Mañana tendremos otros nombres premio alfaguara de novela 2019

En la web que anuncia al ganador del Premio Alfaguara de Novela 2019, la editorial que lo otorga, es decir, Algafuara, dice de él que es un PREMIO A LA MEJOR LITERATURA.

Quizá lo sea; al fin y al cabo, tal como explica esa misma web, «Desde su primera edición, en 1998, han presidido el Premio Alfaguara de novela Carlos Fuentes, Eduardo Mendoza, Alfredo Bryce Echenique, Antonio Muñoz Molina, Jorge Semprún, Luis Mateo Díez, José Saramago, José Manuel Caballero Bonald, Ángeles Mastretta, Mario Vargas Llosa, Sergio Ramírez, Luis Goytisolo, Manuel Vicent, Bernardo Atxaga, Rosa Montero, Manuel Rivas, Laura Restrepo, Javier Cercas, Carme Riera, Elena Poniatowska y Fernando Savater».

Un elenco de lo más florido.

En lo personal, me declaro fan de Saramago, Muñoz Molina, Mendoza, Rivas y Montero.

Sin embargo, la primera página del último ganador, «Mañana tendremos otros nombres», del argentino, Patricio Pron, no hace honor a la historia del premio. De hecho, el fragmento más extenso que puedes leer aquí no es nada halagüeño.

En el vídeo, el autor habla de su novela.

¿Por qué Twitter se enfadó con la primera página del Premio Alfaguara de Novela 2019?

La doble vara de medir

Diréis lo que queráis, pero los dobles raseros en esto de la literatura son el pan nuestro de cada día. Muchas lectoras perdonan a grandes editoriales errores de los que abominan cuando los sellos que los cometen son pequeños. Mejor no hablar de la mala fama que sobrevuela a las autoras que prefieren la autopublicación.

Las editoriales independientes y las autoras autopublicadas pagan con su reputación y con un descenso en sus ventas cualquier tipo de error. Erratas, incorrecciones de estilo, maquetas poco atractivas, etc, se les (nos) echan en cara con ferocidad.

Echad un vistazo y encontraréis un montón de artículos de blog que anuncian que sus autoras no volverán a comprar a una autoeditada porque «todo lo que no pasa por un filtro editorial es basura».

No he oído a nadie, jamás, decir que nunca volverá a comprar un libro de Planeta o de Penguin debido a sus erratas, o a que estén mal escritos o a que sean absolutamente soporíferos. Como mucho, se reniega de la autora y punto.

En el vídeo Laura Tárraga y betariz Esteban os cuentan cosas sobre filtros. Y parece que en su caso funcionaron.

El famoso filtro editorial ¿en qué consiste?

Se supone, pues, que las obras de grandes editoriales pasan por un filtro que garantiza cierta calidad. Como no podemos editar a gusto de todas, asumiremos que las decisiones editoriales sobre el contenido no son discutibles. Es mucho asumir, pero lo asumimos.

En el XXII Premio Alfaguara de Novela, por otra parte, hay un jurado, con lo que la responsabilidad sobre la elección de la obra se concreta. El filtro de calidad del premio es el que establece el jurado, que debe guiarse, entiendo, por las bases.

«El jurado, presidido por el escritor español Juan José Millás y compuesto por los también escritores Jorge Fernández Díaz (Argentina) y Manuel Vilas (España), la editora Gunilla Sondell (Suecia), la directora de la librería Oletvm de Valladolid, Estrella García (España), y Pilar Reyes (con voz pero sin voto), directora editorial de Alfaguara, ha declarado ganadora la novela por unanimidad».

Esos son los nombres. Preside el honorable Juan José Millás, que lleva publicando desde los veintidós añitos. Nació en el 52, el hombre y,  por lo que he leído en sus columnas de El País, conoce las reglas básicas de redacción.

«Mañana tendremos otros nombres» ha sido elegida por ese jurado por unanimidad.

Así que volvamos al título de esta sección del post: El famoso filtro editorial ¿en qué consiste?

Lamentablemente no se han hecho públicos los criterios de selección del Premio Alfaguara de Novela 2019, así que no sabemos qué considera este jurado calidad literaria. Tampoco conocemos que entienden por «la mejor literatura».

Sin embargo tenemos la increíble suerte de estar en mi blog, así que podemos leer este artículo sobre el estilo literario. Y, si hay tiempo y ganas, también podemos leer este otro, en el que hablo de aprender a escribir; algo que es viable porque la literatura tiene reglas.

¿Por qué llama tanto la atención la primera página de «Mañana tendremos otros nombres»?

