Cómo empezar una novela

Siempre que alguna alumna me pregunta cómo empezar una novela, me acuerdo de Marguerite Duras. No es una autora para todo el mundo, pero se encuentra entre mis favoritas porque abre sus novelas con frases como estas:

El padre se encontraba los libros en los trenes de cercanías. También se los encontraba al lado de los cubos de la basura, como si fueran un regalo, tras los fallecimientos o las mudanzas.

Marguerite Duras – La lluvia de verano

-¿Quieres leer lo que hay escrito arriba en tu partitura?- preguntó la profesora.
-Moderato cantabile- dijo el niño.
La profesora subrayó la respuesta golpeando el teclado con un lápiz. El niño siguió inmóvil, la cabeza girada hacia su partitura.
-¿Y qué quiere decir moderato cantabile?
-No lo sé.

Marguerite Duras – Moderato Cantabile

Un día, ya entrada en años, en el vestíbulo de un edificio público, un hombre se me acercó. Se dio a conocer y me dijo: “La conozco desde siempre. Todo el mundo dice que de joven era usted hermosa, me he acercado para decirle que en mi opinión la considero más hermosa ahora que en su juventud, su rostro de muchacha me gustaba mucho menos que el de ahora, devastado”.
Pienso con frecuencia en esta imagen que solo yo sigo viendo y de la que nunca he hablado. Siempre está ahí en el mismo silencio, deslumbrante. Es la que más me gusta de mí misma, aquella en la que me reconozco, en la que me fascino.
Muy pronto en mi vida fue demasiado tarde. A los dieciocho años ya era demasiado tarde. Entre los dieciocho y los veinticinco años mi rostro emprendió un camino imprevisto. A los dieciocho años envejecí

Marguerite Duras – El Amante

¿Por qué estos ejemplos para hablar de cómo empezar una novela?

Cómo empezar una novela

A veces, cuando empiezas un libro, ocurre algo tan absolutamente mágico que sientes un pequeño escalofrío de placer. Sucede más a menudo de lo que crees y tiene que ver con los primeros párrafos. Las tres maneras de comenzar una novela de Marguerite Duras que he transcrito son únicas y maravillosas.

Mientras las transcribía he tenido que hacer un esfuerzo consciente para no seguir leyendo. Conozco de memoria las historias que siguen a esos inicios, pero de todos modos quiero volver a ellas. Cada vez.

Abrir esos libros es como girar la llave en la cerradura de una habitación secreta a la que solo yo tengo acceso. Está decorada con mis colores favoritos y una chimenea de piedra me recibe con un fuego cálido que no se apaga nunca. La temperatura es perfecta. También hay un sillón orejero muy mullido en el que me siento y que se hunde en la medida exacta que prefiero. Para rematar, una tetera me suministra una cantidad ilimitada de te caliente.

Leer libros que te atrapan desde el comienzo es como caer en un embrujo del que no quieres salir. Por eso me molesta tanto que hoy en día se describan casi todas las novelas con esas frases: te atrapará desde el comienzo.

La tela de araña que tejemos en los primeros párrafos es nuestra arma más potente. Duras lo sabía y se dejaba en ella su mejor literatura.

No siempre se consigue, pero en eso consiste cautivar a tus lectoras y vamos a ver cómo se hace. Vamos a ver, en concreto, ocho maneras diferentes de empezar tu novela.

Cómo empezar una novela llenando de preguntas la cabeza de tus lectoras

Una de las muchas razones por las que seguimos leyendo es que queremos saber qué pasa después. De eso van los famosos pasapáginas, El Código Davinci, por ejemplo. Pero ahora no me refiero a esa urgencia, sino a otro tipo de necesidad.

Podemos empezar una novela plantando preguntas en la cabeza de nuestras lectoras y una de esas preguntas, quizá la más intrigante, es ¿POR QUÉ?

¿Por qué se levanta Gregorio Samsa convertido en un insecto?

¿Y Circe? ¿Por qué cuando nació no había una palabra para lo que ella era?

¿Cuál es el motivo de que una familia entera hace un terrible viaje en barco si no parece que nadie desee hacerlo?

