La noche de Halloween: slasher upside down

¿Qué es el slasher? Me preguntas mientras deslizas tu cuchillo jamonero por mi cuello adolescente

Pues es precisamente eso. El slasher es un subgénero del cine de terror. Uno de los menos refinados. Un subgénero nacido para el consumo adolescente y que nunca ha tenido grandes pretensiones. Al carecer de eso, de pretensiones, tampoco ha contado, históricamente, con grandes presupuestos.

En la mayoría de las ocasiones la acción de un slasher se articula alrededor de un hombre que asesina a adolescentes con un cuchillo u otro objeto cortante. La gloriosa excepción a esta regla es la villana de la primera entrega de Viernes 13: Pamela Voorhees, que cede el papel a su hijo a partir de la secuela. Desde entonces, Viernes 13 se convierte en el cortijo sangriento del conocido Jason, el asesino del machete y la máscara de hockey.

Pero para cuando la familia Voorhees hizo su aparición en el idílico campamento de verano Crystal Lake, los cimientos del slasher ya estaban plantados y bien plantados. Dejando de lado a las auténticas precursoras, como Psicosis, de Alfred Hitchcock, Peeping Tom de Michael Powell, Blood Feast, de Herschell Gordon Lewis o Dementia de Francis Ford Coppola (todas ellas anteriores a 1965), los años 70 nos dieron la bienvenida de la mano del primer icono mata jóvenes de la historia: Leatherface se convierte en el primer monstruo pop del cine slasher en La Matanza de Texas. A estas alturas los elementos del género ya pueden identificarse sin problema:

  • Asesino sicópata enmascarado, desfigurado o difícilmente reconocible
  • Grupo de adolescentes en un entorno aislado.
  • Sexo
  • Drogas
  • Grandes dosis de violencia
  • Al malo no lo matas ni aunque se quede quieto, vestido de amarillo fluor en un escenario de teatro negro y a ti te den una granada de mano con dispositivo personalizado de seguimiento
  • Los adultos no aparecen o lo hacen para poner de manifiesto su soberana estulticia e incompetencia
  • Chica que sobrevive al final y que, al menos en apariencia, vence al villano

La chica final, o el debate sobre la misoginia en el slasher

El tropo de la chica final o superviviente final es inherente al slasher. Esta chica final es el único personaje que llega vivo al final de la película y se enfrenta al asesino. Fue la escritora Carol J. Clover quien identificó el arquetipo en su libro Men, Women and Chain Saws: Gender in the Modern Horror Film (Hombres, mujeres y motosierras: género en el cine de terror moderno. Según observó la autora, la chica final es:

  • Virgen o virginal
  • No se droga o no bebe. En cualquier caso no comparte los vicios de sus amigos, que sí acaban muertos; es decir, castigados
  • En algunas ocasiones tiene un pasado en común con el asesino
  • Suele convertirse en el motor de la historia y por tanto muestra valores como inteligencia, cierta astucia y curiosidad
  • Muchas de ellas tienen nombres válidos para todos los géneros (Sidney, Billie, Teddy)

La premisa básica sobre la que trabaja Clover es que el fenómeno de identificación del público con los personajes no permanece estable durante toda la película. En principio, el público masculino, que es a quien se dirige este tipo de cine en un primer momento, se identifica con el asesino.

Pero el ser humano –o la mayoría de los miembros de la especie- quiere que ganen los buenos. Para que esto suceda, deben ganar las víctimas. Eso obliga a guionistas y directores a masculinizar a la chica final para que el espectador hombre se identifique con ella. Algo que se consigue mediante el freudiano método de privar al villano de su arma fálica y matarlo con ella.

¿Por qué no es esto mucho más sencillo? ¿Por qué la chica final no puede ser un chico final?

Según Clover, para que la película cumpla con su propósito, el superviviente final tiene que pasar por una auténtica crisis de horror extremo. Y no, los hombres no estaban (no creo que lo estén hoy, todavía) dispuestos a identificarse con un hombre en plena crisis de grito en falsete. Salvo si son estrellas del metal.

