Antes de perder el punto de vista narrativo, es necesario que lo encontremos. Así que permitidme que os cuente qué es exactamente el punto de vista, para qué sirve, cuántos tipos hay y cómo lo perciben las lectoras. Así será mucho más fácil que os deshagáis de él.

Qué es el punto de vista narrativo

Empecemos, sin paños calientes, que aquí hemos venido a sembrar el caos y la destrucción. Para eso somos escritoras de brújula:


El punto de vista narrativo es la perspectiva desde la que narras tu novela (o al menos una parte de ella). Funciona como un filtro a través del que tus lectoras perciben los acontecimientos de tu historia


Es este elemento lo que hace que muchas lectoras prefieran los libros a las películas que se basan en ellos. La cuestión es que el punto de vista hace que la experiencia lectora sea más cercana e íntima que la experiencia audiovisual. El motivo es que, cuando leemos, podemos acceder de primera mano a los pensamientos y los sentimientos de los personajes. Mientras que, en una película, este contacto es menor.

Cómo afecta el punto de vista a los elementos de la novela

En primer lugar, el punto de vista narrativo determina cómo tus lectoras percibirán a tus personajes. Establecerá los términos de su relación, por así decirlo.

Por otra parte, puedes usar el PdV para crear suspense. ¿Cómo se hace esto? Controlando la cantidad de información que ofreces. Así se crean desequilibrios entre los personajes, lo que ayuda a desarrollar el subtexto, que es una de las herramientas más maravillosas que existen para mantener enganchadas a las lectoras. Pero no os lo cuento aquí porque en este artículo lo que queremos es perderlas. No se me olvida.

Por último, el punto de vista narrativo te permite ejercitar el famoso «muestra, no cuentes», que nos trae tan por la calle de la amargura y que la correctora L.M. Mateo explica tan bien en este artículo.

¿Cómo sabrás que tus lectoras notan los efectos de un mal tratamiento del punto de vista?

Hay dos frases clave que leerás en las reseñas de obras con un punto de vista mal trabajado:

  • No he conseguido meterme en la historia
  • La protagonista no me ha parecido nada interesante, me daba igual lo que le pasaba.

Narrador y punto de vista narrativo

Hay que conocer al enemigo antes de derrotarlo, así que vamos a hacer un pequeño resumen de los tipos de punto de vista más habituales. Y para hablar de ellos, no queda más remedio que referirnos en primer lugar a ese villano cuyo manejo nos saca de nuestras casillas: el narrador.

Qué es el narrador

El narrador no es un ente del infierno que haya venido a torturarnos, aunque podría parecer que sí. Solo es la voz que cuenta tu historia. Puede tratarse de uno de tus personajes o puede ser una entidad ajena a los acontecimientos.

La relación entre el narrador y los personajes es diferente dependiendo del punto de vista que uses. También será diferente la relación entre tus lectoras y esos mismos personajes.

¿Te acuerdas de lo que era estar en el instituto? ¿O en Tuiter? Imagina que alguien llega y te dice: «Marina ha dicho esto y lo ha dicho como con mala baba».

Inmediatamente tú te haces una idea de Marina, de su estado de ánimo y de la intención que llevaba. Pues esa idea tuya nace de lo que te ha dicho ese alguien, que es el narrador. En las novelas pasa lo mismo.

La mayor parte de las novelas están escritas en tercera persona o en primera persona. Ambas se distinguen por los pronombres y las personas verbales que se usan.

«Hola, soy Marina y he dicho eso porque Alberto llevaba ya una hora provocándome». Este es un narrador en primera persona y lo sabemos porque usa la primera persona de singular de los verbos ser y hacer. Además, el pronombre «me» también es de primera persona.

«Esa es Marina, que ha dicho una cosa horrible porque Alberto llevaba ya una provocándola». Aquí el narrador es en tercera persona. Lo vemos igualmente en las personas del verbo y en el pronombre.

El narrador es el que “ejerce” el punto de vista narrativo. Por eso hablamos de narrador en primera, en segunda, etc. Es el narrador en tercera persona el que tiene acceso a más puntos de vista.

Puntos de vista narrativos más comunes

Primera persona

Punto de vista narrativo

El narrador es un personaje de la historia y es quién la cuenta. Suele ser el protagonista. Solo conoce sus percepciones, emociones, pensamientos y sentimientos. Habla de lo que ve y de lo que le cuentan, pero no puede meterse dentro de la cabeza de otros personajes ni narrar hechos que no ha vivido (salvo que se los cuenten). Este es el caso de El Infierno en una niña cabe, de Miriam Beizana Vigo. Encontrarás el análisis detallado en este enlace

Segunda persona

Punto de vista narrativo

El narrador es un observador que narra la historia desde fuera de la misma y que se refiere a la lectora como “tú”. Se rompe así la cuarta pared. Este es un punto de vista propio de obras experimentales.