Todas estas preguntas se abren un hueco en nuestras cabezas con las primeras frases de las novelas a las que pertenecen: La metamorfosis, Circe y El árbol de las mentiras respectivamente.

Pero cuando hablamos de cómo comenzar una novela no nos referimos solo a la primera frase, sino a toda la primera parte: el planteamiento.

Es en el planteamiento donde se encuentran tanto el gancho como en incidente incitador y una de las cosas que puedes hacer es que ese incidente incitador las deje con algunas preguntas cuyas respuestas queden pendientes.

En el caso de El árbol de las mentiras, la pregunta sobre los motivos de la mudanza revolotea sobre nosotras durante muchos capítulos y la respuesta… ¡La respuesta es vital para la protagonista!

Si pretendes atrapar a tus lectoras, asegúrate de que el primer párrafo de tu novela deja planteada alguna pregunta. Fíjate en la cita de El Amante ¿No te preguntas qué habrá pasado para que a los dieciocho años sea ya demasiado tarde? ¿Qué terrible suceso marcó a la protagonista a tan temprana edad?

Mira cómo comenzar una novela al estilo de Ursula K. Leguin en Los Desposeídos:

Había un muro.  No parecía importante.  Era un muro de  piedras  sin  pulir, unidas por una tosca argamasa. Un adulto podía mirar por encima de él, y hasta  un  niño  podía  escalarlo.  Allí donde atravesaba la  carretera,  en  lugar de tener un portón degeneraba en mera geometría, una línea, una idea de  frontera.  Pero la  idea  era  real.  Era importante.  A lo  largo  de  siete  generaciones no había habido en el mundo nada más importante que aquel muro.

¿Por qué es este muro tan importante? Tiene que serlo si la autora comienza hablando de él, así que ¿qué pasa con ese muro?

Cómo comenzar una novela describiendo el escenario

Cómo empezar una novela

El escenario de una novela es crucial. Y si no, que se lo digan a Edgar Alan Poe y a su famosa Casa Usher. De hecho, que se lo digan a cualquiera que haya leído o escrito una historia de casas encantadas. O a Michael Ende y Fantasia.

El escenario afecta a las emociones de los personajes y, si está bien descrito, también afecta a las emociones de las lectoras. Cumbres Borrascosas, de Emily Brontë, es un clarísimo ejemplo de ello:

La casa en que habitaba el señor Heathcliff se llamaba Cumbres Borrascosas en el dialecto de la región. Y por cierto que tal nombre expresaba muy bien los rigores atmosféricos a que la propiedad se veía sometida cuando la tempestad soplaba sobre ella. Sin duda se disfrutaba allí de buena ventilación. El aire debía de soplar con mucha violencia, a juzgar por lo inclinados que estaban algunos pinos situados junto a la casa, y algunos arbustos cuyas hojas, como si implorasen al sol, se dirigían todas en un mismo sentido. Pero el edificio era de sólida construcción, con gruesos muros, según podía apreciarse por lo profundo de las ventanas, y con recios guardacantones protegiendo sus ángulos.

No es lo mismo que la historia transcurra en una gran ciudad que en un pantano. No es lo mismo pasear por una avenida llena de escaparates que por una calle mal iluminada de un barrio peligroso.

El escenario también es responsable de determinar qué es posible y qué no en tu novela. Un ejemplo burdo pero real: si tus protagonistas están en medio del océano, no van a poder acercarse un momento a saludar a sus vecinos, ni cogerán el autobús. Salvo que estés escribiendo fantasía o weird. En estos casos nunca se sabe.

Si te planteas cómo empezar una novela de manera efectiva describiendo un escenario, pregúntate qué información relevante vas a dar con esa descripción.

Así comienza Los libros de Ollurmah, de Regina Salcedo

La tormenta cesó en cuenato el hombre puso un pie fuera del todo terreno, como si hubiera pisado un interruptor invisible. Después de varios días nevando sin tregua, sin un atisbo del sol, aquello casi parecía un milagro. Si hubiera sido supersticioso habría confiado en augurios favorables, pero ese no era su caso. Sí que creía, por el contrario, en la experiencia. Y esta le decía que lo más probable era que todo terminase como siempre: en fracaso o en tragedia, o quizá en una combinación de ambos.
Sacó la espada y el escudo del maletero y corrió hasta una humilde casa de madera y piedra. Era la más alejada del pequeño poblado nepalí situado a tresmil metros de altura, como un nido de águila en un peñasco. La aldea estaba cercada por cimas tan altas que el vértigo colpeaba con más fuerza cuando uno levantaba la mirada.

