¿Cómo ven escritoras y lectoras las utopías y las distopías?

Este artículo, que pretende ofrecerte una perspectiva amplia acerca de las utopías y las distopías, no habría sido posible sin la colaboración de cinco mujeres a las que respeto y admiro por diferentes motivos. Todas ellas están profundamente comprometidas con la literatura, aunque se acercan a ella desde diferentes perspectivas.

  • Carla Plumed es la mujer tras la cuenta de Tuiter @CafeDeTinta. Una lectora voraz, crítica y consciente.
  • Mailelis González es escritora e investigadora y se mueve con soltura en la ciencia ficción tanto adulta como juvenil.
  • Nieves Delgado es escritora de Ciencia Ficción, licenciada en astrofísica y profesora de educación secundaria.
  • Laura Morán Iglesias es filóloga y escritora polivalente con preferencia por la fantasía

Con su ayuda, con sus respuestas y con un poco de investigación, he tratado de poner un poco de orden en mi concepción de lo que son las distopías, lo que son las utopías y cuál de ambos marcos es más popular.

Pero empecemos por el principio. Es decir, definamos, de manera un tanto aséptica, qué son, dónde nacen y a qué propósitos sirven, al menos a priori, estos dos tipos de marcos.

como ven las escritoras y lectoras las utopías y distopías

¿Qué son las utopías y las distopías?

Deja que repita esto porque es importante. No se trata en este momento de sentar cátedra sobre lo que supone una distopía o una utopía, sino de dar las claves para que te acerques a ambos conceptos.

Personalmente, tenía algunas ideas preconcebidas sobre ambas. Aunque las definiciones que vienen a continuación se discuten todavía (porque se discute todo en este mundo), creo que son aproximaciones válidas, aunque generales. Tú siempre puedes investigar más a fondo y acercarte al corazón del asunto.

Utopía

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Si la cosa del cielo no es una utopía, vosotras diréis.

Se dice de la utopía que es una representación de un mundo ideal u onírico que se presenta como alternativo al mundo realmente, mediante una crítica de este.

El nombre utopía viene de ou (no) y de topos (lugar) Nolugar o lugar que no existe. La invención del nombre la debemos a Tomás Moro, que lo eligió para bautizar a una isla de su creación. En ella, sus ficticios habitantes habían creado el estado perfecto.

Vemos pues que una utopía no es un género literario, sino un marco, un estado de cosas. Un mundo, un lugar, un contexto en el que todo va bien. Y que ese ir bien pone de manifiesto, al menos en teoría, todo lo que va mal en nuestro mundo.

Distopía

La distopía es lo opuesto a la utopía. Una distopía presenta una sociedad ficticia indeseable en la que la realidad transcurre en términos contrarios a la ética.

Viene del griego: dis = malo y topos= lugar. Lugar malo.

Diferencia entre novela postapocalíptica y distopía

A todo lo anterior, Nieves Delgado añade que “muchas veces se confunde distopía con novela postapocalíptica, y me da mucha rabia porque no tienen nada que ver. En el género postapocalíptico, la civilización se ha venido abajo y ya no existe una estructura social más que en pequeños reductos de supervivencia, lo cual revierte al ser humano a una situación de animalidad que creía ya superada. «La carretera», de Cormac MaCarthy, es un buen ejemplo. En una distopía, sin embargo, lo que oprime al ser humano es la propia estructura social, alimentada casi siempre por un ideario político, como en el «1984» de George Orwell, que aliena a la especie por ser contraria a la misma naturaleza humana (o eso es lo que se pretende muchas veces reflejar). La distopía es una mala construcción del mundo, la novela postapocalíptica es el escenario que queda cuando ya nada oprime al ser humano más que el propio ser humano”.

¿Para qué sirven estos marcos?

Aunque se suele hablar tanto de las distopías como de las utopías dentro del género de la ciencia ficción, lo cierto es que pueden emplearse en cualquiera de los géneros fantásticos (fantasía, ciencia ficción y terror) y también en obras de géneros no fantásticos.

Se me ocurre, por ejemplo, que una novela ambientada en Corea del Norte, podría considerarse distópica sin muchos problemas. Y también sería profundamente realista.

La cuestión es ¿Por qué se escriben este tipo de sociedades? ¿Tiene alguna utilidad crear mundos alternativos al nuestro?

