Alicia Pérez Gil

Cómo escribir diálogos que emocionen

El diálogo puede darle alas a una historia o hundirla. Las mejores novelas nos ofrecen diálogos que vibran de emoción y voces de personajes que resuenan como si pertenecieran a personas reales. Los malos diálogos, por el contrario, son confusos, detienen la acción y nos sacan de la lectura. Pero ¿Qué técnicas podemos utilizar para escribir diálogos que emocionen y atrapen a las lectoras?

¿Por qué escribir diálogos que emocionen?

¿Por qué es importante escribir diálogos que se perciban como reales?

  • Ayudan a que cada personaje suene diferente. Las lectoras sabrán con un golpe de vista quién está hablando.
  • Te ayudan a hacer avanzar la trama usando algo más que la exposición. Así agilizas el ritmo narrativo y tus lectoras sienten que no pueden abandonar la lectura.
  • El diálogo es la herramienta perfecta para resolver conflictos entre personajes, o para construirlos. También se crean confusiones, sobreentendidos y se pueden dejar pistas para las lectoras. ¡Sin infodump!

Escribir diálogos que hagan avanzar la trama ¡Sin infodump!

El infodump, del que también hablamos en este artículo, es una trampa mortal que lastra los diálogos y los hace increíbles, indigeribles, inadecuados, insoportables y muchas más cosas que empiezan por in.

Cuando hablamos de escribir diálogos con infodump nos referimos a esas conversaciones en las que los personajes se dicen cosas que ya saben. Y no lo hacen porque tengan locos ataques de nostalgia, sino porque a la autora no se le ha ocurrido otra forma de dar esa información a la lectora. Se suele usa este recurso fallido para introducir recuerdos o hablar del trasfondo de uno u otro personaje.

La cosa quedaría más o menos así:

Ejemplo de diálogo lastrado por infodump

—Ya sabes, Carmela, que la vampira reina abdicó la semana pasada en tu favor. Y que creemos que no lo hizo libremente.

—Lo sé, Herminia, lo sé. Recuerda que fui la primera sorprendida al oír mi nombre. Mi grito se oyó alto y claro en la oscuridad de la noche.

En este caso, salvo que estuviésemos escribiendo parodia, no hay motivo para que Herminia y Carmela se cuenten cosas que ya saben. Excepto, por supuesto, que la lectora necesite conocer esa información.

Verbos como «sabes que», «recuerda que», «recuérdame aquello que pasó», etc., utilizados en un diálogo, pueden ser una pista importante de que el infodump acecha. Para evitar este tipo de diálogo arcaico y poco efectivo hay varias técnicas que puedes usar.

Puedes reescribir el diálogo anterior añadiendo hostilidad

Ejemplo de uso de la hostilidad

—¿Te imaginas, Carmela, que se sospechara de tu reciente coronación? No es que yo lo crea, claro. Y tampoco he oído nada. Pero ¿Te imaginas que alguien insinuara que nuestra reina vampira fue coaccionada para abdicar? ¿En qué posición te dejaría eso?

—La verdad es que no, Herminia. No puedo imaginármelo ¿A quién se le ocurriría? Todavía me quedan secuelas en las cuerdas vocales del grito de sorpresa que no pude evitar cuando se pronunció mi nombre.

Aunque estas dos líneas de diálogo no son perfectas, introducen algunas pistas acerca de la relación de las dos mujeres y de su posición respecto al conflicto. Da la sensación de que ambas saben que Carmela manipuló a la reina y que Herminia está lanzando una amenaza velada. Todavía tiene un cierto tono de comedia, pero ya va tomando otro color.

Puedes escribir diálogos en los que los personajes se aseguren que los hechos han tenido lugar

Ejemplo extraído de la película Espartaco

—¿Robas Antoninus?

—No, amo.

—¿Mientes?

—No, si puedo evitarlo.

—¿Has deshonrado alguna vez a los Dioses?

—No, amo.

—¿Te abstienes de los vicios por respeto a las virtudes morales?

—Sí, amo.

—¿Comes ostras?

—Cuando puedo, amo.

—¿Comes caracoles?

—No, amo.

—¿Consideras que comer ostras es moral y comer caracoles inmoral?

—No, amo.

—Por supuesto que no, sólo es cuestión de gusto, ¿verdad?

—Sí, amo.

