¡Infodump! Infodump horrendo, ominoso, terrible, sacrílego… ¿Por qué yo lo diga? No, porque es aburrido. Me encantan las novelas pausadas en las que el tiempo pasa despacio y te da tiempo de saborear acontecimientos y escenarios. Me encanta cuando la autora cuida el ambiente narrativo. Pero es que un tempo lento y una narración cuidada no son sinónimos de infodump.

¿Qué es el infodump y qué tiene que ver con el ambiente narrativo?

Se llama infodump al exceso de información en la narración. El término suele usarse en literatura, pero también se da en cine. La verdad es que el anglicismo no deja de tener gracia. Puede traducirse como «vertedero de información». Aunque dump también se usa para decir que alguien ha roto contigo. Así que piénsalo de esta manera y verás por qué el infodump es horrible para tu novela: cuando te echas en sus brazos, lo que de verdad estás haciendo es abandonar tu historia.

Lo que pasa cuando das exceso de información es que no habla tu narradora, sino tú, como autora. Se trata de datos que crees que las lectoras deben saber y se los lanzas sin mucho criterio y de maneras poco elegantes. También es frecuente confundir ambiente narrativo con acumulación de palabras.

Ese infodump puede ser de varias clases y al menos una de ellas afecta al ambiente narrativo.

  • Infodump en el escenario para crear ambiente narrativo: larguísimas descripciones del mundo que tanto trabajo que te ha costado construir y que escribes separadas de la acción. Nos enseñas dónde suceden los acontecimientos y los motivos por los que suceden, pero no hay manera de que pase nada.
  • Cuestiones técnicas que te llevan al Infodump: en tu mundo hay tantos elementos nuevos y fascinantes que, si no los explicas uno a uno y con detalle, tus lectoras no entenderán la historia. O eso te crees tú. Por eso escribes un manual de uso de todas las armas que usan tus ginoides.
  • Infodump de trasfondo: has desarrollado una historia tan chulísima para tus personajes que te sientes obligada a contárnosla, pero no lo haces donde corresponde. A ti te parece que las lectoras deben conocerla, pero no sabes cómo integrarla con la narración principal y terminas por hacer un flashback larguísimo o un diálogo innecesario.

Primer paso para evitar el infodump: conocer los componentes de toda narración

No, por una vez no voy a hablar de comienzo, nudo y desenlace, sino a los dos elementos únicos de toda obra literaria. ¿Cómo, Alicia? ¿Solo dos elementos? ¿No hablas siempre de seis? ¿Es que te has vuelto loca?

Pues no, no me he vuelto loca. En toda obra literaria hay solo dos tipos de texto o dos elementos: narración y diálogo. Ambos se subdividen en dos. La narración se compone de acción y descripción y los diálogos de parlamento y acotaciones. Podríamos ponernos muy tiquismiquis y decir que las acotaciones de diálogo son narración (porque lo son), pero a efectos explicativos dejaremos las cosas así:

Una novela o un relato, se componen de:

  1. Acción
  2. Descripción
  3. Acotaciones de diálogo
  4. Parlamento

Dicho de otra manera, tienes dos tipos de voces en tu obra:

  1. Por una parte la de la narradora, que dice lo que pasa (acción), hace descripciones (descripción) o se mete en medio de los diálogos para hacer puntualizaciones (acotaciones)
  2. Y por otra parte Los personajes, que dicen sus líneas de diálogo.

Veámoslo con un ejemplo:

  • Si tu narrador dice. A Rosa le pareció que el guiso era estupendo, está describiendo. Describe las sensaciones de Rosa.
  • Si dice. Rosa se relamió, está narrando una acción, dice que lo Rosa hace.
  • En el caso: —Esto está delicioso —dijo Rosa. Ese dijo Rosa es una acotación y nos indica que la línea de diálogo corresponde a Rosa.

En todos estos casos la información que recibe el lector es la misma, pero tú has utilizado herramientas diferentes.

La narradora, el infodump y el ambiente narrativo: trío de desastres

Hace no tantos años, en los siglos 18, 19 y  todavía a principios del 20, los lectores no tenían internet, ni teléfonos móviles, ni doce plataformas de cine y televisión. En aquellos felices tiempos, la vida de la escritora era más relajada y podíamos regodearnos en largos párrafos sobre el aspecto y disposición de los árboles, los arroyos cantarines, la tez amelocotonada de las doncellas y otro montón de cosas que hoy nadie soporta porque no hay tiempo.

