiras.

El árbol de las mentiras: historia

Alerta de spoilers

Como una nunca sabe por dónde empiezan las lectoras a leer el blog, os recuerdo que este apartado contiene spoilers. De hecho, la mayor parte de mis reseñas contienen spoilers. A mí no me importa que me destripen libros o series, pero sé que a muchas personas sí, por eso lo advierto.

El árbol de las mentiras cuenta la historia de la familia Sunderly a través de los ojos de la hija mayor, Faith. Los hechos suceden en la época victoriana, pocos años después de la publicación de El origen de las especies, de Darwin. Tiempos convulsos sobre los que a Hardinge le gusta escribir.

Erasmus Sunderly es un afamado reverendo naturalista y Faith lo adora. Ella es una niña inteligente, capaz de ocultar sus deseos y ambiciones solo hasta cierto punto. Vive enfadada con su madre, en la que ve un reflejo de las peores características del ser humano: orgullo desmedido, mendacidad, superficialidad, falta de talento. Por otra parte, tampoco soporta el papel que le toca jugar solo porque ha tenido la mala suerte de nacer chica en lugar de chico. 

Al comienzo de la novela, Faith adora a su padre y detesta a su madre. Este equilibrio, que viene dado en gran medida por el orden social de la época, según el cual los hombres ocupaban el vértice superior de la pirámide y debían ser adorados, cambia a lo largo de la novela. Eso sí: muy poco a poco.

En un momento detrminado, tras una larga presentación de los personajes y su entorno, el reverendo Sunderley, padre de Faith, muere. Todo el mundo piensa que se ha suicidado debido a un escándalo que afecta a su reputación como científico. La familia trata de ocultar el hecho, pero la supuesta verdad sale a la luz. 

La única que cree en la inocencia de su padre, tanto en lo que se refiere a su desempeño como naturalista como en cuento al suicidio, es Faith.

Así que la niña, con todas las dificultades que os podeís imaginar debido a que es una niñA, investiga las circuntancias de la muerte de su padre. Para ello se sirve del árbol de las mentiras. Una planta que Sunderley estaba estudiando y con la que ella se topa de manera un tanto azarosa.

A medida que la investigación avanza, Faith descubre cómo son en realidad sus nuevos vecinos, pero también nuevas debilidades y fortalezas de los miembros de su familia. Hasta que, al final, desenmascara al culpable del asesinato.

En ese momento, las inamovibles creencias de Faith han sufrido una serie de incesantes ataques y, bueno, se tambalean. Y, cuando el libro termina, su opinión de su madre ha cambiado de manera radical. También se ha desmoronado la idealización que había construido alrededor de su padre y, por supuesto, descubre que ella misma, a pesar de su inteligencia, no está libre de prejuicios.

Portada el árbol de las mentiras

El problemilla del ritmo

Si te gusta el misterio, si disfrutas asistiendo al desarrollo lento, pausado, meditado e inteligente de una novela de detectives, esta es tu historia. Eso sí, sobre todo en el primer cuarto del libro, o incluso durante la primera mitad, no busques aventuras trepidantes ni un ritmo enloquecido, porque no lo encontrarás.

Creo que Hardinge escoge deliberadamente este desequilibrio para El árbol de las mentiras por un motivo. Porque la época en la que situa su historia es una época que se aferra con desesperación a las seguridades que ofrecía la fe en oposición al nuevo y deslumbrante pensamiento científico.

Hablamos de un orden social estático, sin posibilidad de ascenso, aunque sí de descenso. En la Inglaterra victoriana no pasaba nada. Nunca. Y eso estaba bien. 

Es decir, no pasaba nada de manera evidente. Las malas lenguas  hacían de las suyas entre bambalinas, las conspiraciones ocurrían tras el telón, las alianzas se tramaban en secreto. La procesión iba por dentro mientras a plena luz del día se respiraba una insoportable calma chicha.

A lo mejor es porque no se había inventado Tuiter. Vete tú a saber.

Y ese inmovilismo se refleja en el primer tercio de El árbol de las mentiras, en su ritmo cansino, en las vueltas que Faith da una y otra vez sobre lo mismo, en las dudas de la madre.

Durante todo este primer tercio, los personajes están más ocupados en mantener las apariencias que en conseguir sus objetivos. Por eso parece que no ocurre maldita la cosa cuando lo que de verdad sucede es que la acción se está cociendo a fuego lento para que luego hierva a borbotones.

Argumento de El árbol de las mentiras

Ya sabéis que con argumento me refiero a los porqués, a los motivos por los que suceden las cosas. Y esos motivos están relacionados con los temas que trata la obra.

