Lo que trajo 2017… y lo que se llevó

Todos los años hago balance.  Aquí donde me veis tengo estas cosas mainstream. Con lo que me dedico yo a rajar de costumbres instauradas. Pero bueno, si cada año, a día 31 de diciembre, se ponen a cero todos los contadores, incluso el de las mujeres muertas ¿quién soy yo para no hacer borrón y cuenta nueva?

2017 ha sido uno de los mejores años de mi vida, el mejor

Así, sin exagerar. Haré un pequeño resumen de cómo se han ido desarrollando las cosas. Aunque creo que en realidad el 2017 ha sido como una enfermedad: años de trabajo lo incubaron y, de repente, por una pura cuestión de coincidencias, los síntomas se han hecho evidentes.

El 27 de febrero, solo seis días después de mi cumpleaños, Felicidad Martínez publicó esta entrada en su blog.  Claro, que seis meses antes yo me había puesto en contacto con ella para decirle que Inquilinos, el libro del que habla, era de terror y que lo mismo le interesaba leerlo. A mí, desde luego, me interesaba que lo leyera. Yo le había echado un vistazo a sus críticas literarias y me constaba que no se mordía la lengua, así que Felicidad era la persona perfecta para decirme todo lo que yo no quería oír.

La buena fortuna quiso que Inquilinos le gustara lo suficiente.

Ese mismo día, Israel Alonso me presento virtualmente a Cristina Jurado. Yo, que vivo en Babia, un sitio muy bonito, lleno de unicornios, arco iris, pinchos morunos y monstruos de siete cabezas, no tenía ni idea de quién era Cristina. SPOILER: esta no va a ser la única deshonra que va a caer sobre mi vaca hoy. De hecho, la pobre vaca lleva seis meses en el gimnasio entrenándose para esto.

Cristina había leído un relato muy corto que vosotros también podéis encontrar en una antología en la que participamos ambas: Onírica. Le gustó y, como es un alma inquieta, me preguntó si me apetecía mandarle algo para Supersónic. Yo no tenía muy claro lo que era Supersónic. Sólo había oído hablar de ella en relación a Exilium (mi vaca, la pobre), pero le dije que sí. PISTA: soy muy de decir que sí a propuestas literarias.

Hablamos de final de febrero, 2017 estaba casi sin estrenar y ya me había dado dos buenos motivos para quererle.

Pero es que eso, que fue genial, fue solo el principio: la primera marca de la viruela, el primer sarpullido del sarampión, el primer trozo de nariz sifilítica que se pudre.

Luego llegó marzo, el mes en el que me reencontré, gracias a la poesía, con una de las personas más importantes de mi vida. Itziar había sido una piedra angular de mis 20 años y se me había perdido. No sabíamos ninguna de las dos dónde nos habíamos puesto. Aun así nos encontramos. Para mí ese encuentro supuso también una recuperación de mí misma, de quién había sido. Y no es que me arrepienta de haber cambiado. La evolución es buena, pero arrancar a dentelladas la propia identidad para sobrevivir no suele terminar bien. Itziar me trajo Barro. Ya sabéis, Ba-rro.

Así las cosas, en Abril me enteré de que Nieves Delgado me había adoptado.

Autoras de terror y mujeres asesinas visibilizadas

Tercera deshonra para la pobre vaca: ni idea tenía de yo de lo que era el proyecto Adopta una autora. Pero allí estaba, flamantemente adoptada por la autora de una de las novelas cortas que más he disfrutado en este 2017: 36. Yo a Nieves la conocía de interactuar a veces en Facebook. Le había dado mi opinión sobre algún relato suyo, habíamos coincidido en antologías y recuerdo (atenta, vaca, que vienen curvas) haber comentado con alguna compañera que esta chica tenía mucho que mejorar en relato corto. Recordad que soy encantadora la mayor parte del tiempo. Nieves se tomó muy a pecho la adopción y abrió un blog muy chulo para recopilar todo lo que tenia que decir sobre mí. El primer post es de mayo.

Pero es que mayo fue EL MES.