Uno de los supuestos errores que se le achacan a Tolkien es la cantidad de páginas que destina a describir la vegetación en El Señor de los Anillos. Pero esa profusión, en él, no es un error.

Piensa que hoy tenemos acceso a muchísimo material visual a través de Internet, vemos mucho cine y la gente viaja mucho. En los años 40, todo eso no existía y los lectores dependían de la efectividad de los escritores para ver lugares a los que nunca iban a ir o que, de hecho, ni siquiera existían. Nosotros hemos visto la Tierra Media y Mordor en la pantalla. Las lectoras contemporáneas a la novela no tuvieron esa posibilidad.

Pero eso ya no vale para nosotras. Ahora necesitamos ambientar nuestras novelas sin que a nuestros lectoras les de una apoplejía. Y para ello debemos sacrificar la descripción pura y camuflarla dentro de la acción. Un poco como cuando los papás esconden la verdura en los purés o en las hamburguesas.

Pero no porque queramos engañar a la lectora. Esto no va de que en la última página de la novela incluyamos una pulla en plan «jajajaja te crees que has leído una novela de acción, pero seguro que sabes de qué color son las paredes de la casa de la asesina». La idea no es colársela, sino darle lo que necesita para que saque el mejor partido de la obra. En eso consiste crear un ambiente narrativo libre de infodump

¿Cómo hacemos para que nuestra narradora sirva al ambiente narrativo sin crear infodump?

Emplea lo que hacen tus personajes, sus movimientos, lo que ven, lo que huelen, lo que desean, lo que sienten

Mira este ejemplo:

Rosa abandonó la seguridad de su pisito ordenado y limpio donde se sentía a salvo porque conocía hasta la última mota de polvo. Se despidió mentalmente de los desconchones por cuya causa se aventuraba a salir y cerró con llave. Bajó las escaleras, que la separaban de la calle, a oscuras y muy despacio, para aclimatarse. Cada una la acercaba más y más a la corriente de personas con las que tendría que cruzarse. El pensamiento de que alguna se chocaría con ella le provocó un escalofrío. Se agarró a la barandilla de madera, tan usada que reflejaba la escasa luz filtrada por la claraboya del tejado, muchos pisos más arriba. Respiró hondo y reconoció el olor delicioso procedente de la cocina de Don Benito. La voz monótona del locutor de radio que entretenía a Doña Evarista la arropó y le dio valor para seguir bajando.
La enorme y pesada puerta del portal era la última frontera entre ella y las hordas de bárbaros que esperaban al otro lado. Volvió a respirar. Le llegó el tufo a goma quemada y a polvo de asfalto mezclado con el sonido estridente de los cláxones. Se encogió sobre sí misma, pulsó el interruptor, la chicharra eléctrica le franqueó el paso y quedó inundada por la luz del sol madrileño. Le pareció que se había convertido en una minúscula bolita, pero no. Debía de seguir siendo una persona, puesto que alguien la golpeó en el hombro casi de inmediato. Tragó saliva y se recordó que la ferretería no quedaba lejos.

En el ejemplo no se dice nada como: La escalera estaba a oscuras y tenía una barandilla muy pulida que reflejaba la luz de la claraboya.

Al contrario, todo o casi todo en este párrafo es acción: Rosa sale, baja a oscuras, tiene un escalofrío, se agarra a la barandilla. La barandilla está muy usada y refleja la luz. La luz llega desde la claraboya.

Tampoco se describe lo que pasa alrededor de Rosa de manera directa. EL párrafo no dice: en el primer piso alguien escuchaba la radio, en el segundo piso alguien cocinaba. De nuevo, es la propia Rosa la que lleva al lector de la mano y atraviesa sus percepciones y emociones.

En resumen, prima siempre la acción. No solo porque es más divertido leer novelas en las que pasan cosas, sino porque cuando los personajes se mueven, la trama avanza. Y cuando la trama avanza al lector le da la sensación de estar leyendo algo que tiene sentido. Que va a algún sitio. Hoy en día no nos gusta salir a la calle sin un plan, no nos gusta perder el tiempo, que es un bien muy escaso.

Aprovecha los cinco sentidos cuando nos muestres lo que está pasando

La mayor parte de las personas somos visuales, pensamos en imágenes, recordamos lo que nos pasa con imágenes mentales y disfrutamos mucho los libros con una gran carga visual.

Pero existen personas que se relacionan con el mundo a través de los sonidos, del olor o del tacto. No porque sean invidentes o sordas, sino porque esos son los sentidos mediante los que reciben más estímulos. Si no quieres perder a esos lectores, más te vale incluir datos que hagan referencia a sonidos, texturas y olores.

