95 pensamientos en “Reto literario de Febrero: una buena ensalada. BASES

  1. Me gusta el reto. Ejercicio complicado. Me apunto. Ahora toca exprimirse las meninges en busca de una ensalada con sustancia. Rica rica y con fundamento.

  2. Hola, Alicia!

    Esta vez sí que voy a escribir algo, te lo juro Snoopy (que de todas formas nunca me cayó bien, así que si fallo pues… xP). Ahora, ¿qué conseguiré sacar de ahí? Pues ya veremos, porque ya la verdad es que la propuesta tiene su complicación.

    Un abrazote!

  3. Apúntame para escribir, Alicia. Aunque me temo que, quitando la pareja y el trabajo estable, me has descrito muy bien. Si quieres te mando una foto preparando una ensalada para servir de inspiración al grupo. XD

  4. Hola! Me gustaría apuntarme si aún hay un huequecito 😁 (soy consciente de apuntarme un día tarde, lo siento). Si no lo hay me apuntaré para el próximo, mil gracias 😬

  5. Me refería a mi vieja de las lechugas 😉 pero no tendría trabajo estable… porque jubilada no vale, ¿no? 😀
    Bueno, apúntame y a ver qué sale de este embrollo 🙂

  6. Ay Alicia que me está matando el curro y no sé en qué día vivo, y se me había pasado, no ya apuntarme, sino hasta leer el post!! No sé si es mucho abusar presentarme como escritora (aunque igual, si todavía no te has levantado, aún cuela :D). Si no no pasa nada, ni siquiera se me ha ocurrido algo aún, pero por no dejarlo ya a la segunda 🙂

    Gracias!!

  7. A los buenos días.

    Dudillas que me han ido surgiendo según me han explotado varias ideas en mi cabeza:

    Según he entendido el ejercicio, parece que el relato debe suceder en un escenario realista. No quieres que aparezcan elementos de fantasía, terror y/o ciencia ficción para que la importancia la tenga tan solo el personaje principal sin que el entorno ayude o de pistas. ¿Lo he entendido bien?

    Otra cosilla: aunque nuestre prota tenga pareja, ésta no debe aparecer en el relato, no como una voz, quiero decir. Por no meter conversaciones entre dos personajes cuando entiendo que lo que quieres es que trabajemos uno a fondo. ¿Es así, o aquí cada cual hacemos lo que nos parezca?

    Y por último: Albacete es solo un ejemplo, ¿verdad? Puede ser cualquier otra ciudad. Que no conozco Albacete y no consigo “ver” dónde y cómo se desarrolla el relato. 😂😂😂

    Muchos ánimos a todes y a disfrutar mucho escribiendo:

    Amaya

    1. Debe suceder en un escenario realista.
      El ejercicio es se, sí. A todas nos gustan los géneros fantásticos, pero una no siempre obtiene lo que desea 😉
      Presencia de otros personajes: Si los necesitas para darle mayor profundidad a la persona que prepara la ensalada, perfecto. Pero lo importante es la preparadora de ensaladas.
      Albacete no es obligatorio, no.

      XD

      1. Me alegro de que Albacete no sea obligatorio 😁

        Perfecto con todo. Es que no quería volver a pasar de las normas para construir el relato. Muchas gracias. ¡A darle a la tecla! 🖥

  8. Pues ahí va, es de achicoria y rúcula.

    Aderezos
    ————-

    Supongo que hay tantas ensaladas como personas. Mi abuela la hacía con hierba buena y ajos crudos. Paco decía que si no lleva mucho atún entonces no es una ensalada. Mi madre añadía manzanas. Manzanas, con la lechuga y el huevo duro. Nunca lo entenderé. En Madrid hacía la de Cris con pasas y piñones. En realidad, ella era más de comer cerdo salteado —o cualquier otra carne— con la ensalada, pero le gustaba el toque dulce de mis pasas. Nerea, mi actual pareja, prefiere que no le eche frutos secos.

    — Gordi, que no se te olvide el aguacate —dice mientras me hace apartar para sacar las lejías de debajo del fregadero. Las tres clases diferentes que usa para esterilizar el baño.

    Le encanta el aguacate.

    — Voy a ver si hay.

    Pero ya sé que hay. Cuando dijo de venirnos a su Alicante natal argumenté que aquí me iba a costar encontrar ingredientes para mis platos orientales, pero hay de todo. No me puedo quejar.

    Ella siempre quiere la ensalada con aguacate; lo demás le da igual. Saco uno de la nevera y lo pongo sobre la tabla; pero no me decido a pelarlo. Ya he llenado el bol con rúcula y achicoria. El aguacate, simplemente, no iría bien. Claro que aquí en Alicante tienen gustos diferentes. Como con el arroz al senyoret: mi especialidad allí en el restaurante de Cris y que aquí no parece que logre darle el punto que quieren.

    — ¡Qué buena pinta tiene ese aguacate! —dice ella cuando entra cargada con el cubo de fregar— ¿Has pensado ya en lo del gato?

    — No sé —me limito a decir.

    No quiero tener gato. No me llevo bien con ellos y creo que soy alérgico. Paco y yo hablamos de adoptar un perro, uno que lo hubiese pasado mal, pero no llegamos a hacerlo. Desde que él murió ni los miro. Todos me recuerdan a él.

    No me apetece echarle aguacate a la ensalada; pero no quiero que ella me vea guardarlo en la nevera, así que me pongo a aliñarla con el mejor aceite virgen, de primera extracción —sin pasarme, que son calorías— y con vinagre de Jerez. Le añado sal, aunque dudo entre usar la de Nepal o la de escamas. Y un toque de pimienta negra.

    Ella sale. Seguramente a fregar el salón. El aguacate sigue ahí, sobre la tabla. Junto al cuchillo. Lo miro y me veo en su reflejo. Un regalo de Cris. Me pongo a afilarlo, aunque ni lo necesita ni merece el maltrato. Cuando termino ya no me quedan excusas. Cojo el aguacate y lo palpo.

    — Creo que los aguacates están pasados —digo, aunque no es verdad.
    — No importa —contesta ella, tal vez desde la terraza—, ya sabes que me gustan maduritos.
    — No sé, me parece que están demasiado blandos.
    — Como veas.

    Sé que debería agregar el aguacate. A ella realmente le gustan, con pasión, pero no lo hago. Lo devuelvo a la nevera y añado pasas y piñones.

    1. Hola, Juan, ahí va mi comentario a tu relato:

      Este ejercicio lo considero bastante complicado, ya que nos obliga a centrarnos en la narración de algo muy ordinario. De hecho, como decía Alicia, lo pensó así para que fuese un buen reto.

      Tú te has ceñido totalmente al planteamiento: diría que el 75% del relato narra la elaboración de la ensalada, con la reticencia de la protagonista (creo que es una mujer) a ponerle aguacate. Le añades muy bien los detalles del trasfondo de las dos protagonistas, con su restaurante, su cambio de vida en Alicante, etc.

      El relato fluye sólo, está bien escrito y la reticencia a añadirle aguacate se percibe como un buen conflicto. Aunque no grandioso ni explosivo, es un conflicto que transmite muy bien al lector o lectora le pesadez de tener que añadir a la ensalada algo que no te gusta, el poco valor de la protagonista para ser sincera y para afrontar con palabras esa reticencia, y también alargar el conflicto de forma teatral hasta terminarlo con disimulo. “Dejo el aguacate ahí escondido y no hago ruido, quizá Nerea no le dé importancia” podría ser uno de los pensamientos de la protagonista.

      Para ponerle un “pero” diría que no se ve o no se transmite que las protagonistas estén obesas. Se le llama “Gordi” a la protagonista una vez, pero eso no tiene porque significar que esté gorda, mucha gente se dice estos apelativos cariñosos sin que signifiquen nada más. Y, por cierto, ni “gorda” ni “gordo”, y así dejas en la incógnita el género de la/el protagonista. Me parece un buen detalle.

      Otro “pero” quizá sería el final. Sí que termina con el dilema de si meterle o no el aguacate, pero s eme antoja como un final un poco flojo, como si le faltara algo: alguna revelación, un giro de guión, algo que sorprenda. Pero esto es quizá más bien subjetivo.

      Espero que te sean de ayuda mis observaciones. Un saludo!

    2. Me ha gustado mucho el comienzo del relato. Dejando caer distintos personajes y gustos hace que entremos enseguida en la historia, importante sobretodo con relatos tan cortos. Además me has dado muchas buenas ideas para probar en ensaladas jejeje. El mayor problema con el que me he encontrado es que tengo pocos datos del personaje como para encariñarme como pedía Alicia en las bases. Me hablas de tres personas importantes para el personaje principal: Cris, Paco y Nerea. Dos son parejas, pero de Paco, la persona que es tan importante no sabemos mucho más que el que quería un perro y sus gustos. Me ha gustado mucho el gesto final de negarse a poner el aguacate. Le da un toque interesante al relato.

    3. Aderezos (JUAN)
      Supongo que hay tantas ensaladas como personas. Mi abuela la hacía con hierba buena (Si no me equivoco se escribe todo junto hierbabuena) y ajos crudos. Paco decía que: si no lleva mucho atún, entonces, no es una ensalada. Mi madre añadía manzanas. Manzanas, con la lechuga y el huevo duro. Nunca lo entenderé. (hay algo que no me suena bien en esos puntos y seguido tan juntos, pero no puedo decir qué, así que solo lo dejo como apunte) En Madrid hacía la de Cris con pasas y piñones. En realidad, ella era más de comer cerdo salteado —o cualquier otra carne— con la ensalada, pero le gustaba el toque dulce de mis pasas. Nerea, mi actual pareja, prefiere que no le eche frutos secos.
      — Gordi, que no se te olvide el aguacate —dice mientras me hace apartar (yo pondría me aparta, porque me hace apartar además de largo me rima con sacar) para sacar las lejías de debajo del fregadero. Las tres clases diferentes (creo que el hecho de que son diferentes queda claro cuando hablas de tres, a no ser que lo uses para redundar lo harto que está el personaje de esas cosas de Nerea, en cuyo caso está perfecto para mi) que usa para esterilizar el baño.
      Le encanta el aguacate.
      — Voy a ver si hay.
      Pero ya sé que hay. Cuando dijo de venirnos a su Alicante natal argumenté que aquí me iba a costar encontrar ingredientes para mis platos orientales, pero hay de todo. (yo no pondría un punto aquí, la verdad) No me puedo quejar.
      Ella siempre quiere la ensalada con aguacate; (aquí va una coma, el punto y coma tiene unas normas muy concretas y muy tiquismiquis) lo demás le da igual. Saco uno de la nevera y lo pongo sobre la tabla; (idem) pero no me decido a pelarlo. Ya he llenado el bol con rúcula y achicoria. El aguacate, simplemente (tengo una especial manía a los adverbios en terminados en -mente así que siempre pongo una nota para que el escritor considere si son necesarios o el texto funciona sin ellos), no iría bien. Claro que aquí en Alicante tienen gustos diferentes. Como con el arroz al senyoret: mi especialidad allí en el restaurante de Cris y que aquí no parece que logre darle el punto que quieren. (yo suprimiría el que quieren y lo dejaría en el punto, porque está muy cerca del tienen y me rima, pero es que soy muy de borrar)
      — ¡Qué buena pinta tiene ese aguacate! —dice ella cuando entra cargada con el cubo de fregar— ¿Has pensado ya en lo del gato?
      — No sé —me limito a decir.
      No quiero tener gato. No me llevo bien con ellos y creo que soy alérgico. Paco y yo hablamos de adoptar un perro, uno que lo hubiese pasado mal, pero no llegamos a hacerlo. Desde que él murió ni los miro. Todos me recuerdan a él. (muchos él seguidos, suprimiría el primero y/o cambiaría el segundo por me lo recuerdan)
      No me apetece echarle aguacate a la ensalada; (idem que con el otro punto y coma) pero no quiero que ella me vea guardarlo en la nevera, así que me pongo a aliñarla con el mejor aceite virgen, de primera extracción —sin pasarme, que son calorías— y con vinagre de Jerez. Le añado sal, aunque dudo entre usar la de Nepal o la de escamas. Y un toque de pimienta negra. (cambiaría muchos de los puntos y seguidos por comas, la pausa se haría igual y el texto sería más fluido)
      Ella sale. Seguramente (adverbio en -mente) a fregar el salón. El aguacate sigue ahí, sobre la tabla. Junto al cuchillo. Lo miro y me veo en su reflejo. Un regalo de Cris. Me pongo a afilarlo, aunque ni lo necesita ni merece el maltrato. Cuando termino ya no me quedan excusas. Cojo el aguacate y lo palpo. (lo mismo que en el párrafo anterior, creo que los pontos hacen el texto menos fluido)
      — Creo que los aguacates están pasados —digo, aunque no es verdad.
      — No importa —contesta ella, tal vez desde la terraza—, ya sabes que me gustan maduritos.
      — No sé, me parece que están demasiado blandos.
      — Como veas.
      Sé que debería agregar el aguacate. A ella realmente (este me sobra por completo: a ella le gustan con pasión tiene toda la fuerza necesaría) le gustan, con pasión, pero no lo hago. Lo devuelvo a la nevera y añado pasas y piñones.
      Me gusta, creo que cumple de sobra con lo pedido y caracteriza bastante el tipo de persona que hace la ensalada (y no me cae bien :P). No era un ejercicio sencillo y sospecho que la mayor parte de mis correcciones se saldan con un “es cuestión de estilo”. Las hago porque, si es a propósito, dejan de ser correcciones, pero, si no, pueden ayudar a clarificar y poner en orden un texto y creo que para eso nos apuntamos a cosas como este taller, para mejorar lo que hacemos. Un punto extra desde el amor que me produce el guiño a un protagonista bisexual 😉

    4. Muy bien, Juan.
      Si lo que querías transmitir era cierta desesperanza, cierta resignación e infelicidad en una vida aparentemente feliz, prueba conseguida.

      Bien lo de contar una historia. En este caso el interesante caso del aguacate que no formó parte de la ensalada.

      Está muy bien escrito y creo que has solventado las exigencias estupendamente.

      Cierto que no se ve si el/la prota es gordo/a, pero todo lo demás, de diez.

  9. Bueno, ahí va mi relato, creo que había que subirlo aquí. Ahora al revisar los comentarios para ver dónde había que subirlo, he visto las dudas de Amaya y creo que es posible que me haya saltado las reglas una chispitina. Pero ya no me da tiempo a hacer otro, así que ahí os lo suelto, sed clementes y perdonadme 😀

    Este es un poco más “yo” que el anterior, a ver qué tal se me ha dado 🙂
    —————————————————————————————————-

    Lo único que deseaba en el mundo tras la trillonésima bronca con mi jefe era comer chocolate hasta vomitar, y no la triste ensalada que me esperaba como cena. Abrí la nevera con la esperanza de que hubiese algo más pecaminoso, pero mi yo del pasado había sido tan astuta de anticiparse a ese momento y había comprado solo cosas sanas, la muy cabrona. Podía oírla riéndose detrás de mí.
    Tiré del cajón de la verdura con más fuerza de la que me querría admitir y arranqué de él una lechuga, una cebolla y un puñado de tomatitos cherry, que arrojé contra la encimera. Después armé un escándalo rebuscando en el desastre del cajón de los cubiertos el cuchillo bueno, que no encontré hasta que me corté con él. Maldije a grito pelado el cuchillo, mi trabajo y mis kilos de más, y me metí el dedo en la boca para no seguir maldiciendo, justo cuando Paula entraba en la cocina.

    —¿Un mal día?

    Sin sacar el dedo de la boca, incliné la cabeza con tanta amargura que le arranqué una sonrisa. Tiró de mi mano para dejar mis labios libres y darme un beso. Estaba acalorada y olía a champú.

