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Autoras que rindieron culto a lo oculto

Hoy toca hablar de la fascinación por lo que no nos dado ver; o sea, lo oculto. Las fechas en las que se desarrollan las vidas de estas autoras nos son más cercanas y sus nombres, por tanto, deberían resultarnos más conocidos ¿será así?

Bienvenidas a la tercera entrega de esta serie para el #LeoAutorasOctubre basada en la información del libro Monster she wrote (The women who pioneered Horror & Speculative Fiction, de Lisa Kröger y Melanie R. Anderson. Llevo ya dos artículos sin mencionar lo mucho que Kröger se parece a Krueger y que el personaje de Keanu Reeves en Matrix se apellidaba Anderson, así que este es buen momento para hacerlo.

krueger vs Kröger ¿nos ocultan algo?
Anderson vs Anderson ¿Es esto una maniobra de ocutación?

¿Os acordáis de que las historias victorianas de fantasmas tuvieron un auge increíble y que ese auge partía, en parte, de los manejos de los grupos espiritistas? Pues bien, aunque a finales del XIX el espiritualismo empezaba a desvanecerse como tal, sus ideas seguían pululando por Inglaterra y Estados Unidos (y por el resto de Europa también). Un poco como los fantasmas, que seguían apareciendo en los relatos de autores y autoras de la época.

Pero aunque los espíritus continúan haciendo sus cosas de espíritus, como aparecerse y asustar a los personajes de los relatos, algo ha cambiado en ellos. Los aparecidos ya no son únicamente los familiares muertos de las protagonistas. Ya no se trata de espectros buenos y diligentes que quieren mostrarte dónde se ha escondido tu herencia. Ahora, el ente que mueve el vaso de cristal sobre la tabla Ouija puede ser cualquier cosa. Literalmente.

¿Por qué este cambio en la naturaleza del fantasma?

Espejo o Ouija

En la década de los 80 (de 1880) el racionalismo científico decide arremangarse e investigar los fenómenos paranormales cuya existencia defendían los espiritualistas. Se crean sociedades científicas como la Sociedad para la Investigación Psíquica, en 1882, en Reino Unido; o la Sociedad Americana para La Investigación Psíquica, en Estados Unidos en 1885. Estas asociaciones estaban formadas y dirigidas por profesores de filosofía y sicología de universidades como Harvard o Cambridge, pero escritoras y escritores también se unieron a ellas.

Estas autoras no dudaron en mencionar a estas sociedades en sus obras. Por lo que, esta nueva manera de acercarse al fantasma, no podía más que resultar en fantasmas diferentes de los anteriores.

Los detectives de lo oculto ¿Si es tan antiguo es moda?

Si existen sociedades que estudian lo paranormal ¿cómo no iba a haber detectives que lo persigan para dominarlo o para librar a las pobres víctimas mortales de su influencia?

El primero de estos detectives de lo paranormal aparece en 1855, su nombre es Harry Scott y su autor Fitz James-O’Brien. Sheridan Le Fanu aporta su granito de arena al género cuando crea a su detective de lo oculto, el doctor Martin Hesselius. ¿Qué es, si no un buscador de lo sombrío, nuestro conocidísimo Van Helsing? Nacido en 1897, es diez años más joven que el detective por antonomasia, Sherlock Holmes, de quienes todos bebieron (no literalmente, supongo) y siguen bebiendo.

Y llevo citados cuatro señores, es verdad. Pero ahora ya sabemos todas de lo que estamos hablando y podemos prestar atención a las mujeres que también cultivaron el género detectivesco aplicado a lo sobrenatural: Marjorie Bowen, L.T. Meade, Alice Askew, Margery Lawrence y Dion Fortune.

Las mujeres que investigaron lo oculto y las que lidiaron con estos fantasmas de nuevo cuño

Marjorie Bowen (1885-1952)

La primera de la lista es Marjorie Bowen, que en su autobiografía asegura que nació en la hora que separa el día de Todos los Santos y el de los Fieles Difuntos. (Lo que viene a ser en la media noche del 31 de octubre, creo). También según sus propias palabras, creció en una casa encantada y, por supuesto, se convirtió en una prolifiquísima autora de cuentos de fantasmas.

El hecho, en cambio, es un poco menos fantástico. Marjorie Bowen es uno de los seudónimos de Margaret Campbell, que publicó su primera novela a los 16 años y las 149 que le siguieron, a lo largo del resto de su vida.

Sí, Campbell escribió 150 novelas. Reiros de ese en el que estamos todas pensando, que esta mujer las escribió a mano, siendo mujer y a partir de 1901.

¿Qué por qué escribía tanto? Porque necesitaba el dinero. Hoy esto no parece una buena decisión, pero se ve que por aquel entonces escribir daba para mantenerse y el padre de Campbell tenía ciertos problemas con el alcohol. De hecho murió en la calle en 1905 y la herencia, si es que quedó algo, se esfumó en la educación de los hermanos mayores de Campbell. Así que la muchacha aprendió a leer y a escribir de forma autodidacta, cambió de casa de manera constante y convivió con actores y escritores de todo pelaje y condición. Eso, sumado a una imaginación desbordante, a que sufría de horribles pesadillas pero le encantaban las historias horrorosas que le contaban antes de irse a dormir, la llevó a poner sus cosas por escrito y tuvo la suerte de publicar La víbora de Milán, después de solo once rechazos editoriales. Y de irse de escuelas de arte porque sus profesores le decían que no tenía talento. Que no se nos olvide que Angus Young no es el único mártir del sistema educativo británico.

