¿Que cuándo me interesé por la domatofobia y las casas encantadas?

De pequeña, un poco más allá de los límites de mi barrio, había un chalet vacío. Lo llamábamos «la casa encantada». No es para tirar cohetes, el nombre, la verdad, pero es que en mi pueblo no pasaba mucha cosa. Así que alguien inventó que allí había vivido un médico y que este hombre había matado a su mujer. A veces nos retábamos a subir al segundo piso. Y subíamos. Lo que viene a significar que sigo viva de milagro, porque aquellas escaleras no estaban para sostener a cuadrillas de chiquillos. Pero sobreviví y me siguen fascinando las casas encantadas y el miedo del que surgen las historias que las rodean.

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¿Qué es la domatofobia? ¿Afecta solo a las casas encantadas?

Domatofobia y casas encantadas

Resulta que hay un montón de miedos relacionados con las casas. La domatofobia es el miedo a la casa. No a quedarse encerrado, ni a que haya algo en la casa que te pueda hacer daño, sino a la casa en sí. Miedo al edificio como ente.

Se manifiesta en do fases: en primer lugar, la domatofobia se refiere a una única casa. La afectada no se siente cómoda cuando se queda sola dentro, pero no pasa nada más. En la segunda fase, la fobia afecta al resto de edificios y el miedo es tan limitante que incluso impide entrar en ellos.

Para que haya domatofobia no es necesario que la casa que nos de miedo lleva asociada una leyenda. la domatofobia es el miedo a una casa cualquiera. Como todas las fobias, es irracional.

Pero la domatofobia no es el único miedo relacionado con las casas. La oicofobia o eicofobia es el miedo a todo lo que tiene un aspecto hogareño y a los alrededores del hogar. Y la nostofobia es el miedo a volver a casa.

Hogar, dulce hogar, decían.

Domatofobia y casas encantadas: el primer relato de fantasmas de la historia

No soy Plinio, pero fu joven y lozano una vez..

El primer relato de terror de la historia tiene que ver con las casas encantadas y quizá, solo quizá, con un caso temprano de domatofobia. Lo recoge Plinio el Joven en una de sus cartas. Este artículo la reproduce y la analiza de maravilla, pero es largo, así que te hago un resumen adaptado. Lo que viene a ser un retelling de Plinio el Joven para las jóvenes de hoy:

Comienzo

Querido Sura:

Me aburro un tanto y me ha dado por pensar en si los fantasmas existen. ¿A ti qué te parece? Y, si existen ¿tendrán un cuerpo y voluntad propia o serán solo las manifestaciones de nuestros propios miedos?

No es que me haya vuelto loco para ponerme a pensar en estas cosas, es que me he enterado de una cosa que le pasó a Curcio Rufo, que se encontró con una mujer en mitad del camino y le predijo el futuro y encima acertó.

Nudo

Domatofobia y casas encantadas
Esto no es una casa ni está en Atenas, pero nos hacemos una idea.

Pero lo que más me tiene dándole vueltas a la cosa de los fantasmas no es eso, sino lo que viene ahora (esta es la parte de la carta que tiene que ver con la domatofobia y las casas encantadas): resulta que había en Atenas una casa grande y muy bonita, pero sobre la que corrían ciertas leyendas. Se decía que por la noche se oían ruidos, concretamente un arrastrar de cadenas que empezaba en la lejanía y que se acercaba según avanzaba la noche. Después, cuando el sonido cesaba, aparecía un anciano flaco y tumefacto, de cabello crespo y barba fosca con grilletes en manos y pies.

En esa casa vivía gente y, por supuesto, pasaban unas noches malísimas, llenas de insomnio a las que seguía la muerte. Durante el día, quien había visto al fantasma del anciano podrido no podía librarse de su imagen. Así que, con el tiempo, la casa quedó deshabitada.

De todos modos, con o sin fantasma, la casa seguía en venta, esperando que algún comprador poco informado cayese en la trampa de los bajos precios. Y así fue, Atenodoro, el filófoso, que por cierto estaba enteradísimo de todo el percal, decidió comprar la casa maldita.

