escribir un prólogo

Si una novela es buena de verdad, un prólogo no añadirá nada imprescindible. Si el libro es malo, no vas a arreglarlo con unas palabras previas. Así que ¿Por qué escribir un prólogo? Las razones son muchas y tienen que ver con el marketing, con la vanidad, con la buena voluntad… Pero no vamos a juzgar los prólogos. Solo vamos a ver cómo escribirlos de tal manera que no hundan la novela.

Cuando no es un prologo, sino un abismo del info dump

Piensa en una empanada o en una pizza. Cuando pides una pizza margarita (no me sé los ingredientes de las más complejas, lo siento), esperas que te sirvan una base de masa recubierta de salsa de tomate y mozarella ¿verdad?

Pues el infodump es a la novela lo que un exceso de masa en la pizza. Cuando tu pizza tiene una base de dos dedos de grosor y solo un dedal de tomate y queso, el sentimiento de estafa es el mismo que sienten tus lectoras cuando abren tu novela y se encuentran un montón de explicaciones que no forman parte de la acción, sino que parecen una enciclopedia. Si vas a escribir un prólogo, no lo llenes de masa sin ingredientes.

Cómo detectar la presencia de infodump en tu prólogo

escribir un prólogo
Mira, mira, ven, que te cuento una cosita…

Si has escrito un prólogo lleno de detalles acerca de esa cordillera cuyas cimas no están coronadas por hielo sino por llamas de color rosa, pinta mal.

Si tienes un prólogo en el que detallas el árbol genealógico del último duende del reino porque aparece una vez en la página 110 de la novela y no quieres que la lectora se pierda el detalle, pinta peor.

Si necesitas cincuenta páginas para contarnos el sistema de puntos que hay detrás de los hechizos de tu mundo…

La cuestión es que muchas autoras noveles escriben toda esta información en el prólogo porque creen que la novela no se entenderá sin ella. Yo os digo que es buena idea confiar en la capacidad intelectual de vuestras lectoras.

La verdad es que casi toda la información del tipo que menciono más arriba se puede dar durante el transcurso de la acción de tu novela. Y es labor tuya aprender a hacerlo bien, de manera fluida e interesante.


La mayor parte de los prólogos son innecesarios y de hecho las lectoras nos los saltamos.


Pero no solo los prólogos. Los primeros capítulos también son campo abonado para meter la pata. Por eso hay dos grandes consejos que puedes seguir al respecto:

  1. Borra tu primer capítulo y haz que la novela empiece en el segundo.
  2. Asegúrate de que tu segundo capítulo, que ahora es el primero, cumple con las premisas que te daba en este artículo. Es posible que tengas que hacer cierto trabajo de reescritura, pero el resultado merecerá la pena.

Y si crees que el primer consejo es exagerado, aquí va un pequeño fragmento de realidad: en la novela que estoy corrigiendo ahora mismo he borrado las diezmil primeras palabras. No ha sido fácil, pero no me arrpiento.

El infodump es útil

Pero solo para ti. Muchas veces, cuando empezamos a escribir y sobre todo si no usamos mapa porque no hemos leído este artículo, necesitamos conocer el mundo en el que vamos a vivir durante los próximos meses.

Para conocerlo no hay más remedio que escribirlo. Pero que lo escribas, incluso que lo escribas bien, no quiere decir que debas escribir un prólogo que lo contenga.

Ocurre lo mismo con los sistemas de magia, la orografía y los cálculos que necesitas hacer para que todo encaje como debe.

El error no es hacer todo ese trabajo, sino incluirlo en la versión final de tu obra para que lo lea el público.

En resumen, tus lectoras no necesitan conocer diez siglos de historia del pueblo nómada sobre el que estás escribiendo para interesarse por la protagonista de tu novela, que es nómada y pertenece a esa etnia precisamente. Tú sí necesitas la información, pero es tuya y solo tuya.

Escribir un prólogo que confunda a las lectoras

En ocasiones, y no en pocas, los prólogos dan una falsa impresión de la novela a la que preceden.

Esto pasa cuando se usan como reclamo. El típico prólogo click-bait. La cuestión es que, cuando encargamos a alguien un prólogo de nuestra novela, ese alguien tiende a pensar que debe decir algo muy laudatorio y que incite a la lectura.

En el momento en que recibimos esas preciosas palabras, nos enamoramos de ellas. Porque ¿A quién no le gusta que digan que su obra es «el Juego de Tronos del año», «más emocionante que todas las cosas», «el libro que te dejará mejor sabor de boca que el batido de chocolate».

Pero cuando un prólogo eleva tanto las expectativas sobre la novela, lo que sucede es que el libro deja de ser «¡Una crónica trepidante!» «¡Una persecución fascinante!» «¡La profecía más increíble!» Y se convierte en «¡La calamidad del año!»

¿Cómo evitar el efecto prólogo venido a más?

La mejor manera de no escribir un prólogo engañoso y decepcionante es que te centres en la escritura del primer capítulo y lo conviertas en trepidante, fascinante e increíble por méritos propios. Que no haga falta un prólogo que cante sus alabanzas, sino que los valores de tu novela se vean por sí mismos.