No os voy a contar ahora quién es Editorial Cerbero (la mejor del mundo entero), porque si me conocéis a mí es que ya les conocíais a ellos. Entre Cerbero y la peregrina idea de Cristina Jurado de llevarme a Supersónic, este año me ha cambiado la vida. De manera literal.

Alguno pensaréis que el día más feliz del año sería cuando Israel me dijo que hiciera el favor de firmar el contrato (es un ser de luz, sensible y delicado. Exactamente lo que parece). Pues no. Ahí empezó el calvario. Recuerdo que Emlio, mi marido, me perseguía por la casa con una lupa para ver si me encontraba el chip defectuoso:

-Alicia, cariño, que publicas una novela.

-Es maaaaaaaaaal.

-¿Pero no era lo que querías?

-Ahora todo el mundo sabrá lo mal que escribo, y nadie la comprará, y la gente me odiará, y la editorial perderá dinero, Israel tendrá que cerrar, jamás nadie confiará nunca en mí. Todo es maaaaaaaaaaaal.

Y así todos los días.

Con el aliciente de que el 14 de junio me cogí una baja por depresión porque, bueno, ya llevaba muchos años tratando de ser una persona que no era y me estaba muriendo. Había dejado de dormir, lloraba a todas horas, me había colocado como 10 kg encima para no pensar y ya no podía más. Literalmente. Todo ha sido muy literal, este año.

Precioso todo. Para aquellos a los que les interese, mi vaca y yo estamos encantadas de anunciar que la segunda edición de Barro está pronta a imprimirse y que una segunda novela corta saldrá en enero de 2018. Parece que mal no fue tan malo.

Y no hemos llegado ni a mitad de año.

En junio me entero de que existe Patreon y me lanzo como loca.

Patreon es, a todos los efectos, mi Jauja particular. Allí dejo relatos (y mucho mucho más, si no, preguntad a mis suscriptores) a personas que quieren leerme. Son mecenas que me dan 1USD al mes porque quieren que escriba. Y como quieren que escriba me dan total libertad. Estamos ellos y yo. Escribo lo que me gusta escribir, ellos leen lo que les gusta leer y todos ganamos. De momento solo somos 17, pero espero que seamos cada vez más.

A primeros de julio me seleccionaron para la antología Kalpa III con un relato clásico de posesiones diabólicas. Poco tiempo después me comunicaron que también estaría en el Visiones 2017. Dos honores inesperados como dos inesperados soles.

Autoras de terror en La Nave Invisible
Un lugar increíble para encontrar autoras de terror. Me tienen hasta a mí.

Pero es que, también en junio, a mi vaca se le cae encima La Nave Invisible.

No, tampoco tenía la menor idea de lo que era La Nave. Yo es que me he pasado toda la vida sin tener ni idea de lo que existe ahí fuera, qué le voy a hacer. Pero es trabajo de la Nave rescatar a autoras del anonimato y eso hicieron conmigo. Organizaron una lectura conjunta de Inquilinos (sí, esa recopilación de relatos que había enviado a Felicidad Martínez y que tantas alegrías me ha dado) y la cosa fue muy bien, la verdad.

En septiembre di un portazo

Salí de la empresa en la que había estado trabajando como secretaria, me di de alta como autónoma y escribí este artículo, que es una de las cosas más importantes que he dicho jamás.

Llevo desde entonces, un trimestre completo, ganándome la vida como escritora. Os cuento lo que escribo:

  • Artículos para blogs
  • Relatos para Patreon
  • Novelas, como escritora “fantasma”
  • Clases de español para una academia holandesa
  • Mis propias novelas (dos este Nanowrimo pasado)

Me dijeron hace poco que eso no es ni ser escritora ni nada. Durante un cortísimo segundo me ofendí. Señora de Bilbao que dijo aquello: esto es ser escritora. Pero, sobre todo, esto es estar viva. Yo disfruto escribiendo artículos. Es un hecho. Menos de lo que disfruto escribiendo ficción, pero lo disfruto. Pero es que, además, vivo de ello mucho más feliz de lo que he vivido nunca.

Trabajo en mi casa, cuando quiero y haciendo lo que me gusta.