Pero no solo por ellos, sino porque la experiencia lectora será más completa para cualquier lectora si ve comprometidos todos sus sentidos en lugar de solo uno. Cuando hablamos de sumergirnos en un mundo nuevo, el creado por nosotras, tenemos que ser coherentes con ese deseo de provocar la inmersión y atacar a todos los flancos.

Así que introduce ruidos, colores, texturas y olores.

Por ejemplo:

Carmen caminaba descalza sobre la hierba y el rocío le humedecía los pies. Disfrutaba del color rosado del amanecer. Incluso si debía contemplarlo desde el único cuadrado de césped que podía permitirse en una urbanización seca donde los sonidos se multiplicaban en una cacofonía de asfalto, vidrio y metal.

Aquí hay luz, hay tacto y hay sonidos.

Usa el lenguaje de manera inteligente

Hay muchas maneras de decir verde sin mencionar el color.

Te propongo aplicar el concepto paleta de colores a la ambientación de tus novelas.

Uno de los grandes problemas de los autores noveles y de los no tan noveles es la reiteración, que se produce cuando repetimos una y otra vez la misma palabra. Por supuesto, los sinónimos ayudan. Pero ¿cuántos sinónimos de verde conoces? Incluso si eres decoradora aficionada, no hay muchos. Glauco, por ejemplo es una palabra preciosa pero poco evocadora en general. No muchas personas conocen su significado exacto. Y si empleas otras como verdoso o verduzco, la raíz de la palabra va a crear cacofonías.

¿Qué puedes hacer si  tus personajes están en medio de una selva y quieres que todo sea verde y exuberante?

Una solución sencilla es que crees paletas de colores y sensaciones para usarlas en diferentes escenarios.

Usa tu imaginación y piensa en diferentes elementos de color verde, como musgo, hojas, vegetación, tallos. En el caso de la selva, además, puedes aprovechar el nombre propio de las especies vegetales.

Si además de verde, quieres que la selva sea opresiva o amenazadora, tendrás que acotar un poco más tu paleta: plantas carnívoras, enredaderas, reptiles, moscas irisadas. Hiedra parásita.

Y, por supuesto, deberás unir a eso las emociones de tus personajes para que la lectora las perciba como propias.

Por ejemplo

Rosa caminaba por la pradera. La hierba alta, seca, ocultaba el suelo bajo sus pies. Cualquier cosa podía reptar ahí debajo, en la sombra, tan cerca de la tierra que no percibiría la diferencia entre arrastrarse por la superficie u ocultarse debajo. Sus pasos quebraban los tallos sin vida, amarillos bajo el sol ardiente que le quemaba la piel.

Hierba seca, amarilla, sol amarillo, calor. La paleta de colores está ahí.

Los sustantivos y los adjetivos serán tus mejores amigos en esto, pero los verbos también tienen la capacidad de evocar colores y emociones. Amarillear sería un buen verbo para un párrafo en que hablásemos después de hierba seca, de cosechas agostadas, etc.

Es buena idea pensar en las palabras como grupos de significado.

Crear el ambiente narrativo a través de diálogos

Utiliza las líneas de diálogo de tus personajes para ambientar la novela de manera sensata. Te doy tres reglas:

  • No hagas que un personaje le diga a otro cosas que ya sabe.
  • No repitas información que ha dado la narradora
  • Mantén bien atado el registro de cada personaje. Recuerda que en cada época se habla de una manera determinada, y la clase social también tiene sus propios marcadores de diálogo.

Supongamos que tienes dos detectives que están persiguiendo a un sospechoso por el sistema de alcantarillas de la ciudad. No hace falta que la narradora diga que aquello huele mal. Lo que hará será situar a tus protagonistas en el espacio que has elegido:

Por ejemplo: ambiente narrativo

Wilma y Betty descendieron por la alcantarilla. Afortunadamente, el agua no les llegaba más que a los tobillos.
—Esto huele peor que la bolsa del gimnasio cuando la vacío por las tardes —dijo Wilma.

Bien

Ya has dicho que huele mal, y de paso has dado información sobre lo que hace tu personaje por las tardes. Y de propina has roto un cliché sobre el olor corporal de las mujeres, que es algo que no se suele mencionar en literatura.

Todo esto en trece palabras.

Las acotaciones de los diálogos también sirven para ambientar tu novela y también son peligrosas. Demasiadas acotaciones rompen el ritmo del diálogo y pueden convertirlo en un pastiche indigerible. Pero las adecuadas darán la información necesaria y enriquecerán tus textos.

Puedes usarlas para mostrar cómo se mueven los personajes mientras hablan. O para indicar si interactúan con algún objeto que se encuentre dentro de la habitación.

La interacción con los elementos del escenario se convierte así en una manera de ambientación.

Ambientación mediante el lenguaje

La acción, la descripción y los diálogos se crean a partir de una herramienta única, que es el lenguaje. Y el lenguaje no se compone solo de palabras, sino también del orden en que las colocas, que es el orden en que las leerá la lectora.

Utilizar construcciones gramaticales que recuerden a la época en la que quieres situar tu novela es una posibilidad. Pero también lo es aplicar aliteraciones que evoquen el sonido de los árboles o de los animales.

En Sombra, yo misma hice un trabajo de cierta profundidad para recrear un lenguaje religioso, ominoso y dramático. Se trata de una versión del Nuevo Testamento, contada desde el punto de vista de una mujer que busca venganza.

Para situar la acción en Galilea, Nazaret y  Jerusalén, no solo empleé una paleta de colores y conceptos muy ajustada. Además, me documenté acerca de cómo eran las ciudades en tiempos de Cristo y, sobre todo, leí la Biblia un par de veces para ver cómo estaba escrita.

Así hice míos estructuras y recursos que resuenan con cualquier conocedor de las escrituras y con cualquiera que haya ido a misa o visto películas de Semana Santa.

Consejos generales sobre ambiente narrativo

Además de saber  dónde tienes que dar la información y de qué manera, hay algunas cuestiones que te convendrá tener en cuenta.

  1. Ya hemos dicho que las lectoras no están para descripciones larguísimas. Tienes que dar toda tu información, pero no toda a la vez. Empieza por un plano general en el que irás introduciendo detalles poco a poco. Bien mediante diálogos, bien a medida que tus personajes se muevan por allí.
  2. Procura ser precisa. Una planta es una planta, pero si lo que tienes en la habitación es un ficus, llámalo ficus. No es lo mismo un colgante que un collar y no es lo mismo arenilla que tierrilla.
  3. Escoge con cuidado los detalles en los que vas a poner el foco. Si no estás escribiendo misterio no hace falta que ocultes nada. En cualquier caso, decide bien qué vas a mencionar más veces y qué menos veces. Podrías confundir a la lectora y crear expectativas falsas si hablases mucho de un cenicero de cristal con el que al final no pasa nada.
  4. El escenario, el ambiente narrativo en general, es un elemento que sirve para dar cohesión. Los colores, los elementos que aparezcan en él, pueden servir también para dar pistas sobre la acción. En El Padrino, la película, cada vez que sale una naranja muere alguien. A los lectores les encanta descubrir estas cosas en segundas lecturas. En mi caso, empleo mucho el color amarillo para referirme a la vulgaridad. Así puedes ir conformando tu propio mundo, tu propia mitología literaria.
  5. Escenario y emociones van de la mano, así que no te cortes a la hora de ligar las emociones a los lugares y a los momentos. Recuerda que no es necesario que las nombres, basta con que las veamos. Como el escalofrío de Rosa cuando piensa en que la verá la gente cuando salga a la calle.
  6. Huye de los clichés. Forma tus propias imágenes. La piel blanca como la nieve es la de Blancanieves y no debería usarse para nada más. Hay frases que nacen muertas. Quizá en una primera escritura no las detectes, pero permanece atenta durante la corrección. Nada de negro como ojo de cuervo, por favor. Ni verde esmeralda. Seguro que ya sabes a lo que me refiero. Para evitar estas cosas, las paletas de colores van genial porque te obligan a pensar en objetos, acciones y elementos que provocarán imágenes en tu cerebro. Con suerte serán imágenes nuevas que nadie haya usado jamás. O que se hayan usado poco.
  7. Por último, ten cuidado con las referencias. Ten en cuenta que la geografía cambia y que un lugar de moda hoy puede haber cerrado pasado mañana. Si necesitas hacer una referencia muy concreta, hazla, pero asegúrate de que va bien acompañada. Puedes, de hecho, acompañarla con una referencia a algún lugar o época históricos. Por ejemplo, si quieres describir el ambiente de una discoteca, es mejor que digas que se parecía a una bacanal romana que a las pistas de Pachá.

Si eres mecenas de Patreon, puedes leer tambien este artículo de Cristina Jurado: El valor del silencio en la narración.

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