El prólogo es el contar y el primer capítulo es el mostrar. Así que: muestra, no cuentes.


Delegar en el prólogo el tono de la novela

No, no es cierto que el prólogo sirva para modificar el ánimo de la lectora. No, una no entra en situación cuando lee el prólogo. Pero sí hay un paratexto que sirve para lograr esto: el epígrafe.

El epígrafe es una frase, una cita, o un poema que se coloca al principio de la novela o al principio de alguna de sus secciones.

Por ejemplo, Sombra, mi novela de fantasía oscura que cuenta una versión alternativa del Nuevo Testamento, empieza con unos versos que pertenecen al musical Jesucristo Superstar.

Ese epígrafe da una pista del tono y del sentido de la novela.

Dime por qué quieres que me claven en su cruz
muéstrame el motivo, dame un poco de tu luz
di que no es inútil tu deseo y moriré.
Me enseñaste el cómo, el cuándo, pero no el por qué.

El Padrino, de Mario Puzo, empieza con una cita de Balzac: «Tras cada gran fortuna, hay un crimen». Una frase que encaja a la perfección con la obra de Puzo.

Asuntos de Muertos, de Nieves Mories, empieza con el poema ¿Qué tendrá? De Gabriel y Galán. Os lo transcribo porque es bellísimo y porque cuando terminéis de leerlo vuestro estado de ánimo será perfecto para leer la novela de Mories.

Qué tendrá

¿Qué tendrá la hija

del sepulturero

que con asco la miran los mozos,

que las mozas la miran con miedo?

Cuando llega el domingo a la plaza

y está el bailoteo

como el Sol de alegre,

vivo como el fuego,

no parece sino que una nube

se atraviesa delante del cielo;

no parece sino que se anuncia,

que se acerca, que pasa un entierro…

… … … … … … … … … … … …

Me lo dijo un mozo:

¿Ve usted esos pañuelos?

pues se cuenta que son de otras mozas…

¡De otras mozas que están ya pudriendo!…

Y es verdad, que parece que güelen,

que güelen a muerto…

Gabriel y Galán – ¿Qué tendrá?

El prólogo se te ha ido de las manos

escribir un prólogo
C

Por algún motivo que nadie ha desentrañado todavía, a las escritoras se les suele ir la mano a la hora de escribir el prólogo. Como si hubiera un límite de páginas para la novela y tuvieran que compensarlo con paratextos.

Si vas a escribir un prólogo, haz que sea corto, que sea preciso y que aporte algo no solo a las lectoras sino a la novela.

Y si no, no escribas un prólogo. Escribe una buena novela que, de verdad, no necesite presentación.

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10 pensamientos en “Si vas a escribir un prólogo ¡Cuidado con estos errores!

  1. Tengo un prólogo en mente. Bueno, qué narices, está escrito y revisado. Se trata de una conversación entre dioses que Liga directamente con el desenlace de la obra. ¿Cómo lo ves?
    Debería aprovechar el prólogo para situar históricamente a la lectora, en su lugar?

    1. Pues depende, como todo.

      Me dices que liga con el desenlace, pero ¿da información nueva e imprescindible o es un capricho tuyo? Ojo, que no tengo nada en contra de los caprichos… siempre que sumen.

      En «De brujas y gigantas», de David Pierre, había también un prólogo que tenía que ver con el desenlace y mi propuesta fue quitarlo y añadirlo en forma de epílogo. Los epílogos casi nunca molestan porque para cuando la lectora ha llegado hasta ellos, está todo el pescado vendido.

  2. Muy útil tu artículo. Si me lo permites, por favor, tengo una par de dudas:
    ¿Cuál es la diferencia entre Prólogo, Prefacio e Introducción? (Wikipedia y muchas páginas dicen muchas cosas dispares). ¿Se pueden dar los 3 en un libro de fantasía?
    Y si se quisiera hacer como El Quijote o similar, ¿cómo se haría? Por ejemplo: John cuenta que va a transcribir la historia de Manolo, que, a su vez, se la encontró en un manuscrito de Mafalda sobre una historia contada a ella por Martha.
    Muchas gracias por tus artículos. Un saludo.

    1. Hola!
      Me alegra que te parezca útil.
      Hay varios artículos por ahí que hablan de la diferencia entre los tres términos que comentas. La mayoría demasiado sutiles. En general, los prólogos no los escribe el autor, los prefacios si son obra de este y se refieren a aspectos más o menos técnicos y/o personales y las introducciones tienden a ser más laudatorias. Así, en líneas generales.

      En cuanto a tu otra pregunta, no sé si la entiendo muy bien, pero parece una cuestión de fórmula de manuscrito hallado en una botella, dentro de otra botella, dentro de otra botella… Lo mejor es que copies a Cervantes. Siempre y cuando el contenido no sea un plagio, experimentar con diferentes formas usadas por los maestros es una forma perfecta de aprender y mejorar.

      Un saludo!

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