Lluvia Fina

Las razones por las que me acerqué a Lluvia Fina, de Luis Landero, son de lo más azarosas: la compré en una gran superficie, un día que no tenía previsto adquirir un libro, y sólo porque me di cuenta, de repente, que me quedaba poco para terminar el anterior. Me acerqué con el carro lleno de galletas y latas de refresco, y me llamó la atención la foto y lo que leí en el reverso.

En mi defensa, diré que no suelo hacer esas cosas. En esta ocasión, el instinto me dijo que no se trataba de una obra superficial. La trayectoria del autor hubiera sido una pista, pero como no había leído nada suyo, he de admitir que me arriesgué un poco. Después de leerlo puedo decir que, en líneas generales, no me equivoqué.

Lluvia Fina, una reseña sin Spoilers, o eso intentaré.

Al comentar un libro, ya sea en una conversación, o en este formato, siempre he pensado que es mejor ser discreto, y no desvelar elementos que puedan mermar el placer que supone ir descubriendo tramas o dejarse sorprender por ellas. Es condenadamente difícil, pero veré qué puedo hacer.

Familias dañadas y heridas antiguas, el tema de «Lluvia Fina»

Lluvia fina me ha parecido una novela seria, dura, y profunda, pero nada pretenciosa y hasta cierto punto humilde (en el mejor sentido de la palabra). El autor desgrana una visión triste y acerada de las relaciones familiares, y del deterioro que causan las heridas, por antiguas que sean, en el volátil equilibrio del alma humana. Un equilibrio que tanto trabajo parece costar, y tan difícil es de mantener para unos personajes que, siendo corrientes como cualquiera de nosotros, no son (como no lo somos ninguno) lo que parecen.

Comienzo a modo de sinopsis

El punto de partida es muy sencillo: Gabriel pretende reunir a su familia (madre y dos hermanas), desconectadas entre sí desde hace tiempo, para celebrar el ochenta cumpleaños de la primera. Piensa sin duda que una ocasión así merece dejar atrás los asuntos por los que se distanciaron, pero pronto se puede ver que, la mera posibilidad de reunirse para ese evento, hace aflorar algunos de los conflictos que les llevaron al punto donde están.

Aurora, la mujer de Gabriel, la única que no es familiar directa, es la única también que mantiene contacto con todos los demás, y en ella se centra toda la conversación que genera la ocurrencia de su marido. Ella (y nosotros con ella) es la depositaria de los comentarios e inquietudes que la inocente intención de Gabriel va suscitando. Hasta aquí puedo explicar sin desvelar el desarrollo, pero sí diré, porque es un incentivo y no merma el disfrute, que poco a poco se va viendo que nada ni nadie es exactamente lo que parece.

Nudo. Porque todas las hitorias se complican y «Lluvia fina» no es menos

Todo esto evoluciona en una trama sencilla pero áspera, cuya lectura es bastante asequible en lo formal (salvo algún detalle que comento más adelante), pero que tiene un tema y un desarrollo muy amargos: no es apta para leer en momentos difíciles.

En la primera mitad de la novela, uno de sus puntos fuertes me pareció la sencillez del argumento, que el autor va enredando con un ritmo muy acertado. Para ello usa detalles reales y, al menos al principio, muy naturales. La importancia e intensidad de esos elementos va creciendo a un ritmo asequible, demostrando el escritor su oficio y despertando el interés por seguir leyendo. Todos esos detalles tienen como centro a los personajes, que constituyen un sólido y creíble núcleo de la historia. Sin revelar nada, puedo decir que destaca el personaje de Aurora, confidente y conexión de todos los demás, y que llamó mi atención como firme pilar sobre el que se sostiene todo. Sirve bien de agarradero, permitiendo que el lector se identifique con la historia.

A partir de determinado momento, sin embargo, muchas de esas virtudes se diluyen un poco. Para crecer, la trama se apoya en situaciones menos creíbles, y en detalles un poco exagerados, así que hay que hacer un pequeño esfuerzo como lector. Es verdad que ese esfuerzo es menor si tenemos en cuenta otro de los elementos inteligentes de la novela: cada acontecimiento se narra desde varios puntos de vista y, sobre los mismos hechos, cada uno de los protagonistas tiene una visión diferente. Estas versiones, aun siendo antagónicas entre sí, podrían ser ciertas ambas, o ninguna de ellas. Así que, si al leerlo uno siente que los hechos narrados le resultan increíbles, puede juzgar que, en efecto, no son ciertos. Lo que importa es que el personaje que los narra sí los considera reales, o al menos así los presenta a Aurora, y eso basta para explicar los constantes desencuentros que se van revelando, y que configuran el crescendo del drama.

Algunas consideraciones sobre la forma

En lo formal, el lenguaje es también sencillo. Fácil de leer en general, sí que muestra en algunos momentos un esfuerzo de originalidad, que es a la vez una ventaja y un defecto: En determinados momentos, el autor intercala conversaciones, cambiando los sujetos, y el tiempo verbal, en una transición voluntariamente chocante. Es una ventaja porque estimula en algunos momentos al lector, y es original. Pero es un defecto porque no siempre está bien logrado, yo al menos, tuve que volver a leer algún párrafo desde el principio.

En resumen, los puntos fuertes de la novela me parecieron la sutileza de su trama, y el interés que despierta como estampa del alma humana. Como elementos negativos, diré que me costó creerme algunos de los sucesos, sobre todo al final. Además, ciertos elementos que definían los personajes me resultaron un poco repetitivos (como las recargadas expresiones de Andrea, una de las hermanas). Pero en resumen, aunque estos detalles pueden hacer que la novela no sea redonda, no le quitan interés, y por eso me parece que en todo caso, y a pesar de ellos, es una lectura recomendable.

Diego Vázquez es licenciado en derecho e historia, pero, sobre todo, es mi amigo.

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