Por supuesto, mi respuesta es que sí. La de los expertos en el tema es un poco más larga y establece que las utopías y las distopías sirven para cuatro cosas diferentes:

  • Función orientadora: se pueden tomar algunas de sus características para emprender reformas en el mundo real
  • Función valorativa: permiten reconocer los valores fundamentales de una comunidad
  • Función crítica: al comparar el estado irreal con el real se advierten las limitaciones de este
  • Función esperanzadora: Por injusto y desolador que sea el entorno propio, siempre será posible imaginar y construir uno mejor

¿Pero qué pasa con la ciencia y con la gente lista de verdad?

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La gente de letras le ha robado su queso

Pues no pasa nada.

Todavía no he publicado mi maravilloso artículo sobre el terror, su origen y su historia. Pero en él diré algo muy parecido a esto:

la ciencia es maravillosa, pero no es el único modo de estudiar la realidad y modificarla.

Por supuesto, la buena literatura es un fruto de la razón, pero también de la emoción y de la intuición. Y, sobre todo, es fruto de la imaginación. La literatura, la creación de mundos utópicos o distópicos, permite llevar a lugares seguros discusiones que, de tener lugar en el mundo real, crearían fricciones y hasta discusiones serias.

Por poner un ejemplo burdo: no es lo mismo hablar de la construcción de un muro que separe México de Estados Unidos, que leer una obra de ficción que presente las consecuencias de hacerlo. Y esto sin meterme en valorar esas consecuencias.

La crispación es mala consejera y en ninguna ocasión lleva al entendimiento. La literatura, los mundos ficticios, permiten crear espacios seguros para la discusión.

Otra cosa, es cuán preparados estemos, como seres humanos, para empelar esos espacios adecuadamente.

Qué define los marcos utópicos y los marcos distópicos

Características de las utopías

  • Con concepciones puramente teóricas. De hecho, recordemos que utopía significa no-lugar
  • Se crean desde una posición idealista o, al menos, para reflejar un ideal deseable
  • Son irrealizables (por mucho que yo quiera creer que podemos llegar a ellas. Con esfuerzo y quizá con métodos que no terminan de valorarse)
  • Visión optimista y esperanzadora del ser humano
  • Describe instituciones y costumbres (de hecho, una sociedad utópica lo es en función de esas instituciones y costumbres)
  • Se basa en la organización de la sociedad más que en la actitud de los ciudadanos
  • Por comparación con ella, hace una crítica a la realidad social
  • Surge ante situaciones de crisis
  • Refleja las preocupaciones y los cambios culturales de su momento histórico
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Esto ya es utopía o distopía a gusto del consumidor

Características de las distopías

  • La sociedad dibujada en ellas cuenta con fuertes elementos de control, lo que conlleva falta de libertades
  • Se controla también el flujo de información. La verdad se oculta al público
  • Quien se levanta contra el régimen debe ser eliminado

Desarrollo histórico de los marcos utópicos y distópicos (madre lo técnico que me ha quedado el subtítulo)

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Pues no fue el primer título que se me ocurrió, no

Hay algo muy interesante que comenta Mailelis González, y es que Si pensamos en las utopías clásicas, dígase “La República” de Platón, “Utopía” de Tomás Moro, “La ciudad del Sol” de Tommaso de Campanella o “La Nueva Atlántida” de Francis Bacon, notaremos que son obras más bien descriptivas y reflexivas, que tenían como objetivo orientar un camino deseable para la sociedad y oblicuamente criticar el orden existente.

No las podríamos considerar novelas, en el sentido moderno, puesto que carecen de conflictos y desarrollo de personajes y otros rasgos que nacen de las fuentes del Quijote, nada menos.

En cambio, una distopía entraña en sí misma la discordia, el conflicto, la existencia de personajes que tienen que luchar contra su medio, ergo, las características de la epopeya moderna.

Dicho lo cual, utopías y distopías tienen un nacimiento, un desarrollo y se encuentran en un estado actual. Veamos cuál es.

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La Utopía: ¿de dónde viene, a dónde va?

Permitidme que haga aquí un pequeño esquema para no extenderme.