    —El gym me ha matado. ¿Me cambio y compartimos esa ensalada?

    Asentí con la cabeza y esperé a que se marchase para empezar a lavar las hortalizas.

    —Lo que me faltaba —dije en voz alta, a sabiendas de que no me oía—, comer verde y tener que compartirlo.

    Sacudí la lechuga, la troceé con las manos y la eché en un bol. Coloqué la cebolla sobre una tabla y la corté con el cuchillo traidor.

    —Porque, claro, doña perfecta viene del «gym» y quiere cenar ensalada —levanté el cuchillo con indignación—. ¡Por gusto!

    Cogí un tomatito cherry y me lo puse frente a la cara.

    —A ver, no me malinterpretes —le dije—, la quiero con toda mi alma. Pero a veces desearía no ser siempre la gorda, la que no tiene fuerza de voluntad. La desastre. Me entiendes, ¿no?

    —¡Claro!—respondió el tomate con voz muy finita.

    Le habían aparecido dos ojillos negros y una boquita sonriente. De la impresión lo dejé caer sobre la lechuga y tuve que apoyarme en la encimera para no caerme yo. Él saltó del bol y se me quedó mirando.

    —¡Con-cedidooo! —empezó a canturrear, riendo y rodando sobre el mármol.

    Me agaché hasta que mis ojos quedaron a su altura.

    —¿Qué eres, el cherry madrino?

    —Joder —escuché detrás de mí—, esto ha encogido a saco.

    Me incorporé de un bote y me encontré con una Paula que no parecía mi Paula. Tenía su preciosa cara, sí, pero su cuerpo, tres veces el que traía del gimnasio, reventaba el pijama. Temblando, cogí el tomatito y volví a ponérmelo cara a cara.

    —¡¿Qué leches has hecho?!

    —Uhm, tomatitos cherry —dijo Paula—, ¡me encanta cómo explotan en la boca!

    Me arrancó el cherry madrino de la mano y, sin darme tiempo a gritar «¡No!», lo engulló.

    1. Muy chulo y muy divertido. Falta algún elemento de los que pedía Alicia, pero creo que da igual, la verdad.

      Al principio el tono me pareció un poco exagerado y forzado, pero luego encaja con el giro del tomatito.

      Detalles: si no estoy equivocado cuando se hace un inciso y no son verbos dicendi, creo que van en mayúsculas. (Hay varias acotaciones que no son dicendi). Yo hubiese llevado parte de la acción al último inciso. ‘Me incorporé de un bote’, me hace pensar en que estuviese caída en el suelo y no sólo agachada. Tuve que leerlo un par de veces. Y nada más.

      1. Muchas gracias Juan!

        Tienes razón con lo de las acotaciones, me resultan tan feas en mayúsculas que tiendo a ponerlas todas en minúsculas, incluso cuando no son dicendi 😀 Lo tendré en cuenta para repasarlo la próxima vez.

    2. Pues ma’ncantao!!!
      Creo que la propuesta del taller está muy bien traída y veo todos los elementos requeridos. Me ha gustado especialmente la presentación del relato, con el “yo del pasado” de la protagonista.
      Si tuviera que ponerme tiquismiquis diría que hay algunas expresiones un poco “violentas” sin razón: “…arranqué de él una lechuga…”, que en ese momento la protagonista está contrariada, pero “arrancar” me parece demasiado fuerte, o “…Maldije a grito pelado…”, lo mismo. Y la construcción: “…cogí el tomatito y volví a ponérmelo cara a cara”, también me resulta un poco problemática. “…cogí el tomatito y lo encaré de nuevo.”, o algo así me parecería mejor.
      Pero eso lo diría si tuviera que ponerme tiquismiquis, pero es que cuando un tomate cherry me habla con voz muy finita ya no puedo decir nada más que suspirar y derretirme.
      Me ha gustado mucho el estilo, mucho más que el del mes pasado. Si este es más “tú”, espero ver mucho más “tú” en los próximos relatos ^^
      Un abrazote, nos leemos!

      1. Muchas gracias Sergio! Es que la prota está muy muy enfadada 😀

        Tomo nota de lo de encarar, son de esas cosas que en el momento no te vienen a la cabeza y es verdad que quedan mucho mejor y encima ahorraría palabras que igual me venían mejor en otro sitio.

        Otro abrazo para ti!

    3. ANA
      Lo único que deseaba en el mundo tras la trillonésima bronca con mi jefe era comer chocolate hasta vomitar, (esta coma sobra si utilizas un “y” a continuación) y no la triste ensalada que me esperaba como cena. Abrí la nevera con la esperanza de que hubiese algo más pecaminoso (algo más pecaminoso que… algo tentador habría sido, para mi, lo adecuado, porque no estás comparando con nada) , pero mi yo del pasado había sido tan astuta de anticiparse (se había anticipado) a ese momento y había comprado (comprando, esto es personal, supongo, pero soy de utilizar la menor cantidad de palabras posibles) solo cosas sanas, la muy cabrona. Podía oírla riéndose detrás de mí.
      Tiré del cajón de la verdura con más fuerza de la que me querría admitir y arranqué de él (le arranqué, no se explicar por qué pero la otra construcción me suena rara) una lechuga, una cebolla y un puñado de tomatitos cherry, (yo no habría usado esa coma, me parece que marca una pausa innecesaria que resta fuerza a la acción violenta) que arrojé contra la encimera. Después armé un escándalo rebuscando en el desastre del cajón de los cubiertos el cuchillo bueno, (tampoco pondría esa coma, por lo mismo) que no encontré hasta que me corté con él. Maldije a grito pelado el cuchillo, mi trabajo y (aquí sí que habría puesto una en lugar del “y”) mis kilos de más, (quitando esta a cambio) y me metí el dedo en la boca para no seguir maldiciendo, (esta no lo sé, me veo más cómoda sin ella también) justo cuando Paula entraba en la cocina.
      —¿Un mal día?
      Sin sacar el dedo de la boca, incliné la cabeza con tanta amargura que le arranqué una sonrisa. Tiró de mi mano para dejar mis labios libres y darme un beso. Estaba acalorada y olía a champú.
      —El gym me ha matado. ¿Me cambio y compartimos esa ensalada?
      Asentí con la cabeza y esperé a que se marchase para empezar a lavar las hortalizas.
      —Lo que me faltaba —dije (yo pondría otra coma que enmarcase el “en voz alta”) en voz alta, a sabiendas de que no me oía—, comer verde y tener que compartirlo.
      Sacudí la lechuga, la troceé con las manos y la eché en un bol. Coloqué la cebolla sobre una tabla y la corté con el cuchillo traidor.
      —Porque, claro, doña perfecta viene del «gym» y quiere cenar ensalada —levanté el cuchillo con indignación—. ¡Por gusto! (me encanta este trozo y la imagen que genera… me gusta mucho)
      Cogí un tomatito cherry y me lo puse frente a la cara.
      —A ver, no me malinterpretes —le dije—, la quiero con toda mi alma. Pero, a veces, (yo siempre uso comas en esta expresión) desearía no ser siempre la gorda, la que no tiene fuerza de voluntad. La desastre. Me entiendes, ¿no?
      —¡Claro!—respondió el tomate con voz muy finita.
      Le habían aparecido dos ojillos negros y una boquita sonriente. De la impresión lo dejé caer sobre la lechuga y tuve que apoyarme en la encimera para no caerme yo. Él saltó del bol y se me quedó mirando.
      —¡Con-cedidooo! —empezó a canturrear, riendo y rodando sobre el mármol.
      Me agaché hasta que mis ojos quedaron a su altura.
      —¿Qué eres, el cherry madrino?
      —Joder —escuché detrás de mí—, esto ha encogido a saco.
      Me incorporé de un bote y me encontré con una Paula que no parecía mi Paula. Tenía su preciosa cara, sí, pero su cuerpo, tres veces el que traía del gimnasio, reventaba el pijama. Temblando, cogí el tomatito y volví a ponérmelo cara a cara.
      —¡¿Qué leches has hecho?!
      —Uhm, tomatitos cherry —dijo Paula—, ¡me encanta cómo explotan en la boca!
      Me arrancó el cherry madrino de la mano y, sin darme tiempo a gritar «¡No!», lo engulló.
      No sé si cumple con todas las condiciones, pero me ha parecido muy divertido y me ha arrancado una sonrisa de esas de “qué horror” a la vez. Un punto por el guiño LGTBI. Y decir que, obviamente, mis correcciones son las de otra aprendiz, que por supuesto no lo hago perfecto y que gracias por escuchar lo que tengo que aportar.

      1. Hola Lilim, muchas gracias por tomarte la molestia de comentar tantas cosas! Aunque algunas cosas pueden ser cuestión de estilo, parece que tengo un problema con las comas, sí 😀 Tendré en cuenta tus comentarios para próximos relatos 🙂

    4. Tienes cosinas de redacción que te convendría repasar.
      *había sido tan astuta de anticiparse. me suena muy rara esa construcción.
      *más fuerza de la que me querría admitir: eso es definitivamente incorrecto.

      Repasa un poquito antes de enviar, que el relato es divertido y pierde un poco por esos detalles.

      Dicho lo cual, el punto fuerte es precisamente ese: haberle dado la vuelta a un reto aburrido y haberte inventado un cherri madrino. Perfctos los elementos de la historia.

      ¡Muy bien!

      1. Gracias Alicia! Pues tienes razón, son cosillas de no mirar, porque las dos vienen de haber cambiado algo y al final ha quedado feo:

        *había sido tan astuta de anticiparse –> al principio era “había tenido la genial idea de anticiparse”

        *más fuerza de la que me querría admitir –> al principio era “más fuerza de la que me gustaría admitir”. Quería quitar una palabra y quedó igual pero mal XD

  10. Aquí va lo de este mes.

    LASTRE

    Odia limpiar la lechuga. Odia su forma, su color, su sabor, su textura. Si come un gramo más, se ahogará entre vómitos. Pero, aun así, llena la pica con agua y le pone unas gotitas de lejía. «Diecisiete kilos, Angustias —le había dicho el doctor, como si pudiera acabar con sus caderas de una tajada— o te reventará la aorta».
    Arranca unas hojas y suelta el cogollo, el corazón acelerado. Una tijereta mueve sus antenas sobre la penca, los fórceps abiertos, amenazantes. Sabe que son inofensivas, pero le dan asco. Sumerge las hojas en el agua, mientras vigila a su invitada, que continúa inmóvil sobre su presa.
    Los brazos de Juan en torno a su cintura la sacan de su ensimismamiento.
    —¿Otra vez ensalada?
    —Ya ves —contesta con una sonrisa.
    —Cualquier día desaparezco. —En tres meses de dieta ha perdido siete kilos. Ella, solo tres—. ¿Y eso?
    —Un cortapicos.
    —Da mucha grima. ¿Lo vas a matar?
    Ella mira al insecto. No ha sido capaz ni de arrancar la hoja de romana.
    —Debería.
    —Límpiala bien, que esos bichos se cagan dentro y… —La estrecha contra él—. Mejor hazme una tortilla. —Angustias se tensa. Él la besa—. Voy a ducharme. Y tú deberías hacer lo mismo. —La olisquea—. A mí me pone el tufillo, pero…
    —He salido tarde. Luego, mientras friegas.
    —Hay partido.
    —Es tu turno, Juan. —Se pone seria—. Estoy desde las seis en pie.
    —Pero si en la oficina estás sentadita. Esto —bromea palmeándole el trasero— no es de trabajar en la obra.
    —O friegas —contesta con una sonrisa helada— o no lo tocas más.
    Él se marcha resignado y Angustias trocea el tomate con energía. Piensa en su trabajo. Allí sonríe de 9 a 18 desde hace veintidós años, en un cubículo tan reducido como su cocina, como su ciudad, como su mundo. Pase lo que pase, sonríe. Sin soltar el mondador, imagina a los hijos de pelo claro y las mascotas agradecidas que Juan nunca quiso. Examina de reojo la hoja roída de la lechuga. Herida, perforada, desgarrada filamento a filamento por el insecto voraz que tiene adherido. ¿Cuándo perdió su frescura? El cuchillo golpea furioso en la tabla mientras pica la cebolla.
    La tijereta se mueve. Lenta, sombría, viscosa. Deja un rastro negruzco y microscópico sobre la inmaculada penca. Angustias huele la mierda y escucha el trapaleo ensordecedor de las patitas del parásito y el rechinar de su mandíbula que desmenuza la lechuga.
    ——¡Angustias, necesito una toalla!
    Suelta el cuchillo e inhala. Supera su aprensión, arranca la hoja y la tira en la pica junto a las otras. Las antenas del bicho se retuercen sin rumbo, el cuerpo danza espasmódico sobre el agua y el fórceps se abre y se cierra en un intento fútil de vencer al cloro.
    —¡Angustias, coño! ¡Que me estoy congelando!
    Con un último estertor, la tijereta flota inerte y ella respira aliviada.
    —¡Ya voy! —contesta con una sonrisa.

    1. Hola, Lidia! Ahí va mi comentario a tu relato:

      Lo primero que remarcaría es que con un hecho tan ordinario como el de limpiar y trocear la lechuga para hacer una ensalada logras crear una tensión que, como lector, no te esperas. La figura de la tijereta, ahí al lado, amenazante pero inofensiva crea un punto de tensión muy bien conseguido que hace que te preguntes qué pasará con ella, con el insecto.

      Un simple hecho tan cotidiano le impregnas con acierto de un realismo sucio que encaja muy bien. Y quieres saber más del mundo ordinario de la protagonista. Por ejemplo, hay un momento que se lamenta de su trabajo y dice: “Piensa en su trabajo. Allí sonríe de 9 a 18 desde hace veintidós años, en un cubículo tan reducido como su cocina, como su ciudad, como su mundo.” Y a mí este fragmento me gustaría que estuviese más desarrollado. Es decir, no meter dentro de la misma unidad de información que su lugar de trabajo es pequeño igual que so cocina/ciudad/mundo. Me gustaría que se hablara de cada elemento de forma independiente. De su ciudad, en la que no hay nada que hacer ni nada para divertirse. De su mundo, limitado por una vida con tantas responsabilidades que no tiene tiempo para ella misma.

      Lo segundo que me llama la atención es el lenguaje bastante enfático que usas en la narración: que si odia, que se ahogará entre vómitos, que te reventará la aorta (ya con una sola expresión dices mucho de la protagonista), que los bichos se cagan dentro, tufillo, el insecto voraz que tiene adherido, el cuchillo golpea furioso, la tijereta se mueve lenta, sombría, viscosa, Angustias huele la mierda… Creo con estas expresiones y formas enfáticas la narración gana en lo visual y en intensidad. La presencia de un simple insecto, que logra hacerse hueco como antagonista, completa muy bien el relato. Vemos una protagonista en su mundo ordinario, este mundo ordinario no cambia, no se destruye ni hay un detonante que cree un gran conflicto, pero el conflicto está ahí implícito en su resignación, en sus pensamientos hacia una vida de la que debe estar cansada, trabajando con una sonrisa de 9 a 18 y además para llegar a casa y tener que lidiar con otro conflicto con su marido para que limpie.

      Creo que los dilemas de la protagonista (o los conflictos) están muy bien llevados, sólo echo en falta, como decía antes, un desarrollo de porque su ciudad es tan reducida y su mundo. La frase “en un cubículo tan reducido como su cocina, como su ciudad, como su mundo.” La noto como simplificada en exceso, en plan “voy a meter esto de la ciudad y del mundo aquí porque creo que queda bien, todo se le hace pequeño y limitado y ya está”. Me da la sensación como si fuese “la salida fácil”. Por eso echo en falta un desarrollo de esa frase.

