Las madres en la literatura: las 12 etapas del viaje de la madre-heroína

Démosle una vuelta al día de la madre. Hablemos de madres en la literatura, esos personajes creados en su mayoría por hombres, por hijos, porque del hombre es el mundo literario. Los hombres han sido quienes hasta ahora lo escribían todo y la experiencia de la maternidad no iba a quedar fuera de su reino porque nada existe más allá del dominio masculino.

Por eso, cuando me he puesto a buscar personajes relacionados con el rol de madre en literatura, sobre todo de género, me he encontrado con que, bueno, TODOS los personajes femeninos son madres de una u otra manera. Madres futuribles, madres frustradas, madres asesinas, madres tóxicas o buenas madres. Madres pasadas, madres futuras, madres que perdieron a sus hijas, deseadas madres para los hijos de ellos. Madres al fin o mujeres incompletas.

El sentido de este artículo es doble.

  1. Mostrar cómo se ha tratado la maternidad en ficción hasta ahora a sabiendas de que #notallmadres; es decir, sé que hay muchas mujeres que han escrito sobre madres y sé que hay hombres que han escrito sobre madres de manera diferente. Hablaremos de Daenerys Targaryen, un viaje de la madre-heroína digno de mención. Sin embargo, esto no elimina la corriente mayoritaria que representa a las madres en la literatura de una forma poco menos que única
  2. Mostrar todas las posibilidades que quedan por explorar a nivel literario. Hablaré de ello al final, pero pensad que, hasta el momento, la maternidad en la ficción ha sido cosa de mujeres cis capaces de gestar. Sin embargo, las mujeres trans son madres, las madres lesbianas no gestantes son madres, las madres adoptivas son madres, las abuelas en ocasiones son madres, los hombres trans gestantes ¿serían padres? Asociar la maternidad a una identidad de género determinada y a un parentesco determinado supone reducir la experiencia de la maternidad. Algo que perjudica a mujeres, a hombres, a personas nb y a la progenie de todas ellas.

Para conseguir ambos objetivos haré un recorrido muy, muy rápido por las ocho etapas del viaje de la madre-heroína. Porque si no es rápido, puede que os salgan raíces mientras leéis. Si os interesa el tema, este mes publicaré un ensayo un poco más largo en Patreon. Para leerlo completo y acceder a una gran cantidad de contenido exclusivo, haceos mecenas aquí.

En segundo lugar, para abrir las posibilidades a nuevas formas de maternidad en la ficción que den visibilidad a nuevas formas de maternidad que ya existen en la vida real, hablaré un poco del arquetipo de Deméter.

El viaje de la madre-heroína o cómo se han venido tratando las madres en la literatura

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1.- La madre en su mundo ordinario

Podríamos creer que hay mujeres que son madres y otras que no, pero la maternidad planea sobre la mayoría de los personajes femeninos de ficción igual que planea sobre las mujeres en el mundo real.

Así que, antes de la concepción y dependiendo del género literario, se espera de los personajes femeninos que al menos hayan pensado sobre si tendrán hijos o no.

Sansa Stark, al principio de JdT desea completar su destino como mujer casándose con un caballero y dándole hijos. Arya, su hermana, tiene que decir en voz alta que ese no es el futuro que desea para ella misma. Solo estableciendo que no quiere eso se le da permiso para no quererlo.

Hablamos de una saga de fantasía épica con sus convenciones de género, claro. Solo que la maternidad no es una convención de género, sino una convención social global. Por eso los hombres no empiezan sus arcos argumentales estableciendo si son del tipo que tendrá hijos o del tipo que no. La mujer en ficción tiene que decir en voz alta si se encuentra en el grupo de las madres futuribles o no.

 

2 y 3. – La Concepción: llamada a la aventura y rechazo de la llamada (aborto)

El momento en el que quedan embarazadas determina en gran medida el papel de las madres en la literatura.