Clover apunta también a que algunos de los villanos del slasher tienen una masculinidad y virilidad un tanto dudosas, como Norman Bates en Psicosis o los torpérrimos Stu y Billy en Scream (una auténtica joya, por cierto).

De hecho, ved Scream, que explica mucho mejor que yo todo lo que está escrito en este artículo… Y además te ríes.

¿Misoginia, pues?

Llamadme loca, pero tenemos un género cinematográfico completo que cuenta las andaduras de un sicópata que se dedica a matar adolescentes en castigo por su promiscuidad y sus vicios malsanos. La única que se salva es una chica que lo pasa fatal y cuyas virtudes son que no practica sexo ni se droga. A lo mejor algo de misoginia hay en el género.

Sobre todo si damos un pequeño saltito hacia lo simbólico ¿Y si el psicópata representa a la sociedad? No de manera literal, claro. ¿O sí? Una sociedad adulta, dirigida por hombres blancos heterosexuales que pretende erradicar el vicio y la corrupción de los adolescentes pero que los practican ellos mismos.

¿Y si Michael Myers fuera el heteropatriarcado?

En todas estas películas los jóvenes desobedecen a sus padres en lugares aislados y son castigados por ello. Los adultos no aparecen en la historia.

Pensémoslo ¿quién quebranta las normas sociales impuestas por los adultos? Los adolescentes. Y ¿quién hace que las aguas vuelvan a su cauce en la cabeza del espectador? El villano, que solo sucumbe ante la mujer que se porta bien. Un poco como las madrastras en los cuentos de hadas, que venían a sustituir a las amantes madres desaparecidas porque los niños aprenden las moralejas de manera más efectiva si el carácter bondadoso de la madre no se ve comprometido.

Si el villano es la madrastra que viene a restablecer el equilibrio social, el villano representa a la sociedad. La sociedad representada por ese villano quiere mujeres obedientes, vírgenes, puras, perfectas. Y el slasher adolescente es el género que perpetua esas reglas entre los adolescentes a cambio de violencia y sexo gratuitos… por los que en realidad sí que hay que pagar un precio.

¿Y qué pinta Halloween en todo esto?

Halloween llega a las pantallas para inaugurar el género y darle el aspecto preciso que ya no perderá.

En 1978 John Carpenter coescribe con Debra Hill, que lo producirá, el guión de esta película independiente que dirigirá él mismo y que ha dado al mundo siete secuelas y lo que Wikipedia llama dos reinicios. Un total de diez películas, la mayoría francamente malas.

Argumento

En 1963 un niño de seis años coge la máscara de Haloween del novio de su hermana adolescente y la asesina con un cuchillo de cocina (a la hrmana, no a la máscara).

Quince años después se escapa del siquiátrico donde lo habían encerrado y vuelve a su ciudad natal. Se refugia en su antigua casa, ahora abandonada y medio en ruinas. Su siquiatra le sigue la pista para devolverle al sanatorio. Lo describe como “el mal en estado puro”.

Mientras tanto, Laurie Strode (Jamie Lee Curtis) se niega a ir a una fiesta de Halloween porque tiene que cuidar a un niño. Sus amigas intentan convencerla, pero ella es firme como una roca y bla bla bla. Firme como una roca, pero adolescente. Hay una escena en la que le preguntan por qué no tiene novio y, en fin, ella contesta que los chicos la ven demasiado inteligente. Sin comentarios.

Las canguros ven a Michael conduciendo un coche y una de ellas le dice algo que él interpresa como una grosería. Comienza a acecharlas.

Michael Myers va matando muy eficientemente a todas las chicas malas y a sus parejas.

El enfrentamiento entre Laurie y Michael Myers es antológico. Él parece sobrevivir a todo. In extremis, el doctor Loomis, el siquiatra de Myers, le dispara seis tiros y salva a Laurie. Sin embargo, al final de la película sabemos que el villano ha huido.