Marjorie Bowen, autora gótica

Al principio, Bowen escribía romances históricos, pero luego se mudó a una casa encantada donde pasaban cosas raras y le dio por escribir cuentos de fantasmas. Su carrera entonces despegó. Gracias a lo oculto, Campbell llegó al público. De hecho, llegó al público de los dos lados del Atlántico.

Si vas a leer algo de Marjorie Bowen, busca: Magia negra: una historia del alzamiento y caísa del Anticristo. El título es de lo más sugerente. 

 

En su obra encontrarás una mezcla delo sobrenatural con la tradición gótica y su relato Scoured Silk (Seda pura, seda cepillada Algo le han hecho a esa seda¿?), puede considerarse un referente claro de Rebeca, la obra de Daphne du Maurier. En ella, una recién casada se asusta cuando su marido insiste en llevarla a la tumba de su primera mujer.

Bowen-Campbell también emplea fantasmas del pasado en abundancia, así como demonios personales. Su mayor fortaleza como escritora es saber dibujar personajes femeninos que se enfrentan a horrores de la vida real, como hombres violentos obsesionados con la belleza y la juventud.

Un trueno envolvió el lugar, las paredes de la iglesia temblaron y algo tiró al suelo una imagen de la Virgen, que con un escalofrío, se descompuso en mil pedazos.

Black Magic

Margery Lawrence (1889-1969)

Lawrence fue bautizada y criada bajo los auspicios de la Iglesia de Inglaterra, pero eso no impidió que se convirtiera en una ferviente valedora de lo sobrenatural. De hecho, en 1920 se convirtió en una espiritualista dedicada, tras la muerte de varios familiares y amigos queridos.

En lo personal, vivió una vida bohemia, viajo muchísimo por Europa, estudio arte tanto en Londres como en París y sus primeras novelas cuentan historias de aventuras salpicadas de enredos amorosos. Además, en 1924 escribió una novela que trataba sobre el despertar sexual y artístico de una mujer. Por supuesto, fur catalogada de escandalosa. Cero sorpresa ahí.

Dada su inclinación hacia lo oculto y su relación con el espiritualismo, su escritura se decantó por esos derroteros. Primero en sus relatos, pero después también en sus novelas. The Bridge of Wonder, por ejemplo, es una especia de fábula que alerta sobre las médiums que utilizan sus poderes para enriquecerse.

En 1966 publica El mañana del ayer, en cuyo prólogo Lawrence nos cuenta que la novela le fue dictada, durante un trance, por un narrador de Marte. La historia narra las luchas de poder de una utopía marciana que se alimenta de la vida en la Tierra. Finalmente, esas peleas intestinas acaban con la civilización alien.

El sonido de aquella cosa burbujeante se convirtió en un soniquete maligno, casi como si aquello cantase para sí mismo una melodía secreta y abominable, como si se riese entre dientes de una manera asquerosa, secreta.

La sartén encantada.

¿Pero no íbamos a hablar de detectives de lo oculto?

De hecho, la propia Lawrence se definía así misma como una cazadora de fantasmas, lo que no resulta exagerado si tenemos en cuenta su participación en numerosas investigaciones de casas encantadas y en sesiones espiritistas con los médiums más famosos de la época. Lawrence también formó parte del Ghost Club, fundado en Londres en 1862. Un club que todavía existe y donde sus miembros se reúnen para investigar asuntos relacionados con los espíritus y los fenómenos paranormales. Si juegas al Assasin’s Creed Creed Syndicate puedes hacer misiones para Charles Dickens y el Ghost Club. Sí, también él era miembro.

Detectives de lo oculto

Dione Fortune (1890 -1446)

Ahora si, con Fortune nos adentramos definitivamente en el terreno de los detectives de lo oculto.

Esta autora fue protagonista de apariciones varias, presenció múltiples fenómenos extraños y esto la llevó a formar parte de cultos como la Orden del Alba Dorada, de Crowley o de la Sociedad Teosófica.

Su personaje, Dr. Taverner, es una mezcla de Sherlock Holmes y El Dr. House. Cuando la medicina tradicional fracasa, Taverner aparece con su poquito de magia para librar a la gente de vampiros drenadores de vida o piedras preciosas malditas que incitan al suicidio.

Curiosidad curiosa que podemos relacionar con lo oculto: el personaje de Fortune, el Dr. Taverner, está basado en un conocido ocultista irlandés: Theodore Moriarty. Nada que ver con el villano de Conan Doyle, pero las coincidencias siempre han sido un buen comienzo para una historia de fantasmas, o de ocultismo (o de enredos amorosos, en realidad).

Pero Fortune no solo escribió sobre detectives de lo oculto, sino que también se dedicó al terror, digamos, tradicional. Su novela El amante demonio es buena prueba de ello. La historia no nos suena de nada: un mago malvado planea sacrificar a una mujer para conseguir sus fines maléficos, pero la cosa se pone resbalosa cuando se enamora de ella.

Años después, en 1957, publica La Sacerdotisa del mar, y ahí se desata: feminismo, paganismo, magia natural, sexo y la Atlántida. Todo junto, bien batidito. Eso sí, sorprendentemente equilibrado y digerible.

Para terminar, Fortune también escribió ensayos sobre magia feminista que sirvieron, en cierta medida, como bases fundadoras para la wicca.

No me asusto fácilmente de las cosas que veo, pero admito que me aterrorizan aquellas que no puedo ver.

Las amapolas perfumadas.

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