Libertad de expresión en la ficción, algunas cuestiones

A la hora de hablar de libertad de expresión en la ficción, conviene delimitar a qué nos referimos con “libertad de expresión” y qué alcance tiene dicha libertad. También conviene decir, antes de nada, que mi posición respecto a este asunto es que hay algunas ideas que son aceptables y otras que no lo son. Y que tanto unas como otras deben poder expresarse. A ser posible de manera responsable e informada. Y, siempre, sabiendo que el ejercicio de cualquier libertad tiene consecuencias. Tanto para quien lo ejerce, como para otres. De eso habla este artículo.

La libertad de expresión y sus límites

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, en su artículo 19, dice que toda persona tiene libertad de opinión y de expresión, este derecho incluye la libertad de mantener opiniones sin interferencia y de buscar, recibir y difundir información e ideas a través de cualquier medio de comunicación e independientemente de las fronteras.

Entre otras muchas cosas, esto quiere decir que los hombres blancos cis y heterosexuales tiene la obligación de respetar el derecho a expresarse de todas aquellas personas que no son hombres blancos cis y heterosexuales. Porque el ejercicio de la libertad de expresión no es censura. Llamar censura a la expresión de ideas que contradicen las propias es un ejercicio de victimismo, como poco, infantil.

El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos pone a este derecho a la libertad de expresión algunos límites. Según este pacto, el ejercicio del derecho a la libertad de expresión conlleva deberes y responsabilidades especiales y por lo tanto puede estar sujeto a restricciones cuando esto sea necesario para:

  • Respetar los derechos o la reputación de otros
  • Para la protección de la seguridad nacional o del orden público, o de la salud o la moral públicas

Esas restricciones de la libertad de expresión suelen relacionarse con una serie de conductas, algunas tipificadas como delito en diversos códigos penales, como el español, otras de puro sentido común:

  • Difamación libertad de expresión en la ficción
  • Calumnia
  • Obscenidad y pornografía libertad de expresión en la ficción
  • Sedición, incitación
  • Información clasificada
  • Violación de derechos de autor libertad de expresión en la ficción
  • Secretos comerciales
  • Etiquetado de alimentos libertad de expresión en la ficción
  • Acuerdos de confidencialidad libertad de expresión en la ficción
  • Derecho a la privacidad libertad de expresión en la ficción
  • Derecho al olvido libertad de expresión en la ficción
  • Seguridad pública libertad de expresión en la ficción
  • Perjurio libertad de expresión en la ficción

El concepto de daño

Tal y como dice la Wikipedia, todos estos motivos por los que se pueden hacer excepciones al ejercicio de la libertad de expresión responden al concepto de daño que en On Liberty (Sobre la libertad) acuña John Stuart Mill. Según el mismo, el único motivo por el que se puede ejercer el poder sobre un individuo en contra de su voluntad, en una sociedad civilizada, es evitar daño a otros. libertad de expresión en la ficción

Las limitaciones a la libertad de expresión basadas en el principio del daño pueden ocurrir bien mediante la imposición de sanciones legales, bien mediante desaprobación social o mediante ambas. libertad de expresión en la ficción

Por eso hay opiniones que no pueden tolerarse. Por ejemplo, las que declaran que la homosexualidad es una aberración. Esa opinión atenta directamente contra la seguridad de las personas homosexuales porque las convierte en menos humanas. Es decir, las deshumaniza. Y la deshumanización lleva en no pocas ocasiones a situaciones no solo intolerables sino delictivas: agresiones, asesinatos, abusos. libertad de expresión en la ficción

Uno de los problemas a los que nos enfrentamos a la hora de establecer límites a la libertad de expresión en la vida real (todavía no nos hemos metido en el mundo de la ficción), es que el principio del daño, para funcionar correctamente como límite, tiene que estar definido de manera correcta y precisa. Problema que no parece fácil resolver.

Me encantaría poder aludir al sentido común para delimitar lo que es el daño, pero no creo que sea inteligente. La responsabilidad es un concepto mejor.

No parece responsable, desde el punto de vista de una persona que se precie de respetar a todas las demás personas, sean estas de la raza, religión, estrato social, género u orientación sexual que sea, emitir opiniones que pongan en peligro a cualquiera de esas personas.

Ponen en peligro a esas personas este tipo de enunciados:

  • Las mujeres deben permanecer calladas
  • Las personas migrantes deben volver a sus hogares
  • Las lesbianas son unas desviadas
  • Los gays son poco hombres
  • Las mujeres trans no son mujeres

Cuando estableces que una persona debe callarse, estableces un marco en el que, que esa persona hable puede considerarse como merecedor de castigo. El razonamiento es el mismo para el resto de enunciados.

  • Si los migrantes deben abandonar tu país, las agresiones que sufran pueden considerarse represalias por no irse.
  • Si las lesbianas son unas desviadas, las conductas que las devuelvan al camino recto pueden considerarse legítimas.
  • Si las mujeres trans no son mujeres, es más sencillo etiquetarlas como monstruos y tratarlas como tales.