  1. Hay mujeres que deciden tener hijos dentro del matrimonio. Por lo general, estás son tratadas, hasta cierto punto como vírgenes marías. Catelyn Stark cumple este rol respecto de sus hijos y el de madrastra respecto a Jon Nieve. No conoce el sexo (lo conoce fuera de plano, lo que es como no conocerlo, porque lo que no se menciona no existe) y además, en la serie, viste de azul. Es una mujer con carácter pero sobre todo es una madre. Igual que María, una vez muerto el hijo al que se liga su aparición, la mujer desaparece.
  2. Las mujeres que conciben dentro de un matrimonio al que son forzadas o que conciben de manera forzada dentro de un matrimonio al que consienten son también representaciones de la Virgen María, aunque con una carga dramática mayor. La protagonista de El color púrpura, de Alice Walker, es madre de esta manera. Claro, que Alice Walker es una mujer y emplea el concepto de virginidad de una forma reivindicativa e incluso revolucionaria. El papel de las madres en la literatura es radicalmente diferente si las autoras son mujeres.
  3. Las madres como Cersei, que conciben rompiendo las reglas del decoro y la moralidad (sus hijos son de su amante, que a su vez es su hermano), son castigadas. No pueden ser buenas madres puesto que no son buenas personas. Una mujer incestuosa o qué disfruté del sexo, o ambiciosa o que atesore características masculinas no suele salir impune de ello. Cersei tiene un primogénito detestable, al que pierde. Y no solo eso, sino que sus otros dos hijos, frutos del pecado, también mueren. La sombra que pare Melisandre es un engendro concebido de manera oscura y que servirá a fines oscuros.
  4. Una mujer puede ser violada y quedar embarazada. Amanda Krueger era una novicia que fue violada por cien dementes. Su hijo, Freddy Krueger, fue el resultado de esa violación. En Pesadilla en Elm Street IV, ella es la única que puede detener al asesino. Tal y como yo lo veo, es una especie de juego macabro: tú lo has hecho, tú limpias lo que el niño manche. La oposición bien-mal tiende a exigir que una violación resulte en la pareja bebé malo/madre buena o bebé bueno/madre mala. Donde la madre es malvada por no querer al inocente.
  5. Hay casos intermedios, como el de las madres que se cometen el error de ser felices con sus maridos y parejas sexuales. Estas tienden a perder a sus hijos. La madre de Arturo pierde al niño a manos de Merlín, Daenerys Targaryen pierde al semental que montará el mundo en un acuerdo tramposo. La evolución de este personaje y su maternidad son, cuanto menos, curiosos: Daenerys aparece por primera vez en la serie como niña maltratada y hermana en venta. Se enamora del Khal al que la venden, lo conquista y queda embarazada. Voy a repetir esta frase: lo conquista y queda embarazada.
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Imagen de Jane Lund para Pixabay

Pero una bruja que no cree en los valores de los dothraki conquistadores le arrebata marido e hijo mediante un hechizo. Daenerys, a quien el descubrimiento del sexo y de su propio valor, superior al de su hermano, le han conferido mayor autoestima, decide matar a la hechicera y se somete por voluntad propia a un rito clásico de purificación por el fuego y renacimiento.

La chica sale del Fuego convertida en Daenerys de la Tormenta y madre de dragones. Madre virginal donde las haya. No olvidemos que ella no ha puesto esos huevos. Los ha recibido de un hombre que, al modo del Arcángel Gabriel, se los ha dado como ofrenda, como regalo de bodas.

En el caso de Daenerys, hay una doble salida del mundo ordinario: primero se queda embarazada a la manera “normal”, pero la naturaleza real de su maternidad se revela después a través del fuego. Seguiremos hablando de Daenerys en la segunda parte del artículo.

4.- Descubrimiento del embarazo: el encuentro con el mentor

El momento en el que las madres en la literatura descubren que están embarazadas se corresponde con el primer punto de giro de la historia, ese en el que el héroe sale de casa y ya no puede volver atrás.