Este fragmento inicial no solo cumple con el requisito de hacer que nos planteemos varias preguntas, sino que nos sitúa en un lugar extraño, peligroso y hostil. Es un buen modo de crear tensión ya desde el comienzo.

Cómo empezar una novela con un diálogo interesante

Cómo empezar una novela

Muchas novelas y relatos se quitan de en medio la cuestión de cómo empezar haciéndolo con un diálogo. Los diálogos son directos y dan muchísima información empleando menos palabras que una descripción.

Además, son capaces de plantear muchas preguntas sin ofrecer la respuesta y, si están bien acotados, también pueden dar información sobre el escenario.

Cumbres borrascosas

Este es el diálogo que se ve en la primera página de Cumbres Borrascosas:

—¿El señor Heathcliff? —le había preguntado. Se limitó a inclinar la cabeza afirmativamente.
—Soy Lockwood, su nuevo inquilino. Me he apresurado a tener el gusto de visitarle para decirle que confío en que mi insistencia en alquilar la Granja de los Tordos no le habrá molestado.
—La Granja de los Tordos es mía —contestó, separándose un poco de mí,—y ya comprenderá que a nadie le hubiera permitido que me molestase acerca de ella, si yo creyese que me incomodaba. Pase usted.
Masculló aquel «pase usted» entre dientes, y más bien como si quisiera darme a entender que me fuese al diablo. Ni siquiera tocó la puerta para corroborar sus palabras. Pero ello mismo me inclinó a aceptar la invitación, porque parecía interesante aquel hombre, más reservado, al parecer, que yo mismo.
Al ver que mi caballo empujaba la barrera de la valla, sacó la mano del chaleco, quitó la cadena de la puerta y me precedió de mala gana. Cuando llegamos al patio gritó:
—¡José! Llévate el caballo del señor Lockwood y tráenos de beber.

En estas pocas líneas ya sabemos que Lockwood es un tipo bien educado y solícito mientras que Heathcliff es un hombre de pocas palabras y un poco brusco. Brontë nos dice cuál es la relación de ambos y sienta las bases de las personalidades de los dos.

Mujercitas

Y el diálogo inicial de Mujercitas, de Louise May Alcott es igualmente revelador:

—Navidad no será Navidad sin regalos —murmuró Jo, tendida sobre la alfombra.
—¡Es tan triste ser pobre! —suspiró Meg mirando su vestido viejo.
— No me parece justo que algunas muchachas tengan tantas cosas bonitas, y otras nada —añadió la pequeña Amy con gesto displicente.
—Tendremos a papá y a mamá y a nosotras mismas —dijo Beth alegremente desde su rincón.
Las cuatro caras jóvenes, sobre las cuales se reflejaba la luz del fuego de la chimenea, se iluminaron al oír las animosas palabras; pero volvieron a ensombrecerse cuando Jo dijo tristemente:
—No tenemos aquí a papá, ni lo tendremos por mucho tiempo.
No dijo “tal vez nunca”, pero cada una lo añadió silenciosamente para sí, pensando en el padre, tan lejos, donde se hacía la guerra civil.

La personalidad de las hermanas queda sucintamente dibujada, así como la situación de la familia.

Si además combinas diálogo y acción, será mucho más difícil que tus lectoras no quieran saber qué ocurrirá a continuación.  Acción y diálogo, bien entrelazados, son una apuesta segura.

Hogar

Así lo hace en Hogar Conchi Regueiro:

—Como se nota que no tienes un sargento en le rabo cada dos por tres.
Voy a protestarle por enésima vez por esa manía suya de colocar continuamente el paño de cocina plegado a la perfección, pero prefiero puntear sus labios con un rápido beso.
—Y como se nota que eres una milica —contraataco empleando un vocablo de mi escueto y poco preciso léxico macarra.
Cojo de nuevo el cazo trapo para agarrar el mango caliente del cazo y servir la leche y lo vuelvo a lanzar de cualquier manera sobre la mesa, y también de nuevo ella lo alisa y lo dobla en un perfecto rectángulo.