—Y el gusto no es lo mismo que el apetito y por lo tanto no es una cuestión de moralidad, ¿verdad?

—Se podría decir así, amo.

—Mi gusto incluye tanto a los caracoles como a las ostras.

Aquí el tono de comedia ha desaparecido. El diálogo es más directo y también más efectivo.

Puedes hacer que uno de los personajes no sepa de lo que está hablando el otro

Ejemplo extraído de la película Espartaco

—¿Robas Antoninus?

—No, amo.

—¿Mientes?

—No, si puedo evitarlo.

—¿Has deshonrado alguna vez a los Dioses?

—No, amo.

—¿Te abstienes de los vicios por respeto a las virtudes morales?

—Sí, amo.

—¿Comes ostras?

—Cuando puedo, amo.

—¿Comes caracoles?

—No, amo.

—¿Consideras que comer ostras es moral y comer caracoles inmoral?

—No, amo.

—Por supuesto que no, sólo es cuestión de gusto, ¿verdad?

—Sí, amo.

—Y el gusto no es lo mismo que el apetito y por lo tanto no es una cuestión de moralidad, ¿verdad?

—Se podría decir así, amo.

—Mi gusto incluye tanto a los caracoles como a las ostras.

Si pecas de escribir diálogos demasiado expositivos, conviértelos en narración

Escribir diálogos es divertido, pero a veces es mejor no hacerlo. Si queremos que nuestra lectora sepa los problemas que ha dado la nueva coronación y el narrador lo permite, siempre podemos hacer que ese narrador haga su trabajo.

Ejemplo de exposición mediante narrador

Herminia sabía que los rumores acusaban a Carmela de haber forzado su coronación. De lo que no estaba segura era de que fueran ciertos. La nueva reina de los vampiros sabía guardar un secreto.

Cómo escribir diálogos cargados de subtexto

El subtexo es un ingrediente maravilloso de la ficción. Y difícil de manejar, porque consiste en dejar claras cosas in decirlas. En un sentido, el subtexto es un agujero, un desequilibrio relativo a la información. Este desequilibrio puede darse entre dos personajes o entre la lectora y los personajes.

En comienzo de Agujeros de Sol, Nieves Mories, hace un uso espeluznante y maravilloso del subtexto en su vertiente de mostrar las consecuencias de los hechos en lugar de los hechos mismos:


Es guapa, ¿verdad? La mujer sentada en la butaca Chester, a esa me refiero. No, a la otra no. La que aún se mueve. También es verdad que no se encuentra en su mejor momento. Nadie en esta habitación lo está, no nos vamos a poner exquisitos con eso, pero ella, desde luego… creo que toda esa papilla es su cara. Quizá si pudiéramos volver a ponerla en su lugar tendría mejor aspecto, aunque me temo que su estado es irreparable. Ni recogiendo con unas pinzas cada trocito podríamos recomponerla. ¡Oh, espera! ¿Eso que hay en la pared no es…? Sí, eso también es suyo. O lo era hasta hace unos minutos.


Este hablar de una batalla campal sin mencionarla también se puede lograr mediante el diálogo. Escribir diálogos para hacer avanzar la trama no siempre implica usar la literalidad. Se puede escribir una conversación larguísima que se limite a insinuar verdades tácitas, medias verdades o incluso mentiras.

Cuando hablamos de subtexto, también podemos referirnos a un tema subyacente y, a menudo, distinto del expresado en un escrito o conversación. En otras palabras, el tema de una conversación puede ser la relación que se desmorona de una pareja, aunque ninguno de los personajes diga nada al respecto de manera explícita.

Ejemplo extraído de la película Espartaco

—¿Robas Antoninus?

—No, amo.

—¿Mientes?

—No, si puedo evitarlo.

—¿Has deshonrado alguna vez a los Dioses?

—No, amo.

—¿Te abstienes de los vicios por respeto a las virtudes morales?

—Sí, amo.

—¿Comes ostras?

—Cuando puedo, amo.

—¿Comes caracoles?

—No, amo.

—¿Consideras que comer ostras es moral y comer caracoles inmoral?

—No, amo.

—Por supuesto que no, sólo es cuestión de gusto, ¿verdad?

—Sí, amo.

—Y el gusto no es lo mismo que el apetito y por lo tanto no es una cuestión de moralidad, ¿verdad?

—Se podría decir así, amo.

—Mi gusto incluye tanto a los caracoles como a las ostras.

