¿Que por qué este tema?  Bueno, principalmente porque quiero declarar 2020 el año de las vampiresas, pero también porque es curioso (no, no lo es, es absolutamente una consecuencia de la sociedad en la que vivimos), cómo los arquetipos masculinos se consideran los originarios del mito vampírico, pero que, en los tres ambientes de los que os voy a hablar, sean ellas las que se extienden, inspiran y han dado vida a estos seres. Y porque aunque parezca que este asunto está trilladísimo, en realidad, se encuentra muy poco material en el cual ellas sean las protagonistas y no estén sexualizadas o demonizadas (de un modo machista y exagerado, quiero decir, sé que hablamos de chupasangres). Así que hablemos de vampiresas.
Introducción

Introducción: lo que las gafas violetas le hicieron a mi percepción de las vampiresas

No seré yo la primera que diga, piense o escriba esto, pero ponerse las gafas violetas es una putísima mierda. Descubres de pronto que el mundo en el que vives es un pozo oscuro, te ves absolutamente agobiada por el titán que es el machismo y acabas dándote cuenta que todo lo que te gusta trata fatal a las mujeres y a sus figuras. En ese momento puedes hacer cuatro cosas: 

1. Deshacerte de las gafas disimuladamente, creyendo así que tu problema se solucionará, volver a ponértelas al caer en tu error y acabar quitándote la vida con un audiolibro de fondo, de Sylvia Plath o Virginia Woolf.

2. Irte a la España despoblada y poblarla solo de mujeres feministas, creando una comuna no mixta, una completa burbuja llena de paz, armonía y felicidad.

3. Gastarte todo el dinero que tienes, el de tus padres y el de la pensión que no vas a cobrar de todos modos en cualquier producto feminista que te dé la falsa sensación de que el mundo ha cambiado y que ahí, en tu cama con tus libros, películas y Twitter, la sombra del machismo capitalista no te alcanzará.

4. Producir todo el material que no encuentras en español y casi ni en inglés, porque realmente te acaban preocupando unas cosas que son absolutamente irrelevantes en la vida diaria como, por ejemplo, la representación de las vampiresas en el folclore, la historia y la literatura.

Representación de las vampiresas en el folclore, la historia y la literatura
Me da miedo poner las gafas moradas de verdad por si viene una vampira y os da por la sororidad. Que luego pasan cosas.

Por si en este punto no lo habéis adivinado: no me he suicidado porque voy a terapia, que es algo que todas deberíais hacer. No me he ido poblar la España despoblada, porque bastante tengo con intentar que mi propio pueblo toledano tire para adelante; y me he gastado algo de mi dinero en productos feministas, pero no siempre he encontrado lo que satisfacía mis intereses. Así que sí, amigas, aquí estoy de prestado en un blog que no me pertenece para hablar de la representación de la figura de las vampiresas en el folclore, la historia y la literatura.

Representación de las vampiresas en el Folklore

Qué es un vampiro según el folklore

Antes de comenzar debemos tener claro primero qué es un vampiro en el folclore.  Hay que tener en cuenta que esta figura y su historia están enormemente influenciadas por la cultura popular, la literatura y, por supuesto, Drácula de Bram Stoker. Esto es así de tal manera que este icono popular y su versión contemporánea hacen sombra a los strigoi provenientes de la fuente europea de estos monstruos: Rumanía y el resto de pueblos eslavos

The Strain empieza como Drácula, pero al menos los chupasangres se llaman Strigoi. Interesante la representación de las vampiras en este patriarcado en miniatura, añado.

Es por eso que hay que tomar en consideración que en la mayoría de culturas antiguas lo que hoy conocemos o clasificamos como «vampiros» son criaturas que se alimentan, normalmente a través de la succión, de algún líquido vital. Y entenderemos como «líquido vital» aquel que proviene del ser humano y que está relacionado con engendrar o mantener de la vida (véase la sangre, el semen o la leche materna).