  1. Primer modelo de sociedad utópica: República de Platón. Defendía una determinada idea de justicia y describe con detalle como sería el estado ideal:
    1. Habría gobernantes, guardias y productores (todos hombres) y cada uno sería educado para desempeñar las labores correspondientes al grupo al que hubieran asignado
    2. Esta sociedad sería la más justa porque en ella gobernarían los más sabios. Según Platón los más sabios serían los filósofos.
  2. En la Edad Media surge la utopía religiosa de la mano de Agustín de Hipona. La ciudad sería un lugar ideal donde reinarían el amor, la paz y la justicia
  3. En el Renacimiento resurgen las artes y las ciencias y muchos pensadores de la época reaccionan frente a la realidad de su tiempo:
    1. Tomás Moro: Utopía
    2. Francis Bacon: Nueva Atlántida

Se añade la idea del aprovechamiento de avances científicos para mejorar las condiciones de vida

  1. Edad moderna
    1. Nace el socialismo utópico como reacción a las injusticias y las desigualdades. Los autores se interesan por transformar, a mejor, la situación.
  2. Utopías actuales

Las utopías modernas están orientadas al futuro, son teológicas, progresistas y sobre todo un reclamo frente al orden cósmico entendido de una manera religiosa

  1. Las utopías socialistas y comunistas se basan en una distribución equitativa de los bienes
  2. Las utopías capitalistas o de libre mercado se basan en la libre empresa y el acceso a la actividad productiva
  3. Utopías ecologistas, como Ecotopía de Ernest Callenbach
  4. Utopías Políticas e históricas: un utopía global de paz mundial es con frecuencia considerada uno de los finales de la historia posiblemente inevitables
  5. Utopía religiosa: se conciben como un jardín de las delicias. Islam y Cristianismo coinciden en esta visión

Distopía ¿Ha pasado lo mismo que su hermana melliza?

Maielis González

De nuevo en palabras de Maielis González: “Las distopías comenzaron a proliferar, sobre todo, luego de las guerras mundiales, cuando ya todos estaban más o menos convencidos de la imposibilidad de lograr justicia social y libertades individuales en la misma medida, y cuando se habían dado cuenta que el fin del mundo, el totalitarismo y el postapocalipsis eran cosas plausibles y cercanas. La utopía, no obstante, prevaleció en otros terrenos: en proyectos político-sociales que terminarían por troncharse, en ciertas corrientes urbanísticas, en las artes plásticas, en los ensayos y artículos de divulgación, en la filosofía; en fin, que por más que su propio nombre anunciara su imposibilidad, no hemos dejado de perseguir la utopía”.

Y si añadimos datos concretos tendremos que:

  1. En 1605 Joseph Hall escribe Mundus Alter Et Idem, la primera distopía
  2. Algunas distopías de la primera mitad del siglo XX advertían de los peligros del socialismo de estado
  3. Otras distopías se presentan como visiones superficiales de una utopía

Tipos de distopías

  1. Distopías sociales puras: basadas en complejos sistemas sociales: 1984, George Orwell
  2. Distopías sociales indirectas: la sociedad distópica es un escenario de fondo donde se desarrolla la historia. En este tipo de distopía se desarrollan la mayor parte de novelas y películas postapocalípticas. Por ejemplo Blade Runner.
  3. Sociedades polares: una élite es duela de los medios de producción: Ricnard Morgan. Leyes de mercado
  4. Sociedades religiosas: El poder lo ejerce un caudillo carismático que domina la sociedad de manera absoluta. Philip Jose Farmer, Los amantes
  5. Sociedades científicas: garantizan la estabilidad eliminando el conflicto, ya sea por el absoluto bienestar o gracias a la manipulación sicológica de sus habitantes. Aldous Huxley: Un mundo feliz
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¿Pero tú sabes lo que nos has preguntado, moza? ¡Que esto da para ensayo!

La entrevista

Con todo lo anterior en la cabeza y tras una mesa redonda que Editorial Cerbero organizó el pasado febrero en Madrid, a mí me surgieron docenas de preguntas.

Y es que, investigar acerca de dos aproximaciones antagónicas que parten de una concepción radicalmente opuesta del futuro que nos espera, nunca es fácil.

Por eso me hice una lista de preguntas y una lista de personas que me gustaría que respondieran.

Pregunta número 1:

Existe un debate acerca de cuál de estos dos tipos de sociedad tiene en la actualidad más presencia en literatura. Hay quien dice que la distopía está muerta. Hay quien sostiene que la utopía jamás tuvo sentido. Además, se mencionan y bautizan nuevos géneros relacionados con una o con otra, como el Hope Punk o el Solar Punk.

Nieves Delgado

Nieves Delgado

Creo que ambos contextos son necesarios, pero me identifico más con la distopía que con la utopía. Y es por una razón muy simple; la distopía advierte de peligros, señala caminos de los que nos debemos apartar y, con ello, apunta en cierto modo hacia la utopía. De una manera velada, es cierto, pero lo hace.