 

Queride @NoaVelascosas, llevo desde ayer dándole vueltas al último tweet de tu hilo. Preocupada porque me parece que hablas de suicidio. No es que yo sea una gran admiradora de la vida, pero sí soy muy #teamescribir y para escribir solo hay un requisito: estar vivo. Escribe. Si tus novelas no pagan facturas, busca un modo de escribir que sí las pague.

  • www.upwork.com
  • www.greatcontent.com
  • infojobs freelance

Esas son mis tres fuentes de ingresos.

Que nadie os engañe, por favor. Vivir de escribir no quiere decir ser millonario. Las enfermeras, las conductoras de autobús, las profesoras, las barrenderas, se ganan la vida con sus trabajos. Vosotros también podéis ganaros la vuestra haciendo lo que más os gusta. Recordad que no hay un solo modo de hacer las cosas.

Han pasado muchas más cosas a nivel literario. Muchas. Como la otra lectura conjunta, este mismo mes de diciembre, la de los diseccionadores de novelas de Origen Cuántico, que me ha dado la oportunidad de hacer lo más bonito del mundo: hablar con lectores de la obra de uno. Oír como la obra muta, crece, se enriquece con la visión de cada uno de ellos. Arkaitz es el sol.

Pero lo que más agradezco a este año me ha cambiado a nivel personal.

Todo comenzó gracias aun debate acerca de… bueno, de cuotas y de personajes LGTB en literatura. Mi vaca no lleva alforjas para esto, así que dejadla tranquila. Pobre, ella no tiene culpa de nada.

Jamás me había planteado qué tipo de personajes escribía. Nunca. Hasta que me di cuenta de que todos eran hombres cis, heterosexuales y blancos. Cuando me di cuenta de eso ni siquiera sabía que cis era una palabra, ni su significado. No sé ni cómo noté que ni siquiera hablaba de mujeres en mis escritos. En mi cabeza el rol protagonista estaba tan asociado a los hombres que me limité a perpetuarlo en mis relatos.

Pista: soy machista, y homófoba, y transfoba y racista. Soy gordófoba y capacitista y muchas más cosas feas.

Pista mucho más importante: eso no me hace una mala persona. Porque cada día me miro, me estudio, trato de aprender, de reeducarme, de deconstruirme y de ser inclusiva. Sería ridículo pretender que una sociedad que ha puesto todo su esfuerzo en crearme a su imagen y semejanza no ha hecho mella en mí. Claro que sí. Claro que tengo todos esos defectos. Claro que me avergüenzan. Pero es que mi vergüenza y mi incomodidad no importan. Importan mi esfuerzo por ser una persona mejor.

Me haría una mala persona no querer cambiar, empecinarme en mis errores.

He empezado a esforzarme hace muy poco. Lo lamento y pido disculpas, porque habré hecho muchísimo daño pensando que yo era súper inclusiva y nada homófoba (yo siempre he tenido amigos gays, o sea…). Yo no era machista ¿cómo, si soy mujer? Ni mucho menos transfoba. De gordófoba ni hablamos, yo estoy gorda. Que me de asco a mí misma no es gordofbia, es cosa de mis taras mentales ¿dije capacitista?

Y aquí llegó la gran noticia. Escribí ese artículo del que os hablaba antes y que podéis leer aquí porque no me cabía en la cabeza… bueno, lo que digo en el artículo. Y me puse en contacto con una chica bisexual que me dijo: todo chachi, pero metes la pata en cuestiones de género. Y yo pensé, ajá, pues pregunto. Y me quedé patidifusa al descubrir que no conocía a una sola persona trans. Ni una. Y no es que haya vivido bajo una roca y no me haya enterado de que las mujeres trans mueren porque son trans; vamos, porque las matamos personas cis, no. Es que no me había preocupado de ellas. Ni de los hombres trans, si vamos a eso.

