Yo fui Dosflores

A Mundodisco llegué como Dosflores, sin saber dónde me estaba metiendo. La portada ya venía avisando de que en las páginas no iba a encontrar el tipo de fantasía al que estaba acostumbrado.

¿Es aconsejable empezar a leer a Mundodisco por El color de la magia?

Sí, ya os avisé, lo primero que leí de Terry Pratchett fue «El color de la magia». Sé que hoy habrá cientos de fanes que me dirán que no es el mejor libro para entrar en Mundodisco pero, aunque no lo creáis, cuando yo lo leí no se podía empezar por ningún otro libro porque aún no existía. En cualquier caso, no estoy de acuerdo con que empezar en «El color de la magia» sea una mala idea. De hecho creo que es una idea excelente. Aunque, claro, todo depende de qué busques, de qué esperes encontrar. De qué Pratchett te han contado y por qué has ido a buscarle. Veintiséis años de escritura dan para mucho. Si además son los que van desde los treinta y cinco años hasta los sesenta y uno, os podéis imaginar lo que puede cambiar una persona, y por lo tanto su obra, en ese tiempo.

«El color de la magia» es una novela ligera, si la comparamos con las últimas. Incluso si la comparamos con las que han sido catalogadas como literatura juvenil. Sin embargo, sirve perfectamente de «piloto» porque marca el tono general de la serie (al menos el que tendría inicialmente), presenta uno de los escenarios y algunos de los personajes más relevantes para la ambientación y esboza en general el mundo en el que se desarrollarán los cuarenta libros que le siguen. Y, además, lo hace desde la óptica del primer turista de Mundodisco. ¿Casualidad? No lo creo. Quizá el propio Pratchett estaba siendo un poco «brújula», o quizá tenía claro que el lector se identificaría más con el inocente despistado que quería conocer mundo que con el desastre de echizero (sic.) que iba a servirle de cicerone.

(Si alguien cree que estoy siendo injusto con Rincewind debe saber que el propio Pratchett dijo, en una entrevista para SF Site[1], que no le gustaba el personaje porque no se le podía dar profundidad. Tampoco es mi personaje favorito, aunque no puedo dejar de tenerle cierto cariño porque fue quien me llevó de la mano por primera vez a través de las calles de Ank-Morpork. Sin embargo, a pesar de que tiene algunas frases memorables, me resultaron mucho más simpáticos «Y-voy-a-la-ruina» Escurridizo o incluso el Equipaje.)

A’Tuin, la Gran Tortuga y Strata, CiFi precursora de Mundodisco

Yo fui Dosflores

Es en este libro donde descubrimos el nombre (pero no el sexo) del quelonius estelaris, A’Tuin, la Gran Tortuga sobre cuyo caparazón giran incansables cuatro elefantes (que también tienen nombre, aunque en futuros libros se olvida) que soportan el Disco sobre sus lomos. Yo conocí este notable animal en este libro pero Gran A’Tuin y sus elefantes no son creaciones de la mente Pratchett, sino el primero de los préstamos que toma del imaginario no ya fantástico, sino mitológico.

Los antiguos mitos hindúes ya hablan de un mundo (tres, en realidad) que se apoya en los lomos de cuatro elefantes que, a su vez, están subidos a la concha de una tortuga gigante. Pratchett elimina la serpiente aún más grande sobre cuyo espinazo camina la tortuga, para crear una imagen más onírica: la de una tortuga nadando en el vacío hacia el punto donde se encontrará con todas las demás tortugas estelares para… bueno, para crear tortuguitas.

«The sky was falling in on them. Then Marco, almost in hypnosis, turned the ship and there, spread out below like a bowl of jewels, was the flat Earth. It was like a plate full of continents. A coin tossed into the air by an indecisive god». («Strata», 1981)


Pero no es la primera vez que Pratchett utiliza esta imagen. En realidad, la primera aparición de A’Tuin y sus paquidermos ocurre dos años antes de la publicación de «El color de la magia», aunque nuestro querido quelonio aún no tendría nombre. En junio de 1981, Terry Pratchett publica uno de sus escasos títulos de ciencia-ficción en solitario: «Strata», y aquí aparece el embrión de lo que luego sería Mundodisco.

En «Strata», el disco es la Tierra, pero aplanada. No es una consecuencia de la infinitud probabilística del Universo, sino obra de una raza tecnológicamente superavanzada pero ya extinta: los Spindles. «Strata» es un libro sobre constructores de mundos por encargo, que hacen su trabajo utilizando una tecnología ancestral encontrada por casualidad y que aún resulta en buena parte un misterio. Los diez sitios arqueológicos Spindle que se conocen han sido una fuente de innovación tecnológica importante así que, cuando alguien dice haber descubierto todo un mundo creado por ellos, es absolutamente imprescindible investigarlo.

«Strata» no tiene nada que ver con la saga de Mundodisco, aunque comparte algunas de sus características: el uso de tópicos del género, por ejemplo, y la profundidad filosófica de su mensaje disfrazada de una novela ligera de fantasía (ciencia-ficción, en este caso) y humor. Y la tortuga, los elefantes, y el mundo plano. Ah y, como es obvio para cualquiera que tenga un conocimiento del género mejor que el mío (es decir, todo el mundo), el hecho de que parodia una obra, mejor dicho, una saga anterior. Tanto «Strata» como «The Dark Side of the Sun» (publicado en 1976) se apoyan en la saga de Mundo Anillo de Larry Niven, aunque «The Dark Side of the Sun» también tiene préstamos de Asimov. De hecho hay quien dice que, sin haber leído esta saga, «Strata» pierde gracia.

 

En cualquier caso, el planeta que descubre Jago Jalo cuando la sonda Términus en la que viaja le despierta después de más de un milenio en un punto que nada tiene que ver con su destino inicial no es simplemente un mundo plano. Es una Tierra plana, no Mundodisco. Ni siquiera comparten el mismo universo.[2]

«Es bastante embarazoso saber que uno es dios de un mundo que sólo existe porque cada curva de improbabilidad debe tener su cenit». (La emisión de Ocho, «El color de la magia», 1989)


Así, existe un panteón de dioses similar al de muchas mitologías europeas, con su residencia en la montaña más alta del Eje del disco, sus rencillas particulares y su afición a distraerse enredando en las vidas de los mortales por falta de algo mejor que hacer. Existen héroes legendarios, una ciudad que sería aún más caótica de no ser por la mano firme de su Patricio, magos, criaturas de fábula de todo tipo… y monstruos. La magia es tan común que prácticamente se respira. En la periferia del Disco, el arcoíris tiene ocho colores en lugar de siete, porque la luz atraviesa un fuerte campo mágico que añade a los habituales el octarino, el color de la magia que da título al libro.
Mundodisco existe no en un universo sino en un multiverso, en el que absolutamente todo es posible. Y, si todo es posible, un universo construido por creadores con más imaginación que actitudes mecánicas está condenado a suceder. Y aquí está. En la cúspide de la curva de improbabilidad, mirado desde el punto de vista de quien lee, por supuesto. Todo aquello que nos resulta imposible de creer, sucede, sin importar la falta de coherencia interna. La única regla es esa: si es parte de alguna mitología o del worldbuilding de alguna obra fantástica canónica, está en Mundodisco. Pero nunca un fiel reflejo del original; Mundodisco es un espejo deformante.

El color de la magia: cuatro novelas cortas y un solo mago ¿verdadero?

El color de la magia

El libro. O el medio libro, si consideramos que la acción continúa en «La luz fantástica». O la antología o recopilación, si tenemos en cuenta que «El color de la magia» se estructura como cuatro novelas cortas que comparten protagonistas, pero sin un hilo argumental real entre ellas. La primera de ellas es, precisamente «El color de la magia», y se desarrolla en la ciudad de Ankh-Morpork, que está plagada de los tipos y los tugurios más repetidos en la fantasía heroica.

La emisión del ocho

«Mira, ya sabes que si sumas siete y uno, o cinco y tres, o si restas dos de diez, te sale un número. Mientras estemos aquí, no lo pronuncies, y quizá tengamos una oportunidad de salir vivos. O sólo muertos». (La emisión de Ocho, «El color de la magia», 1989)


La segunda parte, «La emisión de Ocho» convierte el horror cósmico al estilo de Lovecraft en menos horroroso y mucho más cómico que cósmico. Como todo lo que consideramos imposible en Mundodisco es completamente real, también existen terroríficos seres primigenios que somos incapaces de comprender. En esta parte nuestro dúo de protagonistas en constante huida tropieza con Bel-Shamharoth (quien, por supuesto, tiene tentáculos. ¿Qué clase de horror cósmico sería si no los tuviera?), el Devorador de Almas, el Emisor de Och… el número entre el siete y el nueve.

«Rincewind bajó la vista para mirarle y, poco a poco, sonrió. Era un rictus amplio, maníaco y nada humorístico. Era la clase de sonrisa que suele ir acompañada de pequeños pájaros que van de un lugar a otro quitando porquería de entre los dientes a otros animales.

—Tendrá que ser vivo —dijo Rincewind—. Y si quieres que muera alguien, recuerda quién tiene la espada por el mango». (El señuelo del Wyrm, «El color de la magia», 1989)

El señuelo de Wyrm

En la tercera parte, «El señuelo del Wyrm», Pratchett cambia de objetivo a parodiar y se divierte con la saga de Pern de Anne McCaffrey y, en particular, con «Dragonflight». La trama se desarrolla en el Wyrmberg, una montaña que está del revés debido a un intenso campo mágico en la zona, secuela de las Guerras Mágicas entre los Primeros Hombres y los Dioses. En Wyrmberg vive un pueblo de jinetes de dragón.

Una vez más, Rincewind se ve forzado a ser el héroe involuntario que saque a Dosflores del atolladero en el que se ha metido, pero en esta ocasión es una espada mágica parlanchina quien le obliga a realizar hazañas que es tan incapaz de creer que las hace tapándose los ojos con la mano, para desconcierto de sus oponentes.

Cerca del Borde

 

«—¿Están preparados los quelonautas? —preguntó.

El maestro controlador de lanzamientos dio un paso al frente.

—Por supuesto, su prominencia —respondió.

—¿Se han entonado las plegarias adecuadas?

—Más o menos, su prominencia.

—¿Cuánto falta para la partida?

—Para el lanzamiento —le corrigió con cautela el maestro de lanzamientos—. Tres días, su prominencia. La cola del Gran A’Tuin estará en una posición inmejorable.

—Entonces, lo único que falta —concluyó el Archiastrónomo—, es averiguar cuáles serán los sacrificios más apropiados». (Cerca del Borde, «El color de la magia», 1989)

Que yo recuerde, Wyrmberg no vuelve a ser mencionado en ninguno de los libros siguientes. De Bel-Shamharoth apenas hay alguna velada mención. Lo mismo ocurre con la Circunferencia[3], que es donde empieza la cuarta y última parte de «El color de la magia», titulada «Cerca del Borde».

El final de «El señuelo del Wyrm» es un tanto caótico, incluso para Pratchett, y yo diría que rompe un poco la coherencia interna, pero no hay que perder de vista que este es el primer tomo de la serie y, probablemente, el autor aún estaba decidiendo qué funcionaba y qué no. «Cerca del Borde» comienza con un rescate in extremis de nuestros ya familiares desventureros (es difícil llamarles aventureros, la verdad), aunque sólo para ponerles a disposición de servir a una de las más nobles causas de cualquier mundo: la de la Ciencia.

Cerrando el círculo, como no podía ser de otra manera, esta última parte se desarrolla en el reino de Krull que se menciona en la primera página del libro, y gira en torno a una de las preguntas fundamentales que también se menciona en esa primera página: ¿cuál es el sexo de Gran A’Tuin?

Y así os dejo, con un cliffhanger, igual que hace Pterry en «El color de la magia».

yo fui dosflores

Leedlo. Leedlo sobre todo si no habéis leído nada de Mundodisco. Sed, como yo fui, Dosflores, y descubriréis un mundo que aprenderéis a amar cuando lo veáis aún más de cerca en futuros libros.

[1] Steven V Silver, «A conversation with Terry Pratchett», abril 2000 (https://www.sfsite.com/04b/tp79.htm)

[2] «Strata used the idea of a Discworld but I’ve never thought of it as a Discworld novel within the meaning of the act. The first Discworld novel was The Colour of Magic». Terry Pratchett, «Words from the Master», The Annotated Pratchett File v9.0, agosto de 2004 (http://www.lspace.org/books/apf/words-from-the-master.html).

[3] Aparentemente no hubo forma de traducir Circumfence manteniendo el juego de palabras.

Un pensamiento en “Yo fui Dosflores

  1. Hola,

    Muy de acuerdo con el artículo. Yo también comencé, porque no había otro, la lectura de Mundodisco por este libro, y disfruté como un enano, hasta el punto que me animó a escribir humor fantástico.

    No entiendo por qué la gente dice que es mala forma de empezar a leer sobre este universo literario.

    Es cierto que luego Pratchett sacaría libros todavía mejores, pero este libro es tremendamente divertido.

    ¡Saludos!

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