Si te tienes por una persona íntegra y decente, ejercer tu libertad de expresión de manera responsable pasa por evitar poner en peligro a personas de colectivos oprimidos.

Quien es titular del derecho a la libertad de expresión

Pues todas las personas.

El derecho a expresar las ideas y opiniones permite a cualquier persona decir cualquier cosa. Excepto que traspase alguno de los límites mencionados.

Eso quiere decir que cualquier persona puede reaccionar a lo que tú digas. Porque la reacción también es un ejercicio de libertad de expresión. Es un hecho que se reacciona de manera más o menos virulenta contra las opiniones libres que atentan contra la integridad de colectivos oprimidos.

Las personas que se sienten atacadas por las reacciones ajenas a sus palabras suelen hablar de censura. Y no solo eso, al calificar esas reacciones como censura pretenden que se limite el derecho a la libertad de expresión de quien reacciona.

El problema en estos casos es que las personas que ejercen su libertad de expresión de manera irresponsable no quieren que se les identifiquen como lo que son: misóginas, machistas, homófobas, transfobas, racistas, capacitistas, gordófobas, etc. Pero lo son. Porque si no lo fueran, actuarían con responsabilidad a la hora de expresarse.

Por decirlo de otra manera: quienes expresan misoginia y son tildades de misógines, dicen que es censura llamarles así.

Prefieren que se les llame librepensadores, valientes o políticamente incorrectes.

La libertad de expresión en la ficción ¿Es diferente? ¿Debe tratarse de diferente modo?

¿Qué es la ficción?

Ahora que ya sabemos lo que es la libertad de expresión, conviene que pensemos un momento acerca de lo que es la ficción. De por qué existe y de las implicaciones que tiene sobre las sociedades y, por tanto, sobre las personas.

La RAE es clara:

Ficción:

  1. Cosa, hecho o suceso fingido o inventado, que es producto de la imaginación.
  2. Conjunto formado por los acontecimientos y los personajes que forman parte del mundo imaginario.
  3. Acción de presentar como verdadero o real algo que es imaginario o irreal
  4. Obra o género literario narrativo, especialmente la novela.

O sea, que las obras literarias o cinematográficas, los cómics y cualquier otro soporte lo que hacen es presentar al lectore o espectadore, etc. un mundo imaginario. Y lo presentan realizando una simulación de la realidad.

Se cuentan historias desde antiguo. Hace poco leí un libro sobre técnicas narrativas que comenzaba preguntándose por qué el ser humano prehistórico, con todo lo que tenía que hacer, perdía el tiempo contando historias.

Es una buena pregunta. Había muchos mamuts que cazar, desollar, curar. Había mucho que parir, mucho camino que recorrer… Todo eso mejoró con la creación del lenguaje, que dio pie a que la especie humana evolucionara mucho más rápido. Si no os lo creéis preguntaos cómo, sin lenguaje, podría llegarse a crear una tortura tan compleja como las matemáticas. Sin lenguaje no puedes preguntar cuál es el logaritmo neperiano de doce.

Pero la cuestión es que incluso antes de hablar se contaban historias: mediante el dibujo. O a eso apuntan les expertes. Y se contaban historias porque puede que el lenguaje sea imprescindible para crear una sociedad, pero sin historias esa sociedad carece de pegamento. Las historias sirven para aprender, para afianzar el conocimiento, para crear nexos de unión.

No es casualidad que el Nuevo Testamento sea generoso en parábolas. Las parábolas no son más que historias ejemplarizantes. Las religiones, en su mayoría, nacen a partir de la sacralización de leyendas; es decir, historias.

Las historias que contamos, las que oímos, las que escuchamos, nos convierten en quienes somos y determinan cómo serán las generaciones futuras.

Este es el papel y esta es la importancia de la ficción. Ni más ni menos. Una minucia ¿verdad? No. Claro que no.

¿Estará el problema de la libertad de expresión en la ficción relacionado con el contenido?

Pues claro que sí, por favor.

Sumemos dos más dos.

Si las historias que contamos ayudan a conformar la realidad en la que vivimos ¿qué más da como las cuentas? Lo que importa es qué contienen. Y aquí empieza lo que algunas personas consideran un problema para la libertad de expresión. Cuestiones sobre la libertad de expresión en la ficción

Algunes escritores de ficción desconocen el verdadero significado de la transgresión. Transgredir, subvertir, ver más allá, está relacionado con caminar hacia adelante y no hacia atrás.

No es transgresor llamar a una persona con síndrome de Dawn, retrasada. Ni lo es llamar a todas las mujeres putas. No tiene nada de transgresor que todos tus personajes gays respondan a un estereotipo determinado. Eso es lo que se ha hecho toda la vida. Y, si quieres, puedes seguir haciéndolo en tus relatos y tus novelas. La libertad de expresión te garantiza que puedas hacerlo. Ahí tienes a… bueno, a la mayor parte de escritores que ocupan los puestos de libros más vendidos en grandes librerías, franquicias y grandes superficies.