      Y, en general, me parece un relato muy bien escrito, de calidad literaria. No sabría comentar más sobre aspectos técnicos o de estructura interior, etc, porque no tengo el nivel. Pero, he notado una cosa un poco rara en la acotación de un diálogo que no creo que sea realmente una acotación:

      “—Cualquier día desaparezco. —En tres meses de dieta ha perdido siete kilos. Ella, solo tres—. ¿Y eso?”
      Es decir, no siento que sea una acotación ya que no da ninguna información o detalle de la voz del diálogo. Y lo veo raro como acotación. Yo lo escribiría así (es sólo una sugerencia, quizá no esté bien):
      “—Cualquier día desaparezco.
      Y es que en tres meses de dieta ha perdido siete kilos.
      —¿Y eso? —pregunta luego.
      —Un cortapicos

      En resumen: Me ha parecido un relato muy bien escrito y muy original, con un trasfondo de los protagonistas que da mucho juego.

      1. Hola, Azel:

        Gracias por tu comentario. Respecto a la acotación, tanto tu opción como la mía son válidas. Solo son formas diferentes de llevarlo.
        La frase que te saca, no fue una salida fácil en absoluto, jajaja. La reescribí como 14 veces (el relato original tenía casi 1000 palabras), así que te agradezco que compartas tu sensación porque me ayuda a tener en cuenta qué cosas funcionan en general, y qué otras pueden sacar a una lectora del texto. La idea era hacer el espacio de su vida (en todos los aspectos) minúsculo, desde su vivienda hasta su universo particular, pasando por los elementos de su día a día. Tal vez no conseguí el efecto necesario. Lo de no poder desarrollarlo… pues 500 palabras. Ese es el verdadero reto en este tipo de talleres. XD
        Muchas gracias, de verdad.

        1. ¿Coma entre sujeto y predicado, Lidia? Puede que me esté riendo durante un par de horas, días, semanas, años… XDDDDD

          1. Dios. Años. Te puedes reír años. No sabes las tres cosas que estoy corrigiendo ahora, y Ladillita en casa, pero si te llamo llorando antes de una semana y pidiéndote que me adoptes, no te extrañes.

        2. Totalmente de acuerdo, con 500 palabras se limita todo y hay que recortar, y me imagino lo difícil que ha sido recortar tu texto. Un saludo!

    2. LASTRE (LIDIA)
      Odia limpiar la lechuga (yo le daría más rotundidad quitando el “la”). Odia su forma, su color, su sabor, su textura. Si come un gramo más, (yo quitaría esa coma para dar más fluidez a la frase) se ahogará entre vómitos. Pero, aun así, llena la pica con agua y le pone unas gotitas de lejía. «Diecisiete kilos, Angustias —le había dicho el doctor, como si pudiera acabar con sus caderas de una tajada— o te reventará la aorta».
      Arranca unas hojas y suelta el cogollo, (yo pondría con el corazón acelerado, pero funciona bien así, creo que es cuestión de gustos, pero la corrección también es cuestión de ver otros puntos de vista) el corazón acelerado. Una tijereta mueve sus antenas sobre la penca, los fórceps abiertos, amenazantes. Sabe que son inofensivas, pero le dan asco. Sumerge las hojas en el agua, mientras vigila a su invitada, que continúa inmóvil sobre su presa.
      Los brazos de Juan en torno a su cintura la sacan de su ensimismamiento.
      —¿Otra vez ensalada?
      —Ya ves —contesta con una sonrisa.
      —Cualquier día desaparezco. —En tres meses de dieta ha perdido siete kilos. Ella, solo tres—. ¿Y eso?
      —Un cortapicos.
      —Da mucha grima. ¿Lo vas a matar?
      Ella mira al insecto. No ha sido capaz ni de arrancar la hoja de romana.
      —Debería.
      —Límpiala bien, que esos bichos se cagan dentro y… —La estrecha contra él—. Mejor hazme una tortilla. —Angustias se tensa. Él la besa—. Voy a ducharme. Y tú deberías hacer lo mismo. —La olisquea—. A mí me pone el tufillo, pero…
      —He salido tarde. Luego, mientras friegas.
      —Hay partido.
      —Es tu turno, Juan. —Se pone seria—. Estoy desde las seis en pie.
      —Pero si en la oficina estás sentadita. Esto —bromea palmeándole el trasero— no es de trabajar en la obra.
      —O friegas —contesta con una sonrisa helada— o no lo tocas más. (nada que objetar al diálogo, muy bien manejado)
      Él se marcha resignado y Angustias trocea el tomate con energía. Piensa en su trabajo. Allí sonríe de 9 a 18 desde hace veintidós años, en un cubículo tan reducido como su cocina, como su ciudad, como su mundo. Pase lo que pase, sonríe. Sin soltar el mondador, imagina a los hijos de pelo claro y las mascotas agradecidas que Juan nunca quiso. Examina de reojo la hoja roída de la lechuga (no se si es a propósito, pero reojo, hoja y roída dan un ritmo curioso a esta frase). Herida, perforada, desgarrada filamento a filamento por el insecto voraz que tiene adherido. (usaría una coma) ¿Cuándo perdió su frescura? El cuchillo golpea furioso en la tabla mientras pica la cebolla.
      La tijereta se mueve. Lenta, sombría, viscosa. Deja un rastro negruzco y microscópico sobre la inmaculada penca. Angustias huele la mierda y escucha el trapaleo ensordecedor de las patitas del parásito y el rechinar de su mandíbula que desmenuza la lechuga.
      ——¡Angustias, necesito una toalla!
      Suelta el cuchillo e inhala. Supera su aprensión, arranca la hoja y la tira en la pica junto a las otras. Las antenas del bicho se retuercen sin rumbo, el cuerpo danza espasmódico sobre el agua y el fórceps se abre y se cierra en un intento fútil de vencer al cloro.
      —¡Angustias, coño! ¡Que me estoy congelando!
      Con un último estertor, la tijereta flota inerte y ella respira aliviada.
      —¡Ya voy! —contesta con una sonrisa.
      Me parece que me hago más una idea de su pareja que de la protagonista, pero cumple con el ejercicio, que no era fácil en absoluto, buen ritmo y cuenta un cuento en muy poco espacio… Gracias por compartirlo 🙂

      1. Hola, Lilim:
        Lo cierto es que las dos primeras sugerencias que me haces son cuestión de normativa, no de estilo. Ni se puede eliminar el artículo en este caso ni se debe quitar la coma de la frase que comienza con el “Si” condicional.
        Lo demás es estilo puro, tal y como dices. Esas pequeñas marcas que nos caracterizan. Y sí, el sonido de las “rr” y el ritmo son intencionales (rara vez dejo algo tan llamativo al azar). Es bonito ver cómo lo resolveríais los demás.
        Tengo en cuenta de que percibes más cómo es su pareja que ella misma, pues no era mi intención en absoluto.
        Muchas gracias por tus palabras.

        1. Ay, qué dolor. Se me ha escapado un “de que” en el comentario (esto de tener a Ladillita saltando encima, a veces juega malas pasadas).

    3. Tercer relato que leo y que me gusta. Te tenía yo pendiente y me ha sorprendido gratamente la lectura.

      Lo que no sé es por qué a todos os parece que la estar gordo es tremendo, que ya llevo tres de tres.

      Por ponerte un pero, en el primer párrafo usas cogollo, penca y presa un poco como sinónimos. Anímate a usar otro tipo de construcciones y dale color al texto. Así evitas la necesidad de nombrar una misma cosa tres veces, el texto queda más dinámico y puedes jugar con imágenes.

      Bien el ejercicio de reducir el relato a la mitad.

      Muy bien todo, la verdad.

      1. Gracias, Alicia. Apunto lo de la repetición (tengo un problemón con la regla de tres… juas, juas). Lo de estar gordo como un problemón… ya dije lo de la foto. La que tiene que perder los kilos soy yo. (Ya sabes, escritura terapéutica y tal…).
        Me alegro de que te haya gustado mi estreno (estaba un tanto acongojada ante la tita Alicia).

  11. Hola a todo el mundo.

    ¡Madre mía, lo que me ha costado escribir este relato! Demasiadas ideas en la cabeza que intentaban entrar todas a la fuerza, poco tiempo y bastante sufrimiento. Me siento muy incómoda con las 500 palabras. Pero esta vez… ¡casi lo consigo! Jajaja. Me han sobrado 18, pero ha sido todo un triunfo.

    No sé si he conseguido el objetivo del ejercicio. Gracias por leerlo y miles de gracias si lo comentáis.

    ______________________________________________________________________________________________________________

    «Hoy ensalada verde». Charito, con una sonrisa ilusionada, piensa en la gente maja que le aconsejó el régimen de colores. «Mi salvación, el apoyo del grupo de familiares y cuidadores».

    Saca las compras hechas en el mercado, lugar de obligado paso diario. Cosa de familia: para que la comida sepa a algo, los ingredientes tienen que ser frescos. Y a falta de huerto… Esas ideas se le quedaron grabadas a fuego.
    Exhibe una hermosa colección de alimentos: dos lechugas de distinto tipo porque se niega a comprar bolsas hechas donde todo sabe a plástico; un manojo de pequeñas espinacas, que son muy nutritivas; un pimiento verde, con el que tendrá problemas porque a su marido solo le gusta el rojo; un aguacate listo para comer, con el que tiene dudas; una manzana verde, un melón pequeñito y un kiwi, porque alguien le comentó que así se mitigan los sabores tan a campo de esta receta; un puerro que le da un toque a cebolla, prohibida este día; y unas pipas de calabaza, por su color.

    Admira las hortalizas. La sonrisa va cayendo. El estrés y la frustración que sufre le pide a gritos darse caprichos de comida prohibida. Respira hondo cabizbaja, sacude la cabeza y se da ánimos. «Si puedo con esto, puedo con todo». Casi levanta el puño a lo Escarlata O’Hara.

    Pone música, lava los ingredientes, saca los boles y observa el cuchillo. Lo afila antes de que le chafe ninguna verdura. Una vez lavado, ya está preparada. «Orden y limpieza, Charito», le repetía su padre cuando se metían en la cocina.

    Primera lechuga cortada. Pesa la cantidad que cae en cada cuenco. «Para que no se queje de que le echo menos». Su imaginación se aviva cuando empieza con la segunda. Los sonidos del cuchillo seccionando la lechuga, el último comentario de su jefe… «Si esta verdura fuera esa repugnante lengua…». Rebana. Desliza. Rebana. Desliza… Sus rasgos se tensan. Cuando acaba se queda embobada. «Charito, hija, espabila que pareces tonta», le reprendía su madre.

    Continúa con la tarea de picarlo todo mientras fantasea con el uso del cuchillo. Un mordisquito de cada ingrediente. Cocinar con hambre es un error. «Ay, Charito, con lo guapa que eres de cara. Si es que te puede el ansia, niña», le machacaría su abuela.

    Cocinar suele relajarla. Hoy no es el día.

    Llega el aguacate. «No debería incluirlo. No sé. Por la grasa y eso. Aunque he leído que sus propiedades son superbeneficiosas. Bueno, es verde, así que trampa, trampa no es». Sonríe mientras lo pela y lo corta en cuadraditos. Esta vez se ha echado un poco más en su bol. «Porque yo lo valgo». Se carcajea.

    «Bien. Está siendo duro, pero conseguiré que no vuelva a darme otro susto».

    En ese momento se abre la puerta de la entrada.

    –Hola, cariño –saluda su esposo al entrar en casa–. ¿Qué estás haciendo?

    Antes de verle, Charito ya ha olido el tufo a fritanga y a cerveza. Le recibe con el cejo fruncido.

    –Hola, amor –le gruñe mientras clava el cuchillo con fuerza en la tabla de cortar.

    1. ¡Hola Amaya!

      Esta vez si que te comento porque me toca 😀 Igual que la primera vez, me ha gustado mucho tu relato. Me encanta tu manera de describir las cosas y, al menos a mí, has conseguido que me caiga bien el personaje. Es fácil ver cómo empieza super happy flower power y poco a poco se va calentando con el recuerdo de toda la gente que tendría más que decirle. Ay, esa familia que tanto te quiere y cuyos comentarios casi puedes oír aunque estés sola.

      En cuanto a la forma, la verdad es que no le veo ninguna pega, ¡me lo pones muy fácil! Si acaso, que a lo mejor si le hubieses dado una vuelta más sí que habrías podido recortar alguna de esas 18 palabras que te sobraban de alguna parte donde igual te recreas mucho en una descripción y se entendería igual si tuviese menos palabras (por ejemplo donde enumeras todo lo que lleva la ensalada, a lo mejor podías recortar 2 o 3 palabras, en otro párrafo otra, y así poco a poco…). Pero bueno, sobrar no sobran en realidad, solo lo digo por la cosa de quedarse lo más cerca posible de las 500 (a mí me costó horrores)

      Si tengo que ponerle un pero (pero pequeñito), es que me cuesta un poco identificar la historia, lo veo casi más como una escena que como una historia completa. Pero claro es lo que tiene tener 500 palabras nada más y tener que describir así un personaje, así que por mi parte chapó.

      Eso sí, esperaba (o me habría gustado) que no fuese en la tabla donde se clavase el cuchillo XD

      Besos!

      1. Hola, Ana.
        Antes de nada, muchas gracias por tu comentario. Me alegro de que te haya gustado. Siempre anima un montón 😊

        Lo de las 18 palabras que me sobran para llegar al máximo… Tienes razón. Tal vez con otra vuelta hubiera podido quitarlas, pero como suele pasarme en este taller, este relato no fue el primero que escribí, ni la que habéis leído ha sido la primera versión: fue “parido” con cerca de 900 palabras. Oigh. Por eso ha sido todo un triunfo.
        Cuando le de una vuelta, con lo que me has/habéis comentado, seguro que consigo quitar alguna más.

        No es un pero pequeñito, Ana, lo de identificar la historia. Y no me molesta nada que me lo comentes. Lo agradezco mogollón.
        En mi esquema (Siempre hago esquemas pre-escritura) todos los elementos estaban muy claros, empezando por la historia, pero creo que al recortar he ido podando bastante el sentido de la misma. No queda claro por qué está haciendo la ensalada (Ya me di cuenta antes de enviar el relato, pero como te pasó a ti, no fui capaz de escribir otra cosa antes de que acabara la fecha de entrega), y como me comenta Lilim también, algunas partes han quedado confusas.

        Me voy a quedar con el trabajo previo (Ese esquema escrito y tachado y con “cienes” de flechas) y como la idea me gusta (No es una maravilla, pero a veces me pasad con los personajes: que les cojo mucho cariño), algún día escribiré la preparación de la ensalada con un poco más de calma y sobre todo, sin cortarme tanto con las palabras 😂

        Lo del cuchillo en la tabla también me lo dijo Rafa, que es mi lector 0. Y me costó no hacerlo, pero traté de seguir las instrucciones de Alicia 😉

        Lo dicho: muchísimas gracias por tu comentario, Ana. Lo tendré todo en cuenta. Nos seguimos leyendo:

        Amaya

    2. ¡Hola! Me ha tocado comentar tu relato así que voy allá con mis impresiones. Decirte de primeras que te entiendo completamente en el tema del límite de palabras. ¡Cómo hace sufrir!
      Creo que, en general se cumplen los requisitos que pedía Alicia. Está claro que esa ensalada significa algo para ella y haces un buen trabajo al mostrarlo. También me gusta la naturalidad del diálogo que tiene consigo misma, pero creo que se hace pesada en algún párrafo. El párrafo en que describes la ensalada es muy completo, pero me pareció un poco repetitivo porque a bastantes de los ingredientes les añadías algún comentario.
      «Exhibe una hermosa colección de alimentos: dos lechugas de distinto tipo porque se niega a comprar bolsas hechas donde todo sabe a plástico; un manojo de pequeñas espinacas, que son muy nutritivas; un pimiento verde, con el que tendrá problemas porque a su marido solo le gusta el rojo; un aguacate listo para comer, con el que tiene dudas; una manzana verde, un melón pequeñito y un kiwi, porque alguien le comentó que así se mitigan los sabores tan a campo de esta receta; un puerro que le da un toque a cebolla, prohibida este día; y unas pipas de calabaza, por su color».
      Me ha gustado la referencia a Escarlata O´Hara, creo que funciona muy bien con el personaje. Y otra cosa que me ha gustado es la manera en el que el relato va ganando en intensidad, empieza muy feliz preparando su ensalada y acaba con el cuchillo clavado en la tabla. Y los comentarios de la familia que me han dado gasas a mi de clavar el cuchillo en la tabla.
      En este párrafo directamente prescindiría de tantos puntos suspensivos, no es necesario que aparezcan tan seguidos
      «Los sonidos del cuchillo seccionando la lechuga, el último comentario de su jefe… «Si esta verdura fuera esa repugnante lengua…». Rebana. Desliza. Rebana. Desliza… Sus rasgos se tensan.»
      También creo que podrías reformular la siguiente frase. Queda muy natural en el diálogo pero podrías hacerla más fluida en vez de cortarla.
      «No debería incluirlo. No sé. Por la grasa y eso.»
      En esta frase quitaría la preposición de la cerveza. No la necesitas, ahorras una palabra y de extra, no la repites.
      ha olido el tufo a fritanga y a cerveza.
      En general me ha gustado mucho, Charito me cae muy bien, así que objetivo conseguido, me dan ganas de achucharla y que no mida la comida al repartirla.
      ¡Un abrazo!

      1. Hola, María.
        Antes de nada, muchísimas gracias por tu comentario y las aportaciones que haces.

        Lo de la descripción de los ingredientes… Sí, es posible que haya quedado un poco pesada. En realidad quería demostrar lo que le va pasando por la cabeza a Charito, como todo tiene un sentido, como cada elemento tiene unas implicaciones que tocan y muestran distintas facetas de su personalidad. Pero como bien dices, tal vez me haya pasado. Y es posible que no aporte información importante al relato. Le echaré un buen vistazo.
        Aunque voy a serte sincera: yo funcionaba un poco así, hace un tiempo, por eso me sonaba tan natural ese pseudo-diálogo interior que tiene consigo misma Charito. Pero veo que no he logrado transmitirlo 😟

        Jeje. Lo de los puntos suspensivos… Jajaja. Es que me gustan mucho y creo se usan poco. Los empleo para dar tiempo a la escena a posarse, para que los silencios sean más largos, más intensos, tengan su propio significado. No sé si podría tratarse de un tema de estilo (donde se me complicaría el tratar de resolverlo), pero lo trabajaré para que no chirrien tanto.

        Las frases cortas «No debería incluirlo. No sé. Por la grasa y eso.» las escribí así para que dieran impresión de duda. Tal vez si le quito el “No sé” quede mejor.

        Me alegro mucho que te haya gustado y que Charito te caiga bien. Era la idea. Y muchas gracias por todos los comentarios que me has hecho. Los tendré en cuenta cuando rehaga el relato (que no es brillante, pero también le he cogido cariño a Charito). Hasta el próximo:

        Amaya

    3. AMYRA
      «Hoy ensalada verde». Charito, con una sonrisa ilusionada, piensa en la gente maja que le aconsejó el régimen de colores. «Mi salvación, el apoyo del grupo de familiares y cuidadores». (no entiendo muy bien esta frase, ¿es un grupo de apoyo a gente que hace régimen?, lo cierto es que el párrafo funciona igual de bien sin esta última frase que, al menos a mi, me hizo volver dos veces atrás a pensar a que se refiere)
      Saca las compras hechas en el mercado, lugar de obligado paso diario. Cosa de familia: para que la comida sepa a algo, los ingredientes tienen que ser frescos. Y a falta de huerto… Esas ideas se le quedaron grabadas a fuego. (lo haces bien dejando que las acciones hablen por los personajes, así que yo quitaría lo de después del punto suspensivo)
      Exhibe (teniendo en cuenta que ella es su único público yo usaría la palabra despliega) una hermosa colección de alimentos: dos lechugas, de distinto tipo, (para que la frase no se haga tan larga lo enmarcaría con comas) porque se niega a comprar bolsas hechas donde todo sabe a plástico; un manojo de pequeñas espinacas, que son muy nutritivas; un pimiento verde, con el que tendrá problemas porque a su marido solo le gusta el rojo; un aguacate listo para comer, con el que tiene dudas; una manzana verde, un melón pequeñito y un kiwi, porque alguien le comentó que así se mitigan los sabores tan a campo de esta receta; un puerro que le da un toque a cebolla, prohibida este día; y unas pipas de calabaza, por su color. (buen uso del punto y coma, pero me rechinan tantos porque en una frase que se me hace muy larga y, no relacionado, ¿las pipas de calabaza no son blancas? es que soy nula en cocina, pero me suena que no son verdes)
      Admira las hortalizas. La sonrisa va cayendo. El estrés y la frustración que sufre le pide a gritos darse caprichos de comida prohibida. Respira hondo cabizbaja, sacude la cabeza y se da ánimos. «Si puedo con esto, puedo con todo». Casi levanta el puño a lo Escarlata O’Hara.
      Pone música, lava los ingredientes, saca los boles y observa el cuchillo. Lo afila antes de que le chafe ninguna verdura. Una vez lavado, ya está preparada. «Orden y limpieza, Charito», le repetía su padre cuando se metían en la cocina. (me gusta mucho estos dos párrafos, el ritmo, la puntuación, todo, funciona muy bien)
      Primera lechuga cortada. Pesa la cantidad que cae en cada cuenco. (yo lo pondría seguido, sin punto)«Para que no se queje de que le echo menos». Su imaginación se aviva cuando empieza con la segunda. (y aquí pondría dos puntos) Los sonidos del cuchillo seccionando la lechuga, el último comentario de su jefe… «Si esta verdura fuera esa repugnante lengua…». Rebana. Desliza. Rebana. Desliza… Sus rasgos se tensan. Cuando acaba se queda embobada. «Charito, hija, espabila que pareces tonta», le reprendía su madre. (en estos casos, o desde el fondo de su memoria o algo que le dé fin a la frase, porque le cambio de tiempo verbal me parece muy brusco)
      Continúa con la tarea de picarlo todo mientras fantasea con el uso del cuchillo. Un mordisquito de cada ingrediente. Cocinar con hambre es un error. «Ay, Charito, con lo guapa que eres de cara. Si es que te puede el ansia, niña», le machacaría su abuela. (aquí me parece que si está bien hecha la voz en su cabeza)
      Cocinar suele relajarla. Hoy no es el día.
      Llega el aguacate. «No debería incluirlo. No sé. Por la grasa y eso. Aunque he leído que sus propiedades son superbeneficiosas. Bueno, es verde, así que trampa, trampa no es». Sonríe mientras lo pela y lo corta en cuadraditos. Esta vez se ha echado un poco más en su bol. «Porque yo lo valgo». Se carcajea.
      «Bien. Está siendo duro, pero conseguiré que no vuelva a darme otro susto». (darle otro susto el qué ¿el aguacate?)
      En ese momento se abre la puerta de la entrada.
      –Hola, cariño –saluda su esposo al entrar en casa–. ¿Qué estás haciendo?
      Antes de verle, Charito ya ha olido el tufo a fritanga y a cerveza. Le recibe con el cejo fruncido.
      –Hola, amor –le gruñe mientras clava el cuchillo con fuerza en la tabla de cortar.
      Muy buen ritmo, logro ver a Charito, más a través de ojos ajenos que de su propia visión, pero creo que es la idea, así que perfecto. Eso sí, sospecho que hay más información del personaje en la cabeza creadora que en el texto y por eso hay partes confusas. El ejercicio no era fácil así que enhorabuena por el perfilado del personaje.

      1. Hola, Lilim.
        Antes de nada, muchísimas gracias por el trabajo que te has dado para comentar mi relato. Uauh. Y el de todes les participantes en esta sesión del taller. 😍💖

        Por los comentarios que me has hecho, y que me explicas también al final, tengo que darte toda la razón: sí, Charito es muy grande en mi cabeza y en mis esquemas y tiene mucha vida fuera del relato, vida que no he podido, o más bien no he sabido plasmar en el relato. Se me da bien perfilar personajes, pero luego soy muy torpe llevándolos al papel. Como yo les conozco tanto, asumo muchas cosas que no muestro bien, que no soy capaz de que la gente atisbe. Además, están las quinientas palabras que me matan, porque como ves/veis, me explayo que da gusto. 😅

        El grupo de apoyo y la parte en la que dice que no va a darle otro susto es porque a su pareja le ha dado un “algo”, que ni tan siquiera he definido en mis esquemas: un ataque al corazón, un coma diabético, una úlcera sangrante… Algo que hizo que tuviera que ponerse a dieta, y Charito la hace con él. En la primera versión lo contaba, pero había que recortar, y tal vez no lo hice en la parte adecuada. Oigh.

        Con lo de las frases que pertenecen a su familia, que en realidad son cosas que le echaban en cara y aprendizajes que la pobre tiene grabadas, tienes toda la razón. De hecho, volviendo a leer el relato, no entiendo porqué con el padre y con la madre he usado esos pretéritos imperfectos y sin embargo con la abuela he puesto un condicional simple. Creo que todas esas voces interiores en condicional simple quedarían mejor.

        Hummm. Por lo que me dices al final, que logras ver a Charito a través de ojos ajenos, me deja claro que no he conseguido el objetivo que me había marcado. Yo deseaba describir a Charito a través de sus actos, de lo poco que dice, de lo que oye en su cabeza. Quería que apareciera una imagen que llegara desde distintos puntos. Y no lo he conseguido. Tal vez me haya pasado de rosca y de dificultad. Aunque genial que me lo hayas/hayáis comentado porque así puedo trabajar de otra manera. Jajaja. A veces viene bien una colleja para no pasarse de lista 😅

        Y lo último: las pipas de calabaza, con piel, son verdes. ¡Ay, acabo de darme cuenta de que a lo mejor pensabas que son con cáscara! Uy. Jajaja. Jo, es que he dado por supuesto que todo el mundo usa estas bolsas de frutos secos ya pelados e incluso mezclados que venden para echar en la comida, así que no me he dado cuenta que podía llevar a confusión. Pues hablo de pipas de calabaza peladas, que son verdes porque no conozco ninguna marca que les quite también la piel. Lo tendré en cuenta 👍🏻

        Lo dicho: muchísimas gracias por todos tus apuntes, que tendré muy en cuenta cuando rehaga el relato, y espero que sigamos viéndonos por aquí:

        Amaya

    4. Hola!
      Lo que menos me convence del relato es la enumeración súper larga de ingredientes. Te gastas ahí un montón de palabras que podría usar para darle un poco más de cuerpo a la historia, que es cierto que te queda un poco deslavazada al principio, pero loe elementos van quedando claros. Me gusta mucho cómo pasas del “tengo apoyo de amigos y familia” a “mi marido el que me acusa de ponerle menos comida viene oliendo a fritanga”.

      Muy correcto.

      Me encanta cómo os habéis agarrado todos a lo del matrimonio APARENTEMENTE feliz. Para la próxima os obligo a escribir personajes felices 😛

      1. Hola holita.

        Jo, creí haberte contestado y acabo de darme cuenta de que lo hice solo en mi cabeza 🤦🏻‍♀️¡Cómo la tengo, madre mía! Jajaja.

        Sí, tal y como todas me comentasteis, me paso mucho con la descripción de los ingredientes de la ensalada. Quería mostrar un rasgo de la personalidad de Charito y se me fue de las manos. Pero es que… ¡Qué descripciones más bien hechas! 🤣
        Mira que quité cosas, pero no me di cuenta de las muchas palabras que perdía en la enumeración. Muchas gracias. Le he dado un par de vueltas a ver cómo podría cambiarlo. No sé, que le he cogido cariño a Charito y me apetece trabajar”la” un poco 😉
        Seguramente reduciendo la descripción podré darla la fuerza que merece a los demás aspectos que me han quedado tan pobres.

        Hummm. En realidad con las vocecitas de sus familiares, quería mostrar el machaque que la pobre Charito recibía de ellos por su peso. Y era mi forma de mostrar que no tiene un peso de anuncio, sino que puede que le sobren algunos kilos. Vale, tampoco queda claro. Oigh.

        Me parece guay: para el siguiente (que el de abril me ha quedado bastante triste) voy a forzarme a meter un personaje feliz feliz feliz, aunque me parece poco realista 😜

        Muchas gracias por los comentarios, Alicia. Besotes y hasta el próximo:

        Amaya

  12. A escondidas a sus cincuenta y pico – Azel Highwind

    Gregoria estaba impaciente por salir del trabajo, hoy era el quinto aniversario de boda y quería sorprender a su marido llegando unas horas antes. Mientras, Tristán entraba en su tercero sin ascensor apoyándose sobre sus rodillas después del esfuerzo. No obstante, en su careto rollizo relucía una sonrisa: también le daría una sorpresa a su mujer.

    Dejó la compra sobre la repisa de la cocina y, con un libro en la mano, empezó a preparar una lasaña de berenjena. El hombre, a sus cincuenta y pico, aún no había aprendido a cocinar muy bien, y además a su mujer le entró la vena de adoptar una dieta vegetariana. Y a él eso le costaba. Vaya si le costaba.

    Entonces, mientras el horno hacía su trabajo, sacó la lechuga, los espárragos verdes, los brotes de espinacas y una docena de fresas. Cortó, se hizo sangre, separó, volvió a cortar y remojó. Vertió el resto de la compra sobre la repisa y sus ojos emitieron un destello, pero sus mofletes se contrajeron. Ante él reposaba una larga barra de fuet, un taco de queso de cabra y pasas sultanas.

    Abrió la bolsa de las pasas, probó un puñado; destapó el queso y comió un trocito mientras su mirada era atraída por el fuet. Dudó un rato, pero lo cogió y rompió el plástico de un bocado.

    Con una mezcla de satisfacción en la parte baja y otra de culpabilidad en la alta, su rostro parecía un rompecabezas mal encajado. Volvió al queso y empezó a hacer daditos. «Bueno, el queso no es animal, ¿no?» Seguro de sí mismo miró el reloj y vio que aún tenía un par de horas antes de que llegara Gregoria. Montó la ensalada, revisó el horno y, viendo que todo estaba en marcha, fue hacia la minicadena tarareando mientras masticaba fuet. Puso uno de sus discos favoritos, luego decoró el comedor con velas aromáticas y pétalos de rosa, y empezó a trazar un sendero sinuoso que jugaba a salpicar los muebles. Cuando llegó al dormitorio ya casi no le quedaba fuet en la mano, y terminó de vaciar la cajita de pétalos.

    Entonces volvió dando saltitos hacia la cocina y se dio de bruces contra la puerta. El fuet cayó al suelo, él rompió a llorar, su mujer irrumpió gritando “sorpresa” y los dos se quedaron mudos.

    El fuet parecía relucir como si un foco se hubiese puesto sobre él. La cara rojiza de Gregoria se puso aún más roja y estalló en cólera. «¿Qué demonios es eso, cachorrito? ¿Vuelves a comer a mis espaldas?».

    De pronto el horno emitió fuertes pitidos, un olor a quemado llegó a sus orificios nasales y Gregoria fue a la cocina. Con un gruñido lo paró, se secó las lágrimas y fue corriendo a encerrarse en el dormitorio.

    Tristán, con el culo aún en el suelo, se terminó el fuet y se levantó con gesto abatido. «Creo que hoy también dormiré en el sofá», se dijo.

