65 pensamientos en “Reto literario de junio: podar, reducir, pulir

    1. Anotada quedas 🙂

      Si has marcado que te responda a los comentarios, por favor, avísame si funciona 🙂 Gracias!!!!

  1. Venga, va. Me apunto.
    Aunque me lo he pensado, ¿eh? Que lo de recortar lo llevo refatal, y ya recorté un montón antes de enviar el texto anterior (Si es que no me di cuenta. No me di cuenta de que había trampa 🤦🏻‍♀️). Pero vamos a ello.

      1. Perfecto el aviso de los comentarios que se hacen sobre nuestros comentarios, Alicia. Muchas gracias. Creo que va a ser muy útil.

  2. Los relatos más cortos que tengo son de 1.500 palabras, pero me gustaría participar con alguno si fuera posible porque precisamente estoy trabajando en el recorte y la poda de mis textos. Ya me dirás si es posible o no (como ves, ya empiezo dando guerra 😉 ). Si no puede ser, el mes que viene me subo al tren 🙂

    1. ¡Así nos gustan las escritoras!

      Trabaja con uno de 1500 palabras y déjalo tan cerca de las 500 como puedas.

      En cualquier caso, menos de 700.

      Y a partir del mes que viene, ¡se acabaron los privilegios! 😉
      Profesora McGonagall

      ¡BIENVENIDA!

  3. Hola!!
    Yo también me apunto!! aunque con cierto miedo porque mi texto era muy corto,
    pero me lanzo de cabeza igualmente a ver qué sale 🙂

  4. Hola,
    Yo me acabo de incorporar a todo esto, así que llego un poco tarde a la fecha límite para apuntarse, jajaja. No, no la voy a usar de excusa. Quiero participar, si es posible.
    Gracias.

  5. Hola! Estoy dentro de plazo? No sé que pasa que no veo el texto de la entrada, sólo me sale el “unlock with Patreon”. Bueno, si estoy dentro de plazo, me apunto al recorte!

    1. Estás. Para desbloquear la entrada tendrías que hacer click y meter las credenciales. Lo mismo has borrado cookies o cualquier cosa 😉

  6. Me da vergüenza decir esto pero no he encontrado un relato de 1000 palabras. No escribo muchos relatos y si lo hago son cortos (no más de 600 palabras). Creo que mi problema no es recortar, si no ampliar. Así que he trabajado con uno de unas 600 palabras y lo he reducido a 300. Sé que no es lo que se pedía, pero no me daba tiempo a escribir uno de 1000 y pensaba que los que tenían llegaban a ese número de palabras. ¿Puedo participar igualmente?

  7. A ver qué tal mi primera vez. He entendido que se puede subir hasta mañana. Como me obligo a descansar un día completo, lo dejo ya subido hoy. Es un relato que hice para un ejercicio de escritura cuya premisa era utilizar un objeto inanimado.

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    EL LIBRO Versión extendida (581 palabras – 27/10/2019 – MJ Moreno)

    Nació como una anotación rápida en un cuaderno, tras leer una noticia en un periódico digital. Allí pasó varios años hasta que el escritor lo eligió para convertirse en su siguiente historia. A los tres meses había creado un borrador de mierda, que tardo un año en convertir en una novela completa. Después de pasar por correctores, maquetadores y editores, su debut se anunció para la campaña navideña. Lo colocaron en la estantería más visible de la librería más famosa de la ciudad. Su creador firmaría miles de ejemplares de una larga cola de lectores ese mismo día.

    La muchacha de ojos grandes se fijó en su cubierta suave y colorida y cruzó la tienda directa hasta él. Lo cogió y abrazó con un hormigueo en el estómago. Mientras esperaba su turno, pensó en todo lo que quería decir al autor: lo mucho que le gustaban sus historias, lo que le enamoraba su prosa y los nervios que sufrió esperando su siguiente novela. Pero cuando llegó el momento solo fue capaz de articular su nombre utilizado para rubricar una bonita dedicatoria en la primera página.
    Tardó una tarde en leerlo y lo cerró con una sonrisa y un pensamiento: «Es mi libro favorito». Y a pesar de los miles que leyó después, nunca dejó de serlo. Lo colocó en el centro de la librería del salón sin importarle que rompiese la estética, todos los volúmenes estaban dispuesto siguiendo el degradado del color de sus lomos. Pero no le importó, era su libro predilecto y bien merecía ser el causante de esa anormalidad.
    Allí pasó veinte años y solo fue molestado por la mujer de lo grandes ojos de vez en cuando: para rememorar algún pasaje o recordar una frase. Todo seguiría igual si no fuese por la irrupción de una de las personas que más debe temer un amante de los libros: el que te pide uno y jamás lo devuelve.
    Una señora del club de lectura donde acudía le solicitó su ejemplar y ella, por pena, accedió. Jamás se lo perdonó. La señora nunca volvió a aparecer y no hubo manera de localizarla. El libro ocupó durante diez años un hueco en una estantería de una habitación de invitados y la ladrona de libros jamás lo leyó. Otros diez más los pasó como el alza de un mueble poco estable. Aquello le dejó una marca cuadrada e irreversible en la tapa delantera. Cuando la ladrona de libros decidió mudarse, el libro no formaba parte de sus planes. Lo dejó abandonado, junto a otros veinte ejemplares, al lado de un contenedor de basura.

    El futuro del libro habría sido muy diferente si Firulais no hubiese escapado. Su dueña le encontró husmeando al lado del contenedor de basura. Quiso la fortuna que esta colaborase con una organización solidaria que vendía libros para recaudar dinero. Lo colocaron en una mesa humilde en un mercadillo navideño de un pequeño pueblo. Al verlo, una niña tiró de la manga de su madre: «Mamá, para la abuela». La pequeña lo envolvió con un papel rojo y arrugado y lo ató con una cinta descolorida, pero estos fueron detalles en los que la anciana no se fijó. Sí lo hizo en la marca cuadrada de la tapa por la que pasó sus arrugados dedos. Sintió un hormigueo en el estómago y sus ojos enormes se humedecieron cuando leyó la dedicatoria de la primera página.

    Su libro había vuelto a casa.

    EL LIBRO versión comprimida (292 palabras – 20/06/2020 – MJ Moreno)

    Nació como una anotación rápida en un cuaderno. No se libró de ser un borrador mediocre y pasar por múltiples profesionales hasta convertirse en su yo definitivo: una novela de éxito.

    La muchacha de ojos grandes lo compró emocionada el mismo día de su presentación. Esperó inquieta una fila infinita para que el autor rubricara su nombre en la primera página. Lo devoró en una tarde y lo colocó en el centro de su estantería sin importarle romper la estética cromática de sus miles de libros. Se lo merecía: siempre sería su preferido.
    Allí paso veinte años y nada hubiese cambiado si no hubiese aparecido la ladrona de libros. La mujer de los ojos grandes le prestó su querido ejemplar tras conocerla en una reunión de lectura. Se arrepintió al poco tiempo: la ladrona no volvió a aparecer.

    El libro ocupó diez años la estantería de una habitación de invitados. Los siguientes diez lo utilizaron de alza para un mueble poco estable, lo que le dejó una hendidura cuadrada y profunda en la tapa. Nunca fue leído. Cuando la ladrona se mudó, lo abandonó en el contenedor junto a una veintena de ejemplares.
    Quiso la fortuna que una vendedora ambulante lo encontrara y colocara en la mejor mesa de su puesto. Y también quiso la fortuna que una niñita tirara de la manga de la mujer que le agarraba la mano: “Mamá, para la abuela”.

    La anciana recibió el regalo el día de navidad. Deslizó sus dedos temblorosos y arrugados por la hendidura de la portada maltrecha. Con el estómago contraído, lo abrió y pidió un deseo. Las lágrimas cayeron de sus grandes ojos al leer la caligrafía de la primera página.

    El deseo se cumplió. Su libro había vuelto a casa.

    1. Hola:

      He editado el comentario y he colocado la versión corta a continuación de la larga en este mismo, para que sea más sencillo seguir los comentarios.

      Un saludo!.

    2. Hola, MJ. Un placer leer tu texto, espero que los comentarios puedan aportarte algo útil, porque esa es su única intención. Si hay algo en lo que quieras profundizar o que no explique bien, lo hablamos 🙂
      En primer lugar, la idea de la que parte la historia me parece muy original. Un acierto la elección de escribir desde el punto de vista de un libro, creo que te permite explorar posibilidades muy interesantes. La historia en sí misma me ha gustado, sobre todo la parte en la que la chica de ojos grandes se enamora del libro y el final con el retorno del libro a sus manos.
      Hay un acierto que se repite en ambas versiones y es la forma en la que creas referencias sencillas pero efectivas que le dan personalidad al relato. Me refiero en concreto a esa chica de ojos grandes (yo mantendría constante el orden de ojos y grandes todo el relato, en algunos momentos lo varías y creo que pierde un poco esa identidad de nombre de la chica), a la ladrona de libros y a la marca de la tapa. Me gusta esa forma de poner nombre a las personas que tiene el libro, y también esa pequeña marca que la vida ha dejado en el libro y que de alguna forma enternece a su dueña cuando vuelve a verlo. También me gusta la forma en la que buscas lugares comunes que despiertan sentimientos muy concretos y que funcionan muy bien en el relato. En este caso, serían los nervios en la firma de libros (con la expectación tanto del libro como de la lectora) y la escena final del mercadillo navideño y los regalos de Navidad. Son situaciones que encienden unos sentimientos muy reconocibles de una forma sutil pero que funciona.
      Creo que esos dos puntos (las referencias sencillas que se repiten en el texto y los lugares comunes) son lo más destacable del texto y creo que también de tu estilo.
      Respecto a las dos versiones, me quedo con la corta sin duda. Es una historia sencilla (que no significa nada malo, ojo), que funciona mejor si es directa, no necesita perderse en detalles. Has hecho un par de cambios al acortarla. Uno de ellos es la mujer que pone a la venta el libro, que pasa de ser de ser voluntaria de una organización a ser vendedora. Creo que podría haberse mantenido la versión original, que personalmente me gustaba más, incluyendo el paseo de Firulais. Ese papel del perro como agente del destino me gustaba mucho y me gustaría verlo en la nueva versión. El otro cambio se refiere al deseo de la chica de los ojos grandes que incluyes al final. En mi opinión (porque esto es cuestión de gustos), le quita un poco de coherencia y hace que pierda esa emotividad final que sí encuentro en la versión larga. Para mí el final es redondo tal cual en esa versión, además me parece muy bonito y emotivo.
      Un tema que iba a comentarte y que ya has cambiado en la versión corta es lo del “borrador de mierda”. A mí meter tacos me gusta un montón, pero creo que tienen que encajar en la atmósfera del texto y en esta caso no lo hacía. Me quedo con el borrador mediocre de la versión corta 🙂
      Hay un par de frases en la versión larga que (creo, porque tampoco soy una experta) necesitan revisión:
      1) Su creador firmaría miles de ejemplares de una larga cola de lectores ese mismo día – Se entiende lo que quiere decir, pero realmente lo que pone es que va a firmar ejemplares de una larga cola de lectores (no tengo claro como se hace eso 😉 ).
      2) Pero cuando llegó el momento solo fue capaz de articular su nombre utilizado para rubricar una bonita dedicatoria en la primera página. – Aquí también se entiende lo que quieres decir, pero queda raro. Es como si tuviera un nombre que usa para las firmas y luego otro. Quizá sería más correcto algo como “su nombre, que quedó rubricado en la primera página junto a una bonita dedicatoria” o algo así. Vaya, una sugerencia sin más.
      Son dos detalles muy pequeños y, como digo, quizá me equivoco porque también estoy aprendiendo. No desmerecen para nada el resto del texto, que me ha enternecido el corazoncito. Sobre todo el párrafo final de la versión larga, que me parece lo mejor, capaz de despertar ternura, que creo que es el sentimiento que mueve tu historia.

      1. Hola Raquel,

        Primero pedirte disculpas por tardar tanto en responderte. Cuando me acordaba ya no estaba con el ordenador y con el móvil me iba a eternizar.
        Te agradezco muchísimo tu extenso comentario, me ayuda mucho a mejorar y también a coger confianza.
        Respecto a los ojos, no me había dado cuenta de ese detalle, pero tienes toda la razón: es mejor mantenerlo en la misma posición. De lo demás también tienes razón. Las frases son un poco rebuscadas para evitar las repeticiones, pero seguro que podría haberlas dado alguna vuelta más para construirlas mejor. Lo del borrador es algo que me di cuenta al hacer la versión corta y que tenía que cambiar, era un tono que se salía por completo del estilo del texto. Los cambios han sido más por la longitud, lo de Firulais (que en realidad es el nombre de mi gata) no me quedaba hueco para explicarlo y tuve que cortar. Pero es algo bonito que debería haber encajado. La última parte me dio por cambiarla, pero mi novio, que a veces me hace de lector 0, me dijo lo mismo que tú: que no le hacía falta. Tendré que haceros caso a los dos.
        Quería darte las gracias de nuevo porque me ha parecido un comentario estupendo, muy bien argumentado y razonado. Para mí es importante porque me ayuda a aprender.
        Un beso muy fuerte,
        MJ

  8. Hola,
    He usado un relato antiguo como base. Me lo he pasado muy bien cortando palabras, jajaja.
    Aquí tenéis los dos textos.

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    BRUJA (999 palabras)

    —¡Esfuérzate! —grita la profesora mientras golpea la pizarra llena de apuntas. Sus uñas largas arañan los símbolos que me niego a aprender—. No te moverás de aquí hasta que sepas usarlos.
    Estudio los trazos de tiza mágica. ¿Qué me importa si esa línea debe subir o bajar, girar o quebrarse siete veces?
    Miro el libro sobre mi pupitre. Las runas son más confusos todavía y las ignoro con premeditación porque es más interesante garabatear en los márgenes en blanco. Allí es a donde quiero escapar. Garabateó con el grafito, construyo formas sinceras que sí comprendo: un pájaro volando, flores en un jardín, una casa entre los árboles, el rostro de mi hermana pequeña. Anhelos de una vida que jamás tendré.
    —¡Aprende! —repite la profesora, que me recuerda a una de las arpías de la «Archibruja». Quizás sea su pelo, sus rasgos, su uniforme oscuro o una mezcla de todo—. No puedes estar aquí sin ser nada. Debes convertirte en bruja.
    ¿Quién ha dicho que quiera serlo? Y si estoy aquí, en la sede de la Hermandad, en esta aula gris, no es por voluntad propia. Suplico ayuda a los dioses, pero no oyen a chicas como yo. Mis compañeros hace rato que se marcharon a cenar. Me los imagino en el comedor disfrutando la comida, las bromas y las risas. Yo sigo aquí. Sin aprender un solo símbolo de la pizarra. Sin librarme de la arpía. Grita sin cesar y su rostro se parece cada vez más a esas criaturas de pesadilla. Repite todas las razones por las que debo convertirme en una bruja. Razones que obvio porque no me importa, pasan de puntillas a través de mis oídos.
    La luna llena está alta en el cielo. Entra por la ventana abierta. Su luz corre por el suelo, la mesa y se sienta en mi libro, en las runas. La profesora repite una y otra vez la misma explicación. ¡Va a volverme loca!
    Pasa el tiempo y la tensión conquista el aula. Es densa y peligrosa. La arpía exige lo que yo no voy a darle.
    Me duele la cabeza, pero estoy muy lejos de rendirme. No me importa que la luna también me haya abandonado. No tengo miedo a la oscuridad de la noche, ni a la arpía que intenta romperme con sus ojos amarillos. Pronto amanecerá y las dos habremos pasado horas en el mismo punto: ella, obstinada en convertirme en lo que no soy ni quiero ser. Yo, fiel a mí misma.
    Un golpe me despierta. ¿Me he quedado dormida con los ojos abiertos? Sí, en mi silla coja, en mi pupitre viejo, en la clase donde se decide mi destino. La profesora deja caer varios libros pesados sobre su mesa, reclamando mi atención. La desafío con la mirada.
    «No voy a ceder».
    Y como si hubiera leído mi pensamiento, avanza hacia mí, encorvada hacia delante y exhalando ira. Su sombra proyectada en la pizarra parece que tiene alas. De un manotazo aparte mi pupitre que se estrella bajo la ventana. El libro, contra la pared.
    Se inclina sobre mí, me atraviesa con sus ojos salvajes. Huelo el peligro muy cerca.
    —Aprenderás —amenaza con un rugido grave.
    —No puedo —respondo por no decirle «no quiero».
    —Si los demás pueden, tú también —señala la pizarra y su mano me parece una garra deforme—. No te resistas a la brujería. Sé que entiendes esas runas, que sabes el poder contenido en sus trazos. ¡Léelas!
    Por primera vez en horas veo un brillo rojo alrededor de los símbolos. Se desperezan como recién levantaos, al mismo tiempo que el amanecer se cuela por la venta. Siento el poder de la brujería correr por la clase, sube por la punta de mis pies, se desliza hasta mi último cabello.
    —¿Por qué te resistes? Este es tu destino.
    Los símbolos se meten en mi cabeza con lentitud; retuercen el pensamiento y yo ya no soy quien era. Las manos me tiemblan. Me pongo en pie y tiro la silla. Me aparto de la profesora, me alejo de la brujería, de las runas y el peligro.
    —Acéptalas y podrás marcharte.
    —¡No quiero aceptarlas! —grito y me daño la garganta.
    —Complacer a la Hermandad es tu destino —insiste la profesora, o la arpía, ya no sé distinguir una de la otra.
    Aprieto los puños todo lo que puedo. Tengo los músculos tensos como un arco a punto de ser disparado. No debo soltar mi flecha porque no sé qué podría ocurrir. La profesora arpía se acerca los pasos que nos separan. Me mira desde su altura privilegiada.
    —No hay tiempo —advierte—. Sabes qué ocurrirá si no aprendes.
    Noto el golpe de la amenaza en el vientre. Y no soy quien está en peligro.
    —Cómo le hagáis daño a mi hermana…
    —¿Y cómo pretendes proteger a ese engendro sin brujería? —Sonríe de un lado y se le escapan varios dientes torcidos.
    —Es muy valiosa para vosotros.
    —El valor es relativo a los beneficios —añade, torciendo la cabeza y me estremezco por lo que significan sus palabras.
    Me paso una mano por la cara para despejarme. Las reglas del juego han cambiado, la resistencia es inútil. Nos llevaría a la muerte.
    —Complaceré a la Hermandad —me rindo con la cabeza a punto de estallar porque la otra opción sería nuestra muerte.
    La arpía asiente, satisfecha y me señala la pizarra. Me acerco a mi destino con lágrimas agolpadas en los ojos.
    —No te resistas, Agatha —susurra en mi oído a pesar de la distancia—. Has nacido para ser una bruja.
    La miro por encima del hombro. Sonríe triunfal, se ha quitado el disfraz de profesora y solo veo la amenaza contra nosotras. Aunque no es la profesora arpía quien presiona. Son los demás, los que tienen el verdadero poder, los que juegan con las vidas de todos. Quienes mueven los hilos a su antojo.
    No quiero ser una bruja, pero por el bien de mi hermana seré lo que haga falta.
    ———————————————————————————————–
    BRUJA (488 palabras)