Clímax

Pero Atenodoro (Ati, para los amigos) no era hombre cualquiera, no. Ya la primera noche se colocó la cama en la parte delantera de la casa, arregló unas lamparillas y recado de escribir (las típicas tablillas de la época) y esperó al espectro. El espectáculo de los ruidos y las cadenas se repitió, por supuesto, pero Ati no había ido hasta allí para nada, así que siguió esperando. Cuando llegó el fantasma, le pidió que lo siguiera y el filósofo le dijo que sí, que ahora mismo, en un momento, que tenía que anotarlo todo. Y solo cuando hubo terminado de tomar notas, lo siguió. El espíritu, al parecer, caminaba muy despacio, como si le pesaran las cadenas. Llevó a Ati hasta el patio de la casa, donde se desvaneció.

Desenlace

Domatofobia y casas encantadas
Supuesto amigo de Atenodoro, haciendo sus cosas del desenlace.

Cabría suponer que Ati se enfadó, pero no. Lo que hizo fue esperar a que amaneciera y pedir que se cavara en el último lugar donde había visto a la aparición. ¿Qué encontraron allí? Pues ni más ni menos que unos huesos ya sin carne, encadenados y engrilletados. Alguien, quizá el propio Ati, decidió que aquello había que enterrarlo a costa del erario público y así se hizo. Después de aquello no volvió a haber manifestaciones paranormales en la casa.

Conclusiones

Plinio el Joven fue, que sepamos, el primero en sentar las bases de los relatos sobre casa encantadas. En la historia de Atenodoro hay un antecedente, casi un calco, de los casos de Ed y Lorraine Warren que te contaba en este artículo:

  • Hay una casa en la que suceden fenómenos inexplicables, el paradigma de todas las casas encantadas: amplia, bonita, deseable, pero sobre la que pesa una maldición.
  • Conocida la maldición por el entorno, la casa se pone a la venta a la espera de que alguien la compre.
  • Alguien, en este caso Atenodoro, un tipo razonable que no estaba dispuesto a renunciar a su chollo inmobiliario, hace frente a la maldición.
  • El fenómeno inexplicable resulta ser un fantasma que exige reparación.
  • Atenodoro repara el mal causado.
  • Final feliz.

Las mayores diferencias entre el caso de Plinio el Joven y los Warren es que los compradores de las casas encantadas americanas no se hicieron con ellas a sabiendas, sino que se encontraron con los fenómenos paranormales y se vieron superados por ellos.

Como todos los tópicos del terror, el de las casas encantadas es un tropo que también ha evolucionado.

¿Cuándo está encantada una casa?

Domatofobia y casas encantadas

Las casas encantadas se distinguen de las demás porque en su interior ocurren diferentes fenómenos paranormales o, como poco, inexplicables.

Es posible que esos fenómenos se den solo en una habitación o que sucedan en toda la casa y es cierto que suelen atribuirse, desde tiempos de nuestro amigo Plinio el Joven, a la presencia de espíritus o fantasmas. Estas pobres almas en pena serían las responsables de encender y apagar luces, provocar malos olores, cambios en la temperatura y movimiento de objetos.

Acontecimientos oscuros del pasado

En muchas obras de ficción, se atribuye el hecho de que la casa esté encantada a un acontecimiento traumático del pasado. En los casos de los Warren, por ejemplo, tenemos asesinatos cometidos en la mayoría de las casas encantadas. Esos asesinatos habrían hecho que los espíritus de las víctimas se quedasen en el edificio y se dedicasen a torturar a los propietarios posteriores.

Pero hay casas encantadas que no deben su encantamiento a la actividad humana, sino que vienen malditas ya de serie.

La caída de la Casa Usher, de Edgar Allan Poe: domatofobia real de la buena

Hacía tiempo que tenía yo ganas de hablar de Poe, y la domatofobia y las casas encantadas me lo ponen muy facilito. Precisamente porque la Casa Usher no es el recipiente que recoge las experiencias traumáticas de sus habitantes, sino porque el propio edificio es quien las provoca.

