¿Mi primer Pratchett?

Estaba seguro de que tenía unos dieciséis años y que JV, de cuya mano llegaban siempre las novedades en cómic, cine y literatura, se había presentado con una novelita de portada desquiciante que después supe que era obra de Josh Kirby. Estaba seguro de que nos había dicho: «Tenéis que leer esto». Esto era «El color de la magia», escrito por un tal Terry Pratchett que no me sonaba de nada. Estaba seguro de que me dio igual, porque JV nos había traído a tita Úrsula y, si decía que había que leerlo, es que había que leerlo. Estaba totalmente seguro de todo eso hasta que miré las fechas; y nada encaja, así que no debió de ser así como descubrí Mundodisco.

Sí recuerdo sin lugar a dudas que aquello no había por dónde cogerlo. Era una risa constante. Ya en aquél momento pensé, y sigo pensando desde entonces, que si «El Quijote» se hubiese escrito hoy, lo habría hecho Pratchett. Mundodisco se mofaba del género fantástico y, de paso, un poco también del de terror. Era una amalgama de clichés llevados al extremo y, por reducción al absurdo, demostraba que se podía hacer fantasía riéndose de la propia fantasía. De la que se suponía fantasía seria, claro.

Hasta entonces, las obras de fantasía que yo había leído estaban cargadas de una solemnidad presente incluso cuando el texto era ligero (por ejemplo, el «Egidio» de Tolkien). Y si no era la solemnidad el rasgo más pronunciado, entonces era la tristeza o la nostalgia. Pratchett había hecho una ensalada de topicazos y la había aliñado con abundante gas de la risa, y gotas de delirio en sus deliciosas notas al pie marca de la casa. Así que ese fue el motivo por el cual me enganché, al principio: para ver qué nueva herejía había cometido y contra qué género, o personaje, o cliché.

Tardó poco en tocar fibra sensible, la verdad. «Ritos iguales» («Equal Rites», el tercer libro de Mundodisco) era a la vez una sátira amable de Terramar de mi querida tita Úrsula y un alegato por la igualdad de derechos (como su título original deja bastante claro, por otra parte). Esto ya es más serio. No por atreverse a enmendarle la plana a Le Guin, porque tampoco había tenido reparos en hacerlo antes con H. P. Lovecraft o con Robert E. Howard, sino por tratar un tema tan ajeno a los cánones establecidos para la literatura fantástica como el feminismo.

Podría parecer un caso aislado, y quizá no fue más que un experimento. Lo que sí es cierto es que sentó precedente en su obra, porque comenzó la fusión de elementos aún más alienígenas para la literatura fantástica al uso. Aparecen referencias a Shakespeare, al cine de Hollywood, a la mitología egipcia, a la filosofía griega, a la novela de detectives, ¡a Fausto…! Y todo funcionaba, de una manera o de otra. Teniendo en cuenta que la idea subyacente era (si no recuerdo mal) que Mundodisco existe realmente porque, al ser infinito el Universo, en alguna parte tenía que existir, ¿por qué no iba a tener una evolución paralela a la de la Tierra?

Joshua Sammy dijo: «Discworld has always been about change. Every single book involves a major change in one way or another»[1], y ahí reside una de las principales diferencias con la literatura fantástica que yo solía consumir: las cosas cambian. Incluso cuando, como en «Pirómides», están condenadas a no cambiar, cambian. Y eso es un elefante en la cacharrería de los imperios milenarios a los que me tenían acostumbrado. «El Señor de los Anillos», para mí entonces el canon del género fantástico, es absolutamente inmovilista. El intento de cambiar las cosas de Melkor se narra como herejía, traición y maldad. Toda la obra gira en torno a la restauración del orden encarnado por la monarquía en Gondor y, por extensión, en toda la Tierra Media. Lo estático es bueno, lo cambiante es maligno. La evolución no existe, o es a peor.

Mundodisco rompe con esa idea. Las cosas cambian porque tienen que cambiar. No hay nada que podamos hacer para evitarlo. Las sociedades progresan y, con ellas, sus ideas. O quizá es al revés. Que en «El Segador» se haga referencia a las consecuencias del consumismo y a los movimientos de derechos civiles es algo impensable en la fantasía canónica.

Pero claro, es que entre «El color de la magia» y «El Segador» habían pasado ocho años para Pratchett. Los que van desde los treinta y cinco hasta los cuarenta y tres, que ya es una edad. Concretamente, la edad suficiente para ser mi padre (su hija es dos años menor que yo). En esos ocho años, no sólo Mundodisco había evolucionado, sino también el estilo y la temática del autor.

Esos ocho años fueron sólo tres para mí, porque aunque «El color de la magia» lo leí traducido, para mí «El Segador» será siempre «Reaper Man», circunstancia que me ahorró un año de espera (compré la edición de Corgi, que salió un año más tarde que la de Gollancz, o hubiese esperado un año menos todavía). Yo era otra persona, entonces. JV apenas era un recuerdo del pasado, mi cabeza estaba en otras cosas más adultas como terminar la carrera y el servicio militar, la relación con mi novia que ya duraba tantos años como los que había estado leyendo a Pratchett, y la perspectiva de un trabajo o, al menos, de buscarlo.

Supongo que el que ese crecimiento que yo había experimentado haya ido acompañado del crecimiento del mensaje de las obras de Pratchett ha influido en que haya seguido leyéndole. Cuando lo que lees está en sintonía con tu estado mental, anímico o de madurez, no se produce el rechazo que sientes a veces por obras que te parecen «demasiado infantiles» o «demasiado profundas».

No sé decir a partir de qué punto llegué a la conclusión de que Terry Pratchett había abandonado la sátira amable al género para pasar a difundir su crítica de la sociedad disfrazada de humor. Y su crítica es feroz. Neil Gaiman dijo: «There is a fury to Terry Pratchett’s writing: it’s the fury that was the engine that powered Discworld. […] The anger is always there, an engine that drives. […] And that anger, it seems to me, is about Terry’s underlying sense of what is fair and what is not. It is that sense of fairness that underlies Terry’s work and his writing.»[2] Las sucesivas relecturas de los textos de Pratchett, sobre todo de los más recientes, me permitieron comprobar hasta qué punto es cierto eso. Imagino que el haber llegado a los cincuenta años me habrá dado también una perspectiva distinta desde la que mirar esos textos.

Durante treinta y dos años, Sir Terence David John Pratchett, caballero de la Orden del Imperio Británico, más universalmente conocido como Terry Pratchett o incluso Pterry, nos tuvo engañados. O quisimos vivir engañados por él. Quisimos creer que estábamos leyendo por las risas, porque era fantasía pero divertida, en vez de pensar que nos estaban hablado de feminismo, de xenofobia, de integración, de diversidad, de capitalismo, de pacifismo, de racismo. Y no, era todo eso. En plan jaja-mira-qué-gracioso-pero-no.

Y cuando un autor deja tan claros sus principios y resuenan tanto con los propios, ¿cómo no quererle?

Hasta siempre, Terry. «A man is not dead while his name is still spoken».

[1] Joshua Sammy, «How Terry Pratchett’s Discworld Has Evolved», The Artifice, 25/07/2013 (https://the-artifice.com/terry-pratchett-discworld-has-evolved/)

[2] Neil Gaiman, extracto de la introducción a «A Slip of the Keyboard», de Terry Pratchett. (Tomado de https://www.theguardian.com/books/2014/sep/24/terry-pratchett-angry-not-jolly-neil-gaiman).

La noche de Halloween: slasher upside down

¿Qué es el slasher? Me preguntas mientras deslizas tu cuchillo jamonero por mi cuello adolescente

Pues es precisamente eso. El slasher es un subgénero del cine de terror. Uno de los menos refinados. Un subgénero nacido para el consumo adolescente y que nunca ha tenido grandes pretensiones. Al carecer de eso, de pretensiones, tampoco ha contado, históricamente, con grandes presupuestos.

En la mayoría de las ocasiones la acción de un slasher se articula alrededor de un hombre que asesina a adolescentes con un cuchillo u otro objeto cortante. La gloriosa excepción a esta regla es la villana de la primera entrega de Viernes 13: Pamela Voorhees, que cede el papel a su hijo a partir de la secuela. Desde entonces, Viernes 13 se convierte en el cortijo sangriento del conocido Jason, el asesino del machete y la máscara de hockey.

Pero para cuando la familia Voorhees hizo su aparición en el idílico campamento de verano Crystal Lake, los cimientos del slasher ya estaban plantados y bien plantados. Dejando de lado a las auténticas precursoras, como Psicosis, de Alfred Hitchcock, Peeping Tom de Michael Powell, Blood Feast, de Herschell Gordon Lewis o Dementia de Francis Ford Coppola (todas ellas anteriores a 1965), los años 70 nos dieron la bienvenida de la mano del primer icono mata jóvenes de la historia: Leatherface se convierte en el primer monstruo pop del cine slasher en La Matanza de Texas. A estas alturas los elementos del género ya pueden identificarse sin problema:

  • Asesino sicópata enmascarado, desfigurado o difícilmente reconocible
  • Grupo de adolescentes en un entorno aislado.
  • Sexo
  • Drogas
  • Grandes dosis de violencia
  • Al malo no lo matas ni aunque se quede quieto, vestido de amarillo fluor en un escenario de teatro negro y a ti te den una granada de mano con dispositivo personalizado de seguimiento
  • Los adultos no aparecen o lo hacen para poner de manifiesto su soberana estulticia e incompetencia
  • Chica que sobrevive al final y que, al menos en apariencia, vence al villano

La chica final, o el debate sobre la misoginia en el slasher

El tropo de la chica final o superviviente final es inherente al slasher. Esta chica final es el único personaje que llega vivo al final de la película y se enfrenta al asesino. Fue la escritora Carol J. Clover quien identificó el arquetipo en su libro Men, Women and Chain Saws: Gender in the Modern Horror Film (Hombres, mujeres y motosierras: género en el cine de terror moderno. Según observó la autora, la chica final es:

  • Virgen o virginal
  • No se droga o no bebe. En cualquier caso no comparte los vicios de sus amigos, que sí acaban muertos; es decir, castigados
  • En algunas ocasiones tiene un pasado en común con el asesino
  • Suele convertirse en el motor de la historia y por tanto muestra valores como inteligencia, cierta astucia y curiosidad
  • Muchas de ellas tienen nombres válidos para todos los géneros (Sidney, Billie, Teddy)

La premisa básica sobre la que trabaja Clover es que el fenómeno de identificación del público con los personajes no permanece estable durante toda la película. En principio, el público masculino, que es a quien se dirige este tipo de cine en un primer momento, se identifica con el asesino.

Pero el ser humano –o la mayoría de los miembros de la especie- quiere que ganen los buenos. Para que esto suceda, deben ganar las víctimas. Eso obliga a guionistas y directores a masculinizar a la chica final para que el espectador hombre se identifique con ella. Algo que se consigue mediante el freudiano método de privar al villano de su arma fálica y matarlo con ella.

¿Por qué no es esto mucho más sencillo? ¿Por qué la chica final no puede ser un chico final?

Según Clover, para que la película cumpla con su propósito, el superviviente final tiene que pasar por una auténtica crisis de horror extremo. Y no, los hombres no estaban (no creo que lo estén hoy, todavía) dispuestos a identificarse con un hombre en plena crisis de grito en falsete. Salvo si son estrellas del metal.

Clover apunta también a que algunos de los villanos del slasher tienen una masculinidad y virilidad un tanto dudosas, como Norman Bates en Psicosis o los torpérrimos Stu y Billy en Scream (una auténtica joya, por cierto).

De hecho, ved Scream, que explica mucho mejor que yo todo lo que está escrito en este artículo… Y además te ríes.

¿Misoginia, pues?

Llamadme loca, pero tenemos un género cinematográfico completo que cuenta las andaduras de un sicópata que se dedica a matar adolescentes en castigo por su promiscuidad y sus vicios malsanos. La única que se salva es una chica que lo pasa fatal y cuyas virtudes son que no practica sexo ni se droga. A lo mejor algo de misoginia hay en el género.

Sobre todo si damos un pequeño saltito hacia lo simbólico ¿Y si el psicópata representa a la sociedad? No de manera literal, claro. ¿O sí? Una sociedad adulta, dirigida por hombres blancos heterosexuales que pretende erradicar el vicio y la corrupción de los adolescentes pero que los practican ellos mismos.