Así que me vi en la vergonzante tesitura de reconocer que no tenía a quien pedir opinión de primera mano sobre algo que concernía a un colectivo al que no pertenezco. Y no solo eso: me daba miedo acercarme a una mujer trans. Miedo a meter la pata, a ofender y a que me mandaran a la mierda. Pero miedo al fin y al cabo. Pero no, yo no soy transfoba, hombre por favor, eso es de lelos y retrógados, no de gente culta con twitter y que además escribe novelas.

Ese artículo, la necesidad de buscar ayuda para escribirlo, me ha traído muchas alegrías. Y agradezco a @SigridValkyrie   que me dirigiera a Artizar Badass, que me ha enseñado muchas cosas, toda buenas. No, no la adoro ni estoy de acuerdo con todo lo que dice siempre, pero la respeto y la admiro. Me ha hecho plantearme de dónde proceden la fortaleza y el valor y llegar a la conclusión de que muchas mujeres no tienen otra cosa que esas dos virtudes para sobrevivir. 

Gente cis del mundo, pensad esto: no importa que os digan que sois transfobos, homófobos o misóginos. Importa que lo sois. Aceptadlo y trabajad para cambiarlo. Es duro, pero es mucho más duro ser transexual, homosexual, racializade, lesbiana o, en definitiva, no normative.

Twitter me ha traído un huracán de aire fresco en forma de una TL muy joven.

Hace unos meses le decía a uno de mis lectores y de mis amigos (porque he hecho más amigos que lectores) esto:  “vosostros os comunicáis de maneras nuevas para mí y os interesan cosas nuevas para mí. El acto de escribir es un acto de comunicación y la comunicación evoluciona. Sois como la sangre joven para los vampiros que no quieren envejecer. Yo no quiero envejecer .”

You all know who you are. Y soy yo la que quiere ser como vosotros. Me dais perspectivas nuevas, palabras nuevas, ganas de ser mejor y de haceros sitio. Mi generación llega tarde a todo. Desafortunadamente, los que nos precedían no tenían mucho interés en lo que vendría después y creen que serán eternos. Nosotros, por nuestra parte, no dimos el golpe necesario en la mesa para que eso cambiara. Y por eso todo en el mundo es viejo. Todo en el mundo huele a viejo. El prestigio apesta a antigualla.  Menos lo que ha construido la gente más joven que yo y lo que podéis construir vosotros.

Entendedme, por favor, yo soy una tía joven con más vida por delante, todavía, de la que tiene a la espalda. Que me hago cargo de cómo suena el párrafo anterior. Y me consta que no soy una cuarentañera al uso, que mi último cambio de rumbo ha sido hace tres meses y que habrá más porque uno no muere cuando se le va la vida, sino cuando se para. Eso lo sé.

Pero vosotres, Coral, Virginia, Jorge, Manu, Rafa, Edu, Iván, todes, hasta los que me quedan un poco más lejos porque hablamos menos, Saren, Rocío, Logan,  Carlos, todes sois otra cosa. Y doy mucho las gracias por haberos encontrado. Y quiero seguir viéndoos por ahí. Con vuestras alegrías, que me alegran; y con vuestras miserias, que también comparto.

Yo también me frustro cuando los concursos los ganan otros, cuando la ropa me queda como el culo, cuando no digo lo que quería decir y creo que la gente me odiará por torpe, cuando no cumplo una promesa, cuando todos triunfan a mi alrededor y me siento pequeña. ¡Ay! No os imagináis lo pequeña que me siento a todas horas. Pero vosotres me hacéis grande. Aunque siga encerrándome en casa porque en la calle hay gente… y cosas.

Vosotros habeís sido lo mejor de 2017. El mejor año de mi vida.

GRACIAS

 

1 comentario en “Lo que trajo 2017… y lo que se llevó”

  1. Ay, Alicia, qué precioso.
    Muchísimos ánimos y fuerzas para que 2018 sea mejor que el año que se va, con todas las cosas buenas pero sin las malas. Que ojalá acabes de creerte que eres escritora. Que puedes y debes vivir de ello y no te diré que no tengas miedo, porque es imposible, pero que puedas gestionarlo y salir adelante reforzada como creo que lo has hecho este año.

    Has logrado cosas preciosas y estoy segura de que lograrás todavía más.

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