Esta sí que es una casa encantada de verdad. Podéis leer el relato, y un montón más de cuentos sobre domatofobia y casas encantadas en el blog Espejo Gótico.

Resumen de la trama

Comienzo: llegada a la casa encantada

Un narrador, cuyo nombre nunca nos es revelado, se acerca a la casa Usher un día tan oscuro como el propio edificio. La casa pertenece a un amigo suyo de la infancia, Roderick Usher, y está rodeada de un aura melancólica, a juego con el cielo plomizo.

La casa no deja de resultar ambivalente: por una parte ofrece un aspecto sólido y por otra parte, algunas de sus paredes, columnas y ventanas parecen a punto de derrumbarse. El edificio, en mi humilde opinión, aparece ya desde el principio como uno de esos personajes que han tenido y conservan una mala salud de hierro, que agonizan en la cama y mantienen a toda la familia pendiente sin terminar de morirse nunca.

El narrador ha acudido a este idílico lugar porque su amigo le ha escrito y le ha comunicado que no se encuentra bien, ni física, ni emocionalmente.

Cuando el narrador entra en la propiedad, el interior no contradice al exterior. Al contrario: el misterio, la melancolía y la oscuridad campan a sus anchas. Roderick, el amigo enfermo, cuenta a su invitado que tiene los nervios de punta y que siente cómo se le han agudizado los sentidos. De hecho, da la sensación de que le tiene miedo a la casa.

He aquí el primer caso documentado de domatofobia. Gracias, Edgar Allan.

Nudo

A estas alturas sabemos también que hay una hermana de Roderick viviendo en casa y que está cataléptica. Una enfermedad que traía a Poe por la calle de la amargura y sobre la que escribió a menudo.

El narrador pasa los días tratando de animar a su amigo enfermo, pero sin resultados y termina por confirmarse a sí mismo que, no es que los hermanos estén enfermos, es que la casa está a punto de morir y los arrastra con ella.

La hermana no tarda en fallecer y Roderick decide enterrarla en las catacumbas del sótano. Quiere mantenerla cerca de sí por miedo a que los médicos le practiquen una autopsia. En el proceso de llevarla a su tumba, el narrador se da cuenta de que sus mejillas conservan cierto tono rosado, pero no le da mucha importancia. Al parecer, algunos cadáveres parecen más saludables tras la muerte que en vida.

Con el paso de los días, el comportamiento de Roderick se hace más y más extraño y le contagia el insomnio al narrador. Una noche, aparece en la Puerta de su cuarto presa de la histeria y lo lleva a la ventana, desde donde ven cómo una especie de gas o de niebla blanquecina, rodea la casa. El narrador trata de tranquilizar a sui amigo y le dice que aquello es de lo más normal. Luego procede a leerle un cuento para dormir. En concreto, un romance medieval.

Clímax y desenlace: la casa encantada cae

Mientras lee sucede algo en verdad extraño: parece que la casa reproduce los sonidos de la historia que está leyendo. Como buen narrador escéptico, el nuestro ignora esos sonidos, se dice que son producto de su imaginación. Hasta que se hace evidente que no, que es la casa. De paso, Roderick ha aprovechado para hundirse en un sillón y murmurar entre dientes. Cuando el narrador se acerca a él para ver qué demonios está diciendo, se encuentra con una confesión: días lleva ya Roderick oyendo esos ruidos y está convencido de que han enterrado viva a su hermana Madeleine.

Roderick grita que Madeleine está tras la puerta.

El viento la abre y ¡Efectivamente! Allí está Madeleine, con la mortaja ensangrentada.

Madeleine ataca a Roderick.

La vida se escapa de ella.

Él muere de miedo

El narrador se larga de la casa como alma que lleva el diablo.

La casa se desmorona.

La casa Usher como casa encantada «de verdad»

Domatofobia y casas encantadas

Decía al principio que la domatofobia es el miedo a la casa como ente, y el caso de la casa Usher ilustra esta tendencia animista.