En Folklore hay muchas más vampiresas que vampiros pero

Sus historias son poco atractivas

Siguiendo este precepto, encontraremos que el porcentaje de vampiresas en el folclore es mucho mayor que el de vampiros. Pero si ellas no han sobrevivido al paso del tiempo tan bien como ellos es porque sus historias, pese a ser aleccionadoras, no son para nada atractivas. Y no olvidemos que el monstruo con colmillos del que hablamos está totalmente romantizado en su forma masculina.

Su estudio es eurocéntrico, colonialista y machista

Por otro lado, también se ha de subrayar que en todo momento hablamos de lecturas occidentales de otras culturas. Personalmente soy muy escéptica a estas y siempre hay que andarse con ojo con ellas. Sobre todo cuando encontramos ensayos sobre vampirismo en español, pues la mayoría de estos fueron publicados a finales del siglo pasado o principios de este. Eso quiere decir que normalmente la visión que se le da al estudio de los vampiros está plagada de eurocentrismo, colonialismo y, por supuesto, machismo. No sabemos hasta qué punto la información que se nos da, sobre todo relacionada con culturas tribales, es totalmente verídica o no ha sido desvirtuada por el ojo del hombre blanco. 

Grupos de vampiresas en el folklore

Hasta ahí mismo de la dualidad madre/puta. Que, por cierto, ya mencionaba otra colaboradora en este artículo sobre la Femme Fatale.

Teniendo todo esto claro, se pueden hacer dos grupos grandes de la figura de las vampiresas en el folclore de todo el mundo. Las clasificaríamos entonces casi de la misma manera en la que se nos diferencia a las mujeres: en madres o putas. Dentro de estas dos categorías, sobre todo dentro de la primera, existen ciertas variantes, pero ambos conceptos pueden conectarse y de hecho se entremezclan muchas veces. 

Clasificación de las vampiresas como madres: si no eres madre, eres un monstruo

El vampirismo, sobre todo en mujeres, puede relacionarse con la maternidad casi directamente. Sigue normalmente una simple norma: si no eres madre, eres un monstruo. En muchas culturas, si la mujer perdía al bebé o simplemente no podía tener hijos, se convertía en una vampiresa. Dependiendo del lugar de la leyenda, esta criatura podría arrebatar a otras madres sus bebés, alimentarse de ellos, hechizarlos o matarlos directamente. Entre otros, tenemos los ejemplos de la mesopotámica Lilû, que raptaba bebés y se los comía; la sumeria Lamme, estéril que atacaba a madres, pedía amamantar a las criaturas, vampirizaba los bebés y provocaba abortos o enfermedades a los recién nacidos; Lamia de Grecia que, desquiciada porque Hera matase a todos sus hijos, se dedicó a comerse los bebés de otras madres; la Lilith judeocristiana que también, castigada por Dios, se comía los bebés de las que sí podían tenerlos; las civateteo del México precolombino, que se convertían en brujas-vampiresas tras morir dando a luz; o la güaxa asturiana que con su único diente bebe la sangre de los infantes.

Pero las vampiresas también se han relacionado con la maternidad y las madres de otras maneras. Estos monstruos, incapaces de engendrar, también se dedican a acosar a quienes sí pueden ya sea infringiéndoles dolor o alimentándose de partes y fluidos de ellas mientras viven la maternidad. Como por ejemplo la penanggalan malaya que bebe la sangre de las parturientas.

Clasificación de las vampiresas como putas

Así se quedan los pobres después de cruzarse con una chupasangres de las malas.

Por supuesto, si no eres madre no te queda otro remedio que ser puta, ya seas vampiresa o humana. Así que la lista de las bebedoras de líquidos vitales en el folclore a veces es prácticamente idéntica. A muchas de las anteriormente nombradas pueden unírsele otras tantas que dedican su tiempo como monstruos de la noche a seducir a pobres hombres hasta matarlos o dejarlos estériles, ya sea bebiendo su sangre o su semen. Está claro que ellos no disfrutan de estas actividades, —la mayoría de las veces sexuales—, y son víctimas de los influjos de estos seres malignos con cuerpos (o cabezas o troncos) de mujer. Porque la que se parezca mínimamente a una mujer y tenga tintes sexuales (¡y encima no pueda parir!) debe ser mala malísima. En esta enorme lista podemos destacar a la judeocristiana Lilith, seductorísima y castigada por no ser sumisa; la Gélô de La historia de Sidi Nouman o la esposa de El honor del vampiro ambas parte de Las mil y una noches, esposas y consortes seductoras que engañan a sus maridos porque son vampiresas; la Churel de la India, que bebía esperma hasta el agotamiento del hombre; o las súcubos de las historias medievales occidentales, muy parecidas a Lilith.

Hay que señalar, después de estas largas listas, que han sido seleccionadas aquellas que son descritas exclusivamente como mujeres o con partes consideradas de mujer y que, para no hacer esta sección pesada, apenas se han nombrado unas pocas. Pero con solo un poco de tiempo y un par de lecturas se descubre ese pestazo a machismo que separa a las hembras-vampiro de los machos-vampiro en sus orígenes, motivos y métodos. Además, como se verá en el desarrollo del artículo, el folclore es tan solo la semilla de un bosque que planta los tópicos sexualizados y sexistas sobre las vampiresas. Y estos continuarán creciendo y alimentándose en la historia y la literatura.

Representación de las vampiresas en la historia

representación de las vampiresas en la historia
Juana la Loca

El término «vampiresa» en historia se usa la mayoría de las veces para denigrar a grandes figuras femeninas como Catalina la Grande, Isabel I, la princesa de Éboli, Cleopatra, Isabel la Católica, Juana de Castilla, Juana de Arco, Ana Bolena, etc. Estas mujeres, consideradas tiranas por actuar con libertad o simplemente por tomar un rol considerado masculino, no habían pecado de vampirismo. Sin embargo, eran insultadas de esta manera por lo que el término ya insinuaba en el folclore. Y es que si no eras una mujer sumisa, una buena amante, esposa y madre, eras un monstruo, una vampiresa.

Han existido mujeres en la historia, que si bien actuaron en libertad, también lo hicieron con sadismo. Y a estas, aunque el sobrenombre de vampiresas les venga como anillo al dedo, se las ha maltratado en los libros de historia no por lo que hicieron, sino por el género que tenían.

La condesa sangrienta

La representación de las vampiresas en la historia

El gran, claro y evidente ejemplo de vampiresas en la historia tiene nombre, apellidos y título. La condesa Erzsèbet Báthory de Hungría ha sido clave, inspiración y fuente desde su tiempo hasta la actualidad. Una mujer a la que rodeó siempre el misterio, el secretismo y la fantasía con una historia que debemos saber extraer con pinzas y analizar con lupa. Esta condesa sirve de hilo conductor para hablar de la figura histórica de la chupa-sangre pues es posible conectarla con nuestra nacional Enriqueta Martí o su historia puede ser contrastada con la de las dos grandes figuras sádicas y vampíricas masculinas, Gilles de Rais y Vlad Tepes.

La Condesa Sangrienta, sobrenombre que adquirió Báthory, fue una mujer absolutamente extraordinaria para su tiempo. Era culta, políglota y muy bien educada, nada común en aquella época. Dejaba atrás a las gentes de su época hasta en los detalles más pequeños, como saber usar el tenedor. Una condesa de una estirpe de gente poderosa, sádica, fuerte y, por lo que cuentan las crónicas, probablemente con grandes problemas de salud mental. Casada con un noble de rango inferior al suyo y mucho más mayor que ella, decidió mantener su apellido por puro orgullo y desde ese momento dejó claro qué tipo de mujer iba a ser.

la representación de las vampiresas en  la historia

Erzsèbet decidió siempre marcar sus ritmos y territorio, revelándose incluso a su suegra y escogiendo el momento para tener los hijos que debía dar. Sabedora de su superioridad, de clase y cultura, siempre tuvo por bandera el perseguir sus intereses e imponer su libertad. A la muerte de su esposo, rechazó casarse de nuevo y dejar que los maridos de sus hijas manejasen su patrimonio. Y ese, más que ningún otro, fue su error. 

En este punto de la historia una siempre tiene que preguntarse cuánta verdad hay de lo que viene a continuación. Las crónicas del juicio al que la sometieron relatan que a partir de entonces, con ayuda de una bruja y otros secuaces, la condesa Báthory dedicó su ansiada libertad a drogarse intentando invocar al Maligno, a tener relaciones con mujeres, torturarlas en orgías sangrientas y llenar las tierras por donde pisaba de cientos de cadáveres de chicas vírgenes en pos de mantener su juventud. Pero estas confesiones fueron extraídas de sus sirvientes a base de horribles torturas y por un grupo de hombres que quería deshacerse de la supuesta vampiresa para quedarse con sus tierras. El diario de la condesa se perdió y de ella no existe palabra escrita o dictada que haya sobrevivido al tiempo. ¿Realmente sucedió lo que los hombres escribieron de ella o han alimentado su leyenda para tapar sus propios crímenes? Lamentablemente, a no ser que ocurra un milagro y algún arqueólogo millennial como PutoMikel descubra su diario o alguna de sus cartas, no sabremos nunca la verdad. Solo nos queda su fábula, la misma que ha servido de fuente para sentar las bases del vampirismo en la cultura occidental.

Por supuesto de ella pueden encontrarse miles de libros y artículos donde se habla de lo malísima que fue. Pocos hay que intenten ver su historia desde otra perspectiva. Ella no tiene, como sí lo hacen Gilles de Rais y el propio Vlad Tepes, un arco de redención. Hungría no se conmovió el día de su muerte ante sus muestras de arrepentimiento, como sí lo hicieron los franceses con de Rais. Pese a que este hubiese elegido como objetivo niños pequeños a los que torturar y violar. Tampoco Erzsèbet se convirtió en una heroína nacional, como ocurriera con Vlad el Empalador. Aunque sus métodos, crueldad y número de muertes probablemente fuesen inferiores a los de este. La Condesa Sangrienta es solo una dragona, antropófaga y vampiresa. Una cabeza de turco en una trama donde los hombres se salieron con la suya.

Enriqueta Martí Ripollés, la Vampira del Raval

representación de las vampiresas en la historia

Algo parecido le ocurrió a Enriqueta Martí Ripollés, pese a que su historia esté aparentemente mejor documentada, las últimas investigaciones señalan que puede que lo que se escribió de ella fuese mentira. Parece ser que el periodismo no ha cambiado demasiado en 108 años y, después de estallar el escándalo la primera vez, nadie se dedicó a investigar a fondo su caso para contrastar la información. Los artículos periodísticos repetían una y otra vez lo que se escribió en las primeras crónicas. Así pues, se pasó por alto que nunca encontraron los ungüentos que se decía que, hechos con restos de niños, vendía a la nobleza y burguesía. Tampoco que una de las niñas que supuestamente raptó era su sobrina, de la que cuidaba. O que su salud mental estaba resentida tras haber perdido a un niño y que la sangre que encontraron en su piso podía ser producto de su cáncer de útero. 

