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Para qué sirven los sustantivos – Versión premium

Hace algunas semanas escribí un artículo muy parecido a este. Se llamaba ¿Para qué sirven los verbos? Una cuestión de acción. Y empezaba aquel artículo diciendo que la pregunta debería sobrar, pero el hecho es que no sobra. 

Pasa lo mismo con esta otra ¿cuál es la utilidad de los nombres? ¿Para qué sirven los sustantivos? Esto es algo que se estudia muy pronto en las escuelas, pero que algunas escritoras parecen haber olvidado. 

¿Qué es un sustantivo?

Me preguntas mientras clavas tu lo que sea que escriba en el soporte adecuado.

Una sustantivo, un nombre, es una palabra con la que se nombra a un ser o a una cosa. Según el Pequeño Larousse Ilustrado, es un sustantivo cualquier palabra que designe un ser u objeto.

Según la RAE:

sustantivo, va

Tb. substantivo.

  1. adj. Que tiene existencia real, independiente, individual.
  2. adj. Importante, fundamental, esencial.
  3. m. Gram. nombre.

Un sustantivo es eso que hace que la primera frase de este apartado tengo un sentido u otro:

Me preguntas mientras clavas :

  • lo que sea en el soporte adecuado
  • tu pupila en mi pupila azul
  • tu dedo en el teclado
  • tu boli en el cuaderno
  • un martillo de bola en la sien de una muchacha
  • un cuchillo en la espalda de tu mejor amiga
  • Una azada en tu huerto

Hasta este punto son importantes los sustantivos y por eso debes tener cuidado y usarlos como corresponde.

¿Qué se nombra mediante un sustantivo?

De todo: personas, animales, cosas, ideas, vegetales, minerales, fenómenos atmosféricos, emociones, acciones (sí, las acciones se pueden nombrar. Por ejemplo, un salto es la acción de saltar y salto es un sustantivo. Aunque también es la primera persona del verbo saltar. Así es la vida de dura).

Precisión, divino tesoro: los sustantivos como anclas

Aunque en este artículo sobre el lenguaje del terror hay un despiece de varios textos y separo sustantivos de adjetivos y de verbos, aquí también vamos a poner ejemplos, porque los ejemplos son la savia que corre por el tronco y por las ramas de de este blog. En este caso, tomaré los textos de la novela  Ayantek, de Miriam Jiménez Iriarte. Voy a sortear un ejemplar a fnal de este mes entre las suscriptoras de mi lista de correo, así que puedes usar la caja que hay al final del artículo para participar.

El libro está tan bien escrito que se puede abrir al azar y escoger cualquiera de sus párrafos. Por ejemplo, este:

Asterkia camina entre los hombres. Les sonríe. Siente su bochorno. Le divierte. Dicen que es amiga de los marginados. Que le pagan cinco cobres por cuidar de aquel niño. Que es consumidora de fuego y fornicadora. Dicen mucho y saben poco. 

Es el momento, antes de seguir y destrozar este precioso y ominoso párrafo de Jiménez Iriarte, de explicar una cosa.

Puedes distinguir un sustantivo porque siempre puedes colocar delante de él un artículo. Pero no todas las palabras que llevan artículos delante son sustantivos. Algunos adjetivos, como «marginados» en el ejemplo, van precedidos de artículo. En este caso se dice que están sustantivados; es decir, que funcionan como sustantivos. 

También puedes sustantivasr verbos, pero la mayor parte de las veces eso dará como resultado una cosa muy fea. Cuidado con la sustantivación de los verbos, por favor.

Los sustantivos, los nombres, son las anclas de tus textos. También son el follaje del texto, las hojas, lo que le da cuerpo. Si se te caen los sustantivos, te quedas con un árbol muerto. 

En muchos de los textos que corrijo hago comentarios sobre la precisión. Cuanto más preciso sea un texto, mejor podrá tu lectora imaginar lo que cuentas en él; lo que pasa, lo que hay, cómo son tus personajes o tus scenarios.

Esto quiere decir que debes trabajar con sustantivos precisos, concretos, adecuados. Pero, eso sí, sin caer en el defecto contrario: usar palabras rebuscadas y cargar tus textos de frases ininteligibles.

Sustantivos vacíos

Lee esto (y procura no llorar).

La mujer camina entre las personas. Les sonríe. Siente su emoción. Le divierte. Dicen que es amiga de los marginados. Que le pagan dinero por cuidar de aquella criatura. Que es adicta y fornicadora. Dicen mucho y saben poco. 

Cierto: he cargado un poco las tintas al vaciar los nombres, pero de eso se trata.

La comparación entre el párrafo original de Ayantek y este, mío, es muy gráfica.