En este caso, tenemos una buena cantidad de temas, todos ellos bien relacionados unos con otros, bien envueltos en sus conflictos correspondientes y bien resueltos en un clímax largo y un poco farragoso, pero resultón. 

Temas que Hardinge ha espolvoreado por el libro como si no hubiera un mañana:

  • El papel de la mujer en la sociedad actual visto a través del papel de la mujer en la sociedad victoriana 
  • La naturaleza de la verdad y de la mentira
  • ¿Justifica el fin los medios?
  • Relaciones maternofiliales
  • Prejuicios y confrontación con la realidad

No está mal para una novelita juvenil con protagonista de catorce años ¿a que no?

El árbol de las mentiras 02

El papel de la mujer en la sociedad actual visto a través del papel de la mujer en la sociedad victoriana 

Acostumbro a leer las opiniones que otras lectoras dejan en GoodReads sobre los libros que leo. Eso me ayuda a saber si me he perdido algo. También me gusta comprar puntos de vista.

Cuando leí las de El árbol de las mentiras, me encontré con que había varias mujeres que se quejaban de que Hardinge planteaba la situación de la mujer, desde la perspectiva de Faith, de una manera amarga y carente de humor. Le echaban en cara que no tratase este tema a la manera irónica de Jane Austen.

Es cierto que Hardinge no emplea la ironía. No es menos cierto que publicó su novela en 2018.

Hardinge vs Austen

Jane Austen no podía permitirse decir las cosas claras. La procesión, ya lo decía más arriba, debía ir por dentro. A la vista debía reinar la calma, el concierto y el saber estar.

Hardinge tiene la suerte de poder criticar la posición subordinada de la mujer con la amargura y el malestar debidos. Incluso con ira. Afortunadamente, las mujeres nos hemos ganado el derecho a enfadarnos. Aunque no demasiado, a juzgar por esas opiniones en GoodReads.

La ira

El feminimso de Faith es el de una niña de catorce años que no entiende por qué debe dejar el legado de su padre en manos de un niño, su hermano pequeño, menos inteligente y menos capaz que ella. 

Faith está cabreada. Se pasa enfadada toda la novela. Porque, como Escarlata O´Hara, tiene un cerebro, tienen intereses, tiene ambición, y todo lo que pude hacer con esas tres cosas es guardarlas muy dentro de sí misma para que nadie las vea. 

Hay en el libro docenas de pasajes que muestran esta desazón, esta rabia contenida. 

Claro que, a diferencia de Escarlata, Faith no puede permitirse pensarlo mañana. El tiempo la acosa, debe resolver el asesinato de su padre para evitar una desgracia todavía mayor a su familia. Y solo puede hacerlo si se atiene a las convenciones sociales. 

¿Cómo no va a estar enfadada? Yo me sentiría como si me hubieran tirado a una piscina llena de tiburones hambrientos atada de pies y manos y sangrando sin parar.

Esta emoción, combinada con su edad, es lo que motiva muchos los actos de Faith. La ira hace que desafíe al hijo del reverendo, la necesidad de probar que ella no vale menos que los chicos de la aldea hacee que se meta en situaciones peligrosas.

La admiración frustrada

Y las acciones que no se explican por la ira se explican por la admiración que siente hacia su padre. Incluso cuando se entera, porque lo ve, de que Sunderly es claramente imperfecto, trata de salvar su reputación. Porque solo salvándola podrá conservar la idea que tiene de él.

En este sentido, es conmovedor lo bien que Hardinge capta esa necesidad que el ser humano tiene de mantener a salvo sus ideas porque esas ideas conforman su identidad.

Cuando Faith comienza a cuestionarse lo que ella misma piensa sobre su padre es cuando la novela echa definitivamente a rodar. Pero el proceso que sufre la pobrecilla para llegar hasta ahí es devastador.

«Su momento dorado en la playa, el mejor instante de sintonía con su padre, había sido una farsa, movida por el interés propio y una impostura.

El árbol de las mentiras 02

La verdad que oculta El árbol de las mentiras y la gran pregunta ¿el fin justifica los medios?

El árbol de las mentiras se llama así porque se alimenta de bulos, de falsedades.  La mecánica es sencilla: una vez plantada la semilla del árbol, te acercas a él y le cuentas una mentira. Luego haces crecer esa mentira porque cuanta más gente la crea, más crecerá el árbol. Cuando la mentira se haga lo bastante grande, el árbol dará fruto. Tú consumirás ese fruto y descubrirás una verdad.

«Elige una mentira que la gente esté dispuesta a creer. Se aferrarán a ella aun cuando se les demuestre y sea onbio que es falso. Si alguien intenta revelarles la verdad, se volverán en su contra y se enfrantarán con uñas y dientes».

Este es el elemento sobrenatural del relato, pero en realidad no tiene un gran peso sobre la trama. 

