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Los comienzos de la literatura de terror según nosotras

Tal como anuncié sin mucho bombo ni demasiado platillo la semana pasada, comienzo hoy a desgranar el contenido de Monster She Wrote para el Leo Autoras Octubre y lo hago hablando de los comienzos de la literatura de terror y de sus madres fundadoras.

No esperes un sesudo análisis de cada una de ellas. Esto no es más que un sucedáneo del Mapa del Merodeador, para que, al final del mes, puedas escoger tus lecturas como experta del género. O, por lo menos, para que puedas encuadrar a tus autoras de géneros no realistas en su momento histórico correspondiente. Para desactivar esa manera de acabar con la escritura de las mujeres que Joanna Russ denominaba anomalía y aislamiento.

Kröger y Anderson mencionan en su introducción que el terror ya estaba presente hace unos cuatro mil años o más, ya que podemos encontrar trazas de relatos terroríficos en la Leyenda de Gilgamesh. Pero también en la Divina Comedia de Dante, con su descenso a los infiernos.

La literatura de terror, por tanto, surge al mismo tiempo que toda literatura. Al público le gusta pasar miedo y quizá por ello el libro del Apocalipsis sea uno de los más conocidos de la Biblia.

En todo caso, los comienzos de la literatura de terror suelen hacerse coincidir con el nacimiento de la ficción gótica, que da su pistoletazo de salida con El castillo de Otranto, una obra de Orace Walpole, de 1765, en la que se mezclan amores de telenovela con una armadura asesina.

A partir de ahí, las mujeres hacen suyo el horror gótico. Una denominación sobre cuyo origen no hay acuerdo. Gótico era todo aquello que no se consideraba civilizado, pero también el estilo arquitectónico de los edificios que aparecen en estas obras.

Características del terror gótico

  • Cantarinas damas de pálida tez que citan poemas en lo profundo del bosque, un poco al estilo de Blancanieves, con cierta tendencia al desmayo o a las caídas inopinadas. Se caen mucho las protagonistas del gótico.
  • Hombres apuestos de misterioso pasado que aman la poesía o la música, o los bosques, o todo a la vez. Y a la protagonista. También aman a la protagonista. Mucho. Sobre todo.
  • Un villano de aspecto siniestro, por lo general extranjero y católico, cuyo interés suele ser económico. No ama a la prota, sino al dinero. Mucho. Sobre todo.
  • Un edificio de aspecto ominoso. Lo mismo nos vale un castillo, que una abadía o un convento siempre que posea un pasado de gran esplendor pero ahora esté en ruinas. Ruinas, muchas ruinas. Venga de ruinas. Compra un casco para leer novelas de terror gótico. Esos dinteles ya no son lo que eran.
  • Un elemento sobrenatural. Ojo, que a veces al final de la novela nos enteramos de que el elemento sobrenatural no es sobrenatural en absoluto. Scooby Doo aprendió mucho de gente como Ann Radclife, te lo digo yo. Bueno, el perro no, los guionistas.

¿Quiénes son las madres fundadoras del gótico?

Los orígenes de la literatura de terror

Preparadas, listas ya. No voy a descubrir nada nuevo, porque Margaret Cavendish, Ann Radclife, Mary Shelley, Regina Maria Roche, Mary Anne Radclife y Charlotte Dacre son de sobras conocidas ¿verdad? Bueno, yo a las tres últimas solo las había oído nombrar, pero las tres primeras son el pan nuestro de cada día en los comienzos de la literatura de terror y señoras muy habituales en el Leo Autoras Octubre.

Hablaré por tanto de las menos conocidas. Para una visión un poco más exhaustiva, ya os he dicho que os compréis el libro si habláis inglés. No me estoy inventando nada, está todo ahí. Palabra.

Regina Maria Roche (1764 – 1845)

Jane Austen, a quien tengo que estudiar un poquito porque cuanto más sé de ella peor me cae, decidió escribir, en su La Abadía de Northanger, que cualquier mujer que leyera obras como Clermont, de Roche, no debía de tener cerebro, sentido común o la educación de una dama.

Jane Austen, te me pones muy elitista, tengo que decir. Te entiendo, pero no te comparto, que lo sepas.

En todo caso, Roche está considerada como una de las madres del terror gótico y por eso aparece en este artículo dedicado a los comienzos de la literatura de terror; pero de su vida se sabe más bien poco. Nació en un puerto irlandés, Waterford, en 1764, y vivió en Dublín. Allí se casó y luego se fue a vivir a Londres con su marido, de nombre Ambrose.

Por lo visto, d epequeña era una lectora voraz y en 1789 ya había asentado las bases de su carrera literaria. En 1793 publica The maid of the Hamlet: a tale. Que puedes leer aquí porque para eso está en dominio público.

En su época Roche no fue precisamente una best seller. Sus dos primeras obras encajaban dentro del romance, pero alcanzó un éxito mayor cuando se encontró con una temática un poco más oscura.

En Clermont, su palidísima y virtuosísima protagonista no hace más que sufrir y sufrir y sufrir. La mujer lleva una vida idílica en la campiña, pero un buen día alguien la ataca en un oscuro castillo. La muchacha huye al bosque, que no podía ser un bosque normal, no: este está dominado por una banda de forajidos.

Por otra parte, al principio de la novela se insinua una historia de amor entre la bella virgen blanca y el héroe, pero ella tiene que irse a vivir con una amiga de la familia, una condesa. Hay apuñalamientos, sangre, desconfianza y todo lo que tiene que haber en una novela gótica.

Fragmento de Clermont:

Se detuvo, miró dentro y contempló, tan horrorizada como maravillada, a una anciana de ropajes miserables y consumida hasta el esqueleto, arrodillada en una habitación apenas amueblada, frente a un crucifijo de madera.

Mary Anne Radcliffe (1746 – 1810)

No confundir con Ann Radcliffe. En realidad no se sabe muy bien quién es, pero sí que no se trata de la misma mujer que escribió El Italiano.

Esta Radcliffe tenía cierta tendencia al gore y por eso, su obra Manfoné, o, el monje manco, comienza con una escena tirando a violenta: la pálida, bella y pusa Rosalina está durmiendo cuando un malvado acosador entra en su habitación para violarla. Ella grita, porque para eso esto es un comienzo de slasher, el hombre huye y pierde una mano. No sé por qué, no sé cómo, pero el tipo se va y la mano se queda allí. A partir de ahí alguien mata al padre de Rosalina y las cosas no hacen más que mejorar. Hay un tipo que persigue a la pobre chica y que quiere mantenerla prisionera para controlar su fortuna y hay un héroe que prueba sus principios y donosura besándola en la mejilla durante un desmayo. Esto es bueno porque la mala gente te besa cuando te desmayas pero no en la mejilla.

Se especula sobre si Radcliffe fue el seudónimo de Mary Clayton, de casada Radcliffe, que escribió varias novelas de este estilo, pero hacia el final de su carrera evolucionó hacia textos feministas influenciados por la obra de Mary Wollstoncraft. También defendía y reclamaba una educación igualitaria para hombres y mujeres, así como la igualdad de oportunidades en el trabajo, lo que daría mayor independencia a las mujeres.

Frgmento de Manfoné, o, el monje manco:

Al ver el brazo desmembrado, dio un chillido y, con un gemido espantoso, cayó al suelo, sin sentido.

Charlotte Dacre 1771-1825

Charlote Byrne, hija del Rey Judío (su padre era un prestamista judío que se divorció de su madre y se casó con una condesa viuda) publicó su primera novela a los dieciocho años. Que eso no te acelere, porque también murió a los cincuenta y uno. Eran otros tiempos.

La crítica dijo de ella que su novela estaba llena de: cortesanas de la más baja estofa y criminales del peor pelaje. Una exhibición del peor puterío y promiscuidad de la que habríamos esperado que la delicadeza de la mente femenina no hubiera imaginado jamás.

Cosas de la vida, Zofloya; or, The Moor, no era más que un retelling feminista de El monje, la conocidísima obra de Matthew Lewis. Zofoya sigue las andanzas de Victoria, una mujer adúltera que no se parece mucho a esa pálidas y delicadas damas que poblaban las novelas en los comienzos de la literatura de terror. De hecho, Victoria se cita con el diablo y tiene una pequeña obsesión con su rival, Lilla, a quien odia por su pureza y castidad. La obsesión llega al punto de que la protagonista practica técnicas de envenenamiento con ancianitas para prepararse para el plato fuerte que, por supuesto, es Lilla.

Cosas de chicas, ya sabes.