¿Y si Michael Myers fuera el heteropatriarcado?

En todas estas películas los jóvenes desobedecen a sus padres en lugares aislados y son castigados por ello. Los adultos no aparecen en la historia.

Pensémoslo ¿quién quebranta las normas sociales impuestas por los adultos? Los adolescentes. Y ¿quién hace que las aguas vuelvan a su cauce en la cabeza del espectador? El villano, que solo sucumbe ante la mujer que se porta bien. Un poco como las madrastras en los cuentos de hadas, que venían a sustituir a las amantes madres desaparecidas porque los niños aprenden las moralejas de manera más efectiva si el carácter bondadoso de la madre no se ve comprometido.

Si el villano es la madrastra que viene a restablecer el equilibrio social, el villano representa a la sociedad. La sociedad representada por ese villano quiere mujeres obedientes, vírgenes, puras, perfectas. Y el slasher adolescente es el género que perpetua esas reglas entre los adolescentes a cambio de violencia y sexo gratuitos… por los que en realidad sí que hay que pagar un precio.

¿Y qué pinta Halloween en todo esto?

Halloween llega a las pantallas para inaugurar el género y darle el aspecto preciso que ya no perderá.

En 1978 John Carpenter coescribe con Debra Hill, que lo producirá, el guión de esta película independiente que dirigirá él mismo y que ha dado al mundo siete secuelas y lo que Wikipedia llama dos reinicios. Un total de diez películas, la mayoría francamente malas.

Argumento

En 1963 un niño de seis años coge la máscara de Haloween del novio de su hermana adolescente y la asesina con un cuchillo de cocina (a la hrmana, no a la máscara).

Quince años después se escapa del siquiátrico donde lo habían encerrado y vuelve a su ciudad natal. Se refugia en su antigua casa, ahora abandonada y medio en ruinas. Su siquiatra le sigue la pista para devolverle al sanatorio. Lo describe como “el mal en estado puro”.

Mientras tanto, Laurie Strode (Jamie Lee Curtis) se niega a ir a una fiesta de Halloween porque tiene que cuidar a un niño. Sus amigas intentan convencerla, pero ella es firme como una roca y bla bla bla. Firme como una roca, pero adolescente. Hay una escena en la que le preguntan por qué no tiene novio y, en fin, ella contesta que los chicos la ven demasiado inteligente. Sin comentarios.

Las canguros ven a Michael conduciendo un coche y una de ellas le dice algo que él interpresa como una grosería. Comienza a acecharlas.

Michael Myers va matando muy eficientemente a todas las chicas malas y a sus parejas.

El enfrentamiento entre Laurie y Michael Myers es antológico. Él parece sobrevivir a todo. In extremis, el doctor Loomis, el siquiatra de Myers, le dispara seis tiros y salva a Laurie. Sin embargo, al final de la película sabemos que el villano ha huido.

Influencia de Halloween en el cine slasher de los 80

Mi pasión por el horror nace en las horribles quemaduras del rostro de Robert Englund y en el guante de cuatro cuchillas que blande a lo largo de 8 películas, entre 1984 y 2010. Además de una serie de televisión, Las Pesadillas de Freddy, de la que sale una undécima película a partir del montaje de dos episodios dirigida por Tob Hopper, el padre de Leatherface; ya sabéis, el alegre muchacho de la motosierra. Vamos, que yo soy hija de Pesadilla en Elm Street.

Pero el hecho es que no habría Freddy si no hubiera habido Michael Myers. Como tampoco habría habido Viernes 13. Michael Myers es el hermano mayor de los dos sicópatas más conocidos del universo cinematográfico. Un hermano mayor que les lleva ventaja en eso de no justificar su comportamiento. Myers es malvado y punto.

  • Carpenter nos da un mundo adulto ausente que Craven convierte en directamente culpable (los padres de los adolescentes de Elm Street condenan a sus hijos por ejecutarsumariamente a un violadore de niños).
  • Carpenter nos da una chica final que Craven repite hasta la saciedad en todas sus películas (También en Scream, una sátira autorreferencial de una genialidad deliciosa. Sí, insisto en que la veáis).
  • Carpenter pone en manos de su villano un cuchillo de cocina que Freddy actualiza y multiplica por cuatro
  • Carpenter nos da a un villano que mata sin más motivo que matar. Un villano silencioso que emplea el silencio como Freddy las mentiras y los chistes obscenos, para sacar de quicio al espectador y a sus víctimas.
  • Carpenter institucionaliza y da vigor al castigador de vicios que conmuta la pena a las vírgenes puras.

Con Michael Myers el cine de terror comenzó una época dorada que continuó hasta bien entrados los años 90 y que todavía da coletazos.

Sagas slasher deudoras de Halloween

Sin ser demasiado exhaustivos, podemos sacar una lista cumplidita de películas y sagas slasher más o menos fieles al género y a sus premisas originales:

  1. Viernes 13
  2. Pesadilla en Elm Street
  3. Scream
  4. Cabin Fever
  5. Sé lo que hicisteis el último verano
  6. Destino final
  7. Jeepers Creepers
  8. Posesión Infernal
  9. Death Proof
  10. Muñeco diabólico

Y entonces llega 2018 y, cuando ya nadie daba un duro por un género que ya no genera más que alguna película suelta de vez en cuando, aparece:

La noche de Halloween 2018– A partir de aquí, si no has visto la película, quizá quieras dejar de leer

Seamos sinceros, el slasher no es tragedia shakesperiana. No se le exige a una película de truculentos asesinatos en serie que plantee tremendas reflexiones filosóficas. Siendo justos, ni siquiera se le exige una gran inversión en recursos técnicos. Los apasionados del género pedimos una ejecución correcta, cierta tensión e imaginación en las muertes. Dame, sangre, sí, pero dámela con creatividad.

Así que cuando ayer entré en el cine no pedía más que eso. Sobre todo porque, además, yo no soy #teamMyers, sino #teamKrueger.

La noche de Halloween 2018 es deudora de la película original y del remake de Rob Zombie, que emplea una buena cantidad de metraje en contarnos la vida de Michael Myers una vez ingresado en una institución siquiátrica. Lo es en lo que respecta al personaje del siquiatra (uno de los puntos más flojos de esta entrega, en realidad) y en cuanto al carácter del villano.

Pero empecemos por el principio:

Resumen de la trama

La noche de Halloween empieza con un par de periodistas de investigación que quieren comprender la mente de Myers y que lo visitan en el centro siquiátrico en el que está recluido. Allí conocen al doctor que lo ha tratado todos estos años y que lamenta profundamente que vayan a trasladarlo a un centro mucho peor.

Los reporteros enseñan a Michael su máscara para hacerle reaccionar, pero no reacciona.

Más tarde visitan a Laurie, que vive en una casa reconvertida en fortaleza. Aquí se pronuncia una de las frases más importantes de la película. La cuestión es que los periodistas le dicen que quieren contar la historia desde otra perspectiva porque, bueno, Laurie no es una mujer buena ¿sabéis? Se ha divorciado dos veces y servicios sociales la declaró no apta para ser madre. Entonces ella les dice que Myers mató a un montón de adolescentes pero a la que hay que revisar es a ella porque se ha divorciado. Quedaos con esta frase.

Laurie y su hija Karen se llevan mal porque Laurie se ha pasado la vida entrenándola para cuando Myers saliera y fuera a buscarlas, pero la hija cree que todo es fruto de un trauma y que eso no va a pasar nunca. Por eso no la llama para celebrar los éxitos académicos de la nieta. Drama familiar y tensión generacional como contexto.

Baile de instituto como homenaje y excusa.

Myers se escapa durante el traslado, se hace con su equipo de matar, mata. Llega a la casa fortificada y allí muere a manos de Laurie y de su hija. La película termina con una foto fija de la nieta sujetando el cuchillo ensangrentado del asesino. Quedaos con esto también.

Michael Myers

Michael Myers es una maquina de matar. No se hace ninguna concesión a su pasado como miembro jovencísimo de una familia desestructurada. Myers mata y no sabemos por qué. Esa es la constante más perturbadora del personaje en sí y, desde mi punto de vista, un gran acierto.

El mal existe. Las personas que escriben historias de terror tienen que aprender de una buena vez que el mal existe. Y eso es lo que deben darle al público. Porque si no, no hay miedo. Puede que el bien gane, pero para eso debe existir el mal. Explicar los motivos para que el mal exista, como si su existencia se derivara de una perversión corregible del bien es, desde mi punto de vista, un error.

Aislado o no, sicópata o no, Michael ha evolucionado durante los últimos cuarenta años, desde que lo encerraron. Es consciente de su propio envejecimiento y de cómo las cosas han cambiado. Además, sabemos que aunque todo lo que no es él carece de importancia, el malvado asesino no es ajeno a ello. Por eso cuando los reporteros lo visitan en el siquiátrico toma buena nota de quienes son y de lo que llevan consigo.

Es verdad que en la película todo sucede por casualidad. Las personas están donde están por avatares del destino. No hay muchas posibilidades de que Myers supiera dónde iban a repostar los reporteros, ni de que los persiguiera para matarlos. Gente, esto es el slasher. Y yo, amiga como soy de todo lo que tiene consistencia, no se la pido a este género porque creo que precisamente esa inconsistencia es una de sus características. Así que no criticaré esas casualidades. Aunque podrían salvarse, claro que si. Y si los guionistas las hubieran salvado, la película sería mucho mejor. Pero de todos modos, estamos hablando de cómo La noche de Halloween le da la vuelta a un género mediocre. Tengamos eso en cuenta.

 

¿Por qué digo que Myers ha evolucionado?: Los asesinatos de La noche de Halloween

Sí, Michael Myers ya no mata solo a adolescentes. Se separa de las convenciones del género y asesina:

  1. A los reporteros de investigación que tienen su máscara. Ambos han aparecido en el siquiátrico, se la han enseñado y se han presentado ante el espectador como personajes con un interés genuino en el asesino. Quedaos con esto, porque es importante para luego. La prensa le devuelve su personalidad.
  2. A una mujer con rulos, un ama de casa que está en la cocina, en bata, con las puertas abiertas. La mata para conseguir el cuchillo de cocina por el que le conocemos. Habrá quien diga que un ama de casa le devuelve esa masculinidad fálica que le sirve para asesinar.
  3. A una mujer aleatoria, una madre, creemos, que espera que su hijo regrese a casa de una fiesta. La aleatoriedad es importante para que veamos que este hombre es, sencillamente, malvado.
  4. A una canguro y su pareja. Ambos se están enrollando en el sofá y además hay marihuana implicada. Precioso homenaje a la primera parte. No olvidemos que Michael Myers sale con 21 años del siquiátrico la primera vez y mata a las canguros amigas de Laurie. No mata en cambio al niño que están cuidando. Y que es, con toda probabilidad, el niño más listo y menos repelente de la historia del cine (con permiso de grandes personajes, como Knut, de Aliens).
  5. Al amigo gracioso de la nieta de Laurie. Un amigo gracioso que se ha emborrachado y que trata de besarla aprovechando una situación de fragilidad emocional. Un amigo gracioso y baboso que se excusa como un ¿amigo baboso y nada gracioso? Pues eso.

A partir de ese momento, la película se centra en lo que importa, con unos minutos centrales dominados por personajes masculinos que…

¿Qué pasa con los hombres en esta película?

¿Recordáis lo que decía más arriba de los adultos y el slasher? Sí, lo de que están ahí para demostrar su absoluta incompetencia. Pues bien, ese es el papel de la mayoría, sino todos, los hombres de esta película.

  • El sheriff que sobrevive pero es asesinado por el siquiatra loco
  • El siquiatra loco que tras 40 años de tratamiento todavía cree que hay algo que prender de Myers
  • El jefe del sheriff, que hace el mismo papel que el alcalde de Tiburón pero mucho más corto; a saber, solo sale para decir que no se va a cancelar Halloween.
  • El padre de la nieta de Laurie, que sabe no sé qué arte marcial y que muere como un pelele
  • Los policías que están vigilando la entrada a la supuesta fortaleza de Laurie
  • El novio de la nieta, un imbécil con problemas de fidelidad y de agresividad y que se queda compuesto y sin novia
  • El amigo gracioso ya comentado.
  • Y me olvidaba al padre cazador que no deja que su hijo vaya a danza.