  • Jiménez Iriarte escoge nombrar a su protagonista (este es el segundo párrafo de la novela) no solo porque quiere que la conozcamos por su nombre, sino porque ese nombre es lo bastante raro como para contribuir a crear la sensación de extrañeza con la que envuelve a las lectoras desde el comienzo del libro. Ella no habla de una mujer cualquiera, habla de Asterkia. 
  • Asterkia no camina entre personas, sino entre hombres. Los hombres en Ayantek son peligrosos para las mujeres. Y en la vida real, si atendemos a las noticias, también. No es por tanto casual que los verbos caminar y sonreír estén ahí. Los dos se anclan a los dos sustantivos: Asterkia y los hombres. Así, la autora nos muestra una parte del carácter de esta mujer, que desprecia el peligro, que camina entre posibles agresores con una sonrisa en los labios. ¿Estamos ante una auténtica badass? Lo estamos. Esta percepción se perdería si empleamos la expresión caminar entre personas o entre la gente, o el gentío o la multitud. La protagonista es una mujer y camina entre hombres.
  • Bochorno es el tercer sustantivo. Los hombres sienten bochorno, vergüenza, ante Asterkia. Esto no hace más que reafirmar lo dicho en el punto anterior. Ella es una mujer inusual de carácter fuerte. Tan fuerte, que el verbo siguiente es divertir. Que los demás se sonrojen a su paso le hace gracia.
  • El asunto de los cinco cobres en lugar de dinero también tiene su importancia. Porque dinero no dice gran cosa, pero cinco cobres es una cantidad exacta. A medida que avancemos en la lectura de la novela sabremos si es una suma alta, baja, suficiente o no. Nos dará la medida del sistema monetario y servirá para colocar a Asterkia en su clase social. Aunque Jiménez iriarte ya lo ha hecho al decir que es amiga de los marginados. Los amigos de los marginados quizá no lo sean ellos mismos, pero solo una fina línea los separa.

Lo que tenemos, en fin, es una descripción del carácter de este personaje; o al menos los cimientos de esa descripción. Durante el desarrollo de la novela, Asterkia se comporta de tal manera que no desmiente este primer acercamiento; al contrario. Y la autora sienta estas bases con diez sustantivos y siete verbos. Eso sí, muy bien colocados.

Así que sí, podemos contestar a la pregunta para qué sirven los sustantivos con una respuesta contundente: para anclar la acción, describir a los personajes y dar a las lectoras un buen asidero durante la lectura.

¿Por qué usamos sustantivos vacíos?

En realidad hay varios motivos que explican ambas preguntas.

Usamos sustantivos vacíos o inconcretos porque es cómodo. La mayor parte del tiempo, cuando pensamos, cuando hablamos, cuando tomamos notas para lo que escribimos, manejamos ideas, objetos y escenarios que conocemos.

Yo conozco a mi mejor amigo. Sé el aspecto que tiene, cuáles son sus aficiones, cómo se mueve, qué le duele y qué le hace feliz. Cuando hablo contigo de mi mejor amigo, todo eso está en mi cabeza y contextualiza lo que te estoy contando. Pero tú, que no sabes nada de ese hombre, me escuchas y lo único que oyes son esas palabras: mejor amigo. Un concepto que quizá no signifique lo mismo para ti que para mí.

En una conversación no es necesario ser tan absolutamente preciso y concreto como en un texto literario. No nos daría tiempo a comunicarnos, sospecho, si tuviésemos que explicar cómo es cada objeto, animal o persona al que nos referimos. Por eso, sobre todo en relaciones de gran intimidad, cuando alguien dice «dame el cacharro que está encima del coso ese, ya sabes, el que me regaló tu hermana», la interlocutora es capaz de identificar el cacharro y el coso.

Pero esto no funciona en literatura. De verdad que no. 

Tus lectoras necesitan saber de qué les estás hablando.

Y que eso suceda es una de las razones de ser de los sustantivos concretos.

La maldición del conocimiento y los sustantivos huecos

Según nuestro gran amigo y filósofo Steven Pinker, la maldición del conocimiento explica, entre otras cosas, por qué algunas personas muy inteligentes escriben peor que regular, mal, fatal. Un asco.

El la define esta maldición, o se refiere a ella, más bien, como la dificultad que tenemos para concebir que otra persona puede no saber algo que nosotros sí sabemos.

Yo añado que se extiende a la dificultad que tenemos para creer que otra persona puede no haber vivido nuestras propias experiencias o sentido nuestras mismas emociones.

Cuando empecé a escribir me pasaba mucho que mis amigas y amigos, aquellas lectoras cero insaciables y más bien inclementes, me echaban en cara que lo que contaba no tenía sentido. Yo les explicaba lo que no comprendían y ellas se quedaban tan agusto. 

Ninguna era crítica literaria (a los catorce todavía no. Vete tú a saber qué son ahora) y por eso ninguna me dijo que la única manera que tenían de saber que una cocina era eléctrica y no de butano era que yo lo escribiera.

Con los años, alguien que también escribía me dijo: Alicia, es que da la sensación de que esperas que las lectoras sepan lo que hay dentro de tu cabeza.

A esto último se refiere Pinker y esto mismo es lo que nos impide usar sustantivos que realmente cumplan la función para la que han sido creados, que es ayudarnos a mostrar a las lectoras lo que ocurre.

Pasarse o quedarse cortos

El problema es que es imposible saber qué sabe tu lectora y qué no. Sobre todo en obras de ciencia ficción, históricas o que contengan referencias a determinado tipo de conocimiento que no sabes si es común.

No podemos exigirnos como autoras (ni como personas, así en general), la clarividencia necesaria para conocer lo que nuestras lectoras saben y lo que no.

Así que nos encontramos con el problema de que a lo mejor quedamos como unas marisabidillas que explican conceptos que los demás ya saben; o puede pasarnos lo mismo que a mí: que dejamos nuestros textos desnudos por asumir que todas saben lo que estamos pensando.

¿Tú qué prefieres? Que algunas lectoras crean que las tomas por tontas o que muchas de ellas no se enteren de lo que les estás contando? En función de esa respuesta actuarás de una u otra forma cuando escribas.

La clave, según el propio Pinker, es escribir para lectoras tan sofisticadas e inteligentes como nosotras pero que, por casualidad, no saben algo que nosotra sí sabemos.

Algunas directrices para evitar sustantivos huecos:

Seamos concretas:

  • La primera vez que hables de la merienda de tu prota, no escribas fruta, escribe pera. O pera de agua si lo que quieres es que se llene del jugo y se le queden las manos pegajosas. Las peras de agua tienen esa indescriptible facultad, mientras que las peras Conferencia verdes, que son las que siempre como yo, no. De hecho suelen ser crujientes.
  • «Cosa» no significa nada. Cosa es un buñuelo de viento, que lo muerdes y te das en los dientes de arriba con los de abajo. Es precioso, doradito, pero no tiene nada dentro; su aporte calórico es excesivo y produce un placer tan efímero que ya ha terminado. Una habitación llena de cosas ¿qué es? Usar «trastos» en lugar de «cosas» es una mejora, pero tampoco para tirar cohetes. «cosas viejas» son buñuelos rancios. Si es mejor no abusar de los buñuelos recientes, no diré nada sobre los que ya ni crujen y encima se han quedado fríos. Casi todos los objetos tienen un nombre. Para describir una habitación abarrotada no hace falta que te detengas en todo lo que contiene, pero sí que menciones algunas de esas «cosas». 
    • Da una impresión general: no se podía entrar en el trastero de Eulalia.
    • Da un motivo que justifique esa impresión: hasta el último hueco de la habitación rebosaba de artefactos antiguos y pilas de libros polvorientos.
    • Como «artefactos antiguos» no significa mucho más que «trastos viejos» o «buñuelos rancios», es hora de que hagas el ejercicio de concreción: una silla de ruedas con brazos de madera permanecía inmóvil gracias al torso de maniquí descabezado que descansaba en el suelo, frente a ella. Reptamos entre las patas puntiagudas de una pila de sillas y Antonia se arañó la pierna con el radio de una rueda de biciclo. 

Hay muchas maneras de usar los sustantivos como corresponde. Y no conviene olvidar que los adjetivos, bien empleados, son nuestros amigos. Pero ya hablaremos de los adjetivos cuando corresponda.

Vamos con otro ejemplo práctico de sustantivo vacío que impide ver la acción:

El monstruo entró en la habitación destrozándolo todo.

Que dices, pues está claro ¿no? Pues no. ¿Qué significa destrozarlo todo?

Destrozar es un precioso verbo que indica que el monstruo no deja títere con cabeza. El problema es TODO.

Todo no es nada.

¿Raya el suelo? ¿Tira los muebles? ¿Raja ese precioso cuadro que pintó tu abuela poco antes de morir? ¿Sopla y desmantela un castillo de naipes?

Tienes un monstruo, no vamos a describirlo ahora, pero sabemos que entra en una habitación y… Lo que escribas después de esa y es importante, porque de ello depende la impresión que causes en tu lectora.

Así que, el monstruo entró en la habitación. A duras penas consiguió meter su cuerpo enorme a través de la puerta. De hecho, las jambas se le engancharon en los costados. A partir de ahí, nada quedó en su sitio: el suelo temblaba, la lámpara lo imitaba en el techo hasta que la golpeó con su gran cabezota y se desprendió sobre la mesa del comedor, que ya jamás recuperaría su brillo. Rasgó el papel pintado con las garras, derribó las sillas y con un solo golpe de su cachiporra reventó el cristal de la vitrina donde mamá guardaba sus especímenes.

De repente, TODO ya no es un concepto abstracto (un sustantivo vacío), sino que comprende puerta, suelo, techo, lámpara, paredes, mesa, sillas y vitrina con especímenes. Un buen montón de sustantivos que dan a tus lectoras una idea mucho más ajustada de lo que está pasando ¿a que sí?

 

Algunos casos en los que los sustantivos huecos están permitidos

Vaya por delante que nadie te encerrará en una celda y tirará la llave si los usas. Lo único que puede pasar si abusas de este tipo de nombres es que tus lectoras no sepan qué les estás contando, cierren tu libro y vayan a buscar a su siguiente escritora favorita.

Como asumo que no quieres que pase eso, te cuento que hay momentos en los que sí está bien emplear sustantivos sin contenido.

¿Recuerdas cuál era la respuesta a la pregunta para qué sirven los sustantivos? Para nombrar.

Pero no se puede nombrar lo que no se puede ver.

El terror y el suspense son dos géneros en los que abundan las «cosas», las «formas», los «bultos», etc. En general, en cualquier paisaje cubierto por la niebla o desde la perspectiva de cualquier personaje miope, acercarse por primera vez a un objeto requiere mencionarlo de manera vaga para luego definir sus aristas y concederle su naturaleza real.

Es decir: usa tu sentido común.

¿Qué es eso? ¿Un pájaro? ¿Un avión? ¿Una nube pop? 

¡No! ¡Es Súper López!

Además de ser un inicio muy divertido para un comic, es de lo más adecuado. Si tus personajes no saben lo que están viendo, resulta ridículo que tu narrador lo describa con pelos y señales.

¿Qué es eso? ¿Un buitre leonado?¿Un F-15? ¿Un cúmulo pop? 

¡No! ¡Es Súper Lopez! (Cabreado porque lo has presentado fatal)

Os dejo el vídeo de Por primera vez en años, de Frozen, que contiene uno de los sustantivos huecos mejor usados de una canción Disney. Desternillante, en serio.

 

Ahora que ya sabemos para qué sirven los sustantivos, vamos a hacer un pequeño ejercicio de vuelta a la infancia y vamos a ver cuántos tipos existen, para qué se usan y cómo.

Tipos de sustantivos

Nombres propios y nombres comunes

 Los nombres comunes son los que designan a una clase de persona, animal o cosa sin individualizarla. Perro, gato, tristeza, persona, gente, corazón, alma, martillo.

Cuando el sustantivo identifica a una sola persona, animal o cosa o país o lo que sea, es un nombre propio: Alicia, España, Neptuno (el planeta o el dios).

Faraón sería nombre común, pero Hatsepsut es un nombre propio.

Sustantivos concretos y sustantivos abstractos

Si puedes olerlo, tocarlo, verlo, degustarlo u oírlo es concreto: canción, mesa, libro, guiso, perfume.

Si no puedes aprehenderlo por los sentidos, se trata de un sustantivo abstracto: emoción (y todas las emociones: alegría, tristeza, amor, etc); ideas como libertad o dios; percepciones como el hambre o la soledad. 

Sustantivos simples y compuestos

Los sustantivos simples son exacatamente lo que parecen: simples. Casa, avión, muela, río, verano.

Los compuestos lo están de dos palabras que, combinadas, forman una nueva: contramaestre, radioaficionado, cuentagotas, sacacorchos, aguardiente

 Sustantivos primitivos o derivados

Los primitivos no provienen de ningún sitio. Alguien llegó, decidió que llamaría piedra a una piedra y se acabó. Me fascina el nacimiento del lenguaje, pero no sé absolutamente nada del tema, así que lo dejaremos aquí. Piedra no proviene de ningún otro sustantivo, así que es un nombre primitivo.

En cambio, pedrusco proviene de piedra y es por tanto un nombre derivado. Los sustantivos derivados son los que tienen su origen en otros.

Dentro de los sustantivos derivados hay varias clases:

  • Aumentativos: de perra, perraza
  • Diminutivos: de perra, perrita
  • Despectivos: de joven, jovenzuela
  • Gentilicios: de alicante, alicantina 
  • Patonímicos: de Gonzalo, González

Sustantivos individuales y colectivos

Los individuales designan a un solo ser u objeto mientras que los colectivos designan a un grupo:

  • jauría: conjunto de perros
  • archipiélago: conjunto de islas
  • coro: conjunto de voces
  • servicio: conjunto de sirvientes.
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