El conflicto interno y el conflicto externo son dos caras de la misma moneda. El problema es que la moneda en cuestión tiene tres caras, y una de ellas es el objetivo de tu protagonista. Pero, antes de liar las cosas más de lo que podemos permitirnos, vamos a sentar las bases del artículo.

¿Qué es el conflicto interno? Una definición de conflicto narrativo

El conflicto, en cualquier tipo de historia, es la confrontación entre fuerzas opuestas. Los personajes toman decisiones y actúan para enfrentarse a factores internos o externos que se les oponen y entonces es cuando nace el conflicto.  Sin conflicto no hay trama. El conflicto es lo que obliga a la protagonista a seguir adelante con la trama.

El conflicto externo hace referencia a los obstáculos que la protagonista encuentra en el mundo exterior. Pueden ser de carácter físico, moral o filosófico (en estos últimos suele haber un enfrentamiento entre las creencias de la protagonista y el sistema social, político o económico en el que vive).

El conflicto interno se refiere a los obstáculos emocionales o psicológicos que la protagonista debe superar (o al menos enfrentar).

¿Por qué es importante trabajar el conflicto interno y el externo en una historia?

  • Del conflicto narrativo depende la creación de la trama y su desarrollo.
  • Revela puntos de vista diferentes acerca del mundo y de la vida.
  • Hace que la novela o el relato sean más atractivos mediante la creación de contextos y situaciones con las que las lectoras pueden identificarse.

Para que una historia sea realmente llamativa y las lectoras no puedan cerrar tu libro, lo ideal es que integre conflicto interno y conflicto externo. Sí, es más difícil escribir así, pero también más satisfactorio. Al final, como digo muy a menudo, se trata de una cuestión de significado.

¿Cómo interactúan el conflicto externo y el interno en una novela?

Como decía un poco más arriba, el conflicto introduce diferentes puntos de vista sobre un mismo asunto en una historia. Estos puntos de vista alternativos, existen, no para molestar, sino para que la protagonista y, de camino, la lectora, se cuestionen los suyos propios.

Piensa que las acciones y decisiones de las protagonistas vienen determinadas por su trasfondo, sus experiencias, su carácter y sus creencias. Si no existe un cuestionamiento de alguno de esos elementos, lo más probable es que no llegue a haber una historia. Al menos, no una historia interesante.

Pero cuando esa protagonista supera una serie de obstáculos que la obligan a cuestionarse, se transforma. Y esa capacidad o incapacidad de transformación es la que hace que el arco de personaje sea realmente satisfactorio.

Por eso el conflicto externo tiene que tener algún tipo de efecto sobre el conflicto interno.

Hay una línea de diálogo estupenda en Capitan America Civil War que resume esto a la perfección. Llega un momento en que Iron Man  sabe que su deseo de venganza es absurdo y que satisfacerlo no le devolverá a sus padres muertos, pero aún así decide pelear. Stark fracasa ante su conflicto interno y eso, además, le lleva a crear un nuevo conflicto externo: se recrudecen sus problemas con Steve Rogers y de hacho hay una pelea de dimensiones épicas.

¿Cómo crear conflictos internos y externos que lleven a un clímax alucinante?

El conflicto es el que trae consigo a la acción, su hermana vistosa y alegre. Así que para asegurarte de que el conflicto interno de tu protagonista sea verdaderamente significativo fíjate en sus consecuencias. O, dicho de otra manera:

Un buen conflicto es capaz de crear escenas de acción y tensión ascendente que finalizan en un clímax inolvidable.

En Simón Dice, mi novela corta de terror, Pilar es una niña que cree que está poseída y que solo puede contener al demonio que alberga en su interior si se mantiene inmóvil y en silencio. Los problemas aparecen cuando una niña nueva sufre acoso por parte de los bullies del barrio y, encima, unos presos fugados se refugian en la casa frente a la suya. La niña nueva es especialmente encantadora y los presos muy peligrosos. A medida que la historia se desarrolla, Pilar se ve más y más involucrada con unos y con otros y al final, en el momento del clímax, debe tomar una decisión que arrastra determinadas consecuencias.