Sin embargo, la utopía es como un manual de instrucciones, tienes que ceñirte mucho a las indicaciones porque si no, no funciona. Y no te informa sobre la cantidad de cosas que pueden salir mal, que suelen ser muchas; es un todo o nada.

Así que la distopía, en cierto modo, abarca la utopía, pero no al revés. Prefiero leer distopía, además, porque suele explorar la parte más oscura del ser humano, y ese es un tema que me interesa mucho.

No obstante, no puede la mujer vivir solo de distopías y de vez en cuando ha de echarse una utopía a los ojos.

En mi caso, más que leerlas me gusta escribirlas, porque creo que la ciencia ficción que se ha escrito en los últimos tiempos es bastante oscura, y alguna que otra vez necesito ver un rayo de luz en el horizonte. Y porque creo que es necesario también un cierto optimismo en los planteamientos, para no acabar todas encogidas y esperando el apocalipsis.

@CafeDeTinta (Carla Plumed)

Cómo ven escritoras y lectoras las utopías y las distopías
Carla Plumed

Sinceramente, no me decanto por ninguna de ellas. Creo que actualmente estamos en un punto en el que todavía podemos albergar esperanza, y por tanto las utopías son necesarias para animarnos a afrontar un futuro mejor.

Por otra parte, solo hace falta que me ponga las noticias un rato y considerar que estamos abocados al fracaso. Ciertas distopías las veo demasiado posibles en nuestra sociedad, sin tener que irnos 2000 años en el futuro.

Laura Morán Iglesias

Laura Morán Iglesias

En relación a las distopías y las utopías, como escritora no me identifico con ninguno. Aunque he leído varias distopías (1984 me causó un fuerte impacto)no son mi género favorito; quizás porque su crudeza me hace sentir tan mal que me cuesta recuperarme. Esa misma puede ser la razón por la que no las escribo. Mi principal objetivo al escribir es entretener, despertar la imaginación de mis lectores y hacerlos soñar con mundos nuevos que, aunque tampocos ean utopías (no soy muy fan de este género) les llenen de esperanza.

Mailelis González

Antes de contestar, Maielis nos cuenta cómo, en realidad, la diferencia entre utopía y distopía no está tan clara.

Las distopías son más efectivas a la hora de escribir

Maielis González

En el momento de escribir literatura resulta poco efectivo desarrollar una historia en una sociedad perfecta. Lo que no significa que no se haya intentado.

Por una parte tenemos esa especie de distopías que se presentan, en primera instancia, como sociedades perfectas, pero a medida que la trama va avanzando se van descubriendo sus elementos opresivos y odiosos. Un mundo feliz es un poco así; de hecho, el mundo feliz planteado por Huxley resultaría una distopía solo en la medida en que uno entre en desacuerdo con el modelo de sociedad planteada.

En la película El Congreso, de Ari Folman, una adaptación de la novela El congreso de futurología de Stanislaw Lem, la gente vive enajenada cada una en su propia fantasía química, aunque en la realidad conformen una enorme masa de mendigos que pululan por una ciudad en ruinas; sin embargo, ¿cuál sería en este caso la realidad?, ¿la utopía percibida o la distopía del exterior de sus mentes? Sin ir más lejos, cualquiera que nos observara desde fuera podría asquearse de lo que hemos hecho de nuestro hábitat, de nuestra repartición de riquezas, de la manera en la que interactuamos entre nosotros; y sin embargo, hay quien se regodea en la certeza panglosiana de estar viviendo en el mejor de los mundos posibles.

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Tope de soviético y punto de CiFi. Una tiene que comer y lo de buscar fotos se me está llevando la vida.

Ci-Fi Soviética

Por otra parte, en la ciencia ficción soviética y en alguna zona de la cubana, la utopía proliferó como una manera de vaticinar el luminoso porvenir que le esperaba, inevitablemente, al comunismo. Esto engendró una literatura que, en los mejores casos, se giró hacia los problemas de lógica y hacia conflictos más instrumentales que humanos.

Igualmente, hubo sus excepciones y los hermanos Strugastki, por ejemplo, fueron de los que se atrevieron a reflejar las grietas en una sociedad perfecta, como se pensaba que sería aquella del futuro, en la que el capitalismo hubiera caído, hundido por su propio peso.