¿Qué es el animismo? Pues es la creencia, arraigada en el ser humano desde la prehistoria, de que en todos los seres y fenómenos atmosféricos hay un principio vital. El animismo es lo que permite que seres humanos más o menos razonables como yo, les tengamos miedo a las plantas, por ejemplo. Sin animismo no tendría sentido la mayor parte del terror basado en objetos que cobran vida.

Edgard Allan Poe contra Plinio el Joven: duelo de casas encantadas

¿Por qué la casa Usher es una casa encantada de verdad y la de Plinio el Joven, no? Recordemos que en aquella mansión ateniense los fenómenos extraños procedían de un fantasma que buscaba un enterramiento digno.

En cambio, la casa Usher tiene personalidad propia y se convierte en un personaje más del relato.

Aunque domatofobia y claustrofobia son miedos diferentes, Poe emplea ambos en esta historia.

La claustrofobia proviene más del propio Roderick que de la casa. Es él quien envuelve al narrador en su historia de la enfermedad y la melancolía, y el narrador no puede escapar hasta que su amigo muere.

Incesto y confusión

Que el narrador no pueda salir de la casa no es solo una anécdota, sino que se convierte en uno de los temas centrales del relato. Su confinamiento refleja el destino que aguarda a los Usher incluso después de muertos: ellos tampoco pueden abandonar la casa.

De hecho, los aldeanos confunden casa y familia porque la propia estructura de la casa ha dictado, de alguna manera, el mapa genético del clan.

Si nadie puede salir de la casa, si solo sobrevive un Usher de cada generación ¿cómo se reproducen? Poe da a entender que de manera un tanto incestuosa a través o gracias a o mediante la propia casa, que recupera a sus hijos tras los enterramientos en el mismo terreno. Y así puede generarlos una y otra vez.

Ya al principio del relato nos hace saber que no hay una separación clara entre la casa Usher y el linaje Usher. El autor usa el término casa para referirse a ambos. Igual que Geroge RR Martin usa casa Stark o casa Baratheon. Con la diferencia de que Martin nunca dice casa Stark para referirse al castillo de Invernalia, con lo que la confusión no se da.  

Limitación de movimientos

Los personajes no se pueden mover con libertad en el interior de la casa, la estructura lo impide y esto confiere al edificio cierto carácter monstruoso. Es la casa la que controla el destino de sus habitantes.

Relaciones entre los personajes

La sensación de claustrofobia determina la relación entre los personajes. La casa no permite que el narrador sepa que Roderick y Madeleine son gemelos hasta el momento en que la están enterrando. La escena sucede en un entorno incluso más angosto y escaso que se extiende a las características de estos dos personajes: como son gemelos se parecen y como se parecen terminarán igual, no pueden desarrollarse de manera individual.

La figura del doble, de la que habla María Acebes en este artículo, está muy presente en este relato desde el principio. La primera vez que el narrador ve la casa lo hace en un reflejo que la muestra boca abajo. Esta imagen de la casa desdoblada representa la relación inversamente simétrica de los gemelos, que se manifiesta en el clímax de muerte.

La casa Usher, el narrador testigo y… ¡El matrimonio Warren!

Domatofobia y casas encantadas

Este relato de Poe no ha pasado a la historia de las casas encantadas por casualidad. Al contrario de lo que puede parecer, existen capas más allá de la presencia de lo gótico, el doble y la muerte.

Metaficción: poemas inventados vs la Biblia

En el plano de la estructura, el autor juega con poemas y obras de ficción de su propia pluma que atribuye a terceras personas, como los versos de El lugar encantado o Mad Trist, de un totalmente ficticio Launcelot Canning. Ambos poemas predicen el final de la trama de La caída de la casa Usher. Mad Trist cuenta la historia de cómo Ethelred se cuela en el refugio de un ermitaño de manera similar a cómo Madeleine escapa de su tumba. Este poema cruza las fronteras de lo literario como si la obsesión de Roderick con el mismo guiara su temática y desarrollo hasta su mundo y los convirtiera en realidad.

¿Cómo? El narrador lee, la casa reacciona y Roderick conjura el poder del texto hasta que su hermana muerta aparece.

