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‹‹Lo siniestro›› o ese miedo abstracto que todos compartimos

Como ya vimos en el artículo del mes pasado, todos tenemos miedos que se van repitiendo a lo largo del tiempo y que se manifiestan en el arte. Estos miedos comunes son lo que denominamos arquetipos. En esta ocasión hablaremos de «Lo Siniestro».

Lo siniestro según F reud

Definir lo siniestro puede ser complejo, ya que se tiende a confundir con lo angustioso (Freud, 1919). Podemos definir lo siniestro como todo el terror, todo el espanto, que afecta a las cosas conocidas transformándolas en algo desconocido; mientras que lo angustioso puede variar de un individuo a otro, ya que los hechos que nos producen terror cambian de un ser humano a otro.

Para Freud, una de las explicaciones de lo siniestro es el retorno de algo reprimido que se convirtió en angustioso, poniendo como ejemplo al autómata. Para explicarlo recurre a la Olimpia de El hombre de arena de Hoffman (Freud, 2008, p. 18), cuento que analizaré con profundidad posteriormente. Lo siniestro en este relato, según Freud, no está en la muñeca que cobra vida; sino en el arenero, que pretende arrancar lo ojos a los niños para después colocárselos a Olimpia.

Lo siniestro aquí vendría ocasionado, según Freud, porque los ojos representan el complejo de castración que Nataniel no ha podido superar y que ha reprimido.

EL doble como motivo de lo siniestro y sus diferentes manifestaciones

El doble como manifestación del terror y lo siniestro en literatura

La pérdida de la sombra o reflejo

La figura del doble es compleja, ya que hay diversas formas de que este se manifieste. Nos encontramos, por un lado, al hombre que pierde su sombra o su reflejo, que se constituyen en seres independientes de aquel yo primigenio.

Como nos dice Jung (1991) la sombra es una parte viviente de nosotros mismos, no podemos rechazarla ni huir de ella, por eso el hombre que pierde su sombra o su reflejo se siente incompleto.

Un relato que nos puede servir para explicar la importancia de poseer sombra o reflejo es, sin ninguna duda, “La historia del reflejo perdido”, de E.T.A Hoffman.

En esta historia, Erasmus Spikler, un respetable padre de familia, va a Florencia; en donde, a pesar de ser presentado como un juerguista, es fiel a su mujer y a su hijo. Pero todo se trastoca cuando aparece en escena Giulietta, que se nos presentará como una femme fatale, de la que parece caer enamorado inmediatamente:

—Sí, sí, tú eres mi vida, prendes en mí como una llama devoradora. Quiero hundirme en ti, déjame perderme en ti, quiero ser tú —gritaba Erasmus fuera de sí mientras Giulietta lo tomaba con ternura entre sus brazos.

(Hoffman, 2007, p. 42)

Giulietta se nos presenta como una mujer ladina y manipuladora por la que Erasmus incluso llegará a matar. Tras cometer el asesinato se ve obligado a abandonar Italia, pero antes de hacerlo, y presa del amor desesperado por la joven, le entrega su reflejo para que así una parte de él siempre esté con ella:

—Si pudiera pertenecerte por completo y para siempre – dijo Erasmus.

Se encontraban precisamente frente a un bello y gran espejo que colgaba de una de las paredes de la estancia, iluminado a ambos lados por las velas de dos candelabros.

Giulietta le estrechó entre sus brazos susurrándole:

—Permíteme que me quede con el reflejo de tu imagen en este espejo, oh, mi muy amado. Estarás a mi lado para siempre.

(Hoffman, 2007,p. 51)

Perder la sombra o el reflejo también es motivo de miedo

Tras perder su reflejo, Erasmus huye, y en su huida hacia su hogar, comienza a ser consciente de las consecuencias que tiene el haber perdido su reflejo. En la primera posada en la que se refugia le llaman mauvais sujet, homo nefas, es decir, hombre malvado, porque en la imaginería popular los hombres nefastos, los malvados, no poseen reflejo.[1] Tras este hecho, Erasmus tiene mucho cuidado de no colocarse frente a un espejo para que nadie descubra que ha perdido su reflejo y evitar así que se le confunda con un ser malvado.

Al llegar a su hogar, junto a su mujer y a su hijo, todo parece ir bien, nadie parece notar nada extraño hasta que un día, debido a un descuido, su hijo le coloca un espejo delante y descubre que no se ve su imagen. Asustada, su mujer lo expulsa de la casa pensando que es un demonio que intenta engañarla.

En la huida se encuentra con Giulietta, quien le dice que para poder estar juntos y recuperar su reflejo, debe romper todos los lazos que le unen a su familia. Erasmus se ve incapaz de hacerlo y entonces Giulietta y su ayudante se aparecen en la casa de Erasmus y casi le convencen para que firme con su propia sangre un documento por el que daría plenos poderes a este ayudante para acabar con su familia. Por suerte, la devota esposa aparece para evitar que Erasmus condene para siempre su alma y logra expulsar a Giulietta, aunque no logra que su marido recupere su reflejo.