    1. Me ha gustado mucho el relato. Tiene un ritmo muy rápido. Me encanta cómo tratas a Tristán, con ese mimo y cuidado cocinando, pero a su vez con el pequeño “secreto” de comer el fuet a escondidas. El momento de la pillada con el fuet en la mano es sublime. Preparando todo con ese mimo, pero se estropea por ese detalle. Muy bueno. Lo único que me ha chirriado un poco en cuanto a la historia era que se quemara la comida. No creo que sea necesiario para aumentar la desilusión de ella. Pero enhorabuena, porque me ha encantado.

    2. Hola, Azel!

      Antes que nada, ten en cuenta que lo que sigue es sólo mi opinión, quédate con lo que te sirva e ignora el resto. Y, por supuesto, todos los comentarios tienen una intención constructiva 😉

      Lo primero que ha chocado del relato es el lenguaje del narrador: “su careto” y “le entró la vena”, que además están muy cerca en el comienzo del relato, son expresiones que me resultan demasiado coloquiales para un narrador neutro. Indican cierto tono despectivo, que no se corresponde con el usado en el resto de la narración.

      Otro problema que he tenido es el ritmo. Me ha dado la impresión de que todo iba continuamente a saltos. Por ejemplo el primer párrafo, son menos de cuatro líneas y describe las intenciones de dos personajes distintos, con un par de adverbios de por medio y dos puntos para describir una acción redundante. O un par de frases como “El fuet cayó al suelo, él rompió a llorar, su mujer irrumpió gritando “sorpresa” y los dos se quedaron mudos”, en las que se describen de corrido una seria de acciones que resultan incluso contradictorias.

      Un detalle que a mi dejó bastante perdido fue ese “también le daría una sorpresa a su mujer”. que está al final del primer párrafo. Parece indicar que Tristán está al tanto de los planes de su mujer y por tanto el resto de la escena me resultó algo incoherente. Al volver a leerlo entendí que era una afirmación del narrador hacia el lector, pero me parece un tiro errado.

      También me parece que abusas de los adverbios (“mientras”, “no obstante”, “de pronto”, “entonces”, etc…). Si te fijas en la mayoría de los casos puedes eliminarlos directamente y la frase no pierde su significado. Y en alguno hasta gana fuerza.

      Además, relacionado con lo que te decía la principio del ritmo del relato, me parece que a veces usas palabras demasiado complicadas sin motivo justificado. “Orificios nasales” puede sustituirse por “nariz” sin ningún problema y es un tropiezo menos para el ritmo del relato. Igual con “Ante el reposaba”, que me resulta una construcción muy rebuscada, sustituible por un “había” o “estaba”.

      Con todo, creo que las premisas de la propuesta están ahí: Las tres partes básicas del relato, la ensalada como centro de la acción y un personaje al que conocemos a lo largo del relato. Bien por eso!

      Como te decía arriba, todo esto es sólo mi opinión. Espero no haberte molestado.

      Una abrazote! Nos leemos!

      1. Muchas gracias, Sergio! Estoy de acuerdo en prácticamente todo lo que comentas. El abuso de adverbios también lo he notado, pero pensé que no resultaría tan grave, y ti te has fijado tanto en ello es que se debe notar demasiado. Prestaré más atención a esto en mis próximos textos. Y sobre lo del lenguaje demasiado coloquial le daré unas vueltas. Muchas gracias 🙂

    3. A escondidas a sus cincuenta y pico (AZEL)
      Gregoria estaba impaciente por salir del trabajo, hoy era el quinto aniversario de boda y quería sorprender a su marido llegando unas horas antes. (me imagino que debe ser una manera de ponernos en tensión ante la pillada del final, pero si es así, yo mantendría de vez en cuando el foco en ella mientras él hace cosas, si no, la frase suelta, al principio del texto, le resta fuerzas) Mientras, Tristán entraba en su tercero sin ascensor apoyándose sobre sus rodillas después del esfuerzo (si acabo así cada vez que subo las escaleras me habría mudado hace tiempo :P). No obstante, en su careto rollizo relucía una sonrisa: también (tenía planeado una sorpresa… el también implica, en cierta forma, que él sabe la sorpresa que le van a dar y prepara ésta en respuesta) le daría una sorpresa a su mujer.
      Dejó la compra sobre la repisa de la cocina y, con un libro en la mano, empezó a preparar una lasaña de berenjena. (hay algo poco fluido en esta frase y no es solo el hecho de intentar cocinar sosteniendo un libro, sino, creo, el exceso de determinantes la , la, un, la, una) El hombre, a sus cincuenta y pico, aún no había aprendido a cocinar muy bien, y ,además, a su mujer le entró (le había entrado o le entró hace x tiempo) la vena de adoptar una dieta vegetariana. Y a él eso le costaba. Vaya si le costaba.
      Entonces, mientras el horno hacía su trabajo, sacó la lechuga, los espárragos verdes, los brotes de espinacas y una docena de fresas. Cortó, se hizo sangre, separó, volvió a cortar y remojó. (esta frases funcionan muy bien, con muy buen ritmo) Vertió el resto de la compra sobre la repisa y sus ojos emitieron un destello, pero (pero? no sería mejor un y?) sus mofletes se contrajeron. Ante él reposaba una larga barra de fuet, un taco de queso de cabra y pasas sultanas.
      Abrió la bolsa de las pasas, probó un puñado; (no estoy muy segura de si se debería usar el punto y coma aquí, es una enumeración, pero tan corta que no sé si sería adecuado) destapó el queso y comió un trocito mientras su mirada era atraída por el fuet. (tengo una especial manía a las frases en pasiva, yo buscaría la manera de cambiarla) Dudó un rato, pero lo cogió y rompió el plástico de un bocado.
      Con una mezcla de satisfacción en la parte baja y otra (la frase es buena, pero le quitaría el otra para mayor rotundidad) de culpabilidad en la alta, su rostro parecía un rompecabezas mal encajado. Volvió al queso y empezó a hacer daditos. «Bueno, el queso no es animal, ¿no?» Seguro de sí mismo miró el reloj y vio que aún tenía un par de horas antes de que llegara Gregoria. (aquí habría metido yo a Gregoria recogiendo en la oficina, justo después de mirar el reloj) Montó la ensalada, revisó el horno y, viendo que todo estaba en marcha, fue hacia la minicadena tarareando mientras masticaba fuet. Puso uno de sus discos favoritos, luego decoró el comedor con velas aromáticas y pétalos de rosa, y empezó a trazar un sendero sinuoso que jugaba a salpicar los muebles. Cuando llegó al dormitorio ya casi no le quedaba fuet en la mano, y terminó de vaciar la cajita de pétalos.
      Entonces volvió dando saltitos hacia la cocina y se dio de bruces contra la puerta. El fuet cayó al suelo, él rompió a llorar, su mujer irrumpió gritando “sorpresa” y los dos se quedaron mudos. (buen párrafo, buen ritmo)
      El fuet parecía relucir como si un foco se hubiese puesto sobre él. (otra pasiva que yo corregiría como si lo enfocara un cañón de luz, por ejemplo) La cara rojiza de Gregoria se puso aún más roja y estalló en cólera. «¿Qué demonios es eso, cachorrito? ¿Vuelves a comer a mis espaldas?».
      De pronto el horno emitió fuertes pitidos (empezó a pitar, es más directa y senclla), un olor a quemado llegó a sus orificios nasales y Gregoria fue a la cocina. Con un gruñido lo paró, se secó las lágrimas (era él el que lloraba, no?) y fue corriendo a encerrarse en el dormitorio.
      Tristán, con el culo aún en el suelo (el que se había caído era el fuet, no Tristán, por lo que entendí antes en el encontronazo con la puerta), se terminó el fuet y se levantó con gesto abatido. «Creo que hoy también dormiré en el sofá», se dijo.

      1. Muchas gracias, Lilim! Muy buenas aportaciones todas, terminaré de perfeccionar mi relato con vuestra ayuda. Me sorprende un poco tu “anti-fascinación” por las frases en pasiva jajaja Y veo que el último párrafo está un poco mal explicado porque realmente no se entiende si Tristán ha caído cuando le golpea con la puerta o no y si Gregoria está llorando también o no. Le daré unas vueltas para que quede más claro. Muchas gracias de nuevo!

    4. Hola!
      Me gusta el relato, pero tiene algunos defectillos que lo lastran.
      Por ejemplo al empezar con los deseos de Gregoria les das una importancia que luego resultan no tener. Podrías empezar el relato directamente con Tristán llegando a casa derrengado y con ganas de dar la sorpresa y el relato funcionaría igual.

      Que la mujer fuera vegetariana tampoco parece especialmente relevante. Una lasaña es difícil de preparar por sí misma y la bronca que le echa al final es más por comer que por comer carne ¿verdad? Si no es así, podrías añadirlo en esa línea de diálogo para que quedara más claro.

      “Entonces, mientras el horno hacía su trabajo”. Se entonces puedes eliminarlo sin problemas. Te comentaban por ahí que abusas un poco de los adverbios y estoy de acuerdo.

      “Cuando llegó al dormitorio ya casi no le quedaba fuet en la mano, y terminó de vaciar la cajita de pétalos”. Esta es una manera un poco rara de usar la conjunción. No parece que haya ninguna relación entre la desaparición del fuet y la acción de esparcir los pétalos. Además, en el párrafo siguiente el pobre hombre se echa a llorar, pero no nos has advertido de su estado emocional. Habría que trabajar esto un poco más.

      Creo que este texto es mejor que el anterior, que te has centrado en usar solo información util. ¡Bien hecho!
      Los problemillas de estilo son menores y se curan con la práctica 🙂

  13. — Cesar ¿sabes donde está el aceite de almendra amarga?
    — Rosa. No tienes que tomarte tantas molestias. Ya sabes que con cualquier cosa para comer me conformo. En mi cumpleaños lo más importante es la compañía, y tú has invitado a todos mis amigos.
    — Todo es poco para ti amor.
    Mientras ella abría y cerraba todos los armarios de la cocina en busca del dichoso aceite, Cesar fue a la sala junto al antiguo tocadiscos, donde ella había dejado sonando Frank Sinatra. Rosa sonrió al verlo feliz. Todo tenía que salir perfecto.
    La receta de la ensalada la aprendió de su madre, y la fue variando hasta conquistar el estómago (y el corazón) de Cesar. Luego encontraría el aceite, pensó. Echó cuatro yemas en un bol y empezó a agitar la varilla. Su marido siempre se metía con ella por no usar la batidora, pero ella sabía que la mahonesa perfecta se conseguía así.
    Puso el recipiente contra su cintura y empezó a batir mientras caminaba hacia la sala. Vio a Cesar relajado en su butaca. Ella dejó que el ritmo de My Way la poseyera y se acercó a él contoneándose. Llevaban veinte años de casados, y sabía que seguía despertando el fuego en su marido. Antes de conocerlo sentía dudas con su cuerpo, pero enseguida descubrieron juntos que cuantas más curvas había, más espacio había para acariciar.
    Él levantó la cabeza y la admiró, en el más amplio sentido de la palabra. Lograba paralizarlo con una sonrisa, con una mirada, o con un simple gesto. Se puso en pie y la rodeó con sus brazos.
    — Cesar, ahora no cariño. Me falta echar la mahonesa y un pequeño chorro de aceite.
    — No sé por qué te empeñas en buscar la perfección en la ensalada, ya casi lo es.
    — Ese es el problema, que casi lo es. Y hoy es un día muy especial. Quiero que todos los que la comamos sintamos que no comeremos una ensalada mejor en lo que nos quede de vida.
    El timbre sonó justo cuando Cesar iba a lanzarse a besar el cuello de Rosa. Le ordenó que recibiera a sus amigos. Ella se encargaría de terminar la ensalada.
    Volvió a la cocina. Terminó la mahonesa y miró la enorme ensaladera. Era un arcoiris de colores. La remolacha, entre otros muchos ingredientes, contrastaba con el verde de los canónigos y el blanco brillante de los espárragos. La vertió sobre la ensalada. Ya solo quedaba el toque final. De pronto recordó donde había dejado el aceite. Tras preparar la mezcla lo había escondido tras las ollas.
    Tomó el bote en sus manos y pensó en los dos secretos que guardaba. El doctor había llamado para contarle a ella que a Cesar le quedaba muy poco de vida. El segundo secreto era el regalo que le tenía preparado. Sabía que a él le daba pánico la soledad. Ella se iba a encargar de que su paso al otro mundo no fuera en solitario.
    El aceite de almendra amarga era el ingrediente perfecto para camuflar el cianuro.

    1. He tenido que buscarlo porque no tenía claro que existiera de verdad.

      https://www.aromium.es/aceite-de-almendra.html

      Y sí existe, pero como imaginaba es tóxico. No se puede echar a la ensalada!! Supongo que lo sabes pero no es que el cianuro sepa a almendras amargas, es que las almendras amargas contienen cianuro. Sí, cuando te comes un amarguillo (que ricos) te metes un poquillo de cianuro.

      Siento que hay, tal vez, demasiada información concentrada en sitios muy concretos. No sólo el final, que hecho en falta que estuviese ‘algo anunciado’ en el resto del texto (no sé, algo como referencias a la enfermedad, al médico o a alguna medicación), sino que veo algo agolpado la información sobre la fiesta en la primera frase de él.

    2. ARITZ
      — Cesar (va con tilde, a no ser que no se pronuncie como yo creo que se pronuncia) ¿sabes donde (también llevaría tilde) está el aceite de almendra amarga?
      — Rosa. (es un vocativo, si no lo he entendido mal, así que separarlo con coma del resto de la frase es suficiente)No tienes que tomarte tantas molestias. (y aquí también pondría una coma, es que si no parece que en vez de estar hablando de la cena la frase tiene ritmo de discurso solemne) Ya sabes que con cualquier cosa para comer me conformo. En mi cumpleaños lo más importante es la compañía, (y, sin embargo, quitaría esta coma y dejaría solo la conjunción copulativa) y tú has invitado a todos mis amigos.
      — Todo es poco para ti, amor. (otro vocativo, que llevaría coma)
      Mientras ella abría y cerraba todos los armarios de la cocina en busca del dichoso aceite, Cesar fue a la sala junto al antiguo tocadiscos, donde ella había dejado sonando Frank Sinatra. Rosa sonrió al verlo feliz. Todo tenía que salir perfecto.
      La receta de la ensalada la aprendió de su madre, (igual que antes veo innecesaria la coma antes de la conjunción) y la fue variando hasta conquistar el estómago (y el corazón) de Cesar. Luego encontraría el aceite, pensó. Echó cuatro yemas en un bol y empezó a agitar la varilla. Su marido siempre se metía con ella por no usar la batidora, pero ella (yo lo quitaría estando tan cerca del otro ella) sabía que la mahonesa perfecta se conseguía así.
      Puso el recipiente contra su cintura y empezó a batir mientras caminaba hacia la sala. Vio a Cesar relajado en su butaca. Ella dejó que el ritmo de My Way la poseyera y se acercó a él contoneándose. Llevaban veinte años de casados, (coma y conjunción de nuevo) y sabía que seguía despertando el fuego en su marido. Antes de conocerlo sentía dudas con su cuerpo, pero enseguida descubrieron juntos que, cuantas más curvas había, más espacio había para acariciar. (la construcción con dos había tan cerca no me convence, pero tampoco sé a ciencia cierta si es incorrecta, solo que me suena mal)
      Él levantó la cabeza y la admiró, en el más amplio sentido de la palabra. Lograba paralizarlo con una sonrisa, con una mirada, o con un simple gesto. Se puso en pie y la rodeó con sus brazos.
      — Cesar, ahora no cariño. Me falta echar la mahonesa y un pequeño chorro de aceite.
      — No sé por qué te empeñas en buscar la perfección en la ensalada, ya casi lo es.
      — Ese es el problema, que casi lo es. Y hoy es un día muy especial. Quiero que todos los que la comamos sintamos que no comeremos una ensalada mejor en lo que nos quede de vida. (yo habría puesto lo que nos queda de vida, pero sospecho que es porque soy un poco tiquismiquis)
      El timbre sonó justo cuando Cesar iba a lanzarse a besar el cuello de Rosa. Le ordenó que recibiera a sus amigos. Ella se encargaría de terminar la ensalada.
      Volvió a la cocina. Terminó la mahonesa y miró la enorme ensaladera. Era un arcoiris de colores. La remolacha, entre otros muchos ingredientes, (esto, a mi entender, le quita potencia a una frase que, en mi punto de vista, es muy buena sin lo que hay entre las comas) contrastaba con el verde de los canónigos y el blanco brillante de los espárragos. La vertió sobre la ensalada. Ya solo quedaba el toque final. De pronto recordó donde había dejado el aceite. Tras preparar la mezcla lo había escondido tras las ollas. (yo habría separado estas dos frases con una coma, para mi están muy relacionadas y el punto frena)
      Tomó el bote en sus manos y pensó en los dos secretos que guardaba. El doctor había llamado para contarle a ella (contarle a ella es un poco redundante, creo) que a Cesar le quedaba muy poco de vida. El segundo secreto era el regalo que le tenía preparado. (yo aquí pondría dos puntos) Sabía que a él (funciona exactamente igual si le quitas el a él y queda más limpio) le daba pánico la soledad. (y aquí pondría un y, en lugar de un punto) Ella se iba a encargar de que su paso al otro mundo no fuera en solitario.
      El aceite de almendra amarga era el ingrediente perfecto para camuflar el cianuro.
      Buen texto, un relato muy bonito, retorcido, pero bonito. Da una idea muy ligera del personaje que hace la ensalada, pero puedo perfilarlo en mi cabeza.