En Cuba, donde en algún momento la ciencia ficción se convirtió en la abanderada del Hombre Nuevo y la sociedad del porvenir siempre luminoso, Agustín de Rojas escribió una trilogía de novelas que, a primera vista, podrían parecer utopías, pero que delatan sutilmente problemas engendrados en el propio seno de un orden de justicia plena y donde, aparentemente, no hay discordancia entre el pensamiento de sus integrantes. Más tarde, la distopía campearía por la ciencia ficción cubana, hasta el día de hoy.

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Esta era fácil. Todo el mundo sabe lo que es el ciberpunk

Y esas corrientes nuevas

Por último están estas recientes corrientes dentro de la ciencia ficción que buscan dulcificar un poco la oscuridad de tanto tiempo imaginando los peores escenarios posibles: hopepunk, solarpunk (que ya me tendrían que explicar a qué está respondiendo el “punk” este y si no terminó por convertirse en un sufijo vacío que indica solamente su pertenencia al género de la ciencia ficción). Sin embargo, esto no es del todo una novedad, pensemos en el denominado post-ciberpunk.

Según los estadounidenses el ciberpunk murió a finales de los ochenta y a la distopía de los neones, los hackers y el ciberespacio le siguió un subgénero que explotaba la misma mitología pero, ¡pero!, cuyos personajes eran entes integrados a su medio, con el que no entraban en contradicción alguna y, de hecho, luchaban por mantener el status quo; tenían trabajos, vida social y en cierta medida eran felices. Snow Crash y La era del diamante de Neal Stephenson, son los ejemplos más conocidos.

El tal postciberpunk fue catalogado como un falso subgénero y se le llamó “ciberpunk descafeínado”. Como sea, lo curioso es notar cómo ya desde los noventa, en la ciencia ficción (y enfatizo) anglófona existía una inclinación hacia lo positivo o lo menos tenebroso; una asunción de que si, en definitiva, ese iba a ser el futuro, tampoco había por qué tirarse de los pelos.

Estos nuevos “punk” entrarían en esa misma estela inaugurada por el post-ciberpunk, lo que extrapolando otro tipo de tecnologías, como puede ser la energía solar o, en general, las de tipo renovable.

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Hola, estoy reivindicando el punk

¿Por qué reivindicamos el punk?

El porqué de la proliferación de estas corrientes no lo pudiera asegurar, pero probablemente intervengan, por una parte, el interés de autoridades (dígase: editores, directores de revistas o páginas web, antólogos) por aportar novedades al panorama y participar de las corrientes más de moda, de aquí que se lancen convocatorias o se pongan pies forzados a los escritores para construir universos con estas características. (Esto, claro está, de una manera lúdica, no impositiva. Que no tienen secuestrado a nadie que yo sepa… En todo caso, pestañeen dos veces si están aquí en contra de su voluntad).

Y por otra parte, la existencia de un cierto impulso vital que, últimamente, nos ha asaltado (pónganle, desde que mostramos cada ínfimo detalle de nuestras vidas en las redes sociales) por hacer lo correcto, por ser las mejores versiones de nosotros mismos, por cambiar favorablemente el mundo en el pequeño intervalo en el que vamos a vivir en él… porque eso depende, además, totalmente de nosotros, de que nos lo propongamos y le echemos ganas… “¡Venga, visualizad! ¿Qué hacéis que no estáis visualizando? Si todos estamos #bless”.

En esta lógica, quizás se pudiera pensar que si proyectamos visiones de un futuro menos oscuro, las autoridades que rigen el mundo, los políticos (universalmente reconocidos como lectores empedernidos de ciencia ficción) y la gente de a pie, acabará tomando conciencia y anhelando ese porvenir. Pero seguramente en este auge intervienen muchísimos otros factores que estoy pasando por alto.

Y aquí la respuesta a la pregunta: Mailelis: ¿distopía o utopía?

Maielis González

Hasta ahora la tendencia en mi escritura ha sido hacia las distopías. Y creo que se debe a que lo que he leído y más me ha conmovido han sido distopías. De hecho, utopías puras como obras de ciencia ficción, ya explicaba, no creo que existan, y en cuanto a estas “distopías descafeínadas”, pues la verdad es que no me he acercado mucho a ver a qué saben.

Son los libros como 1984, Farenheit 451, Oryx y Crake u obras más contemporáneas y escritas en castellano como La muerte como efecto secundario de Ana María Shua o Cadáver Exquisito de Agustina Bazterrica, las que siento que han hecho más mella en mí.

Particularmente, he leído y suelo leer mucha ciencia ficción escrita en castellano y de autores latinoamericanos y es evidente que la balanza se inclina hacia las distopías más apabullantes.

Acabo de escribir el prólogo de una antología argentina, que verá la luz próximamente, titulada Paisajes perturbadores. Su mera existencia ya resulta muy explicativa y sintomática del tipo de temas y aproximaciones que suelen abundar en la ciencia ficción escrita por aquellas tierras.

El propio fenómeno del ciberpunk y su vigencia, el cómo se ha fusionado con el esoterismo y la religión para reinventarse a sí mismo (vean los casos de Ygdrasil de Jorge Baradit o de Habana Underguater de Erick Mota) y pervive hasta hoy sin perder su popularidad entre el público, también habla mucho del panorama del género en Latinoamérica.

Pero ¿por qué allá preferimos escribir distopías? ¿Por qué, décadas después, seguimos encontrando interés en el ciberpunk?

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¿Por qué? ¿Por qué?

Son preguntas complicadas de responder. Y cualquier respuesta se trataría, en todo caso, de una generalización. Creo, no obstante, que tiene que ver con la función que ha tenido la ciencia ficción en muchos países latinoamericanos, que se ha comportado como una herramienta efectiva de crítica social frente a regímenes opresores, por ejemplo.

Y ahí está El Eternauta y su simbolismo; el ciberpunk mexicano, que adquirió la connotación de un movimiento de protesta cultural (como antes lo había hecho la revista Crononauta) y si no, solo lean los artículos de Federico Schaffler o de Gerardo Horacio Porcayo al respecto; o, nuevamente, el caso cubano en que la ciencia ficción se ha convertido en una manera oblicua de burlar la censura y abordar ciertos temas que directamente no se hubieran podido tratar, sobre la realidad del país; y aun así, la antes mencionada Habana Underguater, casi una década después de publicada digitalmente y difundida a través de plataformas de Internet, sigue esperando para salir en formato físico dentro de Cuba.

Eso por una parte; por otra también está algo que escribía hace poro para referirme al afrofuturismo y su conexión con la ciencia ficción latinoamericana: para quienes hemos vivido durante tanto tiempo en el postapocalipsis pareciera que lo primordial, ante todo, es sobrevivir. Y este instinto, al parecer, también aflora en el tipo de extrapolaciones que preferimos hacer.

Ahora, esto no quiere decir que los escritores que preferimos las distopías seamos unánimemente unos nihilistas, amargados y sociópatas. Tampoco, unos tecnófobos. Alguno habrá, sin duda. Yo, particularmente, tengo toda la fe del Universo en la ciencia y en la tecnología; de quien desconfío enormemente es de la Humanidad. Y aún así conservo las esperanzas de que, viéndonos con la soga al cuello, aprendamos a cooperar entre nosotros y salvar nuestro pellejo.

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Construyendo y deconstruyendo

En el ínterin prefiero leer distopías que me descoloquen y me hagan replantearme y deconstruir ideas que ya tenía formadas e inamovibles, de cómo funcionan las cosas. Me parece que es, ante todo, un acto de responsabilidad.

En cuanto a mi escritura, pues recurro a los temas de los límites de la libertad y de lo humano, el tema de “el otro”, las situaciones límite, las decisiones irreversibles. Para ello he utilizado los más disímiles moldes, desde la proyección más clásica de una sociedad distópica cerrada en sí misma, hasta el ciberpunk y la posthumanidad, el space opera o la literatura juvenil. Como pasa con todos, mi experiencia de vida se escurre en mi escritura. Y resulta que provengo del país de una utopía fracasada, soy hija de una generación a la que le exigieron sacrificarse, no por ellos mismos, sino por sus hijos. Pero esos hijos crecieron y no se sentían libres. Pero esos padres envejecieron y se sintieron desengañados y vencidos. Por eso, en mis ficciones se filtra ese tono escéptico e irónico de quien una vez creyó y terminó desilusionado.

Y aquí lo dejamos de momento

En próximos artículos hablaremos de mucho más, relacionado con las utopías y las distopías.

Maielis, Carla, Nieves y Laura me han contestado a muchas más preguntas. Así que, si quieres conocer su opinión acerca de:

  • La diferencia entre utopía y Ciberpunk
  • Si creen que los amantes de las distopías buscan sentirse mejor cuando regresan al mundo real
  • Si leer utopía significa evadirse de manera tóxica
  • Y mucho más…

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