 

El doble y lo siniestro. Una pequeña evolución

Parecen gemelos

Otra de las manifestaciones del doble es la entendida como dos personas similares en físico, actitud o incluso historia, ya que sus vidas, por uno u otro motivo, parecen estar vinculadas.

Para Otto Rank (1971), esta teoría se asemeja a la del narcisismo de Freud, que designaría aquellos casos en los que el individuo toma como objeto sexual su propio cuerpo (Freud, 1973). Esto impide que el ser se forme de manera equilibrada, siendo así el doble una morbosa representación de amor hacia uno mismo.

El cambio de cuerpos

Otra de las maneras en las que se nos puede presentar el doble es mediante el cambio de cuerpos, la búsqueda de un cuerpo más joven y vigoroso en el caso de un anciano o de un cuerpo sano en caso de enfermedad, como veremos en la leyenda nipona titulada “Ante la corte suprema”.

El tema del doble es algo casi tan antiguo como el ser humano, y en todas las culturas y momentos históricos nos podemos encontrar con él bajo otros nombres, como sosias o menecmo en la Grecia clásica;, Alter Ego en el Imperio Romano, vardögr en la mitología escandinava o doppelgänger en la literatura alemana del romanticismo. Todas estas nomenclaturas nos ayudan a entender la importancia que tiene el doble dentro del inconsciente colectivo, pero no es hasta el Romanticismo Alemán cuando el doble se constituye como tipo literario.

El doble en el Romanticismo

El motivo de que a partir del Romanticismo el tema del doble se convierta en problemático y en motivo de terror es la Ilustración. Antes del Siglo de las Luces todo era “lo maravilloso” y la Naturaleza no nos planteaba ningún problema, sin embargo, a partir del siglo XVIII se trata de dar una explicación racional a todo y cuando algo no es explicable, nos provoca miedo.

Lo maravilloso nos asusta porque no sabemos dónde está, como dice Jung “el hombre ha despertado en un mundo que no comprende, por eso trata de explicarlo y, cuando no puede, trata de interpretarlo” (Jung,1991,pag.38).

Pero no podemos olvidarnos de que todos tenemos dentro un yo irracional que no ha podido asumir ciertos motivos, entre ellos la muerte, por lo que no podemos evitar pensar que todo eso que no asumimos regresa para atormentarnos, para recordarnos lo que somos.

Anteriormente el tema del doble nos provocaba risa. Solo hay que pensar en las comedias clásicas; pero cuando empezamos a entender que hay cosas que no podemos explicar mediante la razón el doble se empieza a asociar con algo malvado y tenebroso, con todo lo que tenemos dentro y que no podemos o no nos atrevemos a exteriorizar.

Siebenkäs, de Jean Paul Richter

El tema del doble como motivo terrorífico aparece por primera vez en la novela Siebenkäs, de Jean Paul Richter, en el que dos amigos con un increíble parecido físico pretenden a la misma joven.

            Pero el doble que se identifica con las sombras que habitan en nosotros y que pueden incluso llegar a aniquilarnos, aparece por primera vez en el cuento “William Wilson”, de E.A. Poe.

En este cuento el doble actúa como la conciencia del joven Wilson impidiéndole cometer fechorías que, de ser descubiertas, acarrearían graves consecuencias para el protagonista.[2]

Rasgos del doble que lo hacen siniestro y perturbador

Excesivo amor por uno mismo

En su libro El doble, Otto Rank nos dice que las personas aquejadas de tener un doble tienen unos rasgos comunes como son el excesivo amor por uno mismo, la vanidad, el egoísmo etc. Y así lo vemos al comienzo del ya citado “William Wilson”:

En mi caso, la virtud se desprendió bruscamente de mí como si fuera un manto. De una perversidad relativamente trivial, pasé con pasos de gigante a enormidades más grandes que las de un Heliogábalo (Poe, 2009, p.57)

Final trágico

Otro rasgo común que acompaña a los dobles suele ser el final trágico. La muerte se produce por el deseo de librarse de ese otro yo suele llevar a cometer actos violentos, pero debido a las vinculaciones que existen entre ambos, el protagonista, o el ser que posee el doble, también acaba muriendo en una suerte de suicidio.

William Wilson: el doble y lo siniestro en Edgard Allan Poe

Hemos elegido un cuento de Poe en el que el doble parece identificarse con la contrapartida subjetiva del protagonista, reflejando así sus miedos.

En este cuento el protagonista tiene miedo de su doble desde la primera vez que aparece a pesar de que, aunque no puede recordarlo, sabe que han estado conectados de algún modo:

Sólo puedo describir la sensación que me oprimía diciendo que me costó rechazar la certidumbre de que había estado vinculado con aquel ser en una época muy lejana, en un momento de un paso infinitamente remoto

(Poe, 2009, p.62)

Pero todo comienza a cambiar cuando el protagonista cree que es buena idea gastarle una broma pesada a este doble, porque al entrar a su cuarto descubre que los rasgos del segundo William Wilson, el que era idéntico a él, no eran los suyos, sino otros distintos, por lo que encontramos la explicación al hecho de que nadie más pareciese notar ese parecido.