El único personaje masculino nteligente y razonablemente sensato pertenece a una nueva generación. No tiene más allá de nueve o diez años.

Hay un punto medio en la cinta en el que solo salen hombres. Todos ellos se portan como auténticos imbéciles y, básicamente, mueren. En esas escenas, la nieta de Laurie grita, miente, corre y no sabe muy bien lo qué está pasando excepto que no puede fiarse de nadie salvo de su abuela.

Esto nos deja con una cinta en la que hay tres personajes femeninos enfrentándose a un asesino masculino que, recordemos, representa a la sociedad y a sus normas.

Las tres generaciones de mujeres y la chica final

Myers llega a la casa de la abuela Laurie, donde la policía ha llevado a la hija y a su marido. El marido ha muerto.

Myers consigue llegar a Laurie, consigue estrangularla y casi matarla. Hay una secuencia completa de Laurie caminando por la casa y accionando partes de una trampa que lleva cuarenta años construyendo. A nivel metafórico esta casa es maravillosa.

Porque las casas representan, incluso en los test de sicología, a la propia persona. Así que tenemos a Laurie que ha enseñado a su hija, cuya custodia obtuvo aunque luego se la quitaran, a defenderse del villano-patriarcado. De hecho, el propio patriarcado disfrazado de servicios sociales le ha quitado a su hija por enseñarla a defenderse contra él. Y la hija se ha puesto de parte de la sociedad. La hija creía que su madre estaba loca. Pero, amigos, a pesar de eso, aprendió lo que su madre tenía que enseñarle.

Laurie Strode

Laurie ha pasado cuarenta años construyéndose como mujer, haciéndose fuerte, recogiendo y usando recursos nuevos que no estaban a su alcance antes. Parte de ellos puramente físicos: ahora sabe disparar, como los hombres. Pero también ha cambiado a nivel interno. Tiene miedo porque sería ridículo no tenerlo, pero sabe afrontarlo. Ha puesto barreras reales en las habitaciones para acorralar al villano que viene a matarla porque no la destruyó cuarenta años antes. O, mejor, porque ella no aceptó los términos de su salvación. No ha seguido siendo una chica obediente. Se ha convertido en una mujer poderos, independiente.

Además es una mujer responsable y consciente de su obligación como madre: Si he educado a mi hija de tal manera que me odie pero he conseguido que sea capaz de defenderse, entonces me doy por satisfecha, le dice a su nieta. No es una cita, pero la frase es bastante aproximada.

Es también una auténtica maravilla como cambian las tornas entre Myers y Laurie.

Si en la primera película de la saga Michael es más difícil de matar que una plaga de pulgones y sobrevive a que le vacien un cargador completo, eso cambia en esta última cinta. Ahora es Laurie quien se ha vuelto prácticamente inmortal.

  • La estrangulan
  • Están a punto de romperle el cuello
  • Le golpean la cabeza contra una superficie dura y no le sale ni sangre
  • La tiran por el balcón

Pero sobrevive. Y no solo sobrevive, sino que gana la partida.

No nos engañemos, Myers también sobrevive a balazos varios, un atropello y algunos golpes. Es un villano de slasher nacido en los años ochenta y el que tuvo, retuvo ¿no?

Quizá sea ese el problema: el villano, el patriarcado, no cambia.

¿Qué ocurre pues, con las mujeres?

A nivel literal, las tres generaciones de mujeres, la abuela, la hija y la nieta (como en caperucita), matan al lobo.

A nivel simbólico es donde esta película es fantástica.

  • La abuela, una Jamie Lee Curtis que es la auténtica protagonista de la historia tal y como resulta evidente por el cartel, ha conseguido convertirse en una mujer fuerte que toma sus propias decisiones. Eso le ha costado sus relaciones sociales y de hecho vive tan aislada como el asesino.
  • La hija, que se ha separado de su madre porque no entendía su manera de pensar ni su radicalidad, no puede evitar saber lo que sabe. Así que colabora con su madre para atraparlo y matarlo.
  • La nieta, caperucita, una chica final de libro, inteligente y virginal como mandan los cánones, ni siquiera se enfrenta al villano pero se convierte en su heredera.

Hay una escena en la que Myers está con la nieta en un coche y no le hace ningún caso. En cambio, mata al siquiatra loco. Es genial. Myers, el villano-patriarcado, está tan roto por dentro, tan enfermo, que mata a sus adalides. Pasa de la chica final. Pasa tanto de ella que no la persigue. En cambio va a por su víctima primigenia: la mujer fuerte. Porque si Laurie se salva en la primera película gracias a su pureza, en esta se condena por su fortaleza adquirida.

Pero la mujer fuerte en 2018 no está sola. Su hija, la siguiente generación, no la comprende pero ha aprendido de ella. Y su nieta ha crecido en un entorno protegido, pero es lista y también colabora. Porque auqnue ella se haya librado, sabe que el villano no es bueno. No en vano Myers ha matado a su amigo y al único hombre que trataba de ayudarlo.

Las tres mujeres trabajan juntas para acorralar y matar a Myers en una trampa que coronan con fuego, el elemento purificador por excelencia. Después se marchan. Un camión las recoge y ellas viajan en la parte trasera. La nieta lleva el cuchillo en la mano. La cámara se detiene en el cuchillo. La música subraya el significado de esa imagen.

Y es que, en esta película, el patriarcado ha caído. Y es una mujer muy joven la que porta sus armas.

Pero esto es cine, no es la vida

No se me escapa que estamos hablando de una película entre un millón. Que esto se haya rodado de tal manera que permita esta interpretación no quiere decir que las mujeres hayamos ganado ninguna guerra. Solo apunta que se está produciendo un cambio en la visión de quienes cuentan las historias.

Eso es, precisamente, lo bueno del asunto. Las historias ayudan a conformar la sociedad, a transformarla. Y esta historia en concreto, tenga la repercusión que tenga, forma parte del corpus de nuevas visiones sobre el mundo.

Los hombres han dejado de ser, aunque parcialmente, aunque de forma marginal, los dueños todopoderosos de los destinos de todas las mujeres. Hoy, en 2018, se puede hacer una película en la que Jamie Lee Curtis sea una mujer con personalidad que trabaje mano a mano con otras mujeres para derrotar a un villano.

Incluso sin la carga simbólica que yo veo detrás, este hecho es digno de tenerse en cuenta. Sobre todo porque no se ha pervertido ninguna regla del género. Las víctimas son adultas, el villano muere a manos de la chica final, hay sangre. Todo está ahí, como siempre. Y sin embargo es diferente.

Mis disparadores de incredulidad: lo que me saca, como lectora, de una historia

Quiero hablar hoy sobre la suspensión de la incredulidad. Algo que afecta a todas las lectoras y por tanto también a mí. Pero no lo trataré como he visto que se hace en otras páginas y blogs. Os enlazo este artículo de Litreup en el que hablan de los personajes creíbles y de los manuscritos en botellas entre otras cosas. Es interesante y cubre con solvencia todo lo que ya se ha dicho. Dragón Mecánico, compañero de Sinécdoque, también lo hace estupendamente en este artículo suyo.

Qué es la suspensión de la incredulidad

Por decirlo con muy pocas palabras , la suspensión de incredulidad se produce cuando una lectora pasa por encima de lo increíble y decide creer que lo que está leyendo es posible.

Ejemplos:

“En un agujero en el suelo, vivía un hobbit.”

Esa es la frase de inicio de El Hobbit, de J.R.R. Tolkien. A la lectora le toca firmar un acuerdo con el autor según el cual va a asumir que los hobbits existen en el mundo que plantea la novela y que además viven en agujeros en el suelo. A partir de esa primera frase se construye un mundo de fantasía que se rige por unas reglas determinadas. El autor debe seguir esas reglas hasta el final de la historia para que la lectora no rompa su suspensión de incredulidad.

“Hacía un día estupendo.

Como todos los anteriores. Habían pasado bastantes más de siete hasta entonces y la lluvia no se había inventado aún. Pero las nubes que acechaban al este del Edén insinuaban que la primera tormenta estaba de camino, y que menuda iba a ser.

El ángel de la Puerta del Este se cubrió la cabeza con las alas para protegerse de las primeras gotas.”

Así comienza Buenos Pesagios, de Neil Gaiman y Terry Pratchett, donde no solo se nos pide que, como lectoras, suspendamos nuestra incredulidad, sino que se establece el tono humorístico de la obra. A partir de ahí estamos a dispuestas a creer casi cualquier cosa que pase porque ya nos han dicho que esto va de acontecimientos absurdos en un universo que posiblemente resulte disparatado.

 

Un tercer ejemplo:

“Un semestre más, mi querido lector, tienes entre tus mano este humilde boletín.”

Esta es la fórmula que Conchi Regueiro escoge para meternos de lleno, como lectoras y metalectoras, en el universo de La Moderna Atenea. Una gran novela escrita a modo de colcha de retales mediante extractos del boletín mencionado, cartas y correos electrónicos.

Cómo crear la famosa suspensión de la incredulidad en novelas de género fantástico

De verdad que no, que este artículo no pretende enseñar a nadie cómo crear personajes redondos o cómo dar con el world building perfecto. Para eso están los dos artículos que os he enlazado más arriba y otros cientos de miles de resultados que Google os devolverá solo con que escribáis las cuatro palabritas en su caja mágica.

Los disparadores de la incredulidad

Por fin me acerco a lo que de verdad quiero decir. Siento la introducción previa, pero es que para establecer un diálogo hay que dejar claro de qué se está hablando. Así que, hechas las presentaciones, vayamos ahora a lo que interesa. A saber ¿cómo se pierde la credulidad del lector? O, en otras palabras, ¿qué hace que el lector vea al autor y las costuras de la obra? ¿Es eso malo, por otra parte?

La respuesta a la segunda pregunta es que sí. Es malo, feo y una de esas cosas que, como lectora, más me repatea. Ahora os cuento por qué.

En primer lugar hay que decir que cada lectora tiene sus propios disparadores de incredulidad. Hay quien dice que si la orografía del mundo no es verosímil, dejan de leer. Hay quien traza líneas temporales porque no puede con historias que tengan huecos de ese tipo. Otros no soportan que los personajes se muevan como marionetas, o que las cosas sucedan porque sí. Los deus ex machina son la piedra de toque de casi todas las lectoras a la hora de disparar la incredulidad. Ese es el momento en el que dejan de leer. Sí, así es de malo ver las costuras de una obra.

Mi disparador de la incredulidad es, entre otros el estilo

Ha costado, pero este era el tema del que venía a hablaros hoy.

¿El estilo? Dices mientras me siento estafada ante tu blog con imagen de cabecera azul? El estilo es subjetivo, el estilo es personal, el estilo es como Moby Dick, que si te vas a cazarlo terminas jodida como Ahab.

No. El estilo es una herramienta. Una herramienta con diferentes formas. Y cada autora debe saber emplear un estilo adecuado a la obra que pretende contar. Porque el estilo también ayuda o impide la suspensión de la incredulidad en la literatura de género fantástico. En fin, y en toda la literatura.

Pongamos una novela escrita en primera persona en la que la protagonista es una profesora. O una en la que la protagonista es una niña de quince años, también contada en primera persona. Pongamos que la narradora habla del terror que le produce una situación particular.

Imagino que estaremos de acuerdo en que una profesora no habla igual que una alumna. Imagino que también coincidiremos en que el tipo de frases y la paleta de significados que emplearemos para pintar una escena alegre no es la misma que la que usaremos para hablar de pánico o tristeza.

Sí, hay genios capaces de pintar la desolación bajo los rayos del sol en un paraje mecido por la fresca brisa de un verano que rozaba la perfección. Pero pocas autoras son genios. Incluso las autoras buenas y muy buenas solo son buenas o muy buenas.

Así que las buenas y muy buenas profesionales de la literatura se preocupan de su estilo. Porque un estilo cuidado funciona mejor que un estilo descuidado a la hora de transmitir lo que sea que deseamos transmitir.

Dame pistas ¿Qué es el estilo descuidado?