Un poco igual que hicieron los Warren al adaptar los relatos bíblicos a los casos de posesiones demoniacas de casas. Al llevar las creencias religiosas del público a sus escenarios, convirtieron esas creencias en “ciertas” y el relato de las posesiones en verosímil.

El narrador como exorcista en las casas encantadas

Sabemos que Poe estaba obsesionado con los juegos de palabras, así que no debería extrañarnos que escogiera Usher como nombre para esta casa y esta familia.

Usher significa acomodador, pero también guía. Roderick guía los extraños sucesos del poema hasta la realidad. La palabra Usher se refiere a la familia a la casa, pero también al acto de cruzar fronteras, un tema muy común en la literatura gótica.

La carta de Usher, de Roderick Usher, guía, conduce al narrador hasta la casa. Y este narrador es el único extraño al que su amigo no teme. Esta ausencia de miedo es lo que precipitará el final de la casa (del edificio y del linaje). No es que él haga nada de manera voluntaria para que el edificio se venga abajo, pero su presencia altera su equilibrio y provoca la debacle.

Como cuando los Warren acudían a una casa poseída aunque, ellos sí, con miedo y con la voluntad de devolver la casa a la normalidad.

Cómo escribir tu propio relato (o novela) de casas encantadas paso a paso

Domatofobia y casas encantadas

Elige si tu casa va ser como la de Plinio el Joven o como la de Poe. O sea, escoge entre domatofobia pura y fantasmas.

Para diseñar los acontecimientos de tu historia es preciso que sepas si tu casa es un escenario solamente o también un personaje. Dependiendo de lo que decidas, tendrás que tratarla de una manera o de otra.

Trabaja en la ambientación

Las casas encantadas dan miedo por la historia que cuentan, pero también por su aspecto. No es necesario que tu casa encantada provoque domatofobia porque es antigua. Basta con que esté abandonada. El chalet de mi pueblo al que le inventamos un médico que había asesinado a su mujer era moderno, pero estaba vacío.

Dar a la casa características humanas siempre va bien, pero no te pases con los clichés: nada de ventanas como ojos, por favor, salvo que quieras escribir un capítulo de Scooby Doo.

Cuidado con los personajes

¿Por qué se meten tus personajes en una casa encantada? No es la primera vez que hablo del argumento, de los motivos, de que lo que sucede en tu historia tiene que ser coherente y tener sentido.

¿Sabes dónde se explica muy bien que unos personajes más o menos inocentes acaben en lugares que no son inocentes en absoluto? En Sinister y en El Resplandor.

Échale imaginación a la trama

Recuerda que se trata de crear tensión introduciendo obstáculos y pistas.

Puedes escribir tus historias de domatofobia y casas encantadas con estructura de novela policiaca o centrarte directamente en el terror.

Te lo juegas todo en el clímax. ¡Recuérdalo!

Poe decide tirar abajo la casa Usher. ¿Qué harás tú? Recuerda que el clímax debe estar cargado de significado, que no se trata tanto de poner explosiones como de que lo que suceda remueva por dentro a las protagonistas y a tus lectoras.

Algunas novelas sobre domatofobia y casas encantadas

Lo mejor para escribir una buena historia de miedo con casas encantadas es leer un montón, así que aquí te dejo algunas.

La casa en el confín de la tierra, de W.H. Hodgson


Hodgson fue una de las grandes influencias de HP Lovecraft y solo por eso merece la pena echarle un vistazo a esta novela sobre casas embrujadas. Terror cósmico, criaturas abisales y una pequeña casita irlandesa. Se dice que esta es la mejor obra de Hodgson, así que ¿por qué no echarle un vistazo en nuestra búsqueda de domatofobia literaria?



La casa Infernal, de Richard Matheson

Domatofobia y casas encantadas

Matheson es un clásico moderno y hay que leerlo. Fin.

En La casa Infernal se adentra en el universo de las casas encantadas con otra de las premisas más conocidas del mundo del terror: un millonario excéntrico quiere estudiar la casa más peligrosa del mundo y para ello lleva allí a cuatro desconocidos, entre ellos al único superviviente de otra expedición al interior de la casa. ¿Qué puede salir mal?


El resplandor, de Stephen King

¿Quién no conoce al menos la versión cinematográfica de esta novela de King? No es de mis favoritas, pero sí supone un maravilloso ejemplo de edificio que justifica la domatofobia. El hotel Overlook está vivo, tienen un corazón, venas, sangre y recuerdos. De todo ello, quizá los recuerdos de lo sucedido en las habitaciones sea lo más peligroso.

Pero no te engañes: no es que los acontecimientos del pasado atrapen a sus protagonistas en forma de fantasmas. El hotel es el que saca a la luz lo peor de sus huéspedes y luego los obliga a permanecer encerrados.

¿Es el Overlook la nueva casa Usher? No lo dudes: lo es.


Otra vuelta de tuerca, de Henry James

Domatofobia y casas encantadas

Nos encontramos ante uno de los grandes clásicos del subgénero de casas encantadas. Henry James era un grandísimo escritor y en Otra vuelta de Tuerca trabaja con el terror sicológico con total maestría.

En esta novela nos encontramos con una institutriz que debe proteger a sus alumnos de los fantasmas que los asedian en una casona aislada, que habla de los peligros de la bondad y que se puede leer como metáfora de la literatura. Imperdible no solo si te interesan la domatofobia y las casas embrujadas, sino si disfrutas leyendo, en general.

La maldición de Hill House, de Shirley Jackson

Shirley Jackson es la dueña y señora de todas las casas encantadas del universo, así que La maldición de Hill House no podía faltar en esta lista de recomendaciones de novelas de casas encantadas.

La versión de Netflix es una adaptación muy libre de una novela que se basa en la premisa típica: un escritor quiere documentarse para escribir un libro sobre casas encantadas y pide ayuda a un grupo de voluntarios que se trasladarán al edificio embrujado. ¿Recuerdas lo que te decía de buscar un motivo potente para meter a tus personajes en casas encantadas? Pues este es un buen ejemplo.

Una vez dentro, claro, los estudiantes pasan por toda una serie de aventuras.

Locke & Key, de Joe Hill y Gabriel Rodríguez

Domatofobia y casas encantadas

Locke & Key es terror de casas encantadas en formato cómic que Netflix ha llevado a la pantalla con cierta solvencia. La casa embrujada es parte de la trama por sí misma y tiene el atractivo de que cuenta con llaves mágicas que abren todo tipo de puertas: desde entradas a cualquier lugar del mundo hasta la puerta al interior del cerebro de la persona elegida. Una locura imaginativa y original a la que merece la pena echar un vistazo.


La casa de hojas, de Mark Z. Danielewski

Una vez más, una familia en riesgo de debacle personal se muda a una casa nueva para comenzar desde cero. Todo parece ir bien hasta que el protagonista se da cuenta de un pequeño detalle sin importancia: el interior de la casa es más grande que el exterior. Misterio y terror de casas encantadas que le da una vuelta al género y que por tanto hay que tener en cuenta.


La mujer de negro, de Susan Hill

Domatofobia y casas encantadas

Un joven abogado debe acudir a una casa encantada donde, cada vez que alguien ve el espectro de la mujer de negro, muere un niño. El tiempo le mostrará que esta leyenda es en realidad una tradición que ha afectado hondamente a su familia a lo largo de los años. Una novela larga llena de intriga que entronca a las mil maravillas con el más clásico horror gótico.


El ocupante, de Sarah Waters

El ocupante, como el narrador de la casa Usher, también juega a romper fronteras. El protagonista es hijo de una criada que trabajó en la casa hace muchos años. De pequeño se colaba en sus habitaciones y huía de sus fantasmas. Ahora que es médico, lo invitan regresar al conocido laberinto. Debe tratar a una criada que ha caído enferma debido a los sucesos paranormales que asolan la mansión.

Un juego de espejos moderno que retoma el cuento clásico y le es fiel sin perder la capacidad para sorprender.

El hotel encantado, de Wilkie Collins

Domatofobia y casas encantadas

Los fantasmas que ocupan este hotel encantado tienen menos que ver con apariciones que asustan que con los sentimientos más oscuros de sus huéspedes. Nos encontramos pues ante una mezcla de terror de casas encantadas, domatofobia y horror sicológico de la mano de un maestro.