    3. Cambia el aceite por aroma de almendra amarga y listo 😉

      Puntos extra por escribir sobre la gordura de manera positiva y por retratar un matrimonio realmente feliz. Ya sabía yo que alguien lo haría.

      Fenomenal el desenlace, con su giro y su sorpresa.

      Algunas cosas de estilo: los nombres propios en las dos primeras líneas de diálogo no son necesarios y dificultan la lectura. Yo los quitaría. Sobre todo porque luego queda claro quién es cada personaje.

      Abusas muchísimo del “ella”. Ella es la protagonista del relato y es la que lleva a cabo casi toda la acción. Puedes eledir el sujeto la mayor parte de las veces.

      Y mírate lo de empezar a agitar y empezar a batir. Las perífrasis no son nuestras amigas 🙂

  14. Buenas a todos 🙂

    Ahí va mi relato, a ver qué tal salió. El reto de la ensalada no es nada fácil.

    ——————————————

    El tomate me miraba con odio, pero era mejor que la ojeada burlona del calendario.
    —¡Lo sé! Es catorce de febrero y no preparé nada. ¡Deja de juzgarme! Dio el sí quiero sabiendo que soy un desastre. La culpa es suya por quererme.
    Miré el tomate con miedo pese a ser yo quien tenía el cuchillo. Había conseguido trocear la lechuga y la cebolla, y ahora parecía una guerrera trasnochada después de que las lagrimas emborronaran el rímel a prueba de agua que, por supuesto, no lo era.
    Como en en una película mala de terror, alcé el cuchillo con manos rechonchas que no cabían en el mango y una expresión poseída. El corazón latía tan aterrorizado como si Jason le hubiera invitado a bailar.
    —¡No puedes pasar! —grité antes de clavar la estocada en la mesa, tan lejos del tomate que adquirí su color. El rayonazo se unió al coro de miradas descaradas y me sentí culpable. ¿Porqué preparaba una ensalada si las odiaba? Por él, lo hacía por él. Raúl las amaba y yo le amaba a él, no tenía nada preparado para el día de San Valentín y ya era tarde para comprar flores o un billete internacional. Le imaginaba entrando por la puerta para verme sostener triunfante por fin la ensaladera… y después comerme a besos para que todo el sufrimiento mereciese la pena.
    Mi ojeriza venía de todas las veces que pedí ensalada en público y la gente me miró con más burla que la que tenía el tajo de la mesa. El desdén a mis lorzas que da el tener de nacimiento un cuerpo esbelto. Solía sonreír y espetar «cuando haya una epidemia zombi le comeré primero a usted». Se les acababa la risa.
    —A la segunda va la vencida dijo Confucio.
    Acerqué el filo con calma y empecé a sentir un leve picor en los dedos. Era molesto y con el primer corte fue insoportable, cientos de hormigas mordiendo a la vez. El cuchillo saltó de mis manos e hizo un doble tirabuzón en el aire directo a mis pies descalzos. Escucharon mi aullido desde las ramblas cuando el azulejo se tiñó de rojo y maldije el día en que cogí terror a los tomates por caerme en la huerta abandonada de mi abuelo en la que había más espinas y ortigas que hortalizas.
    Aún podía saborear el dolor del recuerdo y el puñetero picor que roía mis dedos cuando me acercaba a un tomate.
    Raúl estaba a punto de llegar.
    —¡A la porra! Hago una salsa y la echo por encima.
    Saqué la trituradora dispuesta a la conquista. Lancé dentro los tomates y le di a la máxima potencia para contemplar estupefacta como varios salían disparados y otros tantos, casi licuados, me escupían en la cara.
    No le había puesto la tapa.
    Escuché la puerta abrirse y al hombre de mi vida mirar la cocina horrorizado.
    —Feliz San Valentín —murmuré.
    —¿¡Intentaste hacer una ensalada… OTRA VEZ!?

    1. Hola, María:

      Vamos allá.

      ¿CUMPLE EL RETO?

      Casi. Has usado bien: ensalada, cocina, sin trampas, gordo, pareja estable. No nombras las mascotas ni el trabajo, pero tampoco importa, me lo puedo imaginar. Sin embargo, no vive en una ciudad de provincias, es más, nombras las Ramblas, así que es Barna y, aunque no es Madrid, no la entiendo como concepto «ciudad de provincias» que se pedía aquí (una ciudad pequeña en la que rara vez pasa algo interesante… como Guadalajara o Castellón).

      EL TEXTO

      La primera frase es potente y llamativa, capta la atención. Aunque el argumento es sencillo, lo has planteado de una manera divertida y la prosa es ágil, eso favorece al texto. Y dicho lo bueno, a lo que de verdad nos interesa. Hay algunas cuestiones que me sacan de la lectura:

      —«… como una guerrera trasnochada». No le veo el sentido a compararlo con el rímel. No es una comparación muy acertada ni muy lógica: me imagino a una guerrera agotada tras una batalla, pero no a una que viene de una matanza nocturna y con rímel, para más datos.

      —«alcé el cuchillo con manos rechonchas que no cabían en el mango y una expresión poseída». Esta frase me saca mucho de la lectura. Para empezar, lo correcto es «con unas manos», falta el artículo determinado. Por otro lado, si no le caben en el mango, dificilmente lo puede coger. Y la contraposición entre redondo y largo (rechonchas frente a mango) no termina de funcionar. Por último, «una expresión poseída»: al usar la palabra «expresión» se puede confundir con «forma de hablar», esto se soluciona rápido con «gesto». Pero además no sé si te refieres al cuerpo o la cara porque no especificas. Por otro lado, a menos que se esté mirando en un espejo, es difícil que sepa con tanta seguridad qué cara pone.

      —Has querido meter demasiados elementos. La parte de tenerle manía a las ensaladas porque la gente se reía de ella cuando las pedía, me parece genial. No tanto cuando añades lo de la huerta. Hubiera funcionado igual de bien sin eso. Ese segundo recuerdo está metido casi con calzador. A veces, menos es más.

      ESTILO Y ORTOTIPOGRAFÍA

      De los tiempos verbales no digo nada porque es parte del uso americano y es lo natural para ti.
      —La palabra «rayonazo» no aparece en ningún sitio y me costó tres lecturas entender a qué te referías (igual yo estaba espesa, no sé).
      —Cuidado con el uso del verbo «espetar». Es demasiado sonoro e indica agresividad. Es difícil ser agresiva con una sonrisa. En todo caso, lo correcto aquí sería «espetarles». Faltarían dos puntos para introducir la frase directa, que iniciaría con mayúscula en este caso.

      —«Escuché la puerta abrirse y al hombre de mi vida». Ese «abrirse» se usa en lenguaje coloquial, pero es incorrecto en la lengua escrita. Mejor: «Escuché la puerta que se abría». La frase la he cortado justo ahí para que veas mejor el error de no añadir otro verbo, ya que implica también que escuchó al hombre cuando no es así: «Escuché la puerta que se abría y vi/encontré/loquesea al hombre de mi vida mirando la cocina» o incluso «Escuché la puerta que se abría y entró el hombre de mi vida. Miró horrorizado la cocina».

      —Rimas internas: poseía/latía, estocada/descarada/ensalada, disparados/licuados.

      —Hay alguna cosilla de ortotipografía como algún acento perdido (en un «cómo»), un doble «en» (error de tipeo, nada grave), de forma («“A la segunda va la vencida”, dijo Confucio»). «¿Por qué…?», separado. Algún verbo barro que podrías haber usado simple: empecé a sentir/podía saborear (sentí, saboreaba).

      Espero que las correcciones no te hayan molestado, lo digo todo desde el respeto. ¡Nos leemos!

      1. ¡Hola Lidia! Muchísimas gracias por todas las correcciones, me vienen genial para este texto y para muchas malas costumbres que tengo. Al nombrar las Ramblas quería referirme a que el grito había sido tan fuerte que se había escuchado hasta tan lejos, pero es verdad que no se entiende eso ni de broma. Me ha sorprendido lo de la palabra rayonazo porque la tengo como algo muy usual, he estado preguntando y quizá sea asturiana o por lo menos que se utilice por esta zona. ¡Me la apunto para tener cuidado! Tengo situadas otras palabras asturianas que tienen usos distintos, pero pensaba que esta era muy común.
        ¡Gracias por todos los apuntes! Menudo trabajazo 🙂
        Un saludo.

    2. Hola, María Jesús.

      Antes de nada, encantada de conocerte. Voy a comentar tu relato siguiendo la idea que nos dio Alicia el mes pasado. Trataré de no extenderme en exceso.

      Empiezo por los elementos del relato. Creo que los presentas todos: el principio, con una frase divertida para enganchar a los lectores y la explicación del objetivo del/de la protagonista; el conflicto, donde conseguir esa ensalada perfecta se va complicando con los obstáculos que al/a la pobre le van surgiendo; estos van creando casi una sensación de aventura. La preparación del clímax, que yo he identificado en el momento en el que mete todos los ingredientes en la batidora unido a lo que pasa después (pero me veo torpe identificando algunos elementos, así que puedo haberme equivocado). Y ese rápido desenlace que pone el broche final.
      Además, insinuando más que diciéndolo, has metido casi todos los elementos que debía tener el personaje: es gorda/o, no tiene cuatripatas a su cargo, tiene pareja y la quiere con locura, vive en Barcelona (aunque tal vez haya ramblas en otro sitio)… Tal vez la parte del trabajo estable no aparece, pero no le hace falta.
      Me ha gustado mucho cómo has conseguido incluir algunas de estas instrucciones: lo del apocalipsis zombi, con lo que me he reído mucho y que me ha hecho sentir un pelín despreciable por esas risas; lo de las ramblas cuando se le cae el cuchillo… En el caso de cuánto quiere a su pareja, a mi entender parece tan claro a lo largo del el relato, que no creo necesario que lo diga. La frase queda guay con esa conjunción, pero tal vez no es necesaria.

      Y hablando de la tarea principal: el personaje. Creo que la has realizado muy bien. Nos encontramos a un/una protagonista que nos dice mucho de cómo es con sus pensamientos y con sus acciones. No nos indicas que es gord@, paranoic@, un poco histriónic@, que algunas cosas en su vida no han sido agradables y ha salido de ellas con todo el humor que ha podido; es irónic@, tremendista, despistad@… No sé si ya habías hecho algún trabajo sobre personajes porque hay cosas que me parecen muy bien hiladas. Me ha recordado al personaje de Bridget Jones, a esa dicotomía que me producían sus obras literarias, donde reía a carcajadas y poco después notaba cómo se me retorcían las tripas de dolor y de pena. Muy logrado, María Jesús.

      Y ahora, alguna cosilla que, desde mi humilde punto de vista, tal vez podrían mejorarse.
      Hay algunas palabras que, aunque he buscado su significado y según cómo las has usado, están perfectas, pero que a mí me han sonado raras. Por ejemplo, ojeriza, en “Mi ojeriza venía de todas las veces que pedí ensalada”. Me suena chocante. Hasta he buscado su significado y no está mal empleado, pero… no sé. Me descuadra un poco.
      Otra palabra ha sido “rayonazo”.

      Luego, algunas expresiones las veo un poquito confusas. Como “la gente me miró con más burla que la que tenía el tajo de la mesa”. No he entendido la comparación.
      O en “cientos de hormigas mordiendo a la vez”. Creo que la frase tiene mucha fuerza, y la imagen que me viene a la cabeza mola. Pero me descuadra un poco todo el párrafo.
      Tal vez son demasiados datos en unas pocas frases, algunas muy poéticas, que me hacen perder un poco el hilo principal.

      Otra cosita: Jason, en la frase “El corazón latía tan aterrorizado como si Jason le hubiera invitado a bailar”. Seguro que estás referenciando a algo o a alguien muy conocido, pero yo me he quedado muy perdida. De hecho, creí que hablabas de su pareja, aunque pocas frases después he visto que no era así. Tal vez sería bueno tener cuidado con estas menciones porque puede que te encuentres a alguien como yo.

      Algo que me ha dejado bastante preocupada es el pie del/de la protagonista. Parece que se le cae el cuchillo encima y se corta y se llena todo de sangre, pero en la frase siguiente el/la cociner@ pasa de todo y se va a por la trituradora. Esto… Queda muy descolgado, sobre todo porque tal y como lo cuentas, parece que ha sido una herida grave, o al menos bastante sanguinolenta. ¿Qué le pasa a su pie? ¿Sigue con la preparación de la ensalada con el cuchillo clavado en el pie, ignorando el dolor, como si nada hubiera pasado? Da un poco la impresión de que te hayas olvidado de ello. Tal vez si va arrastrando el pie hasta coger la trituradora, o si comentas que le ha dado con el mango… Puede que yo tenga una mente demasiado sangrienta.

      Por lo demás, el relato me ha parecido muy simpático, creo que bien construido, siguiendo las reglas que nos ha puesto Alicia. Me parece que con un poquito de trabajo puede quedarte un relato genial de verdad para estas escasas 500 palabras que nos dan para jugar.

      No quiero que se me pase comentarte que lo que más me ha gustado, y que conste que he leído el relato unas cuantas veces cuando me he dado cuenta de ello para ver si era solo una impresión mía, es que el sexo del o de la protagonista no aparece por ninguna parte. No se sabe si es chico o chica. Y eso me ha encantado. Me ha recordado a el monstruo de Frankenstein que tampoco tiene sexo en la versión original de la obra.
      No sé si lo has hecho a posta, en cuyo caso, muchas felicidades porque lo has conseguido y queda genial, o si ni tan siquiera te has dado cuenta, con lo que guau con tu subconsciente. Bravo por lograr algo así.
      Felicidades. Me he divertido mucho, y no solo me he reído, si no que me he sentido un poco sucia por esa diversión. Gracias y hasta el próximo.