El conflicto interno de Pilar está claro: debe decidir si hablar o no. Los conflictos con los que se enfrenta externamente son varios y no vamos a desgranarlos aquí, por si quieres leer la novela. Lo que sí podemos hacer es resumir en qué consiste la acción y la tensión ascendentes:

  • La acción y la tensión que se derivan del conflicto interno y del externo hacen que la trama gane puntos de suspense y urgencia. Cuanto más aumenta la tensión, más se necesita que la protagonista haga algo. Ambas se retroalimentan.
  • La acción añade complicaciones y riesgo. Este riesgo puede referirse directamente al objetivo principal de la protagonista o a otras cuestiones o facetas de su vida.

¿Y cómo se crea esta ascensión en la acción y la tensión?

1.- Haz que las acciones de tus personajes sean coherentes con sus motivaciones

Hay acción y de esa acción surge tensión porque tu protagonista desea algo. Así que lo primero que debes trabajar antes de ponerte con el conflicto narrativo es al propio personaje. ¿Quién es? ¿Qué desea? ¿Por qué? De su carácter, ¿qué le ayudará a alcanzar sus metas y qué lo alejará de ellas?
Una vez que contestes a estas preguntas sabrás qué tipo de obstáculos lanzarle para que aparezca la acción.

Por ejemplo, en El Archivo, de V.E. Scwhabb, MacKenzie desea tener una vida familiar normal pero, al mismo tiempo, quiere seguir perteneciendo a la élite de cazadores de espíritus en la que la introdujo su abuelo.  La tensión entre ambos deseos contradictorios, algunas circunstancias personales y su propia personalidad hacen que la acción comience muy rápido y que las cosas se compliquen cada vez más, hasta que la pobre chica tiene que decidir si seguir aferrada sus principios o cambiarlos.

2.- Usa elementos que favorezcan la acción y la tensión

¿Por qué hay cuatro casas en Hogwarts y dos de ellas son enemigas acérrimas? Porque la rivalidad añade tensión y favorece la acción. Por eso la presencia del quiddich funciona tan bien como elemento estresante. Recuerda que la tensión que se deriva del conflicto narrativo provoca estrés, ese es su objetivo.

La competición siempre ayuda a crear acción y tensión. Ocurre lo mismo con historias de separación: familias desintegradas que deben volver a unirse, parejas desarticuladas… ¿Recuerdas o has oído hablar de Marco, el niño italiano que cruza con su mono Amedio mares y montañas en busca de su mamá? Esa es una trama de separación con un conflicto lacrimógeno, sí, pero no por ello menos efectivo. Usa la separación con sabiduría si no quieres caer en las oscuras redes del melodrama.

3.- Juega con el riesgo

Una de las grandes bazas de los pasapáginas más delirantes es el modo en que juegan con la idea de riesgo. Es como si estas autoras colocaran a sus protagonistas (y a nosotras como lectoras) delante de una ruleta y se jugasen nuestra fortuna y el pienso de nuestros gatos en cada capítulo.

¿Y qué es lo que mejor funciona para acentuar la idea de riesgo? En efecto: el conflicto interno. Cuando pones a tus personajes frente a una decisión de Sofie que tienen que resolver e, inevitablemente, perderán algo escojan lo que escojan, plantas en tus lectoras la necesidad de seguir leyendo. Porque queremos ver si de verdad has sido tan malvada o si el personaje saldrá mejor parado de lo que parece a primera vista.

Otra manera de hacerlo es la que emplea Stephen King en El instituto, donde un niño pequeño tiene que enfrentarse a poderosos adultos. Cómo el crío va creando alianzas, y desarrollando un plan con más bien pocos visos de resultar, es angustioso y excitante ( y me leí el libro en unas pocas horas, así que es un buen ejemplo del que aprender).

La cuestión es que cuando tu lectora sabe lo que está en juego, cualquier acción es un detonador de la tensión. ¿Qué hay de emocionante en que una mujer vaya a una estación de autobuses a comprar un billete a Ávila? Pues no mucho. Salvo que le hayas dicho a tus lectoras que esa mujer está huyendo de alguien que quiere matarla, que además ha escapado de una prisión militar y que no podrá volver a ver su hermana del alma si no coge el autobús. Entonces, sus movimientos se vuelven importantes, queremos que no parezca sospechosa, nos preocupa si suda o tartamudea, etc.

Hay mucho más que se puede hacer, pero este es un buen comienzo para crear un conflicto interno digno de llamarse así.

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