Pero tened en cuenta que hablamos de madres. Las mujeres que rechazan la aventura y abortan no son madres, son asesinas. De hecho, las madres que abortan pueden continuar con su viaje de la madre-heroína y sufrir por su decisión hasta que se les da la oportunidad de ser madres de nuevo. O pueden mantenerse firmes en su decisión y rechazar la aventura de ser madre.

No se me ocurren ahora muchos personajes que hayan continuado con sus vidas de ficción después de un aborto voluntario, pero tenéis los comentarios para enriquecer el artículo con vuestras aportaciones.

Así que la mujer descubre que esta embarazada y reacciona. Aunque su reacción no es la más importante en casi ninguna ocasión.

Lo que determina que el embarazo sea un acontecimiento a celebrar o no es la reacción del entorno: del padre de la criatura y del padre y la madre de la embarazada sobre todo. La reacción del entorno puede funcionar como maldición o bendición para madre y criatura. Tanto en sentido literal como en sentido metafórico.

Las madres que se alegran porque están embarazadas siempre protagonizan una escena de tensión que consiste en dar la noticia: ¿Querrá Khal Drogo ser padre? ¿Cómo se lo tomará Robb Stark?

En los casos de embarazos fuera del matrimonio el abandono por parte del padre siempre es un tema que sobrevuela la ficción. Las madres y padres que echan a sus hijas de sus casas son otro tema recurrente. Cabe aclarar que no las echan porque vayan a ser madres, sino porque quedará en evidencia que han practicado sexo, algo completamente prohibido para las mujeres.

Y es que la literatura y el cine tienen la virtud de mostrar qué tabús siguen vigentes sin mencionar siquiera los eufemismos.

6 y 7. – Gestación: primer umbral y pruebas

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Concepto de @orioljardi

No hay muchas obras de ficción que traten la gestación. El embarazo es un proceso íntimo mediante el cual las mujeres tienden a convertirse en vasijas y desaparecer. En La Semilla del diablo, sin embargo, se emplea el terror para explorar una faceta muy interesante del embarazo: sus efectos sobre la mente de la madre.

El embarazo en sí mismo, aunque se ha comercializado como una experiencia cuasi religiosa, es el marco perfecto para escribir una historia de terror. Durante nueve meses el cuerpo alberga un ser extraño cuya única diferencia con un parasito es puramente subjetiva. El cuerpo cambia, se deforma, se hincha, se tensa. Hasta que uno de los dos, la madre o el hijo, no pueden más y llega el momento sangriento por excelencia.

Otro tipo de historias que tiene como protagonistas a las madres en la literatura es el resultado de la gestación. La madre alberga miedos acerca de lo que está gestando, como en La Mosca. La protagonista de la mencionada Pesadilla en Elm Street IV tiene miedo por lo que le pueda estar pasando a su feto (su feto está soñando, lo que vine a ser dejarle una puerta abierta a Freddy Krueger, asesino en serie y adalid de la creatividad macabra).

Si el embarazo no fuera un tema tabú, si las madres no se considerasen hoy en día como elementos sagrados, las historias de terror sobre el embarazo serían más. Y estoy segura de que resultarían espeluznantes.

8.- El clímax: el parto

La mayor parte de los autores y muchas autoras no hablan del parto. Se empeñan en hacer sufrir a las mujeres mediante violaciones y agresiones sexuales sin pararse a pensar que, para tener un hijo, hay que convertir un orificio de pocos centímetros en uno mucho más grande.

Las mujeres hemos muerto de parto durante siglos y de vez en cuando seguimos muriendo. Yo sigo viva de casualidad porque a mi madre se la olvidaron en un pasillo del hospital. Me han contado docenas de veces que nací azul.

Las madres del cine y la televisión paren con la cara. Chillan mucho, aparecen congestionadas, aprietan muy fuerte las manos de quienes se encuentren con ellas durante el mal trago. Las madres en la literatura tienden a parir a puerta cerrada y también gritan. Y sudan. Parir es una de las pocas circunstancias en que a las mujeres se les permite sudar.

