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El tiempo en el relato: orden, duración y frecuencia

¿Recuerdas lo que decíamos en el artículo sobre los elementos fundamentales del relato?: tu historia tiene un principio, una parte central y un final, pero no es necesario que tú la cuentes en ese orden. 

No lo es porque existe algo llamado estructura narrativa, que es el armazón formado por el modo en que ordenas el espacio y el tiempo dentro tu historia. O, en otras palabras, el orden en que entregas los eventos al lector y el momento en que suceden.

Manejar el tiempo en el relato , en la novela o en cualquier tipo de literatura es una de las claves para conseguir que tus obras sean atractivas para las lectoras. Aunque cada historia requiere de un ritmo diferente, acorde con lo que se narra y con las emociones que la autora desee transmitir, por regla general, las lectoras prefieren ritmos rápidos.

Algunos best sellers lo son no por la calidad de su prosa o por lo interesante de lo que narran, sino porque el ritmo es trepidante y resulta difícil cerrarlos una vez abiertos. Hablamos del libro/patata frita: cuando haces pop, ya no hay stop.

Este cuadro resume lo que vamos a explicar acerca del tiempo narrativo:

Cómo tratar el tiempo en literatura

Tiempo externo del relato

Bien, en narrativa existe el tiempo externo del relato, que es la época en la que sucede. Por ejemplo, 36, de Nieves Delgado, sucede en un futuro muy semejante al presente de 2017 pero en el que la tecnología ha avanzado más. Las aventuras de Los Cinco, de Enyd Blyton, transcurren en la Inglaterra de la posguerra mundial, en los años 50, más o menos. Los Pazos de Ulloa, de Emilia Pardo Bazán, sucede en un momento contemporáneo a la autora, en Galicia.

Tiempo interno del relato

Por otra parte, tenemos el tiempo interno del relato que marca las relaciones cronológicas entre el discurso y la historia.

Es decir, el tiempo interno es la relación entre los hechos que se cuentan y el modo de contarlos.

Para manejar bien este concepto debemos conocer la diferencia entre el tiempo de la historia y el tiempo del discurso.

Tiempo de la historia

Este también es sencillo. Se trata de la sucesión cronológica de los hechos y el tiempo que tardan en suceder. Es el tiempo que dura la historia que nos estás contando. Por ejemplo, La señora Dalloway, de Virginia Woolf, cuenta un día en la vida de una mujer. El hombre de tiza, de C.J. Tudor, cuenta los sucesos de un verano en la vida de un grupo de chavales.

Tiempo del discurso

Aquí es donde entran en juego la creatividad o las ganas de complicarse la vida de la autora. El tiempo del discurso es el orden en que la autora entrega esos hechos a la lectora y lo que ocupan en términos de líneas, párrafos, páginas o capítulos.

La relación entre el tiempo de la historia y el tiempo del discurso marca el ritmo de la obra. Y esa relación se analiza manejando tres conceptos:

  • Orden
  • Duración
  • Frecuencia

Orden: estructuras narrativas lineales y no lineales

El tiempo en el relato: orden y estructura

Estructura narrativa lineal 

Tienen una estructura lineal todas aquellas narraciones que cuentan los hechos en estricto orden cronológico. Es la primera estructura empleada en la historia porque es la más fácil de seguir. No solo para la autora a la hora de contarla, sino también para la lectora. Es más fácil comprender una historia que comienza en el principio, continúa por lo que pasa después y termina por el final. Como David Copperfield, Los misterios de Udolfo, o cualquier cuento de hadas clásico.

Los hechos de este tipo de historia van dando lugar unos a otros. Se concatenan. Unos son consecuencia directa de los otros.

Estructura narrativa no lineal

Hay muchas narraciones que no responden al esquema lógico y tradicional. Historias apasionantes que no cuentan los hechos tal como ocurrieron, sino que alteran ese orden para provocar un determinado efecto en la lectora. En ellas se rompe la temporalidad del relato. Esto puede hacerse de dos formas:

  • Mediante un flashback o analepsis: la autora da un salto al pasado para contarnos algo que ha sucedido antes del momento que está narrando. La estructura completa de La chica descalza en la colina de los arándanos, de Nieves Mories, juega con este tipo de saltos temporales al pasado.  

Se trata de un recurso narrativo para cambiar el ritmo de la narración, para crear suspense y, en los casos de falta de pericia, para suplir un planeamiento deficiente de la historia.

