Asuntos de muertos para los mecenas de Patreon, sorteo

Nieves Mories no es una escritora corriente. Asuntos de muertos, su penúltima novela (las novelas, como las copas, siempre son las penúltimas), no es una obra corriente.

No soy una zombi, pero quiero tu cerebro

Lo extraño no es encontrar autoras que dejen las tripas en sus manuscritos. De hecho, la mayor parte de las malas autoras se dejan tripas, hígado y corazón. Mucha casquería sangrante para llenar de emoción relatos o novelas a los que les falta, sin embargo, lo más importante: el cerebro.

La literatura escrita a golpe de pecho, de puñetazo en la mesa o de grito desgarrado, sirve para rasgarse la autora las vestiduras, para fracturarse la mano o para quedarse afónica. A la lectora poco más le queda que asistir a un desnudo integral no solicitado.

Pero lo que se escribe con una buena dosis de inteligencia añadida a las vísceras, traspasa las páginas, se pega al pecho, te ahoga por las noches, te despierta entre gemidos de angustia.

Lo extraño, que Nieves Mories comparte con Juan González Mesa, es el saber estar literario.

Saber estar

Saber estar, qué bonita frase hecha.

Habrá que explicarla.

Saber estar no tiene que ver con los buenos modales ni con la redacción correcta, aunque las escritoras que saben estar redactan correctamente y son personas bien educadas. Literariamente bien educadas.

Saber estar tiene más que ver con colocar cada cosa en su sitio y que las lectoras hábiles solo perciban que la novela funciona. También guarda cierta relación, lo del saber estar, con que las lectoras curiosas y las escritoras ávidas queramos diseccionar la obra para encontrar los engranajes, las bisagras, la puta fórmula de los cojones.

Saber estar es una cuestión estética. Saber estar reside en la parte de cerebro con que hay que aderezar la emoción de una obra literaria.

Juan González Mesa escribe desde el cabreo. Se lo dije una vez, en público: sus mejores personajes están enfadados. Actúan desde la ira, pero no son idiotas. Conchi Regueiro escribe desde el sentido común, con un deje sádico adorable.

Amor, rencor y una retorcida idea de justicia

Creo, aunque no se lo he dicho nunca y puede pasarse por aquí a desmentirme, que Nieves Mories escribe desde el amor, el rencor y una retorcida idea de la justicia. Por eso sus novelas son pendulares. Mories hace en todas sus obras el ejercicio de mostrar lo mejor y lo peor sin que a lo mejor y a lo peor los separen más de un par de milímetros de distancia o más de una decisión equivocada o más de un impuso desmedido.

La vida es una cabrona, Mories lo sabe y no tiene ningún reparo en mostrarlo.

Es necesario leer a Nieves Mories. De la misma manera que es necesario mirar el abismo a los ojos para decidir si quieres perderte en él o quieres vivir.

Hay experiencias que no pueden explicarse por mucho que yo lleve ya quinientas palabras dándole vueltas al asunto.

Juan Carlos Teso, amigo y lector, escribió un artículo en el que cuenta su viaje personal por la literatura de Mories.

Yo la he mencionado en un buen puñado de artículos, como este sobre cómo crear terror, por ejemplo.

Su obra puede resumirse en: es como montar en el tren de la bruja que iba a las fiestas de mi pueblo y darte cuenta, a mitad del recorrido, de que los monstruos son de verdad y pueden matarte.

Por eso le pedí que me cediera un relato que los mecenas pueden leer aquí y por eso  el mes de mayo sorteo Asuntos de Muertos entre los mecenas de Patreon. Entre todos ellos, desde los de 1$ hasta los de 20$. Participa haciéndote mecenas aquí.

Sinopsis

La frecuencia de resonancia es un arma tan poderosa que hunde puentes y trata enfermedades neurodegenerativas, rompe cristales y agrieta cimientos. Cuando baja a la cifra exacta de diecinueve hercios, produce visión borrosa, apariciones espectrales, alucinaciones sonoras. Incluso se ha ganado su nombre por derecho propio: la «frecuencia del miedo», que te puede llevar a lugares insólitos, que hace que algunos perciban ecos susurrantes o pasos en las escaleras. Otros atestiguan que sus espejismos fueron tangibles, que en ese trance tan parecido a la realidad encontraron justo lo que esperaban hallar. A aquellos a los que perdió.
A los que perdisteis.
A los que perdí.

A dieciocho hercios comienzan las microrroturas vasculares. Pueden producirse manifestaciones que se confunden con objetos tridimensionales, ya que es la frecuencia de resonancia del globo ocular. A diecisiete…
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Bienvenido a nuestra casa.
Bienvenido a nuestros Asuntos de Muertos.

Asuntos-de-muertos

Sea como sea, lee a Nieves Mories.

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