X Fotos de cementerios el día de Todos los Santos

Disculpad la profusión, pero estas fechas son muy jugosas para los aficionados al terror. Hoy (ayer, pero wordpress me la jugó de mala manera) es el día de Todos los Santos y quiero celebrarlo poniendo fotos de cementerios. Y ya está, no hay más. Ya os contaba ayer que Halloween lo celebramos en la península desde siglos, pero no por eso vamos a dejar las otras tradiciones de lado.

Me encantan los cementerios. Tengo fotos de cementerios desde la facultad y, hace algún tiempo, inicié un proyecto de fotografía en cementerios españoles. He viajado poco estos años (al menos he viajado poco por España) y está un poco en stand by. También por eso os dejo por aquí unas muestras.

Pero antes, un poco de contexto. No sé si sabéis que, aunque nacida en Valladolid, vengo de un pueblo muy pequeño: Amurrio. Es una localidad de Álava en la que viví buena parte de mi infancia, toda mi adolescencia y mi postadolescencia, hasta que 1998 me llevó más allá del Canal de La Mancha. No fueron tiempos fáciles. Aquí donde me leéis, soy una mujer frágil y con la piel muy fina. Nunca tuve miríadas de amigos y mi casa jamás fue un lugar tranquilo. Se estaba en silencio, sí, uno de esos silencios que preferías no quebrar, por lo que pudiera surgir del subsuelo.

Escribo diario desde los doce años y a eso de los dieciocho o diecinueve empecé a escribir ficción. Mi casa no era el mejor lugar para concentrarse, así que empecé a buscar lugares fuera. Podría haberme dado por las cafeterías. Lo que pasaba era que me daba vergüenza entrar en las que tenían buena pinta (pueblo pequeño donde todos sabían quién era) y además mi economía no podía permitirse un café diario. La buena suerte -y Anne Rice- quiso que me diera de bruces con el cementerio. Allí nunca había nadie. A la puerta sí. Extramuros se sentaban unas mujeres a hacer punto y a contarse sus cosas. Pero dentro estaba yo sola con los muertos y con mis cuadernos.

Entonces no escribía terror, sino obritas pretenciosas con mucho drama.

La muerte me fascina. No las maneras de morir, sino la muerte. Porque sin la muerte no se entiende la vida. Sin un final no se entienden los procesos. Siempre he dicho que en los cementerios no se llora a los muertos. En los cementerios nos lloramos a nosotros. La muerte nos da la medida de nuestro valor, que es ninguno. Y los cementerios son grandes escaparates de muerte. O al menos de lo que algunos vivos desean que otros crean de ellos. No hay más verdad en un cementerio que la que el visitante lleva consigo. A veces, si lo haces con honestidad, entrar en un cementerio es más doloroso que mirarse en un espejo.

Por lo mismo, en ocasiones es más satisfactorio.

Fotos de cementerios en Madrid: Cementerio de la Almudena

 

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