Alicia Pérez Gil

18 pensamientos en “Reto literario enero 2021: la maleta

  1. Mi relato para el reto de enero. ¡Espero que os guste!

    Título: ¿Me estás hablando a mí?
    Extensión: 497 palabras

    Pablo entró en la habitación con paso vacilante, y cerró la habitación dando un portazo. Se tambaleó hacia la cama, dejándose caer.
    —Qué se habrá creído…. Contigo no, bicho, me dice.
    El techo de la habitación giraba levemente. Pablo se dejó llevar, mientras seguía mascullando. Fue sintiendo un vapor agradable que le cubría los ojos por dentro, borrando parte de aquel día de mierda.
    Y entonces sonó el teléfono.
    —¡Joder!
    Pablo se levantó de golpe. Mejor dicho, lo intentó. Al tercer impulso consiguió alzarse y buscar el teléfono móvil en el bolsillo de su americana.
    —Hola, cariño. Te iba a llamar ahora mismo. La cena, el cliente, ya sabes… —escuchó con los ojos cerrados, dando pasitos por la habitación—. No, no, cómo voy a estar bebiendo. —Vuelta a escuchar—. Mañana volveré a casa en el último tren. —Gritos al otro lado—. Cariño…
    Se apartó el teléfono del oído y dejó que sonara.
    —Te llamaré mañana. Te quiero, te quiero.
    Colgó sin esperar la respuesta. Tiró el teléfono sobre la cama y volvió a mascullar, dirigiéndose al cuarto de baño.
    —Hotel de mierda, trabajo de mierda.
    Se miró en el espejo, lamentando que la niebla de su cabeza se hubiera disipado. Y entonces lo vio.
    —¿Qué coño…?
    Reflejado en el espejo se veía el viejo armario de la habitación. Una de las puertas estaba entreabierta, dejando ver una maleta abandonada. Una maleta a reventar, que dejaba escapar parte de su contenido.
    Pablo abrió mucho los ojos. Sacó la maleta con cautela y la abrió sobre la cama. Gruesos fajos de billetes se desparramaron sobre las sábanas.
    —¡Me cago en…!
    Se metió varios fajos en los bolsillos, con ansia, hasta que reparó en un objeto negro y metálico que atrajo su mirada como un imán. Lo tomó con cuidado, sintiendo su peso en la mano con una mezcla de excitación y reverencia.
    —Una pistola, dinero… ¡Joder! ¿Quién se hospedaba aquí? ¿Elliot Ness?
    Incapaz de soltar el arma, Pablo se dirigió al espejo del cuarto de baño. Puso cara de tipo duro y empuñó el arma con fuerza, colocando el dedo en el gatillo.
    —¿Hablas conmigo? ¿Me lo dices a mí?
    Rio tontamente, y siguió poniendo posturas ante el espejo.
    —Dime, ¿Es a mí? Entonces, ¿A quién demonios le…?
    El teléfono de la habitación sonó repentinamente. Pablo gritó, sobresaltado.
    ¡Bang!
    Su cuerpo cayó pesadamente, golpeándose contra el lavabo. Cuando llegó al suelo, Pablo tenía la mandíbula reventada por el disparo y la cabeza abierta por el golpe contra el lavabo y el suelo. El teléfono siguió sonando, indiferente, hasta que volvió a enmudecer.
    Sin saber cómo, Pablo se miró a sí mismo desde un punto indeterminado de la habitación. Su cuerpo estaba tirado sobre la moqueta, rodeado de sangre y billetes, con la pistola enredada entre los dedos.
    Qué ironía, ahora aquello sí que parecía una de las escenas de las películas que tanto le gustaban.
    Se miró las manos, pero no vio nada.
    —Mi mujer me va a matar…