Veréis, es justo lo opuesto al cuidado. Un estilo cuidado es preciso mientras que el estilo descuidado es torpe. Las escritoras que cuidan sus escritos emplean un vocabulario rico, pero no rimbombante. Usan construcciones variadas y crean un ritmo dinámico. Pero no se lían con artificios alambicados y cosas raras.

Ejemplo de estilo cuidado:

“La principal característica de Jimena desde el mismo instante de su nacimiento fue su suerte negativa, la misma que lleva a tantos desgraciados a partirse las narices al tropezar en la única piedra del desierto o a morir por la última bala de una guerra.”

Conchi Regueiro La Moderna Atenea

 

Segundo ejemplo:

“—¿Lo que? —dijo el Andrés, y nada, en cambio, el galgo. Porque lo había entendido perfectamente, sin moverse, sin haberse reunido nunca antes, sin haberse repartido jamás ni una moneda, ni un cigarrillo siquiera, con ellos. Lo vio primero, como la primera vez, agachado, desnudo, con una lanza. “Maldito, te veré colgado, abierto en canal, me reiré de tus humeantes vísceras, rojas y azules.”

—Se dice el qué, no lo lo qué —se oyó Juan, tembloroso ante la sorpresa del Andrés, que se puso pálido, o lo parecía[…].”

Ana María Matute, Algunos muchachos

 

En esos dos párrafos, tan distintos, no hay grandilocuencia, ni más complejidad que la de haber buscado las palabras precisas para que los textos se comprendan y para algo más: para que la lectora lea lo que la autora ha querido decir.

Conchi Reguiro introduce ese “partirse las narices” con una socarronería gallega que dice mucho del personaje que habla (es este un fragmento de carta al director del Boletín alrededor del que se articula La Moderna Atenea).

Ana María Matute antepone un adjetivo; humeantes vísceras y ahí radica la emoción principal de su párrafo, la violencia.

¿No echáis nada de menos en esos párrafos?

Ninguna de estas dos autoras necesita llenar su prosa de los elementos que destacan como luces rojas de semáforo en medio de una autopista en los textos que yo llamo torpes.

No veréis en esas pocas líneas más que un único verbo ser. Tampoco hay gerundios.

No, no es que les tenga manía al ser, estar, parecer, tener, a los gerundios, a las perífrasis o a los adverbios usados desaforadamente. Ni es que yo esté obsesionada, es que la mayoría de las veces no son necesarios. De hecho, hacen daño. Mucho. A la prosa y a la bendita suspensión de incredulidad.

Lastran un buen texto. Los seres, estares y perífrasis cargan de palabras párrafos que podrían ser mucho más cortos si se escribiesen empleando el vocabulario adecuado. Y sí: menos es más. Cuando escribes, quieres que te entiendan, pero también quieres causar un impacto determinado, una emoción o transmitir una idea. Pues bien, el impacto se pierde cuando das rodeos en forma de perífrasis.

Ejemplo:

“La principal característica que empezó a mostrarse en el mismo momento de su nacimiento fue que tenía mala suerte negativa. La misma que lleva a tantos desgraciados a soler partirse las narices al acabar tropezando en la única piedra del desierto o a morir por la última bala de una guerra”

Este párrafo (perdona, Conchi) dice exactamente lo mismo que el que he transcrito más arriba, pero mucho peor. Hay que leerlo varias veces para comprender su significado, se pierde el sentido del humor. Es una porquería de párrafo.

Y eso que solo le he añadido un par de perífrasis. Sí, una de ellas con gerundio.

¿Por qué esto dispara mi incredulidad?

Pues lo acabo de decir: porque tengo que leer dos veces un mismo párrafo para saber lo que la autora quiere decirme. Y eso me saca inmediatamente de la historia.

Pasa lo mismo cuando en lugar de emplear las formas del verbo, conjugadas como la gramática manda, la autora coloca una forma del verbo ser y un participio: “estaba vestida con un traje azul” en lugar de “vestía un traje azul” o “llevaba un traje azul” o “un traje azul colgaba de su esqueleto”.

Torpeza vs Pereza

Leo muchos textos que abundan en este tipo de torpezas. Algunos son descuidados, otros son torpes, otros perezosos.

Torpeza

Tengo que reconocer que la torpeza en sí no me molesta. Sobre todo no me molesta en autoras jóvenes con ilusión por trabajar y mejorar. El estilo se pule leyendo, escribiendo y aceptando críticas. Con criterio, ojo. Todas las críticas no son acertadas. Ni siquiera las mías. Ni siquiera las hechas con la mejor intención.

La torpeza, digo, no me molesta porque a escribir bien se aprende. Si se quiere. Si se tiene un cierto respeto por la profesión o la afición de una, que en este caso es la literatura. Cualquier primera obra estará, con toda probabilidad, mejor escrita que la segunda o la tercera. Siempre que haya voluntad de aprendizaje.

Yo tengo el secreto deseo de que cada uno de mis relatos esté mejor escrito que el anterior. Quiero que cada novela corta, que cada cosa que escriba, gane en precisión, en riqueza semántica, en simbología… Y que al mismo tiempo sea asequible para un público más amplio.

Pereza

Me molesta la desidia, me molesta la pereza. Saca lo peor de mí que autoras incapaces de leerse desde fuera o de aceptar que no saben lo suficiente digan que el estilo es subjetivo y que por tanto todo lo escrito es igualmente válido. Me molesta hasta la urticaria galopante porque esas autoras no quieren escribir bien, quieren que las lean. Y sí, hay una diferencia.

Desde mi punto de vista, las defensoras de que todo en literatura es subjetivo no quieren ser escritoras, no quieren trabajar sus textos. Pero quieren ser consideradas buenas escritoras.

Hola: quiero ser campeona olímpica, pero no quiero entrenar.

No tengo nada en contra de la gente que escribe textos ligeros, sin mucho cuidado y que dice: ¡Eh! He escrito esto, no tiene muchas pretensiones, pero entretiene. Igual te divierte. Son personas que escriben se lo pasan bien y no se enfadan si una lectora les dice: qué divertido, un poco simple, el estilo un poco basto, pero me ha hecho la tarde muy amena. Tampoco se enfadan si una editorial les rechaza un manuscrito.

Todo lo contrario a esas autoras que creen que escriben bien y que no trabajan su prosa porque ellas ya lo saben todo. Esas que, cuando reciben críticas o rechazos debido a la pobreza de su estilo, enarbolan la bandera de “el arte es subjetivo” en lugar de coger un bolígrafo rojo para identificar dónde han fallado.

Sí, el estilo inadecuado, las incorrecciones gramaticales, al abuso de los verbos débiles, los gerundios mal empleados… Todo eso hace peor un texto. Afortunadamente, el posible aprender a manejar el lenguaje. Es posible y satisfactorio. Además, no se vuelve atrás. Una vez que aprendes a escribir un poco mejor, ya no puedes escribir peor. Así que, por favor, tómate el tiempo necesario para leer con los ojos abiertos. Tú escribirás mejor y yo disfrutaré más de lo que escribes.

Gracias.

 

 

Cosas que sé

Pienso a veces en salir a la calle y caminar

hasta que se me desgasten las suelas,

hasta la última lágrima.

Pero sé que mi límite está en el restaurante de ahí abajo.

Sé también que las lagrimas no acaban.

 

Pienso en comer hasta embotarme o en beber

hasta perder la forma y el seso,

hasta conocer por su nombre a las gaviotas.

Pero sé que los pájaros me comerán los ojos.

Sé también que el exceso no cura, engorda.

 

Pienso en pedirte que me mates justo ahora.

Que me apagues el dolor,

que me pares el mecanismo de la angustia.

Pero sé que si te ofrezco el cuello blanco y puro

lo retorcerás

sin llegar a quebrarlo.

4 Cosas que busco como lectora de terror

 

lectora de terror

Algunas veces me han preguntado qué busco como escritora de terror. La respuesta a eso es sencilla: crear mal rollo. Lo he dicho en muchos sitios. Que no me asusto escribiendo y que me asusto poco leyendo. Claro, con esos mimbres (los de no asustarse), cuando esta tarde me ha asaltado la pregunta, me he quedado un poco patidifusa porque no tenía respuesta. Pero me he parado a pensarlo y sí. Sí que hay algunas cosas que busco como lectora de terror. Ya me contaréis si coincidimos.

1.- Cuéntame algo que me sorprenda, por favor

Creo que esto es lo que más valoro de cualquier tipo de lectura. El factor sorpresa es importante. No es lo que busco siempre, pero es uno de los efectos que más valoro en una obra de terror. Por eso me ponen muy de los nervios las novelas que veo venir desde lejos. O aquellas que se limitan a usar mosntruos para contar historias humanas corrientes. Os contaré un secreto. Entrevista con el Vampiro me gustó mucho porque me enamioré del vampiro flojeras (el que luego hizo Brad Pitt), pero nunca leí ese libro como si fuera terror. No me asusté, no me dejó poso de mal rollo… Nada. Para mi fue un romance devastador, pero no me dio miedo. Aunque conservo la novela y ha sobrevivido a todas mis donaciones masivas, no es por el terror. Y mira que tiene de todo:

  • Vampiros
  • Nueva Orleans
  • Cementerios
  • Peste
  • Muerte
  • Asesinatos
  • Traiciones
  • Niñas repelentes con malas pulgas

Lei Entrevista con el Vampiro a una edad en la que era yo muy impresionable y la sorpresa de ver por primera vez vampiros que hablaban de lo que más me interesaba entonces, me fascinó. Y es que, chorreras y mansiones de lujo a parte, la reflexión acerca del valor de la vida de esta novelita rosa venida a más, me tocaron. Pero no, no me dio lo que buscaba como lectora de terror.

2.- Emocióname siempre

Esto es trampa, porque una no siempre está, como lectora ni como persona, con el cuerpo emocionable. A veces te acercas al libro equivocado en el momento equivocado y no se disfruta. No es culpa de la novela, no es culpa de la lectora. Pero estas cosas pasan. Si termino un libro y cuando lo cierro estoy igual que antes de abrirlo, para mí ese libro es un fiasco. reconozco que me ha pasado con la gran mayoría de los relatos de Poe. Ahora los leo como estudiante. pero, como lectora de terror, me parecieron una colección de fobias personales totalmente ajenas. Lógico si lo piensas. Eran los terrores de Poe, no los míos.

En cambio, he disfrutado mucho de Experimental Film, tal como digo en esta entrada. Una novela larga, espesa, pero que atacó directamente a todas las zonas menos protegidas de mi cabecita de lectora de terror. Qué se yo. A veces estas cosas te pillan con la guardia baja y es lo que pasa. Sin ánimo de nada, me atreveré -porque soy una inconsciente- a decir que el primer relato de mi colección, Inquilinos, produce un poco ese efecto de desasosiego, aunque solo al final. También se trata la maternidad, aunque de una forma mucho más descarnada. También hay una protagonista fuerte y también hay un ambiente que parece una cosa pero es otra.

Entendedme, Experimental Film no se parece en nada a Visita de Cortesía, pero tienen un algo común. Si alguno habéis leído ambas, ya me contaréis.

3.- Déjame mal cuerpo. Esta lectora de terror quiere pensar

Quizá este gusto mío por las historias que me revuelvan meninge y tripas de manera simultánea sea lo que hace que las historias que escribo también se pasen de reflexivas. No lo sé. El hecho, es que me pasa la cabeza lo mismo que con el corazón: si no me lo sacude bien, no creo que un texto merezca relectura o que invierta en él más tiempo del debido. He hablado muchas veces de lo que somos los lectores. Los lectores deberíamos ser aquello que un autor más respete. Porque, bueno, cuando leo un texto escrito por otro, estoy invirtiendo en esa actividad algo que nunca regresará: mi tiempo. Envejezco cuando leo. me queda menos vida cuando he terminado un libro que antes de empezarlo. Así que espero que esa inversión tenga un retorno, que sea para algo.  Si no es así, si no me enriquece, pues no me interesa seguir leyendo.

He pensado con algunos libros muy inteligentes de terror. Amatka, que se vende como CiFi porque es una distopía, es un magnífico libro de terror que habla de la capacidad de destrucción y de creación de la especia humana. También habla del arma más despiadada y más peligrosa que poseemos: el lenguaje, en cuanto que conforma el pensamiento y por tanto la realidad. De vez en cuando todavía le doy vueltas a esta novela. Y me dejó mal. Mal, pero con ganas de escribir. Eso siempre es bueno.