Influencia de Halloween en el cine slasher de los 80

Mi pasión por el horror nace en las horribles quemaduras del rostro de Robert Englund y en el guante de cuatro cuchillas que blande a lo largo de 8 películas, entre 1984 y 2010. Además de una serie de televisión, Las Pesadillas de Freddy, de la que sale una undécima película a partir del montaje de dos episodios dirigida por Tob Hopper, el padre de Leatherface; ya sabéis, el alegre muchacho de la motosierra. Vamos, que yo soy hija de Pesadilla en Elm Street.

Pero el hecho es que no habría Freddy si no hubiera habido Michael Myers. Como tampoco habría habido Viernes 13. Michael Myers es el hermano mayor de los dos sicópatas más conocidos del universo cinematográfico. Un hermano mayor que les lleva ventaja en eso de no justificar su comportamiento. Myers es malvado y punto.

  • Carpenter nos da un mundo adulto ausente que Craven convierte en directamente culpable (los padres de los adolescentes de Elm Street condenan a sus hijos por ejecutarsumariamente a un violadore de niños).
  • Carpenter nos da una chica final que Craven repite hasta la saciedad en todas sus películas (También en Scream, una sátira autorreferencial de una genialidad deliciosa. Sí, insisto en que la veáis).
  • Carpenter pone en manos de su villano un cuchillo de cocina que Freddy actualiza y multiplica por cuatro
  • Carpenter nos da a un villano que mata sin más motivo que matar. Un villano silencioso que emplea el silencio como Freddy las mentiras y los chistes obscenos, para sacar de quicio al espectador y a sus víctimas.
  • Carpenter institucionaliza y da vigor al castigador de vicios que conmuta la pena a las vírgenes puras.

Con Michael Myers el cine de terror comenzó una época dorada que continuó hasta bien entrados los años 90 y que todavía da coletazos.

Sagas slasher deudoras de Halloween

Sin ser demasiado exhaustivos, podemos sacar una lista cumplidita de películas y sagas slasher más o menos fieles al género y a sus premisas originales:

  1. Viernes 13
  2. Pesadilla en Elm Street
  3. Scream
  4. Cabin Fever
  5. Sé lo que hicisteis el último verano
  6. Destino final
  7. Jeepers Creepers
  8. Posesión Infernal
  9. Death Proof
  10. Muñeco diabólico

Y entonces llega 2018 y, cuando ya nadie daba un duro por un género que ya no genera más que alguna película suelta de vez en cuando, aparece:

La noche de Halloween 2018– A partir de aquí, si no has visto la película, quizá quieras dejar de leer

Seamos sinceros, el slasher no es tragedia shakesperiana. No se le exige a una película de truculentos asesinatos en serie que plantee tremendas reflexiones filosóficas. Siendo justos, ni siquiera se le exige una gran inversión en recursos técnicos. Los apasionados del género pedimos una ejecución correcta, cierta tensión e imaginación en las muertes. Dame, sangre, sí, pero dámela con creatividad.

Así que cuando ayer entré en el cine no pedía más que eso. Sobre todo porque, además, yo no soy #teamMyers, sino #teamKrueger.

La noche de Halloween 2018 es deudora de la película original y del remake de Rob Zombie, que emplea una buena cantidad de metraje en contarnos la vida de Michael Myers una vez ingresado en una institución siquiátrica. Lo es en lo que respecta al personaje del siquiatra (uno de los puntos más flojos de esta entrega, en realidad) y en cuanto al carácter del villano.

Pero empecemos por el principio:

Resumen de la trama

La noche de Halloween empieza con un par de periodistas de investigación que quieren comprender la mente de Myers y que lo visitan en el centro siquiátrico en el que está recluido. Allí conocen al doctor que lo ha tratado todos estos años y que lamenta profundamente que vayan a trasladarlo a un centro mucho peor.

Los reporteros enseñan a Michael su máscara para hacerle reaccionar, pero no reacciona.