    1. Allá va mi comentario. Es el primero que hago, y desde el más profundo respeto, espero que mis argumentos queden claros.
      En primer lugar, respecto a las instrucciones del reto, cumple el número de palabras, la premisa, y el final cerrado.
      Transmite muy bien el ambiente sórdido y cutre, y el protagonista queda retratado como un pringado perdedor. La sensación que he tenido leyendo es que era un capítulo de CSI Las Vegas.
      Tras leer el relato, la primera impresión es que el karma existe: si eres un poco capullo, tienes un final digno de tal… Me gusta la continuidad de que el protagonista sea un fantasma, primero figurada y luego literalmente.
      Al final te queda el gusanillo de saber quién llama por teléfono, si es su pobre mujer porque le ha colgado, o si quizá es de recepción porque el dueño de la maleta ha acudido a por ella.
      Un detalle: al caer se abre la cabeza contra el lavabo, porque está en el cuarto de baño. Sin embargo, al final yace tirado sobre la moqueta. No sé si es un error de raccord o es intencionado para maximizar la cutrez del sitio donde está alojado. Si es esto último, objetivo conseguido, jajaja.
      Sin embargo, necesito que me ayudes a identificar el conflicto y los obstáculos (ya te digo que es mi primer análisis).
      Entiendo que ha tenido un día de mierda en lo que probablemente sea una vida de ídem, y que encontrar la maleta es todo un golpe de suerte, pero me falta contexto. ¿Va corto de pasta? Imagino que sí, a juzgar por cómo se mete los fajos en los bolsillos (y teniendo en cuenta que se aloja en un sitio con moqueta en el baño, jajaja), pero ¿por qué? ¿Qué hará con el dinero? ¿No le resulta extraño encontrar la maleta? ¿No tiene ningún escrúpulo en llevarse el dinero?
      Tampoco encuentro en el personaje mucha respuesta emocional, lo que hace que me sienta muy distanciada de él. Lo percibo como alguien muy egoísta y no demasiado inteligente, que ni siente ni padece. Por eso me satisface el final que tiene, se lo “merece”.
      No dejo de sorprenderme de que con solo 500 palabras se puedan escribir cosas entretenidas. ¡Buen trabajo!

      1. Mil gracias por tu comentario, Rebeca. Intentaré que para el siguiente queden más marcados los elementos del relato. Suelo ser de los que se enrollan escribiendo, así que el límite de 500 palabras me cuesta un poquito. Me alegro de haber trasladado la sordidez tanto del personaje como del entorno. ¡Espero que nos leamos de nuevo en el próximo reto! ¡Un saludo!

    2. El relato es “raramente” agradable de leer 😛
      ¿Qué puede salir mal con una borrachera, una pistola y las ansias por una riqueza repentina? El personaje es muy coherente y su chulería no podía darle otro final más benevolente.

      Sobre detalles que he observado al leerlo:
      Me parece que hay muchas repeticiones y todas muy seguidas. Al principio “habitación”, más adelante “maleta” y también “cuerpo”, “lavabo” y “suelo”. Como todo sucede en el mismo espacio las referencias y repeticiones quizás son excesivas.
      Cuando dices “dejándose caer” espero que en la cama hacia donde se dirige, jejeje
      No entiendo a que se refiere con el vapor agradable que le cubren los ojos por dentro y me choca al leer, porque normalmente se cubre por fuera.
      Cuando al sonar el teléfono “se levantó de golpe” como lectora visualmente lo veo, y de repente lo cambias a todo lo contrario. Me saca de la escena que estaba creando en mi cabeza.
      Hay varios cambios de ritmo en el relato que me parecen extraños: Saca la maleta con cautela pero con ansias mete el dinero en los bolsillos, aunque los billetes ya los veía.
      Cuando observas “el teléfono… sonó repentinamente” quizás con la construcción al revés el lector empatiza con el sobresalto.
      ¿”Dejó que sonara”? que siguiera, quizás.
      Al final no entiendo si se ve extracorpóreamente, tampoco lo de no tener nada en las manos.

      1. Muchas gracias por tus comentarios Kimus. Creo que algunos de los defectos que me comentas se deben a la “poda” del relato para ajustarme a las 500 palabras, me temo que lo hice rápido y no caí en esos detalles. Me viene bien que te hayas dado cuenta, así tendré una alerta en mi cabeza para estar más atento para el próximo reto. Tendré también en cuenta lo de las repeticiones cercanas. Es una cosa que me pasa mucho y tengo que corregir. ¡Nos leemos en el próximo reto!

  2. Aquí os dejo mi relato, para que me deis hasta en el cielo de la boca, que tengo que aprender. Pero, por favor, hacedlo con cariño, que es mi primera vez…