    —¡Esfuérzate! —grita la profesora, golpeando lo símbolos en la pizarra—. No saldrás hasta que los aprendas.
    Desvío la atención a las runas del libro en mi pupitre. También las ignoro porque quiero escapar a los márgenes en blanco del papel. Allí dibujo formas sinceras y comprensibles: un pájaro, una casa, el rostro de mi hermana pequeña. Anhelos de una vida que jamás tendremos.
    —¡Aprende! —repite ella. Su aspecto me recuerda a las arpías de la «Archibruja»—. Conviértete en bruja.
    ¿Quién ha dicho que quiera serlo? Estoy atrapada en esta clase de la Hermandad en contra de mi voluntad. Suplico ayuda a los dioses, pero no oyen a chicas como yo.
    La luna llena se cuela por la ventana, corre por el suelo, la mesa y se siente en el mi libro, iluminando las runas. La profesora repite explicaciones. ¡Va a volverme loca!
    Pasa el tiempo y la tensión conquista el aula. La arpía exige lo que yo no voy a darle. Duele la cabeza, pero estoy lejos de rendirme.
    La luna se marcha. No temo a la oscuridad, ni a la arpía que intenta doblegarme con sus ojos amarillos. Amanecerá pronto y seguiremos igual: ella, obstinada en cambiarme. Yo, fiel a mí misma.
    Me despierta un golpe. ¿Me he quedado dormida con los ojos abiertos? Sí. La profesora deja caer libros pesados sobre su mesa, reclamando mi atención.
    «No me rendiré».
    Se acerca. Su sombra sobre la pizarra tiene alas. Su boca exhala ira. Aparta mi pupitre de un manotazo y se inclina sobre mí. Sus ojos son salvajes. Huelo el peligro.
    —Aprenderás —amenaza.
    —No puedo —«no quiero».
    —No te resistas a la brujería —señala la pizarra con su garra—. ¡Lee las runas!
    Un resplandor rojo rodea lo símbolos cuando el amanecer asoma por la ventana.
    —No te resistas al destino.
    El poder de la brujería invade mi cuerpo, retuerce mi mente y yo ya no sé quién soy. Me pongo en pie de un salto. Me alejo de la profesora, las runas y el peligro.
    —¡Acéptalas!
    —¡No quiero!
    —Complace a la Hermandad —exige—. Sabes que ocurrirá si no lo haces.
    La amenaza golpea mi vientre.
    —Cómo le hagáis daño a mi hermana…
    —¿Y cómo pretendes proteger a ese engendro sin brujería?
    —Es valiosa para vosotros.
    —El valor es relativo a los beneficios.
    Me estremezco. Las reglas del juego han cambiado, la resistencia es inútil.
    —Complaceré a la Hermandad —me rindo con la cabeza a punto de estallar porque la otra opción sería nuestra muerte.
    La arpía sonríe triunfal. Señala la pizarra. Me acerco a mi destino, borroso por lágrimas contenidas.
    —No te resistas, Agatha —susurra—. Has nacido para ser una bruja.
    La miro por encima del hombro. No es una profesora, sino la herramienta de los poderosos, los titiriteros en la sombra, los tahúres que apuestan nuestras vidas.
    No quiero ser una bruja, pero por mi hermana seré lo que haga falta.

    1. Hola Mar.

      No leo mucha fantasía (aunque estoy en ello), así que mis comentarios tómatelos con pinzas y hazles el caso justo.

      – Hay algunas erratas en el texto: apuntas (en la primera línea, o es una palabra que no conozco, la he buscado en el diccionario, pero no está). “Aparte mi pupitre”. Creo que cuando un diálogo inicia un capítulo hay que suprimirlo.
      – Un par de repeticiones: garabateas, arpía.
      – La introducción, nudo y desenlace los siento desdibujados. Me da la sensación que el texto es una escena de una obra mayor (no sé si será el caso) porque hay puntos que no entiendo y no sé a qué se refieren: ¿Qué es la “Archibruja”? ¿Qué pasa con su hermana? ¿Qué disfraz se quita la bruja al final? ¿Es otra persona? Me falta información para comprender el relato (o también puede ser que yo, al no leer mucha fantasía, no lo entienda del todo)
      – Hay staccato en algunos párrafos.
      – Algunas expresiones no me terminan de convencer: “Chicas como yo” (¿A qué se referie? ¿Por qué es diferente?), “Tensión densa y peligrosa” o “Duele la cabeza”.
      – Cuando dice que golpea el pupitre, este se empotra contra la pared (aunque no lo dice explícitamente) y el libro sí que se dice que se choca contra la pared. Tal vez esta frase se podría acortar y unificar porque el resultado con los dos elementos es el mismo.
      – Hay algunas imágenes visuales que me parecen muy potentes: la figura de las alas de la arpía contra la pizarra, la descripción como se tensan sus músculos similares a un arco, las runas iluminándose o la parte de la luna (aunque esta última es un poco confusa, pero es bonita).
      – La historia genera curiosidad, pues al final me quedan muchas dudas de lo que está ocurriendo y me gustaría saber más.
      – Creo que la tensión está muy bien mantenida en el relato y, cuando se doblega, siento el alivio de que toda esa tensión hay terminado.
      – Me gusta especialmente el personaje de la arpía porque creo que la ira que desprende está muy bien conseguida.
      – En general me gustan más los textos cortos, aunque en este caso no sé qué decirte porque me falta información también y creo que la tensión se mantiene mejor en el largo.
      – Es una historia de la que me gustaría saber más. ¿Qué es la Hermandad? ¿Por qué es diferente? ¿Han secuestrado a su hermana? ¿Qué hay detrás de ese disfraz que se quita la arpía?

      MJ

      1. Hola MJ,
        Gracias por el comentario.
        Sé que la fantasía no es de tus géneros preferidos, jejeje, así que tu opinión sobre el relato me va a ayudar muchísimo más porque no estás “contaminada” por lo que se suele usar dentro de ese género.
        El relato original lo rescaté de un ejercicio de hace varios años. Lo he retocado/actualizado un poco porque necesitaba uno de mil palabras para el ejercicio.
        El relato está relacionado con mi saga de fantasía porque necesitaba un punto de apoyo cuando escribí el relato largo. Así que la Hermandad, la Archibruja, las arpías y el tema de las hermanas tiene su origen en la trama principal. Quise relatar la parte de una de las hermanas que no sale en los libros y que nadie conoce.
        En cuanto al ejercicio del taller, creo que se me han escapado detalles y matices importantes. Si no lo has entendido es que no está bien y necesita mucho más trabajo para que consiga su identidad como texto.
        Creo que muchas de mis intenciones se han quedado a medio camino. Tengo un pequeño problema en gestionar la información que sé y cómo y cuándo mostrarla.
        Me esforzaré mucho más en el siguiente ejercicio, teniendo muy en cuenta tus comentarios. Me ayudan un montón a ver mis errores y procurar evitarlos en el futuro.
        Gracias :).

    2. ¡Hola, María del Mal!
      Un placer leerte y comentarte este mes. Dentro de mi inexperiencia comentando, te indico algunos puntos que me han llamado la atención de tu relato.
      La historia es muy original y me ha gustado mucho el estilo y la forma de describir que tienes, deja al lector sumergirse en la historia. Además, los diálogos me encantan, dan un ritmo rápido a la trama y crean un clímax de tensión entre la profesora y la niña.
      En primer lugar, creo que tu historia cumple con los requisitos propuestos para el ejercicio. Tiene su inicio, nudo y desenlace, aunque parece que pertenece a una historia mucho más larga y te quedas con ganas de saber más cosas para poder tener una idea completa de la historia.
      También, hay alguna frase que me chirría un poquito. Por ejemplo, la frase “suplico ayuda a los dioses, pero no oyen a chicas como yo”, te deja con la incógnita de la procedencia de su personaje y si no me equivoco, no se resuelve la duda sobre su origen. Me hubiera gustado saber más sobre el origen de la niña, ya que parece relevante. No obstante, quizás sea ese el efecto que quieres crear pero a mí me provoca un poquito de confusión sobre lo que realmente pasa.
      En segundo lugar, también cumples con la propuesta de palabras y has reducido muy bien el texto original. Para mí eso ha sido bastante complicado, así que enhorabuena porque el texto ha quedado muy bien.
      Tengo ganas de volver a leerte el mes que viene 🙂

      1. Hola Silvia,
        Gracias por el comentario.
        El relato es parte del algo mucho más grande, por no decir de algo que se me ha ido de las manos, jajaja.
        Me alegro de que te gustara y enganchara tanto, a pesar de algunos detallitos que necesitan más trabajo para transmitir las cosas mejor, como la frase que comentas.
        Me alegro que a pesar de todo hayas disfrutado del relato, que esa era mi intención con todos mis textos: entretener a las lectoras.
        Nos leemos otra vez en nada 🙂

    3. Hola, Mar!

      Como siempre, ten en cuenta que es sólo mi opinión, así que coge lo que valga y lo demás ya sabes 😉

      A mi me gustado la historia, es verdad que juegas al despiste contándonos una parte de algo mucho más grande, pero yo creo que funciona. La escena tiene una presentación, un nudo y un desenlace… ¿que nos deja con un montón de preguntas? pues sí, pero eso es parte de la magia del asunto.

      Me ha llamado bastante la atención en el texto largo que hay (lo que yo creo que son) fallos tipográficos (“apuntas” por “apuntes”, “confusos” por “confusas”…), pero me imagino que es un problema de edición.

      En el texto largo me ha parecido que hay partes muy reiterativas. Por ejemplo el avance amenazador de la profesora hacia la protagonista. Aunque ayuda a generar tensión parece que va hacia ella a través de uno de aquellos campos de futbol eternos de “Campeones” XP (perdón por la referencia friki). O el empecinamiento de la protagonista en que no va a ceder, que está bien, pero a veces es “muy verbal”. Lo dice con todas las letras demasiadas veces, en vez de demostrarlo.

      Me gusta mucho el espíritu de la historia: una chica que no quiere saber nada de la magia porque prefiere cosas más “sinceras” (i love it) y que adora a su hermana pequeña.

      En cuanto a la poda, pues yo creo que le ha venido bien. Veo los puntos importantes también en la versión corta y le has quitado algunas de esas reiteraciones que te decía arriba. Sin embargo, me llama la atención que hayas conservado la línea que más me chirrió del relato largo: “El valor es relativo a los beneficios”. Entiendo la frase y entiendo lo que significa en la narración, pero no me gusta nada como una frase diálogo. “-Es valiosa para vosotros -Sólo si nos reporta algún beneficio”, hubiera sido más que suficiente y mucho más natural, creo 😉

      Pues eso, que me ha gustado y yo creo que has cumplido con la propuesta de Alicia. No puedo pedir más como comentarista ^^

      Un abrazote! Nos leemos!

      1. Hola Sergio,
        Muchísimas gracias por tu comentario. Los fallos tipográficos son marca de la casa, a veces, mis dedos van por libre y escriben cosas que no tocan, jajaja.
        Me ha encantado la comparación friki con Campeones, era super fan de la serie, y eso que no me gusta nada el fútbol.
        Estoy de acuerdo contigo en el que el texto largo se podría haber llevado mejor.
        Este relato es una parte de un todo más grande. Es el punto en el que un personaje decide sacrificarse por otro, pero que en la historia general no se sabe y creo que ahí es donde reside su encanto para mí. La protagonista de la historia gorda es la hermana pequeña.
        En cuanto a la frase, entiendo que puede quedar algo rara para un diálogo, pero quería que sonara impersonal, quería que transmitiera la importancia que tienen para ellos las personas, solo los ven como herramientas.
        Me alegro mucho de que te haya gustado. Y de nuevo, muchísimas gracias por todas tus apreciaciones, las tendré en cuenta en los siguientes textos, sobre todo cuidaré los diálogos :).

  9. Pues aquí tenéis mi ejercicio. Me ha costado horrores porque tengo la sensación de que se pierden detalles con la reducción. Seguro que es paranoia mía. Ya me diréis. Muackis!

    Texto original: 954 palabras
    Pasé toda la noche despierta mientras escuchaba ruidos inquietantes bajo mi piel. Me tapé las orejas con la almohada pero aún así los seguía oyendo. Perdí la cuenta de las veces que me giré en la cama. Las horas pasaron lentas y preocupantes como si aquella noche fuera la última con vida para mí. Los picores eran cada vez más intensos y el bicho roedor de mi interior no encontraba la paz. Comía sin descanso fuera lo que fuera que había crecido en los folículos de mis piernas.
    Desayuné al romper el alba. No podía seguir en la cama y me senté en la silla de la cocina con la mirada fija puesta en el reloj. Cuando la manecilla sobrepasó las 9, me levanté como un resorte y salí de casa tras un portazo.
    Las calles estaban bastante llenas para ser agosto en Madrid. El calor todavía no apretaba lo suyo y aceleré el paso. Quería llegar a aquella maldita tienda lo antes posible, si era capaz de encontrarla, claro está. No recordaba exactamente cómo me había topado con ella la primera vez, sólo que su bonita puerta art-decó de elementos botánicos me había llamado poderosamente la atención. Entré y tras el mostrador estaba aquella señora de rostro agusanado y sonrisa amable que me había preguntado si necesitaba ayuda. Y, por supuesto que necesitaba ayuda, mi vida iba cuesta abajo y en barrena, sin frenos y a lo loco hacia una inminente colisión con la realidad. Pero no pude decirle exactamente lo que me ocurría, ni yo misma lo sabía. Me levantaba cada día llorando sin motivo aparente y mi piel, mi piel estaba sufriendo las consecuencias ante tanta deshidratación.
    —Tengo la piel seca. Me salen escamas en las piernas. Y cuando me depilo me escuece muchísimo. Se me infectan los folículos y ya no sé qué hacer. Mire, tengo las piernas llenas de heridas. Así no puedo irme de vacaciones a la playa—confesé al fin.
    La señora sonrió y se perdió en la rebotica. Entonces, abrí los ojos y me di cuenta de donde estaba. Era una floristería. ¿Por qué le había dicho lo que le había dicho sin ni siquiera saber dónde me encontraba? Quise que me tragara la tierra y eché a correr hacia la puerta pero no la pude abrir. Estaba atascada.
    —¿Ya se va? —una voz suave y melodiosa preguntaba a mi espalda—. Mire, le he encontrado la solución a su problema. Aquí tiene este fertilizante orgánico que le vendrá estupendo para la piel. El vello le saldrá más fuerte y así evitará que se infecten los folículos al depilarse. Mano de santo, se lo juro.
    —Gra…gra..cias—tartamudeé—¿cuánto le debo?
    —Nada, no se preocupe. Ya volverá a pagarme cuando esté satisfecha con los resultados.
    Sonreí, no estaba acostumbrada a tanta bondad sin pedir nada a cambio. Aquella señora era realmente entrañable. Cogí el fertilizante del mostrador y me lo puse al llegar a casa. Lo de la hierba era un efecto secundario inesperado pero por lo menos los granos infectados habían desaparecido por completo. Y me sentí feliz por primera vez en mucho tiempo.
    Me enfurecí al recordarlo todo. El efecto secundario ya se había convertido en un problema real y esa mujer lo iba a pagar bien caro. No sabía quién era yo. No me conocía enfadada. Y salí de mis pensamientos al ver la puerta al fondo del callejón. No recordaba un callejón la primera vez que fui pero qué importaba, allí estaba la fuente de todos mis problemas.
    Entré directamente furiosa y abrí la puerta de par en par. La señora de rostro agusanado ni se inmutó. Seguía sonriendo en el mostrador como si no se hubiera percatado del considerable cabreo que llevaba encima.
    —Usted—la amenacé con el dedo—usted me ha mentido. Hay algo que me está royendo por dentro y me lo va a sacar.
    —¿Yo? ¿Mentirle? ¿No está mejor su piel? —esa pregunta me desconcertó—. No debería alterarse tanto, no es bueno para la transición.
    —¿La transición? ¿Pero de qué coño está hablando? Yo no transito. Estoy muy bien cómo estoy —aseguré convencida.
    —Ah, ¿sí? ¿Ya no lloras cada mañana? ¿Has dejado de sentirte inútil y miserable? ¿Ya no te sientes sola? —me tuteó como si me conociera de toda la vida.
    ¿Cómo sabía todo aquello esa mujer? Ni yo misma había podido ponerle nombre a lo que me ocurría.
    —Venga, siéntate aquí y tómate este té. Te ayudará a no sentir nada cuando ocurra. No es muy doloroso, como cuando se corta uno al depilarse. Una gotita de sangre y enseguida cicatriza. No es un dolor del que debas tener miedo.
    Empecé a sentirme mareada. El bicho roedor daba bocados cada vez más grandes y entonces vi un hilito de sangre en mi pierna derecha, como si me hubiera cortado al depilarme. Estiré la mano para secar la mancha roja y ya no pude hacerlo. La oscuridad por un tiempo indefinido.
    El sol me despertó. No sabía cuánto había dormido. Me desperecé y entonces me encontré frente a frente unos ojos familiares.
    —Qué preciosidad eres. Lo supe nada más verte entrar. ¡Qué frondosa! Y añil. Hacía tiempo que no tenía una hortensia añil. Verás qué feliz vas a ser aquí con nosotras. ¿Verdad, chicas? Aquí no volverás a sentirte sola nunca más. Yo te cuidaré.
    Intenté contestar pero ya no tenía boca de la que pudieran salir palabras. Miré a mi alrededor. Miles de flores, arbustos, árboles y demás vegetación llenaban un invernadero de cristal del que no lograba distinguir el final. Miré mis piernas pero ya no eran piernas. Me sentí enraizada a la tierra, y, sí, aquella señora tenía razón: Allí no estaría nunca sola.

    Texto reducido: 500 palabras
    Me tapé las orejas con la almohada pero aún así seguía oyendo ruidos inquietantes bajo mi piel. Me acabé levantando desesperada, me senté en la silla de la cocina con la mirada fija puesta en el reloj y, a las 9, me puse en pie como un resorte. Salí de casa tras un portazo.
    Las calles estaban bastante llenas para ser agosto en Madrid y me irritó; quería llegar a aquella tienda lo antes posible, si era capaz de encontrarla, claro está. Sólo recordaba que su bonita puerta art-decó de elementos botánicos me había llamado poderosamente la atención. Dentro seguía aquella señora de rostro agusanado y sonrisa amable que me había preguntado si necesitaba ayuda. Por supuesto que la necesitaba, mi vida iba cuesta abajo hacia una inminente colisión con la realidad pero no pude decirle que me levantaba cada día llorando sin motivos y mi piel estaba sufriendo las consecuencias.
    —Me salen escamas en la piel y cuando me depilo se me infectan los folículos y ya no sé qué hacer.
    La señora sonrió y se perdió en la rebotica de la floristería.
    —Mire, aquí tiene este fertilizante orgánico que le vendrá estupendo. Mano de santo, se lo juro.
    —Gra…gra..cias—tartamudeé—¿cuánto le debo?
    —Nada, no se preocupe. Ya volverá a pagarme cuando vea los resultados.
    Sonreí, no estaba acostumbrada a tanta bondad sin pedir nada a cambio. Cogí el fertilizante y me lo puse al llegar a casa. Los granos infectados habían desaparecido aunque lo de la hierba fuera un efecto secundario inesperado. Me sentí feliz por primera vez en mucho tiempo.
    Me enfurecí al recordarlo todo y esa mujer lo iba a pagar bien caro. Salí de mis pensamientos al ver la puerta al fondo del callejón. No recordaba ninguno la primera vez que fui pero qué importaba, allí estaba la fuente de todos mis problemas. Entré directamente pero la señora ni se inmutó. Seguía sonriendo en el mostrador ignorando el cabreo que llevaba encima.
    —Usted—la amenacé con el dedo—me ha mentido. Hay algo que me está royendo por dentro y me lo va a sacar.
    —¿Yo? ¿Mentirle? ¿No está mejor su piel? —esa pregunta me desconcertó—. No debería alterarse tanto, no es bueno para la transición.
    —¿Pero de qué coño está hablando? Yo no transito. Estoy perfectamente —aseguré.
    —¿Ya no lloras cada mañana? ¿Has dejado de sentirte inútil y miserable? ¿Ya no estás sola? — ¿Cómo sabía todo aquello? —Venga, siéntate y tómate este té. Te ayudará a no sentir nada cuando ocurra.
    Vi un hilito de sangre en mi pierna y me mareé. El sol me despertó y entonces me encontré frente unos ojos familiares.
    —Qué preciosidad. Lo supe nada más verte entrar. Hacía tiempo que no tenía una hortensia añil. Verás qué feliz vas a ser aquí. ¿Verdad, chicas? Yo te cuidaré.
    Intenté contestar pero ya no tenía boca. El invernadero de cristal estaba atestado de flores. Me sentí enraizada a la tierra. Aquella señora tenía razón: Allí no estaría nunca sola.

    1. Hola Érie,

      Aquí te dejo mis impresiones de tu texto:

      – El objetivo de la protagonista me parece confuso. Al principio habla de que no puede dormir porque tiene un bicho roedor bajo la piel, pero luego ella le dice a la dependienta que tiene la piel seca y llora (nada del bicho) y le da un producto para su “problema”. No me queda claro cuál es su problema: ¿Por qué llora por las mañanas? ¿Su problema no era un bicho que le roía?
      – Hay algunas expresiones que son comunes o redundantes: “senté en la silla”, “me levanté como un resorte”, “cuesta bajo y en barrena”, “tragara la tierra”, “abrir la puerta de par e par” o “salir dando un portazo”.
      – Alguna repetición: miré, callejón.
      – Hay un salto abrupto en “Me enfurecí al recordarlo todo”, me descoloca el uso de los tiempos. Yo hubiese narrado todo el texto en pasado y su vuelta a la tienda en presente. No sé si sería correcto, pero me gustaría más.
      – También, me descoloca un poco la actitud de la protagonista: parece muy segura de sí misma por sus expresiones a lo largo del texto, pero cuando llega a la tienda balbucea y no es algo que yo esperase que hiciese.
      – Hacia el final dice “La fuente de todos mis problemas”, pero ella ya tenía problemas antes. De hecho, va a la tienda porque buscaba una solución a los mismos.
      – Cuando llega a la tienda dice: “Entré directamente y abrí la puerta de par en par”. Tal vez es cosa mía, pero primero entra y luego abre la puerta. Creo que la frase debería estar al revés: “Abrí la puerta de par en par y entré directamente”.
      – El argumento de la historia me gusta, sobre todo el final por el factor sorpresa. En mi opinión la parte más importante de los relatos es el principio y el final. En este caso el principio genera curiosidad y el final sorprende. Para mí es perfecto.
      – El final es bonito y triste a la vez. Me gusta.
      – Hay algunas frases que marcan el carácter de la protagonista: “Yo no transito”. Me ha encantado.
      – La sensación de quedarse atrapada sin posibilidad de hablar me parece terrorífica.
      – La introducción, nudo y desenlace están delimitados.
      – El texto corto se entiende perfectamente. Si no existiese el otro, no lo echaría en falta.

      Espero te sirva de ayuda,
      MJ

      1. Muchas gracias MJ por tus palabras. La verdad que me ha costado un montón reducir el texto y lo del bicho tienes toda la razón, la verdad es que en el comentario del cuento anterior no acabó de gustar lo del bicho y debí haberlo quitado en este segundo. Lo revisaré todo de nuevo.

    2. Hola, Esther!!

      Pues mira, al final me ha tocado comentar también el texto recortado, je. Como siempre, piensa que es sólo mi opinión, tú coge lo que te valga y el resto ya sabes 😉

      Ya te dije el mes pasado que el planteamiento y la resolución (la gente acepta de la peor manera que el mundo el lugar oscuro y cruel me cae especialmente bien). Y cómo eso lo has mantenido yo encantado de la vida.

      Sin embargo sigo teniendo problemas con el desarrollo. En la versión larga, quizá por estar más pendientes del humor y devenir vital de la protagonista, no eran tan obvias algunas incoherencias en cuanto a su aflicción (la roen, se le escaman la piernas, llora por las mañanas, está fatal de lo suyo). También es verdad que, intencionadamente o no, dejas claro que la mujer muy bien de la cabeza no está. Ese momento “Me sentí feliz por primera vez en mucho tiempo. // Me enfurecí al recordarlo todo” o es un error de continuidad o es un indicativo de que la pobre lo está pasando muy malamente.

      Pero mi principal problema con la versión corta han sido los “Me”, he contado ventipico, cuatro de ellos (y un “mi”) en el primer párrafo. Creo que puedes pulirte unos cuantos y darle más fluidez al texto.

      En definitiva, que yo creo que el trabajo del taller está cumplido, pero creo que podrías sacarle más a este relato enfocándolo un poco mejor.

      Un abrazote! Nos leemos!

      1. Gracias Sergio. Tendré en cuenta todos los comentarios para la revisión pq está claro que lo tengo que revisar. No soy buena recortando (yo hubiera hecho todo lo contrario) pero cuando recortas se ven más los pecados. Muchas gracias!

  10. Parto de un relato de 1.500 palabras que he dejado en 658 (por debajo de 700 pero muy lejos de las 500).
    La última senda

    Tras revisar al recién nacido con delicada eficiencia, como hacía la Arcana Mater de su clan después de cada alumbramiento, Liset corta el palpitante cordón que aún les une. Todo ha salido bien, puede dejar de preocuparse y hacer lo que lleva deseando nueve meses: conocer a su hijo. Mirarle a los ojos para descubrir quién está al otro lado. Suspira aliviada al comprobar que tras ellos no hay rastro de su esposo, el Rey de Hierro. Su semilla jamás arraigará dentro de ella.
    Del otro lado de la puerta le llega el eco de pasos inquietos y conversaciones envueltas en susurros:
    —He oído un bebé llorando. ¡Lo juro!
    —¡Estúpida! ¿De dónde crees que lo ha sacado?
    —Los Primeros Hijos son un clan de salvajes. Hacen sacrificios, quizá lo ha…
    —¡Callaos! Con con o sin bebé ahí dentro pasa algo. La muy zorra ha trancado la puerta.
    Las criadas siguen discutiendo, cada vez más nerviosas, intentado abrir la puerta sin éxito . Sus voces se convierten en lejanos zumbidos cuando Liset encuentra brillando en los ojos del pequeño la sombra de Navid, el reservado viajero que había desaparecido poco después de que ella se enterara de su estado, el hombre al que sabía que debía dejar ir. Había estado tentada de sucumbir a su debilidad, de rogarle que huyeran juntos aunque supiera que los ojos del Rey de Hierro y sus Prelados les acecharían hasta en la noche más profunda. Pero los Dioses Creadores le habían enviado una visión, clara y dolorosa, de la muerte que les esperaba si elegía ese camino. Así que le había dejado ir, sin despedidas ni promesas.
    Ocultar su embarazo había sido fácil, ya que desde que la tomara como Segunda Esposa el rey la mantenía tan aislada como le era posible. Qué iluso había sido su padre al pensar que aquel matrimonio uniría las dos creencias. El Rey de Hierro se había entregado a los Dioses Olvidados a cambio de poder y victorias, y continuaría exterminando a quienes se mantuvieran fieles a los Dioses Creadores, sin que Liset, prisionera de la nueva fe, pudiera hacer nada para evitarlo.
    —Avisemos a alguien —anuncia una criada.
    Liset empieza a quedarse sin tiempo para llevarse de allí al bebé que, como una diminuta fuerza de confusión e instinto, se revuelve sobre su pecho, succionando con determinación.
    — Tenemos que irnos, bram-mae —le dice mientras guía su boca hasta el pezón—, pero antes cumpliremos la tradición. —La que establecía que lo primero que debían escuchar al llegar al mundo era historia de sus dioses, para que iluminara su camino recién comenzado. Incluso su madre la había cumplido antes de dejarla para volver a lugar al que pertenecía—. Cinco dioses habitaban el mundo cuando éste era solo la promesa de lo que podría ser: Geab, madre de la tierra; Bai, señor del agua; Bramma, fuerza de vida; Iomi, aliento de fuego y Tamit, muerte y oscuridad.
    »Su existencia transcurría según un círculo eterno en el que los tres primeros moldeaban sus sueños, que después eran arrasados por Iomi y Tamit para poder volver a ser creados. Pero los tres Dioses Creadores empezaron a amar aquellas obras, en las que depositaban una parte de sí mismos, y a desear que perduraran. Iomi y Tamit, que solo conocían la destrucción, no comprendían ese deseo. Desesperados por proteger aquello que amaban, los Dioses Creadores les engañaron para confinarles en el Páramo de Helreg, donde, poco a poco, Iomi y Tamit fueron olvidados.
    »Los Dioses Creadores pudieron entonces construir el mundo tal y como lo imaginaban y concibieron al hombre que lo disfrutara. Nuestro clan, tu clan, fueron sus Primeros Hijos. Los más parecidos a ellos, los primogénitos cuyos primeros pasos contemplaron orgullosos. Quienes cumplimos y protegemos su palabra. Somos, pues, reflejo y legado de dioses. Unas sencillas normas marcan los límites de la libertad que los dioses nos otorgaron: nadie es dueño de los regalos de los dioses, de los que tan sólo debe tomarse lo que es necesario, y ninguna vida debe considerarse inferior a otra, pues todas son eslabones de la cadena infinita de Bramma.
    »Los dioses no nos abandonaron después de eso. De hecho, suelen mezclarse con mortales — aunque esas uniones eran cada vez menos frecuentes— y de esas uniones nacen portadores de su sangre y sus poderes. —Que Liset supiera, la última había sido cuando Geab había a su padre para engendrarla—. También permanecen cerca de nosotros a través de los Arcanos, que nos guían durante los rituales que celebramos para honrarles en templos escondidos en la naturaleza que crearon para nosotros.
    Siente nostalgia al recordar el tributo a Geab que celebraban cada año en la cueva-ojo del Monte Uptala, en el que le mostraban a la diosa la semilla que guardarían para el año siguiente y la parte de la cosecha que repartirían entre quienes no tenían recursos. Su gente nunca había sufrido escasez mientra las tradiciones habían sido respetadas. La tierra era fértil y los ríos generosos. Pero los hombres habían empezado a olvidarse de sus dioses, que poco a poco se alejaban de ellos.
    —Los Dioses Creadores nos protegen también de Iomi y Tamit —continúa—, los Dioses Olvidados, que consumen el Páramo de Helreg creando su ejército de Baales, portadores de fuego y destrucción, a la espera de una brecha para penetrar en nuestro mundo.
    Con la boca seca, Liset da un breve sorbo a su pequeño odre que le deja un regusto a barro y ranciedad. El tiempo de las tormentas y la abundancia de agua ha terminado. Bai se ha ido. Ahora el pueblo suplica una ración de agua que nunca llega, los animales mueren deshidratados y las plantas sucumben a la sequía. Es el primer gran cambio que ha cruzado la puerta que la ambición del Rey de Hierro ha abierto, la que los Dioses Olvidados y sus Baales estaban esperando. Los Prelados de los Dioses Olvidados siguen prometiendo al soberano un artilugio capaz de extraer agua destruyendo roca. Idiotas, ninguna máquina les proporcionará agua. Por mucho que se nieguen a aceptarlo, solo Bai puede bendecirles con el beso de la lluvia.
    —Avisemos al Prelado Mayor.
    —No, el rey debe ser informado primero.
    Las criadas se enzarzan de nuevo. Cada una sirve a un amo distinto y sus lealtades las enfrentan. Pero acabarán por ponerse de acuerdo, así que debe actuar. Con los ojos cerrados despierta el poder de la omnipresente Geab, dormido en su interior. La entrada al mundo de las sendas se abre ante ella, un laberinto de caminos que unen todos los momentos y lugares, donde acechan los Baales, preparados para matar a cualquier portador que se adentre en él. Hace mucho que Liset no entra, pero sabe que es el único camino para llevar a su hijo hasta un lugar seguro. Lo aprieta fuerte contra el pecho y se adentra en la oscuridad.

    Al borde de un enorme cráter que ha olvidado que un día fue un lago lleno de vida, Navid se acaricia la barba exasperado, harto de discutir con el lagarto, que insiste en que allí no queda agua. Pero él siente que deben seguir buscando. Cuando la mujer surge de la nada, Navid la reconoce al instante. Es Liset, la reina sobre cuya muerte circulan tantos rumores, la mujer cuyo calor aún no ha olvidado. Está igual que la última vez que la vio, hace casi diez años. Corre hacia ella para darle un abrazo que muere vacío cuando lee la expresión aterrada de su rostro. Navid se fija entonces en el bulto entre sus brazos y la sangre que empaña su camisón.
    —Liset, ¿qué está pasando?
    —Me siguen. Debo seguir moviéndome para alejarlos de aquí. —Le entrega el fardo—. Cuídale. Es nuestra esperanza, lo he visto. —Liset desaparece, dejándole con un bebé entre las manos y cientos de preguntas sin respuesta.
    Navid mira al niño y siente el mismo vínculo que sintió su padre al mirarle a él por primera vez. Capaz de comunicarse con los animales gracias al residuo de la sangre de Bramma, ha salvado a muchos cachorros a lo largo de su vida. Pero este es su cachorro.
    —Dedicaré mi cuerpo y mi alma a mantenerte con vida —la promesa que hace a cada animal herido que llega a él— y renunciaré a ambos si es necesario —añade.

    El aliento de los Baales la alcanza cada vez con más facilidad y su espalda empieza a quemarse. Liset sigue saltando de una senda a otra hasta que un golpe abrasador la derriba. Una garra de fuego la atraviesa, liberando ríos de sangre divina que se pierden en la eternidad que envuelve la oscuridad de las sendas.

    Los guardias consiguen por fin derribar la puerta e irrumpir en los aposentos de la Segunda Reina. Petrificados, ven como el cuerpo mutilado de la reina permanece suspendido en el aire durante unos segundos interminables antes de estamparse contra el suelo. La caída hace que el cráneo se rompa, pero nada consigue arrancar de aquel rostro la macabra sonrisa triunfal.

    ——————————————————————————————————————————————————————-
    La última senda

    Liset corta el palpitante cordón que aún la une a su hijo. Sonríe con orgullo tras comprobar que en los rasgos del pequeño no hay huella de su esposo, el Rey de Hierro.
    —He oído un bebé llorar. ¡Lo juro! —susurra una criada desde el pasillo.
    —¡Estúpida! ¿Cómo va a tener un niño ahí? —replica otra.
    —¡Callaos! Está claro que pasa algo. —La puerta del dormitorio cruje—. La muy zorra se ha encerrado.
    Ignora la discusión entre las mujeres, sumergida en el brillo turquesa de los ojos de su hijo. Allí se reencuentra con Navid y con el futuro al que ha renunciado. La visión enviada por los dioses creadores fue clara: si sucumbía al deseo de huir con él, morirían a manos de rey y sus prelados.
    —Avisemos a alguien —sentencia una sirvienta.
    Liset reacciona al instante. Se levanta desfallecida y bebe del odre que descansa sobre la mesilla. El agua le deja un regusto a barro. Abandonados por Bai, señor del agua, el tiempo de las tormentas pertenece al pasado. Es la primera desgracia provocada por la traición de su esposo, que se ha entregado a los dioses olvidados. El muy idiota les daría cualquier cosa a cambio de poder, por eso debe llevarse cuanto antes al bebé del castillo.
    Al otro lado de la puerta, las criadas discuten a quién avisar primero, enfrentadas por sus lealtades. Terminarán por ponerse de acuerdo, así que debe actuar.
    —Nos vamos —le susurra al pequeño con ternura.
    Con los ojos cerrados, la reina despierta el poder de Geab, la madre tierra, dormido en su sangre. La entrada al mundo de las sendas, un laberinto de caminos que unen todos los momentos y lugares, se abre ante ella. Contempla la oscuridad, donde acechan los baales. Sirven a los dioses olvidados, con la única misión de matar a quienes portan el poder de los dioses creadores. Por eso quedan tan pocos, y por eso hace mucho que Liset no se adentra en las sendas. Pero es la única salida para su hijo. Así que lo aprieta fuerte contra el pecho antes de hundirse en la negrura.

    Al borde de un enorme cráter que un día fue un lago lleno de vida, Navid se acaricia la barba, harto de discutir con el lagarto. El animal insiste en que allí no queda agua, pero él puede sentirla. Ambos callan cuando un agujero se abre delante de ellos. De él sale una mujer vestida con un camisón manchado de sangre. Navid la reconoce al momento. Es Liset, la reina sobre cuya muerte circulan tantos rumores, la mujer cuyo calor no ha olvidado a pesar de los años.
    Corre hacia ella, pero el abrazo que ansía darle muere vacío al ver la expresión aterrada de su rostro. Navid observa el bulto que lleva en brazos.
    —Liset, ¿qué ocurre?
    —Me siguen. Debo alejarlos de aquí. —Le entrega el fardo—. Cuídale. Él es la esperanza, lo he visto.
    Sus miradas se cruzan antes de que Liset se sumerja de nuevo en las sendas y le deje con un sinfín de preguntas y un bebé entre las manos.
    Navid mira al niño. El vínculo entre ellos se forja al instante. Como portador de la sangre de Bramma, ha salvado cientos de cachorros desvalidos. Y ese es el suyo. Sacrificará su sangre y su vida para protegerle.

    Cuando el aliento de los baales la golpea de nuevo, la espalda le arde. Liset salta de una senda a otra, hasta que es derribada por un impacto abrasador. Una zarpa de fuego la desgarra, liberando ríos de sangre divina que se pierden en la eternidad del mundo de las sendas.

    Por fin los guardias derriban la puerta de los aposentos de la reina. Allí contempla petrificados su cuerpo mutilado, suspendido en el aire. Tras unos segundos interminables, se estampa contra el suelo. El cráneo cruje al romperse en pedazos, pero nada consigue arrancarle del rostro la macabra sonrisa triunfal.

    1. Todo lo que voy a decir es mi opinión personal y puedo equivocarme, estoy aprendiendo todavía, así que no te lo tomes muy a pecho, Raquel.

      La primera versión me ha parecido un poco confusa y no me ha interesado tanto lo que contabas como en la segunda. Creo que en el relato largo hay varios problemas, o al menos es así como yo lo veo:
      -Creo que hay demasiada información que distrae de lo esencial: Liset acaba de dar a luz un niño, que no es de su esposo y tiene que sacarlo del castillo porque está en peligro.
      -Cuando hablas de Navid, intuyo que quieres decir que el niño se parece a él, pero lo haces de una forma tan rebuscada que queda raro y forzado.
      -Lo que más me ha sacado del relato es el cuento de Liset sobre los dioses. Se supone que está en un momento delicado. Ella acaba de dar a luz sola, encerrada en su habitación. El niño es de otro hombre y tiene a varias criadas intentando entrar… No sé, no me parece el momento para detenerse a contar historias a un bebé porque en este caso no creo que aporten mucho a lo esencial: Liset tiene que salvar a su hijo. Se puede insinuar que esa es la costumbre de los suyos, porque eso sí que me parece interesante, un detalle que define a la madre y su origen, pero podría haber puesto la excusa de que no es el momento adecuado para seguir esa tradición.

      Respecto a la segunda versión. Yo creo que trabajándolo un poco y dándole más vueltas se pueden reducir el número de palabras. Hay algunas repeticiones y términos que no terminan de funcionar muy bien en algunos casos.
      Aun así, sí que he visto las partes de presentación, nudo y desenlace bastante claras. El relato es mucho más directo y se entiendo muchísimo mejor ahora.
      Me ha gustado la parte fantástica y todo lo que se puede leer entre líneas. Aunque hay algunas cosas que quiero comentar. Son detalles subjetivos y puedo estar equivocada porque yo también estoy aprendiendo, así que no estoy en posesión de la verdad absoluta.

      -¿Un cordón umbilical puede palpitar? Pregunto porque no tengo ni idea y me sonaba un poco raro.
      -Creo que la conversación entre las sirvientas debería ser más escueta, que representen una amenaza, sí, pero con pocas palabras porque las necesitas para el resto del relato. ¿Es importante saber que sirven a distintas personas, por ejemplo?
      -Los baales. Creo que me falta saber qué son, ¿Criaturas, monstruos, demonios, dioses, entes…? Sé que sirven a los dioses y son destructivos, pero a mi me hubiera gustado darles una definición un poco más de “aspecto” con una sola palabra.

      -No entiendo muy bien el significado de esta frase:

      “Es Liset, la reina sobre cuya muerte circulan tantos rumores…”.

      ¿Rumores sobre la muerte de Liset? ¿Qué significa eso? Si no aporta nada a la narración, no debería estar porque es confuso. Y si debe de estar, creo que debería ser de otra manera, porque me da la sensación de que el mundo entero creo que ella está muerta y se cuentan chismes al respecto.

      -Me ha dejado un poco descolocada que Navid sea el padre al llegar a esta frase:

      “…la mujer cuyo calor no ha olvidado a pesar de los años”.

      A mí me da a entender que no se han tocado un pelo en años, así que se me hace difícil encajar que el hijo pueda ser de los dos. Y en el primer relato se hace referencia a que la gestación ha sido normal, de nueve meses, así que no termina de encajar una cosa con la otra. La solución es fácil. No hacer referencia a la distancia entre ellos en años y dejar entender que se liaron hace nueve meses.

      Creo que el relato tiene mucho potencial, aunque necesita un buen pulido, revisión de repetición de palabras. Falta algo de ritmo a las frases, todas parecen de la misma longitud y creo que deberían ser más directas y cortas en los puntos de acción o tensión.
      Nada que no se pueda mejorar con paciencia y trabajo.
      ¡Sigue así!

      1. Muchísimas gracias por el comentario, por todo el detalle y la implicación en el relato. Y, por supuesto, por tu tiempo 🙂 Estoy totalmente de acuerdo en lo que comentas sobre la versión larga. Lo hice para un reto en el que había que cumplir tres requisitos y uno de ellos era desarrollar una religión dentro de la que se enmarcara la historia. Así que tuve que embutir toda esa información ahí y, desde luego, a mí tampoco me convencía.
        Respecto a la versión corta, me parece que hay una parte de la historia que no se entiende. Como suele pasar, en mi cabeza está muy claro pero en el texto parece que no se ve igual. El encuentro entre Navid y Liset ocurre en el futuro, ya que ella puede utilizar las sendas para viajar tanto en el espacio como en el tiempo. Cuando se ven, ella ya ha muerto y nadie sabe de la existencia del niño porque su vida comienza diez años después de su nacimiento. En resumen, mucho lío para tan pocas palabas, sobre todo si, como tú bien dices, las desperdicio con las criadas 😉
        Gracias de nuevo por tu generosidad. Sobra decir que he entendido todos tus comentarios desde la crítica constructiva, que aquí estamos para aprender y compatir 🙂

        1. Ha sido un placer leer tu relato. Después de la explicación, ahora entiendo a qué venía toda la parte de los dioses del primer relato.
          Respecto a la la habilidad de Liset, me parece muy interesante y creo que debería ser otro de los puntos en los que se debería apoyar tu relato, y no solo en cuestión de trama, sino a la hora de usar construcciones y palabras. Creo que no vale con decir que ella puede viajar por las sendas del espacio y el tiempo, es más interesante que lo demuestres con detalles y pistas. No sé, a lo mejor cuando nace el niño puede decir algo así como “este es tu presente, pero es mi pasado”, yo que sé, es lo primero que se me ha ocurrido. Y cuando se encuentra con Navid pues se podría insinuar que es el futuro con referencias al cambio, por ejemplo, que él llevo un estilo de pelo más largo o barba o unas ropas más modernas o tenga las primeras arruguillas alrededor de los ojos, detalles que te digan que es el futuro. Y en la escena final también haría falta cerrar el círculo, como que Liset ha huido de ese lugar ese noche y en ese momento para salvar a su hijo, ha estado viajando por las sendas y al final ha acabado en el mismo sitio, pero con su misión cumplida. Entonces, la sonrisa final sería aún más maravillosa. Jejeje
          Esto son solo ideas locas que se me han ocurrido después de leer tu texto. Me alegro de que mis comentarios te sirvan de algo.

    2. Hola, Raquel. Antes de nada, encantada de verte por aquí. Me toca comentar tu trabajo, así que espero hacerlo bien.

      Lo primero es ver si cumples con la prerrogativa de Alicia del inicio, nudo y desenlace en el texto que has recortado. Y yo creo que sí, y además considero que se ven claramente que en el original. Lo único es que, tal vez por tener el mismo tiempo verbal o porque la información que nos das es demasiado sutil, cuesta un poco entender la aparición de Navid. Podrías modificar el orden del relato y hacer que todo lo que pasa con él suceda después de la muerte de Liset, mostrando el paso del tiempo cuando empiezas a hablar de Navid. Es probable que el final no quedara tan potente, pero dejas abierto el seguir con la historia para saber qué le pasa al niño. Cuando finalizas así el relato… No sé. Es una imagen tan potente que yo he perdido un poco el interés por los que quedan vivos. No sé si me he explicado bien.
      Yo también quitaría texto sobre las criadas. Para un relato tan corto creo que ocupan demasiadas palabras que podrías utilizar para hablar de cosas más interesantes sobre ese mundo, o incluso para podar más el texto. Una referencia más simple, sin conversación, sería suficiente, desde mi punto de vista.

      Sobre que la historia sea la misma que escribiste en la versión larga, pues sí. Aquí no creo que haya mucho que decir. De hecho, incluso está más clara, salvo por el detalle temporal. Es cierto que en la primera versión, la historia que le cuenta al recién nacido saca mucho de la trama principal. Y aunque reconozco que a mí me gustó mucho lo que narraste ahí, no parecía ser una información fundamental para entender lo que sucede. Tal vez echo un poco en falta en la versión reducida saber algo más sobre los dioses y el porqué de lo que le sucede a Liset, pero porque a mí me gusta enterarme de todo. Jeje.

      Y la última parte, el tema de las perífrasis. Creo haber localizado alguna, pero no soy experta y puedo estar equivocándome. Aunque después del curro que te has metido para recortar tanto tu texto, seguro que con un poco más de tiempo las habrías localizado.
      También me parece que usas muchos adjetivos que podrías ahorrarte sin que el texto perdiera demasiada fuerza. Y aquí me siento malvada porque yo adoro los adjetivos. Pero como el ejercicio era de recortar, recortar y recortar, con menos adjetivos, menos palabras.

