Alicia Pérez Gil

5 desastres que puedes evitar al escribir una novela

Quieres escribir una novela. Has nacido para escribir una novela. No nos engañemos: ya has empezado a escribir, no una novela, sino la novela del siglo XXI. ¿Estoy en lo cierto? Seguro que alguna de las afirmaciones anteriores encaja contigo. De otra manera, no sé qué haces aquí, aunque te doy la bienvenida de todos modos. Sea como sea, estas a punto de descubrir 5 desastres de magnitudes cósmicas que tienden a suceder a escritores noveles y que puedes evitar.

Escribir una novela escritores noveles
  • Es culpa del perfeccionismo, pero recuerda: lo mejor es enemigo de lo bueno
  • Te retrasa, mina tu autoestima y convierte tu obra en un monstruo de Frankenstein.
  • Si no te deshaces de este hábito, te costará mucho terminar una obra más larga. 
  • Desactivar a tu editora interna es sencillo. Más adelante verás cómo se hace.
  • Las protagonistas a las que no les pasa nada tienden a aburrir.
  • Recuerda que las lectoras desean finales felices, pero solo tras muchas dificultades.
  • El peor personaje es aquel que no tiene defectos.
  • Para solucionarlo, conecta al personaje con la trama y a la trama con el personaje (más abajo te explico cómo).
  • Debes hacer que tu protagonista lo pase mal.
  • Son aquellos en los que una conversación no tiene nada que ver con la trama.
  • Suelen estar plagados de cabezas parlantes.
  • La escena no se ve. Pesa más el contar que el mostrar.
  • Todos los personajes hablan igual.
  • En el punto tres del artículo te doy un checklist para mejorar tus diálogos y hacerlos relevantes,
  • Los escritores noveles suelen confundir problemas puntuales con conflictos.
  • Los conflictos son ejes vitales a la hora de escribir una novela.
  • Las crisis pueden convertirse en puntos de giro.
  • Para que haya tensión tus lectoras deben preocuparse por lo que pasa.
  • Tensión no es sinónimo de acción trepidante.
  • Importa más el significado de lo que escribes.
  • Al final del artículo te muestro varias técnicas para mejorar la tensión de tu novela.

Porque a veces es más fácil aprender con dibujos.

Error 1: editar en lugar de escribir una novela

No puedes evitarlo, el germen de la edición vive en tu cabeza y te habla. Oyes voces. Es el perfeccionismo, que te acosa y te suelta lindezas de este tipo:

  • ¡Uy! Pues esa frase suena fatal, ¡corre! ¡Cámbiala!
  • ¿En serio vas a escribir una frase de cuatro renglones?
  • Esto no es escribir una novela, esto es repetir la misma palabra mil veces. ¡Usa un diccionario!
  • Si entregas esto en una clase de primaria, te suspenden, así te lo digo.
  • ¡¿Pero qué quiere decir esa frase?! ¡Si no la entiendes ni tú!

Entre las tareas que te recomiendo que emprendas antes de empezar a escribir una novela, está el asesinato. Es así. Necesitas meterte en tu cabeza y matar a esa vocecilla. O al menos secuéstrala y prométele que la dejarás salir en el momento adecuado.

Una buena editora interna es crucial para el proceso de revisión del primer borrador, pero puede resultar más dañina que un escape nuclear en las primeras fases del proceso creativo.

La mala noticia es que se trata de un ser listo y taimado. Sabe que suele tener razón e, incluso si la encierras en lo más recóndito de tu mente, se las apañará pasa señalarte tus errores. Es entonces cuando debes ser fuerte. No la escuches. Porque, si le haces caso, se hará más fuerte y las arenas movedizas de la perfección habrán detenido el avance de tu escritura para siempre.

Para escribir una novela sin enloquecer en el intento, adapta el dicho: no alimentes al troll ni a tu editora interna.

Al menos, no durante tu primer borrador.

¿Cuál es el efecto de la editora interna que trabaja durante la primera fase de escritura de una novela?

Tú crees que editar a medida que escribes hace que el relato final sea una maravilla que no necesita corrección ni nada que se le parezca. En algunos casos, esto puede ser así. Hay personas cuyos cerebros funcionan de manera diferente. Para la mayoría, lo que sucede es algo muy distinto:

Al modificar a medida que escribes, te pierdes en los detalles y hay muchas probabilidades de que, lo que podría haber sido un borrador con problemas, pero coherente, se convierta en un hijo natural del monstruo de Frankenstein.

¿Cómo se desactiva a la editora interna para escribir una novela?

Si quieres escribir una novela con coherencia interna, que sea fácil de corregir y que tenga sentido en sí misma incluso en su etapa de primer borrador, tienes que desactivas a tu perfeccionista interior. Me consta que esto va a crearte urticaria, pero es necesario.

Déjame que repita que si no percibes a esa editora como un problema quizá no lo sea (todas las reglas no están hechas para todas las personas). De todas maneras ¿por qué no probar a ver qué pasa? En la página web de New York Editors he encontrado estas formas de mantener en silencio a la editora interna hasta que resulte oportuno dejarla hablar. Algunas de ellas son… peculiares.

escribir una novela

1. Escribe con la pantalla en negro

Si trabajas con ordenador, baja el brillo de la pantalla al máximo. Asusta, pero  funciona. Te garantizo que la sensación inicial va a ser de extrañeza, pero luego se transformará en una especia de liberación. Manteniendo a tu editora interna en la más completa oscuridad, no tendrás la irresistible necesidad de volver a escribir esa frase o fragmento hasta que llegue el momento de editar. Más que nada, porque no podrás verlo para corregirlo.

Escribir una novela con la pantalla en negro te asegura que vas a llenar el texto de erratas. Y, como los hábitos son tramposos y ladinos, sabrás que has metido la pata en el mismo momento en que suceda. No importa. Respira hondo y no se te ocurra mirar. No mires: la pantalla es negra y alberga horrores. O en este caso errores que, para tu tranquilidad, seguirán ahí, encantados de que los corrijas, cuando termines de escribir el borrador de la novela.

Como alternativa, siempre puedes cambiar la fuente a blanco para que coincida con el color del fondo del documento.

Hemos hecho este experimento en los grupos de trabajo de los viernes y el resultado ha sido abrumador: las personas que más despacio escribían, multiplicaron las palabras de una sola sesión por tres.

También es cierto que, para quienes no tiene problemas con sus editoras internas, la prueba no fue tan buena. De todas formas, no pierdes nada por probar.

2 Distrae a esa vocecilla con un hueso: ponte un límite de palabras

Reconozco que este truco no me sirve porque tengo una relación extraña con mis límites. Tiendo a no respetarlos de antemano y me genero altísimas cuotas de frustración. Pero quizá a ti si te sea útil.

Por lo visto, las editoras internas se entrometen menos si les dices que podrán hacer de las suyas después de que pase algo. Ese algo puede ser que escribas mil palabras, que te prepares un café o que llegues a la escena donde el mago muestra por fin sus poderes. La trampa funciona mejor si la acotas con un periodo de tiempo específico. Pero, cuidado, no quieres ponerte metas que no puedas cumplir. Se honesta con tus capacidades y úsalas para vencer a tu enemiga, no para crear otra nueva.

A lo mejor tu editora interna es buena gente y no le importa negociar. En ese caso, más que ponerte un límite de palabras, puedes probar a dejarla salir de su celda al final de cada sesión de escritura. Pero, recuerda: vas a escribir una novela, no a hacer una colcha de retales. No te engañes y sé fuerte.

Error 2: sobreproteger a tus personajes

A nadie le gusta pensar de sí misma que es una mala persona. A las escritoras, menos que a nadie. Lo malo es que, como ya decía en Escribir desde los cimientos, hay un poso malvado en la mayoría de las lectoras.

Así que siento si no puedes soportar la idea de que a tu querida protagonista le pase nada malo. Tu labor al escribir una novela es crear personajes que le importen a la lectora de la misma manera que a ti. Tienes que procurar que tu público sienta hacia tus protagonistas y tus antagonistas lo mismo que tú. O, por lo menos, que sientan algo.

Pero eso no es todo: debes estar dispuesta a dejar que tus personajes sufran, tropiecen y caigan de bruces. Necesitas mostrar sus defectos. Incluso los más agradables deben sufrir de vez en cuando.

Los personajes a los que todo les va bien tienden a aburrir a las lectoras. Así que remángate, porque debes evitar, al escribir una novela, que esta se convierta en un remanso de paz. ¿Cómo hacerlo?

No aísles al personaje de la trama

escritores noveles escribir una novela

Hay dos grandes debates en el mundo:

  • ¿Qué fue primero, la gallina o el huevo?
  • ¿Qué es más importante, la trama o el personaje?

No tengo ni la menor idea en cuanto al primero y cada vez que pienso sobre ello entro en bucle, así que trataré de resolver el segundo. Y lo haré según el método socrático, o sea, mediante preguntas capciosas que te conducirán a la única solución posible.

Primera pregunta capciosa: Si la trama es una serie de acontecimientos ordenados de una manera determinada, ¿a quién le suceden esos acontecimientos?

Segunda pregunta capciosa: ¿Si uno o varios personaje comparten un escenario y no ocurre ningún evento, ¿hay trama?

Efectivamente, en las mejores novelas el personaje y la trama son igualmente importantes, hasta inextricables. Para crear una historia convincente, debes trabajar ambos. Descubrirás que existe un delicado equilibrio entre los dos.

Cómo usar el personaje para escribir una novela que avance

Hay libros enteros que hablan sobre esto y cursos dedicados a estructurar personajes y dotarlos de tridimensionalidad. Te doy aquí algunas pinceladas para que sepas por dónde seguir investigando:

Es vital que averigües qué le importa a tu protagonista. Imagina que tu personaje principal se ha encontrado con una sirena en un desierto. La historia va a partir de ahí. ¿Qué es lo importante para tu protagonista?

  • Lo extraño de la situación.
  • El flechazo instantáneo que ha sufrido.
  • Lo caras que se venden las escamas de sirena

Estas tres motivaciones te llevarán a historias diferentes.

También debes investigar por qué no puede obtener lo que desea. Elegir entre las tres posibilidades de arriba te abre otra serie de decisiones que tomar. Porque, cuando a tu protagonista le importa algo, es función de la autora, ponerle difícil que lo consiga. Tomemos la primera opción:

  • Lo extraño de la situación.
    • Por eso intenta alejarse de ella. A tu prota no le gustan las cosas raras. En este caso, puedes evitar que la pierda de vista haciendo que ella lo siga incansablemente.
    • Se siente inmediatamente feliz porque la sirena es un ser mágico asociado al agua y ver a una viva en un desierto confirma sus teorías de que las sirenas llegaron a dominar la tierra. Entonces la sirena desaparece y la protagonista debe buscarla.
    • Tu protagonista pasa la novela tratando de convencerse de que esa sirena que no solo ha visto, sino que ha salvado y llevado a casa, no existe. La sirena, por supuesto, se hace amiga de la novia de tu protagonista.

Ahí es donde nacen las primeras señales de que hay una trama. Comenzaste con dos personajes en un escenario y sus acciones y decisiones han dado lugar a una serie de eventos que forman un principio de historia.

Cómo usar la trama para desarrollar tu personaje

Hay más de una manera de hacer bien las cosas. Si prefieres trabajar a partir de los personajes puedes seguir el método anterior. Si eres más de trabajar a partir de los acontecimientos para escribir una novela, esto te gustará.

Para que los personajes resulten atractivos deben ser imperfectos. Pero, igual que las personas de carne y hueso, no van por tu novela enarbolando pancartas que revelen su verdadera personalidad. Por ello, debes enfrentarlos a situaciones que consigan resquebrajar sus armaduras.

Haz que tu protagonista se conozca a sí misma poco a poco. Para ello puedes emplear hechos dramáticos que la enfrenten a dilemas irresolubles. Tipo La decisión de Sofie. No hace falta que te lances locamente en brazos del melodrama. Hasta hay un juego que se basa en esta dinámica. Y también puedes consultar el dilema del tranvía.

Al hacer que el personaje no alcance su objetivo, pero aprenda de él, estás utilizando la trama para crear el personaje.

Cómo crear personajes atractivos al escribir una novela

¿Te ha pasado alguna vez en la vida real que conoces a alguien y te cae fenomenal y no sabes por qué? O justo lo contrario: te presentan a alguien y lo odias a primera vista.

Los mecanismos para que suceda una de ambas son muy complejos. Pero, a la hora de escribir una novela, podemos reducirlos a uno: familiaridad. No es este el único aspecto que debes trabajar, pero te servirá para empezar a darle forma al primer borrador.

Además, hay algunas características que hacen a una persona atractiva de manera más o menos general. Quienes gustan a todo el mundo suelen poseer muchos de estos elementos:

  • Sentido del humor
  • Valor
  • Modestia
  • Honestidad
  • Inteligencia

Para crear un personaje atractivo pero familiar, asequible, con quien las lectoras puedan identificarse, muéstralo como alguien  a quien te gustaría conocer. Pero ten cuidado y no te pases con los rasgos positivos. Los personajes perfectos no le gustan a nadie. Tu objetivo siempre debe ser crear un ser humano defectuoso cuyos buenos rasgos estén en constante oposición a los malos. A medida que escribas decidirás si gana la parte buena o el lado oscuro.

escribir diálogos

Error 3: escribir una novela llena de diálogos vacíos

La famosa máxima «muestra, no cuentes», es más válida que nunca en los diálogos. Voy a remitirte a este artículo de LM Mateo donde explica un montón de técnicas que puedes usar y, sobre todo, te tranquiliza. Al fin y al cabo, a veces es necesario contar.

Sin embargo, escribir una novela llena de párrafos compuestos con palabras incapaces de conjurar imágenes o acciones es sinónimo de perder lectoras a velocidades supersónicas.

Pero hoy no vamos a hablar de eso, porque ya lo hicimos cuando dedicamos un artículo completo al infodumping. Así que vamos a hablar de mostrar y no contar en los diálogos, una de esas tareas que siempre parecen inasequibles. Muchos escritores noveles usan los diálogos para lucirse y se olvidan de que, para escribir una novela que se sostenga, todos los elementos deben ser relevantes para la trama.

  1. Sigue las reglas de puntuación de los diálogos. Para mí son una especia de hechizo de magia negra, pero hay que hacer lo posible por dominarlas. Sigue las instrucciones de este artículo de Literup.
  2. Los verbos dicendi no son tus amigos. Puedes llevarte bien con «dijo» y con dos o tres más, pero no abuses de ellos. Utiliza la proxemia cuando puedas. Revela mucho más sobre tus personajes y su entorno que casi cualquier cosa.
  3. Antes de lanzarte a escribir líneas de diálogo, prepara la escena. Así no tendrás que interrumpir a los hablantes para describir la habitación. Así el diálogo ganará en ritmo.
  4. Es mejor que dotes de una voz única a cada personaje. Al fin y al cabo, uno de los retos de escribir una novela es crear personajes tridimensionales y para eso debes trabajar su modo de hablar. Entre otros. Además, es un error muy común de escritores noveles hacer que las ancianas de ochenta años hablen igual que los niños de ocho.
  5. Los diálogos deben ser realistas, pero no demasiado reales. En la vida real entrecortamos frases, no terminamos las palabras, repetimos conceptos… Todo eso no funciona a la hora de escribir una novela. Puedes cortar alguna frase, pero no todas. Resultaría demasiado confuso para tus lectoras.
  6. Evita los diálogos triviales. No hacen avanzar la trama y por tanto se consideran paja. Todo lo que aparezca en tu novela debe estar ahí por un motivo.
  7. Los monólogos no suelen ser buena idea. Ni tampoco resultan muy comunes en la vida real, ¿no? Si tienes un personaje muy hablador que no se calla ni debajo del agua, no puedes dejarlo a sus anchas. Interrumpe el discurso de vez en cuando y deja que tus lectoras vean qué hacen los demás personajes.