4.- Hazme pasar un buen mal rato

A fin de cuentas la literatura es entretenimiento. Muchas cosas más, pero siempre entretenimiento. Si no me lo paso bien cuando leo, procuro cerrar el libro. Soy muy fan de Stephen King a pesar de los pesares. Sí, tiende a perder el norte hacia el final. Sí, tiende a repetirse. PERO, siempre me vuelan sus novelas entre las manos. IT y Apocalipsis son dos de mis favoritas. La primera porque soy público objetivo de todo lo que tenga adolescentes margindos. La segunda fue mi primera distopía, chispas. No pude separarme de ellas desde el principio hasta el final. Conservo a algunos de sus personajes vivos en la memoria. Y no estamos hablando de alta literatura, ni de las mejores novelas de Terror que yo haya leído. Solo hablo de mis favoritas, de las que de verdad me han divertido.

Como extra os diré que también busco una novela con sentido y bien escrita. Nada de ex machinas, por favor. No me gusta que me tomen por idiota aunque algunas veces me lo haga. Como lectora de terror y de cualquier género que caiga entre mis manos, me gusta disfrutar. Y me pesan muchísimo los finales que salen de las mangas como hechizos.

¿Y vosotras, lectoras mías? ¿Qué buscáis? ¿Qué encontráis? ¿Qué os decepciona?

Un Año de Autoras: Experimental Film – Gemma Files

Un Año de Autoras

Estamos  febrero y sigo en el proyecto Un Año de Autoras. Mi idea inicial era continuar con la influencia de Ann Radclife en el terror contemporáneo. Quizá con algo un poco más teórico o sesudo, o lo que fuera. Claro que, a estas alturas, ya deberíamos todes saber a qué atenernos con esto de mis ideas iniciales. La cuestión es que me encontré en mi pila con Experimental Film y ha resultado que va, más o menos, en la línea de esa idea mía que se fue al traste… O no tanto. De hecho, Gemma Files nombra a Ann Radcliffe en la novela, de modo…

Sinopsis

La sinopsis de Experimental Film es lo que viene a ser una chufa. Pero una chufa, chufa, una cosa marrón y arrugada que esconde dentro algo muy jugoso y sabrosón. Corto y pego:

Experimental film es una historia de fantasmas contemporánea en la que Lois Carnes, una exprofesora de cine, desempleada y al borde de la depresión, descubre la existencia y los trabajos perdidos de la que se cree que es la primera directora de cine de Canadá. Al investigar su trabajo, Lois descubre que dicha directora se veía acosada por unas fuerzas sobrenaturales que ahora amenazan con perseguirla a ella también”.

¿Por qué incluirla en Un Año de Autoras?

Por su personaje principal

A pesar de lo que dice su sinopsis, Experimental Film va mucho más allá del relato de fantasmas. Aunque, por supuesto, es literatura gótica, salen fantasmas y hasta su loca… aunque fuera del desván. Si me hubieran encargado esa sinopsis a mí habría dicho algo así:

Lois se sabe imperfecta y no se engaña al respecto. Está en paro, se ve sobrepasada por el autismo de su hijo, no se entiende con su madre y cree que se le escapa la vida sin haber hecho nada de valor. En esas circunstancias se obsesiona con las películas de una mujer muerta. Escribir sobre ellas, rescatarlas, podría catapultarla a la fama dentro del mundo del cine canadiense. Sin embargo, lo que se oculta tras el celuloide, es mucho más (y mucho peor) de lo que ella espera.”

Que no dice nada, pero toca los dos puntos más importantes de la novela:

  • El conocimiento de uno mismo
  • El sentimiento de culpa

Estas son las dos características del personaje que lo hacen muy interesante. Que conozca sus traumas, sus defectos, que sepa hasta qué punto puede evitarlos o no, la convierte casi en una persona. Lois es honesta con una brutalidad cruda, sin excusas. Una tía que sigue adelante, que hace lo que cree que tiene que hacer… Y que se siente culpable por ello. Por no ser mejor madre, por no estar dispuesta a ser mejor madre. Ni mejos hija. Ni mejor esposa. El tipo de honestidad difícil de plasmar.

Experimental Film: el puzzle

Este es el verdadero motivo de que Experimental Film merezca encontrarse en Un Año de Autoras. Me pondré mi toca de lana, mis gafas en la punta de la nariz y extenderé un dedo para deciros lo siguiente: ya no se construyen novelas así, niñes.

Para empezar, está compuesta por seis partes:

  • Intertítulos
  • Primer Acto
  • Segundo Acto
  • Tercer Acto
  • Créditos
  • Fin

Primer acto

Solos los tres actos están divididos en capítulos. Diecinueve, para ser exactos. El primer acto, la presentación, es el más largo de todos ellos. 150 páginas que te explican, de verdad, no solo la historia del cine canadiense, sino su estaado actual. Una exposición larga, ácida y en la que, lo confieso, me costó entrar. En parte porque he estado leyendo relatos y novela corta últimamente. Pero también porque son capítulos llenos de detalles hilados con laboriosidad de hormiga. Aquí la protagonista recurre a lo que sabe. Se establece como una autoridad.

El segundo acto se corresponde con el nudo

Como la novela está tratada igual que una película de terror y de hecho hay tanta metaficción en ella misma que a veces da la sensación de que la narradora está en realidad explicando una película, seguiré yo también esa tónica. Si fuera una novela de casas encantadas, el segundo acto empezaría con el momento en que la casa va dejando ver hasta qué punto es un lugar siniestro. Hasta entonces hemos visto cosas extrañas. En este momento asistimos a acontecimientos peligrosos.

En esta segunda parte Files sigue con su espíritu investigador y nos muestra cartas, antiguos documentos, extractos de grabaciones y hasta la típica escena de la fotocopiadora. Ya sabéis, en todas las películas de terror hay ese momento documental. Pues Experimental Film también lo tiene. Y cada pieza encaja con las demás a la perfección, sin interrumpir el ritmo de la lectura y, lo que es mejor, haciendo avanzar la historia. Aquí la protagonista nos muestra cómo se convirtió en una experta. Y encaja estupendamente con el arco del personaje.

En el terce acto, el desenlace

La cantidad de recursos que Files emplea es, sencillamente, fascinante. Fragmentos de diarios, correspondencia, películas antiguas, tecnología de los ochenta, mediums, videntes y hasta la referencia a Radcliffe. Podría haberse perdido, podría haber compuesto un pastiche, una amalgama, pero no. Nos da un cuadro de taracea perfecto. nada sobre, no falta nada.

El tiempo, ese gran incomprendido

El manejo del tiempo de la historia es una de las grandes bazas de esta novela. O debería decir otra de las grandes bazas de esta novela. Los que seguís Un Año de Autoras sabréis que el tiempo es importante. Por ejemplo, este proyecto dura un año. Experimental Film transcurre en tres periodos temporales independientes pero que se entretejen a la perfección:

  • Toda la historia de la humanidad
  • El final del siglo XIX y el principio del XX
  • La actualidad

El eje alrededor del que se mueve la historia ha existido desde siempre y desea seguir existiendo para siempre.

Lois, la protagonista, vive el el siglo XXI, tienen preocupaciones de nuestros tiempos, habla como lo haríamos cualquiera de nosotros y se relaciona con el mundo de una manera completamente normal. Salvo por el hecho de que es honesta.

La Sra. Whitcomb es una mujer de principios de siglo, con sus propias preocupaciones, muy de su epoca. Y es un personaje tan creíble como la protagonista. Una mujer oscura, amargada, triste pero valerosa.

No es sencillo hacer que estas dos mujeres se relacionen con la tercera sin perder su verosimilitud, pero Files se las apaña muy bien para conseguirlo.

Presencia femenina

Todos los personajes importantes son mujeres. La trama avanza en función de mujeres. No hay subtrama amorosa. En este sentido es perfecta. Sororidad a tope, personajes femeninos distinguibles con motivaciones diferentes pero verosímiles… Una cosa loca.

Diversidad

Mucha. Hay personajes racializades, peronajes LGTBI, diversidad intelectual no estigmatizada (ni idealizada)… Nada que objetar a este respecto tampoco.

Estilo

Pues muy adecuado al tipo de novela que Files ha compuesto. Mi impresión sigue siendo que esto es una constelación y el estilo también lo refleja. Cada personaje habla con sus propias palabras. El estilo de las cartas y los diarios es diferente en cada caso y también distinto de la narración, que corre de la mano de Lois. Estoy acostumbrada a textos más ágiles, quizá por eso se me ha hecho un poco cansado.

Así que vamos a explicar mis estrellas de Goodreads:

Emocionales: 3 porque lo he leído desde lejos. 

A pesar de leer en palabras de Lois reflexiones que podrían haber sido mías, no he conseguido meterme en su cabeza o que ella se metiera en la mía. Está todo tan bien construido que los árboles no me han dejado perderme en el bosuqe.

Objetivas: 4 porque es una novela muy bien construida. De hecho, es casi como una catedral. La trama revolotea a tu alrededor y tñu esperas a que pase algo que no termina de suceder, pero, cuando te quieres dar cuenta, ya estás inmerse en ella.

Historias de ciencia ficción: La belleza del Uróboros

He estado en un buen puñado de presentaciones de esta novela corta de Javier Castañeda de la Torre y en todas ellas se habla del secreto del universo.  En muy pocas se menciona su importante papel dentro del corpus de historias de ciencia ficción corta más innovadoras. En ninguna se menciona  lo que a mí me ha parecido lo más importante: las reivindicaciones que esconde. No son grandes, pero sí importantes. Y revelan mucho del autor (creo) pero sobre todo del lector. Desde mi perspectiva, cuando un libro habla más del lector que de otra cosa, es que ese libro es bueno. Y por eso estamos aquí hoy hablando de Javier, de la belleza de la serpiente que se muerde la cola y del secreto del universo.

Así empieza La belleza del Uróboros

Historias de ciencia ficción: La belleza del Uróboros

Hasta ese momento yo era uno de tantos. Ignoraba mi destino cuando Nadia me dijo que nos encontraríamos en un centro comercial. No era habitual, así que pensé que quería darme alguna sorpresa, como que tenía entradas para el estreno de la última película de Spiderman o que había un maratón de la trilogía de Sam Reimi.

No está mal para un comienzo de novela. Sobre todo porque dice mucho más de lo que parece y parece mucho menos de lo que es. Algo más propio de lo que la crítica considera “alta literatura” que de las historias de ciencia ficción. Este comienzo habla de un hombre anodino cuyas alegrías vienen dadas por películas de superhéroes. Un hombre que, en el momento en que empieza la historia, era uno de tantos. Uno de tantos lectores de cómics.

La figura del friki lector de cómics y consumidor de films del universo Marvel y DC se ha convertido ya en un arquetipo. Así que, con esa presentación del personaje, en mi cabeza se dibujó un Leonard Hofstadter, con sus cosas de friki comiquero. De inmediato esperé a un personaje inteligente pero apocado y un poco tontorrón. Ya sabéis a qué me refiero. En ese sentido decía más arriba que el libro habla del lector, de los prejuicios del lector. Volveremos sobre esto más adelante.

Sin embargo esto no es así. Eloy es un tipo con cierta tendencia a la obsesión, sí, pero no hay nada de raro en él. Es policía, lleva un trauma a la espalda y durante la novela lo resuelve. Más o menos.

El secreto del universo está en los nombres

Cuando Javier presenta el Uróboros en público se hacen muchas bromas acerca de comprar el secreto del universo por cinco euros, que es lo que cuesta este bolsilibro de Cerbero. Pero no se habla de los muchos secretos que pueblan este universo de 231 páginas que ha escrito Castañeda de la Torre. Fijaos tan solo en los nombres de los personajes más importantes y en sus posibles significados, ya literales, ya figurados:

  • El padre del protagonista se llama Asier Real. Asier es un nombre vasco que significa principio.
  • La mujer del protagonista se llama Nadia. Se supone que es la persona más importante, viva, de la vida del lector de cómics; es decir, del protagonista, pero solo una letra separa su nombre de lo que para mí es ella en realidad. Y a través de ella todos los demás personajes: Nadie. Nadia es la madre del hijo del protagonista y de todos modos no es nadie. Como nadie somos todos. Como nadie son todos dentro de la novela de Castañeda de la Torre.
  • El protagonista al fin se llama Eloy. Eloy Real. Como con Nadia, Eloy se acerca mucho, gráfica y fonéticamente a Elohim. Elohim es Dios. Así que el Padre fue el principio pero el protagonista es Dios.