      Así que, desde el punto de vista de lo que debíamos conseguir en este trabajo, te felicito porque creo que te ha salido muy bien.
      Además, has conseguido dejar un texto de 1.508 palabras en solo 658. Casi me mareo solo de pensarlo. Jaja. Felicidades, en serio. No sé si eres de las personas a las que no les cuesta recortar, pero como a mí me supone tal suplicio, me parece grandioso lo que has hecho.

      Y ya en el tema de estilo. Te he comentado que la aparición de Navid me ha descuadrado un poco porque no me queda claro que han pasado años. Lo dices, pero como sin darle importancia y tal vez un poco tarde para que las lectoras no sientan que se han perdido. Creo que tampoco queda demasiado claro que Liset viaja a través del tiempo y el espacio (Sí, he leído la contestación que le diste a Maria del Mar ). O puede que yo esté un poco torpe, que también ^_^ .

      Tal vez estaría bien que le dieras más fuerza al personaje de Navid, que da la impresión de que es y va a ser muy importante si continúas la historia. No me importa tanto la discusión que tiene con el lagarto porque luego comentas cuál es su don (Reconozco que aquí me imaginé al Doctor Who discutiendo con los Silurians. Jajaja), pero creo que queda un poco liviana la conexión que nota con el bebé.

      Y ya por ponerme un poco pijilla: cuando Liset cae al suelo, parece que lo hace desde una altura poco considerable. Está encerrada en la habitación, y por muy altos que sean los techos de los castillos, más de tres metros no creo que tenga. Es imposible que un cráneo se rompa en pedazos desde esa altura, a no ser que haya sido empujado con una fuerza brutal para conseguir ese efecto. Crujir también me parece difícil, pero no tan irreal. Y cuando un cráneo estalla, la cara entera suele hacerlo. Que quede fija la sonrisa de la muerta… Eso no pasa ni con muertes tranquilas. Los músculos se quedan flácidos, las mandíbulas se caen y así no se puede sonreír. Lo siento, pero no lo veo, la verdad. Yo lo del estallido lo quitaría. Para las que sabemos un pelín de anatomía y de física descuadra mucho. La imagen es muy poderosa, pero tal vez podrías congelarla antes de que caiga o que se convierta en piedra o algo similar por el ataque de los baales. Tendría más sentido, creo.

      Una historia muy chula, un estupendo trabajo de poda del texto, y que te da mucho pie a seguir desarrollándolo si te apetece. Muchas felicidades. Me ha gustado mucho. Espero seguir leyéndote en los siguientes retos:

      Amaya

  11. Llego un pelín tarde, para variar xP, ¡pero aquí estoy!
    Este mes estoy muy orgulloso de mi, porque he trabajado todo los días un poco y el relato no se ha quedado para última hora. Así que todas las cagadas que haya son mías, de mi mismo y sin excusas. Es un par de palabras más grande de lo que debería, pero es que el original también lo era, así que…
    Como mi relato es continuación directa del pie que nos dio Alicia los pongo los dos juntos.
    Allá vamos:
    —————————————–

    Anoche soñé que me salía hierba. En una pierna.
    No es extraño, puesto que la había abonado con fertilizante orgánico del que venden en las floristerías.
    Una mujer con rostro agusanado me lo vendió. Tenía casi todos los dientes planos tras la sonrisa.
    Las hojas crecían fuertes, espesas, y la pierna me picaba, pero si las arrancaba no me dolía.
    Solo sentía el tirón, los folículos se me abrían y las raíces salían blancas y limpias con un cosquilleo.
    Un poco como cuando arrancas los pétalos a una margarita para saber si te quiere o no te quiere y al hacerlo notas su caricia en el corazón.
    Cuando me he depilado esta mañana no ha habido tanta suerte.
    La maquinilla me ha dejado unos círculos verdes, pequeños pero visibles, con un poso de tierra en el fondo.
    Esperaré a que crezca para sacar las plantas de raíz.
    Ojalá el fertilizante actúe rápido, porque bajo los bulbos noto algo que se mueve. Tiene hambre.
    Y si se acaba la hierba… Prefiero no pensar qué comerá si se acaba la hierba.

    Paso la tarde con una amiga, preparando nuestra fiesta de cuarenta cumpleaños. Me ve rascarme un par de veces, pero desvío el tema.
    De camino a casa compro cera tibia, para nada. Intento dormir. Pero no puedo. Hasta que puedo.
    El miedo hace de timón y me lleva de nuevo hasta aquella mujer. Ahora sólo tiene un ojo.
    Le explico lo que me pasa. Mientras lo hago me doy cuenta de que lo que había tomado por gusanos son más bien renacuajos. Blancos y nerviosos.
    Dice que tiene un herbicida perfecto. Me lo tiende con una sonrisa blanca y plana. Y añade que debería hacer algo con los surcos que tengo en la cara.
    ¿Surcos? Despierto con las manos crispadas sobre las mejillas. En el espejo descubro las marcas, allí donde había líneas de expresión. Simétricas, profundas e indoloras.
    Como cicatrices viejas. Me lavo la cara con fuerza, pero no desaparecen. Recuerdo el herbicida y me miro las piernas. Ya no hay verde, pero aún noto un hormigueo. Suspiro.
    Paso el resto de la mañana evitando los espejos, pero apurando cualquier reflejo fugaz. Pienso en ir al médico. Pienso en llamar a mi madre. Pienso en tirarme por la ventana.
    Pienso en la cita que tenía esta noche con el tío del otro día. Pienso en aplazarla. Al final ahogo todas esos pensamientos en telebasura y una botella de ginebra.
    No recuerdo meterme en la cama. Pero sí que al contacto de las sábanas noto que la comezón de las piernas se me subido a la barriga. Luego más que dormirme, me desmayo.
    Esta vez no tengo que buscar a la mujer. La veo y nado hacia ella. Lleva un pañuelo apretado sobre las cejas inexistentes y bajo la barbilla.
    Estiro el cuello para que vea las marcas y le digo que necesito una solución. Hace una mueca que no sé interpretar y señala un objeto que hay en el suelo blando.
    Parece una maquinilla desechable, pero es una azada pequeña. Hace el gesto de acariciarse la mejilla y entiendo. En seguida noto el picor que la azada va dejando a su paso.
    Despierto de un salto. Antes de llegar al baño el tacto ya me dice que mi cara vuelve a ser la siempre.
    Mientras desayuno decido que si no hago algo normal acabaré volviéndome loca. Llamo a unos amigos para irnos de tapas. Y funciona. Durante un par de horas. Hasta que vuelvo a casa.
    Cuando meto la llave en la cerradura del portal algo se revuelve detrás de mi ombligo. Me quedo paralizada. Tiene hambre.
    Subo como puedo al piso. No espero a tener sueño. Me meto un par de somnífero y me lanzo de cabeza.
    Tropiezo con la mujer antes de verla. Sus rasgos se limitan a un boca en el centro de la cara apretujada. Lleva un el vestido rosado que se une al pañuelo en una sola prenda tubular y ultraceñida.
    Voy a dirigirme a ella cuando me vomita un chorro de baba blancuzca. Escuece en los ojos y me inunda la boca con un sabor salobre. Estoy conteniendo las arcadas cuando lo que llevo en el vientre se sacude.
    Un dolor imposible me parte por la mitad desde la entrepierna. Va a salir a dentelladas.
    Me despiertan mis propios gritos. Un sol indeterminado ilumina el sillón donde caí dormida. Empapado de la sangre que me corre entre las piernas, de una vida perdida.

    Dejo por aquí el texto del mes pasado, el “completo”. No lo he retocado, así que veréis algunos errores tontos xP. Como en el de este mes, incluyo el texto original de Alicia y Celia porque el mio es la continuación directa.
    ——————-
    Anoche soñé que me salía hierba. En una pierna.
    No es extraño, puesto que la había abonado con fertilizante orgánico del que venden en las floristerías.
    Una mujer con rostro agusanado me lo vendió. Tenía casi todos los dientes planos tras la sonrisa.
    Las hojas crecían fuertes, espesas, y la pierna me picaba, pero si las arrancaba no me dolía.
    Solo sentía el tirón, los folículos se me abrían y las raíces salían blancas y limpias con un cosquilleo.
    Un poco como cuando arrancas los pétalos a una margarita para saber si te quiere o no te quiere y al hacerlo notas su caricia en el corazón.
    Cuando me he depilado esta mañana no ha habido tanta suerte.
    La maquinilla me ha dejado unos círculos verdes, pequeños pero visibles, con un poso de tierra en el fondo.
    Esperaré a que crezca para sacar las plantas de raíz.
    Ojalá el fertilizante actúe rápido, porque bajo los bulbos noto algo que se mueve. Tiene hambre.
    Y si se acaba la hierba… Prefiero no pensar qué comerá si se acaba la hierba.

    Celia Añó y Alicia Perez Gil
    —————————————————
    Paso la tarde con Ana, preparando nuestra fiesta de cumpleaños. No le he dicho nada de lo
    de la hierba, pero me ve rascarme y pregunta.
    No me cuesta desviar el tema. Ella está más emocionada que yo por cumplir cuarenta.
    Da vértigo pensar lo lejos que quedan los pasteles de barro que hacíamos en el llano, en frente de su casa.
    Después de bañarme inspecciono mis piernas, otra vez. Sí, algo se mueve ahí debajo. Decido dormir con unos leotardos gruesos, pero en realidad no puedo dormir.
    Hasta que puedo y no llego a enterarme.
    El miedo actúa de timón imposible en el océano enloquecido de mis sueño. Llevándome de nuevo hasta la mujer que me vendió el fertilizante.
    Pero ya no es la misma. Ahora sólo tiene un ojo. Y lleva un pañuelo rosado sobre la cabeza, anudado en la barbilla. Puede que lo llevara la última vez y no me diera cuenta.
    Le explico lo que me pasa y me sonríe enseñando su dientes planos. Entonces me doy cuenta de que lo que había tomado por gusanos son más bien renacuajos.
    Blancos y nerviosos. Me dice que tiene un herbicida perfecto para lo que me pasa. Me lo da. Y dice que debería hacer algo con los surcos que tengo en la cara.
    ¿Qué surcos? Despierto con las manos crispadas sobre las mejillas.
    En la imagen del espejo descubro las terribles hendiduras que me recorren la cara allí donde antes había marcas de expresión. Simétricas y profundas como heridas viejas.
    Pero no duelen, pero me cuesta reconocerme. El acto reflejo es lavarme la cara y volverme a mirarme ansiosa. Pero siguen ahí.
    Recuerdo el herbicida. ¿Me lo apliqué antes de despertar? No lo sé, pero debajo de los leotardos ya no hay verde.
    Aún noto un hormigueo en la piel, pero ahora ese no es mi principal problema.
    Paso el resto de la mañana evitando los espejos, pero apurando cualquier reflejo fugaz para confirmar que las marcas siguen ahí. Pienso en ir al médico.
    Pienso en llamar a Ana. Pienso en tirarme por la ventana. Pienso en la cita que tenía esta noche con Marco. El otro día lo pasé genial.
    No siempres encuentras en Tinder un tío agradable y que folle bien. Pero no voy a aparecer con esta cara. Debería llamarlo para aplazar la cita.
    Al final es Ana quien me llama. Quiere saber si vamos a invitar a amigas casadas a nuestra fiesta loca. Como si nos quedara alguna soltera. No se lo digo.
    Intento alargar la conversación para impregnarme de su alegría y ella lo toma como una señal de estoy de buen humor. No.
    Cuando cuelgo apenas recuerdo la mitad de las propuestas, pero estoy más tranquila.
    Me voy a la cama temprano. La comezón en las piernas se ha extendido hacia el abdomen.
    No puedo dejar de pensar que hay algo debajo que me quiere devorar. Me duermo.
    Vuelvo a encontrar a la mujer. Esta vez lleva el pañuelo más ajustado. Le aprieta sobre las cejas inexistentes y bajo la barbilla.
    Parece tener la boca y su único ojo más cerca entre ellos. Sonríe cuando me ve nadar entre pesadillas hacia ella. Sus dientes se han fundido en una sola pieza blanca, que casi no la deja hablar.
    Le digo que necesito una solución y estiro el cuello para que pueda verme bien la cara.
    Hace un gesto como de preocupación. Pero es complicado interpretarlo en esa cara constreñida. Con una mano raquítica señala un objeto que hay en el suelo blando.
    Es una azada pequeña, del tamaño de una maquinilla desechable. Hace el gesto de acariciarse la mejilla, aunque sus brazos no son tan largos como para hacerlo.
    Mientras me acerco la azada a los surcos de cara me fijo por primera vez en el cuerpo de la mujer. Lleva un traje rosado tostado, como el pañuelo, que le cubre hasta los pies.
    Tiene los brazos muy delgados, como atrofiados. Estoy pensado en su extraño aspecto cuando noto el picor que la mini azada va dejándome al paso por la cara.
    Siento un alivio desesperado cuando examino el picor con las yemas de los dedos. La piel vuelve ser la de siempre.
    Miro a la mujer para darle las gracias, pero la veo señalando el suelo de nuevo. Ahora entre las dos hay un montón de horquillas de madera.
    Como las que se usan para apuntalar las parras. La miro sin entender. Ella me devuelve el gesto con su único ojo.
    Me señala el torso y siguiendo la trayectoria de su dedo encuentro mis pechos caídos, mi carne cansada y traicionera, colgando.
    Despierto empapada en angustia. Voy directa al baño, al espejo. Busco las consecuencias de la pesadilla. No hay nada.
    Ni hierba en las piernas, ni marcas en la cara y ni más flacidez de la habitual.
    Me derrumbo en la taza con los codos hundidos en las rodillas y la cabeza apuntalada sobre las manos. Como si fueran las horquillas de una parra.
    La idea me hace levantarme de un salto y meterme en la ducha. Me voy a la calle, tengo que hacer algo normal o me acabaré de volverme loca.
    Llamo a Ana para irnos de desayuno precumpleañero. Funciona durante un par de horas. Hasta la tarde no noto el movimiento en el abdomen. Puede lo haya estado ignorando.
    Estoy a punto de llamar a Marcos cuando algo se me revuelve detrás del ombligo. Me quedo apoyada en la pared del portal y me palpo la zona.
    Vuelve aquella sensación absurda de hace unos días. Ahí dentro hay algo que tiene hambre. Pero es absurdo. Subo como puedo al piso y esta vez no espero a tener sueño.
    Me meto un par de somníferos y voy en busca de la mujer.
    Tropiezo con ella antes de verla. Y aún cuando lo hago sólo la reconozco por la lógica absurda del sueño. Ha vuelto a cambiar.
    Ahora sus rasgos se han concentrado en un una boca en el centro de la cara. En lugar de dientes asoma una baba blanca que gotea lentamente por su barbilla inexistente.
    Ha perdido por completo las extremidades y el vestido rosado se le ha ceñido, uniéndose al pañuelo en una sola prenda tubular.
    Voy a dirigirme a ella cuando me vomita un chorro de baba espesa. La cantidad es desmesurada.
    Me tira al suelo, escuece en los ojos y me inunda la boca con un sabor salobre. Cuando intento incorporarme lo que llevo en el vientre despierta.
    Un dolor impensable me parte por la mitad desde la entrepierna. Eso va a salir. Quiere alimentarse de la porquería que me empapa.
    Mis propios gritos me devuelven a la vigilia. La luz de un sol indeterminado ilumina el sillón donde me quedé dormida.
    Empapado de la sangre que me corre entre las piernas. Empapado de una vida perdida.

    1. Hola Sergio,
      Me toca revisar tu relato y quería preguntarte si el que has puesto es el reducido o el completo. Me gustaría leer los dos para ver las diferencias.
      Gracias.

        1. Te he colocado el texto del mes pasado en el mismo comentario que el de este mes para que no haya que consultar más de un comentario 🙂

    2. Hola Sergio. Aquí está mi critica constructiva.

      La primera vez que leí el relato corto me quedé muy descolocada porque no lo entendí muy bien y por eso te pedí el texto largo. Siento decirte que para mí tiene más sentido la primera versión. Salvo un par de detalles, creo que has cortado de una manera un poco bruta, al menos desde mi punto de vista.
      Al ser un relato tan metafórico se me pierden muchísimos detalles al simplificarlo. Hay frases que no termino de entender y me han dejado muy descolocada.
      «Paso la tarde con una amiga, preparando nuestra fiesta de cuarenta cumpleaños. Me ve rascarme un par de veces, pero desvío el tema».
      El «Me ve rascarme, pero desvío el tema», se me queda una construcción muy rara. Lo mismo está bien, pero a mí me descoloca muchísimo. Creo que la frase necesita una reconstrucción. «Ve que me rasco desesperada y pregunta, pero yo desvío el tema», o «Me ve rascarme un par de veces, pero no hablamos del tema», por seguir con tu estructura.

      Otra frase que me resulta rara y que a lo mejor está bien (eso tiene que decirlo Alicia porque yo no sé casi nada de esto):
      «De camino a casa compro cera tibia, para nada». Entiendo que la coma sustituye al verbo, pero a mí no me termina de funcionar. Si la construcción es correcta que alguien me lo diga porque estoy dándole vueltas desde que la leí.
      Y otro de los motivos por el que la frase me ha llamado la atención es porque creo que en el texto está muy lejos el asunto de que soñó que le ha salido hierba en una pierna y creo que la frase necesita más contexto.
      Como tu relato es la continuación de otro relato cortito, hay muchas cosas que no funcionan por sí solas, como la presentación de la mujer. Si lees el relato de antes, sí que encaja, si no lo tienes en cuenta pues ella queda muy rara.
      A lo mejor me equivoco, pero creo que el detalle con la cita del tío es importante. En el primer relato le dedicas un poco de atención, de pasada y creo que es una pista que añade mucha información que no se dice.
      Yo le hubiera dado un nombre y hubiera hecho referencia a la relación entre los dos, que puede reducirse solo al sexo o a algo más. Repito, puedo estar equivocada, pero creo que es importante por el siguiente sueño y el desenlace. A lo mejor es que yo necesito que me muestren las cosas un poco más claras y ne cuesta leer entre líneas.

      En el primer relato sí que veo bastante clara la división entre presentación, nudo y desenlace, a pesar de que el texto sea la continuación de otro. En la segunda opción me cuesta más ver esa estructura. Todo me parece más apresurado, demasiado rápido en cuanto a ritmo y difícil de asimilar en algunos casos. Lo he tenido que leer varias veces.
      La parte poética me gusta mucho. Es muy difícil contar una historia de una manera tan sutil. Yo no podría, no tengo esa sensibilidad.
      El primer relato me ha gustado mucho y creo que funciona muy bien. El segundo, creo que podría funcionar, pero necesita mucho más trabajo y afinar mucho los detalles porque hay mucha chicha entre líneas.

      Hala, ya puedes odiarme y gritarme, jejeje.

      1. Hola, Mar!

        Muchas gracias por comentar el relato, tomo notas de las cosas que apuntas. En todo caso estoy de acuerdo contigo en que a mi también me gusta más la versión larga, puede que le sobraran algunas cosillas, pero para hacer el desparrame de sueños y bizarradas que hago mejor tener algo de espacio 😉

        En cuanto a lo que comentas de esas frases que te chirrian: Creo que el problema fue que me puse más papista que el papa y continué directamente el relato de Alicia y Celia. Adoptando de paso su estilo en frases cortas, elipsis e información un poco fragmentada. Intenté sacarle partido, pero me quedó regular.

        Pero bueno he disfrutado mucho con la redacción y con vuestros comentarios así que todo correcto 😉

        Gracias otra vez por el comentario!! Nos leemos!

    3. Hola, Sergio. Es la primera vez que me toca comentar un texto tuyo. Vamos a ello.

      Como suelo hacer, lo primero es ver si cumples las directrices que nos dio Alicia. Así que la primera, si hay inicio, nudo y desenlace.
      Vale. Si lees el texto de Alicia antes que el tuyo, parece que el inicio es el propio micro de ella, y aunque el mismo relato tiene inicio, es más claro en el texto original que en el recortado. Tal vez si dices algo de la hierba y de lo que la intenta comer por dentro en el primer párrafo, con el tono bizarro de tu texto, creo que sería suficiente para no ver el relato como una continuación. Pero eso es por ponerme quisquillosa. Sí creo que se ven las tres partes, aunque el inicio demasiado sutil.

      La segunda parte, sobre que la historia sea la misma que escribiste inicialmente, sí se ve claramente. Este punto está más que conseguido.
      Incluso creo que has potenciado más aquello que parece querer comerla respecto a la primera versión, lo que ayuda a que el final no parezca tan rápido.
      Creo que has mantenido bien la idea central del relato y los puntos que lo sostienen, tal y como Alicia nos dijo que hiciéramos. Aunque desde mi punto de vista, hay algunas cosillas que todavía me sobran: el cumpleaños, por ejemplo. Que lo nombres me hace esperar que sea importante para el desarrollo de la historia. Puede que sea la forma en la que indicas que ya es mayor para tener hijos, así que aquí tal vez sea solo cosa mía porque no suelo hacerle mucho caso a los cumpleaños; lo de la cera, porque luego no haces nada con ella. Si se lee primero el relato de Alicia, puedes pensar en la depilación, pero aquí no parece tener tanta importancia el tema de la hierba en las piernas; los gusanos y los renacuajos… Aquí me perdí totalmente. Acabo de comprobarlo y me pasó también con la versión inicial. No he conseguido entender a qué te refieres. Y a no ser que sea torpeza mía, no parece una referencia necesaria para el desarrollo de la historia.

      Y el último punto del reto, las perífrasis. Pues tiene menos que el texto inicial, pero he encontrado algunas. Pero no soy experta y tampoco sé si me estoy equivocando. Y sigue siendo tu texto, ese escrito con tanto cariño, al que has tenido que podar de tus maravillosas palabras grabadas con todo el amor. Así que veo normal que alguna perífrasis se escape, o la dejemos escapar. Seguro que si le das otra vuelta, las encuentras y reduces más el tamaño del texto.

      Lo siguiente es felicitarte por la reducción del número de palabras: justo la mitad. Genial. Reto conseguido.

      Lo único es que, leyendo ambos textos, creo que me quedo con el primero. Sorry. Me gusta el movimiento de la protagonista al mundo de los sueños y la transformación en ¿un espermatozoide? (Me he dado cuenta cuando he releido los relatos) de la supuesta vendedora, y creo que queda más potente en la versión larga. Además, has quitado la parte de los pechos colgando. Jajaja. Bueno, es una manera de solucionar las críticas que te hicieron al texto, pero da un poco de pena que no lo hayas cambiado en vez de hacerlo desaparecer.

      Es cierto que mejora este texto cuando quitas tantas referencias al cumpleaños y acortas las salidas con los amigos, y también cuando has quitado los nombres de gente que aparece solo de refilón.
      Aunque tal vez podrías intensificar la relación con el “padre”, que en ambos relatos parece un pelín intrascente. Si lo tenemos más presente, la historia podría quedar más redonda porque se comprendería mejor lo del aborto. Puede que si en vez de decir “el tío del otro día” digas algo como “el mejor sexo de las últimas semanas”, el final quede más potente. Además, la impresión que das es que se han visto hace muy poco tiempo. No soy experta en el tema, así que disculpas si me estoy columpiando mucho, pero la pérdida que cuentas como clímax parece más de un embarazo de semanas que de días.

      Y el tema de que le despiertan sus propios gritos. Por experiencia sé que ciertos dolores despiertan de una manera brutal. La imagen que pones queda muy chula, pero no es necesario que grite para despertarse, en serio. Podría quedar más potente y realista si simplemente se despierta por culpa del dolor y luego grita. Yo lo vería más natural.

      Y dejo de darte chapa. Espero que no te haya molestado nada de lo que te he comentado. Felicidades por el trabajazo, me ha recordado mucho a “La casa de las arenas movedizas” (por el tema de que lo que pasaba es lo que tenía que pasar y tampoco se necesitan explicaciones) y espero seguir leyéndote, que me mola mucho tu estilo. Hasta prontito:

      Amaya

      1. Hola, Amaya!

        Gracias por pasarte a comentar. Y (muchas) gracias por hacer un análisis tan concienzudo. Sobre esas partes que te han causado problemas. Así a grandes rasgos: Sí, el cumpleaños es importante. Parte del problema del personaje es la presión de que “se le esté pasando el arroz”. La idea del texto original era enfrentar a esta mujer de mediana edad, que vive la vida que quiere no la que le imponen, a una crisis existencial y un poco psicótica. Por eso en el texto original incluso hacía una referencia a su infancia, cuando esas preocupaciones no existían.

        Lo de la cera, sí que hace algo con ella, pero es una elipsis (ineficaz, por lo visto xP). Cuando dice “De camino a casa compro cera tibia, para nada”, quiero decir que la compra, intenta quitarse los brotes con ella y no sirve de nada. Quería dejar claro que la mujer tiene iniciativa, no le está creciendo hierba en la piernas y se va a dormir tan ricamente.

        Y nah, que podría seguir explicándome y en realidad lo escrito es lo escrito y si me dices que esas partes no funcionan, lo tendré en cuenta.

        Ah, y a mi también me gusta más la versión larga me mi texto ^^

        Muchas gracias otra vez por el comentario! Un abrazote, nos leemos!

        pd. una explicación más, jeje. lo de los gusanos y los espermatozoides… es que Alicia en su texto dice que la mujer tiene la cara “agusanada”, eso significa que la tiene cubierta de gusanos. Así que como parte de su transformación (en un pene gigante, no en un espermatozoide) esos gusanos mutan en espermatozoides cuando la protagonista vuelve a verlos 😉

    4. ¡Hola, Sergio!
      Un placer leerte y comentarte este mes. Disculpa mi inexperiencia ya que esta es la segunda vez que comento con vosotros.
      Me ha gustado mucho tu historia. Es muy original y el final me ha sorprendido. Admiro tremendamente la capacidad de los escritores que tienen la habilidad de dar un giro inesperado a la historia. Por lo menos, a mi me encanta encontrarme con relatos que me dejen con la “boca abierta” o disfrutando de un tremendo escalofrío, y el tuyo me ha dejado así 🙂

      En primer lugar, cumples con la estructura de inicio, nudo y desenlace.
      Quizás, resulta un poco chocante el inicio, que empieza con el micro de Alicia, con la evolución de tu relato. Sin embargo, luego lo continuas de una forma interesante con tu idea.
      También, me parece muy interesante el ritmo que le das a la historia, jugando con frases cortas y frases largas. Además, en la historia reducida logras también ese efecto rítmico pese a la reducción de palabras, y evocas muy bien el estado de ensoñación o pesadilla. Eso me ha encantado.
      Hay algunas partes que me hubiera gustado que desarrollaras más, como la relación con el chico o el tema de la fiesta de cumpleaños de su amiga.
      Quizás, como detalle a revisar, creo que hay algún párrafo que me resulta confuso y que podrías pulir un poquito más. Así, te quedaría genial. Pero es una mera observación, al fin y al cabo, yo de esto no sé mucho.
      Por ejemplo:
      “No recuerdo meterme en la cama. Pero sí que al contacto de las sábanas noto que la comezón de las piernas se me subido a la barriga. Luego más que dormirme, me desmayo” y la frase del final:
      “La luz de un sol indeterminado ilumina el sillón donde me quedé dormida”.

      Felicitarte por la reducción de palabras. A mi me ha resultado muy difícil y tú lo has conseguido manteniendo la esencia de tu relato inicial. Aunque, si soy sincera, el primer relato me ha atrapado un poquito más, pero sin duda, ambos te dejan con ganas de saber más y ambos tienen un final sorprendente.

      Espero poder seguir leyéndote.
      Enhorabuena por tu relato 🙂

      1. Hola, Silvia! Muchas gracias por comentar mi relato!

        Me alegro de que te haya gustado el relato y estoy plenamente de acuerdo contigo en que el relato largo tiene más gracia. Puede que le sobraran algunas cosas y que otras necesitaran un pulido, pero a mi también me gusta más ese 😉

        Sobre la estructura y el estilo: tuvo su trabajo, pero es que (en esencia) copié la del relato de Alicia y Celia. Como soy un poco tronco entendí que el pie era continuar esa historia y yo (cazurro de mi) la cotinué hasta las última consecuencias, copiando estilo y todo. je.

        En mi respuesta al comentario de Amaya le explico alguna de esas cosas que te han llamado la atención, si te apetece pasa por allí y echa un vistazo. Pero es un rollazo, tampoco te pierdes nada!

        Muchas gracias otra vez por dejarme unas líneas! Nos leemos!

  12. Hola a todo el mundo.
    Me ha fallado el último repaso, que no he podido hacer. Pero entrego lo que conseguí recortar, aunque me he quedado corta. Otra vuelta y es probable que lo hubiera conseguido.
    He tratado de modificar lo mínimo el texto, así que no he hecho apenas reescritura. Con la última lectura me he dado cuenta de que escribiéndolo de nuevo, seguro que me quedaría más corto y es probable que incluso mejor.
    Feliz semana.
    + + + + + + + + + + + + + + +

    HIERBA (755 palabras):

    El abono actúa rápido, demasiado. Cuando me he levantado esta mañana, no era capaz de moverme debido al pastizal en el que se me ha convertido la pierna por la noche. Están hermosas las hojas; según arranco una, veo la punta de un nuevo brote. Lo bueno es que lo que se mueve parece contento: acaricia los bulbos y se desplaza con calma.

    Debo tener cuidado cuando me ducho: cubro la frondosa pierna para que la presión del agua no rompa los tallos, para no apelmazar la hierba cuando me paso la esponja, para no aplastar el cesped espigado cuando me seco con la toalla. Siempre rocío con un difusor la pequeña pradera como colofón del baño.

    No debería secarme todo el cuerpo con el mismo paño. He visto pequeñas briznas asomando por alguno de los poros de la extremidad contraria. Decido fertilizarla para que vayan a la par. Así conseguiré equilibrar mis ahora torpes movimientos. Esta vez no usaré la depiladora.

    Volví a la floristería y ya no estaba la mujer de cara agusanada. Pregunté a uno de sus compañeros, éste con piel de costra arrugada color siena quebrada y raíces nudosas por dientes. Me animó a probar semillas de diversa flora para darle colorido a mis prados. Me decidí por algunas variedades de margaritas y violetas.
    No ha funcionado bien. El proceso es complicado: debo arrancar una brizna, introducir meticulosa la pepita sin aplastarla, abonar con cuidado y echarle unas gotas de agua vitaminada, pero Algo, el que se mueve, no está conforme. Al despertar, me encuentro las simientes tiradas encima de la cama, rotas para no ser de nuevo utilizadas. No quiero enfadarle; no lo he vuelto a intentar. Le he regalado las que me quedaban a un vecino, cuyos brazos muestran pequeñas florecillas. Le quedan hermosas.

    Algo está hoy enfadado. Parece que gruñe. Tal vez solo lo imagino. Se mueve rápido por la pierna. Demasiado. Choca con algunos cogollos y me hace daño. Varios haces de hojas han desaparecido pierna adentro en cuestión de segundos. No entiendo por qué lo hace. Vuelvo a la floristería y un nuevo dependiente, la cabeza un bouquet de flores salvajes primorosamente colocadas, me aconseja ofrecerle vitaminas, siempre acompañadas de baños de luz solar. Mejor hacerlo por la mañana temprano y antes de que anochezca. A casa me voy tratando de compaginar mis tareas diarias con las nuevas necesidades de Algo.

    Nunca he sido sonámbula, pero me he despertado descalza, en pijama, de pie, con la mano metida en la bolsa de abono y la boca llena, masticándolo. No me he asustado. He tragado con cierto esfuerzo, me he acercado al baño y me he lavado la cara. La noto más lisa. Me lavo los dientes tras el aperitivo; los noto más planos, más pegados. Mi reflejo me recuerda a alguien.

    Los chapuzones de sol junto a las vitaminas nos están yendo bien. No soy la única que sale de su casa para recibirlos; así conozco a mucha gente. Distingo cambios en sus anatomías a lo largo de los días. No me molesta. Me gusta el aspecto que están cosechando.
    Ayer, una chiquilla nueva apareció cerca de mí. Nerviosa, asustada, rascando dolorosamente su brazo brotado. Me cuenta entre grititos y susurros que algo dentro del brazo no para de moverse y que le da miedo. Según la escucho me doy cuenta de que hace un tiempo que no noto a Algo. No puedo decir que le siento integrado; en realidad, me da igual. Estoy… estamos cómodos con nuestras vitaminas repartidas por el cuerpo dejando que el astro rey nos de energía. Trato de calmar a la muchacha. Me temo que no lo he conseguido. Se ha levantado moviendo con rabia los brazos y clamando que nos estamos convirtiendo todos en lo mismo. Según se va alejando, ya me he olvidado de ella.

    He dejado de ir al mercado.

    En la floristería, una nueva mujer de rostro agusanado me ha atendido. Sabía lo que estaba buscando sin necesidad de que dijera una sola palabra. Mejor. Hablar se está convirtiendo en una incomodidad. He comprado tierras y mantillos de diversos tipo. Me ha aconsejado, como un secreto que debiera quedar entre nosotras, que pase alguna noche echada en el parque.

    Hoy voy a probar a dormir en el terreno ajardinado. Noto mi corazón tranquilo, casi insonoro, animándome a hacerlo. Tres figuras más en el campo. Me tumbo y me entra hambre. Empiezo a engullir el suelo. Creo un túnel por el que me voy introduciendo. Ahora soy feliz.

    + + + + + + + + + + + + + + +

    HIERBA PODADA (407 palabras):

    El abono actúa rápido. Al levantarme, el pastizal que tengo por pierna me paraliza. Las hermosas hojas esconden nuevos brotes a sus pies. Lo que se agita acaricia los bulbos, apacible.

    Me ducho. Cubro la frondosa pierna para evitar romper los tallos con el agua, apelmazarlos con la esponja o aplastarlos con la toalla. Como colofón, humedezco la pequeña pradera.
    Asoman pequeñas briznas por alguno de mis otros poros, tal vez por usar el mismo paño. Fertilizo para equilibrar mis ahora torpes movimientos.

    La mujer de cara agusanada no seguía en la floristería. Uno de sus compañeros, de costra arrugada por piel y raíces nudosas por dientes, me vende diversas semillas para colorear mis prados. Deseo un vergel de margaritas y violetas.
    El proceso no funciona bien: arrancar una brizna, introducir la pepita, abonar con cuidado y echar agua vitaminada, pero al despertar, contemplo las simientes rotas sobre la cama tras una noche de escarceos furiosos bajo mi piel. No lo intento de nuevo. Regalo el grano a un vecino con florecillas en los brazos.

    Hoy la convulsión subcutánea arremete contra algunos cogollos. Desaparecen haces de hojas. En la tienda, un nuevo dependiente con cabeza de bouquet de flores salvajes me aconseja chapuzones de luz solar con vitaminas, por la mañana temprano y antes de que anochezca. Priorizo los baños vaciando mi agenda.

    Despierto con la mano y la boca llena de abono. Tragando con esfuerzo, me acerco al baño. En el espejo noto la cara más lisa. Los dientes los siento más planos. Ese reflejo me recuerda a alguien.

    La ciudad huele a bosque.

    Conozco a mucha gente en los baños de sol. Funcionan bien. Cambian sus anatomías según avanzan los días. Me gusta su aspecto cosechado.
    Una nueva chiquilla me susurra desquiciada mientras rasca su brazo brotado que su interior la debora con ansia. No hace mucho me sentía así. Ahora todo es sosiego. Tranquilizo a la muchacha, pero se levanta con rabia y vocifera que somos todos idénticos. Me olvido de ella mientras se aleja.

    Ya no voy al mercado.

    En la floristería, una nueva mujer de rostro agusanado sabe lo que busco sin necesidad de palabras. Mejor. Hablar martiriza. Compro tierras y mantillos diversos. Siguiendo el secreto reservado de la tendera, hoy duermo en el terreno ajardinado. Mi corazón tranquilo, insonoro. Tres figuras más en el campo. Me tumbo y me entra hambre. Engullo el suelo. Creo un túnel. Me absorbe. Soy feliz.

    1. Hola, Amaya. Este mes me toca comentar tu relato, así que te dejo aquí mis impresiones.

      Lo primero, creo que la labor de podado se nota bastante, aunque el texto sigue siendo plenamente reconocible. En definitiva, creo que has logrado el trabajo que propuso Alicia. Al haber recortado, sí noto en tu texto más dinamismo, seguramente porque has tenido que recurrir a oraciones más cortas y eso agiliza las cosas. Solo me han chirriado dos cosas: la primera, cuando has dicho “convulsión subcutánea”. No puedo explicarlo demasiado, pero me ha parecido algo forzado, poco natural; la segunda, cuando has descrito el tema de la ducha, porque Alicia me dijo a mí que la escena que yo había incluido en la ducha no aportaba nada, y ahora al leer tu escena he pensado lo mismo, así que yo esa parte la podaría también.

      Con todo, un enorme trabajo. Un saludo.

    2. Hola Amaya,

      Las ideas estaban mucho más claras esta segunda vez y la transición a gusano: LA HE VISTO PERFECTAMENTE. Esta vez sí que has dejado dejado las miguitas perfectamente puestas para poder intuir que se acaba convirtiendo en un gusano.

      Tal vez lo que me haya costado más son las frases cortas. He tenido la sensación de haber estado leyendo un telegrama más que un cuento. Sí que le otorgaba claridad pero he echado de menos esas construcciones bonitas casi poéticas del primer relato.

      Los párrafos los he notado también muy abruptos y demasiado cortos, yo los hubiera unificado y reescrito para que no diera esa sensación de resumen de otra cosa más grande. También me hubiera ahorrado el segundo dependiente y la niña y hubiera reforzado a la protagonista y a la mujer de rostro agusanado.

      Veo el inicio, el nudo y el desenlace es mucho más claro esta segunda vez. Me parece una idea brutal que se acabe convirtiendo en gusano aunque el tema de la hierba y eso me descoloca un poco porque los gusanos de tierra suele tener la piel desnuda, ningún accesorio por encima. Así con la hierba me imaginaba más una oruga pero entonces ya no lo hubiera puesto en el césped sino en un planta con flores a ser posible. También podría ser el capullo (la hierba) de la transformación pero entonces me falta alguna referencia a este hecho.

      En fin, buen relato en general. Me ha gustado la evolución del personaje y el final me ha encantado el tema del túnel y fundirse con la tierra. Genial!

      PD. Suscribo las indicaciones que te ha hecho Manuel mucho más específicas lingüísticamente hablando. Lo de la ducha a mí no me ha molestado tanto.

  13. Hola! Perdonad por el retraso. Os juro que procuro ser más diligente de lo que se puede apreciar viendo que siempre posteo un día tarde. Me sabe mal ir siempre rezagado. El próximo mes cambio la tendencia definitivamente. En cualquier caso, os dejo aquí la reescritura del texto que pidió Alicia.

    ———————————————————-

    Me estaba saliendo urticaria. Todo había comenzado poco después de mudarme con mi novio ¿y si fuese una reacción alérgica? Decidí regresar a la floristería donde me habían vendido el fertilizante, pero estaba cerrada. En cuestión de semanas, también me brotó hierba de los brazos y las axilas, y la urticaria empeoró. Cuando me picaba, me untaba fertilizante y hasta el siguiente picor. Me daba vergüenza que me viesen así por la calle, así que mi novio me sugirió que me quedase en casa y me ocupase de limpiar y hacer la comida. A mi amiga Sofía no le pareció bien, pero lo hice igual. Si no quieres salir, quedarse en casa no tiene nada de malo, decía mi novio.
    La cosa seguía empeorando: ahora tenía heridas en la espalda, y los dedos en carne viva. Afortunadamente, las hojas habían crecido frondosas y disimulaban el desastre. Yo dejé de salir a comprar o de quedar con mis amigas porque estaba sin ánimos. Ellas me preguntaban si estaba bien, y yo contestaba siempre que sí a pesar de todo. A veces me miraba en el espejo y me dudaba de por qué mi novio seguía conmigo. Un día le pregunté si aún me quería, y me contestó que sí, que qué cosas tengo.
    Yo no había dicho nada a mis padres por no preocuparles, así que cuando mi madre me llamó un martes por la tarde para saber si aquel domingo podíamos ir a su casa a celebrar su cumpleaños, tuve que mentir. No, no podemos. Es que Carlos está enfermo. Me sorprendió que a la tarde siguiente mis padres se presentasen en casa mientras mi novio estaba en el trabajo. Mi madre me dijo que mis amigas y ellos estaban preocupados por mí y me sugirieron irme a su casa un tiempo, porque todo había empezado cuando me mudé con Carlos. Dice que te quiere, pero te tiene aislada, sin salir y herida, pero limpiando y haciendo la comida. Vente y si no mejoras, hablamos.
    Él se enteró de que me había marchado por la nota que mis padres le dejaron en la nevera. Vino a por mí hecho una furia. Que nadie me iba a querer, que puta zorra, que cómo le hacía eso con lo bien que me había tratado siempre y que me quería mucho. Yo quería creerle, pero ya no tenía urticaria, así que supe que lo mejor era separarme. Él estuvo meses pidiéndome perdón, diciendo que lo sentía mucho y que se sentía solo, pero yo seguía mejorando: la hierba se había ido, las heridas cerraban y la urticaria había desaparecido. Me encontraba con ánimos, y había vuelto a quedar con mis amigas. Un día, de repente, Carlos dejó de escribirme como si se lo hubiese tragado la tierra. No me importó. Al cabo de un tiempo me enteré de que era porque otra chica se había mudado a su piso… y había empezado a salirle hierba en una pierna.

    1. Hola Manuel,

      Me ha gustado mucho más esta versión corta de tu relato. Se hace más amena la lectura y la encuentro mucho más intensa. El mensaje es brutal y que de una relación tóxica te pueda salir hierna en el cuerpo es una metáfora increíble.

      Hay frases que no se entienden muy bien como “me untaba fertilizante hasta el siguiente picor” o “y me dudaba de pq mi novio seguía conmigo” O ” me sugirieron irme”… Supongo que ha sido debido a la falta de alguna lectura última de corrección.

      El ritmo y la construcción de los párrafos me ha gustado bastante. Es de fácil lectura y la estructura de inicio, desarrollo y desenlace se ven perfectamente.

      Sólo añadiría unas comillas o línea de diálogo a partir de Dice que te quiere…

      Por lo general, un gran relato. Me ha gustado mucho la desconexión que siente la protagonista con lo que le está pasando ignorando el maltrato que está sufriendo. Estupendo, la verdad. Felicidades.

  14. La última de su estirpe, pero también la primera (1000 palabras, versión corregida)

    Su nombre es Yatziri Lunae y nació hace ya miles de años en algún lugar recóndito de la meseta americana, en el seno de una tribu sedentaria cuyo sustento era la caza.
    Desde bien pequeña sintió que era diferente de todos quienes la rodeaban. Le horrorizaba la caza. Cada vez que le ponían un pedazo de carne en el plato se le retorcía el estómago y, aunque ignoraba las náuseas y masticaba las fibras que antes habían pertenecido a un precioso animal, terminaba vomitando. Detestaba vivir en las montañas y siempre se había visto atraída por un bosque cercano.
    Así que una noche huyó hacia su interior.
    Encontró arañas amenazantes, de colores y dibujos en sus cuerpos que hubiesen hecho estremecer incluso al más valiente. La acompañaron grandes serpientes sinuosas, engendros de pesadilla plagadas de ojos que acechaban todos sus movimientos. Pero Yatziri no sintió miedo, sino curiosidad. Trató de acariciar a una de ellas, pero el ofidio se apartó. A las serpientes las sustituyeron otras criaturas. Reptaban y se arrastraban tras ella.
    Entonces llegó a un claro, abarrotado de espíritus del bosque cuchicheando nerviosas, dibujando con sus diminutas manos gestos impacientes en medio de la discusión. Y en un lago central asomaban las cabezas de criaturas de leyenda.
    —Querida niñita, ¿cómo has entrado aquí? —le preguntó una espíritu que se acercó rápidamente a ella.
    —Esto es maravilloso, nunca había visto nada tan bonito… —musitó Yatziri
    —¿Te gusta? —preguntó otra espíritu—, ¿no te asustan estas criaturas?
    —¿Las arañas y las serpientes? ¡No! Son preciosas, de veras.
    Entonces ascendieron del lago unos seres gigantescos. Sus cabezas, de hocicos alargados, aletas puntiagudas y branquias que parecían hablar; rozaron las copas de los árboles, agitando las retorcidas ramas que dejaron caer algunas hojas de aspecto ilusorio que se deshicieron en polvo centelleante sobre las manos de la niña.
    —¿Y estas? —profirió otra hada
    Yatziri observó unas criaturas hipocéfalas agarradas a las gigantescas patas cuyas dueñas ahora se alimentaban de la luz que se colaba entre las copas de los árboles.
    —¡Qué divertidas! ¡Me encantan!
    —Esta niña es muy rara…
    —Quizá podemos hacerle la prueba.
    —¿Estás loca? ¡Es muy pequeña!
    —Pero el tiempo apremia.
    —Y los monstruos acechan…
    —Es verdad, no aguantaremos el próximo ataque.
    Las espíritus del bosque hablaban entre ellas con aire excitado. Se pusieron a discutir largo rato mientras Yatziri jugaba con las extrañas criaturas azuladas que no dejaban de menear la cabeza agarradas a esas patas gigantescas de las que crecían flores.
    —Es especial. Ha conseguido llegar hasta aquí
    —Tienes razón, es posible que su cuerpo lo acepte…
    —¿Lo hacemos?
    Un clamoroso «sí» llenó el claro y se alargó hasta las alturas donde los gigantes de escamas rosadas que olían a tulipanes y a anguilas chupaban la luz con sus morros alargados.
    —Atiende, niñita.
    —¿Sí?
    —Queremos pedirte un favor. Si lo aceptas, podrás ser nuestra amiga para siempre.
    —¡Claro que sí! Me encantaría.
    —Entonces, querida amiga, debes venir con nosotras al fondo del bosque. Conocerás el arroyo que nos dio vida, y en él tú te convertirás en una de nosotras, —la espíritu del bosque dudó un instante—, también debo decirte que es una transformación peligrosa y podrías morir.
    —Yo no quiero morir…
    —No te vamos a obligar, si tienes miedo puedes volver a tu casa.
    —¡No tengo miedo!
    Entonces, las hadas rodearon a Yatziri y la elevaron en el aire. Abrazadas por una luz multicolor y crepitante como el fuego, se fueron volando hacia el lugar donde la niña debería pasar siete días y siete noches sufriendo la más dolorosa transformación.
    La fiebre la invadió con pesadillas espeluznantes, y una especie de infección recorrió su cuerpo produciéndole temblores y convulsiones indescriptibles.
    Cuando salió de las sombras se descubrió sola en medio del arroyo. Las espíritus del bosque habían desaparecido, no obstante, aún las escuchaba. Percibió sus aplausos, las risas y los vítores de victoria que venían de su interior. Y una voz emergió desde dentro de ella:
    —Ya eres una de nosotras, preciosa Yatziri. Te hemos conferido nuestros poderes y, a partir de ahora, todas nosotras viviremos en tu interior.
    Yatziri palpó su cuerpo, ahora radiante. Vio que el tono de su piel se había tornado ligeramente verde y que una especie de hierba asomaba en sus piernas. Empezó a temblar.
    —No te asustes, piensa en nosotras como tus nuevos poderes.
    —¿Pero, por qué habéis entrado dentro de mí?
    Entonces Yatziri percibió la tristeza de las espíritus. Ahora también era la suya.
    —Nuestra hora llegaba a su fin. El bosque perecerá pronto, los animales y las plantas morirán.
    —¿Cómo sabéis eso?
    —En este mundo habitan criaturas peligrosas, querida niña, ya nos atacaron antes.
    —Debo avisar a mis padres. ¿Ya es de noche?
    —No, pequeña Yatziri, ¡no vayas! ¡Los monstruos acechan!
    Cuando la niña llegó a su aldea, la devastación pintada con sangre y barro se imprimió en sus retinas. Su hogar había sido arrasado. Los cuerpos de sus padres, mutilados en una especie de ritual.
    —Todo es culpa vuestra, ¡malditas espíritus del bosque!
    Mientras gritaba y escupía su amargura vio crecer la hierba en sus piernas. Luego llenó sus brazos y la sintió desarrollarse debajo de sus ropas. Poco a poco el recuerdo de su tribu se fue diluyendo y lo único que podía escuchar eran las voces de los espíritus que poblaban su interior.

    La última de su estirpe, pero también la primera (500 palabras)

    Yatziri Lunae nació hace miles de años en algún rincón de la meseta americana.
    Desde pequeña sintió que era diferente. Detestaba vivir en las montañas y siempre se había visto atraída por un bosque cercano.
    Así que una noche huyó hacia su interior.
    Encontró arañas amenazantes, de colores y dibujos en sus cuerpos que hubiesen hecho estremecer incluso al más valiente. La acompañaron grandes serpientes sinuosas, engendros de pesadilla plagadas de ojos que acechaban todos sus movimientos. Aunque Yatziri no sintió miedo, sino curiosidad. Trató de acariciar a una de ellas, pero el ofidio se apartó.
    Entonces llegó a un claro, abarrotado de espíritus del bosque cuchicheando nerviosas.
    —Niñita, ¿cómo has entrado? —le preguntó una espíritu.
    —Nunca había visto nada tan bonito… —musitó Yatziri
    —¿Te gusta? ¿No te asustan estas criaturas?
    —¿Las arañas y las serpientes? ¡No! Son preciosas, de veras.
    —Esta niña es muy rara…
    —Quizá podemos hacerle la prueba.
    —¡Es muy pequeña!
    —Pero el tiempo apremia.
    —Y los monstruos acechan…
    —No aguantaremos el próximo ataque.
    Las espíritus del bosque discutieron mientras Yatziri jugaba.
    —Es especial.
    —Quizá su cuerpo lo acepta…
    —¿Lo hacemos?
    Un clamoroso «sí» llenó el claro.
    —Atiende, niñita. Queremos pedirte un favor. Si aceptas, podrás ser nuestra amiga para siempre.
    —¡Me encantaría!
    —Debes venir al arroyo que nos dio vida y te convertirás en una de nosotras, —la espíritu dudó—, debo decirte que es una transformación peligrosa y podrías morir.
    —Yo no quiero morir…
    —Si tienes miedo puedes volver a casa.
    —¡No tengo miedo!
    Las espíritus rodearon a Yatziri y se fueron volando hacia el lugar donde la niña debería pasar siete días y siete noches sufriendo la más dolorosa transformación.
    La fiebre la invadió con pesadillas espeluznantes, y una especie de infección recorrió su cuerpo produciéndole convulsiones.
    Cuando salió de las sombras se descubrió sola en el arroyo. Las espíritus del bosque habían desaparecido, aunque aún las escuchaba. Percibió vítores de victoria dentro de ella. Y una voz emergió:
    —Ya eres una de nosotras, preciosa Yatziri.
    Palpó su cuerpo. Vio el tono de su piel ligeramente verde y una especie de hierba asomar en sus piernas. Empezó a temblar.
    —No te asustes.
    —¿Por qué habéis entrado dentro de mí?
    Yatziri percibió la tristeza de las espíritus. También era suya.
    —Nuestra hora llegaba a su fin. El bosque perecerá, los animales y las plantas morirán.
    —¿Cómo sabéis eso?
    —En este mundo habitan criaturas peligrosas, ya nos atacaron antes.
    —Debo avisar a mis padres.
    —¡No vayas!
    Cuando llegó a su aldea, la devastación pintada con sangre y barro se imprimió en sus retinas. Su hogar había sido arrasado. Los cuerpos de sus padres, mutilados en una especie de ritual.
    —Es culpa vuestra, ¡malditas espíritus del bosque!
    Mientras gritaba y escupía su amargura vio crecer la hierba en sus piernas. Luego llenó sus brazos y la sintió desarrollarse debajo de sus ropas. El recuerdo de su tribu se fue diluyendo y lo único que podía escuchar eran las voces de los espíritus que poblaban su interior.

    1. Hola Azel. Ha sido un placer leer tu texto, espero que los comentarios que hago a continuación puedan serte útiles. Ese es su único objetivo. Quizá por eso me centro más en las cosas mejorables, pero eso no quiere decir que no me haya gustado la historia, ese pequeño sueño que se vuelve pesadilla.
      En primer lugar, me parece que la historia tiene muchas posibilidades, aunque necesita algo de revisión. Es una fantasía muy onírica, con una protagonista interesante que se aleja de los cánones de su comunidad. El mayor problema en ambas versiones (menos en la corta, por supuesto) es que hay un exceso de contenido vacío. Con esto me refiero a que se utilizan muchas palabras que al final no dicen nada o no dicen lo que quieren transmitir de verdad. Pondré un ejemplo que seguro que es más aclarador:

      Encontró arañas amenazantes, de colores y dibujos en sus cuerpos que hubiesen hecho estremecer incluso al más valiente. La acompañaron grandes serpientes sinuosas, engendros de pesadilla plagadas de ojos que acechaban todos sus movimientos. Aunque Yatziri no sintió miedo, sino curiosidad. Trató de acariciar a una de ellas, pero el ofidio se apartó.
      Este párrafo busca describir lo que ve la niña y transmitir que es aterrador, también que ella (al ser especial) no le da miedo. Pero el caso es que algunas descripciones son tan vagas (colores y dibujos que hubiesen hecho estremecer al más valiente, engendros de pesadilla plagadas de ojos) que el lector no llega a imaginarse nada concreto. Y así es muy complicado transmitir una sensación de miedo. Además, al usar colores y dibujos casi que parece algo bonito, no aterrador. Quizá sería más adecuado pensar en ojos, quelíceros o patas. Despiertan sentimientos más oscuros. En resumen, es mejor buscar una o dos palabras (o imágenes) concretas que casen con lo que se busca transmitir que muchas palabras que no llegan a evocar nada concreto (mucho más fácil decirlo que hacerlo, de hecho también es mi lucha personal). El ejercicio de poda habría sido una buena ocasión de practicarlo, pero tampoco he visto mucho cambio en ese sentido.
      Creo que al recortar palabras se ha perdido en algunos momentos la perspectiva de lo que era importante. Me refiero en concreto al principio del texto, en el que has omitido que la repulsión de la protagonista por la caza y por comer carne. Creo que eso sí era relevante (más que la algunas descripciones que se han mantenido), porque es lo que hace que el lector vea por qué la niña es diferente. Por mucho que se diga, es mejor mostrarlo y esa era una buena forma.
      Otro ejemplo de las mejorías que no han llegado con la poda es la siguiente frase:

      Percibió sus aplausos, las risas y los vítores de victoria que venían de su interior.
      Vítores de victoria es una redundancia clara, y al final es la parte que ha quedado en la versión acortada. Creo que sería un mejor uso de las palabras dejar aplausos y vítores. Suficiente para describir la alegría de las espíritus sin caer en redundancias.
      Aunque sí que ha habido mejoras de la versión larga a la corta (que creo que funciona mejor) al quitar una parte muy descriptiva sobre unos seres que había en el lago. Reconozco que me atasqué al leerla en la primera versión. Si se quiere mantener, esa parte de la versión larga necesita reestructuración: Yatziri observó unas criaturas hipocéfalas agarradas a las gigantescas patas cuyas dueñas ahora se alimentaban de la luz que se colaba entre las copas de los árboles. De nuevo, muchas palabras y yo no conseguí imaginarme a las criaturas (no encontré significado a hipocéfalo como adjetivo, aunque tampoco es que yo tenga el vocabulario más extenso, así que aquí igual peco de ignorante, pero el caso es que lo releí varias veces y no llegué a imaginarme las criaturas). Pero para mí es una parte que sería mejor eliminar.
      Hay un contraste entre la extensión de las descripciones y la de los diálogos, que me parecieron la parte más destacable del texto. Son concisos, naturales y adecuados en ambas versiones. Creo que logran transmitir lo que pretenden y, al mismo tiempo, construir a los personajes. Eso me parece algo muy complicado, y en ambas versiones está más que logrado.
      El final me dejó una sensación agridulce en ambas versiones. Me gustó porque se intuye una especie de traición y porque la niña se da cuenta de que sí que quería a los suyos a pesar de no sentirse del todo parte de ellos. Pero me parece que el mensaje que buscaba transmitir la historia queda un poco desdibujado. Aunque esto es claramente cuestión de gustos.

    2. Hola, Azel. Te dejo aquí mis impresiones y comentarios, siempre desde el respeto y con la única intención de que te puedan servir para mejorar en tu camino. En primer lugar, creo que la versión podada es en general mejor que la anterior, y me parece que logras enganchar más que antes, lo cual ya de por sí es motivo de celebración porque significa que el trabajo está bien hecho.
      Aparte, estoy enteramente de acuerdo con el comentario de Raquel, y creo que acierta mucho al señalar los puntos más y menos lúcidos de tu texto. Creo que la versión podada gana en agilidad y ritmo, pero también llevas un poco al límite la suspensión de la incredulidad en esta nueva versión. El problema que veo es que, por un lado, que debemos “aceptar” que Yatziri es especial, pero por otro tengo la sensación de que las espíritus del bosque habrían hecho exactamente lo mismo con cualquier otra niña que pasase por allí, no sé si me explico. Y luego, también me ha chirriado un poco la elección de la palabra “ofidio” como sinónimo de serpiente. Creo que esto es porque nos han dicho que debemos buscar sinónimos para no repetir palabras, y en realidad, creo que hacerlo no favorece al texto literario, porque buscar sinónimos y evitar repeticiones remite a un tipo de texto más “académico”, y por tanto hace que el lector no se sumerja todo lo que podría en la lectura.

      Espero no haber sido demasiado duro y que no te ofenda mi opinión. Evidentemente, esto es cuestión de gustos y ninguno somos perfectos escritores aquí. Un saludo.

  15. ¡Hola!
    Perdonad por el retraso. Aquí os dejo mi versión reducida del mes anterior. Ha sido todo un reto y me ha quedado casi un microrrelato, pero como no escribí mucho el mes pasado…
    Una vez más, disculpad el retraso. Un saludo 🙂

    Con los ojos todavía entrecerrados por el sueño, me dirigí al cuarto de baño y dejé correr el agua fría sobre mi cuerpo.
    Las piernas me dolían y algo verdoso asomaba por los folículos. Me ardía por dentro, como cuando va a salir un diente y notas como se rompe la encía.
    El día anterior había pasado por la floristería y la dependienta me había atendido con una amabilidad abrumadora. Además, me regaló una nueva planta que acababa de recibir.
    Sin embargo, me marché con una sensación desagradable en el estómago y esa misma noche empecé a sentir cómo algo palpitaba en mi pierna.
    Me desperté con las piernas cubiertas de hierba. Desesperada por esta extraña metamorfosis, acudí a la floristería. Notaba la hierba crecer por momentos bajo mis vaqueros.
    La dependienta me despachó rápido mientras me decía que mucho cuidado con regarme, que probablemente todo fuera por “exceso de agua”.
    Mi día acababa como un simulacro de la realidad, sin saber qué hacer ni a quién acudir, y la hierba continuaba creciendo por todo mi cuerpo.
    Se extendió alrededor de mi cuello y mis ojos se empañaron. Mi nariz, taponada por los brotes, apenas exhalaba un hilito de aire. Una sombra verde invadía mi cuerpo.
    Soñé que era humana o ¿era planta? Soñé en tonos verdes y matices oscuros. Soñé con el aire y el agua. La tierra me sostenía en un abrazo cálido y el viento me acariciaba. Era amor en toda la inmensidad de la palabra.
    Sin embargo, algo acechaba. Se abalanzó sobre mí y me devoró hasta dejarme reducida a tan solo un trozo. Esa imagen borrosa me atrapó como en una pesadilla de la que no puedes despertar.
    Lo último que recuerdo es como un enorme insecto se cernía sobre mí.

    1. Hola Silvia, aquí va mi crítica constructiva.
      Creo que tu relato cumple con las bases del ejercicio, he visto la estructura de principio, nudo y desenlace.
      Veo algunos problemillas en el texto, desde mi punto de vista, totalmente subjetivo e inexperto. Lo primero son las repeticiones, soy muy maniática al respecto, a no ser que se hayan usado como recurso literario. En este caso no lo veo así, y creo que ese detalle le resta un poco de frescura al estilo.
      Mi mayor problema está en el párrafo de desenlace porque las frases me parece que van hacia adelante y atrás en la acción, y no me funciona. Creo que en este caso necesita una revisión y algunos detalles.
      «Sin embargo, algo acechaba. Se abalanzó sobre mí y me devoró hasta dejarme reducida a tan solo un trozo. Esa imagen borrosa me atrapó como en una pesadilla de la que no puedes despertar.
      Lo último que recuerdo es como un enorme insecto se cernía sobre mí».

      Las dos primeras frases dicen que algo la atrapa y la deja reducía a un solo trozo. A mi me da a entender, que sea lo que sea la amenaza, ya está destrozando a la protagonista.
      La última frase, «lo último que recuerdo es como un enorme insecto se cernía sobre mí», entiendo que ese algo del que se hablaba antes era el insecto. Creo que hubiera funcionado mejo si en lugar de lanzarse con la protagonistas hubieras indicado que la mastica o traga o algo así, como que la termina de devorar. Es solo una idea y puedo estar equivocada.

      El relato, aunque breve, me ha gustado y creo que la narración está bien, quieres saber qué le pasa a la protagonista, llegar al final.

      1. Hola, María del Mal!
        Muchas gracias por tu comentario. Tomo nota de todo lo que me comentas y te agradezco tu sinceridad.
        A mí tampoco me gustan las repeticiones mucho, así que estaré atenta para cuando intenten colarse a traición 😉
        En relación con lo que me dices sobre el final, la verdad es que, el mes anterior Alicia y los compañeros ya me comentaron algo. Como este mes el ejercicio era “pulir y reducir”, he intentado arreglar esa parte siguiendo el relato original. Sin embargo, veo que sigue siendo un poco confuso.
        Cuando concebí la historia, me imaginé a mi protagonista, que no sabe que es realidad ni sueño, siendo devorada poco a poco por un insecto que ha ido creciendo en sus entrañas. Ese monstruo se cierne sobre ella y finalmente, la devora o quién sabe, la trae de vuelta al mundo real. Es un poco raro, sí. El mundo de los insectos me atrae y me aterroriza bastante.
        Pero vamos, creo que tengo que trabajar más todavía ese final.
        Muchas gracias por tus reflexiones, sin duda, me ayudarán a mejorar 🙂

    2. Hola, Silvia!

      Creo que es la primera vez que comento un texto tuyo, un placer! 😉 Como siempre comento, piensa que todo lo que diga es mi opinión, que es tan subjetiva como cualquier otra, tú quédate con lo que te valga y el resto a la basura. Vamos allá!

      Pues yo creo que la reducción le ha sentado bien al relato. Has concretado algunas cosas, manteniendo algunos de los puntos interesantes. En ese sentido creo que el objetivo del taller está cumplido, has podado el relato original manteniendo la estructura de planteamiento, nudo y desenlace. Así que muy bien por ahí.

      El tono onírico-creepy del relato me gusta mucho, hay momentos un poco confusos (incluso contradictorios) que no sé si son intencionados o no, pero que encajan en el tono pesadillesco del relato. Sin embargo hay detalles que no acabo de encajar. Por ejemplo, la planta que la dependienta le da la protagonista (y que es uno de esos detalles que sobrevivió a la poda) ¿qué sentido tiene? ¿qué aporta a la historia?

      O la secuencia final. Que en el relato original es más cruda y me resultó problemática porque tal y como estaba descrita parecía describir como un animal rumiante estaba destrozando una planta al comérsela, pero al final era un insecto. Aquí la descripción es menos truculenta, pero algo más confusa y me sigue chirriando que sea un insecto el ejecutor. Además, esa amenaza final no me casa con el devenir de la protagonista, que parece dudas un par de veces de que la realidad “sea real”. No sé, a lo mejor es que me estoy montando una película yo sólo.

      Y un detalle que me dio pena perder fue el de “mi ojos se empañaron con una sombra verde…”. Junto a la línea (que sí conservaste) de cómo le crecía la hierba dentro de la nariz me parecía una descripción muy angustiosa, y por tanto molonsísima, de esa transformación en planta.

      Pues eso, que me ha gustado el relato y que yo creo que has cumplido, así que a seguir así!! 😉

      Un abrazote! Nos leemos!

      1. ¡Hola, Sergio!
        Muchas gracias por tus observaciones. Me alegro mucho que te gustara el relato.
        Según lo que me comentas, muchos problemas vienen del relato anterior, que no desarrollé demasiado bien por falta de tiempo. Por ejemplo, la dependienta de la tienda de flores (que viene del relato inicial de Alicia) es la culpable de que la protagonista sufra toda esta pesadilla (ya sea cierta o no). Dentro de mi mundo imaginario, al darle la planta, la protagonista se infecta y por eso desarrolla un parásito que la quiere devorar al convertirse en planta, o porque ella ya es una planta que sueña que es humana. Los dobles sentidos son muy fuertes y en mi cabeza funcionaba muy bien pero no está demasiado bien plasmado en la historia.
        La frase que te gusta, “mi ojos se empañaron con una sombra verde…”, la tuve que quitar porque me pasaba de palabras. La metamorfosis pierde mucho, pero es que me costó un poco reducir el relato y tuve que eliminarla.
        Ya tengo ganas de que llegue el reto de este mes.
        Mil gracias por tus comentarios 🙂

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