3 Reiteraciones que lastran tu estilo literario (y 3 que lo enriquecen)

¿Se podría haber evitado la avalancha de twits iracundos?

Efectivamente, sí. Bastaba con contratar a una correctora. Porque la impresión al leer esa primera página es que nadie le ha metido mano al borrador del señor Pron.

Si yo mandase un texto así a mis amigas, que también son escritoras, lo más probable es que me dieran con él en la cabeza para exorcizar al demonio bajo cuya influencia supondrían que lo habría escrito.

Si se lo mandase a una correctora, es probable que me cobrara su tarifa de corrección más cara; porque corregir ese despropósito llevaría mucho tiempo, esfuerzo y dolores de cabeza.

¿Es posible marcar el tiempo sin abusar del auxiliar?

Lo es. Que el ganador del Premio Alfaguara de Novela 2019 se haya llevado una suma de casi 200.000 € por una novela cuyo estilo la hace imposible de leer es un insulto a las lectoras. Si no se envió nada mejor que eso, lo ideal habría sido dejar el premio desierto.

Pero no ha sido así.

En cambio, nos encontramos con un millón de habías y muchas más palabras termiandas en ía, como «la vieja factoría, ía, ía o».

A lo mejor esto es un recurso que el autor emplea para que notemos que a su personaje masculino la vida le chirría, pero sospecho que no. En ese caso, escribiría un artículo rectificativo de este en el que hablara de los prejuicios lectores. Emplearía este libro en concreto y el titulazo Flores para Algernon. Pero, sospecho que no.

Sea como sea, acabo de decir que esa primera página de «Mañana tendremos otros nombres» se puede escribir mejor y estoy dispuesta a demostrarlo.

Aquí vienen en mi ayuda las versiones de Silvia Barbeito y María Coco.

El Premio Alfaguara de Novela 2019 por Silvia Barbeito

Una línea de luz se deslizó por el suelo hasta alcanzar el montón de hojas.

Durante una época, solía jactarse de que podía dormir siempre y en todos los sitios; solo tenía que cerrar los ojos y, un instante después, el mundo se fundía en negro. Pero ya llevaba dos días sin descansar y se preguntaba si alguna vez recobraría esa capacidad.

Los papeles se acumulaban a sus pies; caían más o menos cerca, dependiendo de la fuerza con que Él los arrancaba. No era capaz de recordar si había comenzado ayer u hoy, pero la idea era magnífica: quitaría una de cada dos hojas de todos los libros del apartamento y después los pondría en su sitio, como si nada hubiera pasado.

Ella se llevó sus pertenencias cuando estaba fuera, pese a que le pidió que lo hiciera en un momento en que ambos estuvieran en casa. Pero Ella, que siempre sabía lo que a Él le convenía, lo que más se adecuaba a su naturaleza, quiso ahorrarle la escena. Y, de paso, ahorrársela a sí misma.

¿Quién había dicho que el amor era un ladrón silencioso? Le daba igual. Ella no se lo llevó todo —suponía que no tenía aún dónde ponerlo—, y dejó sus libros junto con los de Él, en las estanterías del…

El Premio Alfaguara de Novela 2019 por María Coco

Una línea de luz se deslizaba por el suelo hasta alcanzar el montón de hojas de papel. Empezaba, o terminaba, Él ya no lo sabía, uno de los últimos días de ese verano. Durante una época se jactaba de que podía dormir donde y cuando le apeteciera: solo tenía que cerrar los ojos y el mundo se apagaba. Los papeles se habían acumulado a sus pies a lo largo de las horas; habían caído más o menos cerca dependiendo de la fuerza con la que Él las había arrancado y arrojado. No podía decir cuándo comenzó, pero la idea le pareció magnífica: arrancar una de cada dos hojas de todos los libros que quedaran en el apartamento, y después devolverlos a su sitio como si nada hubiese pasado. Ella se llevó sus cosas cuando Él no estaba, pese a que le pidió estar presente. Pero Ella —que siempre había sabido más y mejor qué era lo que a Él le convenía o lo que más se ajustaba a su naturaleza— les había ahorrado la escena. ¿Quién habría dicho que el amor es un ladrón silencioso? Ni lo recordaba ni le importaba. Sin embargo, Ella —quizás porque no tenía dónde ponerlas— no se llevó todas sus cosas. Dejó sus libros con los suyos, en las estanterías del apartamento.

Mi versión de los hechos

Os cuento primero cómo he llegado a ella, que así es más fácil comprender el modo de trabajar que yo considero lógico.

1.- Identifica el mensaje del texto: ¿Qué quería decir el señor Pron en este primer párrafo?

Creo que lo más importante es dejar claro que Él no puede dormir y que está desorientado por eso y porque la separación le ha dejado hecho polvo.

Luego nos cuenta cómo ha perdido la cabeza y se ha liado a arrancar hojas de libros y por qué.

No son muchas ideas para un solo párrafo. De hecho, podemos resumirlo tal que así: Él no sabe si anochece o atardece porque vive en una especie de insomnio que dura ya dos días.

Hojas de papel se acumulan a su alrededor porque ha estado destripando libros en una vorágine de venganza contra su ex, que se ha llevado sus pertenencias, aunque no todas, del piso que compartían.

Es importante también la confusión del protagonista en cuanto al tiempo, pues se menciona en dos ocasiones: no sabe si anochece o amanece y no sabe en qué momento empezó a mutilar libros.

Con eso en mente, veamos qué soy capaz de hacer. Os advierto desde ya que no produciré una obra maestra, pero usaré menos habías sin dejar por ello de marcar la anterioridad y posterioridad de las acciones. Hablo un poco más de esto en este artículo sobre el uso de los verbos.

Mañana tendremos otros nombres

Una línea de luz se deslizó por el suelo y alcanzó el montón de hojas de papel. Eso, a finales de verano, significaba que amanecía o anochecía. Él ya no diferenciaba un momento de otro. Durante una época solía jactarse de que podía dormir siempre y en todos los sitios, sólo necesitaba cerrar los ojos y un instante después el mundo se apagaba. Pero en ese momento llevaba dos días sin dormir, y se preguntaba si alguna vez recobraría esa capacidad suya.

Las hojas de papel cubrieron sus pies durante las últimas horas a medida que él las arrancaba y arrojaba. Tampoco sabía si había comenzado esa jornada o la anterior; solo que la idea le había parecido magnífica: arrancaría una de cada dos hojas de todos los libros que quedaran en el apartamento y después los devolvería a su sitio, como si nada.

Igual que ella se había llevado sus cosas en su ausencia a pesar de su petición de esperarlo. Ella —que siempre supo más y mejor qué era lo que a Él le convenía, o lo que más se adecuaba a su naturaleza— se decidió por ahorrarle la escena —y de paso por ahorrársela a sí misma, por supuesto—

¿De quién era la frase «el amor es un ladrón silencioso»? Ni lo recordaba ni le importaba. Lo que sí le parecía relevante era que Ella no se había llevado todas sus cosas —Él suponía que no tenía aún dónde ponerlas—, sino que sus libros descansaban aún junto a los suyos, en los estantes del apartamento.

Veréis que la cacofonía se reduce, las perífrasis y los gerundios casi desaparecen y el texto es más fácil de entender. Mi versión no es una corrección, por cierto. Solo la muestra de que hay docenas de posibilidades de escribir el mismo contenido sin tantos errores.

¿Y a qué viene esta entrada de blog, Alicia?

premio Alfaguara de Novela 2019

Pues la verdad es que este post obedece a varios motivos.

El primero y más importante, dejar patente que no es de recibo que un premio con una dotación económica y una repercusión como el Alfaguara de Novela se publique en estas condiciones.

Seguro que la novela es buena. No voy a juzgar eso porque no la he leído. Pero estas no son formas de ofrecer a tus lectoras un producto. A Mañana tendremos otros nombres le falta una buena sesión de chapa y pintura. Y no es el único caso de novela publicada por una gran editorial con este tipo de carencias.

Estas grandes empresas venden muy caros sus libros. Deberíamos exigir que lo que compramos esté a al altura del precio que pagamos por ello.

En segundo lugar, me gustaría haber abierto los ojos al menos a una persona acerca de los peligros de confiar en el filtro editorial de marras. La industria del libro no escapa al capitalismo, que es un sistema que nos obliga a producir rápido y a consumir rápido. Las editoriales potentes que colapsan el mercado a base de novedades nos obligan a leer el equivalente de hamburguesas porque son de producción barata. En este caso, tan barata como ahorrarse a una profesional de la cadena, la correctora.

Y eso es todo.

Defended vuestros derechos como consumidoras de literatura en todos los ruedos: en las vaquillas de las fiestas del pueblo y también en las grandes plazas. Que si no, las que pierden son siempre las mismas: vosotras y quienes son como vosotras.

A esta booktuber en cambio parece que le ha gustado la novela. Que no se diga que elimino puntos de vista diferentes al mío.

Y si váis a poneros a escribir porque os gusta, hacedlo bien. Asesoraos bien, echad un vistazo a libros como este, que nunca están de mas.


Portada y contraportada del manual para aprender a escribie de Alicia Pérez Gil

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