Artículo sobre el arquetipo de la femme fatale

Siguiendo con la idea de los arquetipos con la que comenzamos esta serie de artículos, en esta ocasión nos vamos a centrar en uno que, a nuestro parecer, es muy interesante: la femme fatale.

La femme fatale: Jung

Si seguimos la teoría de los arquetipos de Jung, nos encontramos con uno denominado “La madre” que posee dos vertientes: una revestida de connotaciones positivas (la madre o la hija) y otra negativa (la bruja, la muerta o la mujer bestia) (Jung, 2009:115).

A nosotros no nos interesa hablar de los rasgos o características que poseen la madre o la hija, sino de lo que él denomina “la madre terrible” y que nosotros, para adecuarnos más al lenguaje que solemos manejar, hemos decidido denominar la femme fatale. Un arquetipo que posee rasgos asociados a la muerte, a la oscuridad y a lo que renace (2009:115).

La femme fatale vs la madre

Los rasgos que esta madre terrible posee se han ido dibujando a lo largo del tiempo, aunque en muchas ocasiones el personaje ha aparecido al lado de una madre. Un ejemplo claro lo vemos en “El hombre de arena” de Hoffman, en el que nos encontramos con Olimpia, que se nos presenta como la femme fatale y con Clara, que sería la novia fiel y entregada.

Es con la llegada del Romanticismo que todas las visiones que habían tenido los pueblos de la feminidad que empiezan a aunarse, representando a la mujer como una donna angelicata (Pujante, 2017:233-235) que posee todos los rasgos positivos de la mujer y que se identifica con Clara en “El hombre de arena” de Hoffman, pero que también se identifica con Swahilda en “no despertéis a los muertos” de Tieck o Lady Rowena en la “Ligeia” de Poe. Serán estos tres relatos los que utilizaremos para ejemplificar estos rasgos.

Femme fatale ángel y demonio

Ángeles o demonios

Las tres mujeres arriba mencionadas son las que podemos identificar con la mujer angelical y las tres poseen los mismos rasgos: rubias, ojos claros y dispuestas a perdonarle todo a su amante. Otro rasgo curioso es que, salvo Clara, son las segundas esposas del protagonista.

Las mujeres fatales, en cambio, se presentan siempre como seres fríos, con una gran inteligencia y con unas características físicas que se salen de los cánones clásicos: por lo general poseen el cabello y los ojos negros como ala de cuervo. Estas mujeres aparecen idealizadas en extremo y con una cara demoníaca y perversa que el hombre solo descubre al final de su vida.

Estas representaciones de las mujeres han sido explotados en la literatura a lo largo de los siglos y el de la femme fatale se nos presenta como un arquetipo claro de la literatura de terror. A diferencia de lo que ocurría con lo siniestro, mencionado en el artículo anterior, el papel de la mujer dentro de la literatura fantástica y de terror siempre ha sido el de provocar la pesadilla y el temor en los hombres, debido quizá a que nunca la han podido comprender en su plenitud (Pedraza, 1983:13).

Revenant: mujeres muertas que regresan a la vida; una versión distorsionada de la femme fatale

Uno de los motivos más recurrentes dentro de la literatura fantástica y de terror relacionado con la mujer, es el tema de revenant o mujer muerta que vuelve a la vida (Pedraza, 2004). En nuestro imaginario no es extraño encontrarnos con la representación de la mujer muerta, sobre todo durante el Barroco, momento en el que parece adquirir una fuerte carga erótica (Pedraza, 2004:23).

Con el Romanticismo cambia la percepción del cuerpo femenino muerto y, como nos dice Pedraza “se vuelve siempre excusa para ofrecer un cuerpo que la muerte vuelve más deseable” (2004:24). Esto se refleja en la literatura con la representación de mujeres hermosas que, sin embargo, al morir parecen adquirir una belleza mayor.

Las mujeres que regresan lo suelen hacer llamadas por amor y el deseo de su amante, que no es consciente de los peligros que conlleva este regreso a la vida. Todo muerto ha sido tocado por una divinidad, no importa que esta sea benefactora o diabólica, y posee un cuerpo corrupto por la podredumbre de la carne (Pedraza, 2004:77) y, como tal, debe regresar al lugar del que nunca debió salir. En el imaginario occidental, los amantes que invocan a la amada muerta solo ven que, mientras han estado enterradas, se han vuelto más hermosas, sin percatarse de que su personalidad se ha trastocado, como veremos a continuación en los textos seleccionados.


Brujas, sapos y akelarres - Pilar Pedraza

Pilar Pedraza lleva a cabo un recorrido histórico y temático por los momentos y lugares más relevantes de la brujería a través de los tiempos, deteniéndose en aquellos aspectos que generalmente son menos conocidos.

Las brujas vuelan desde la antigüedad y son capaces de quebrantar las leyes de la naturaleza y de los dioses.

La autora nos habla en primer lugar de las brujas divinas, Hécate, Circe y Medea, para pasar luego a las de estirpe más popular. 

Análisis de tres relatos que presentan el arquetipo de la Femme Fatale

Citas de ludwig tieck

Estas muertas que regresan, bien sea por la imploración del desconsolado amante o bien por obra de poderes ocultos, vuelven convertidas en seres malignos y peligrosos, como nos demuestra Ludwig Tieck en el relato “No despertéis a los muertos”[1], que comienza con el joven Walter llorando frente a la tumba de Brunhilda, la esposa muerta, a la cual le implora que regrese a la vida porque su mujer y sus hijos no pueden llenar el vacío que ella dejó.