La función que cumple esta rarísima especie vegetal es proporcionar a las lectoras información que de otra manera no podríamos obtener.

Y también plantear esa pregunta de la que hablaba ¿vale todo para obtener la verdad? ¿Incluso mentir?

Faith difunde rumores falsos acerca de sus nuevos vecinos. Como la novela está contada desde su punto de vista, esos vecinos nos caen mal proque han sido injustos con el padre de Faith, así que teóricamente nos debería dar igual lo que les pase ¿no?

El hecho es que no. Porque, para cuando Faith cuenta al árbol su primera mentira, ya sabemos que el reverendo Sunderly no era en absoluto un dechado de virtures. De hecho, hay un par de escenas en las que el padre de Faith se comporta como un tirano y las deja temblando a ella y a su madre.   

Así que leemos los avances de Faith por el mundo de la mendacidad con el alma en vilo porque la niña está portándose como una auténtica villana. Y queremos creer, como ella, que el resultado de sus averiguaciones será el que desea, pero nos tememos que quizá no sea así.

La tensión aumenta con cada nueva mentira, con cada pequeña ofensa de Faith. Crece en nosotras, como lectoras, y también en la niña. Y es una tensión que se liberará más tarde con resultados transformadores.

Por otra parte, Hardinge es lista, muy lista, al crear una planta que extrae verdades de las mentiras. ¿No os habéis encontrado nunca con una de esas personas que dice algo que se ha inventado pero que parece verosímil y que consigue así que, corrigiendo su media verdad le contéis algo que quizá no queríais contar?

El árbol de las mentiras es en realidad la raíz de las mentiras y muchas personas la llevan plantadita en el centro de su pecho.

Relaciones madre-hija

Faith

Como decía más arriba, Faith odia a su madre, la detesta por su forma de comportarse y por lo que representa. La compara constantemente con su padre y, por supuesto, Myrtle sale perdiendo.

Cuando la conocemos es una señora aparentemente mimada, caprichosa, pasivo agresiva y manipuladora. 

Desde el punto de vista de Faith, Myrtle se ocupa de nimiedades y su pretendido orgullo de clase mete a la familia en problemas y consigue que todo el mundo la odie. 

A medida que la trama avanza, Myrtle mete la pata más y más. Los vecinos le hacen el vacío, la insultan… Una delicia.

Faith no entiende, al principio, que Myrtle usa sus armas de mujer porque no tiene otras. La sociedad en la que vive no le permite actuar de otro modo. 

Empleo ese término, que no me gusta usar, porque es dolorosmente adecuado. Los hombres poseen unas armas determiandas en la época en la que está ambientada la novela.  Las mujeres disponen de un armamento muy diferente. Y en ese sentido, en cuanto que las armas de los hombres no puden usarse por las mujeres, los elementos que emplean las mujeres de Hardinge para sobrevivir deben considerarse armas de mujer.

Los hombres pueden hablar, defenderse y atacara de frente. Las mujeres deben comportarse según unas reglas de decoro tan estrictas que les impiden incluso comer cuando tienen hambre.

Faith se da cuenta de que casi todas las actitudes de su madre son impostadas y la odia por ello. No entiende, al menos no al principio de la historia, que Myrtle no puede actuar de otra manera. Como ella, está atada de pies y manos dentro de un tanque de tiburones hambrientos.

En cuanto a Myrtle, no comprende a su hija, ni lo intenta. Como adulta, conoce las reglas y sabe que las mujeres solo prosperan si las cumplen. No puede permitir que Faith se comporte como un chico, que tenga ideas y las exprese o que parezca inteligente. Por eso no le presta atención.

Hasta que madre e hija se dan cuenta de que están solas frente al mundo. Sus aliados amsculinos no son en absoluto aliados, pero sí son masculinos. Solo se tienen la una a la otra y, afortunadamente para ambas, las dos han decidido sacar el mayor partido a las herramientas de las que disponen. Así que al final unen fuerzas y las cosas se solucionan.

El momento en el que Faith se da cuenta de que su madre actua con inteligencia y fortalezas superiores a las de cualquier hombre (porque ambas características deben permanecer ocultas), es maravilloso.

«-¡Madre! -siseó Faith, pero se dio cuenta de que no sentía la repulsión y la indignación que solía sentir.

Myrtle era terrible, pero si no lo fuera, ¿dónde estaría la familia dentro de un año?

Mi madre no es mala -recordó Faith para sí-. Sencillamnete es una víbora tremendamente prudente, que protege sus huevos y se abre paso al mundo de la mejor forma que puede».

No lo es menos ese otro momento en el que, como lectoras, vemos que Myrtle aprecia tanto a su hija como para ayudarla a romper las reglas. Momento que revela, no solo el amor materno, sino una evolución gigantesca del personaje.

De ser un ama de casa sumisa que se pliega a los requerimientos de la sociedad, Myrtle se convierte en una mujer dispuesta a poner su grano de arena para que el futuro de otras mujeres, de la generación de su hija en concreto, sea mejor.

«-Bueno -dijo Myrtle, defendiéndose de una acusación que faith no había hecho-, si quieres mantener ese interés tuyo […] que Dios te mande un marido cargado de paciencia y dinero -añadió Mytle lanzando a Faith una mirada de preocupación.

Faith sabía que a su madre ya no le preocupaba la vergüenza de tener una hija sosa, excéntrica y docta. »

Prejuicios y confrontación con la realidad

Todos los personajes de la novela viven cegados por sus prejuicios excepto una pareja de lesbianas a las que somos incapaces de identificar como tales precisamente porque nuestros propios prejuicios como lectoras nos ciegan.

Faith cree de sí misma que ella es diferente, que es capaz de ver la verdad en las personas. Sabe que alguien miente y va a descubrirlo porque ella no está ciega.

Sin emabrgo, se empeña en idealizar a su padre a pesar de haber visto como se comporta. Odia a su madre porque no ve que las dos se encuentran en la misma situación. No desconfía de su tío porque forma parte de su familia y, por último, casi echa aperder sus investigaciones por culpa del mayor prejuicio de todos, el que dice que las mujeres son menos capaces que los hombres.

«-Cometí el mismo error que comete todo el mundo -dijo faith con gesto sorprendido-. En realidad la científica naturalista fue siempre usted.

[…]A medida que la verdad se desplegaba ante ella, faith sentía una mezcla de júbilo, frustración y tristeza. Ante sí tenía al animal mítico que todos le habían dicho que no podía existir: una científica naturalista.»

Como todas las resoluciones de El árbol de las mentiras, el decubrimiento de Faith de que forma parte de su entorno es una delicia. Cuando, en la actualidad, hablamos de deoconstruirnos, hablamos de esto.

Los personajes

El tío de Faith
Erasmus Sunderley

Ya he hablado de los personajes principales de la novela: Faith, su madre y su padre. Pero estos no son los únicos.

Existen dos tipos de personajes en esta novela: los adultos y los niños. Y, dentro de la categoría de adultos, están los marginales y los que no lo son.

Los adultos representan el régimen imperante. Como en cualquier novela adulta de la época, Harding coloca un elenco de todos conocido: el cura, el juez, la alta sociedad, las damas, los caballeros. Añade notas científicas porque estamos hablando de ciencia y de fe (y esta dicotomía da para un suculento análisis del nombre de la protagonista). Todos ellos componen un tapiz, un telón de fondo y en ellos se encarnan los obstáculos de la novela.

Los niños y los personajes marginales son los que hacen que la trama avance. En parte porque estamos ante una obra juvenil y en parte porque, igual que Darwin en El origen de las especies. Hardinge habla aquí de evolución y la evolución se da gracias a las nuevas generaciones.

Por eso el hijo del párroco es un aliado, pero ningún adulto echa una mano a Faith.

No hablaré de obstáculos y conflicto porque creo que los he recogido cuando desgranaba los temas que trata la novela.

En cuanto al Clímax, pasa un poco lo mismo, incluso he añadido las citas correspondientes.

Valoración

El árbol de las mentiras es una novela mucho más compleja de lo que parece y trata temas mucho más profundos que el misterio que sirve como gancho.

Está escrita con una prosa bella y cuidada. Podéis leer lo que Odo dice al respecto en Sense of Wonder.  

Él emplea otra frase para ilustrar esto. Yo os dejo una de mis favoritas:

«Los segundos siguientes pasaron de forma lenta y peligrosa. Las reglas del juego tintinearon silenciosamente al romperse».

A mí me ha gustado mucho, aunque confieso que me costó entrar. Esperaba un inicio más ligero. Me ganaron las imágenes, las metáforas y que el libro en sí, como objeto, es precioso y eso mejora la experiencia lectora. Os dejo la imagen de una de las páginas.

página El árbol de las mentiras

Pero es lento y la sinopsis no le hace justicia, así que no os lleveís a engaño. 

Esta es una novela juvenil muy adulta y requiere de ciertas dosis de paciencia y atención.

Hardinge usa cierta parafernalia del terror, como la fotografía post mortem y algunas anécdotas un poco truculentas, pero nada que cualquiera no pueda soportar.

Y eso es todo.

¿Habéis leído El árbol de las mentiras? ¿Os ha gustado?

¿Y ahora qué?

Ahora, si te ha gustado la reseña, puedes hacerte con el libro aqui.

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