Tampoco conozco muchas obras en las que se explore el parto. Personalmente he escrito dos. Una de ellas es el relato Viven, publicado en el número 11 de la revista Supersónic, un especial dedicado a Ursula K Leguin en el que me pareció buena idea hablar de algo que afecta tan directamente a una mayoría de mujeres. Otro relato, Deabru, actualmente en revisión, habla de un parto y de un aborto. Pero no es un secreto que la maternidad y las relaciones maternofiliales son uno de los temas recurrentes en todo lo que escribo.

9.- La recompensa: el bebé

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Imagen de Andrew Martin para Pixabay

La madre-heroína pasa por todo el periplo anterior para conseguir su recompensa. En los casos menos traumáticos, el personaje femenino de ficción se ha casado o encontrado una pareja estable, ha buscado quedarse embarazada, ha pasado por la gestación y por los dolores del parto y consigue una preciosa hija.

Aquí debería terminar el asunto, pero de hecho no es así.

Las obras de ficción que tratan sobre la relación de madres e hijas (sobre la maternidad en sí no conozco muchas), parten de este punto. El conflicto se establece a partir del momento en que nace la hija. Es entonces cuando las semillas que se plantaron en el momento de la concepción, cuando se comunicó el embarazo y durante la gestación florecen. Para bien o para mal.

Una vez que la madre pare, ya no vuelve a ser una mujer. Siempre será madre. Incluso si sus hijos mueren o la abandonan. Una madre ya nunca puede dejar de serlo.

Lo que sí puede hacer es convertirse en un tipo u otro de madre.

  1. Una madre buena, nutritiva, que da apoyo y cariño. Si es así, por lo general desaparece de la trama de la novela. A ser posible muriendo, para que la hija protagonista o el marido protagonista queden traumatizados. Ser una buena madre es prácticamente sinónimo de dejar de existir.
  2. Una madre malvada, tóxica, egoísta, puede durar más tiempo en escena. Puede convertirse en un obstáculo que la protagonista deba vencer. También es posible, como en el caso de Medea, que se presente a una mujer como una mala madre solo para hacer ver a la lectora que se encuentra ante el peor tipo posible de persona.

10.- El camino de regreso: la crianza

Como decía hace un momento, las madres pueden ser buenas o malas. Y su función en una novela o en cualquier otra trama de ficción es la de ser un obstáculo o un elemento de ayuda para la protagonista.

El problema es que esta lucha suele verse desde el punto de vista de las hijas o de los maridos. Pocas veces se ha contado la crianza desde el punto de vista de las madres.

Desde mi faceta de autora, lo que reflejo es mi experiencia como hija. El mío es un caso particular (todos lo son). No tengo ningún deseo o intención de ser madre y sospecho que pasará algún tiempo hasta que ponga mi empatía a trabajar en este sentido.

Pero sería muy interesante leer Barro, por ejemplo, desde el punto de la vista de la madre de Alicia.

11.- La resurrección: los pájaros vuelan del nido

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Imagen de Nanoom para Pixabay

Ya decía hace un momento que las madres no dejan de serlo cuando sus hijas desaparecen. Una madre lo es siempre. Y por eso existen novelas que muestran la vida de las madres en la literatura que pierden a sus hijos. Si estos mueren, la muerte suele ser el agujero negro central alrededor del que gira la novela. Si los hijos se van de casa, la fuente de discusiones y dramas no dejará de manar.

Cabría esperar que las madres se decidieran a vivir sus vidas cuando por fin pueden dejar de lado su labor de cuidadoras. La literatura nos enseña que no es así.

Mi humilde opinión es que la literatura debe comenzar a mostrar otro tipo de madres mayores. Igual que debe mostrar “mujeres que hagan cosas”. Algo que ya sucede y que, por lo visto, levanta ampollas.

12.- El retorno con el elixir

El viaje del héroe termina de una manera heroica, al menos en su versión primigenia. El héroe vuelve a su casa con aquello que hacía falta para revertir una situación negativa. En pocas palabras: salva el mundo.

¿A quien salva una madre? ¿Cómo cambia el mundo una madre?