Fragmento de Zafoya:

Cobró un tono pálido y ceniciento a medida que el frío odio y el deseo de venganza se adueñaron de su alma resentida.

Fantasmas victorianos en los comienzos de la literatura de terror

los comienzos de la literatura de terror

Antes de entrar en materia voy a permitirme recordaros que Nieves Mories es una autora española estupenda que maneja el terror como ella sola y que ha jugado con casas encantadas y fantasmas al menos en dos ocasiones: La chica descalza en la colina de los arándanos, que ya he mencionado en algunos artículos; y Asuntos de muertos, que también.

Pero Mories no habría sido quien es sin Poe, Poe no habría sido quien fue sin Ann Radcliffe (la más famosa, no la que mencionaba más arriba) y entre esta Ann y el siglo XXI existe una larga tradición de mujeres que escriben terror.

En la segunda mitad del siglo XIX, el terror cambia igual que cambia todo tipo de expresión artística. Porque el arte nunca es ajeno a su época. Y en esta época, los científicos y los menos científicos habían empezado a investigar lo que pasaba con los seres humanos una vez muertos.

Surgen entonces los síquicos, las fotografías de ectoplasmas, las sesiones de espiritismo… Y todo ello se cuela en la literatura de terror, como no podía ser menos.

El gótico inglés da paso a las novelas de fantasmas, que no nos han dejado desde entonces.

Los cuentos victorianos de fantasmas se oponen al terror gótico en muchos aspectos:

  • Se desdibujan las líneas entre lo espiritual y el realismo.
  • Los espectros retornan de sus tumbas para decir algo a los vivos
  • El elemento sobrenatural sí es sobrenatural.
  • La idea del romance es menos preeminente

Las hermanas Fox cambian para siempre el panorama de la literatura con sus sesiones de espiritismo y eso se hace notar. Si no sabes quienes fueron, echa un vistazo aquí.

Surge o se asienta, además, la tradición navideña del cuento de fantasmas. La gente se reunía alrededor del fuego, la noche de Nochebuena a contar historias de miedo. Un poco como en los campamentos al estilo de Cristal Lake, ya sabes, el de Jason en Viernes 13. Canción de Navidad, de Dickens, es el más conocido de todos ellos, y uno de mis relatos de fantasmas favoritos. De hecho, el propio Dickens, editor de publicaciones periódicas, publicaba un especial de navidad repleto de relatos de fantasmas. Y en esos especiales aparecieron obras de varias señoras de bien que colaboraron al florecimiento de la literatura de terror en sus comienzos.

¿Qué autoras representan el cuento victoriano de fantasmas?

El libro del que extraigo toda esta información menciona cinco grandes autoras de cuentos victorianos de fantasmas: Elisabeth Gaskell, Charlotte Riddlel, Amelia Edwards, paula E. Hopkins, Vernon Lee, Margaret Oliphant y Edith Wharton.

Yo pondré el foco en tres porque esto empieza a alargarse demasiado y tampoco quiero que nadie me demande por apropiación de contenido.

Elisabeth Gaskell (1810 – 1865)

En el siglo XIX, se esperaba de las mujeres que fueran buenas amas de casa, que cuidasen de sus maridos y que criasen a sus hijos de manera impecable. Gaskell era tan buena en esto y se le dio tan bien lo de escribir, que se las apañó para conseguir otra casa de la que cuidar. Y su marido no se enteró hasta después de la muerte de ella. ¿Cómo se te queda el cuerpo?

¿Qué como lo subvencionó? Pues escribiendo historias de fantasmas. De hecho, las escribía para la revista de Dickens. El hombre apreciaba mucho su literatura de terror, pero no tanto su «terrorífico carácter». Por lo visto, la correspondencia entre ambos muestra agrias discusiones por culpa de las malditas ediciones y correcciones que él hacía de los textos de ella.

Como no he leído las cartas no sé si es un caso de mansplaining o un caso de «no sin mi coma». La cuestión es que Gaskell no se dejaba apabullar. Bien por Gaskell.