Conchi Regueiro en Los espíritus del humo usa la segunda persona para referirse a las protagonistas y no a la lectora, lo que da a la obra un carácter muy peculiar.

Tercera persona omnisciente

Punto de vista narrativo

Los narradores que usan un punto de vista omnisciente no son personajes de la historia, sino entidades separadas de la misma que lo saben todo a cerca de ellas. Pueden verlo todo, conocen lo que pasa dentro de las cabezas y los corazones de todos los personajes. Son como un dios.

Tercera persona limitada

El narrador es un observador neutral. Tiene acceso a la mente de un solo personaje y ese es el punto de vista narrativo que usa para contar la historia. No puede meterse dentro de la cabeza de ningún otro personaje. Salvo que tenga telepatía, pero eso ya es otra cosa. Aquí hablamos de narradores.

La mayor ventaja de este punto de vista es que permite una identificación muy cercana entre lectora y personaje.

Tercera persona subjetiva

Es una variante extrema de la tercera persona limitada. El narrador que escoge un punto de vista limitado puede ejercerlo de manera más o menos neutral, que es lo normal, lo que hace Martin en Juego de Tronos, o puede pegarse mucho al personaje, como si se identificara con él. Como si fuera un bichejo alojado en su cerebro que lo hubiera poseído pero no se hubiera mezclado con él.

Esta tercera persona limitada profunda se usa muy poco. Al final personaje y narrador se confunden. La manera más fácil de explicarlo es decir que estos narradores tratan la historia como en primera persona, pero en tercera.

Ejemplo extraído de Amanecer, de Octavia Butler, que es la octava maravilla, me lean a la Butler:


¿Había tenido hijos?
¡Oh, Dios! Un hijo, ido también hacía mucho, con su padre. Un hijo. Ido. ¡Si hay otro mundo, qué lugar tan atestado debe de ser ahora!
¿Había tenido compañeros de camada? Esa era la palabra que habían empleado, camada.
Dos hermanos y una hermana, probablemente muertos junto con el resto de su familia. Una madre, muerta hacía mucho; un padre, probablemente muerto también; diversos tíos y tías, primos y primas, sobrinos y sobrinas…
¿Qué trabajo había llevado a cabo? todos probablemente muertos.
Ninguno. Su hijo y su marido habían sido su trabajo durante unos breves años.

Amanecer, Octavia Butler

Tercera persona objetiva

Lo cierto es que este punto de vista narrativo casi no se usa. El narrador es un observador neutral que actúa mostrándolo todo de manera aséptica, como si llevara una cámara y retransmitiera los acontecimientos sin implicarse. No se mete en las cabezas de ningún personaje.

Punto de vista múltiple

No hagáis esto en casa si no tenéis algo de experiencia. Una obra con puntos de vista múltiples exige cierta pericia para saber cuándo cambiar de uno a otro y para hacer que los narradores sean distinguibles y no meros espectadores colocados en diferentes ángulos.

Estos narradores pueden ser observadores neutrales o personajes, pero tienen acceso únicamente al interior de la cabeza de un personaje y nada más.

8 consejos para perder el punto de vista narrativo

Y por fin, vamos a lo que nos interesa: esos ocho consejos para perder lectoras porque no tenemos ni la más remota idea de cómo usar el punto de vista narrativo.

1.- Cambia aleatoriamente el punto de vista narrativo

Esto es mucho más sencillo de lo que parece. Lo tendrás especialmente fácil si estás trabajando en una obra con punto de vista narrativo múltiple. Es en este tipo de novela cuando puedes aprovechar para saltar de la mente de un personaje a otro sin avisar, sin cambiar de escena ni de párrafo siquiera. Así confundirás a tus lectoras y jamás volverán a leerte. Por ejemplo, de esta manera:

Begoña se levantó de la mesa de un salto. No tenía ni idea de dónde había dejado su varita. «Ya la he vuelto a perder», se dijo.

¿Cómo es posible que esta chica sea tan distraída? La próxima vez le regalaré un cordón para que se la ate a la muñeca.

¿Pero dónde la he puesto?

Así, cambiando del punto de vista de Begoña al del segundo personaje, distraes y confundes a tu lectora. Y cuantas más veces repitas el procedimiento, más fácil será que no vuelva a leer nada tuyo jamás.

Cuidado, porque si tu narrador es omnisciente y hace este tipo de cambio una vez por escena, no estará perdiendo el punto de vista narrativo, sino cumpliendo con su función.

2.- Describe cosas que es imposible que tu narrador conozca desde el punto de vista narrativo elegido.