No deja de ser curioso que el viaje de la madre-heroína no tenga recompensa real. La mujer, sobre quien la maternidad revolotea desde el momento mismo de su nacimiento, cumple su destino siendo madre, pero eso no tiene más recompensa que la del deber cumplido.

De hecho, pocos viajes del héroe hay más conservadores que el viaje de la madre.heroína, que solo sirve para perpetuar el status quo.

Las madres en la literatura del futuro

Las madres en la literatura
Imagen de Gerhard Janson en Pixabay

Uno de los grandes problemas a los que nos enfrentamos como escritoras es, siempre, la creación de nuevos temas, de historias nuevas o que, al menos, no suenen a viejo.

¿Cómo escribir madres nuevas?

Cuando escribía el borrador de este artículo consulté con dos personas acerca de la posible transfobia de dos párrafos que han desaparecido. No porque su contenido fuera efectivamente transfobo, sino porque la conversación con una de ellas me abrió los ojos acerca de un modo diferente de enfocar este tema.

El problema es la palabra maternidad.

Si atendemos únicamente al uso que se le ha venido dando, nos encontramos con que solo las mujeres pueden ser madres. Pero ese no es el único problema. Ni siquiera es el más grave.

Lo que me preocupa de verdad es que parece existir una única forma positiva de maternidad. Y, tal y como está definida, implica una cierta posesión de la criatura.

Para escribir nuevas madres hay que reescribir la maternidad.

Si desligamos la maternidad del género, cualquiera podrá ser madre. Cualquier persona podrá tener una relación afectiva sana con una criatura que haya gestado y parido o no.

Las madres lesbianas no gestantes, las mujeres trans y los hombres trans gestantes podrán ser madres.

Los hombres cis heterosexuales podrán ser madres.

Y eso nos enriquecerá a todos.

Deméter: el arquetipo de madre y todas sus posibilidades narrativas

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Imagen de Bernhard Stärck en Pixabay

El libro de psicología y autoayuda de J. Shinoda Bolen Las diosas de cada mujer, ofrece un pequeño catálogo de arquetipos femeninos basados en diosas de la mitología griega.

No lo aconsejo para autoayudarse, pero es muy útil para desarrollar fichas de personaje. Igual que lo son los signos del zodiaco y las cartas del tarot. Cualquier elemento que nos ayude a trabajar a nivel de arquetipo, nos ayuda a diseñar buenos personajes.

Shinoda Bolen describe siete arquetipos diferentes; entre ellos el de madre, encarnada en la diosa griega Deméter, madre de Perséfone y diosa de las cosechas, a la que se representa, bien sosteniendo una espiga de trigo, de pie; o bien sentada y cubierta con un manto azul. Hola, Virgen María, Madre de Dios, parece que le has copiado el outfit a alguien.

Lo bueno de tener un libro de 415 páginas en el que se desgranan todos los puntos de vista desde los que se puede considerar a una madre, es que te das cuenta de cuáles de ellos se han tratado hasta el infinito y cuáles no han tenido la relevancia debida en ficción.

Dos madres peculiares Daenerys Targaryen y Ellen Ripley

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Imagen de Artie_Navarre en Pixabay

Daenerys Targaryen, madre de dragones

Recordemos lo que decía al principio del artículo:

Daenerys aparece por primera vez en la serie como una niña maltratada y hermana en venta. Se enamora del khal al que la venden, lo conquista y queda embarazada. Voy a repetir esta frase: lo conquista y queda embarazada.

Pero una bruja que no cree en los valores de los dothraki conquistadores le arrebata marido e hijo mediante un hechizo. Daenerys, a quien el descubrimiento del sexo y de su propio valor, superior al de su hermano, le han conferido mayor autoestima, decide matar a la hechicera y se somete por voluntad propia a un rito clásico de Purificación por el fuego y renacimiento.

La chica sale del Fuego convertida en Daenerys de la Tormenta y madre de dragones. Madre virginal donde las haya. No olvidemos que ella no ha puesto esos huevos. Los ha recibido de un hombre que, al modo del Arcángel Gabriel, se los ha dado como ofrenda, como regalo de bodas.

