Anjikuni: el pueblo esquimal desaparecido en Canadá

Leyendas de terror, el misterio Anjikuni, El poblado desaparecido Anjikuni, El pueblo de los muertos de canadá

 

Cuando me propuse escribir una serie de artículos acerca de leyendas que dieran miedo, pensé en reducir la geografía a las leyendas españolas. Tenemos muchas y muy variadas. Pero mi cabeza suele ir por libre y no hacía más que pensar “Ranoke, Croatoan”. Así que, como todo lo que sabía acerca de esa colonia inglesa se podía resumir en “Ranoke, Croatoan”, me puse a buscar. Quiso la suerte que, mientras ahondaba en la lista de desapariciones conocidas en el mundo paranoramal (poblado por tripulantes de naves del misterio de varias nacionalidades, asociaciones de lo oculto de todos los colores y gentes que llevan blogs de un cortapega de los más florido), me encontrase con la ¿leyenda? del pueblo esquimal del lago Angikuni. Uno de esos casos en los que una aldea entera deja la comida puesta, se va a por tabaco y ya nadie vuelve…

Pongámonos en situación:¿Dónde estaba el pueblo esquimal desaparecido en Canadá?

Pueblo esquimal desaparecido en Canadá
Aquí tiene que hacer frío

El Lago Anjikuni se encuentra en el interior de Canadá, en la zona denominada “del río Kazan”, aunque el río, según los mapas, tiende a expandirse en forma de lago salpicado de formaciones rocosas de la era precámbrica (que no sé cuándo fue, pero que da genial decirlo porque esto es una leyenda para dar miedo y las cosas antiguas que suenan raro dan miedo).

 

El Precámbrico

 

El lugar donde se asentaba el poblado esquimal desaparecido era la orilla pedregosa (orilla pedregosa es la expresión que encontraréis en todos los blogs y hasta en libros sobre leyendas canadienses, así que no voy a ser yo menos) del lago Anjikuni. Se trata de un lugar rico en pesca. Aún hoy se encuentran allí especies como la trucha común, o el lucio. Aunque se sabía que todavía existían tribus inuits seminómadas, unas 30 personas habían construido en este paraje, frío pero idílico, un pequeño poblado de cabañas de troncos, con su almacén comunitario de pescado fresco, su cementerio y sus cosas de inuits. Aquí se dedicaban a pescar, cazar, coser ropas de pieles, alimentar a sus perros y seguramente a acumular mercancías para comerciar cuando la época lo permitiese.

¿Cómo era la vida en 1930?

Vida en 1930

Y hablamos de 1930 porque fue en este año cuando el poblado esquimal del lago Anjikuni desapareció.

  • Se descubre Plutón
  • Comienza la década infame en Argentina tras el primer golpe de estado de la era democrática
  • El mundo comienza a recuperarse lentamente del crack del 29 (la crisis, siempre hay una crisis)
  • En España dimite Primo de Rivera
  • Si estabas en Chicago y veías a alguien con una funda de violín en la mano, lo más probable era que no llevara un violín. Bingo: Ley seca, mafia…

Todo esto a los esquimales del lago Anjukuni les quedaba muy lejos, pero a nosotros nos sirve para ambientarnos. Y no solo para entender que no había móviles, sino para hacernos a la idea de que tampoco había teléfonos en todas las casas, el índice de analfabetismo era alto y los periódicos eran el único medio de información junto con la radio. De hecho, la primera demostración pública de televisión se hizo en 1931.

 

Así que… ¿Qué pasó con el pueblo esquimal desaparecido en Canadá?

 

 

La historia tiene nombre propio, el de Joe Labelle, un trampero que las fuentes se empeñan en identificar como de raza blanca, caminaba por la nieve. Tenía frío y buscaba el abrigo del poblado que ya conocía. Se acercó a las casas y, tal como él mismo dice en declaraciones posteriores a la prensa, sintió un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo. Se trataba de un día desapacible, sí, pero el pueblo destacaba por el bullicio propio de una pequeña localidad pesquera. De hecho, al saludo de Labelle solo siguió el silencio.

Aquí los relatos difieren ligeramente unos de otros. Mientras algunos aseguran que el trampero encontró hogueras humeantes a punto de apagarse sobre la que todavía se guisaba lo que debería haber servido como almuerzo, otros dicen que lo que encontró fueron calderos con guisos mohosos. En cualquier caso, consideraciones temporales a parte, Labelle afirmó que el poblado estaba completamente vacío, que en una de las casas incluso había una labor de costura a media terminar. Alguien remendaba una chaqueta de pieles con aguja de hueso y dejó ambas cosas sobre la cama, como si fuera a volver enseguida… Pero no volvió. Lo que indujo a Labelle a irse de allí más rápido que inmediatamente (porque un pueblo vacío no asusta a nadie, hombre, por favor) fue descubrir que los habitantes del poblado habían dejado en él sus armas de fuego y que el almacén de pescado contenía suministros. Con esa información y el susto en el cuerpo, huyó hacia la oficina de telégrafos más próxima y avisó a la Policía Montada.

