Skip links

los 6 elementos básicos del relato que debes incluir en tus obras

Hablamos de elementos básicos del relato porque son seis los que toda narración debe contener para considerarse relato (o incluso novela). Desde luego, un relato contiene mucho más, pero los seis elementos que desgranaremos a continuación son imprescindibles. Sin ellos no tendrás un relato (ni, desde luego, una novela).

Hace no mucho tiempo que me hablaron de una película como de una tortilla. Lo mismo se aplica a un relato o a una novela.

6 elementos básicos del relato
Imagen de hurdiantonia0 en Pixabay

Una tortilla se compone de varios elementos: huevos, aceite, sal y patata son los básicos. Pero esos cuatro ingredientes deben estar tratados, procesados, de una manera determinada para que el resultado final sea una tortilla.

Puede que un restaurante te presente un revuelto de patata y huevo o unos huevos rotos con patatas. En esos casos tendrás los cuatro elementos clave de la tortilla, pero no una tortilla. Tampoco tendrás una tortilla (de patata, se entiende), si le falta alguno de esos ingredientes. Puedes comer una tortilla francesa, o patatas fritas o huevos fritos y disfrutarlo. Pero no estarás comiendo una tortilla.

Bien, sucede lo mismo con un relato. Para que podamos hablar en puridad de un relato, la narración debe contener seis elementos básicos. Si alguno de ellos falta, no podremos hablar de relato, sino de otra cosa. Esos seis elementos son:

  1. Historia
  2. Argumento
  3. Personajes
  4. Conflicto
  5. Obstáculos
  6. Clímax

Elementos básicos del relato 1: Historia

La historia en un relato es lo que se cuenta, los hechos. Lo que pasa. Cuando te piden un resumen de un libro o cuando te preguntan de que va una novela o una película, la respuesta es la historia. Suele coincidir con la trama.

Imagen de Aline Dassel en Pixabay 

Todas las historias del mundo tienen un planteamiento, un nudo y un desenlace. Aristóteles fue el primero en darse cuenta de que esto es así y desde entonces nadie ha sido capaz de contradecirle. Al menos no con argumentos de peso.

Aristóteles también decía que las mujeres somos hombres mutilados, pero trataremos de extraer de cada pensador aquello que sí tiene sentido. No todo lo que Aristóteles dijo es cierto y debe repetirse, pero su Poética sí.

Por supuesto, las historias se pueden contar de diferentes formas. Los hechos se pueden ordenar de tal manera que una historia comience por el principio, por la mitad o por el final. Y eso da lugar a recursos narrativos de muy diferente tipo y condición. Recursos que producirán en la lectora efectos igualmente diversos. Pero, independientemente de cómo tú, como autora, decidas ordenar los hechos, estos habrán sucedido en un orden determinado.

En Carne, la segunda de las novelas de Post Scriptum, el flashback es el recurso que el supuesto autor de una carta emplea para que la protagonista salga de su zona de confort y empiece la historia sobre la que trata esta novela corta. La obliga, por así decirlo, a recordar el pasado y a actuar en honor a ese pasado. La acción combina hechos presentes y pasados. Pero ese orden que elegí para contar la historia no determina el orden en que sucedieron los hechos, sino el orden en que la lectora los recibe.

Así que, quédate con esta idea y no te dejes engañar por el fantasma de las estructuras complejas en literatura:

Todas las historias comienzan, se complican y se resuelven. De verdad. Te digan lo que te digan.

Elementos básicos del relato 2: Argumento

Imagen de Adina Voicu en Pixabay 

Bien, comienza a liarse la cosa. Hasta este momento, tú creías que el argumento y la historia de un relato o novela eran lo mismo y yo he llegado aquí para decirte que no. A ver cómo reestructuras esto en tu cabeza. Ya te adelanto que a mí me costó.

Pero si nos vamos al significado etimológico de la palabra argumento, todo es mucho más sencillo:

La palabra «argumento» viene del latín argumentum, compuesto del verbo arguere (argüir, dejar en claro) y el sufijo -mentum (-mento = instrumento, medio o resultado, como en monumento, instrumento y sacramento).

Es decir, que un argumento es un instrumento para dejar algo claro. Una herramienta para explicar. Así, el argumento no es otra cosa que el MOTIVO por el que suceden los hechos que conforman la historia.

Imagínate que estás leyéndole un cuento a una niña. La típica historia de antes de ir a dormir. Una que te sabes de memoria y en la que no piensas mucho.