En el caso de Daenerys, hay una doble salida del mundo ordinario: primero se queda embarazada a la manera “normal”, pero la naturaleza real de su maternidad se revela después a través del fuego.

A partir de entonces, Daenerys sabe que esos dragones la llevarán a cumplir su destino real, que es recuperar el trono de hierro. Los dragones son sus hijos y ella va a utilizarlos en su beneficio, como cualquier madre tóxica manipuladora. Con la diferencia de que los deja crecer libres y según su naturaleza. Excepto durante una temporada en la que los encierra. Solo para darse cuenta de que ha cometido un error y que la relación madre-hijos salga fortalecida.

Pocas madres apoyan a sus hijos del modo en que lo hace Daenerys. Es cierto que no hablamos de niños traviesos ni de adolescentes conflictivos, sino de dragones que comen seres humanos. Ellos son así y nutrir sus necesidades naturales de una manera sana, sin constreñirlos, los convierte en el instrumento perfecto para una mujer conquistadora. Son sus hijos, pero también sus armas. Y se establece entre ellos una relación simbiótica y un equilibrio que, de romperse, terminaría con toda probabilidad con la vida de la madre (y con una masacre a gran escala).

Ellen Ripley, la mujer a la que no pudieron dejar tranquila

Me fastidia sobremanera que Aliens, el regreso, inventara una hija para Ellen Ripley. En El octavo pasajero Ripley se come la película, es un personaje femenino diferente, la primera mujer con vigor, con cerebro, con valor, con todas esas características que hasta entonces solo tenían los hombres.

Pero en la segunda película de la serie, los guionistas solo encontraron un motivo posible para que Ripley se involucrase emocionalmente con la trama: la niña Nut. Convertida en madre coraje, todo lo que la teniente (degradada) haga estará justificado. Y me fastidia porque todo lo que estaba bien hecho en la primera película, como la lucha por la supervivencia, algo que hombres y mujeres compartimos, se pierde en la segunda.

A partir de la tercera película, la cosa se retuerce todavía más. Ripley termina estando embarazada de una alien y debe sacrificarse para que se extingan los xenomorfos.

Por supuesto, por el camino la trama ha mutado. Ya no nos encontramos ante películas de terror, CiFi o acción sin más, sino ante una especie de enfrentamiento entre madres coraje: la reina alien y la Ripley que hará lo que sea necesario para salvar a la niña Nut.

Sarah Connor: la virgen soldado que perdió la batalla

El caso de Sarah Connor es todavía peor. Sarah representa el arquetipo de la Virgen María, que traerá al mundo a Cristo salvador. Como a la pobre mujer la han convencido de que los viajes en el tiempo son posibles, termina encerrada en un manicomio.

Pero sumamos despropósitos narrativos: como Sarah sabe que John debe sobrevivir para salvar al mundo, lo entrena a muerte. No se permite ser cariñosa, no tiene tiempo. Está haciendo lo que debe hacer, que es asegurar la supervivencia de la especie, pero Terminator 2 la presenta como una mala madre. Tan mala, que su hijo escoge a un androide T-800 como figura paterna. Como si Sarah Connor no fuera la mejor figura paterna (los roles de género son los que son, no los he inventado yo) del mundo.

No soy fan de la maternidad, pero si queréis escribir novelas en las que aparezcan madres, quizá queráis replantearos la visión utilitarista de la figura materna que se ha hecho hasta ahora en literatura.

Espero que las pocas notas de este artículo os ayuden a plantearos el papel de las madres, presentes o ausentes, en vuestras obras.

Y, ahora sí, feliz día de la madre.

 

Os recuerdo que este artículo es sólo un resumen de un ensayo más profundo, con más ejemplos y mejor fundamentado que aparecerá este mes en mi Patreon. Haceos mecenas aquí.

 

Y dejadme vuestras experiencias lectoras en los comentarios. Seguro que hay docenas de puntos de vista que no he tenido en cuenta. Gracias por vuestras aportaciones.

 

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