Error 4: Confundir crisis y conflicto

¿Sabes cuál es la diferencia entre conflicto y crisis? ¿Y sabes cómo pueden afectar tanto a tus personajes como al desarrollo de tu novela?

No es la primera ves que hablamos de cómo crear conflictos, así que vamos a centrarnos en cómo mejorar el oficio de los escritores noveles con la cantidad justa de tensión.

¿Cuál es la diferencia entre crisis y conflicto?

Una crisis suele ser una emergencia, un accidente o una enfermedad. Es algo que le sucede al personaje, un evento que puede suceder rápidamente y sin previo aviso.

Un conflicto es una lucha, a menudo, moral. Puede concretarse en una lucha entre el protagonista y el antagonista, o en algún otro tipo de enfrentamiento externo. También puede tratarse de una lucha interior.

Esta es una de esas cuestiones básicas para dar el salto y pasar del grupo de escritores noveles al siguiente nivel.

La tensión es el presagio de que se avecina un conflicto. Es como el ruido que oyes al otro lado de la ventana por la noche cuando estás sola en casa. Entonces te quedas en silencio, aguantas la respiración y esperas que pase cualquier cosa. Estás en tensión. El monstruo todavía no ha aparecido, pero tus músculos y todo el estado de alerta en que se encuentra tu cuerpo asumen que pronto lo hará.

elementos del relato

Error 5: escribir una novela sin tensión

El error más común de escritores noveles que se enfrentan a sus primeras obras suele ser que estas son aburridas.

Y no necesariamente porque no haya en ellas docenas de acontecimientos, sino porque no consiguen que esos eventos nos importen. Sus novelas y relatos carecen de tensión. 

Crea personajes que importen a la gente

Tu protagonista no tiene que ser una santa (ni una pecadora), pero debe ser tan real como te permita tu capacidad y fácil de identificar. Repasa el apartado dedicado a hacer sufrir a tus protagonistas.

Incluso si no es una mujer del todo agradable, debería tener algo que permita que las lectoras empaticen con ella. Si al escribir una novela consigues desarrollar personajes a los que tus lectoras animen, a quienes adviertan de que no crucen una puerta o por quienes suspiren, la tensión se creará casi por sí sola. Tu público no quiere que tu protagonista acabe mal, pero tampoco que le diseñes una vida de lujo y placer. Ponla en situaciones comprometidas.

Escribe diálogos que aumenten la tensión

Nada mejor que enfrentar a protagonista y antagonista cara a cara.

Un personaje secundario puede amenazar a tu protagonista o viceversa. Tu diálogo puede ser explosivo, pero debes estructurarlo correctamente.

Para crear un diálogo y una narrativa tensos, usa frases cortas y precisas. Las frases más largas transmiten sensación de sosiego. Cuando las lectoras leen rápidamente y las enfrentas a conceptos diferentes en poco espacio, las agobias: creas tensión. Por eso funcionan mejor en este caso las frases cortas.

Juega con los cambios de ritmo

Es difícil enseñar a escribir una novela porque muchos de sus elementos se comprenden por intuición. Por eso, el mejor consejo para escritores noveles siempre es que lean mucho y que lean críticamente.