Érase una vez una niña blanca como la nieve, con el pelo negro como el carbón y las mejillas rojas como manzanas a la que todo el mundo llamaba Blancanieves. La niña vivía en un castillo con su padre y una madrastra que era muy guapa.

La madrastra, además de guapa, era muy vanidosa y tenía un espejo mágico al que siempre le preguntaba “Espejo espejito ¿quién es la más guapa del reino?”. Y el espejo, que siempre le había contestado que ella era la más guapa, cuando Blancanieves crece le contesta “la princesa Blancanieves es más guapa que tú”.

La lectora es como la niña a la que le estás contando el cuento y, si no dejas claros los motivos por los que pasan las cosas, dentro de su cabeza, la niña estará preguntándose constantemente ¿por qué? La diferencia con la niña es que para ella puedes improvisar una respuesta, pero para tu lectora no. Tu lectora tiene tu relato en las manos. Todos los por qué deben estar contestados en el mismo.

Si tu niña te pregunta por qué la madre vive con su padre y una madrastra puedes volver atrás y decirle que su madre había muerto. A tu lectora no.

Pongamos otro ejemplo para diferenciar historia de argumento:

Imagen de Aline Dassel en Pixabay 

En Caperucita, la historia es que una madre envía a su hija a casa de su abuela enferma para que le lleve comida. La madre advierte a la niña de que no se pare a hablar con nadie ni se desvíe del camino. Caperucita se para a hablar con el lobo, se desvía del camino, la abuela muere, la niña muere y aparece un misterioso cazador que mata al lobo para salvar a ambas.

La historia, pues, transcurre desde el momento en que caperucita sale de casa de su madre y hasta que el lobo cae en el río con la tripa llena de piedras.

El argumento es todo lo que está detrás de esos hechos.

  • ¿Por qué manda la madre a la niña a casa de la abuela con comida? Porque la abuela está enferma. Podemos discutir si ha sido buena idea, si no podía ir la propia madre, si su opción educacional es buena… Pero el hecho es que la madre manda a la niña a esta aventura porque la abuela está enferma y es obligación familiar cuidar de los nuestros.
  • ¿Por qué la niña desoye las advertencias de la madre? Pues porque es una niña y además el lobo es muy persuasivo.
  • ¿Por qué el lobo la engaña? Para comérsela.

Y así hasta el final de la historia.

El argumento es lo que le da peso a la historia. Una historia en la que las cosas pasan sin motivo puede pertenecer al género del absurdo o, sencillamente, ser una mala historia. Tus lectores quieren leer relatos con coherencia interna y la coherencia interna la da, entre otras cosas, el argumento.

De hecho, como escritora, debes preguntarte todo el tiempo porqué. Siempre. Y debes contestarte con sinceridad. Si tus respuestas a ese por qué no son sólidas, tendrás que retocar algunos de los hechos de tu historia. O alguno de sus otros elementos.

Elementos básicos del relato 3: Personajes

No existe ninguna historia sin personajes.

Búscala. Cuanto quieras. Puede que los personajes no sean humanos, puede que sean insignificantes o que el espacio o el tiempo sean los personajes. Pero no existe una historia en la que sucedan cosas sin personajes.

Los hechos o bien los realiza alguien o le pasan a alguien. En un ejercicio de minimalismo extremo puede que la historia solo tenga un personaje, pero debe tener al menos uno. Este podrá ser muy activo o muy pasivo o estar en la gama intermedia.

Habrás oído que el protagonista es el motor de la acción. Si traducimos acción por hechos; es decir, por historia, lo que tenemos es que sin protagonista, no hay historia. Y sin historia no hay relato o novela.

Elementos básicos del relato 4: Conflicto

Imagen de Iván Tamás en Pixabay 

El conflicto también debe estar presente en todo relato para que este se considere relato.  En todo relato hay una lucha más o menos evidente. Una contraposición entre los deseos del protagonista y los del antagonista.

Por ejemplo, en Indiana Jones y el arca perdida, el conflicto estriba en que tanto Indiana como los nazis quieren conseguir el arca. Ambos luchan por conseguirla. Eso es lo que anima toda la película. Si Indiana decidiera a mitad de film que ya no quiere el arca, se acabaría la película. Ya no habría historia. Porque no habría tensión.

En una novela romántica el conflicto suele revolotear acerca de la creación de una pareja ¿se casarán los protagonistas y vivirán juntos para siempre? Ellos desean estar juntos pero sus familias no (Romeo y Julieta). Para sellar su amor se encuentran en secreto, huyen, hay asesinatos, parce que cada vez se separan más, fingen su propia muerte y al final…

La tensión es una parte vital del relato. No la he contemplado entre los elementos clave, porque la tensión, se crea a partir de otros elementos que sí son clave. El conflicto y los obstáculos, de los que hablaremos a continuación, en combinación con los personajes, crean una tensión. El ritmo, el espacio, todo en un relato colabora para crear tensión creciente y decreciente.