Las madres negras, de Patricia Esteban Erlés

La propia estructura de Las madres negras es una casa encantada. Las cubiertas del libro contienen habitaciones, mazmorras, pasillos que se desdoblan y ventanas lloronas. Cada capítulo es un cuarto cerrado, un relato y, juntos, forman la novela y construyen la casa encantada en un juego bello, conmovedor, triste y oscuro.





La chica descalza en la colina de los arándanos, de Nieves Mories

Cómo crear terror, dar miedo
Domatofobia y casas encantadas

Siempre que puedo hablo de Nieves Mories, así que no iba a dejar de hacerlo cuando La chica descalza en la colina de los arándanos es una obra de casas encantadas en la que además el edificio tiene valor por sí mismo.

La protagonista muere en el primer capítulo y luego se pasa el resto de la novela corta tratando de descubrir por qué. La domatofobia se revela hacia al final, pero la obra está llena de detalles que pintan un mundo, el nuestro, de colores sombríos. Si no la has leído, debes.

Casa tomada, de Julio Cortázar

Casa tomada es uno de los relatos más inquietantes y redondos de Cortázar. En esta casa encantada también hay dos hermanos, como en la mansión Usher. Pero nunca sabemos lo que pasa. Solo conocemos la presencia de unos seres que empujan, que presionan, que hacen todo lo posible para que los habitantes de la casa la desalojen. La atmósfera es opresiva, ominosa. Una delicia que se lee casi sin sentir pero que se te queda agazapada y de vez en cuando te recuerda su existencia.

Los escarabajos vuelan al atardecer, de María Gripe

Recuerdo este libro con casa encantada con especial cariño. Mi hermana pequeña me descubrió a María Gripe cuando yo ya leía libros de adultos, y me hizo el mayor regalo. En esta novela juvenil se mezclan cartas antiguas con historias de amor y una partida de ajedrez. Ya lo recomendaba en este post sobre novelas juveniles y no me cansaré de hacerlo.

Aquí vive el horror, de Jay Anson (Amytiville)

Jay Anson noveló las experiencias que los Warren relataron también acerca del caso de Amytiville. Posesiones diabólicas, los asesinatos de DeFeo, etc. Hablé de todo ello en este artículo, que te encantará porque está lleno de casas encantadas.

Hogar, de Conchi Regueiro

Domatofobia y casas encantadas

Conchi Regueiro es una de mis autoras actuales favoritas. No solo por su prosa directa y concisa, sino por su sentido del humor ácido y sutil. Según cuenta ella misma, escribió esta novela cansada ya de la expresión «primeras calidades», tan frecuente en tiempos del boom inmobiliario. En Hogar, una pareja de mujeres que se adoran se enfrenta a un misterio de tinte sobrenatural que amenaza con acabar con el futura que deseaban construir.

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Entradas creadas 75

5 pensamientos en “Domatofobia y casas encantadas: así se construye un escenario de terror

  1. ¡Hola!
    Precisamente, ahora estoy estudiando “Otra vuelta de tuerca” y su adaptación cinematográfica de 1961. Impresionante Henry James y hasta el momento, la mejor adaptación a mi parecer la de ese año. Aunque creo que este año saldrá una nueva versión.
    Shirley Jackson es fascinante también. De mis escritoras favoritas junto a Le Guin (pese a las diferencias de género literario).
    Tengo mucha curiosidad por leer ” La casa en el confín de la tierra”, aunque la verdad es que todos los que sugieres tienen muy buena pinta y he de confesar que hay unos cuantos que no conocía.
    Una entrada de blog realmente fascinante.
    Muchas gracias por tu entusiasmo en la escritura.

    ¡Saludos!

    1. James nos dejó muy buenos ejemplos para casi cualquier cosa 🙂

      Yo también soy muy fan de Leguin!!!!

      Y mil gracias a ti por leer. Ya me dirás si las recomendaciones te deparan buenas lecturas 🙂

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