Contar las cosas con saltos temporales da a la historia una apariencia de puzle que es muy satisfactoria para un tipo determinado de lectora que prefiere formar parte del proceso creativo y no tanto que le den todo el proceso mascado.

Además, permite jugar con la anticipación y crear con mayor facilidad momentos de tensión para pinchar el globo después. 

  • Mediante un Flashforward o Prolepsis es decir, un salto hacia el futuro. La autora nos cuenta en un momento determinado, que puede ser el principio de la obra u otro momento, cuál será el desenlace. Y luego nos cuenta la historia como si nada.

Duración: aceleración y desaceleración

El tiempo en el relato: duración

Hay dos maneras de contar los hechos, o dos “marchas”, por usar un vocabulario automovilístico, que tiene mucho que ver con la velocidad:

  • Aceleracion: Un periodo largo de la historia se cuenta en muy pocas palabras, apenas en frases.  Ejemplo:

El año comenzó bien, tomaron las uvas en amor y compañía y el chocolate con churros del día de reyes vino seguido de hermosos regalos. Pero San Valentín vino de vacío, marzo se llevó los besos de buenas noches y el calor de agosto terminó de derretir un amor que había nacido para morir.

Aquí contamos ocho meses en cuatro líneas y media. El tiempo pasa muy rápido.

  • Desaceleración: se usa mucho texto para contar un acontecimiento de la historia que dura muy poco tiempo. Es algo así como narrar a cámara lenta.

Leocadia se llevó la mano al flequillo, separó los dedos, tomó aire con dificultad, como si algo le impidiera respirar adecuadamente, entornó los ojos, echó hacia atrás la cabeza y las yemas de sus dedos desaparecieron bajo su mata de cabello negro y rizado, dejando al descubierto una frente lisa tras la que se escondía la llave de mi felicidad. 

Yo esperaba, con el corazón en un puño. Porque el segundo que empleó en hacer todos esos movimientos, se me hizo tan largo como un turno doble en fin de semana ¿cuánto podía tardar una persona en decir sí o no? Siglos, estaba claro.

En el ejemplo no ha pasado nada. De hecho, se narran unos gestos que duran un segundo y que la lectora tardará al menos diez o quince en leer. 

  • En la escena el tiempo de la narración es el mismo que el tiempo del discurso. El ejemplo perfecto de escena es un diálogo, en el que los personajes que forman parte de la conversación hablan sin que haya acotaciones para explicar lo que piensan y no dicen o para subrayar sus gestos. Esto es lo que hace Gemma Files en Experimental Films:

—Tío, Wrob Barney no conoce a las amigas de mi madre.

—Bueno, pues… tal vez se haya enterado por internet. El telediario, por ejemplo. 

—¿Qué?¿Porque ahora soy famosa? Venga ya. «La excrítica de cine Lois Clarins se cae en el culo del mundo, Ontario» o también conocido como el día que no hubo noticias.

  • En el resumen, al contrario que en la elipsis, no se salta en el tiempo, no se omiten hechos, sino que se narran de una forma muy breve, sin detalles. Josefina Aldecoa lo hace en dos palabras en Historia de una maestra:

1935 fue un año gris. De un gris pesado, cargado de amenazas. 

Si tuviera que resumir lo que ese año significó para mí, lo haría lacónicamente: fue un año de tristeza y de miedo.

En este fragmento se resumen todo un año en dos emociones: tristeza y miedo. No podemos hablar de elipsis porque no hay dos referencias temporales diferentes, sino una descripción somera de un único intervalo de tiempo.

Frecuencia

Tiempo y frecuencia en el relato

La frecuencia se refiere al número de veces que un suceso se repite en una historia. 

  • Relato singulativo: Contar una vez lo que pasa una vez:  Ayer me acosté muy temprano porque no quería quedarme dormida esta mañana.
  • Relato anafórico: Contar x veces lo que sucede x veces. Los lunes madrugo, los martes madrugo, los miércoles madrugo…
  • Relato repetitivo: se cuenta varias veces lo que pasó solamente una vez. Sirve muy bien a obras con una trama en bucle. Barro es un relato repetitivo, la protagonista pasa tres veces por el mismo ritual hasta que comprende lo que sucede. 
  • Relato iterativo: Se cuenta una vez lo que pasa varias veces. Así se condensa la acción. Todas las veces que lees: cada mañana se levantaba y se daba una ducha, estás ante un relato iterativo.

En un solo folio, una escritora puede narrar el presente, trasladarse al pasado o al futuro y regresar al momento actual. Lo único que debe cuidar en ese proceso es a la lectora.

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