La conversación habla de la bisexualidad de Craso y el público lo entendió a la perfección allá por 1960, que fue cuando se estrenó.

Ejercicios prácticos para escribir diálogos que emocionen

  • Ve a tu estantería y coge un libro cuyos diálogos te hayan encantado. No, no se trata de que los copies palabra por palabra, sino de que los analices.
  • Lee y observa cómo se diferencian las voces de los personajes, si hay muletillas o giros que los identifiquen.
  • Analiza si los diálogos dan información diferente a la que el narrador ofrece en los fragmentos expositivos. ¿Cómo lo hace? ¿Eres capaz de verlo?
  • Escribe esta situación de tres formas diferentes: añadiendo hostilidad, comprobando los hechos y haciendo que uno de los dos personajes no sepa nada. Por último, escríbela de manera expositiva. La situación que te propongo es la siguiente: María y Julia reciben un mensaje de su amiga Tina en el que les dice que deben retrasar su escapada de fin de semana. Escríbelo una vez usando infodump a propósito. Y a partir de ahí, haz el ejercicio con las cuatro variaciones.
  • Por último, para entender mejor el subtexto, escoge una de tus novelas o relatos favoritos y echa un vistazo a una de las conversaciones que tengan lugar en él. ¿Eres capaz de separar lo que los personajes dicen de manera superficial del subtexto? ¿Hay subtexto? Ojo, puede que no lo haya. Si es así, busca otro diálogo y trata de leer entre líneas cómo afecta el subtexto a la trama, si es que lo hace, y qué nos dice de los personajes.
  • Es la hora de escribir tu propio diálogo usando subtexto. Imagina que dos magos amigos se encuentran después de algún tiempo sin verse. Uno de ellos ha sido expulsado de la escuela de magia a pesar de ser el mejor alumno. Haz que tu lectora adivine lo que ha pasado sin decirlo. Sí, mediante un diálogo.

Escribir diálogos: un ejemplo de Inquilinos

Este es un diálogo de Solo en ocasiones especiales, publicado por Cazador de Ratas en la colección Inquilinos. Te propongo un juego: ¿De qué crees que están hablando las dos mujeres? ¿Qué relación crees que las une?

Inquilinos escribir diálogos

—He de hacer aún algunas cosas —comenzó—. Luego moriré sin pena. No volveré a molestarte.

Carolina apartó la cámara de su cara. Así, frente a frente, la señora Fuente abultaba menos que un pajarito. Los nudos de sus manos, semejantes a las patas de un canario, jugueteaban con una cadena en la que no había reparado.

—Ya le he explicado que es posible que esto no sirva para nada.

—Pero has venido. He perdido ya la cuenta de las fotos que has tirado, y dices que esto solo es un ensayo.

La fotógrafa se sentó en uno de los sillones blancos, a juego con el sofá, que amueblaban la habitación. La residencia se tomaba sus molestias, aunque no engañara al visitante. El mobiliario elegante no ocultaba las manualidades torpes, los ramos de flores secas que presagiaban la muerte, la sordidez de los cojines de ganchillo mal rellenos.

—He hecho unas cincuenta tomas. Sobre todo de su rostro. Le expliqué por carta que accedía al encargo, pero que no me hacía responsable de los resultados. Yo solo hago fotos. Vivo de ello. Además, tengo un proyecto. Uno caro.

—El dinero. —La anciana esbozó una sonrisa triste de asentimiento.

—Así es.

—¿Lo harías si no te pagara?

—No.

—¿Qué proyecto es ese?

—Niñas. Mujeres. En Camboya, las niñas no son niñas, en realidad. Desde que nacen son mercancía. Los padres, también las madres, las venden a cambio de una lavadora, por ejemplo. Van a parar a prostíbulos infantiles. Una vez que entran en uno, el círculo se cierra. La niña está perdida. Y yo voy a hacerles fotos, a denunciar su situación. A hacerlas visibles.

—Pero por eso no te pagarán.

—Es posible que no. Al menos al principio, seguro que no.

—Quieres ayudarlas a ellas, pero no a mí.

Recuerda, en este blog hay un montón de artículos para ayudarte a escribir mejor, pero es en patreon donde encontrarás todo lo que necesitas para lograr tus metas. Y si no lo ves a la primera, siempre puedes pedírmelo.

Entradas creadas 179

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *