31 pensamientos en “Reto literario de julio: 5 a

  1. Genial a lo de que no tengamos que apuntarnos, que ando jahogaíta con el tiempo. Espero poder hacerlo.

    Te está quedando genial el blog, Alicia. Besotes:

    Amaya

    1. Relato: La carrera
      En la vida el tiempo vuela cuando se pasa bien, pero parece no pasar cuando eres incapaz de disfrutar. O eso decía mi difunta abuela, mi primera maestra y la responsable de mi vocación. También solía decir que se deben elegir las compañías con sabiduría. Por eso, el primer día de la escuela superior me senté al lado de Said. Era un chico bajito con pinta de pardillo, como si no supiera bien que hacía en ese lugar. Nos llevamos bien de inmediato.
      El primer año fue difícil, me esforcé mucho sin lograr resultados. Said me animaba con su sonrisa y empezamos a practicar juntas, aunque era más patoso que yo.
      Hasta el segundo año no nos mezclamos mucho con el resto. En diciembre yo invité a Selea, que tenía dificultades con su trabajo de prácticas, a estudiar con nosotros. Se trataba de una chica morena y alta, tan guapa como seria en sus estudios. Pronto comenzó a dirigirnos y en febrero ya éramos cinco chicas las que practicábamos fuera de las horas obligatorias. Quedábamos en el gimnasio, la biblioteca o la cafetería. El grupo creció y nuestros resultados mejoraron.
      El tercer año ya teníamos dieciocho años. Comenzaron las salidas al exterior y con ellas algunos problemas. Said se encaprichó de Selea y ella le rechazó. Era muy pesado. Recuerdo una vez en el pub al que íbamos los viernes que ella le tiró la Coca- Cola por encima.
      —Pero, ¿qué haces?—dijo Said sacudiéndose la ropa.
      —¡Que no me toques, imbécil!
      Selea le amenazaba con el vaso vacío y Norea la agarró del brazo. Salieron afuera antes de que nos echasen del local.
      Me llevé a Said a un lado y traté de convencerle de que la dejase en paz.
      —No lo entiendo, yo solo quise sacarla a bailar…
      —No le gustas, Said. No te esfuerces— le interrumpí.
      Así fue como el cuarto año dejamos de pasar tanto tiempo todas juntas. Norea empezó a salir con Ayel, se hicieron parejas y grupitos. Además, debíamos preparar los trabajos finales. El mío lo presenté el quinto año, el 25 de mayo.
      Ese día estaba aterrada, aunque toda la clase se reunió para darme ánimos. Selea me besó en la mejilla, me dio las gracias y me deseó suerte. Decía mi abuela que hay que tener a los enemigos tan cerca como los amigos, sobre todo si eres una asesina a sueldo. Dentro estaría sola. Al levantar el retazo ceremonial y ver las caras de los sabios del jurado, creí que todo iría mal. Pero, ¿quién no se impresionaría al ver la cabeza de Said, nieto del Rey de las Nieblas, metida en un tarro? Le había escogido como víctima el primer día, el nieto de su asesino. Y había esperado cinco años. Decía mi abuela que la venganza se sirve fría.

      1. Hola, Silvia. No sé si es el primer relato que leo tuyo o ya he comentado otro antes, pero si eres nueva por aquí, bienvenida; y si eres la persona a la que le comenté el relato (creo que) el mes pasado, espero que no te haya espantado que me vuelva a comentarte.

        Primero empiezo viendo si has cumplido con los requisitos del reto. El inicio, el nudo y el desenlace están ahí. Los cinco años también. Y no has superado las 500 palabras. Así que por ese lado, conseguidísimo. Muchas felicidades.
        Tal vez el paso por los años lo haces tan sutil que al final no me ha dejado la impresión de que haya pasado tanto tiempo. Es cierto que 500 palabras es muy poco espacio para que puedas contarnos detalles de cada año, pero por ejemplo desarrollas mucho un suceso del tercer año que aunque explica lo que sucede al año siguiente, se lleva demasiada atención. Podría ser bueno recortar la pelea en el bar y tal vez dar alguna picelada más de cada año para que todos los años parezcan tener la misma importancia. Salvo el quinto, claro, que por ser el clímax y el desenlace tiene lógica que sea más largo.

        Otra cosita que me ha pasado es que me ha dado la sensación de que en el inicio hablas mucho de la abuela y de sus consejos a la protagonista, pero no he conseguido recordarlo cuando me cuentas el final. Lo de la venganza fría me ha obligado a releer el relato porque me había perdido algo. La frase de “Le había escogido como víctima el primer día, el nieto de su asesino” me ha costado entenderla. Por cosas, ando con el cerebro un poco chafado, así que puede ser cosa mía, que no estoy en mi momento más lúcido.
        Puede que al presentárnoslo pudieras darnos alguna pista de quién es Said, de esas tenues que no digan mucho, pero que hagan que el final no parezca tan brusco. Como en la pelea: tal vez comentar que aunque Selea no quiere saber nada del chico, él cree tener derecho a ser correspondido, sin explicarnos lo del derecho porque al final, cuando nos dices que es el nieto de alguien que debe ser muy importante, lo aclaras todo. O algo así.

        En cuestión de estilo, creo que no hay nada que objetar.
        Como mucho la frase que te he escrito antes, que me ha costado entender que el abuelo de Said había asesinado a la abuela de la protagonista, y tal vez el uso de nombres propios.
        Said y Selea parecen merecerlos, pero Norea y Ayel tal vez sobren. No el personaje de Norea, sino el nombre propio. Podrías dejarla como una secundaria sin importancia, o como una representante de todas las demás chicas.
        Y lo de que Norea empieza a salir con Ayel me hace pensar que tal vez lo que nos has contado es el resumen de una historia más grande en la que esta pareja pueda ser importante. Porque lo de que el grupo inicial se dispersa cuando empiezan a salir con chicos creo que está muy bien contado (Seguro que muchas lo hemos vivido en nuestra adolescencia/juventud); por eso me sobran los nombres de estos dos.

        El final me ha gustado mucho, mucho. Y creo que la historia es muy buena. Me gustaría saber algo más de la abuela, del rey de las Nieblas y de lo que pasó entre ellos para que la primera fuera asesinada por el segundo. También me encantaría saber qué enseñan en la escuela superior y qué son las prácticas para las que quedan.
        Ten cuidado con la repetición de la palabra prácticas y “practicábamos”: aparecen varias veces de forma muy seguida.

        Tal vez yo quitaría la fecha exacta que pones, 25 de mayo, porque como no has empleado a lo largo del relato ninguna otra tan concisa, queda un poco extraña. O si es muy importante (Tal vez el día que mataron a su abuela), podrías comentarlo para que los demás sepamos que es algo clave en el relato.

        Como siempre, espero no haberte molestado con mis comentarios. Creo que puedes alargar esta historia para convertirla en algo más grande contándonos esos detalles que, aunque pueden no ser importantes para la idea principal, sí pueden mostrarnos un mundo muy interesante (Jajaja. Yo llevando la contraria al talado de relatos). Creo que tienes el germen de una historia muy chula.

        Felicidades y espero verte en el siguiente reto. Feliz agosto y no pases demasiado calor:

        Amaya

        1. Muchas gracias por tus comentarios. Los revisaré de nuevo con calma y los tendré en cuenta. Soy nueva por aquí y no había participado antes, este es mi primer relato en 500 palabras. Que tengas un buen verano. ¡Graciñas!

      2. Me ha gustado mucho el giro del final.
        Que tuviera diálogos lo ha hecho también más dinámico.
        Y el proceso de los 5 años se ve muy claro.
        Me ha gustado mucho, Silvia.

      3. El giro del final me ha encantado.
        Creo que el paso de esos cinco años está clarísimo. Y el diálogo le ha dado más dinamismo a la historia.
        Me ha gustado mucho.

  2. Adjunto mi relato:

    5 Años

    Debería tener compañía. Treinta y cinco tripulantes que deberían haber estado aquí, conmigo, en mis últimos momentos. Los conocía bien, muchos eran amigos, a algunos los he odiado tanto como para soñar que los arrojaba al espacio y a una de ellas la amé. A todos los he matado.
    Si hay que poner un inicio a este viaje sería el 22 de Julio de 2045, cuando Az Isten Kardja encendió sus motores y partió del astillero en órbita de la Luna. Ponerle a nuestra nave el nombre de la espada de Atila probablemente no fue buena idea.

    Mi nombre es Sukhrab Abdirov, nací en Dusambé, Kazajistán y fui seleccionado entre otros muchos para ser el capitán de la nave que había de construir un asentamiento permanente en Marte. El comienzo de nuestro viaje fue aburrido: seis meses en los que lo más interesante fue el póker y que me enamorara de Masha.

    Ya habíamos divisado Marte cuando comenzaron las complicaciones: un micro meteoro improbablemente grande entró por la ventana de la granja hidropónica, atravesó el cráneo del Coronel Polpov y el depósito de gas del calefactor de aire. La explosión y el fuego posterior mataron a seis personas más y dividieron la nave en dos. Veintidós tripulantes quedaron en la parte posterior de la nave, sin tanques de oxígeno ni acceso a los trajes de vacío. Nos quedaba menos de un mes de viaje y lo usamos para intentar salvarlos. Tan sólo lo empeoramos. Perdimos a cinco hombres más en los intentos de rescate. El último de los apresados en la cola, saltó por la escotilla de babor antes de que hiciéramos un aterrizaje forzoso. Lo vi alejarse en el espacio, congelado. Fue afortunado.

    La nave no llegó de una pieza al planeta. Mi aterrizaje fue desastroso. La Kardja quedó esparcida a lo largo de setenta kilómetros. Lo perdimos casi todo y a casi todos. Comunicaciones incluidas. Solo sobrevivimos tres: el Teniente Mihume, Masha y yo. No había forma de que nos recataran en años, tampoco podíamos hablar con la Tierra, pero, tal vez, entre los restos hubiese suficiente para los tres.

    Creamos un habitáculo con el centro de mando y lo fuimos mejorando con lo que encontramos
    durante los siguientes meses hasta formar casi un hogar. Un hogar para Masha y yo, una cárcel para Mihume que me culpó de todo durante dos años. Ella mediaba entre ambos. Se aproximó a él, cada vez más. Cuando los encontré follando, perdí la cabeza. Arrastré a Mihue al exterior, sin traje y allí se asfixió. Cuando regresé ella ya no estaba y al poco estalló una tormenta de arena. Pensé en matarme, pero estaba entrenado para sobrevivir y eso hice.

    La encontré un año más tarde. Había logrado caminar casi treinta kilómetros, hasta una cueva. Transformé aquel lugar en una tumba. Un año he esperado la muerte. Hoy la he visto aterrizar a dos cráteres de distancia. No tardarán mucho en venir. Me queda por decidir cómo prefiero morir.

    1. ¡Hola!
      Me ha gustado bastante el relato. Se sigue bien, es entretenido y engancha. Crea tensión desde el principio, tiene acción y aventura.
      Me ha quedado la duda de cómo pueden sobrevivir en el planeta unos tres o cuatro años si no está terraformado, la atmósfera es muy diferente a la terrestre y la nave está hecha pedazos, aunque entiendo que en 500 palabras no se pueden desarrollar estos aspectos.
      El triángulo amoroso y el crimen pasional es un acierto, le da más interés a la historia.
      El uso de un narrador en primera persona creo que es muy adecuado para lo que se quiere contar porque hace que se conecte con el protagonista, sus sentimientos y percepciones con mucha facilidad.
      El final fue lo que menos me gustó porque no sé si lo he entendido. ¿Se supone que llega una nave procedente de la Tierra? Entonces el protagonista decide suicidarse, sintiéndose culpable de la muerte de todos los tripulantes. En eso enlaza con el principio y cierra la historia de manera correcta. La estructura clásica de introducción, nudo y desenlace se ve con claridad y está bien utilizada.
      Resumiendo, me ha gustado y creo que está bien contado, aunque la historia ganaría mucho con un poco más de detalle y más extensión. El reto de contar en tan poco espacio es complicado. Creo que se ve bien cómo transcurren los cinco años y que se ajusta a las condiciones que se pedían.
      No sé si he hecho bien estos primeros comentarios, cualquier cosa que quieras que te aclare o desarrolle más sobre tu relato sólo tienes que decírmelo.
      Un saludo.

  3. 👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻 ¡500 palabras clavadas! Jajaja. No me estáis viendo, pero estoy bailoteando de alegría. Jajajaja.
    Aquí tenéis el tercer relato que escribo para este reto. Lo de no dormir no me va bien para escribir cosas claras, pero ayer fue un buen día.
    Creo que ha salido muy bien, y aunque he tenido que recortar (Cómo no me iba a pasar a mí 😅), ha sido poquito. Y por primera vez, creo que no ha quedado nada mal.
    Espero que os guste. No os cortéis a la hora de criticarlo. Feliz día.
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    Hoy es el quinto aniversario de la llegada de mi certificado de caducidad.
    Llegó con mis escasos 28 años. Nadie se lo podía creer. Imaginé que era una payasada de algún amigo, pero todos juraron que nunca bromearían con este tema.
    Así pasé el primer año: buscando responsables que no encontré, amargándome por mi rápido final, soñando con todos los planes que no lograría, maldiciendo mi suerte y haciéndole la vida insoportable a todo aquel que se preocupaba por mí.

    Siempre mandan recordatorios anuales. Por si tienes la feliz ocurrencia de que se te olvide. Al abrir el primero me hundí. En mi cabeza se repetían las mismas preguntas: qué había hecho mal para semejante castigo y cómo podría corregirlo. Me encerré en casa, teletrabajé, encargué comida, ignoré el lamentable estado en el que iba quedando el piso y mi indigente apariencia. Dormitaba a todas horas, me arrastraba por aquel espacio sucio acompañado de pesadillas y parásitos, hasta que no sé cómo, provoqué un incendio que me arrojó al exterior. Por primera vez lloré. Ya estaba preparado para buscar ayuda.

    El segundo recordatorio lo abrí rodeado de la gente del grupo de apoyo. Me flojearon las piernas . Aprendí despacio que me quedaba poco tiempo y que necesitaba aprovecharlo sin preocuparme del futuro en vez de encogerme hasta desaparecer. Hice grandes amistades en aquellas sesiones; era gente que comprendía a lo que me enfrentaba. Algunas fueron desapareciendo, pero antes de abatirme, fortalecía mi resolución. Sin avisos, llegó Elena. Ella caducaba un año después que yo. Intentó suicidarse para no sufrir la espera, pero erró en el último momento porque quería vivir. Nos enamoramos.

    Tercer año superado y tercer recordatorio. No lo abrí. Ya sabía lo que decía. Preferí estudiar la piel sedosa, el estrafalario cabello a colores y los curiosos rasgos de Elena y soñar junto a ella con utópicos futuros donde nos amábamos llenos de arrugas y canas. A mediados de año viajamos a todos aquellos lugares que nos permitió el dinero y el lamentable estado del planeta. Gozamos como niños y le pedí que se casara conmigo. Dijo sí.

    El cuarto recordatorio lo encontré a la vuelta de nuestra luna de miel. Olvidé lo que hice con él. Ya no me quedaba demasiado, aunque surgió una esperanza. Durante la celebración de nuestras nupcias supimos de una pareja donde ambos lograron retrasar su caducidad. Siempre creí que en su momento querría hijos, pero nos aterrorizaba que todo fuera un cuento ridículo y que nuestro futuro retoño se quedara solo. Lo intentamos, y lo conseguimos.

    Ahora, soy padre el mismo día que prescribo. Tengo en las manos a mi pequeña mientras el certificado me mira insolente desde la mesa donde lo he dejado. También ha llegado una nueva fecha para Elena: han ampliado 5 años más, con suerte extensibles, su funesta fecha. Beso a Elena, dormida, y coloco a la niña en la cuna. Me despido susurrándoles a ambas cuánto las quiero, y salgo de la habitación despidiéndome del mundo.

      1. Hola, Mar.
        Ya he contestado a tus comentarios en el Docs. Pero lo digo por aquí: muchísimas gracias por el peazo de feedback que me has mandado. Me ha encantado. Muy acertados todos los comentarios, aunque con algunos no esté del todo de acuerdo, pero todos geniales. Saber tu opinión me va a ayudar a mejorar este y también otros relatos.

        Encantada de que hayas comentado mi relato, y deseando que seas mi “comentarista” en más ocasiones. Jeje. Un besote gordo y que pases un feliz agosto.

  4. El quinto aniversario

    Hace años empecé a salir con un chico. Se llamaba Fortunato, Fortu para los amigos. Yo siempre me burlaba y le decía que tenía nombre de abuelo; él se reía y me respondía que yo tenía nariz de botón, y luego la frotaba contra la suya. Le encantaba bromear y se pasaba las horas buscando memes en internet, rellenaba con ellos miles de carpetas. A veces, cuando creía que estaba solo, los observaba con cara extraña, con avidez, como si fuesen una especie de tesoro.
    Esta faceta burlona se hizo patente en nuestro aniversario, aunque la primera vez yo no sospechaba nada.
    —¿Cuántos años llevamos? —preguntó.
    —Años en plural no, Fortu. Solo uno.
    —Con mi pene te vacuno. —Y se echó a reír, el muy gilipollas. A veces tenía un humor tan infantil…
    Al año siguiente lo mismo.
    —¿Cuántos años llevamos?
    —Dos.
    —Te la meto y me da tos.
    En esos momentos yo quería matarlo. Pero ya era tarde: se había convertido en nuestro ritual.
    Fue por aquel entonces cuando empecé a notar que Fortu había crecido, a pesar de sus 27 años. Se lo mencioné en varias ocasiones, pero cada vez que lo hacía se mostraba más y más molesto, así que lo dejé estar. Además, tenía otras cosas de las que preocuparme; era la segunda vez en dos años que me ascendían en el trabajo y me urgían demasiadas responsabilidades.
    En el tercer aniversario estuve a punto de ignorar su estúpida pregunta. Pero me ponía esa carita de súplica… Esos ojitos verdes, grandes y brillantes, cubiertos por rizos rojos… Era tan guapo que no podía negarme. Recuerdo que poco después gané la lotería y le dije alguna frase cursi como que con él hacía tiempo que me había tocado «el Gordo».
    Para el cuarto año era inevitable notar lo enorme que se había puesto. Yo le enseñaba fotos antiguas y él cambiaba de tema, normalmente en forma de sexo. Me levantaba en volandas y me hacía cosas que no eran de este mundo, lo juro. Y a mí se me olvidaba de qué estaba hablando.
    El quinto aniversario comenzó de la manera habitual.
    —¿Cuánto tiempo llevamos?
    Yo, que ya me lo esperaba, sonreí.
    —Cinco.
    —¡Por el culo te la hinco!
    Y rió, rió como nunca, y por primera vez en aquellos años sus carcajadas me dieron miedo. Fue entonces cuando apareció el arco iris. Le salía de dentro, y en él flotaban todos esos memes que coleccionaba. Se elevó, desternillándose, dio varias vueltas en el aire, rodeado de luz, como una transformación de dibujos japoneses. Cada vez era más grande y más fuerte, ocupaba toda la habitación.
    —¡Reino de las hadas, preparaos para el mejor duende! —gritó, triunfante.
    La luz me cegaba. Caí al suelo mientras me tapaba los ojos. Cuando volví a levantar la vista ya no había nada, tan solo olía a quemado. Y Fortu, mi Fortu… había desaparecido.
    No he sido capaz de pronunciar «cinco» en voz alta desde entonces.

  5. Hola, aquí está mi relato. Está basado en el mundo de mi saga de fantasía, en un personaje del que me apetecía mucho contar su orígenes, aunque no he querido usar nombres. Creo que no era necesario. Espero que se entienda y que paséis un buen rato al leerlo.
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    UNAS BUENAS ALAS
    Mi gemela y yo nacimos años después de la Gran Guerra, que acabó con la monarquía de Keltai y estableció un régimen aún más severo. Fuimos la cosecha de un matrimonio entre un elfo y una viuda aferrada a un estatus social decadente.
    Éramos idénticas por fuera, diferentes por dentro.
    Con diez años descubrimos que no éramos hijas del amor, sino trofeos deseados por la alta alcurnia. Especímenes de una nueva moralidad, encorsetadas en normas que pretendían convertirnos en carcasas vacías de piel y hueso élficas.
    ¡Jamás lo conseguirían!
    Llegamos a los once ataviadas con mentiras elegantes frente a ojos ajenos. Éramos auténticas en los jardines del hogar de nuestros progenitores, envidiando las alas de los pájaros. Ansiábamos su libertad y creí que la alcanzaría con mi simpatía mágica, descubierta gracias a unos libros viejos que nadie había destruido aun, a pesar de las prohibiciones; a pesar de que su posesión era un delito mortal en Keltai.
    En doce meses aprendí los secretos mágicos ocultos en las runas de las páginas escritas por mis antepasados, ilustres hechiceros. En esas fechas, la decadente aristocracia élfica también se interesó por nuestro abolengo y valía social. No importaba que mi hermana fuera una adoradora de cuervos y yo una criminal mágica, porque nuestros futuros maridos nos arrancarían esos pecados con sus propias manos, si era necesario.
    Después de un año y un mes alcanzamos la mayoría de edad y nuestros progenitores nos condenaron a matrimonios de conveniencia con desconocidos. Todos ganábamos algo. Ellos, dinero y prestigio. Nosotras, más cadenas en el alma.
    Podría haberlos destruido con mi magia, pero mi hermana tenía otros planes más sutiles y menos suicidas.
    —Necesitamos unas buenas alas —me susurraba a menudo.
    Las busqué durante catorce meses en recovecos imposibles. En la brujería, tan maldita en Keltai como la magia.
    La víspera de nuestros enlaces pactados encontré un conjuro que no podíamos permitirnos. O quizás sí. Daría la vida por mi gemela, aunque no llegué a tiempo. Esa noche saltó al vacío con unas alas hechas de ramitas, plumas y girones de su vestido nupcial.
    No la seguí porque nos merecíamos un final más digno.
    Me encerré con ella en nuestra habitación a fuerza de hechizos prohibidos. Su cuerpo agonizaba en un lecho púrpura. Nuestras mascotas lloraban como personas. El mundo al otro lado de mi protección mágica aullaba igual que una jauría de lobos hambrientos de castigos ejemplares, peores que la muerte.
    Su sacrificio no sería en vano. Escaparíamos de una manera o de otra.
    Sujeté su cuervo favorito contra su pecho. Nos miramos por última vez, confiando ciegamente entre nosotras.
    Vomité las palabras prohibidas de un poder oscuro. Una explosión de brujería violácea me escupió contra la pared, rompiéndome algunas costillas.
    Ella graznó con una garganta nueva. Me miró con ojos de cuervo. Me envolvió entre sus brazos de plumas negras. Me aferré a su cuerpo de arpía y ella echó a volar por la ventana hacia nuestro amanecer.
    ¡Éramos libres y malditas!

    1. Me ha gustado mucho. Me interesa mucho tu historia, me encantaría seguir leyendo.
      Lo único que no he ha quedado muy claro es por qué no se podían permitir el conjuro secreto o por qué quizás sí, pero entiendo que con sólo 500 palabras es muy difícil poder poner todos los detalles. Pero me han dado muchas ganas de saber más.

  6. Brangianna apenas podía entenderlo. Su señora, sana, fuerte, necesaria para muchos, necesaria para ella, había muerto. Tenía que ir a buscar al niño y traerlo cerca, ella no podría ir al bosque tanto cómo desearía a partir de ahora. Al mismo tiempo traerlo a la corte suponía un gran peligro para la criatura. Tanto o más cómo para su propio hijo.

    Cuándo había pasado casi un año de la muerte de su señora y del sobrino del rey llegó un precioso barco desde costas bretonas. Era Kaherdin, el mejor amigo del fallecido Tristán. Había viajado hasta Tintagel para entregar los objetos de su amigo a su tío, puesto que su hermana, ahora viuda, no quería tener nada que le recordara a su marido y la humillación a la que fue sometida durante más de un año. Tristán se casó con ella para no consumar el matrimonio bajo el pretexto de un juramento sagrado que debía mantener durante doce meses. En los últimos días de su vida supo que él no la amaba y que su corazón había sido entregado a otra mujer, Isolda, la reina de Cornualles. Tanto se amaban su esposo y su amante que juntos murieron y juntos fueron enterrados.

    Brangianna sabía que Kaherdin era confiable, lo había demostrado en otras ocasiones, así que decidió confiarle el secreto que había prometido guardar. Tristán e Isolda fueron padres en secreto. Su hijo estaba escondido pero corría peligro. Era una amenaza para quienes querían ostentar el poder cuando muriera el rey. Él tendría que hacerlo pasar por hijo ilegítimo de algún viaje anterior y llevárselo para protegerlo.

    El tiempo pasaba rápidamente. Hacía más de un año que Kaherdin se había llevado al niño. Brangianna miró a su hijo, ese que todos creían era un sirviente. Dos años se llevaban ambos niños. Era curioso, ella había engendrado al hijo del rey y la reina al hijo del que el rey creía iba a ser su heredero. ¿Cómo podría proteger a los dos niños de quienes querían controlar al rey y el país?

    Un barco se estaba acercando, Brangianna lo reconoció. Kaherdin estaba regresando. ¿Habría sucedido algo importante? Confiaba en hablar con él cuanto antes.

    —Mi hermana ha vuelto a casarse y está embarazada. El heredero de mi padre será mi sobrino. Ya no puedo hacer pasar por heredero a quien no lleva la sangre de mi familia. Ynatsirt y yo nos quedaremos aquí y a su debido tiempo dejaremos que todos conozcan su indentidad.
    —Podrás desvelarlo, pero no será heredero de nada. Ven, voy a presentarte al verdadero heredero del rey, sangre de su sangre.

    Brangianna le explicó a su amigo cómo en la noche de bodas de Isolda y Marc, ella substituyó a su señora para ocultar que esta había sido desflorada, engendrando con ello al hijo del rey, oculto desde entonces como criado del castillo.

    Kaherdin conoció al niño. Decidió entrenarlo e hizo juramento de servirlo. Ahora tenía dos posibles herederos del reino a quienes proteger, honrar y servir.

    1. ¡Hola!
      Este el primer relato que comento y no sé cómo soléis hacer. Si quieres preguntarme o comentarme algo yo te responderé encantada. Espero que mi comentario te sirva de algo, te adelanto que tu relato no me convenció.
      Me gusta el tema de las intrigas palaciegas y la atmósfera de misterio y relato histórico que creas, pero me he quedado con la sensación de no haberlo entendido tras leerlo varias veces. Esto puede ser porque hay bastantes personajes y confundo unos con otros y también porque me hice un lío con la línea temporal y el argumento. Creo que en parte esto es deliberado, que busca la confusión, pero el final no me lo ha aclarado.
      El enfoque, centrado siempre en la protagonista, está bien, aunque yo tal vez lo habría contado en primera persona para lograr más empatía con ella y su historia. La primera persona te mete de lleno en lo que estás leyendo, aunque esto es solo una apreciación personal. La protagonista es una mujer fuerte y resuelta y eso me gusta. Además es algo que se muestra, una conclusión a la que se llega leyendo, sin necesidad de contarlo con adjetivos.
      En cuanto a los objetivos del reto, no tengo claro que hayan pasado cinco años, aunque eso puede ser cosa mía porque me perdí con el argumento, como ya dije. Me da la impresión de que va atrás y adelante en el tiempo y me resultó confuso.
      El estilo me ha gustado y creo que se adapta bien a la historia de reinos y caballeros que cuentas. También me parece destacable que la narración crea intriga y ganas de saber lo que ha pasado, es decir, engancha desde el inicio. Ese principio es muy potente.
      En fin, que escribir en quinientas palabras es complicado y aunque no me haya acabado de convencer le veo muchas cosas buenas. Espero que no te molesten mis comentarios, es solo mi opinión personal. A veces vemos muy clara la historia porque lo tenemos todo en la cabeza y al leerlo otra persona no lo acaba de entender, a mí también me ha pasado.

      Un saludo.

  7. FRAGMENTOS (Lilim)
    Te vi el primer día, lo que pasa es que siempre me ha dado vergüenza admitir que te miré antes las tetas que la cara.
    Después nos hicimos amigas. Era agradable que alguien pensara que escuchar mi chachareo no era una tortura, que estuviera dispuesta a creer mis chorradas, que pareciera encantada de seguirnos la corriente a mí y a mis voces.
    Claro que nunca te dije que oía voces…
    Un buen primer curso ese. Suspendimos matemáticas y (¡horror de horrores!) fuimos a la misma academia.
    Un verano aún mejor.
    Te hacía reír. Encontraba obsesiones maravillosas para compartir, como todos esos fanfics de Expediente X en los que eras Scully para mí, aunque fingiera lo guapisísimo que era Mulder.
    El segundo curso no estábamos en la misma clase y la abstinencia me mataba. Escribía todo lo que quería decirte y luego le cambiaba el nombre por el macizorro de turno con el que fingiera estar obsesionada.
    Decías que nadie te conocía mejor que yo. Normal, porque dudo que nadie haya dedicado tantas horas al estudio obsesivo de tu perfil, a recrear la manera en que te subías las gafas por el puente de la naricilla sin tocarlas, que pudiera dibujar de memoria el arco de tu labio superior.
    Decías que me querías y era verdad. No de la manera en que yo necesitaba, pero me querías.
    Ellas decían que no merecía eso siquiera. Runruneaban que te aburrirías de mí, que crecerías, te enamorarías y ya no haría falta para nada.
    Ese no fue un buen verano. Nos vimos poco y nunca parecía haber auténtica conexión.
    Sin embargo, al empezar el tercer año casi podía creer que eras la misma. Me buscabas en los cambios de hora, escuchabas mis nuevas chifladuras (libros y más libros, ficciones y más ficciones) y, a veces, te reías como antes.
    No era verdad y lo sabíamos. Te habías hartado de nosotras y no sabías cómo decirlo de una manera amable, así que nos tolerabas. Era mucho más fácil cuando no tú yo no hablábamos de nada real. Así que me quedé en nuestros juegos de papel y mentiras,
    terreno seguro y neutral. Era mejor un pedacito de ti que nada en absoluto.
    Durante ese verano grabamos un corto. Nos llevó tres meses pensarlo, escribirlo y rodarlo.
    Tan cerca y tan lejos.
    El cuarto curso fue un paseo. Ya no había matemáticas y volvíamos a estar juntas. Mucho más fácil concentrarse en las clases si estabas cerca, aunque tu olor fuera una tortura.
    Ese verano te dio por la magia.
    Aprendiste mucho y yo contigo. Me llamabas hermana, decías que tenía potencial. Querías que fuera tu aquelarre y lo fui. Hubiera sido cualquier cosa para ti.
    Todo empeoró dentro de mi cabeza.
    Gritaban que te asustarías y me odiarías, que para eso mejor me muriese.
    Me ingresaron y viniste a verme.
    En quinto éramos oficialmente un par de raras. Yo con mis pastillas y tú con tus hechizos.
    Ese verano nos besaste.
    Nos querías. De verdad.

    https://docs.google.com/document/d/134H77DhBnyFZYrBUGt0Is7aVrJ4sfm6ghE2Ma6b7Xc4/edit?usp=sharing
    Espero que sea aquí donde hay que colgarlo. Adjunto un enlace al documento en drive por si alguien encuentra que es más cómodo comentar por allí.
    Espero que os guste. Gracias por leer.

  8. Bueno pues al final tras haber perdido el primer original he conseguido, con la reescritura, llegar a las 497 palabras. Me he dejado muchas ideas fuero pero eso es lo que hay cuando tienes tan pocas palabras disponibles. Espero que no os parezca muy horrible.
    ________________________________________________
    Hoy es mi último día de mi vida y lo sé porque cumplo cinco años. Soy un clon con fecha de caducidad. Nos hicieron así porque nuestros antecesores reivindicaban derechos como humanos artificiales y eso, a la sociedad, no le pareció del todo correcto.
    Me siento afortunada de haber nacido en esta misma fábrica que crea a clones como yo porque me resulta mucho más fácil comprender el propósito de mi vida. Sé que no soy imprescindible, que vendrán otros detrás para seguir con mi trabajo y no soy quién para cuestionar mi destino.
    En el primer año de vida mi trabajo era algo sencillo. Fui aprendiz en los laboratorios de investigación de carne sintética. No sólo se fabricaban clones sino que también partes de cuerpo personalizadas. La calidad era tal que mucha gente con recursos suficientes se amputaba sus partes imperfectas y se ponían nuestros productos.
    El segundo año fue complicado. Sufrí un accidente en la línea de producción y perdí dos dedos de mi mano derecha. Estuve a punto de ser desechada antes de tiempo pero mi eficiencia me salvó de morir ese año aunque me obligaron a llevar unas prótesis que detestaba.
    Durante mi tercer año fui vilipendiada por mis compañeros porque, a pesar de estar incompleta, lograba realizar mi trabajo mucho mejor que ellas. Poco a poco fui ascendiendo en la cadena de producción, me daban más responsabilidades fuera de mi lugar asignado y los humanos contaban con mi opinión. El ostracismo al que fui relegada por los míos me dolió más de lo que pensaba pero lo canalicé para promocionar donde nunca antes había llegado un clon quinquenal.
    Y es así como en el siguiente año logré llegar a jefa de planta. Fue una época de muchos cambios porque la hija del dueño se hizo cargo de la empresa. Era una chica pelirroja, alta y enérgica. Siempre sonreía, incluso lo hacía con las clones y eso no era lo normal. Como mi posición era de relativa responsabilidad a menudo se acercaba a hablar conmigo. Un día me pidió la opinión y todo. No pude conciliar el sueño esa noche de la emoción que sentía. Por fin, mi existencia servía realmente de algo.
    Fue difícil aceptar que ese sería mi último año. Cada mañana anhelaba aquella sonrisa que le iluminaba el rostro. Me convertí en alguien importante en su equipo de asesores. Me escuchaba a pesar de las críticas que recibía de sus congéneres por tenerme en cuenta. Aquella mañana, sus ojos estaban enrojecidos. Venía a buscarme porque quería acompañarme en mis últimos momentos. Me cogió de la mano y me llevó hasta la plataforma. Me abrazó con dulzura y, con lágrimas en los ojos, me besó tiernamente en los labios. Luego me lanzó al vacío. Se hizo pequeña a medida que yo descendía. Mi Casandra. Intenté agarrarla pero ya era demasiado tarde. Cerré los ojos, respiré profundo y la retuve en mis pensamientos mientras mi cuerpo se disolvía en el ácido hirviendo.

    1. Hola, Esther!

      Para empezar ten claro que esto es sólo mi opinión, quédate con lo que te interese y tira el resto, vale? 😉

      En cuanto a las exigencias del taller creo que están claramente cubiertas, hay un planteamiento (que es lo que más me gusta del relato), un nudo y desenlace (que es lo que menos xP). Y los cinco años están y he de decir que tu forma de cerrar esa parte es de las que más me ha gustado.

      Lo que más me ha gustado, como te dije antes, es el planteamiento del relato. Lo de los clones con fecha de caducidad me parece una ideaza. Igual que la industria en la que trabaja, que es muy interesantes, pero creo que le podrías haber sacado más partido.

      En el otro lado, quizá lo que menos me ha gustado es el final. El interés romántico aparece muy tarde y para cuando llega el salto final uno se queda un poco frío. Además, me parece que hay algunas reiteraciones (como que las otras clones le tienen pelusilla) que podría limar para dejar algo más de espacio a la protagonista y sus problemas existenciales. Que esa es otra, sobre el principio dice que tiene muy claro que va a morir, pero casi al final dice que le da pena que su vida vaya a acabar… y como todo está contando en pasado a efectos prácticos dice las dos cosas al mismo tiempo. O sea, se contradice.

      Y es que, de hecho, puede que la última parte tuviera que estar narrada en presente, no en pasado. Porque si no la estaría contando después de muerta.

      Por lo demás hay unos pocos fallos tipográficos, pero nada que no puedas encontrar echando un vistazo con detenimiento.

      Habías comentado que esto era un planteamiento de algo más grande ¿no? Espero que sí ^^
      Un abrazote, nos leemos!

  9. Pues aquí está mi propuesta para esos cinco años. Como siempre he acabado puliéndolo a ultimísima hora, pero la buena noticia es que esta vez no tuve que recortar nada. La historia salió así con quinientas palabras justitas.

    El concepto básico era para uno de los relatos de la antología que estoy escribiendo para el Nano, que ya sé que estoy muy pesadito con ella, pero es que estoy escribiendo todos los días y voy muy a muerte con ella… perdonad.

    ——————-
    Sopa de duelo

    Entré en el sistema estatal de adopciones después de que la casa de mis padres se incendiara. De esos días sólo conservo el sentimiento de desamparo y cómo me miraban los policías y los trabajadores sociales. Lo demás es vacío.

    Tenía diez años cuando me adoptaron los Velasco. No eran mala gente, pero desde el primer día supe que algo no andaba bien con ellos. Pasé ese verano estudiando en casa, como siempre, pero al año siguiente me matricularon en el colegio.

    Algunos profesores habían leído mi expediente, y también me miraban de aquella manera, pero lo peor ese curso fueron los otros niños. Intenté pasar desapercibido. Tuve que dar algunas mordidas y a un grandullón le clavé un lápiz pero, en general, lo conseguí.

    Pasé al siguiente curso con buena nota, para sorpresa de mis padres adoptivos. Y ese año conocí a Carlos. Era delgado y bajito, todos los otros chicos le pegaban, menos yo. Creo que por eso se hizo amigo mio. Con él descubrí que no sólo los Velasco eran raros, sus padres también. Le conté cómo eran las cosas en mi antigua casa y estuvo de acuerdo conmigo que eran mucho mejores que las tonterías en las que perdían el tiempo nuestros padres.

    Carlos murió ese verano. Estábamos jugando con un perro muerto. Lo habíamos descubierto unos días antes y ya estaba muy hinchado. Habíamos apostado a si explotaría o no si lo pinchábamos. Pero nos descubrieron aquellos chicos y le dieron una paliza. Yo los vi antes y escapé por poco. Me dio pena no poder quedarme con un pedazo de mi amigo para despedirle bien.

    Después de las vacaciones mis padres adoptivos me cambiaron de colegio. Volvieron las miradas y las preguntas. Pero yo ya estaba preparado. Los ignoré a todos, aunque me gritaran y nadie tenía los lápices más afilados que yo. Aprobé, claro. Pero ese año decidí que me iba a largar de casa de los Velasco.

    El momento llegó a finales del curso siguiente. Cuando murió mi madre adoptiva. Aunque fuera rara le había cogido cariño, nunca me miró de aquella forma que tanto me molestaba y pensé que no se merecía morir y desaparecer para siempre.

    Así que antes del entierro me colé en el depósito, como solía hacer con mis hermanas (las de verdad), y me llevé una mano de la señora Velasco. Con ella y un buen montón de verdura fresca hice un consomé como habíamos hecho con el abuelo antes de que se quemara mi casa. Lo serví con toda la otra comida cuando volvimos a casa después del funeral. Así todos los que lo probaran llevarían un poquito de mi madre adoptiva dentro y no se habría ido del todo. Pero alguien encontró un dedo, se montó un escándalo y al final descubrieron lo que había hecho.

    Entonces decidí que tenía que largarme. No entendía la forma de pensar de esa gente y no pensaba aguantarlos el resto mi vida.

    1. Hola, holita, Sergio. Encantada de volver a comentar un relato tuyo.

      Como siempre hago, lo primero comprobar que se cumples las condiciones del reto del mes de julio.
      Tenemos un inicio, un nudo y un desenlace, así que por ese lado, guay. Tal vez el desenlace ha quedado un poco precipitado, aunque seguro que porque estabas ya al límite de palabras. Final abierto, pero tras el climax solo me cuentas lo que el protagonista quiere hacer, no cómo se ha quedado todo tras ese consomé.
      Has conseguido un relato de menos de 500 palabras, así que por ahí, también genial.
      Y tenías que mostrarnos 5 años dentro de la historia. A mí me ha costado ver esos cinco años. Si te digo la verdad, he conseguido localizar cuatro, aunque me ha costado un poco. No sé si porque a veces te refieres a los veranos y otras veces a los cursos, con lo que no consigo centrar la fecha en la que cambias al siguiente año, o que has incluido un año más con lo que le sucedió con su familia natural y yo no lo he interpretado como tal. Así que aquí no sé qué decirte. Sí se ve el paso del tiempo, aunque me ha resultado un poco borroso. Pero puede ser cosa mía, que ando con el cerebro en brumas y tal vez no me esté enterando bien. Disculpa si es así.
      Lo de que me digas la edad que tiene el protagonista… entiendo que quieres remarcar que es un niño, pero tal vez no sea necesario decirnos la edad exacta. Y 13 años para lo del perro… No lo veo. Más joven sí, pero en plena adolescencia, creo que los chavales se preocupan de otras cosas (que yo haya oído, que no lo he vivido, claro).

      En cuanto a estilo, me ha dado la sensación de que lo has escrito rápido.

      Aparecen una serie de repeticiones con las que podrías tener cuidado: dos frases que empiezan con “Pasé” en muy poquito espacio; un par de “mis padres adoptivos” bastante seguidos; la decisión de que no va a quedarse con los Velasco lo comenta en tres ocasiones.

      También desarrollas un par de sucesos que tal vez podrías limitar un poco más: El de que encuentran el perro muerto… Está bien, pero me pregunto si realmente es necesario dar tantos detalles de esa primera parte del suceso cuando lo realmente importante es que se cargan al pobre Carlos;
      Y la preparación de la sopa. Es verdad que del consomé no cambiaría una palabra porque es buenísimo. Bueno, tal vez lo del dedo. Es que si ha cortado la mano (¿Cómo? ¿Es superfuerte? ¿La ha aserrado con los instrumentos de la funeraria? Esto me dejó un poco sorprendida), ¿luego la desmenuza para meterla al caldo? Para las que somos adictas a los caldos caseros, suena raro. Yo siempre he metido las piezas enteras, y hablo de carcasas, huesos, pedazos de carnicería y verduras, no de manos humanas, ¿eh?

      Creo que también me ha resultado un poco raro las referencias que va haciendo el protagonista a su familia real. Enumeras cosas, pero no las cuentas para entender por qué era especial y “normal” esa familia y por qué sale tan mal parada en las comparaciones los Velasco. O lo del abuelo y las hermanas, a quienes solo nombras. Pero ¿por qué estaban las hermanas en el depósito? ¿Que fue a cortar pedazos de ellas cuando murieron, como hace con la señora Velasco? ¿O es que su familia era la encargada de una funeraria, o de un depósito de cadáveres? Podría darle más dimensión al protagonista, aunque puede que no sea tu intención.

      Creo que hay una historia mucho más grande detrás de este relato que me encantaría leer para aclarar todas mis dudas.

      Tal vez podrías probar con un lenguaje más complejo y escapar de los estar, ser, parecer, mirar… que aparecen mucho en el texto. O puede ser una tontería.

      Me ha molado mucho el relato con ese sabor weird donde no sabemos qué pasó y donde estoy segura que las lectoras conjeturaremos mogollón de historias. Si es solo el esbozo de una historia mayor, me quedo deseando leerla. Me mola esa vuelta que le das a lo que sabemos que los niños hacen (lo del perro, lo de querer escaparse de casa, lo de asumir que aquello que se hace en su hogar es lo normal y lo mejor, lo de pegar a sus compañeros por el simple hecho de ser más fuertes…) para forzarlo un poco más. Es desagradable y lo que le da el puntazo al protagonista. Y lo del consomé me ha llegado al alma. Jajaja.

      Felicidades, espero que no te haya molestado nada de lo que te he comentado, que pases un feliz verano sin demasiados calores y a la espera de tu siguiente relato. Ya sabes que me gustan mucho tus historias. Saluditos:

      Amaya

      1. Hola, Amaya!!

        Lo primerísimo: muchas gracias por aplicar la lupa con tanta dedicación al relatos ^^

        Y sí, el relato es un desastre T_T … lo escribí de un tirón y lo dejé aparcado para seguir pegándome con el Nano, hasta que el último día me di cuenta de que no lo había mirado más. Y así quedó el pobre, lleno de repeticiones y de vicios. Aunque con menos de 500 palabras, que eso sí que lo voy a llevar como una medalla!

        Sobre lo de los años, pues precisamente intenté que estuvieran pero que no fueran tan evidentes. A lo peor me pasé de sutil, je.

        Lo otro con lo que parece que me pasé de sutil es con que el chavalote es raro de cojones. El objetivo de la escena del perro no sólo era matar al amigo, sino poner a un par de adolescentes a jugar con un perro muerto en lugar de jugar a la consola o estar en la plaza y dejar claro que el protagonista es un mal bicho al que no le costó salvar el pellejo dejando atrás a su único amigo en cuanto vio venir un problema.

        Igual que el asunto de las comparaciones entre las familias, no es que los Velasco sean mala gente, es que la brújula moral del protagonista está distorsionada. Pero está claro que no conseguí transmitir eso tampoco.

        Sobre lo del consomé, en realidad había puesto que alguien encontraba una falange que se le había escapado al separar la carne, pero se me pasaba por poco de las palabras y lo dejé en un dedo. Que es verdad que resulta un poco “fácil”.

        Bueno, pero estoy contento, el relato es una semilla para uno de los cuentos de la antología (que seguramente sea esa historia contada desde el punto de vista del Señor Velasco) y no haber tenido que recortar casi nada me hace mucha ilusión.

        Muchas gracias otra vez por dedicarle tanto tiempo.

        Un abrazote, nos leemos!

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