La Vampira del Raval fue acusada de proxenetismo, asesinato y secuestro, y su caso sirvió para acallar al pueblo que denunciaba la masiva desaparición de niños en Barcelona. La Ciudad Condal ya tenía a su culpable y jamás se supo los nombres de aquellos que presuntamente recibían los servicios de Enriqueta. Aquellas personas de las altas esferas sin nombre, que violaban niños y luchaban contra la tuberculosis con manteca de infantes, pusieron en bandeja a aquella mujer que mendigaba de día y hacía de curandera de noche. En una España donde los saca-mantecas actuaban impunes, los pobres que luchaban contra la precariedad, el hambre o las enfermedades,  también tenían que andarse con ojo de no verse sin el dolor de perder a sus hijos de una manera horrible y brutal. Al menos, pensarían, tenían un nombre al que maldecir: el de La Vampira de Barcelona.

Estas dos historias, como la de Leonor de Schwarzenberg, acusada de vampirismo por sufrir de cáncer craneoencefálico, demuestran que cualquier signo de actuar diferente a los roles de género era suficiente para convertirse en chupa-sangres. Sobre todo si, además, sufres alguna dolencia física o mental, como en el caso de las mencionadas. A su alrededor, se crearán historias que las acusen de cosas horribles para advertir a las mujeres que vengan tras ellas. Ya no solo será el no ser madre lo que te convierta en un monstruo, sino el no actuar como la sociedad dicta que debe hacerlo una mujer. Si lo haces, lo más probable es que seas una vampiresa.

La representación de las vampiresas en la literatura

Después de este recorrido por el folclore y la historia parecería natural que la literatura se hubiese nutrido de tan grandes y ricos iconos femeninos para crear las bases y desarrollar a los vampiros de la cultura occidental. Siento daros malas noticias, pero desgraciadamente no es así. La culpa de todo esto, y de otras muchas cosas, la tiene nada más y nada menos que George Gordon Byron. Y es que los cimientos vampíricos, pese a que a todas nos gustaría que los hubiese establecido Carmilla de Sheridan Le Fanu, los estableció el Lord Ruthven de El Vampiro, escrito por John William Polidori. ¿Y qué tienen que ver Lord Byron y Lord Ruthven? Bueno, pues, todo.

temas de terror

El Vampiro, de Pollidori

Es bien sabido que en el año sin verano, el de 1816, coincidieron en Villa Diodati los archifamosos Mary Shelley, Percy Shelley, Claire Clairmont, Lord Byron y John William Polidori. Estos dos últimos viajaban juntos como super estrella y médico personal, pese a que Polidori realmente no le perdiese paso a Byron por algo mucho más propio de Sálvame. A parte de sentar las bases del vampiro moderno, Polidori fue uno de los primeros paparazzi y se dedicaba a vender las idas y venidas del poeta a los periódicos londinenses. Claramente debían de pagarle, porque no aguantaba a Byron y razón no le faltaba. El histriónico escritor aprovechaba cualquier oportunidad para burlarse de su doctor y cuando llegaron los Shelley y Clairmont el pitorreo aumentó. 

Entre esto y su gran conocimiento de la vida privada de lord Byron, Polidori aprovechó aquel reto nocturno que nos trajo Frankenstein o el eterno Prometeo para desahogarse a gusto. Desde las primeras frases de El Vampiro una se da cuenta que el doctor está describiendo a lord Byron. John William Polidori convirtió así a su tóxico colega en un monstruo que, pese a ser un noble elegante, destrozaba la vida de las damas y sus familias ahí donde fuera. Lo que les diferenciaba a Ruthven y a Byron era que el último no mataba a sus víctimas a base de chupar su sangre, que sepamos. Aunque poco le faltó, la verdad.

Así pues, todos los vampiros que vinieron tras el del doctor y paparazzi, deben muchos de sus rasgos al poeta más extra que parió Inglaterra. Desde Carmilla hasta Lestat, incluso Edward Cullen, los rasgos aristocráticos, el acosar a jovencitas y el indudable atractivo tiene su raíz en lord Byron. ¿Entonces, qué pasó con todas las leyendas de las mujeres-vampiro? ¿No sirvieron de nada? Sí y no. Y os voy a explicar ambas, claro.