Echa un vistazo a la lista de puntos de vista que he colocado más arriba. Verás que algunos de ellos solo tienen acceso a un personaje. Por ejemplo, el narrador en primera persona no puede saber lo que piensan los demás. Haz esto para perder el punto de vista narrativo por completo.

Ayer salí del cuartel antes de la hora. Estaba harta de montar en dragón. Yo soy más de desfilar a pie. Pero mi compañera pensó que irme era un gesto de prepotencia.

Tu lectora se preguntará cómo demonios sabe eso tu narradora y posiblemente te lo eche en cara.

3.- Haz que tu narrador cuente detalles en los que no se fijaría

Efectivamente, una manera de quitar verosimilitud al punto de vista narrativo es hacer que el narrador se fije en cosas que ni por asomo le interesarían.

Imagina que tu narradora es Amelia, una gnoma que huye como el viento de una manada de lobos hambrientos. Va por el bosque y, como lo que quieres es que tus lectoras abandonen tu libro, escribes los siguiente:

Corría tan rápido como me permitían mis cortas piernas por un bosque helado tan bello como el primer amanecer de los tiempos. La nieve se arremolinaba a la orilla del camino y los primeros rayos de sol arrancaban irisados brillos a las gotas de escarcha.

Esto es algo que cualquier gnoma contemplaría mientras corre por su vida con la lengua fuera y las coletas despeinadas ¿a que sí? Pues eso.

4.- Haz que tu narrador te ponga al corriente de cosas que no ha visto

Esta la magia del punto de vista narrativo trastocado y funciona con narradores en tercera persona limitada y con narradores en primera. Pondré el ejemplo en primera porque, sin contexto, es más fácil de entender.

María me miraba a los ojos y pestañeaba con deliberada lentitud para despistarme. Por eso no vi que ocultaba algo en la amplia manga de su túnica.

Perfecto plan. No tiene fisuras. Nadie se dará cuenta de que ese narrador nos ha dicho algo que él mismo confiesa no haber visto. Si con esto no consigues confundir a tus lectoras, no sé qué más puedes probar.

5.- Haz que tu narrador no se separe jamás del espejo

No hay nada más agotador que una persona que habla de sí misma y de su aspecto constantemente. Convierte en una de ellas a tu narrador para perder a tu audiencia.

6.- Que tu narrador en primera persona hable de sí mismo en tercera

Este es uno de los más maravillosos trucos que existen para perder el punto de vista narrativo.

Soy Alicia, una chica curiosa que de vez en cuando persigue conejos con chalecos. Alicia tiende a aburrirse con las lecciones de historia, por eso a veces se pierde en ensoñaciones. Así soy yo.

7.- Anuncia cosas que aún no han pasado

Los narradores omniscientes pueden hacer esto porque para algo son omniscientes, pero los demás no. Sobre todo en el caso de que el narrador vaya descubriendo lo que sucede a medida que pasa el tiempo. Otra cosa es que narres una historia del pasado y que el narrador conozca todos los hechos.

8.- Utiliza un lenguaje impropio del narrador

Si el personaje del punto de vista es una agradable ancianita que peca de mojigata, es poco probable que salpica tacos a lo largo de su discurso.

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2 pensamientos en “Cómo perder el punto de vista narrativo (y a todas tus lectoras): 8 consejos infalibles

  1. Hola,
    me ha encantado el artículo. Aunque ya tenía nociones de lo que cuentas aquí, no está mal recordarlas. El narrador y el punto de vista creo que son una de las piezas más importantes para contar cualquier historia, puede suponer una diferencia enorme entre un texto pasable y una obra espectacular y creo que tiene mucho que ver con la forma de presentar la información.
    Me ha hecho gracia que el único punto de vista, el múltiple, que recomiendas no usar a las novatas es el que uso yo. Es la norma de mi vida, todo en modo difícil.
    Me gusta mucho el punto de vista múltiple por la manera de presentar la información porque los personajes ven las situaciones a través de sus ojos (que pretenden ser muy distintos entre sí), pero son las lectoras quienes lo saben casi todo, secretos y mentiras y muchas cosas que los personajes desconocen.
    De todas formas, es un punto de vista muy difícil de manejar y me está llevando por la calle de la amargura.
    Gracias por compartir tu sabiduría :D.

    1. Hola, Mar:
      El punto de vista múltiple es muy divertido y ofrece muchas posibilidades. La cuestión, como con todo, es controlarlo para no ir de cabeza en cabeza como un piojillo inquieto 🙂

      En próximos episodios ahondaré en el miniresumen de los PdV para que queden más claros, porque la lista está solo esbozada.

      Gracias por pasarte!

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