literatura juvenil

Empecé a leer muy pequeña. Mucho. Me enseñaron las letras y los números antes de ir al cole y me compraron mis primeros cuentos troquelados cuando juntar la eme con la a todavía suponía un reto. Solo unos años más tarde me regalaron mi primer diario. Padres visionarios, está claro. Los mismos que me introdujeron en la literatura juvenil porque, según su punto de vista, a todo hay que empezar por el principio.

Mis primeras lecturas: literatura infantil

literatura infantil y juvenil. María Pascual ilustra La Sirenita.

Crecí al amparo de los dibujos de María Pascual y su visión de los cuentos clásicos, pero también de la mano de Piluca y Eduardín, de quienes recuerdo los nombres, pero no su historia. Tenían grandes ojos móviles. Podías hacer que mirasen a cualquier sitio tirando de una pestaña. Creo que hoy ese formato me daría cierto repelús, pero entonces me encantaba.

En la adolescencia me llenaron las estanterías de Alejandros Dúmases, Julios Vernes y, gracias a la providencia, libros de Enyd Blyton. A mí los mosqueteros y el Nautilus no me conquistaron jamás. Mi ejemplar de Mujercitas pasó a manos de mis herederas sin haber sido más que hojeado (mi edición llevaba un cómic dentro y eché un vistazo a las viñetas, pero poco más), Sandokan me hacía un poco más de gracia, sí; pero lo que de verdad me llevaba a desaparecer del salón y de la maliga influencia de Eva Nasarre o Elena Santonja, eran Los Cinco.

Y mirad que hablamos de una familia de la alta burguesía inglesa, con sus mansiones y su perro, mientras que yo vivía en un piso oscuro en un pueblo del País Vasco. Pero Los Cinco, con Jorge siempre a la cabeza, fueron mis ojos y mis piernas y mis manos y mi paladar. No se me olvidará jamás cómo la chica de pelo corto que detestaba que la llamasen Jorgina (hablad con el traductor de mi edición, no es culpa mía) trepaba a los árboles más rápido y más alto que sus primos varones, ni las comilonas que se pegaban todos. He pasado media vida buscando cerveza de jengibre. Hasta que descubrí que en realidad se trataba de ginger ale, un asco de refresco.

Un poco más tarde, solo un poco, llegó a mis manos la Dragonlance. Esa fue mi piedra de toque. Dragones, colegas. Allí había dragones, conflictos personales, dramas, amor, guerra, magia. En serio, MAGIA. Y me perdí para la causa. Ya os lo contaba aquí.

Uno de los peores días de mi vida adolescente fue aquel en que terminé La tumba de Huma y ya no pude leer más. Había que esperar un mes hasta que llegase el señor de Círculo de Lectores. Nuestro representante era un señor que a mi me recordaba a Jacques Cousteau, el de Mundo Submarino. Por favor, sacadme del bucle espaciotemporal en que se ha convertido este artículo.

Cuando crees que no mereces tus propios éxitos
Quien dice magia, dice escritura, pero ya hablaremos de eso en otro momento, si os parece bien.

Literatura juvenil ¿El señor de los anillos?

Esas lecturas y muchas otras, la mayoría de Barco de Vapor o Gran Angular, me convirtieron en una lectora voraz. Llegué a El Señor de los Anillos con ganas de merendarme la Tierra Media. Iba con Frodo por los caminos, se me cayó el alma a los pies cuando creí que había muerto, conocí a personas, muchas, que me hicieron la vida más fácil y cuyo único nexo de unión, en la vida adulta, era haber crecido entre libros de géneros fantásticos. Personas de carne y hueso. Algunas todavía presentes en mi vida.

Os voy a hablar, solo un momento, de mi madre, que fue quien puso a Tolkien en mis manos. Mi madre, una mujer estricta e inflexible, que me colocó un libro de tres kilos en el regazo con la confianza, y sospecho que el deseo, de que lo disfrutara tanto como ella. Mi madre, que fue a la escuela cuatro años y cuyo padre era un ser despreciable, llegó a El señor de los anillos adulta y rota. Me consta. Y esta novela, que no todo el mundo considera literatura juvenil, lo que quiere decir que no todo el mundo la considera lectura adulta, la mantuvo en conexión con su hermano y con esta hija suya que os escribe. De una manera extraña.

De todos modos, lo que importa no son esas conexiones, sino que Frodo y Sam y las canciones de los elfos, la hacían feliz. Que habrá quien diga que vaya mierda de felicidad si se basa en algo que no existe. Pero yo digo que a felicidad regalada no le mires los enanos.

Las lecturas que marcaron mi infancia y mi adolescencia lo hicieron porque me hablaban a mí. De manera directa, sin intermediarios. Me hablaban de lo que me interesaba, de mis deseos. Suplían mis carencias. Igual que hace la literatura adulta con los adultos. Igual que hace ahora la literatura juvenil de calidad. Que existe y está al alcance de tu mano.

Juvenil vs adulto ¿De verdad existe esa dicotomía y es taaaaaaan determinante?

leer libros para jóvenes
young and older female foursome

Ninguna de las novelas juveniles que he leído me han alejado de la literatura adulta. Harry Potter llegó a mis estanterías pasados mis treinta y cinco años de edad. Coraline o El libro del Cementerio, pasados los cuarenta. Eso no impide que mi autora favorita sea Marguerite Duras o que sienta predilección por Henry Miller o Albert Camus (porque en el contraste está el gusto y porque la gafapasta que tuvo, retuvo).

La literatura juvenil está llena de elementos nuevos, resplandecientes, envueltos con papeles de colores brillantes. Sobre todo la literatura juvenil escrita por personas que respetan a los jóvenes. Porque esas personas son capaces de ponerse en su pellejo y hablarles de lo que les interesa. Mucho más si son jóvenes también.

La literatura juvenil es un huerto fértil y próspero donde encontrarle un pulso nuevo a las historias de siempre, pero también donde hallar historias nuevas.

Los jóvenes especulan, no tienen más remedio. A los adultos se les olvida que levantarse por las mañanas es pura ficción especulativa ¿cómo saber qué te depara el día? También se les olvida que acostarse cada noche es enfrentarse a lo desconocido y por tanto al terror. Ambos géneros deben formar parte del bagaje lector de los jóvenes, que se convertirán en adultos mejores, más ricos, menos inflexibles, más capaces.

Recomendaciones para sacudirse los prejuicios contra la literatura juvenil

Los escarabajos vuelan al atardecer, de María Gripe

Literatura juvenil

La novela comienza así:


LA VIDA SE COMPONE

DE UNA SERIE DE HECHOS

Algunos son más notables que otros y se llaman contecimientos.

Algunos están planeados cuidadosamente por nosotros mismos o por otro, se rigen por una voluntad y se llaman acciones o proyectos.

Pero algunos hechos no parecen regirse ni por la voluntad ni por la razón, ocurren de manera totalmente inesperada, sorprendente, imprevisible. Los llamamos casualidades o azar, pero no sabemos nada de ellos. No sabemos si acaso pudieran ser, en cambio, fragmentos de un destino ineludible, si vienen dictados por una divina providencia que nadie conoce.

No sabemos nada de ellos.

Pero aun así, muchos de nosotros hemos sido testigos de que algunos hechos insignificantes, y en apariencia totalmente aleatorios, conllevan importantes consecuencias.


Os dejo este artículo publicado en La Nave Invisible sobre la autora, donde también hay enlaces a vídeos que analizan su obra. La verdad es que no parece sensato decir que Gripe escribe niñerías solo porque su público sean los jóvenes. Creo que este párrafo inicial confirma que sus temas son adultos, profundos y dignos de respeto.

Pero, sobre todo, Los escarabajos vuelan al atardecer es un misterio en el que merece la pena perderse durante tres o cuatro tardes.

Nación, de Terry Pratchett

Literatura para jóvenes

Pratchett es conocido sobre todo por Mundodisco. Y Mundodisco es maravilloso, pero eso no debería hacer que Nación se quedase en un segundo plano. Es una obra incríble sobre los ritos de paso, sobre dejar atrás a tus mayores sin despreciarlos… Es la novela de literatura juvenil que todos los adultos estirados deberían leer para darse cuenta de por qué el futuro no va a contar con ellos.
Tierna, emocionante, divertida y serie, muy seria. Es mi obra favorita de este autor. Empieza así


DE CÓMO IMO CREÓ EL MUNDO EN UN TIEMPO EN QUE LAS COSAS ERAN DIFERENTES Y LA LUNA ERA DISTINTA

Imo salió un día a pescar, pero no había mar. No había nada, exceptuando a Imo, así que se escupió en las manos y las frotó para crear una nube de mar. Luego creó algunos peces, pero eran tontos y perezosos, así que tomó las almas de algunos delfines, que al menos habían aprendido a hablar, y las mezcló con fango para modelarlas con sus manos, cambiarles la forma y convertirlas en personas. Estas eran listas, pero no podían nadar todo el día, así que Imo cogió más fango y lo amasó en sus manos y lo horneó en el fuego de su campamento de pesca, y así fue como creó el mundo.

Las personas no tardaron en llenar las tierras y estaban hambrientas, así que Imo tomó parte de la noche, que frotó entr sus manos para crear a Locaha, dios de la muerte.

Pero Imo aún no estaba satisfecho, y se dijo: «He sido como un niño que juega en la arena. Éste es un mundo imperfecto. No hice sino improvisar y no ha salido como yo quería. Lo amasaré con mis manos y crearé un mundo mejor».

Pero Locaha opinó: «El barro está seco. Las personas morirán».


¿Qué tiene de infantil este mito creacional? Nada. La buena literatura juvenil les da a los jóvenes la verdad que necesitan, aunque los adultos no sepamos como lidiar con ella. Os dejo este artículo en Origen Cuántico que habla de la novela largo y tendido.

Los dones, de Ursula K Leguin

Esta es una de las novelas juveniles más bellas que he leído. Y también es dura. Como casi todas las cosas hermosas de verdad.

Hay docenas, literalmente, de novelas juveniles, que añadir a esta cortísima lista. Déjame tu favorita en comentarios.

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