¿Y que pasa con la representación de las vampiresas en la literatura?

Rasgos como volar, convertirse en animales o ciertas necesidades como llevar consigo tierra de su país están extraídas del folclore (inciso curioso: ¿sabíais que tanto Carmilla como el conde Drácula podían andar bajo la luz del día?). Pero, si pensáramos fríamente en los grandes iconos vampíricos de la cultura contemporánea y nombrásemos a las mujeres solo podríamos señalar a la Karnstein, mientras que nos saldría una lista bastante larga de ellos, los señoros con colmillos.

E incluso si analizásemos Carmilla de una forma un poco más crítica e intentando leer entre líneas, teniendo en cuenta que Le Fanu fue mentor de Stoker, podríamos desgraciadamente admitir que la vampiresa más famosa de la literatura casi sirve de fábula para advertir a las chiquillas de los riesgos de las seductoras sáficas. Tened cuidado Lauras del mundo, que llega una Carmilla y os morís literalmente por su amor. (Entre nosotras, si me lee alguna Carmilla en la sala a mí no me asusta morir por ella).

Él es Drácula, pero ¿Quiénes son ellas?

la representación de las vampiresas en la literatura

De hecho, si bien es Polidori quien establece las bases de los vampiros, es Stoker y no Le Fanu quien termina marcando los fundamentos de las vampiresas, pero sin hacerles ningún favor. En Drácula aparecen cuatro y lo curioso de ello es que solo una tiene nombre y peso en la novela. Las tres sin nombre acabaron siendo denominadas popularmente como «Las Novias de Drácula» y en muy pocas ocasiones, sobre todo en el mundo audiovisual, reciben nombres propios. Estas vampiresas son seductoras, muy sexuales, atractivas, comen bebés y ante el conde Drácula son absolutamente sumisas. Son las encargadas de tratar de corromper a Jonathan Harker, el pobrecito hombre que se ve solito entre tres sensuales vampiresas…

Lucy Westenra

Representación de las vampiresas en la literatura

El tema de la última, Lucy Westenra, es mucho más complejo e incluso turbio. Existen varios análisis y lecturas que presentan a Lucy como la malvada contraparte de Mina Murray para aleccionar sobre cómo debía comportarse una mujer. Y es que en el Reino Unido de Stoker estaban surgiendo dos grandes figuras que luchaban por cambiar la historia. Por un lado los ingleses se encontraban con los Dandies, hombres afeminados con estética y gustos que se consideraban de mujeres, muchos de ellos bisexuales u homosexuales. Por otro lado surgían las New Women, ideales feministas que pretendían romper con los roles de género, dejar de ser solo madres y vivir en libertad su sexualidad, fuera esta la que fuera. Bram Stoker no tenía ningún problema con los dandies, ¿cómo tenerlo siendo amigo de toda la vida de Oscar Wilde, el icono dandy por excelencia? Pero que las mujeres pidieran derechos y libertad sexual… ¿¡que sería lo próximo!? ¿¡Comer bebés!?

Así pues, decidió volcar todo su odio de señor en el personaje de Westenra, la mujer que no sabe decidirse entre tres hombres y no solo filtrea con ellos. ¡Se atreve a acostarse con los tres sin casarse! ¡Y encima habla de libertad sexual! Y castigó este personaje con lo peor que existía en la novela: el vampirismo. Lucy entonces se convierte en un monstruo que, efectivamente, come niños. Algunos analistas incluso aseguran que la forma en la que muere la Lucy vampiresa (sus tres amantes confabulan para acabar con ella y le clavan una estaca) es una metáfora de la violación. No me extrañaría, pero a la vez prefiero quedarme ahí en ese punto. 

la representación de las vampiresas en literatura

Para hacer a Lucy y a las novias más horribles y dar un ejemplo de cómo debe ser una mujer, tenemos a Mina Murray que termina siendo Harker. Nuestra queridísima protagonista, pese a ser acosada y seducida por Drácula, termina siendo una mujer de Dios y de su esposo y reprime todos sus deseos para defender su santísimo matrimonio. De hecho, en varias ocasiones incluso, menciona lo rarita que es su amiga Lucy y cómo jamás podría ser como ella. Y, por supuesto, en ningún momento es convertida y acaba la novela felizmente casada.