Aquí Regueiro nos hace ver las diferencias entre las dos miembros de la pareja y nosotras queremos saber si la relación es buena o no, si el conflicto que se apunta con el detalle del trapo de cocina será o no verdaderamente importante.

Así que ya tienes tres ejemplos de cómo empezar una novela con un diálogo.

Como empezar una novela en medio de la acción

Nada más efectivo que empezar una historia en medio de una escena de acción. Así la lectora no tendrá más remedio que involucrarse en la lectura para ver qué pasa.

Empezar una novela con un párrafo de acción es casi como jugar con ventaja porque la lectora se encuentra de repente en tierra extraña y, si la escena está bien escrita, tendrá que sujetarse a la borda para que la tormenta no la eche del barco.

De un plumazo subes el listón de la intriga y la intimidad con el texto. Eso dispara el número de preguntas que se hace la lectora y, por tanto, el número de páginas que pasará, buscando las respuestas, antes de dejar el libro a un lado.

Cómo empezar una novela dejando claros los objetivos de la protagonista

Que las lectoras conozcan los objetivos de los personajes es una manera rápida de que empaticen con ellos.

Hablábamos en este artículo de que una manera de hacer más atractivo a un personaje es darle deseos y metas universales. Si hacemos esto en el comienzo de la novela, habremos ganado mucho en el terreno de la empatía.

Los objetivos despiertan emociones y las emociones son ganchos muy potentes. Así que si no quieres desvelar el objetivo del personaje al comienzo porque has pensado que prefieres dejar el conflicto para más adelante, puedes salpicar el comienzo de tu historia con emociones.

En La bruja de Salem Maryse Condé no se anda con chiquitas:

Abena, mi madre, fue violada por un marinero inglés en el puente del Christ King un día de 16** cuando el velero navegaba hacia barbuda. Yo nací a consecuencia de esta agresión. De este acto de odio y de desprecio.

J.K. Rowling lo hace de una manera mucho más sutil y emplea, además el sentido del humor en mi comienzo favorito de novela de fantasía juvenil:

El señor y la señora Dursley, que vivían en el número 4 de Privet Drive, estaban orgullosos de decir que eran muy normales, afortunadamente. Eran las últimas personas que se esperaría encontrar relacionadas con algo extraño o misterioso, porque no estaban para tales tonterías.
El señor Dursley era el director de una empresa llamada Grunnings, que fabricaba taladros. Era un hombre corpulento y rollizo, casi sin cuello, aunque con un bigote inmenso. La señora Dursley era delgada, rubia y tenía un cuello casi el doble de largo de lo habitual, lo que le resultaba muy útil, ya que pasaba la mayor parte del tiempo estirándolo por encima de la valla de los jardines para espiar a sus vecinos. Los Dursley tenían un hijo pequeño llamado Dudley, y para ellos no había un niño mejor que él.
Los Dursley tenían todo lo que querían, pero también tenían un secreto, y su mayor temor era que lo descubriesen: no habrían soportado que se supiera lo de los Potter.

Una de las ventajas de empezar una novela dejando claros los objetivos, deseos y emociones de los personajes es que la lectora enseguida encuentra en sus páginas un sentido, una dirección. Y a todo el mundo le gusta salir de casa sabiendo, más o menos, a dónde se dirige.

Los hechos de la historia tendrán un asidero inmediato, que es la psicología de esos personajes.

Anticipa tensiones que aparecerán en momentos posteriores

Si lo que buscas es cómo empezar una novela de forma inteligente y un poco taimada, puedes hacerlo con escenas que anticipen lo que pasará más tarde.

Como esta es una cuestión de contenido, puedes hacerlo usando cualquiera de las formas mencionadas.

Piensa que los obstáculos funcionan mejor si escalan, si los que aparecen al final de la novela son más difíciles de superar que los que aparecen al principio. Para que esta escalada de dificultad sume puntos de entusiasmo, es buena idea que algunos obstáculos iniciales reflejen obstáculos que aparecerán después.