    ************************

    La maleta de Schrödinger

    La puerta es tan endeble que cualquiera podría tirarla abajo. Quiero colocar delante algún mueble, pero el único no atornillado al suelo es el armario. Supongo que el dueño del motel confía en que su envergadura impida que salga flotando si falla la gravedad artificial.
    Me cuesta, pero consigo arrastrarlo hasta el vano, y me siento un poco mejor.
    Tras un vistazo, decido no usar la cama. El edredón tiene manchas sospechosas, y me jugaría algo a que hace varios huéspedes que no se cambian las sábanas. Prefiero dejarme caer en el suelo, aunque la moqueta no tiene mejor aspecto.
    Estoy agotada. Dos días sin dormir, sin parar de moverme. No me quejo, es la vida que elegí, y está muy bien pagada. Y aunque a veces los trabajos se compliquen, para eso pagamos al Sindicato.
    Al mover el armario las puertas ya no encajan. Por el hueco que dejan veo que hay algo dentro. Voy a mirar, tengo curiosidad por saber qué ha podido olvidar el último degenerado que se ha alojado aquí.
    A decir verdad, lo que me sorprende no es la bolsa de viaje, ni el cañón de una enorme y reluciente pistola de pulsos, sino el montón de fajos de billetes usados. ¿Quién usa efectivo en una estación espacial? Aquí todas las transacciones se hacen con chips de crédito. Y todas dejan rastro, claro.
    Así que si alguien está usando papel es porque se trata de un asunto turbio. Más de lo habitual. Qué narices, hasta a mí me pagan con chips, y me dedico a matar gente…
    Tengo un dilema. Ahí hay dinero suficiente como para que alguien como yo empiece de cero de verdad. Una oportunidad de hacer las cosas bien. Comprar una granja en algún planeta. Tomar té en el porche y comer galletas caseras.
    Pero coger el dinero implica huir. Toda la vida mirando por encima del hombro, sin la protección del Sindicato. Ser la presa, en lugar del cazador.
    Creo que no me gustan tanto las galletas.
    Lamento más dejar la pistola que el dinero, pero averiguar si está limpia dejaría un rastro hasta mí, y no puedo permitirme que Seguridad me pille con un arma comprometida.
    Tengo que llamar al contacto del Sindicato. La sobretarifa se va a comer mis beneficios, pero no puedo quedarme aquí. Antes de poder marcar, el com suelta un pitido estridente.
    —Te vas en una hora —dice la voz al otro lado—. Muelle B5, Nave Precesión. Cubierta 4, cabina A47. Date prisa, te esperan.
    Siguiendo el protocolo, cuelga sin esperar respuesta. Yo ya estoy en movimiento, empujando el armario de vuelta a su lugar. Me aseguro de que las puertas se queden bien cerradas. Por lo que a mí respecta, ese tesoro envenenado es como si no estuviera ahí.
    Estoy contenta al marcharme. La Precesión es una nave de recreo, así que durante las próximas dos semanas disfrutaré de un crucero de lujo. No, no es mala vida la mía

    1. Me ha gustado mucho la historia que se entrevé tras tu relato. Es como un preludio a una historia más larga, me quedo con las ganas de saber qué sucederá a bordo de la Precesión, y de quién dejó allí tanto dinero en efectivo… y por qué.

      Muy bien introducidos los elementos del reto, a mi parecer tu relato cumple a la perfección con lo pedido. ¡Buen trabajo, Rebeca! Me encanta ver como una simple imagen puede dar lugar a historias tan diferentes 🙂

      Por cierto, ¿por qué el Schrödinger del título?

      1. Gracias por tus palabras! Me alegro de que te haya gustado, y sobre todo, que sea una historia comprensible. Me costó un montón ceñirme a las 500 palabras y al final no estaba muy segura de que la historia que estaba en mi cabeza se reflejara bien en el texto…
        La referencia a Schrödinger es un guiño a la actitud de la protagonista: si el armario está cerrado, para ella la maleta no está ahí. Si no se entiende, igual tendría que darle otra vuelta al título.
        En fin, que muchas gracias! Luego me siento y comento vuestros relatos.

    2. Me parece un reto muy chulo y me gusta mucho la escena.
      Aunque me parece una parte de algo más grande. Igual funcionaría en una antología de asesinos a sueldo, o en una de relatos cortos que narren el mundo del que hablas. Por esta sensación de una historia mucho más grande se me ocurren mil preguntas sobre el relato, pero pica el gusanillo a querer saber más de que va todo eso del Sindicato y la Asesina.
      El personaje está muy bien hilado, dudar ante la oportunidad de cambiar de vida y finalmente tener que tomar una decisión crucial pero con un razonamiento lógico de buena asesina que no deja hilos sueltos.

      Yo también me preguntaba lo del título, y he leído después el motivo en la respuesta que le diste a Andrés.
      Quizás sería más El Armario de Schrödinger, ¿no?