      Amaya

      1. ¡Hola Amaya! Muchísimas gracias por comentar el relato. Lamentablemente el tema del sexo del personaje ha sido puro azar, en mi cabeza si que tenía un sexo definido, pero me alegro que saliera así. Lo del cuchillo ni me había dado cuenta de volver a mencionarlo, no quería que fuera una herida grave pero sí que sangrara, tenía que haberle dedicado más palabras. En otro comentario también me han dicho que no reconocían la palabra rayonazo y quizá tiene el mismo problema que ojeriza. Para mí son ambas muy comunes y se me ocurre que puedan ser ambas asturianas o al menos que se utilicen más por la zona. Me lo apunto para tener cuidado con ello y también con poner referencias a películas, Jason es el asesino de Viernes 13, por eso la referencia al terror 🙂
        Me alegra que te gustara el relato, sufrí con las 500 palabras.
        ¡Gracias por el trabajazo!
        Un saludo.

    3. MARIA
      El tomate me miraba con odio, (yo no pondría una coma delante del pero o si la pusiese pondría otra justo detrás) pero era mejor que la ojeada burlona del calendario.
      —¡Lo sé! Es catorce de febrero y no preparé nada. ¡Deja de juzgarme! Dio el sí quiero sabiendo que soy un desastre. La culpa es suya por quererme. (como persona que habla todo el rato con objetos me ha encantado este párrafo)
      Miré el tomate con miedo pese a ser yo quien tenía el cuchillo. Había conseguido trocear la lechuga y la cebolla, (yo no pondría una coma delante de la conjunción y ) y ahora parecía una guerrera trasnochada después de que las lagrimas (con tilde) emborronaran el rímel a prueba de agua que, por supuesto, no lo era. (por supuesto, ¿por qué por supuesto? por supuesto teniendo en cuenta su suerte nefasta sería una explicación, por ejemplo, pero ese por supuesto solo me parece un poco cojo)
      Como en en una película mala de terror, (yo no pondría una coma sino que dejaría la frase fluir sin ella) alcé el cuchillo con manos rechonchas que (yo pondría un casi aunque esa soy yo y como me imagino las manos y el cuchillo, así que ignórame alegremente) no cabían en el mango y una expresión poseída. El corazón latía tan aterrorizado como si Jason le hubiera invitado a bailar.
      —¡No puedes pasar! —grité antes de clavar la estocada en la mesa, tan lejos del tomate que adquirí su color. El rayonazo se unió al coro de miradas descaradas y me sentí culpable. ¿Porqué (creo que va separado y con tilde en qué) preparaba una ensalada si las odiaba? Por él, lo hacía por él. Raúl las amaba y yo le amaba a él (yo quitaría el “a él”), no tenía nada preparado para el día de San Valentín y ya era tarde para comprar flores o un billete internacional. Le imaginaba entrando por la puerta para verme sostener, triunfante por fin, (yo pondría entre comas eso) la ensaladera… y después comerme a besos para que todo el sufrimiento mereciese la pena.
      Mi ojeriza venía de todas las veces que pedí ensalada en público y la gente me miró con más burla que la que tenía el tajo de la mesa. El desdén a mis lorzas que da el tener de nacimiento un cuerpo esbelto. Solía sonreír y espetar «cuando haya una epidemia zombi le comeré primero a usted». Se les acababa la risa. (tan identificada que me duele, gracias)
      —A la segunda va la vencida (aquí va un guión también) dijo Confucio.
      Acerqué el filo con calma y empecé a sentir un leve picor en los dedos. Era molesto y con el primer corte fue (se volvió, pondría yo, para dar una pista de que es algo psicológico) insoportable, cientos de hormigas mordiendo a la vez. El cuchillo saltó de mis manos e hizo un doble tirabuzón en el aire directo a mis pies descalzos. Escucharon mi aullido desde las ramblas cuando el azulejo se tiñó de rojo y maldije el día en que cogí terror a los tomates por caerme en la huerta abandonada de mi abuelo en la que había más espinas y ortigas que hortalizas. (en este párrafo me la imagino rodeada de tomates con cara de desaprobación)
      Aún podía saborear el dolor del recuerdo y el puñetero picor que roía mis dedos cuando me acercaba a un tomate.
      Raúl estaba a punto de llegar.
      —¡A la porra! Hago una salsa y la echo por encima.
      Saqué la trituradora dispuesta a la conquista. Lancé dentro los tomates y le di a la máxima potencia para contemplar estupefacta como varios salían disparados y otros tantos, casi licuados, me escupían en la cara.
      No le había puesto la tapa.
      Escuché la puerta abrirse y al hombre de mi vida mirar la cocina horrorizado.
      —Feliz San Valentín —murmuré.
      —¿¡Intentaste hacer una ensalada… OTRA VEZ!? (me encanta el final)
      Creo que retrata bastante bien al personaje utilizando la ensalada y el calendario 😉 No era fácil el ejercicio y creo que está bien logrado. Y un punto extra por mencionar el apocalipsis zombie.

      1. Hola Lilim, ¡muchísimas gracias por comentar el relato!
        Tenía que citar a los zombies jajaj si no era oportunidad perdida.
        De nuevo, gracias por todo lo señalado, me viene genial, hay muchos fallos ortotipográficos que me cuesta encontrar.
        Un saludo.

    4. Pues no sé qué decirte, porque te ha tocado Lidia comentando y se ha quedado a gusto.

      A mí lo de la expresión poseída me cuadra y he entendido rayonazo. Lo que quizá no funcione tan bien sean las referencias frikis. Quienes no sean fans de Gandalf en Moria se van a quedar un poco a cuadros.

      Dicho lo cual, me gusta el tono ligero y divertido del relato. Yo metería el miedo a los tomates al principio para que no quede demasiado embotellado al final.

      🙂

  15. ENSALADA MENTAL
    “Todo pasa por una razón” dice con toda su (preciosa) cara antes de irse. Claro que si, guapi, y, a veces, es una razón de mierda, por un motivo de mierda y acabas en la cocina más llena de mierda del planeta cortando pepino para una tabulé (que espero que no sea de mierda, por favor, que es lo último que me falta hoy) porque “Cari, amor, cielo, como vamos a llevar empanadillas a la cena con las chicas que eso es comida de gordos” Pues claro que es comida de gordos (ohdiosmíoquesorpresa) por eso me gusta, no como esta cosa pretenciosa que estoy perpetrando para no discutir.
    Como tampoco voy a preguntar por qué las chicas han decidido quedar aquí, en el culo del mundo, donde ni siquiera tengo conexión para trabajar cinco minutos con estabilidad ni para ejecutar nada de lo que tengo pendiente… Test y más test que se me acumulan mientras pico este cebollino finito, finito. Que sí, que ya sé que no lo lleva, pero la hierbabuena me da arcadas y así esta aberración por lo menos sabrá a algo. Si quería opinar sobre la ensalada que estuviese conmigo haciendo algo, aunque solo sea compañía, que me ha dejado tirado solito para deshacer la maleta (y probárselo todo hasta estar perfecta).
    Que digo yo que para qué me ha traído a mí, si no doy el tipo, si me ha elegido hasta los calzoncillos para no desentonar, si lo que cocino no es adecuado, si mi pelo ha tenido que pasar por un barbero de esos vintage que también me ha hecho algo en la barba, porque claro, con esas pintas no tendrás intención de presentarte allí ¿verdad?, si voy a tener que fingir que tenemos un gato (a mí que me dan alergia hasta las tortugas) si… Joder, que habría sido mucho más fácil que me dejase en casa y enseñase las fotos del barbero y su gato que molan mucho más seguro.
    Lo que hace uno por amor.
    Bueno, esto va cogiendo pintaza, que no esperaba yo encontrar bulgur en este sitio, fíjate, ni esos tomates que, como sepan la mitad de bien de lo que huelen, van a darle el toque perfecto junto con el aceite. No sé si usar los limones o la lima porque ya que me estoy pasando la receta por el forro pues a degüello y me invento el aliño también.
    Tal vez no vaya tan mal. Tal vez tenga razón. Tal vez no discutir haya sido buena idea.
    Y las empanadillas pa´mi.

    1. Hola, Nuria:

      ¿CUMPLE EL RETO?

      Sí, están todos los elementos integrados y lo haces bien.

      EL TEXTO

      Me gusta la agilidad que tiene. Has conseguido imprimirle el ritmo típico de la verborrea mental que sufrimos todos cuando no terminamos de encontrarnos cómodos en un sitio. Captas la atención desde el primer momento.
      El único problema que veo realmente es que creas una expectativa en el lector con la primera frase «Todo sucede por una razón», pero es tan sutil (porque entiendo que es el cambio que sufre: primero la ensalada le parece una mierda, y luego está flipando con el bulgur y los tomates) que no sé hasta qué punto se entiende en una primera lectura. Sobre todo porque en la frase final terminas eliminando esa sensación de que le está cogiendo el gustillo a preparar una ensalada distinta con una frase muy categórica: «Las empanadillas, pa’ mí».

      ESTILO Y ORTOTIPOGRAFÍA
      Tienes que revisar la puntuación y la forma : faltan muchas comas y puntos, usas comillas simples en lugar de latinas (que son las correctas en nuestro idioma) y la forma. Te has dejado algunos acentos (sí, cómo, mí).
      Has introducido una frase de su novia a mitad de texto, pero no has usado las comillas para marcarla y eso puede confundir a las lectoras («… porque, claro, “con esas pintas no tendrás intención de presentarte allí, ¿verdad?”; si voy a tener…»). Si has establecido un código (el uso de comillas, aunque sean inglesas) con las lectoras, debes respetarlo.

      Hay una frase que me ha sacado mucho de la lectura, ya que no usas los tiempos verbales que debes: «Si quería opinar sobre la ensalada, que estuviese conmigo haciendo algo, aunque solo sea compañía, que me ha dejado tirado solito para deshacer la maleta…». Aquí el tiempo que deberías usar para el segundo miembro es el subjuntivo, ya que expresa una hipótesis o deseo. También falta algo entre las palabras «tirado solito» porque la segunda no se sabe si hace referencia a él (que está solo) o a ella («solito para hacer la maleta», en plan irónico), además, te faltaban comas. Sugiero: «Si quería opinar sobre la ensalada, que se hubiera quedado conmigo haciendo algo, aunque solo fuera compañía, que me ha dejado tirado aquí solito para deshacer su maleta».

      Espero, por supuesto, que las correcciones no te hayan molestado. ¡Nos leemos!

      1. Lo primero es muchas gracias por el comentario extenso, de verdad, ayuda mucho a ver los puntos ciegos (o las comas). La verdad es que quería marcar un poco que la pareja quiere tener la razón en todo aunque sea con frases un poco sin venir a cuento y también que él la deja ganar aunque no esté de acuerdo (de hecho se esfuerza mucho en dejarla ganar, comerse las empanadillas es su manera de ser rebelde a pesar de hacer lo que ella le pide), pero si no ha quedado clero sino como punto suelto debería pulirlo si lo uso para algo mas que un ejercicio.
        Lo de las comillas me lo apunto, para usar las adecuadas (nadie me lo había corregido nunca así que a la saca de herramientas). Las tildes es una pelea porque no he repasado las normas nuevas de la RAE y no sé cuales estoy haciendo bien y cuales no.
        Lo de las comas y puntos volveré a revisarlo para no dejar ninguna incorreccción que no sea cuestión de estilo.
        Y, por último, gracias, porque esa frase me traía de cabeza y la has bordado.
        Un placer leer tu corrección y aprender de alguien que (de manera evidente) sabe mucho 🙂

    2. Hola, Nuria. Encantada de conocerte. Voy a comentar tu relato, y como suelo avisar siempre, intento hacerlo con intensidad, así que escribiré un montón. Perdóname desde ya. Jeje.

      Empiezo con los elementos básicos que en la tarea nos dijo Alicia que deberían aparecer en los relatos. A mi entender están todos, aunque, seguramente por torpeza mía, algunos los veo “duplicados”. Ahora te explico. El principio está ahí, aunque si te soy sincera, la primera frase, una vez hecha una segunda lectura, me pierde un poco. Me hace esperar algo, eso que pasa por una razón. Queda muy bien como inicio, potente, pero me falta una resolución;
      El conflicto. Aquí es donde empiezo a ver dos líneas claras, siempre entrelazadas en el diálogo interior, pero individuales: La lucha entre la tabulé y las empanadillas, y la manera en la que lo explica el protagonista. Y la segunda, la batalla entre cómo es él y cómo se siente y lo que desea su pareja que sea. Pero tal vez sea mi torpeza para identificar elementos. (No sé si consigo explicarlo bien). El caso es que creo que la segunda opción marca el verdadero conflicto del relato. Y es muy interesante porque me parece muy realista. Yo me he sentido un poco identificada;
      Los obstáculos, que van apareciendo tanto para la preparación de la ensalada como para la actuación de novio perfecto. Bien identificados y bien diferenciados, aunque parece que pesan más los del conflicto interior del protagonista;
      Esos dos clímax… No sé si me estoy yendo por las ramas… El de la preparación de la ensalada, cuando ya cree que está saliendo buena; y su lucha interior donde piensa que era mejor que llevara al barbero; Interconectadas, como esas charlas mentales que es probable que muchas tengamos con nosotras mismas, y que nunca son lineales ni concretas;
      Y los desenlaces, con la ensalada ya rica rica y él creyendo que ha sido buena idea no discutir; ambos interconectados, pero individuales. Y esa frase final que marca la fuerza del personaje.

      Vamos, que están todos los elementos, incluido el personaje principal que tiene las características que nos indicó Alicia, las cuales aparecen insinuadas a través de los pensamientos del mismo. Ahí tengo que felicitarte: me parece que demuestra mucha capacidad narrativa. Sabemos/suponemos que es gordo, que tiene pareja y, aunque aparentemente su relación funciona, por debajo no está tan claro, no tiene animales de compañía (Esa parte me ha gustado mucho), y trabaja en algo que además le consume mucho tiempo personal. Lo de la ciudad también está perfecto porque no has metido información innecesaria.

      En este sentido, el relato está muy bien realizado.

      Ahora te comento algunas cositas que tal vez podrían redondearlo más, desde mi humilde punto de vista.
      Lo primero es el uso de los signos para marcar los pensamientos principales y secundarios, incluso la frase que parece que la pareja le dice al inicio de la historia. Tal vez me paso de “normativa”, porque entenderse se entiende bien, pero me resulta raro.
      Cuidado también con los signos de puntuación, que faltan unos cuantos y aunque se lee bien (La historia es muy buena, en serio), a mí esas cosas me molestan bastante. Alguna tilde falta también. Perdona. Es que me sale la vena “correctora”.

      Tal vez la frase “Lo que hace uno por amor” podría quitarse del relato. Creo que con el tono que tiene la historia no le/me hace falta. Se ve que a pesar del cabreo, por diversos motivos, él aguanta, ya sea por amor (tóxico) o por motivos que no has podido contarnos. Pero toda esa conversación interna con ese tono de enfado es lo que hace que me dé la sensación de que la frase sobra.

      El relato me ha gustado mucho. Le has dado una voz muy personal al protagonista que hace que, al menos en mi caso, le entienda y le coja cariño en tan poco espacio. Me gusta la pelea mental con su enfado y con sus temores, y me viene una imagen muy clara a la cabeza de cómo puede ser tanto física como emocionalmente. Has conseguido darle vida más allá del relato. Y todo en 500 palabras. Lo veo como un verdadero logro. Felicidades.

      El final me ha gustado mucho, aunque la frase de las empanadillas tal vez queda un poco forzada. No la quitaría porque me hace mucha gracia y le da otro matiz al personaje, que además me gusta mucho. Pero no sé si lo modificaría un poco. Sobre todo porque parece que se está desenfadando con la novia, con la reunión de amigas, con la ensalada y con las circunstancias, y la frase llega muy de sopetón. Jo, a veces creo que me explico de pena.

      Lo dicho: felicidades por el relato. Me ha gustado mucho la manera en la que lo has escrito, y espero seguir leyendo cosas tuyas en próximos meses. Un saludo cordial y hasta pronto:

      Amaya

      1. Muchas gracias por comentario, agradezco mucho la intensidad porque ayuda en lo bueno a seguir haciendo cosas y en lo malo a hacerlo mejor la próxima vez. Creo que la primera frase quería dar una idea de la pareja como alguien dado a decir la última palabra en una discusión, aunque sea con una frase hecha y manida. Aunque sospecho que no funciona porque me lo han corregido las dos 😉
        Tengo que revisar la puntuación y las tildes, me ha quedado bastante claro.
        La frase de las cosas que hago por amor es solo por ponerle el punto friki, porque mi propio diálogo mental suele estar salpicado de frases de libros que leo.
        La última frase para mi es la que redondea al personaje aunque suene rara, porque contradice la imagen sumisa que ha dado todo el rato. Es un sí, te doy la razón, pero hasta aquí llegamos, las empanadillas no se desperdician.
        Gracias por leerlo con tanta atención, gracias por comentarlo con intensidad.
        Nos leemos.

    3. Muy fan del monólogo. El texto es muy fluido, el ritmo es genial y los problemas de puntos y comas, que son los que lo lastran un poco, te los ha señalado Lidia, así que no me meto ahí.

      Me parece especialmente acertado que el tipo parezca tener una autoestima razonablemente saludable a pesar de su situación. Cuando se le pase el enamoramiento la dejará y todos seremos más felices 🙂

      Y muy bien los elementos de la historia.

  16. Mmm… pues yo estaba esperando que apareciera el post correspondiente y no había colgado el texto aquí. Como veo que al final nos has organizado en esta misma entrada procedo a colgar aquí mi relato. Lo hago fuera de tiempo y con algunas palabras de más… y con un montón de fallos más que confío que en que me señaléis. Si por llegar tarde no puedo entrar en la convocatoria de este pues nada, ya publicaré el mes que viene.

    Al final del texto dejo un enlace de Google Docs, por si os es más fácil comentarlo allí 😉

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    Casa nueva, vida nueva

    Hugo miraba el interior del frigorífico con gesto de fastidio. En lugar de terminar de desempacar y ordenar las cosas del salón, había vuelto a perder toda la tarde saltando de vídeo en video en Youtube. Matías estaba a punto de llegar y tenía, al menos, que preparar algo de cena.
    Sacudió la cabeza y se decidió por lo único que no le salía demasiado mal. Cogió algunas hortalizas, tomates, un aguacate y queso blanco. Sacó la tabla, un buen cuchillo y se puso a cortar todos los ingredientes en tacos menudos. Empezaba a echar los primero trozo en la ensaladera cuando vio por el rabillo del ojo que la luz del salón temblaba y se apagaba.
    Contrariado, se acercó a comprobar el interruptor que había junto a la puerta de la cocina. Funcionó a la primera: Con un delicado clac el salón volvió a inundarse de luz. Excepto una esquina.
    Entre las cajas marcadas con las palabras “Blurais” y “Libros” burbujeaba un retazo de oscuridad. Hugo apretó los ojos y se acercó. Las volutas de sombras batían ligeramente, hasta que acabaron retirándose detrás de las cajas.
    —No sé quién eres, pero no eres bienvenido —dijo el hombretón, aún con el cuchillo en la mano.
    De entre las cajas surgió un gorjeo que fue subiendo de intensidad.
    —En realidad, me importa muy poco quién seas o quien te mande. Sólo quiero que te largues —La negrura se asomó de nuevo y respondió con otro trino distorsionado—. Me importa muy poco —La oscuridad bullente salió de su escondite y su respuesta esta vez fue más firme. Hugo resopló exasperado y apretó el puño alrededor del mango del cuchillo—. De acuerdo, vamos.
    Salió al patio con la sombra flotando tras él y fue directo a la piscina. Que suerte que seguía vacía y que la casa estaba en medio de ninguna parte, pensó mientras bajaba hasta el desagüe. Se desnudó y se tendió en el suelo del fondo. Al momento su corpachón empezó a temblar y apareció un punto rojo en su pecho. A partir de él se extendieron dos líneas de carne abierta hacia el cuello y la entrepierna. Y de entre los pliegues de sangre y grasa surgió la verdadera forma de Ugoth: un esqueleto ennegrecido, con los huesos cubiertos de muescas y anillos de hierro grabado. Sus ojos eran ascuas flotantes, que no se apartaban del invitado no deseado.
    —Dile al duque que con esto mi deuda queda saldada —La sombra no respondió, pero pareció encogerse—. Yo ya no soy un psicopompo. Si queréis cruzar buscad una grieta o haced un trato con un practicante. Dejad de contar conmigo.
    Sin esperar respuesta, hizo un gesto y apareció en el aire, frente a él, una esfera iridiscente. Introdujo uno de sus dedos muescados en ella, lo giró a la izquierda y la luz empezó a estirarse hasta formar una herida en la realidad. La voluta de oscuridad fue absorbida dentro y el engendro volvió a cerrar el acceso sin más ceremonia.
    Cuando sonó el coche de Matías en la entrada Ugoth ya había recuperado su envoltura de carne cálida y mullida. Había empujado los restos de sangre hacia el desagüe con agua a presión y tenía la cena lista. Su marido entró sonriendo, como siempre, miró las cajas por abrir, la ensalada y luego a él.
    —¿Otra vez Youtube?
    —Pues… —Matías no lo dejó acabar, se acercó y le plantó un beso.
    —Ya lo haremos este fin de semana. ¿Algo interesante?
    —Una señora que se hizo una Mona Lisa con lentejas de cuarenta especies diferentes…
    Los dos rieron de buena gana. Y Hugo pensó que le gustaba su nueva vida.

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    https://docs.google.com/document/d/1kfTtEYA3WTxzYAN8LsUH_P2Px9w0ZrnJOcen1aEl31A/edit?usp=sharing

    1. ¡Hola Sergio!

      Primero de nada, me ha gustado MUCHO tu relato. Es totalmente mi rollo 😀

      Me he quedado con muchas ganas de saber más sobre el protagonista, así que ese objetivo del reto lo has cumplido con creces. También creo identificar todos los elementos del relato que nos pedía Alicia, así que por esa parte muy bien también.

      Me gusta especialmente la parte del “diálogo” entre Hugo y la sombra, porque no es necesario que esta diga nada para que lo entendamos, y para mi gusto no queda raro ni forzado. También me gusta el juego entre los dos nombres del protagonista.

      Para mi gusto el relato es redondo, así de forma general. Pero, PERO (malditos peros), aunque me encanta como relato independiente, creo que en este caso te ha pasado un poco como a mí y te has dejado llevar por la fantasía 😀 El relato es genial, pero veo la ensalada como un accesorio, y no como una manera de mostrarnos al personaje, que era en el fondo lo que pedía el ejercicio. Vamos, que podías haber empezado el relato de otra manera y no habría habido mucha diferencia, la parte importante es la que viene después y no tiene nada que ver con la ensalada ^_^ Aparte de esto he localizado algún error tipográfico, pero no creo ni que valga la pena señalarlos.

      Por favor, me puedes decir dónde leer más cosas tuyas? 🙂

      1. Hola, Ana
        ¡Muchas gracias por tu comentario! Sabiendo, como sé, que me he saltado bastante la propuesta de Alicia, me alegra que por lo menos el relato te haya gustado. Y que subidón que te guste tanto como para querer leer algo más ^_^ No tengo nada publicado “de verdad” pero en mi blog (https://sergiomesa.es/ficcion/baobhan-sith/) tengo un relato que creo que te gustará.
        En cuanto a esos “peros” y las observaciones que haces, tienes toda la razón del mundo. Para la próxima tendré que hacer un esfuerzo y ajustarme más a la propuesta.
        Nos leemos!

        pd. y considerando que a mi también me gustó muchísimo tu relato, ya me dirás dónde puedo leer más cosas tuyas 😉

    2. ¡Hola! Me ha tocado comentar tu relato, así que allá voy.
      Creo que empezaré por impresiones generales y después paso a detalles del relato. Me pillaste completamente desprevenida, soy la primera que se apunta a un bombardeo si hay fantasía y obviamente me gustó mucho encontrármela, pero pensaba que tenía que ser realista, no sé si cuadra demasiado con lo que pedía Alicia. No comento el tema de las palabras porque ya lo has hecho tu, pero te entiendo completamente, es muy complicado meterlo todo en tan poco espacio.
      Por otra parte entiendo que cuando utilizas las palabras como corpachón o hombretón en para referirte al tema del peso, pero para ser un requisito hubiera preferido que estuviera más presente en el relato.
      Hay algunos despistes, te los señalo por si los quieres corregir 🙂
      «echar los primero trozo en la ensaladera». Plural/singular.
      «Funcionó a la primera:» Supongo que querías poner punto, en vez de dos puntos.
      Hay frases que me encantan, así que también las pongo.
      «burbujeaba un retazo de oscuridad.» «hasta formar una herida en la realidad»
      En general las descripciones las he disfrutado una burrada.
      Aquí prescindiría de algún que, así evitas repeticiones.
      «Que suerte que seguía vacía y que la casa estaba en medio de ninguna parte»
      Algo parecido aquí, puedes evitar un se.
      «Se desnudó y se tendió en el suelo del fondo»
      Y en esta frase prescindiría de alguno de los imperativos, no necesitas tres tan seguidos.
      «Si queréis cruzar buscad una grieta o haced un trato con un practicante. Dejad de contar conmigo.»
      ¡Un abrazo!

      1. Hola, María
        Muchísimas gracias por el comentario. Tienes toda la razón en que el relato no está muy ajustado a la propuesta de Alicia, creo que al principio si lo estaba… pero después de recortar casi mil palabras, sospecho que quité las que más acercaban a la propuesta del taller xD Mea culpa, en cualquier caso. Tomo nota de los apuntes que me haces, acertadísimos.
        !Nos leemos el mes que viene!

          1. Sergio, estoy con Alicia. Cuelga el relato completo para que veamos la versión original (También me gustó mucho tu relato, a pesar de las “trampas” 😉).

    3. Tramposo.

      Muy mal, Sergio, muy mal.

      El relato es divertido y podría decir que hasta basado en hechos reales. Cosas parecidas me han pasado a mí. Pero el reto iba de describir a alguien, de darnos a conocer a tu personaje mientras hacía una ensalada, no mientras se le va la pinza por una sobredosis de Youtube.
      Vete al rincón de pensar, anda 😛

  17. Casa nueva, vida nueva (SERGIO)
    Hugo miraba el interior del frigorífico con gesto de fastidio. En lugar de terminar de desempacar y ordenar las cosas del salón, había vuelto a perder toda la tarde saltando de vídeo en video en Youtube. Matías estaba a punto de llegar y tenía, al menos, que preparar algo de cena.
    Sacudió la cabeza y se decidió por lo único que no le salía demasiado mal. Cogió algunas hortalizas, tomates, un aguacate y queso blanco. Sacó la tabla, un buen cuchillo y se puso a cortar todos los ingredientes en tacos menudos. Empezaba a echar los primero trozo (aquí falta una s que son trozos) en la ensaladera cuando vio por el rabillo del ojo que la luz del salón temblaba y se apagaba.
    Contrariado, se acercó a comprobar el interruptor que había junto a la puerta de la cocina. Funcionó a la primera: Con un delicado clac el salón volvió a inundarse de luz. Excepto una esquina.
    Entre las cajas marcadas con las palabras “Blurais” y “Libros” burbujeaba un retazo de oscuridad. Hugo apretó los ojos (apretó los ojos? en plan fue sin mirar o con el ceño fruncido?, como expresión me parece un poco confusa) y se acercó. Las volutas de sombras batían ligeramente, hasta que acabaron retirándose detrás de las cajas.
    —No sé quién eres, pero no eres bienvenido —dijo el hombretón, aún con el cuchillo en la mano.
    De entre las cajas surgió un gorjeo que fue subiendo de intensidad.
    —En realidad, me importa muy poco quién seas o quien te mande. Sólo quiero que te largues —La negrura se asomó de nuevo y respondió con otro trino distorsionado—. Me importa muy poco —La oscuridad bullente salió de su escondite y su respuesta esta vez fue más firme. Hugo resopló exasperado y apretó el puño alrededor del mango del cuchillo—. De acuerdo, vamos. (buen manejo del diálogo 😉 )
    Salió al patio con la sombra flotando tras él y fue directo a la piscina. Que suerte que seguía (que sigue, creo que para hablar con uno mismo queda más adecuado) vacía y que la casa estaba (está, por lo mismo) en medio de ninguna parte, pensó mientras bajaba hasta el desagüe. Se desnudó y se tendió en el suelo del fondo. Al momento su corpachón empezó a temblar y apareció un punto rojo en su pecho. A partir de él se extendieron dos líneas de carne abierta hacia el cuello y la entrepierna. Y de entre los pliegues de sangre y grasa surgió la verdadera forma de Ugoth: un esqueleto ennegrecido, con los huesos cubiertos de muescas y anillos de hierro grabado. Sus ojos eran ascuas flotantes, que no se apartaban del invitado no deseado.
    —Dile al duque que con esto mi deuda queda saldada —La sombra no respondió, pero pareció encogerse—. Yo ya no soy un psicopompo. Si queréis cruzar buscad una grieta o haced un trato con un practicante. Dejad de contar conmigo.
    Sin esperar respuesta, hizo un gesto y apareció en el aire, frente a él, una esfera iridiscente. Introdujo uno de sus dedos muescados en ella, lo giró a la izquierda y la luz empezó a estirarse hasta formar una herida en la realidad. La voluta de oscuridad fue absorbida dentro y el engendro volvió a cerrar el acceso sin más ceremonia.
    Cuando sonó el coche de Matías en la entrada Ugoth ya había recuperado su envoltura de carne cálida y mullida. Había empujado los restos de sangre hacia el desagüe con agua a presión y tenía la cena lista. Su marido entró sonriendo, como siempre, miró las cajas por abrir, la ensalada y luego a él.
    —¿Otra vez Youtube?
    —Pues… —Matías no lo dejó acabar, se acercó y le plantó un beso.
    —Ya lo haremos este fin de semana. ¿Algo interesante?
    —Una señora que se hizo una Mona Lisa con lentejas de cuarenta especies diferentes…
    Los dos rieron de buena gana. Y Hugo pensó que le gustaba su nueva vida.
    Muy bien escrito, pero… TRAMPA, TRAMPA, TRAMPA… eso es lo que me dan ganas de decir al leerlo. La ensalada ni siquiera es una excusa barata, que se lleva menos líneas que YouTube 😛 . Por otra parte el cambio de nombre de Ugoth a Hugo es todo un acierto si se pretende cambiar de vida 😉

    1. ¡Hola, Lilim!
      Muchas gracias por los apuntes…. ¡y por el currazo que te has pegado comentando con tanto detalle todos los relatos!
      Tomo nota de las observaciones, aunque en cuanto a lo de “pensó” y “estaba” creo que es correcto porque el narrador está diciendo lo que piensa el personaje (que habrá alguna forma técnica de decirlo xP) y concuerda con el verbo que hay a continuación. Si hubiera usado unas comillas para poner su hilo de pensamiento tal cual si creo que hubiera con “pensé” y “está” … todo eso, supuesto por mi en mi limitado conocimiento de gramática xD
      Y, sí, hice trampa. Creo que cuando recorté el texto acabé quitando demasiado del lado que no era, pero bueno, aunque no encaje en la propuesta me quedé satisfecho con el resultado, así que ni tan mal.
      ¡Un abrazote!

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