Elementos básicos del relato 5: Obstáculos

Imagen de Ande_Hazel en Pixabay 

Todo lo que le pasa a Indiana Jones y que le impide conseguir el arca perdida son obstáculos. La autora los escribe para crear interés en la lectora. Interés, tensión, suspense. Todos estos conceptos giran alrededor de una única cosa: el hecho de que la lectora es un poco mala persona.

No queremos leer novelas o relatos en los que todo sale bien desde el principio. Esto no nos interesa. Por eso los protagonistas de nuestros relatos, para interesar a la lectora, tienen que plantear un conflicto de cierta importancia y unos obstáculos que creen tensión.

En una novela de aventuras el conflicto es menos importante que los obstáculos. Por ejemplo, en Indiana Jones o Regreso al futuro, la acción prima sobre el conflicto. Pasan muchas cosas que van complicando la posibilidad de Marty devolver a 1985 y la de Indiana de conseguir el Arca. El conflicto es relativamente simple: quiero ese objeto o quiero recuperar mi vida.

En relatos en los que el conflicto es más importante que la acción, el ritmo suele ser más pausado y la lectura más densa. Soy Leyenda o La Metamorfosis son novelas cortas que se plantean la moralidad de la sociedad la primera y el devenir de la especie humana la segunda.

A través de las desventuras de Gregorio Samsa, Kafka pone de manifiesto el conflicto entre el individuo y la sociedad.

Matheson hace lo mismo desde una perspectiva diferente.

Ambas son novelas en absoluto trepidantes. Basan la acción en el conflicto, en explicar y resolver el conflicto. De hecho, los obstáculos son pocos pero insalvables: Gregorio se ha convertido en Insecto y Matheson ha eliminado a la humanidad ya al inicio de su relato.

Elementos básicos del relato 6: Clímax

Imagen de OpenClipart-Vectors en Pixabay 

El clímax es el punto más delicado del relato. No es exactamente el final del mismo, pero sí es el momento al que se dirigen todas las acciones del protagonista y todas las expectativas de la lectora.

El Clímax debe resolver el conflicto de una manera o de otra. Puedes darle al protagonista lo que buscaba, puedes negárselo, puedes buscar un agridulce punto intermedio… Indiana no se queda con el Arca, pero los nazis tampoco. El espectador queda satisfecho porque hay un ganador, aunque quizá no gane de la manera esperada al 100%.

Marty McFly regresa al futuro y resuelve así el conflicto que anima toda la película.

Gregorio Samsa y el protagonista de Soy Leyenda mueren.

Estos son los seis elementos básicos de la novela y, para saber si tus obras funcionarán, debes asegurarte de que los contengan. Todos ellos.

El primer volumen del Curso de técnica literaria que saldrá a la venta este otoño trata cada uno de estos puntos clave con ejemplos de lo que funciona y la explicación de por qué funciona.

Si no quieres esperar al otoño, puedes hacerte mecenas en Patreon, donde ya están publicados todos los capítulos. Basta con que hagas clic en este enlace.

Mientras el libro termina de hornearse, este mes empieza una nueva sección en el blog: Reseñas para escritoras. Que el título no te lleve a engaño: las lectoras que busquen recomendaciones también disfrutarán de estas reseñas. Se tratará de análisis de los libros divididos en seis partes. Bingo, lo has adivinado: los seis elementos básicos del relato de los que hemos hablado en este capítulo serán el foco de las reseñas. Y habrá al menos un séptimo apartado, aquel en el que diga si he disfrutado de la lectura o no. Como además soy una fan del lenguaje bien empleado, como quizá hayas visto en mi artículo sobre los gerundios o sobre las cosas que me sacan de la lectura, también haré hincapié en ese tema.

Así que si te interesa aprender a escribir leyendo y no estás suscrito a mi lista de correo, hazlo. Tienes el formulario en la barra lateral del blog. La suscripción te asegura que recibirás la versión en PDF de todos los artículos que publique en un solo correo al mes.

Y eso es todo.

Recuerda, puedes ayudar a que el blog se mantenga activo suscribiéndote o haciéndote mecenas. Por supuesto, compartir y comentar también ayuda. ¡Que disfrutes!

Envía un comentario

Name*

Website

Comentario