      Después de este primer reto, solo decir que espero leerte en muchos más 🙂

  3. Sobrevivir

    No quedaba dinero para pagar otra noche en el hostal.
    José se gastó los últimos diez euros en una botella de vodka y un café. Hacía frío, soltó el cabrón. En el fondo solo está enganchado, pero podríamos habernos calentado los dos con una buena sopa instantánea.
    Esta mañana recogía el saco y la bolsa que cargo desde hace más de un año. Salí así de la casa familiar y es lo único que conservo. Y buena parte me lo robó un supuesto compañero que dormía a dos portales de donde iba a pasar mi primera semana en la calle. Cosas de trotamundos principiante, no te fíes ni de tu sombra. Aprendí la primera lección a cambio de ropa y la documentación, cualquier día me llaman para encerrarme en prisión. Hoy no me importaría, en plena ola de frío agradecería no tener que dormir a la intemperie.
    No soy un aventurero, aunque decir vagabundo me parece una palabra con muchas connotaciones que no quiero asumir. Un año entero repartiendo currículums sin resultado, buscándome la vida para no tener que volver a rogar al nido del que me echaron de una patada. Aunque fueron unas cuantas, y puñetazos también hubo, mis padres no tolerarán nunca un hijo “desviado”, era cuestión de tiempo que se enterasen.
    No me sorprendió nada, fue la primera y la última paliza, pero casi lo agradezco. Un amigo me acogió un par de semanas en el piso de estudiantes, pero no había espacio, ni dinero, no querían un okupa y me tuve que ir.
    Al empaquetar mi bolsa he abierto el armario, llevaba cerrado desde que llegamos ayer. Buscando toallas he encontrado una maleta. Se veían unos billetes, parecía una broma de muy mal gusto. Primero iba a decírselo a José, pero he recordado el Vodka y me he callado como un puta. He disimulado esperando a que se encerrara en el baño a “cagar”.
    Sabía que estaría media hora larga, así que era mi momento para registrar el maletín. Había muchos billetes y al mirar si encontraba algún documento del propietario he visto que también había una pistola. Yo no entiendo de armas, solo sé que no quiero dispararme un pie, así que no la he tocado. He cogido la maleta y me he dirigido al conserje que ha abierto mucho los ojos cuando le he explicado la situación.
    Ha llamado al propietario, un viejo simpático que se había hospedado allí por falta de habitaciones más cercanas al hospital de la ciudad. Ese dinero iba a pagar la operación de su marido y la pistola era de fogueo, por si alguien se acercaba demasiado al maletín.
    Después de una charla sincera me acaba de ofrecer una salida de este agujero. Dice que soy de fiar pero que debería cortarme el pelo antes de empezar a trabajar en su empresa de azúcar. “No te faltará trabajo siendo una persona honrada, chaval.”
    Siempre habrá alguien a quien endulzarle la vida, ¿no creéis?

    1. Es una historia bonita, se agradece ese final dulce tras lo amargo del inicio. En mi opinión, cumple perfectamente con los requisitos del reto, y los elementos están bien introducidos. Y se agradece más que el punto de partida del protagonista esté tan bien detallado, es complicado hacerlo en un relato tal cortito. Me he quedado con la intriga de qué fue de su acompañante, el tal José, tras la conversación con el propietario de la maleta…

      Hay una frase que he tenido que leer un par de veces y me ha despistado un poco: “Esta mañana recogía el saco y la bolsa que cargo desde hace más de un año”. Quizás yo lo habría cambiado por algo que introdujese la acción de forma más simple y directa, algo como “Me puse a recoger el saco y la bolsa que cargaba desde hacía más de un año”. Pero es solo una preferencia personal. Y lo de “Empresa de azúcar” queda un poco raro, quizás “Empresa azucarera” sería más apropiado.

      ¡Buen trabajo, Kimus!

    2. Lo primero, el relato cumple los requisitos del reto: número de palabras, premisa y final, y he podido identificar todos los elementos de relato.
      Has escrito una historia profunda en menos de 500 palabras. Es curioso, pero igual que el relato de Andrés, la primera idea que tengo al terminar de leer es acerca del karma y de las consecuencias de las cosas que hacemos.
      Transmites muy bien el carácter del protagonista. Así es muy fácil identificarse con él. Por eso la decisión que toma respecto al dinero resulta un giro bastante sorprendente, pero al mismo tiempo muy adecuado. Es lo que “le pega”, aunque hubiera sido perfectamente comprensible que en su situación hiciese todo lo contrario.
      Además, veo que funciona como un círculo: la fuente de los problemas del protagonista fue salir de un armario, y es precisamente lo que hay dentro de otro lo que le saca del agujero. ¿Está hecho a propósito? En cualquier caso, me encanta.
      Como única pega, el final me parece demasiado apresurado. Se resuelve todo en apenas dos párrafos, y después de cómo cuentas todo lo demás, queda un poco “relatus interruptus”… ¡Es muy difícil con esto de las 500 palabras!
      Como reflexión final, tu relato me lleva a la conclusión de que todos los armarios deberían estar siempre abiertos de par en par.
      Buen trabajo, Kimus.

      1. Gracias, Rebeca 🙂
        Si haces una buena explicación al principio te quedas sin palabras al final XD Me alegro que te haya gustado.

        Intentaba que el personaje fuera seguramente ambivalente para el lector pero no para si mismo. Por eso no cambia su honestidad aunque socialmente quizás nos choca esa decisión en su situación.
        Las palabras acostumbran a entrelazarse en mi cabeza, por eso “el armario” y el contenido (una persona y un objeto) eran el tema del relato.

        Nos vemos/leemos pronto, espero 😉

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