Libertad de expresión en la ficción desde la perspectiva de le lectore

La misma libertad de expresión que te permite escribir una obra como, qué sé yo, El Tango de la Guardia Vieja, o esa cosa horrible de los perros, del mismo autor, permite a tus lectores identificar las ideas que expresas con ella. Y no solo identificarlas. Si escribes un panfleto machista, quien te lea puede escribir una reseña, que no es más que una opinión, y decir que le ha parecido un panfleto machista. Si muchas de las personas que han leído tu obra opinan lo mismo, no es un linchamiento. Es una opinión con muchos adeptos. Cuestiones sobre la libertad de expresión en la ficción

Porque seguro que no crees que hay una organización internacional detrás de un buen puñado de críticas positivas. Esas son elaboradas y depositadas en la red social correspondiente por mentes librepensadoras. Aplica a las cosas buenas que te dicen la misma vara de medir que a las malas y quizá descubras algo sobre ti.

Cuando te encuentras con cincuenta opiniones positivas sobre tu novela y con cincuenta opiniones negativas sobre la misma novela ¿quién crees que tiene razón? ¿Quien te alaba por tu valentía o quien critica tu falta de responsabilidad en algún sentido? Ambas posiciones son ideológicas. Y tenderás a posicionarte con quien confirme tu ideología (vamos, con quien hable bien de ti).

Publicar ficción rancia ¿es imposible?

Yo lo llamo ficción rancia, sí. Porque desde mi punto de vista lo es. Es rancio lo que está escrito para perpetuar el inmovilismo y la posición subordinada de colectivos oprimidos. Lo misógino, lo homófobo, lo capacitista, lo racista… Todo eso es rancio.

Pero que a mí me aparezca rancio no quiere decir que no pueda publicarse. Se publica, claro que sí. A los perretes de Reverte me remito. Cuestiones sobre la libertad de expresión en la ficción

Lo que pasa es que las sociedades evolucionan y las cosas cambian. Lo que pasa es que un grupo no demasiado amplio, pero en constante crecimiento, empieza a hacerse oír. Y ya no sale gratis publicar novelas rancias.

El concepto de responsabilidad

Ahora el público exige responsabilidad. Es decir, una parte del público, que quiere reírse y conmoverse, exige que les creadores seamos más inteligentes, más agudos. A ese público, que espero que sea el mío, ya no le vale con el mismo chiste repetido desde hace siglos. Ese público no quiere que insultes a tus personajes más despreciables al grito de “mariconez”. Tenemos que buscar nuevos insultos, nuevos modos de obtener lágrimas, risas y de provocar miedo. Es nuestra labor. Porque les lectores no son les mismes. Porque hemos evolucionado y ahora hay más de un tipo de persona exigiendo sus derechos. Y eso es bueno.

Curiosamente, muchas de las voces que abogan por la libertad de expresión que les garantice la publicación de estas obras rancias abogan al mismo tiempo y sin mayor sonrojo por la supresión de algunos productos que el público elige libremente. Como el fútbol, o los programas del corazón. La libertad de expresión es buena para perpetuar el status quo, pero solo una parte, la que les afecta a elles.

Cuestiones sobre la libertad de expresión en la ficción

Efectos de la ficción en la realidad

La libertad de expresión en la ficción, a pesar de todo lo anterior, precisamente por todo lo anterior, debe ser inalienable.

Si alguien quiere escribir una novela de 400 páginas llena de mujeres sometidas y de personas racializadas torturadas, debe poder hacerlo. Y debe enfrentarse a las consecuencias. Consecuencias que no deben ir más allá del ejercicio del derecho a la libertad de expresión contrario.

Algo similar a la tercera ley de Newton: Si un cuerpo A ejerce una acción sobre otro cuerpo, B, este realiza sobre A otra acción igual y de sentido contrario.

Puedes decir lo que te plazca. En ficción y en la vida real.

Puedes, claro que sí.

De eso trata la libertad de expresión en la ficción.

Pero recuerda que todo lo que hagas tiene consecuencias.

Recuerda también, que no eres le únique con ese derecho.

 

 

Un pensamiento en “Libertad de expresión en la ficción, algunas cuestiones

  1. Genial entrada, muy recta y con muchas verdades. Me ha gustado especialemente esta parte:

    “El problema en estos casos es que las personas que ejercen su libertad de expresión de manera irresponsable no quieren que se les identifiquen como lo que son: misóginas, machistas, homófobas, transfobas, racistas, capacitistas, gordófobas, etc. Pero lo son. Porque si no lo fueran, actuarían con responsabilidad a la hora de expresarse.

    Por decirlo de otra manera: quienes expresan misoginia y son tildades de misógines, dicen que es censura llamarles así.”

    Es así, nadie quiere estar en el bando equivocado y todo el mundo quiere tener razón. El problema es que no todo el mundo es objetivo ni ve las cosas del mismo modo, no es problema cuando se es respetuoso, pero la gente tiene distintos valores y su cantidad de sentido común y capacidades sociales y empáticas varían de una persona a otra. Aquí entra mucho en juego la capacidad social y normalmente el apoyo de un grupo que piense de tu misma forma… Por norma general todo esto se aprende. Nadie nace odiando.

    Enhorabuena por la entrada, está genial. Un saludo.

    .KATTY.
    @Musajue

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