A esta autora se la conoce sobre todo por sus novelas de corte más realista, en las que abordaba los problemas sociales de la época, como la pobreza o la explotación infantil nacida al amparo de la revolución industrial. Por otro lado, en sus cuentos cortos escribió sobre fantasmas. Su relato más conocido, aparecido en uno de esos especiales navideños que mencionaba más arriba, es La historia de la vieja enfermera. El cuento incluye una niña huérfana, una mansión siniestra por la que no se puede mover porque todas las habitaciones están prohibidas (ríete tú de Barbazul), un órgano que toca inopinadamente y toda la parafernalia. Ah, y un fantasma que acosa a la pobre criatura.

Fragmento de La historia de la vieja enfermera:

¡Oigo voces!

Oigo gritos terribles.

Oigo la voz de mi padre.

(chán, chán chaaaaaaán).

Amelia Edwards 1831 – 1892

Escritora, viajera, experta en el antiguo Egipto, aventurera, exploradora… Ya se ganaba la vida escribiendo en la veintena y pasó a ser el sustento económico de su familia, trabajando como periodista, cuando su padre perdió su trabajo como banquero.

Es conocida por sus libros de viajes, pero sus relatos cortos sobre fantasmas también son excelentes, aunque no siempre pretendían asustar a sus lectoras y no incluyen violencia ni gore. Parecen más pensados para leerse junto al fuego y disfrutar de escalofríos de calibre doméstico.

La historia de Salomé, por ejemplo, cuenta como el héroe, durante sus viajes por Europa, conoce –o más bien ve- a una mujer bellísima pero que emana una gran tristeza. La sigue y la mujer lo conduce hasta un cementerio y una lápida concreta. Por supuesto, el relato termina con el descubrimiento de que la mujer estaba muerta.

Fragmento de El carruaje fantasma:

Su rostro estaba tan amoratado como el de un cadáver y sus labios, retraídos como en la agonía de la muerte, mostraban sus dientes.

(Gore no es, pero mal rollito sí que da).

Pauline E. Hopkins 1859 – 1930

Rochard Yarborough, estudioso de los comienzos de la literatura de terror, establece que Hopkins fue la escritora negra más productiva de principios de siglo. Entre 1900 y 1905 publicó cuatro novelas, siete relatos cortos, un cuadernillo sobre historia de África, más de veinte extractos biográficos y un buen puñado de artículos y ensayos para las revistas The Colored American y The Voice of the Negro.

Nació en Maine, creció en Boston y a los quince años ganó un concurso de ensayos. De jovencita escribió obras de teatro en las que también actuaba y cantaba y hasta formó su pequeña compañía, Los Hopkins Coloured Trobadours.

Se la conoce sobre todo por escribir Fuerzas Rivales: un romance ilustrativo de la vida de los negros en el norte y en el sur; pero a nosotras nos interesa por su aportación a los comienzos de la literatura de terror. Y en ese campo encontramos su Of one blod; or, The hidden self. Una novela en la que se combinan todos los temas más en boga de la época: una raza perdida, mesmerismo, espectros, aventuras, arqueología, romance, escritura automática… ¡Todo lo que siempre quiso leer y nunca pensó que encontraría en una sola novela, señora!

Y aun así, la novela es entretenida y se aleja del pastiche en que podría haberse convertido.

Hasta aquí esta primera aproximación a la genealogía de la literatura del miedo. Si conocéis autoras de habla hispana del periodo, por favor, añadidlas en comentarios y así completamos el puzzle.

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Comentario

  1. ¡Bravo! Buenísimo. Me ha gustado mucho y, sobre todo, me has puesto en contacto con autoras que no conocía. Aunque cuando adolescente leí mucho terror gótico y victoriano, y es posible que junto a Poe, Collins y demás señores tan alegres haya leído algún relato de estas autoras y no lo relacione (que ya me ha pasado antes…)

    Hablando de victoriano y gótico, gracias por enumerar sus características, porque así podemos ver sus diferencias. A veces se utilizan solapados -yo mismo he dicho más de una vez «una historia de terror gótico/victoriana» uniendo bosquds, pozos, castillos, damiselas, suspiros, fantasmas y malvados (humanos) todo en uno.

    Seguiré atento a esta genealogía. Un abrazo!

    1. Post comment

      Alicia Pérez Gil says:

      Muchas gracias, Óscar 🙂

      La verdad es que el libro es apasionante y muy divertido. Ojalá lo traduzcan pronto.

      Me pasa un poco como a ti, que lo mezclo todo precisamente porque he leído cosas, pero no estaba segura de dónde encajaba cada una de ellas.

      Nos vemos por aquí!