            Una noche, mientras llora junto a la tumba de la esposa fallecida, se encuentra con un brujo que le reprocha por llorar a la muerta diciéndole: “— ¿La van a despertar tus lamentos? Y si pudieras despertarla ¿no te reprocharía ella haber turbado ese reposo en el que ahora duerme serena?” (Tieck, 2014:23).

Ante estas palabras el joven Walter monta en cólera, reprochándole al brujo que no entiende lo que es el amor, a lo que este le responde que es capaz de devolver a la vida a Brunhilda, no sin antes advertirle que no debería hacerlo y que es mejor dejar en paz a los muertos, pero Walter, ciego de amor, le insta a hacerlo.

Después de advertirle tres veces que no debe despertar a los muertos, y después de que por tres veces Walter se niegue a escuchar sus palabras, Brunhilda regresa a la vida tras un ritual en el que el viejo brujo vierte sangre sobre la tumba de la joven mientras le ofrece un licor mágico:

–Bebe, durmiente, de este cálido licor, para que tu corazón pueda latir de nuevo en tu pecho –y tras una breve pausa, derramando sobre ella otro líquido misterioso, gritó con la voz de un inspirado–: Sí, otra vez late tu corazón con el fluido de la vida; tus ojos se han abierto nuevamente a la visión. Así pues, levanta, y sal de la tumba (2014:27)

https://www.youtube.com/watch?v=saCiWuUPtdU

Con este ritual que el viejo brujo realiza, Tieck ya va aventurando la clase de ser que ha regresado de la tumba, y que, aunque en apariencia sea la misma Brunhilda que se fue, pero más hermosa, su personalidad es otra.

Debido al embrujo de Brunhilda, Walter se separa de su esposa y lleva a Brunhilda a su antiguo hogar, en donde pronto todos comienzan a sentir temor ante ella debido a su increíble parecido con la esposa fallecida:

El singular parecido entre la nueva señora y la difunta Brunhilda los llenaba de secreto recelo e indefinible horror; porque no apreciaban ni una sola diferencia en sus facciones, ni en su gesto, ni en el tono de la voz. Además de estas misteriosas circunstancias, sus doncellas descubrieron una marca peculiar en su espalda, exactamente igual a la que había tenido Brunhilda (2014:33)

Pero a este increíble parecido se le unen, además, extraños comportamientos de la señora, que incluye hechos como el no llevar objetos de oro y no permitir que el sol toque su piel, además de la llegada de la desgracia a la región, pues todos los niños y jóvenes pronto empiezan a caer enfermos, languideciendo y consumiéndose poco a poco.

Estos hechos, unidos a las palabras y a los actos que llevó a cabo el brujo en el momento de la resurrección, nos hacen comprender rápidamente la clase de ser que ha regresado de la tumba. Todos descubren la verdadera naturaleza de Brunhilda, todos salvo Walter quien, no sabemos si hechizado por ella o a causa del amor, no se percata de ello hasta que es demasiado tarde y sus hijos perecen.

https://www.youtube.com/watch?v=MhGpeF-N0d0

Cuando Walter se da cuenta de que su esposa es un vampiro, ella le recrimina el haberle devuelto a la vida, ya que al hacerlo la ha convertido en un monstruo que necesita de la sangre para poder vivir:

–¡Criatura bebedora de sangre! –prosiguió Walter–: ha terminado el delirio que hasta aquí me ha tenido ciego. Tú eres el demonio que ha destruido a mis hijos… que ha dado muerte a los hijos de mis vasallos.

Se levantó Brunhilda, y lanzándole una mirada que le dejó paralizado, contestó:

–No soy yo quien los ha matado; yo me veo obligada a saciarme con sangre caliente de jóvenes para poder satisfacer tu deseo frenético; ¡eres tú el asesino! (Tieck, 2014:36).

Llegados a este punto, es interesante pararnos a reflexionar sobre las palabras pronunciadas por Brunhilda, a la que Walter acusa de ser un monstruo, porque la verdad sea dicha, ella nunca quiso regresar de entre los muertos, sino que fue el deseo de su esposo que ella volviese a la vida, por lo que, realmente, el culpable de todas las muertes sí que fue Walter, no Brunhilda, porque como ya hemos dicho, el ser que vuelve de la tumba ha comenzado a pudrirse, posee un cuerpo corrupto que, en el caso de los vampiros, debe alimentarse de la sangre de los seres vivos para poder subsistir. Tras esta conversación, Walter parece enloquecer presa de la culpa, y aunque intenta librarse de la maldición, no lo consigue hasta que la muerte le alcanza. Aquí podemos recordar las palabras de Pedraza que nos decían que podemos sentir incluso pena por el monstruo porque la sociedad le ha hecho así (Pedraza, 2008:30).

[1] Ante esto tenemos que hacer notar que dentro de la literatura nos podemos encontrar con excepciones, como la de “Berenice” de Poe (2009:291-300), en las que la muerta que regresa no lo hace con intenciones de buscar venganza o crear dolor a los humanos, sino que se muestra como un ser protector.

María Acebes - colaboradora de Aliciaperezgil.com

Estos son los artículos anteriores de la serie Arquetipos de terror. Si este te ha gustado, ¡No te los puedes perder!

1.- Arquetipos del terror: Introducción

2.- Lo siniestro

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