Más tarde visitan a Laurie, que vive en una casa reconvertida en fortaleza. Aquí se pronuncia una de las frases más importantes de la película. La cuestión es que los periodistas le dicen que quieren contar la historia desde otra perspectiva porque, bueno, Laurie no es una mujer buena ¿sabéis? Se ha divorciado dos veces y servicios sociales la declaró no apta para ser madre. Entonces ella les dice que Myers mató a un montón de adolescentes pero a la que hay que revisar es a ella porque se ha divorciado. Quedaos con esta frase.

Laurie y su hija Karen se llevan mal porque Laurie se ha pasado la vida entrenándola para cuando Myers saliera y fuera a buscarlas, pero la hija cree que todo es fruto de un trauma y que eso no va a pasar nunca. Por eso no la llama para celebrar los éxitos académicos de la nieta. Drama familiar y tensión generacional como contexto.

Baile de instituto como homenaje y excusa.

Myers se escapa durante el traslado, se hace con su equipo de matar, mata. Llega a la casa fortificada y allí muere a manos de Laurie y de su hija. La película termina con una foto fija de la nieta sujetando el cuchillo ensangrentado del asesino. Quedaos con esto también.

Michael Myers

Michael Myers es una maquina de matar. No se hace ninguna concesión a su pasado como miembro jovencísimo de una familia desestructurada. Myers mata y no sabemos por qué. Esa es la constante más perturbadora del personaje en sí y, desde mi punto de vista, un gran acierto.

El mal existe. Las personas que escriben historias de terror tienen que aprender de una buena vez que el mal existe. Y eso es lo que deben darle al público. Porque si no, no hay miedo. Puede que el bien gane, pero para eso debe existir el mal. Explicar los motivos para que el mal exista, como si su existencia se derivara de una perversión corregible del bien es, desde mi punto de vista, un error.

Aislado o no, sicópata o no, Michael ha evolucionado durante los últimos cuarenta años, desde que lo encerraron. Es consciente de su propio envejecimiento y de cómo las cosas han cambiado. Además, sabemos que aunque todo lo que no es él carece de importancia, el malvado asesino no es ajeno a ello. Por eso cuando los reporteros lo visitan en el siquiátrico toma buena nota de quienes son y de lo que llevan consigo.

Es verdad que en la película todo sucede por casualidad. Las personas están donde están por avatares del destino. No hay muchas posibilidades de que Myers supiera dónde iban a repostar los reporteros, ni de que los persiguiera para matarlos. Gente, esto es el slasher. Y yo, amiga como soy de todo lo que tiene consistencia, no se la pido a este género porque creo que precisamente esa inconsistencia es una de sus características. Así que no criticaré esas casualidades. Aunque podrían salvarse, claro que si. Y si los guionistas las hubieran salvado, la película sería mucho mejor. Pero de todos modos, estamos hablando de cómo La noche de Halloween le da la vuelta a un género mediocre. Tengamos eso en cuenta.

 

¿Por qué digo que Myers ha evolucionado?: Los asesinatos de La noche de Halloween

Sí, Michael Myers ya no mata solo a adolescentes. Se separa de las convenciones del género y asesina:

  1. A los reporteros de investigación que tienen su máscara. Ambos han aparecido en el siquiátrico, se la han enseñado y se han presentado ante el espectador como personajes con un interés genuino en el asesino. Quedaos con esto, porque es importante para luego. La prensa le devuelve su personalidad.
  2. A una mujer con rulos, un ama de casa que está en la cocina, en bata, con las puertas abiertas. La mata para conseguir el cuchillo de cocina por el que le conocemos. Habrá quien diga que un ama de casa le devuelve esa masculinidad fálica que le sirve para asesinar.
  3. A una mujer aleatoria, una madre, creemos, que espera que su hijo regrese a casa de una fiesta. La aleatoriedad es importante para que veamos que este hombre es, sencillamente, malvado.
  4. A una canguro y su pareja. Ambos se están enrollando en el sofá y además hay marihuana implicada. Precioso homenaje a la primera parte. No olvidemos que Michael Myers sale con 21 años del siquiátrico la primera vez y mata a las canguros amigas de Laurie. No mata en cambio al niño que están cuidando. Y que es, con toda probabilidad, el niño más listo y menos repelente de la historia del cine (con permiso de grandes personajes, como Knut, de Aliens).
  5. Al amigo gracioso de la nieta de Laurie. Un amigo gracioso que se ha emborrachado y que trata de besarla aprovechando una situación de fragilidad emocional. Un amigo gracioso y baboso que se excusa como un ¿amigo baboso y nada gracioso? Pues eso.

A partir de ese momento, la película se centra en lo que importa, con unos minutos centrales dominados por personajes masculinos que…

¿Qué pasa con los hombres en esta película?

¿Recordáis lo que decía más arriba de los adultos y el slasher? Sí, lo de que están ahí para demostrar su absoluta incompetencia. Pues bien, ese es el papel de la mayoría, sino todos, los hombres de esta película.

  • El sheriff que sobrevive pero es asesinado por el siquiatra loco
  • El siquiatra loco que tras 40 años de tratamiento todavía cree que hay algo que prender de Myers
  • El jefe del sheriff, que hace el mismo papel que el alcalde de Tiburón pero mucho más corto; a saber, solo sale para decir que no se va a cancelar Halloween.
  • El padre de la nieta de Laurie, que sabe no sé qué arte marcial y que muere como un pelele
  • Los policías que están vigilando la entrada a la supuesta fortaleza de Laurie
  • El novio de la nieta, un imbécil con problemas de fidelidad y de agresividad y que se queda compuesto y sin novia
  • El amigo gracioso ya comentado.
  • Y me olvidaba al padre cazador que no deja que su hijo vaya a danza.

El único personaje masculino nteligente y razonablemente sensato pertenece a una nueva generación. No tiene más allá de nueve o diez años.

Hay un punto medio en la cinta en el que solo salen hombres. Todos ellos se portan como auténticos imbéciles y, básicamente, mueren. En esas escenas, la nieta de Laurie grita, miente, corre y no sabe muy bien lo qué está pasando excepto que no puede fiarse de nadie salvo de su abuela.

Esto nos deja con una cinta en la que hay tres personajes femeninos enfrentándose a un asesino masculino que, recordemos, representa a la sociedad y a sus normas.

Las tres generaciones de mujeres y la chica final

Myers llega a la casa de la abuela Laurie, donde la policía ha llevado a la hija y a su marido. El marido ha muerto.

Myers consigue llegar a Laurie, consigue estrangularla y casi matarla. Hay una secuencia completa de Laurie caminando por la casa y accionando partes de una trampa que lleva cuarenta años construyendo. A nivel metafórico esta casa es maravillosa.

Porque las casas representan, incluso en los test de sicología, a la propia persona. Así que tenemos a Laurie que ha enseñado a su hija, cuya custodia obtuvo aunque luego se la quitaran, a defenderse del villano-patriarcado. De hecho, el propio patriarcado disfrazado de servicios sociales le ha quitado a su hija por enseñarla a defenderse contra él. Y la hija se ha puesto de parte de la sociedad. La hija creía que su madre estaba loca. Pero, amigos, a pesar de eso, aprendió lo que su madre tenía que enseñarle.

Laurie Strode

Laurie ha pasado cuarenta años construyéndose como mujer, haciéndose fuerte, recogiendo y usando recursos nuevos que no estaban a su alcance antes. Parte de ellos puramente físicos: ahora sabe disparar, como los hombres. Pero también ha cambiado a nivel interno. Tiene miedo porque sería ridículo no tenerlo, pero sabe afrontarlo. Ha puesto barreras reales en las habitaciones para acorralar al villano que viene a matarla porque no la destruyó cuarenta años antes. O, mejor, porque ella no aceptó los términos de su salvación. No ha seguido siendo una chica obediente. Se ha convertido en una mujer poderos, independiente.

Además es una mujer responsable y consciente de su obligación como madre: Si he educado a mi hija de tal manera que me odie pero he conseguido que sea capaz de defenderse, entonces me doy por satisfecha, le dice a su nieta. No es una cita, pero la frase es bastante aproximada.

Es también una auténtica maravilla como cambian las tornas entre Myers y Laurie.

Si en la primera película de la saga Michael es más difícil de matar que una plaga de pulgones y sobrevive a que le vacien un cargador completo, eso cambia en esta última cinta. Ahora es Laurie quien se ha vuelto prácticamente inmortal.

  • La estrangulan
  • Están a punto de romperle el cuello
  • Le golpean la cabeza contra una superficie dura y no le sale ni sangre
  • La tiran por el balcón

Pero sobrevive. Y no solo sobrevive, sino que gana la partida.

No nos engañemos, Myers también sobrevive a balazos varios, un atropello y algunos golpes. Es un villano de slasher nacido en los años ochenta y el que tuvo, retuvo ¿no?

Quizá sea ese el problema: el villano, el patriarcado, no cambia.

¿Qué ocurre pues, con las mujeres?

A nivel literal, las tres generaciones de mujeres, la abuela, la hija y la nieta (como en caperucita), matan al lobo.

A nivel simbólico es donde esta película es fantástica.

  • La abuela, una Jamie Lee Curtis que es la auténtica protagonista de la historia tal y como resulta evidente por el cartel, ha conseguido convertirse en una mujer fuerte que toma sus propias decisiones. Eso le ha costado sus relaciones sociales y de hecho vive tan aislada como el asesino.
  • La hija, que se ha separado de su madre porque no entendía su manera de pensar ni su radicalidad, no puede evitar saber lo que sabe. Así que colabora con su madre para atraparlo y matarlo.
  • La nieta, caperucita, una chica final de libro, inteligente y virginal como mandan los cánones, ni siquiera se enfrenta al villano pero se convierte en su heredera.

Hay una escena en la que Myers está con la nieta en un coche y no le hace ningún caso. En cambio, mata al siquiatra loco. Es genial. Myers, el villano-patriarcado, está tan roto por dentro, tan enfermo, que mata a sus adalides. Pasa de la chica final. Pasa tanto de ella que no la persigue. En cambio va a por su víctima primigenia: la mujer fuerte. Porque si Laurie se salva en la primera película gracias a su pureza, en esta se condena por su fortaleza adquirida.

Pero la mujer fuerte en 2018 no está sola. Su hija, la siguiente generación, no la comprende pero ha aprendido de ella. Y su nieta ha crecido en un entorno protegido, pero es lista y también colabora. Porque auqnue ella se haya librado, sabe que el villano no es bueno. No en vano Myers ha matado a su amigo y al único hombre que trataba de ayudarlo.

Las tres mujeres trabajan juntas para acorralar y matar a Myers en una trampa que coronan con fuego, el elemento purificador por excelencia. Después se marchan. Un camión las recoge y ellas viajan en la parte trasera. La nieta lleva el cuchillo en la mano. La cámara se detiene en el cuchillo. La música subraya el significado de esa imagen.

Y es que, en esta película, el patriarcado ha caído. Y es una mujer muy joven la que porta sus armas.

Pero esto es cine, no es la vida

No se me escapa que estamos hablando de una película entre un millón. Que esto se haya rodado de tal manera que permita esta interpretación no quiere decir que las mujeres hayamos ganado ninguna guerra. Solo apunta que se está produciendo un cambio en la visión de quienes cuentan las historias.

Eso es, precisamente, lo bueno del asunto. Las historias ayudan a conformar la sociedad, a transformarla. Y esta historia en concreto, tenga la repercusión que tenga, forma parte del corpus de nuevas visiones sobre el mundo.

Los hombres han dejado de ser, aunque parcialmente, aunque de forma marginal, los dueños todopoderosos de los destinos de todas las mujeres. Hoy, en 2018, se puede hacer una película en la que Jamie Lee Curtis sea una mujer con personalidad que trabaje mano a mano con otras mujeres para derrotar a un villano.

Incluso sin la carga simbólica que yo veo detrás, este hecho es digno de tenerse en cuenta. Sobre todo porque no se ha pervertido ninguna regla del género. Las víctimas son adultas, el villano muere a manos de la chica final, hay sangre. Todo está ahí, como siempre. Y sin embargo es diferente.

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