Por ejemplo, acabo de hacer un informe de lectura de una obra de fantasía juvenil mitológica en la que la protagonista no podía cruzar un puente a mucha altura. Le daba vértigo y necesitó de mucha ayuda para cruzar al otro lado. Por supuesto, en el clímax hay un puente colgante que la protagonista tiene que cruzar.

En las novelas de detectives que empiezan con el asesinato, las autoras ya nos hacen anticipar que en algún momento se nos revelarán hechos muy importantes.

En la película El Exorcista, la imagen que enfrenta al padre Merryn con Pazuzu al comienzo, anticipa el enfrentamiento final y, de hecho, cómo terminará, ya que la estatuilla parece mucho más fuerte que el sacerdote anciano y de salud precaria.

Pero estos hechos que se anticipan no tienen por qué ser necesariamente dramáticos. La dinámica from enemies to lovers que se da en un montón de tramas románticas solo anticipa lo tormentosa que será la relación. Y se crea un tipo de tensión sexual que engancha a lectoras de todo tipo, incluso si la novela no es de género romántico.

Cómo empezar una novela con un buen final

Cómo empezar una novela

¿Cómo que cómo empezar una novela con un buen final, Alicia? ¿Ya se te ha ido la olla? No. Me refiero a que es mucho más fácil enganchar a tus lectoras si el final de tus primeros capítulos es peculiar, extraño o por lo menos curioso. No hace falta que termines con el famoso cliffhanger, pero sí que le des un poco de pimienta al asunto.

En La bruja de Salem, Maryse Condé termina el primer capítulo con unos párrafos en los que la niña Tituba se ha convertido en una mujer que da miedo a los esclavos a los que quiere ayudar, y eso la hace sufrir. De hecho, la protagonista es Tituba, la bruja de Salem.

El primer capítulo de Harry Potter termina con unos magos abandonando a un niño en un entorno hostil y deseándole buena suerte.

El primer capítulo de Circe, la gran bruja de la mitología griega, termina con ella siendo humillada por sus hermanas.

Para que sea efectivo, el curioso final de tu primer capítulo debería ser el comienzo de hechos nuevos y fascinantes. Tendría que dejar intrigadas a tus lectoras y deberían incluso cerrar algún arco menor, de tal forma que tus lectoras sepan algo, algo pequeño, con seguridad. Como si fuera un ancla o un pilar en el que se sustentará el resto de la historia.

En el caso de Circe es la soledad, el sentimiento de no pertenencia.

En el caso de Harry Potter s su identidad.

Piensa en el final de tu primer capítulo como una puerta de salida y no de llegada.

Cómo empezar tu novela con una frase impactante

De hecho, este artículo daba comienzo con una lista de frases impactantes por su belleza y por su significado.

Hay docenas de buenas frases que dan comienzo a docenas de buenas novelas y seguro que has leído muchas de ellas.

¿qué hace que una primera frase sea buena de verdad?

Echa un vistazo al comienzo de 1984. Orwell sí que sabía cómo empezar una novela:

Era un día frío y luminoso de abril y los relojes estaban dando las trece.

¿Las trece? ¡Si los relojes solo tienen doce horas! Este extrañísimo detalle tiene la virtud de hacer que queramos saber mucho más.

Y en Fahrenheit 451, Ray Bradbury no se queda atrás: «Era un placer quemar». ¿Quemar qué? ¿En qué contexto quemar es placentero? Por supuesto, en una sociedad distópica que quema libros.

Si quieres asegurarte de que tu novela empieza de manera adecuada, te aconsejo que revises tus primeros párrafos y, sobre todo, tu primera frase, cuando ya creas que has terminado. Entonces sabrás mejor en qué consiste tu novela y podrás valorar cuál es esa frase estupenda que las lectoras deben encontrar cuando la abran.

Como ejercicio para comprender cómo empezar una novela puedes hacer lo siguiente: coge tus diez o doce libros favoritos y lee sus comienzos. ¿Empiezan con acción, descripción, diálogo, con el escenario? ¿Plantean preguntas para las que no dan respuesta? ¿Qué esperas del libro tras ese primer capítulo? ¿El final abre el camino a nuevas aventuras?

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