No está mal para tratarse de tres palabras. El principio real, el dios real y nadie. 

Metaficción, cómics e historias de ciencia ficción

Creo que por aquí pueden ir los tiros cuando Castañeda de la Torre habla de metaficción, que es otro de esos secretos del universo urobórico. Os enlazo la Wikipedia, que se explica muy bien en este sentido y así me ahorro un tocho teórico infame. Yo sigo con lo de las historias de ciencia ficción y sus dobleces aparentemente inexplicables.

Tenemos pues una novela corta, una obra de ficción que se trata a sí misma como una obra de ficción. En muchas de las reseñas y comentarios que he leído, se habla de la complejidad de las paradojas que incorpora La belleza del Uróboros. En cambio, en casi ninguna he leído acerca de la belleza formal que supone construir un púzle que pretende que creamos que busca explicar el universo y que propone, desde el sarcasmo más absoluto, que la explicación del universo inexplicable es dios. Descompongo la frase, que me he venido arriba:

  1. El libro pretende que el lector crea que el objetivo del libro es explicar el secreto del universo.
  2. El propio libro propone que la explicación del secreto del universo es la existencia de Dios.
  3. A poco que conozcáis a Castañeda de la Torre sabréis cuánto sarcasmo, mofa y befa hay en el punto dos.
  4. Diré más: la solución al enigma que plantea la novela está en un libro que se titula Paradojas Interminables (hombre ya).

Pero lo más importante de la novela para mí no es nada de todo eso, sino esto otro

Las referencias a superhéroes: la literatura de ciencia ficción como reivindicación de la cultura popular

Historias de ciencia ficción: La belleza del Uróboros

Sí, ya en la primera página aparece Spiderman, que es la historia de ficción a la que hace referencia el protagonista de manera habitual para referirse a sí mismo y a su historia ( a su biografía, a lo que le sucede en la vida, quiero decir). Me llamó mucho la atención el uso del cómic en esta novela, porque se utiliza exactamente igual que en otras obras se cita a los clásicos. Eloy lee a su hijo nonato fragmentos de cómic que narran su propia historia personal. En la página 15 encontramos este fragmento, de un tebeo que la madre de Eloy le compra con toda la intención.

[…]Y entonces Spiderman intentó convencer a su amigo Harry de que recuperase la cordura mientras le soltaba un gancho de izquierda: “Sé que el shock por la muerte de tu padre fue muy duro para ti, Harry. Pero debes afrontar la verdad.[…] (paro la cita aquí por no revelar demasiado).

Los clásicos VS los comics

De donde se deducen cosas como que la madre del protagonista conocía el contenido del número uno de Spiderman. No me digas que eso no es raro. Pues sí, parece raro. Pero no es, en realidad, más raro que las docenas de estibadores de los muelles de Brooklin que regalan a sus hijos novelas de, qué se yo, Faulkner. Recurrir a los clásicos como referencias de ficción que enmarcan la propia ficción (o sea, como ejercicio de metaficción), está aceptado. Los cómics en cambio se encuentran por debajo de las historias de ciencia ficción más “literarias” en cuanto a consideración social. Y eso es vivir en un escalón muy muy bajo de la cadena trófica de la ficción. Pero aquí estáCastañeda de la Torre para reivindicarlos. A partir de La Belleza del Uróboros, cómics y novelas de ciencia ficción ya caminan juntos por la senda del problemático imaginario popular.

Y lo hace bien; tan bien, que todas las citas y referencias encajan a la perfección. Mejor incluso, desde mi punto de vista, que las paradojas. De hecho, las referencias a superhéroes son imprescindibles para comprender los sentimientos de Eloy y las paradojas no. Castañeda de la Torre no se permite grandes derroches emocionales. Ni siquiera en un momento en que el protagonista se encuentra en medio de una tempestad y se hiere la pierna. La emoción, el significado real de lo que le sucede  viene dado por los cómics. Historias de ciencia ficción dentro de la historia que, junto a ella, componen una obra más grande… Sí, no hacemos más que dar vueltas y vueltas para mordernos la cola.

En esta novela corta de ciencia ficción poco habitual, otra de las paradojas planteadas es que lo que importa no se halla en la trama real, sino en las citas traídas de una clase de ficción tan denostada que el arquetipo que la representa es el que mencionaba más arriba en el artículo: Leonard Hofstadter. O cualquiera de sus amigos carentes de cualquier tipo de habilidad social.

Como carente de habilidades sociales es el propio Eloy, que por eso usa los cómics para explicarse. En, una vez más, una serpiente que se muerde la cola en un fantástico ejercicio de belleza literaria. Porque las historias de ciencia ficción también son literatura. En este caso, de la que merece la pena disfrutar a varios niveles.

El protagonista se llama Eloy, Dios, recordemos. Y el modo en cuenta sus vivencias es una manera sutil y efectiva de proclamar a los cuatro vientos Yo Soy el que Soy. Y al que no le guste, que no mire.

Hay una cita preciosa que se repite dos veces en la novela. La primera en la página 41:

[…]los superhéroes fueron mi refugio. Volaba con ellos sintiendo el viento romper contra mi cara, padecía cada golpe como si fuera yo el que los recibía y con cada situación de peligro se me encogía el corazón como si estuviese en su piel. En sus páginas encontraba la justicia que la realidad me negaba.

La cita se repite en la página 198, cerca ya de la conclusión de la novela; y va seguida de una segunda referencia al hombre araña y de la revelación que lleva a Eloy-Elohim hasta su destino, ese que no conocía en la primera página mientras esperaba a Nadia-nadie, ya embarazada del segundo Eloy-Elohim que a su vez…

[…]no eran superhéroes porque tuvieran superpoderes, sino porque las decisiones que debían tomar, fuera del alcance de cualquier humano, suponían un esfuerzo que rondaba lo titánico.[…]

No es Spiderman, de todos modos, quien cierra el capítulo del cómic en La belleza del Uróboros, sino el superhéroe adolescente por excelencia: Lobezno. Pero no citaré aquí ese fragmento porque una vez que aparece, la historia llega a un punto sin retorno.

Terminaré dándole las gracias a Javier por dejar al descubierto el secreto del universo. También le pediré que siga escribiendo historias de ciencia ficción. Y recomendándoos a vosotros que leáis al Uróboros.

Acercaos también a leer la discusión sobre La Belleza del Uróboros en Goodreads. Una delicia de conversación con el propio autor en la que encontraréis muchas más claves de las que yo doy aquí.

Y, si queréis seguir leyendo desde mis ojos, hacedlo por aquí: terror amarillo de la mano de Experimental Fiilm.

Ah, si no estáis de acuerdo con algo ¡Usad los comentarios! Solo hay una cosa que me gusta más que leer y escribir: ¡hablar! Y si es de historias de ciencia ficción, mejor.

 

Ciencia ficción social. Post Scriptum 2: Carne

Hablaremos, hoy, de ciencia ficción social, de Carne, la segunda novela de la trilogía Post Scriptum. La que sigue a Barro aunque no comparta con ella más que un punto, el de llegada de Alicia, que es el de partida de Adana.

Carne es la novela corta más autobiográfica que haya escrito nunca y que, probablemente, escriba jamás. Muchos decían de Barro que se me veía detrás de los hilos, que la protagonista, Alicia, era yo. Decían también que mi visión de las relaciones familiares no dejaban lugar a dudas.

No es cierto.

La emoción desde la que está escrita Barro es mía. La historia es la de todos aquellos que consiguen librarse de las ataduras de lo impuesto. Alicia en Barro es barro y se convierte en persona a lo largo de un proceso introspectivo que cuento a modo de videojuego.

Carne es mi historia personal porque el tema de Carne no es uno mismo, sino el amor.

Los que me conocen un poco saben que el amor es lo único que me importa. Y lo único de lo que nunca tengo bastante. También una de las cosas que no reparto tanto como creo que se debe repartir. Esto último me hace sentir culpable.

Ciencia ficción social, ciencia ficción de amor

Post Scriptum 2: Carne - Ciencia ficción social

¿Qué es Carne?

Ha pasado el tiempo. Tiempo suficiente para que la humanidad viva en ciudades burbuja. En esas ciudades existen reglas que lo estandarizan todo. Y, más que nada, la productividad y los sentimientos. En ese contexto:

  • Adana y Adami se encuentran por azar.
  • Se caen bien, por azar.
  • Por azar, se desean.

Lo que no sucede por azar es que ambos sospechen del modo en que se organizan las cosas. Y aquí se da la primera pista de por qué llamamos a Carne ciencia ficción social.

  • Sospechan que hay una trampa.
  • Sospechan que no existen motivos reales para vivir encerrados.

Un día descubren que, en efecto, se puede salir de las burbujas. Uno de ellos, Adami, decide huir.

La novela comienza cuando Adana recibe una ¿carta? de Adami en la que este le cuenta que todas sus sospechas se han confirmado. Que un destino diferente al que se ha diseñado para ellos existe. Adami le pide que vaya a buscarle. Adana va. Lo hace debido a la magia que encierran las palabras.

A lo mejor os parece que las palabras no son mágicas, ni peligrosas, pero lo son. Y convencen a la gente para hacer cosas. Cosas que de no ser leídas o escuchadas no se harían. Como esas otras cosas, las que se hacen por amor, que es la magia más poderosa.

¿Qué es el amor? ¿Por qué ciencia ficción social de amor?

Durante toda la novela, no se habla del amor de Adana, sino del de Adami. Él sí siente un amor romántico. De ella, que es la protagonista y el motor de la acción, no sabemos si está o no enamorada. Yo tengo mi propia teoría al respecto, pero solo es una.

El amor que impregna la novela es un amor real hacia lo humano. El amor es una magia poderosa que lleva a algunas personas muy grandes a ayudar a otras personas. Con riesgo de sus vidas, a veces. El amor que lleva voluntarios a lesbos, por ejemplo. También el amor de las personas que llenan sus casas de perros y gatos para que esos perros y gatos no mueran a manos de otras personas.

Yo siempre había creído de mí misma que mi idea sobre la especie humana era negativa. Escribir Carne me ha demostrado que esto no es cierto.

Yo creo que las personas no somos malvadas. Somos profundamente cobardes y estúpidas. Nos comunicamos fatal y tenemos miedo. Pero ¿qué pasaría si la comunicación real existiese? 

 

¿Y si todos supiésemos cómo se sienten los demás? Este es el quid de mi ciencia ficción social

Ciencia ficción social

Ursula K. Leguin escribió sobre esto mucho mejor que yo en Más vasto que los imperios, y más lento (claro, que esta mujer lo hace todo mucho mejor que yo, y que casi cualquiera). Leí el relato después de escribir Carne y me sentí un poco redundante y absurda. Pero ya estaba escrito, así que…

 

La cuestión fundamental es esa: ¿Y si de verdad nos comunicásemos en lugar de hacer preguntas sin pararnos a escuchar las respuestas? ¿Y si supiésemos lo que de verdad siente una persona cuando se muere su gato, o su madre? Mi conclusión es que nos amaríamos más. Nos amaríamos mejor. Adana sale de su ciudad burbuja ¿por qué? ¿Por el amor romántico? ¡no! A Adana la atraen las palabras de Adami:

  • Las palabras previas a su viaje, que hablaban de sospechas. Palabras asépticas pronunciadas dentro de escafandras
  • Las palabras posteriores, que describen SENSACIONES nuevas que ella también quiere sentir.

La novela termina cuando la comunicación real es al fin posible.

¿Y en serio que Carne sigue a Barro?

Post Scriptum 2: Carne - Ciencia ficción social

 

Lo explicaré una vez más 🙂

Me parece justo.

En Barro Alicia nace, se desdibuja y pasa por una serie de aventuras para volverse a dibujar, con un contorno nuevo y un relleno nuevo. Alicia está a punto de irse cuando Barro termina.

Adana, que tiene muy claro quién es, sale de su zona de confort al comienzo de Carne. Las protagonistas de Barro, Carne, y el futuro Sombra forman un solo arco argumental.

 

Alicia no es Adana, y sin embargo

Si lo he hecho bien, las decisiones de Adana os parecerán decisiones de Alicia.

Las emociones de Adana os encajarán en la personalidad de Alicia.

Adana surge de una madriguera de conejo y regresa a un mundo real para descubrir que la realidad no es la que, literalmente, le habían enseñado por la tele.

Solo me queda esperar que leáis Post Scriptum 2: Carne. Y que lo disfrutéis.

Contesto preguntas en Tuiter y Facebook.

(sí, preferiría que esto se entendiera a la primera; pero, queridas lectoras, me habéis traumatizado).

Una pequeña muestra de que considero ciencia ficción social

Lo que deseo por encima de todas las cosas, es que leáis Carne y que disfrutéis de ella como han hecho algunas de las lectoras que han dejado su reseña en Goodreads.

Pero antes de eso, os invito a que leáis este relato de ciencia ficción social en mi Patreon. Si os gusta, haceos con la novela o haceos Melenas.

Si prefería terror, empezad a leerme por aquí.

En cualquier caso, ¡disfrutad!

 

Un año de autoras: Ann Radcliffe

un año de autoras, Ann Radcliffe
Sí, el calendario de adviento de autoras se me quedó colgado antes de llegar a la mitad y he decidido meterme en un proyecto más ambicioso y a plazo más largo. Porque no aprendo. Un año de autoras es una iniciativa para dar vsibilidad a mujeres que escribieron, escriben y/o escribirán. De nuevo lo afronto más con ganas de aprender que de enseñar. Este año quiero llenarme de voces femeninas que maticen todas las enseñanzas masculinas que he absorbido durante los últimos 43 años. Yo más que nadie soy ejemplo de una educación diseñada para adorar al hombre. Mi objetivo es rebajarle a la categoría de humano. También es el de elevar a la mujer y a las persones no binaries a la categoria de humanes. Ni elles ni yo somos subproductes de la especie.

Ann Radcliffe: época y costumbres

De manera muy somera apuntaré que Ann Radcliffe nace en 1764 en Holborn, Inglaterra. Muere en 1823.

En 1764 pasan estas cosas:

  • Se funda San Luis, en Missouri. En aquel entonces no era más que una aldea.
  • Se pone la primera piedra del Palacio real de Madrid.
  • Mozart, a los 8 años, escribe su primera sinfonía.

Hablamos de la época gregoriana (1714-1830). El British Museum tiene solo 11 años cuando nace Ann Radcliffe.

Jane Austen nace cuando Ann Radcliffe ha cumplido ya 9 años de edad. Muere cuando la mujer, cuyo oficio literario admira, cuenta 53 años. Sin embargo se estudia más a Jane Austen. Gracias a ello no hace falta buscar mucho para averiguar que no había acuerdo acerca de la educación de las mujeres. La tendencia era enseñarles su poquito de francés, de música y a leer y escribir. Lo justo para entretener sin resultar peligrosas o incómodas.

¿Por qué se estudia comparativamente poco a Ann Radcliffe?

Pues porque no escribía alta literatura. Ann Radcliffe es la mayor exponente de la novela gótica. La novela, como género, surge debido al florecimiento de la clase media. Una clase social sin estudios. A finales del siglo XVIII la NOVELA, TODA LA NOVELA era considerada basurilla para incultos. Quizá atemos algún hilo al saber que más de la mitad de los autores de novela de la época eran mujeres. Escribir novelas les daba a las mujeres cierta independencia económica. Dice la Wikipedia que la mayor parte de estas mujeres eran autoras de segunda clase cuyas obras estaban plagadas de clichés. La mayoría provenían de la novela gotica, cuya ambientanción incluye:
  • paisajes sombríos
  • bosques tenebrosos
  • ruinas, castillos, criptas, pasadizos
  • ruidos nocturnos, cadenas, fantasmas
  • grandes peligros
  • personajes insólitos
  • damiselas inocentes
  • elementos sobrenaturales (presentes o sugeridos)

El gótico como lacra

El gótico se origina en el mundo anglosajón como reacción al racionalismo. A los góticos no les gustan las ideas de la ilustración. No les hace ilusión que la humandidad pueda obtener el conocimiento verdadero y la felicidad (ni más ni menos) mediante el slo uso de la razón. Los románticos (los góticos eran románticos) acusaban a los racionalistas de ignorar lo sublime contenido en el miedo y el terror.

Nacimiento del Gótico

Es Horace Walpole el que sienta las bases del género en su novela El Castillo de Otranto. Sin embargo, es Ann Radcliffe quien hace grande el género, quien lo desarrolla y consigue que perdure hasta nuestros días. De hecho, es prácticamente la única autora que Google devuelve cuando tecleas: autoras góticas jusnto Harriet lee, Elisabeth Helme y un puñado más.

Los Misterios de Udolfo, obra maestra de Ann Radcliffe

No nos vamos a engañar, la sinopsis está sacada de la Wikipedia. Estoy leyendo el libro, pero no me ha dado para tanto, just yet 🙂

En la novela destacan las profusas descripciones de paisajes y la adeucación de los mismos al estado de ánimo de los personajes. Presenta terror sicológico y también escenas de terror físico en escenarios góticos, como castillos o montañas agrestes. H.P. Lovecraft lee a Radcliffe y opina de ella que bien, todo bien, pero que es una pena que de explicaciones racionalistas a los sucesos sobrenaturales. Yo me imagino a HP escribiendo en Goodreads:

Le doy cuatro estrellas porque no salen pulpos ni bichos. Por lo demás, bien.

Sinopsis

Emily St. Aubert, joven francesa se queda huérfana después de la muerte de su padre. Es encerrada en el castillo Udolfo en las manos del Signor Montoni, un bandolero italiano que se ha casado con su tía, Madame Cheron. El romance de Emily con Valancourt, el hermano menor del conde Duvarney, queda frustrado por Montoni y otros. Emily quiere descubrir también una explicación de la misteriosa relación entre su padre y la marquesa de Villeroi, un misterio que parece tener algo que ver con el castillo Udolfo.

Al principio del relato se presenta a Emily, que comparte con su padre un lazo especialmente estrecho, debido a su amor por la naturaleza. Tras la muerte de su madre por una grave enfermedad, la relación entre Emily y su padre se estrecha aún más. Ambos viajan a Suiza, donde conocen a Valancourt, un guapo hombre que también siente un parentesco casi místico con el mundo natural. Emily y Valancourt pronto se enamoran.

El padre de Emily muere y la envían a vivir con su tía, Madame Cheron (más tarde conocida como Madame Montoni), quien no tiene nada en común con ella y le muestra poco afecto. Madame Cheron se casa con Montoni, el villano de la historia. Montoni lleva a Madame Montoni y Emily a Udolfo, separando así a Emily de su pretendiente (Valancourt), en el que Montoni amenaza a Madame con violencia para forzarle a entregarle sus propiedades en Toulouse, que si ella muere irían en principio a Emily. Se suceden acontecimientos estremecedores dentro del castillo, y al final, Emily recupera el control de su herencia y se une a Valancourt.

Opiniones

Así leído, no parece una gran cosa. Se inclina más hacia el melodrama que hacia el terror. Sin emabrgo, en su época y aún hoy en día se habla de la capacidad de Ann Radcliffe para la truculencia, loe elementos espantosos y las aberraciones. Sin duda, leer a Ann Radcliffe ahora no proporcionará el mismo shock que en el siglo XVIII, pero bien merece la pena asomarse a su obra del mismo modo que leemos a Poe o al mismo Lovecraft.

Influencia de Ann Radcliffe y algunas conclusiones aventuradas

No quiero una entrada kilométrica, pero sí me gustaria apuntar la medida en que Ann Radcliffe ha influido en autoras y autores de renombre y prestigio.

  • Víctor Hugo la menciona en Los Miserables
  • Jane Austén declaró públicamente su admiración por Radcliffe
  • Ya hemos visto que Lovecraft admite las bondades de su obra
  • El Resplandor, de Kubric, comienza cn una oda al paisaje: toda esa secuencia del coche que sube hacia el Overlook, un trasunto del Castillo de Udolfo.
  • Sir Walter Scott y el Marqués de Sade también se vieron influenciados por Radcliffe
  • Henry James cita Los Misterios de Udolfo en Una vuelta de Tuerca
  • ¿No es Manderley un castillo con sus nieblas, sus marañas mentales?

Es imposible adentrarse en la literatura de terror más sicológico sin darse de bruces con la influencia de Radcliffe.

Me pregunto qué hubiera pasado si la autora hubiese cultivado la poesía de terror. Porque no hay que olvidar que escogió escribir novela, un género devaluado. Y novela gótica, un subgénero todavía más devaluado. El ser humano tiende a divinizar unas emociones y satanizar otras. Por supuesto, no antes de divinizar el intelecto y denostar la emoción.

Los autores de terror apelan a las emociones, a las entrañas. Y Ann Radcliffe lo hizo en una época en la que su deber consistía en tocar dulces melodías al piano y tener hijos varones.

Leed a Ann Radcliffe. Leed terror. Reconciliaos con vuetras emociones.

 

Lo que trajo 2017… y lo que se llevó

Todos los años hago balance.  Aquí donde me veis tengo estas cosas mainstream. Con lo que me dedico yo a rajar de costumbres instauradas. Pero bueno, si cada año, a día 31 de diciembre, se ponen a cero todos los contadores, incluso el de las mujeres muertas ¿quién soy yo para no hacer borrón y cuenta nueva?

2017 ha sido uno de los mejores años de mi vida, el mejor

Así, sin exagerar. Haré un pequeño resumen de cómo se han ido desarrollando las cosas. Aunque creo que en realidad el 2017 ha sido como una enfermedad: años de trabajo lo incubaron y, de repente, por una pura cuestión de coincidencias, los síntomas se han hecho evidentes.

El 27 de febrero, solo seis días después de mi cumpleaños, Felicidad Martínez publicó esta entrada en su blog.  Claro, que seis meses antes yo me había puesto en contacto con ella para decirle que Inquilinos, el libro del que habla, era de terror y que lo mismo le interesaba leerlo. A mí, desde luego, me interesaba que lo leyera. Yo le había echado un vistazo a sus críticas literarias y me constaba que no se mordía la lengua, así que Felicidad era la persona perfecta para decirme todo lo que yo no quería oír.

La buena fortuna quiso que Inquilinos le gustara lo suficiente.

Ese mismo día, Israel Alonso me presento virtualmente a Cristina Jurado. Yo, que vivo en Babia, un sitio muy bonito, lleno de unicornios, arco iris, pinchos morunos y monstruos de siete cabezas, no tenía ni idea de quién era Cristina. SPOILER: esta no va a ser la única deshonra que va a caer sobre mi vaca hoy. De hecho, la pobre vaca lleva seis meses en el gimnasio entrenándose para esto.

Cristina había leído un relato muy corto que vosotros también podéis encontrar en una antología en la que participamos ambas: Onírica. Le gustó y, como es un alma inquieta, me preguntó si me apetecía mandarle algo para Supersónic. Yo no tenía muy claro lo que era Supersónic. Sólo había oído hablar de ella en relación a Exilium (mi vaca, la pobre), pero le dije que sí. PISTA: soy muy de decir que sí a propuestas literarias.

Hablamos de final de febrero, 2017 estaba casi sin estrenar y ya me había dado dos buenos motivos para quererle.

Pero es que eso, que fue genial, fue solo el principio: la primera marca de la viruela, el primer sarpullido del sarampión, el primer trozo de nariz sifilítica que se pudre.

Luego llegó marzo, el mes en el que me reencontré, gracias a la poesía, con una de las personas más importantes de mi vida. Itziar había sido una piedra angular de mis 20 años y se me había perdido. No sabíamos ninguna de las dos dónde nos habíamos puesto. Aun así nos encontramos. Para mí ese encuentro supuso también una recuperación de mí misma, de quién había sido. Y no es que me arrepienta de haber cambiado. La evolución es buena, pero arrancar a dentelladas la propia identidad para sobrevivir no suele terminar bien. Itziar me trajo Barro. Ya sabéis, Ba-rro.

Así las cosas, en Abril me enteré de que Nieves Delgado me había adoptado.

Autoras de terror y mujeres asesinas visibilizadas

Tercera deshonra para la pobre vaca: ni idea tenía de yo de lo que era el proyecto Adopta una autora. Pero allí estaba, flamantemente adoptada por la autora de una de las novelas cortas que más he disfrutado en este 2017: 36. Yo a Nieves la conocía de interactuar a veces en Facebook. Le había dado mi opinión sobre algún relato suyo, habíamos coincidido en antologías y recuerdo (atenta, vaca, que vienen curvas) haber comentado con alguna compañera que esta chica tenía mucho que mejorar en relato corto. Recordad que soy encantadora la mayor parte del tiempo. Nieves se tomó muy a pecho la adopción y abrió un blog muy chulo para recopilar todo lo que tenia que decir sobre mí. El primer post es de mayo.

Pero es que mayo fue EL MES.

No os voy a contar ahora quién es Editorial Cerbero (la mejor del mundo entero), porque si me conocéis a mí es que ya les conocíais a ellos. Entre Cerbero y la peregrina idea de Cristina Jurado de llevarme a Supersónic, este año me ha cambiado la vida. De manera literal.

Alguno pensaréis que el día más feliz del año sería cuando Israel me dijo que hiciera el favor de firmar el contrato (es un ser de luz, sensible y delicado. Exactamente lo que parece). Pues no. Ahí empezó el calvario. Recuerdo que Emlio, mi marido, me perseguía por la casa con una lupa para ver si me encontraba el chip defectuoso:

-Alicia, cariño, que publicas una novela.

-Es maaaaaaaaaal.

-¿Pero no era lo que querías?

-Ahora todo el mundo sabrá lo mal que escribo, y nadie la comprará, y la gente me odiará, y la editorial perderá dinero, Israel tendrá que cerrar, jamás nadie confiará nunca en mí. Todo es maaaaaaaaaaaal.

Y así todos los días.

Con el aliciente de que el 14 de junio me cogí una baja por depresión porque, bueno, ya llevaba muchos años tratando de ser una persona que no era y me estaba muriendo. Había dejado de dormir, lloraba a todas horas, me había colocado como 10 kg encima para no pensar y ya no podía más. Literalmente. Todo ha sido muy literal, este año.

Precioso todo. Para aquellos a los que les interese, mi vaca y yo estamos encantadas de anunciar que la segunda edición de Barro está pronta a imprimirse y que una segunda novela corta saldrá en enero de 2018. Parece que mal no fue tan malo.

Y no hemos llegado ni a mitad de año.

En junio me entero de que existe Patreon y me lanzo como loca.

Patreon es, a todos los efectos, mi Jauja particular. Allí dejo relatos (y mucho mucho más, si no, preguntad a mis suscriptores) a personas que quieren leerme. Son mecenas que me dan 1USD al mes porque quieren que escriba. Y como quieren que escriba me dan total libertad. Estamos ellos y yo. Escribo lo que me gusta escribir, ellos leen lo que les gusta leer y todos ganamos. De momento solo somos 17, pero espero que seamos cada vez más.

A primeros de julio me seleccionaron para la antología Kalpa III con un relato clásico de posesiones diabólicas. Poco tiempo después me comunicaron que también estaría en el Visiones 2017. Dos honores inesperados como dos inesperados soles.

Autoras de terror en La Nave Invisible

Un lugar increíble para encontrar autoras de terror. Me tienen hasta a mí.

Pero es que, también en junio, a mi vaca se le cae encima La Nave Invisible.

No, tampoco tenía la menor idea de lo que era La Nave. Yo es que me he pasado toda la vida sin tener ni idea de lo que existe ahí fuera, qué le voy a hacer. Pero es trabajo de la Nave rescatar a autoras del anonimato y eso hicieron conmigo. Organizaron una lectura conjunta de Inquilinos (sí, esa recopilación de relatos que había enviado a Felicidad Martínez y que tantas alegrías me ha dado) y la cosa fue muy bien, la verdad.

En septiembre di un portazo

Salí de la empresa en la que había estado trabajando como secretaria, me di de alta como autónoma y escribí este artículo, que es una de las cosas más importantes que he dicho jamás.

Llevo desde entonces, un trimestre completo, ganándome la vida como escritora. Os cuento lo que escribo:

  • Artículos para blogs
  • Relatos para Patreon
  • Novelas, como escritora “fantasma”
  • Clases de español para una academia holandesa
  • Mis propias novelas (dos este Nanowrimo pasado)

Me dijeron hace poco que eso no es ni ser escritora ni nada. Durante un cortísimo segundo me ofendí. Señora de Bilbao que dijo aquello: esto es ser escritora. Pero, sobre todo, esto es estar viva. Yo disfruto escribiendo artículos. Es un hecho. Menos de lo que disfruto escribiendo ficción, pero lo disfruto. Pero es que, además, vivo de ello mucho más feliz de lo que he vivido nunca.

Trabajo en mi casa, cuando quiero y haciendo lo que me gusta.

 

Queride @NoaVelascosas, llevo desde ayer dándole vueltas al último tweet de tu hilo. Preocupada porque me parece que hablas de suicidio. No es que yo sea una gran admiradora de la vida, pero sí soy muy #teamescribir y para escribir solo hay un requisito: estar vivo. Escribe. Si tus novelas no pagan facturas, busca un modo de escribir que sí las pague.

  • www.upwork.com
  • www.greatcontent.com
  • infojobs freelance

Esas son mis tres fuentes de ingresos.

Que nadie os engañe, por favor. Vivir de escribir no quiere decir ser millonario. Las enfermeras, las conductoras de autobús, las profesoras, las barrenderas, se ganan la vida con sus trabajos. Vosotros también podéis ganaros la vuestra haciendo lo que más os gusta. Recordad que no hay un solo modo de hacer las cosas.

Han pasado muchas más cosas a nivel literario. Muchas. Como la otra lectura conjunta, este mismo mes de diciembre, la de los diseccionadores de novelas de Origen Cuántico, que me ha dado la oportunidad de hacer lo más bonito del mundo: hablar con lectores de la obra de uno. Oír como la obra muta, crece, se enriquece con la visión de cada uno de ellos. Arkaitz es el sol.

Pero lo que más agradezco a este año me ha cambiado a nivel personal.

Todo comenzó gracias aun debate acerca de… bueno, de cuotas y de personajes LGTB en literatura. Mi vaca no lleva alforjas para esto, así que dejadla tranquila. Pobre, ella no tiene culpa de nada.

Jamás me había planteado qué tipo de personajes escribía. Nunca. Hasta que me di cuenta de que todos eran hombres cis, heterosexuales y blancos. Cuando me di cuenta de eso ni siquiera sabía que cis era una palabra, ni su significado. No sé ni cómo noté que ni siquiera hablaba de mujeres en mis escritos. En mi cabeza el rol protagonista estaba tan asociado a los hombres que me limité a perpetuarlo en mis relatos.

Pista: soy machista, y homófoba, y transfoba y racista. Soy gordófoba y capacitista y muchas más cosas feas.

Pista mucho más importante: eso no me hace una mala persona. Porque cada día me miro, me estudio, trato de aprender, de reeducarme, de deconstruirme y de ser inclusiva. Sería ridículo pretender que una sociedad que ha puesto todo su esfuerzo en crearme a su imagen y semejanza no ha hecho mella en mí. Claro que sí. Claro que tengo todos esos defectos. Claro que me avergüenzan. Pero es que mi vergüenza y mi incomodidad no importan. Importan mi esfuerzo por ser una persona mejor.

Me haría una mala persona no querer cambiar, empecinarme en mis errores.

He empezado a esforzarme hace muy poco. Lo lamento y pido disculpas, porque habré hecho muchísimo daño pensando que yo era súper inclusiva y nada homófoba (yo siempre he tenido amigos gays, o sea…). Yo no era machista ¿cómo, si soy mujer? Ni mucho menos transfoba. De gordófoba ni hablamos, yo estoy gorda. Que me de asco a mí misma no es gordofbia, es cosa de mis taras mentales ¿dije capacitista?

Y aquí llegó la gran noticia. Escribí ese artículo del que os hablaba antes y que podéis leer aquí porque no me cabía en la cabeza… bueno, lo que digo en el artículo. Y me puse en contacto con una chica bisexual que me dijo: todo chachi, pero metes la pata en cuestiones de género. Y yo pensé, ajá, pues pregunto. Y me quedé patidifusa al descubrir que no conocía a una sola persona trans. Ni una. Y no es que haya vivido bajo una roca y no me haya enterado de que las mujeres trans mueren porque son trans; vamos, porque las matamos personas cis, no. Es que no me había preocupado de ellas. Ni de los hombres trans, si vamos a eso.

Así que me vi en la vergonzante tesitura de reconocer que no tenía a quien pedir opinión de primera mano sobre algo que concernía a un colectivo al que no pertenezco. Y no solo eso: me daba miedo acercarme a una mujer trans. Miedo a meter la pata, a ofender y a que me mandaran a la mierda. Pero miedo al fin y al cabo. Pero no, yo no soy transfoba, hombre por favor, eso es de lelos y retrógados, no de gente culta con twitter y que además escribe novelas.

Ese artículo, la necesidad de buscar ayuda para escribirlo, me ha traído muchas alegrías. Y agradezco a @SigridValkyrie   que me dirigiera a Artizar Badass, que me ha enseñado muchas cosas, toda buenas. No, no la adoro ni estoy de acuerdo con todo lo que dice siempre, pero la respeto y la admiro. Me ha hecho plantearme de dónde proceden la fortaleza y el valor y llegar a la conclusión de que muchas mujeres no tienen otra cosa que esas dos virtudes para sobrevivir. 

Gente cis del mundo, pensad esto: no importa que os digan que sois transfobos, homófobos o misóginos. Importa que lo sois. Aceptadlo y trabajad para cambiarlo. Es duro, pero es mucho más duro ser transexual, homosexual, racializade, lesbiana o, en definitiva, no normative.

Twitter me ha traído un huracán de aire fresco en forma de una TL muy joven.

Hace unos meses le decía a uno de mis lectores y de mis amigos (porque he hecho más amigos que lectores) esto:  “vosostros os comunicáis de maneras nuevas para mí y os interesan cosas nuevas para mí. El acto de escribir es un acto de comunicación y la comunicación evoluciona. Sois como la sangre joven para los vampiros que no quieren envejecer. Yo no quiero envejecer .”

You all know who you are. Y soy yo la que quiere ser como vosotros. Me dais perspectivas nuevas, palabras nuevas, ganas de ser mejor y de haceros sitio. Mi generación llega tarde a todo. Desafortunadamente, los que nos precedían no tenían mucho interés en lo que vendría después y creen que serán eternos. Nosotros, por nuestra parte, no dimos el golpe necesario en la mesa para que eso cambiara. Y por eso todo en el mundo es viejo. Todo en el mundo huele a viejo. El prestigio apesta a antigualla.  Menos lo que ha construido la gente más joven que yo y lo que podéis construir vosotros.

Entendedme, por favor, yo soy una tía joven con más vida por delante, todavía, de la que tiene a la espalda. Que me hago cargo de cómo suena el párrafo anterior. Y me consta que no soy una cuarentañera al uso, que mi último cambio de rumbo ha sido hace tres meses y que habrá más porque uno no muere cuando se le va la vida, sino cuando se para. Eso lo sé.

Pero vosotres, Coral, Virginia, Jorge, Manu, Rafa, Edu, Iván, todes, hasta los que me quedan un poco más lejos porque hablamos menos, Saren, Rocío, Logan,  Carlos, todes sois otra cosa. Y doy mucho las gracias por haberos encontrado. Y quiero seguir viéndoos por ahí. Con vuestras alegrías, que me alegran; y con vuestras miserias, que también comparto.

Yo también me frustro cuando los concursos los ganan otros, cuando la ropa me queda como el culo, cuando no digo lo que quería decir y creo que la gente me odiará por torpe, cuando no cumplo una promesa, cuando todos triunfan a mi alrededor y me siento pequeña. ¡Ay! No os imagináis lo pequeña que me siento a todas horas. Pero vosotres me hacéis grande. Aunque siga encerrándome en casa porque en la calle hay gente… y cosas.

Vosotros habeís sido lo mejor de 2017. El mejor año de mi vida.

GRACIAS