Descubrimientos macabros en la zona

De nuevo encontramos incoherencias en el relato en este punto. Por una parte, la oficina de telégrafos estaba lejos; a varios km según las fuentes. Pero casi todos coinciden en que la policía llegó al lugar de los hechos (o de los no hechos) solo dos horas después. En cualquier caso, todos cuentan que los agentes se detuvieron a descansar y tomar un Cola Cao en la casa de un cazador que vivía con sus dos hijos. Preguntados por el motivo de su presencia en la zona, los montados dijeron que iban a “Anjikuni, por un problema”. Aquí los mejores contadores de historias dicen que Armand Laurent, el cazador, alertó a los avezados agentes de que algo sabía debido a su repentina cara de sorpresa. Otros mencionan un ligero interrogatorio:

-¿Ha visto algo raro últimamente?

-Pues, ahora que lo dice, señor policía montado, sí: unas luces raras sobre el poblado del lago (no diremos en qué piensan los que se tocan a la sola mención de extraterrestres).

La policía montada llegó al pueblo abandonado y encontró dos cosas, que son las que dan un halo de misterio a los hechos y, desde mi punto de vista, los convierten en una historia interesante de esas sobre las que a lo mejor escribo algún día. Uno de los disparadores de los que hablaba un par de artículos atrás.

La policía encontró, decía, dos cosas: en primer lugar, los inuit se marcharon sin sus perros. Se hallaron no menos de siete de ellos muertos de hambre y frío. Este es otro de esos extremos sobre los que no hay consenso. Algunas fuentes indican que se encontraban atados, otras que no. En todos los casos hay acuerdo acerca del hecho de que se encontraron cubiertos por tres metros de nieve. A mí se me parte el corazón con historias de animales que sufren; pero esta además escapa a toda lógica. Los perros son valiosísimos en lugares y épocas como esta de la que hablamos. Si los habitantes del pueblo se hubieran marchado, incluso asumiendo que dejaran la comida y las armas, se habrían llevado a sus perros.

En segundo lugar, en el cementerio se halló una tumba abierta y vaciada. Algunos blogs hablan de todas las tumbas. Teniendo en cuenta que los inuits no entierran, sino que cubren los cuerpos con piedra, la tarea de deshacer los túmulos parece desproporcionada, así que yo me quedo con la referencia a una sola tumba profanada… o abandonada por su morador. Esto un poquito de indefensión sí que crea ¿no?

La leyenda desmentida

Sí, la Policía Montada del Canadá dice que nunca jamás de los jamases se supo nada de eso, que es un invento del periodista que hizo circular la historia… ¡En 1959! Extraño, si consideramos que las primeras publicaciones del caso son de 1930. De hecho, la policía niega que se llevara a cabo ninguna investigación oficial, pero el Sargento J. Nelson escribió un informe en 1931 del que se conserva registro. Cierto es que se trata de un informe que establece que Joe Labelle era un trampero nuevo en la zona y que seguramente nunca estuvo tan al norte, pero existir existe.

Mitología Inuit que apoya la teoría del pueblo esquimal desaparecido en Canadá

En muchas de las páginas que he he leído se mencionan, sin ningún rigor “wendigos y espíritus de los bosques”. Por supuesto, nadie ha hecho hincapié en estos seres de la mitología inuit porque la mayor parte de investigadores del misterio y blogueros enfocan su atención hacia la posible abducción de los esquimales por una nave extraterrestre. Pero a mi los aliens me aburren soberanamente, así que he hecho una investigación mínima al respecto. Apenas una única búsqueda en google me ha llevado a esto:

Pueblo esquimal desaparecido en Candá

Los Taqriaqsuit o “gente sombra”, entes que viven en una dimensión paralela a la nuestra, a quienes no podemos oír pero sí ver. Serían ellos los que caminan en nuestras casas cuando estamos solos y oímos sus pasos donde debería haber silencio.

Al parecer, la gente sombra puede invitarte a pasar a su lado de la realidad. Nada impide que se estas personas invitasen a todo el pueblo a unírseles ¿no?

 

Aunque, para historias de gente que vive en la sombra, yo recomiendo Deabru, la historia de un pueblo vasco que desea desaparecer pero no puede porque… Bueno, no es inteligente aceptar todas las invitaciones que se le presentan a uno.

 

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