Su réplica, que consistía en perfeccionar una imitación de mi persona, se cumplía tanto en palabras como en acciones, y Wilson desempeñaba admirablemente su papel. Copiar mi modo de vestir no le era difícil; mis actitudes y mi modo de moverme pasaron a ser suyos sin esfuerzo, y a pesar de su defecto constitucional, ni siquiera mi voz escapó a su imitación. Nunca trataba, claro está, de imitar mis acentos más fuertes, pero la tonalidad general de mi voz se repetía exactamente en la suya, y su extraño susurro llegó a convertirse en el eco mismo de la mía.

No me aventuraré a describir hasta qué punto este minucioso retrato (pues no cabía considerarlo una caricatura) llegó a exasperarme. Me quedaba el consuelo de ser el único que reparaba en esa imitación y no tener que soportar más que las sonrisas de complicidad y de misterioso sarcasmo de mi tocayo. Satisfecho de haber provocado en mí el penoso efecto que buscaba, parecía divertirse en secreto del aguijón que me había clavado, desdeñando sistemáticamente el aplauso general que sus astutas maniobras hubieran obtenido fácilmente. Durante muchos meses constituyó un enigma indescifrable para mí el que mis compañeros no advirtieran sus intenciones, comprobaran su cumplimiento y participaran de su mofa.

(Poe, 2009, pag.63)

Tras hacer este descubrimiento, el protagonista decide abandonar el colegio en el que ambos estaban internados, y este es el momento en el que su vida empieza a perder el rumbo. Durante unos años parece olvidarse del doble, pero entonces, cuando su vida y su integridad moral corren verdadero peligro, este segundo William Wilson aparece para frustrar sus planes, hasta que aparece en una fiesta y el protagonista, cansado de que aparezca en los momentos más inoportunos, decide retarle a un duelo.

Cuando se están batiendo y el Wilson protagonista parece que ha terminado con la vida del doble, alguien llama a la puerta y, al girarse, William descubre que lo que tiene frente a él es un espejo y que la sangre que creía que brotaba de su enemigo está manando de su propio cuerpo. Las últimas palabras que escucha William, y que parecen venir de su doble son:

Has vencido, y me entrego. Pero también tú estás muerto desde ahora…muerto para el mundo, para el cielo y la esperanza. En mí existías…y al matarme, ve en esta imagen, que es la tuya, cómo te has asesinado a ti mismo

(Poe, 2009, pag.74)

La importancia de los espejos en la creación de lo siniestro

En este texto, además de los rasgos del doble, podemos ver la importancia de los espejos para crear este desdoblamiento y el terror.

Antes hemos mencionado que dentro de lo siniestro los espejos tienen un papel importante, ya que el desdoblamiento del yo en ocasiones se produce por la pérdida del reflejo. Pero, tal y como nos dice Jung (1991), el terror al mirarnos en un espejo proviene de que nos vemos tal y como somos, sin la máscara que nos cubre; nuestra imagen reflejada es nuestro verdadero yo, nuestra verdadera alma: somos nosotros mismos, y eso puede llegar a asustarnos.

¿Cómo se traduce lo siniestro occidental a obras japonesas?

Los arquetipos de lo siniestro en japón

Pero esto es dentro de la literatura occidental, ¿qué pasa cuando intentamos extrapolar esto a las obras japoneses? Después de leer una amplia selección de cuentos, novelas y leyendas japonesas, hemos podido llegar a la siguiente conclusión: en Japón el espejo actúa, como en Occidente, como un elemento que nos permite ver el alma de las personas, pero además nos encontramos con un aspecto mucho más perturbador, y es que los espejos poseen su propia alma, y esta es un alma femenina (Hearn, 2003, pag. 51).

En los mitos y leyendas japoneses no encontramos espejos que rejuvenezcan ni seres que no se reflejen en ellos, como nuestros vampiros, sin embargo si encontramos espíritus encerrados en ellos, seres inocentes y puros que fueron atrapados y condenados a cometer actos malvados. Tal es el caso de “La doncella del espejo” (Hearn, 2003, p.155), una joven que cae a una fuente, y es atrapada por el Dragón que en ella habitaba y obligada a atraer a hombres que, cautivados por su belleza, terminan por sumergirse en aquellas aguas y se ahogan.

[1] No sabemos de qué zona es Erasmus, solo que es del norte, así que podemos pensar en las historias de vampiros, que no se reflejan en los espejos.

[2] En ocasiones nos podemos encontrar con un doble que aparece para dar rienda suelta a toda la maldad que habita dentro del hombre y que no se atreve a expresarlas debido a las convicciones morales, como es El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde.

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