A partir de entonces la literatura y el resto de productos contemporáneos que han bebido de ella, han mostrado a las vampiresas como monstruos hipersexualizados, sensuales y malvados. Muchas veces han relacionado esta sexualización con el safismo, para el gusto del espectador masculino. Pero siempre o casi siempre estas mujeres-vampiro han acabado mal. Lucy es la primera de muchas que, como Rosalie de Crepúsculo, nos educan de manera velada sobre lo que no tenemos que ser como mujeres. Y, por mi parte, han fallado. Lo siento, Bram, lo único que quiero ser en la vida es Lucy Westenra.

En resumen…

Si tuviéramos que resumir este larguísimo artículo diríamos que la figura del vampiro en el folclore intentó aleccionar a las niñas y nutrió las religiones para someter a las mujeres. Que en la historia, siguiendo esta estela, se señaló a las mujeres que se salían de la norma y las transformó en tiranas. Y que en la literatura, para no ser menos, se reflejó todo el odio que, al final, se tenía hacia cualquier icono femenino

Sin embargo, de todo esto saco una reflexión mucho mayor y es que ellos pueden contarnos lo malas que son las vampiresas e intentar avisarnos de que podemos convertirnos en monstruos si seguimos su camino, pero a mí sus fábulas no me dan miedo. Me inspiran y ahora nadie me dirá cómo tengo que ser, como Lilith; poseeré lo que me dé la gana de poseer, como Erzsèbet; o me acostaré con quien me quiera acostar, sin pensar en formar una familia si no quiero, como Lucy.

Espero que vosotras saquéis la misma idea y que la rabia que seguramente habéis sentido leyendo alguno de mis párrafos os sirva para convertir 2020 en el año de las vampiresas.

Referencias

Vampiros: magia póstuma dentro y fuera de España, Flò, Ferrán y Ardanuy, Ediciones Luna Negra, 1994

Historia de los vampiros, Edgard de Vasconcelos, Edimat Libros, 2012

¡Drácula vive! Historia del rey de los vampiros, Gonzalo Pérez Sarró, Santillana Ediciones Generales, 2007

Drácula, Bram Stoker, El Mundo Unidad Editorial, traducido por Francisco Torres Oliver, 1999

Drácula, el no muerto, Dacre Stoker e Ian Holt, Roca Editorial, traducido por Javier Guerrero, 2009

El vampiro, John William Polidori, versión Kindle

Carmilla, Joseph Sheridan Le Fanu, versión Kindle

Ella, Drácula Vida y crímenes de Erzsèbet Báthory, la Condesa Sangrienta, Javier García Sánchez, Editorial Planeta, 2006

10 artículos sobre Erzsèbeth Báthory, Blog en Blogspot Dinastías históricas, 2011

La condesa sangrienta Elizabeth Báthory, en la web mujeresenlahistoria, Sandra Ferrer Valero, 2012

La historia la escriben los hombres: Erzsèbet Báthory, WordPress Divagaciones a tres, 2017

Dracula: vampires, perversity and Victorian anxieties, Greg Buzwell, British Library, 2014

Vampiros en España, podcast Milenio 3, programa 181, Ivoox, Antonio García Álvarez, 2002-2004

Vampirismo Ibérico, podcast Milenio 3, Ivoox, emarkysevilla, 2 de octubre de 2011

La princesa vampiro, documental History Channel, Klaus Steindl y Andres Sulzer, 2007

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