Tu historia debe alternar entre energía y calma. Al igual que una montaña rusa, debes dejar que tus lectoras descansen y tomen aire antes de  lanzarlas a escenas más emocionantes. El flujo y reflujo en la acción crea tensión.

Al escribir sobre hechos reales de la vida, tómese el tiempo para establecer la escena y el problema. Resalta a los jugadores clave. Concéntrese en cómo los otros personajes se oponen o trabajan para el protagonista.

Cómo usar otros personajes para crear tensión

Cuando te pongas a escribir una novela ten una cosa en cuenta: estás entrando en la casa de Gran Hermano. Esta es una de las cuestiones que más quebraderos me trajo a mí en mis años de escritora novel. Todos los personajes entran en la historia con su propia motivación, y algunos serán diametralmente opuestos. O puede que todos quieran lo mismo y que el hecho de que uno lo consiga suponga el fracaso del resto. Este puede ser un gran reto para escritores noveles. Puedes solucionarlo diseñando los personajes con cuidado.

Puedes usar a tus personajes secundarios, sus ansias y sus defectos para interponerse entre tu protagonista y su objetivo. La reacción de tu personaje principal ante esas interferencias puede ser uno de los momentos más divertidos de escribir una novela y además te enseñara mucho sobre tu personaje.

Utilizar el diálogo interno para crear tensión

Tu personaje puede, y a menudo lo hará, luchar consigo mismo antes de tomar una decisión. A muchas lectoras les encantan esos conflictos internos.

La web de psicología La mente es maravillosa es un recurso genial para escritores noveles que puedes usar para crear personajes. En el artículo que he enlazado habla de cuatro tipos de diálogo interno que te ayudan a definir la personalidad de tus protagonistas. Si los usas bien, verás que serán útiles para decidir algunos asuntos de la trama.

Por ejemplo, si trabajas con un personaje que constantemente se habla a sí misma con insultos, que se dice que no es capaz, etc. Es probable que, ante cualquier peligro, se quede congelada. Si tu protagonista cree que todo el mundo está en su contra, tenderá a ser más agresiva, seguramente.

Así trabaja Mark Twain los pensamientos íntimos de sus personajes en Los diarios de Adán y Eva.

Lunes

Esta nueva criatura con el pelo largo anda todo el día por medio. La tengo siempre alrededor mío y siguiéndome. Lo cual no me gusta, pues no estoy acostumbrado a tener compañía. Preferiría que se quedara con el resto de animales… Hoy está nuboso, sopla viento del Este; creo que nos va a llover… ¿Nos? Pero, ¿de dónde ha salido esta palabra? Ah, ya me acuerdo: la utiliza la nueva criatura.

Martes

He estado examinando la gran cascada. Creo que es lo más bonito de esta propiedad. La nueva criatura la llama las cataratas del Niágara… Pero no sé muy bien por qué. Dice que la cascada se parece a las cataratas del Niágara. Esto no es una razón; es simple rebeldía y necedad. Yo no tengo oportunidad de ponerles nombre a las cosas. La nueva criatura bautiza todo cuanto se le presenta por delante, antes de que yo pueda siquiera protestar. Y siempre con la misma excusa: que si se parece a esto o aquello. Está el dodo, por ejemplo. Apenas verlo, dice que aquello «parece un dodo». No habrá más remedio que dejarle ese nombre. Me harta tener que preocuparme del asunto y, por otra parte, no sirve de nada.

¡Dodo! Ese animal se parece tanto al dodo como yo.

Y, recuerda, para aprender a manejar los elementos del relato, nada mejor que este Patreon con talleres literarios y una gran comunidad con la que compartir tus inquietudes literarias.

Infografía: 5 DESASTRES QUE PUEDES EVITAR AL ESCRIBIR UNA NOVELA
Entradas creadas 180

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *