Alicia Pérez Gil

29 pensamientos en “Reto literario febrero 2021: cruzar el puente

  1. El puente de espuma hipotética
    ——————————-
    Alicia miró el puente con perplejidad. Lo que veía no podía ser visto y sin embargo allí estaba, directamente frente a sus narices. Parpadeó un par de veces, pero sus ojos no eran el problema sino el puente, que no podía ser como era.
    —¿Te gusta? ¿Te gusta? —preguntó el sombrerero muy excitado—. Es el mejor puente de este lado de la curva asintótica. ¿No es la repanocha?
    Alicia lo miró muy enfadada.
    —Dijiste que era un atajo.
    —Oh, sin duda es un atajo. No hay forma más rápida de abarcar el infinito. ¡Crucemos juntos! Y mientras lo cruzamos te contaré quién lo construyó.
    Alicia caminó junto al sombrerero a pasos pequeños.
    —¿Esta cosa la construyó alguien?
    —¡Sin duda! Si no, no sería un puente. Puedes encontrar caminos que no construidos, aunque probablemente serán escorrentías, cursos. Puedes encontrar paredes no construidos, aunque probablemente serán farallones o acantilados. Sin embargo un puente, oh señorita peripintada, tiene que construirlo alguien. De no ser así, a lo sino será un árbol caído y como casi todos ellos algo inexistente.
    —¿Y quién construyó esto si puede saberse? Es tan… largo.
    El sombrerero rio a carcajadas y su risa estentórea se precipitó al vacío que la devolvió primero multiplicada, luego incrementada y finalmente transformada en un agudo pitido insoportable.
    —Pues Cántor O’Peano, muchacha mía, ¡quién si no! El primer explorador de las Costas Inabarcables. Él fue el primero en darse cuenta que, tras caminar para siempre en la misma dirección, aún quedaban muchísimos otros pasos por dar y creó este puente para pasar desde ese infinito que hemos dejado atrás, hasta aquel otro de allí que no podemos ver porque está mucho más lejos.
    Alicia acarició el bordillo del puente que parecía estar construido en espuma de mar. No parecía demasiado sólido.
    —Parece poco más que una conjetura —se quejó— y no estamos demasiado. ¡No llegaremos nunca al otro lado! ¡Cuándo alcancemos el otro lado el Galimatazo habrá destruido el reino y muchos otros reinos tras él!
    —¡Infinitos de hecho, niña, a no ser que nos demos prisa!
    —Pero si ya hemos ido más allá de la asíntota, ¿cómo podemos estar yendo aún más lejos?
    —¡De la misma forma que lo hizo el explorador del Alef! Buscando en cada paso el trotar de una liebre-tortuga.
    Alicia resopló enfadada.
    —No logro entender nada.
    —Es simple, mi niña peridibujada, mi locuaz infante manzanipintada, hay que pensar con la cabeza.
    —¡No se puede pensar con otra cosa!
    —¡Oh, niña piñacoloreada, casi nadie piensa con ella! Pensemos. ¿Hemos dado ya algún paso?
    —Bastantes, empiezo a cansarme caminar sobre espuma.
    —¿Y con cada uno habéis logrado estar algo más lejos del comienzo del puente que antes?
    —Sin duda.
    —¿Y podemos afirmar que tras cada paso estamos más lejos?
    —No cabe pensar de otra forma.
    —Así pues, siempre nos aceramos y finalmente podemos asumir que ya estamos allí.
    —¿Cómo?
    —Habéis recorrido el puente de la Inducción de Peano. Bienvenida a Aleph Uno, donde nos enfrentaremos al terrible Galimatazo Infinitesimal.

    (https://open.spotify.com/track/11liAe3FvMGspJ9x3a1xw4?si=9lv3qgURQamt5VP3svypzA)

    1. Hola, Juan:

      Muchas gracias por participar.

      Te toca comentar los relatos de Francisco y Silvia, que encontrarás en comentarios. Para dejar tus impresiones solo tienes que congtestar a sus relatos, también en forma de comentario.

      ¡Un saludo!

    2. ¡Bueno, Juan, pues vamos allá!
      Para empezar, tu relato me ha descolocado bastante. Alicia y el sombrerero loco recorren un puente imposible sobre el infinito para ir en busca del Galimatazo e impedir que destruya infinidad de reinos. La atmósfera onírica me recuerda mucho al mundo que Alicia encuentra al otro lado del espejo, y la forma del sombrerero de decir obviedades que van más allá de lo evidente está muy bien capturada. Me gustan mucho también los adjetivos tan coloridos que le dedica a Alicia.
      Sin embargo, he tenido que releerlo varias veces, y aun así me quedo con la incómoda sensación de que me estoy perdiendo referencias importantes. Tal vez sea porque hace muchos años que leí a Borges, y no recuerdo apenas nada de su Aleph. O tal vez no tenga nada que ver y solo estoy divagando, jajaja. Me pregunto también qué papel tendrán las matemáticas en la batalla, y quiero saber cómo va a acabar el enfrentamiento. Aunque el final se me hace un poco abrupto. ¿Qué es el Aleph Uno?
      Pero creo que he captado una idea: poco a poco se llega muy lejos.
      En resumen, que sinceramente no se si me ha gustado o no, porque no estoy segura de haberlo entendido del todo. Lamento no poder ser más concreta.
      Por último, ese puñetero del corrector te ha jugado alguna mala pasada. Te ha sustituido algunas palabras (“a lo sino” en lugar de “a lo sumo”, por ejemplo).
      Nada más que añadir por mi parte, ¡nos leemos!

    3. Lo primero, disculpa por el retraso en comentar.

      Es un relato muy chulo, con todo ese encantó matemático que tenía la segunda parte de Alicia. Me ha gustado mucho la elección de palabras. Y me has dejado con la intriga de algunos de los conceptos del relato, creo que luego tiraré de Wikipedia para saber qué hay detrás del relato, me he quedado con la intriga de que hay más matemática detrás de las palabras de la que se ve a simple vista.

      Respecto al reto, cumple con todo lo que tiene que cumplir, así que genial. Solo he visto un “a lo sino” que debería ser un a lo sumo, creo. El resto, genial.

      Gran trabajo.

  2. Este mes la operación de poda ha sido realmente complicada… Espero que el relato sea de vuestro agrado.

    Título: Ala de mariposa
    —…estaba con esa chica. ¡Qué fuerte!
    —Pues sí…
    Ana pasea con Luzenne, su prima. Le aburre su cháchara pero es o ella o nadie. Y odia la soledad. Además, adora ese bosque.
    Caminan sin prisa por un hermoso sendero. Sin dejar de parlotear, Luzenne señala un puente sólido y corto, sobre un arroyo crecido.
    —…la agarré del cuello y…
    Una mariposa azul sale de debajo del puente cuando dan el primer paso sobre la madera. Ana sonríe extendiendo la mano. Roza sus alas…
    …y todo se difumina…
    …al poco el mundo vuelve a definirse. Ana abre la boca. Mira a su alrededor. Ya no hay bosque, ni arroyo. Solo un puente enorme de piedra.
    ¿Dónde…?
    Mira sus manos sin entender, palpa la armadura de cuero que oprime su cuerpo, la maza que pende de su cinto.
    ¿Qué está pasando?
    Ana no está sola. La rodean varias mujeres recias, de piel oscura y pelo corto. Todas miran el otro extremo del puente con expectación y rabia.
    ¿Quienes sois? ¿Qué…?
    Escucha un rugido. A lo lejos se ve una confusa masa de siluetas de piel grisácea y proporciones imposibles.
    Una mujer alta se abre paso a empujones. Se pone frente a las guerreras y grita algo que Ana no entiende. Alza su espada y señala a las criaturas. Las guerreras responden, gritando también.
    ¡No entiendo nada!
    El rugido de las criaturas se convierte en un aullido. Empiezan a correr por el puente, con las armas en alto. Ana grita, muerta de miedo. Las otras mujeres empuñan sus armas y corren a su encuentro. Ana se queda paralizada. Todas las mujeres pasan a su lado, apartándola. Alguna la mira con odio, escupiendo.
    En un instante está sola. Tiembla, aterrorizada.
    Quiero volver…
    Entonces la ve. Una mariposa azul, revoloteando sobre la contienda, ajena a la horrible carnicería.
    Tengo que escapar de aquí… He de hacer algo…
    Aquel insecto es la primera cosa familiar que ha visto desde que abriera los ojos sobre ese puente. ¡Tiene que moverse! Aprieta los puños y corre. Empuña su maza sin saber por qué, y grita. Las mujeres de la retaguardia sonríen, asintiendo.
    ¡Quiero volver a casa!
    Ana se suma a la coreografía, acercándose a la mariposa: su maza parece moverse sola, impactando sobre las criaturas; sus pies bailan al son de las armas, esquivando cortes y golpes. Se deja llevar. Es una sensación casi placentera…
    ¡Ven!
    Extiende el brazo hacia el insecto. Ignora un tremendo dolor en el costado. Un poco más… No quiere mirar. Apretando los dientes, extiende los dedos. Solo un poco más…
    …todo vuelve a difuminarse…
    …la mariposa flota a su lado un instante , luego se esconde bajo del puente.
    Ana parpadea, sin respirar. Mira sus manos, palpa su cuerpo, acaricia la tela de su ropa. El puente es pequeño de nuevo. El río, un arroyo. Exhala, aliviada.
    —¿Ana? ¿Vienes?
    Luzenne la mira, extrañada. Ana, confusa, termina de cruzar el puente, sujetándose con una mano el costado dolorido.
    ¿Qué… acaba… de… pasar…?

    1. Hola, Andrés:

      Muchas gracias por participar.

      Te toca comentar los relatos de Juan y Francisco, que encontrarás en comentarios. Para dejar tus impresiones solo tienes que congtestar a sus relatos, también en forma de comentario.

      ¡Un saludo!

    2. Hola, Andrés. A mí también me cuesta un montón recortar hasta las 500, así que te entiendo.
      Del relato, veo que, en vez de una historia que un personaje le cuenta al otro mientras cruzan un puente, has escrito lo que experimenta un personaje sin que el otro sea consciente de nada. Al tocar una extraña mariposa azul, Ana se traslada a otro lugar, donde ella misma está cambiada. Se ve arrastrada a una batalla contra seres extraños, la hieren, y regresa a su realidad cuando toca de nuevo la mariposa.
      Entiendo que este formato es muy corto, ¡pero yo quiero saber más! Por qué Ana está sola con su prima si no la aguanta, quiénes son las mujeres del puente, qué son esos bichos, quién es Ana allí, y qué es esa mariposa.
      Excepto por la prima, que me da igual. La importante es Ana, a Luzenne no le pasan cosas. No es interesante.
      Es como si fuera la introducción a un relato más largo, o a una novela, y que todas esas claves se van a ir desvelando más adelante. Pero ya no hay más. Jopé. Me quedo a medias, jajaja… Relatus interruptus (;-D)

      1. Gracias por el comentario! Inicialmente no tenía nada más pensado que esa escena y la interacción entre esos dos mundos. Pero luego, mientras iba escribiendo, una historia más larga fue llamando a la puerta. Quién sabe, quizás algún día escriba un poco más sobre ella. ¡Un saludo!

    3. Hola, Andrés
      Un placer leer tu relato y comentarlo.
      En primer lugar, me ha gustado mucho cómo utilizas el título con su conexión con la historia. Por un momento me ha recordado al “Efecto mariposa” pero en un sentido más amplio, con viajes en el tiempo, si no he entendido mal.
      Me gusta lo fluido que empieza, con ese diálogo fluido entre las dos amigas, tan cercano. Cuando llega el cambio, y Ana aparece en el “otro mundo”, convertida en guerrera, me ha resultado sorprendente. No lo esperaba. Y me imagino que esa era tu intención.
      Me ha gustado también cómo mezclas los dos mundos y el tránsito de uno a otro, así como la vuelta a la realidad, tan natural como si la estuviésemos contemplando.
      El número de palabras es el indicado por Alicia, y creo que el relato cumple bien con la estructura de inicio-desarrollo-desenlace. También, me gusta como juegas con “el tiempo”, el tiempo real y el tiempo, quizás, soñado. Es un relato muy interesante. Solo me quedo con ganas de leer qué pasó en la batalla y saber más de ese misterioso lugar y esa curiosa mariposa. Unas preguntas, ¿era el relato mucho más largo inicialmente? y ¿quién domina el tiempo, la mariposa o el lugar en sí? ¡Enhorabuena!

      1. ¡Muchas gracias por el comentario! El primer borrador sobrepasaba las 900 palabras, tras la corrección más aún. Por eso fue traumático dejarlo en 500. Pero bueno, me alegra ver que transmite más o menos lo mismo (aunque casi en formato telegrama). La mariposa es el portal, el tiempo es cosa de cada uno de los dos universos. Quizás algún vida escriba un poco más sobre esto, pues tengo una historia susurrándome por dentro desde que escribí esto…

  3. TRÁNSITO

    Estaba paralizada. Sus dedos agarrotados se aferraban a la portilla abierta al vacío. Más allá las estrellas rodaban sin parar contra el fondo negro. Solo que no se movían. Era la nave la que giraba como una peonza.
    Algo ácido subió por su garganta. Se obligó a tragarlo de nuevo; no quería vomitar dentro del casco. El olor, mezcla de metal caliente y axila de mofeta, ya era bastante malo.
    —No puedo ir a por tí —dijo la voz—. Lo que queda de tu nave se mueve demasiado para el piloto automático. Podríamos marcarnos un Merv Zinsky.
    —Zinsky… ¿Como las becas Zinsky? —preguntó, intrigada.
    —Sep. Ésa es una buena historia.
    Tres cables unían ambas naves. Se obligó a poner el pie sobre el más grueso, y se agarró con fuerza de los otros. Tiró de sí misma para abandonar el refugio de la portilla… Estaba fuera.
    La voz seguía hablando junto a su oído.
    — Hace treintaytantos años, Merv Zinsky era contable en una explotación minera de Ceres. Para aumentar la productividad, a su jefe se le ocurrió colgar por ahí carteles motivadores. El de “No esperes, hazlo ya” caló hondo en Merv. Decidió abandonarlo todo, comprar una Wolksnaven CMD, y dedicarse al transporte de mercancías.
    Nunca cincuenta metros le parecieron tan largos. Los guantes le apretaban tanto que le hormigueaban las puntas de los dedos. Siguió adelante, paso a paso. Solo escuchaba a medias la historia, pero agradecía que la voz no guardara silencio. La soledad sería insoportable.
    —En su primer viaje tenía que recoger un cargamento para Ganímedes en la Estación Lunar. Pero al ir a acoplar la nave al atraque asignado al tío le entró miedo de cagarla. Vale, es una maniobra delicada. Ah, pero Merv era un chico con recursos. Enseguida vio la solución: puso el piloto automático y se fue a la cocina a prepararse un café. —La voz rio. Ella sonrió un poco sin dejar de avanzar.
    —El choque debió ser espectacular. Los daños en la Estación ciertamente lo fueron. Diez años después aún había sectores cerrados por reparar… —Ya casi estaba. «Unos pocos pasos más. No mires atrás».
    —Y entonces el hermano menor y único pariente vivo de Merv, Johan, tuvo la genial idea de demandar a Wolksnaven. Alegó que el manual de uso de la CMD no especificaba que tal maniobra no se pudiera realizar. Sorprendentemente, ganó. El tribunal obligó a la naviera a pagar las reparaciones de la Estación, y a crear la beca anual Zinsky para jóvenes pilotos. — Su guante derecho no encontró cable al que aferrarse, sino una pared sólida. Había llegado al final del puente. Atravesó la portilla de la esclusa, abierta para ella. Golpeó el botón de presurización y se derrumbó. La puerta se cerró despacio, mientras la voz terminaba la historia.
    —A Johan le entregaron una indemnización gigantesca por la pérdida de su hermano. Y desde entonces, Wolksnaven incluye en sus manuales una advertencia, por si otro idiota compra una de sus naves…

    1. Hola, Rebeca:

      Muchas gracias por participar.

      Te toca comentar los relatos de Andrés y Juan que encontrarás en comentarios. Para dejar tus impresiones solo tienes que congtestar a sus relatos, también en forma de comentario.

      ¡Un saludo!

    2. ¡Hola, Rebeca! Enhorabuena por el relato. Identifico los elementos del relato: el principio, el conflicto, los obstáculos. Esa parte la has cumplido bien. Destacaría los personajes, porque conocemos su forma de ser a través de los diálogos y su forma de afrontar el conflicto y los obstáculos que planteas.
      El título creo que no juega a favor del relato. Y el desenlace es correcto (el conflicto se resuelve bien). He tenido la sensación de querer leer más (eso es bueno, claro), aunque creo que se debe a que necesita cerrarse mejor. Esto último tómalo con pinzas porque, en general, me ha gustado bastante tu trabajo de este mes
      La premisa me resultó difícil y tú las has cumplido correctamente. He podido seguir las dos historias y, además, ambas parecen apoyarse en cierta manera y avanzan al mismo tiempo. Lo que más me ha gustado es el humor de la historia contada por uno de los personajes. Este toque ayuda a que la historia principal avance sin perder intensidad. Y me parece algo muy difícil que has resuelto muy bien.
      Espero que te sientas satisfecha. Un saludo.

      1. Muchas gracias por tu comentario.
        Respecto al título, es cierto que es mejorable. De hecho, tuve problemas con él. Soy un desastre poniendo títulos. Había pensado en algo como “Cruce”, pero me dio por pensar que iba a resultar más confuso aún, así que lo dejé como está.
        Y el cierre tan brusco se debe sobre todo a que necesito mejorar lo de recortar la historia para que quepa en las 500 palabras sin perder detalles por el camino. Si conservaba unas cosas, tenía que apurar en otras. Y a veces la decisión no era fácil, jajaja.
        ¡Espero mejorar!
        De nuevo, muchas gracias por el comentario. ¡Nos leemos!

    3. Hola, Rebeca
      Un placer leerte y comentar tu relato. Me ha gustado mucho.
      En primer lugar, creo que “Tránsito” cumple la premisa del número de las palabras y también desarrolla perfectamente el esquema de principio-desarrollo-resolución. Además, cuenta con su conflicto y clímax.
      La idea de “puente” que desarrollas me ha parecido muy interesante, original y muy bien trabajada. Personalmente, creo que nunca se me hubiera ocurrido trasladar la idea al espacio. Me encanta.
      También me encanta la idea de “una historia dentro de otra historia”. Me fascina tanto la historia principal como la que es relatada por uno de los personajes sobre Merv Zinsky. Le da un juego fantástico al tiempo interno y al tiempo externo del relato.
      El inicio es casi como el “retrato de una acción”, aunque parezca contradictorio, pero ese inicio de “estar paralizada” tan bien descrito, me resulta muy atractivo para comenzar a contar una historia. Induce a querer leer más y a preguntarnos qué sucede.
      También me ha gustado mucho la forma de describir ciertas cosas. Por ejemplo: “El olor, mezcla de metal caliente y axila de mofeta” y “Algo ácido subió por su garganta” describen muy bien el nerviosismo y el malestar que siente el personaje que lo está sufriendo. Además, el “Wolksnaven” me ha parecido un guiño divertidísimo.
      Por último, me ha gustado mucho el diálogo entre los dos personajes. Tiene un tono muy divertido, sobre todo al final, cuando uno de ellos le dice al otro: “A Johan le entregaron una indemnización gigantesca por la pérdida de su hermano. Y desde entonces, Wolksnaven incluye en sus manuales una advertencia, por si otro idiota compra una de sus naves…”.

      1. Hola, Silvia, y gracias por tu comentario.
        Igual te parece curioso, pero la historia está basada en un hecho real, en un tipo que compró una autocaravana y se fue a hacer café circulando a alta velocidad por la carretera. La realidad es infinitamente superior a la ficción, jajaja.
        ¡Nos leemos!

  4. ¡Hola!
    Dejo mi relatito después de un montón de meses sin escribir. No es gran cosas pero espero que os guste.
    ¡Un saludo!
    Silvia

    “Cuando las luces se apagan”

    –Son las doce y cinco –te digo– se nos hace tarde. Para llegar a tiempo no queda más remedio que cruzar por el puente.
    Esta construcción férrea e imponente se mantiene fuerte a las inclemencias y al paso del tiempo. Es como un titán que vigila desde todos los ángulos y es el único atajo para cruzar al otro lado. Hay que tomar este camino.
    Cuando ponemos el pie en la estructura se produce un ligero movimiento. El puente se balancea y nuestras pisadas provocan una desagradable vibración en esta noche de febrero.
    –Febrero es el mes que más odio de todo el año. No hay duda de que es el mes más triste –te digo. Pero no contestas, caminamos con el frío en el cuerpo, autómatas, movidas por la inercia para llegar a casa, cual Ulises en su viaje, que tiene un fin y un principio a merced de los dioses.
    Tú te mantienes impertérrita. Mis reflexiones deben de parecer superfluas y paro con la plática porque sé que no me escuchas. Me cansé de ser amable. Toda la vida me han dicho que tenía que ser amable.
    –Sé educada, Cecilia –me decía mi madre. Sé educada, limpia, ordenada… ¡Qué carajo! me ha dado igual todo. He sido una descarriada, una oveja negra.
    –Las ovejas tienen una cara perversa, ¿no crees? –susurro. Se me escaparon los pensamientos otra vez. No sé estar callada. También me lo decía mi mamá:
    –¡Cállate, Cecilia! Qué cosas más raras tienes –se reía. Con el tiempo, aprendí a callarme y concentrarme en el silencio. Pero no me gustan las alturas ni los puentes ni estar caminando en silencio a tu lado. He comprendido que no te importa mi historia ni mis pensamientos. Así que, solo quiero llegar al otro lado y separarme de ti de una vez por todas.
    Ya está completamente oscuro. Mi mamá siempre me decía que no me demorara cuando las luces se apagan, no sea que pase una desgracia.
    –No vuelvas tarde hijita, cuando las luces se apagan todo es peligroso —me decía.
    Tú ya sabes de lo que hablo. Lo sabemos todas en esta orilla, al cruzar el puente.
    El reloj me resuena en la mano pero no me atrevo a mirarlo. Siento un vértigo en el estómago y me noto un regusto a hierro en la boca. Me siento barro.
    Pero qué bien que ya llegamos al otro lado. Me desmorono y soy incapaz de pronunciar palabra. Me tomaría un tequilita, tengo una sed monstruosa. Un tequila para aplacar el momento.
    Al final del puente veo a mi mamá como la Santa Muerte. Me saluda en silencio y tú me apremias, como es tu cometido desde siempre.
    Mientras piso la otra orilla suelto el reloj y cae al suelo. Marca las doce en punto y yo diría que ya se ha acabado todo. La vida se me escapa. Diría que, ante todo, ya no hay vuelta atrás cuando las luces se apagan.

    1. Hola, Silvia:

      Muchas gracias por participar.

      Te toca comentar los relatos de Rebeca y Andrés que encontrarás en comentarios. Para dejar tus impresiones solo tienes que congtestar a sus relatos, también en forma de comentario.

      ¡Un saludo!

    2. ¡Hola, Cecilia! Identifico los elementos del relato en la historia principal: el principio, el conflicto, los obstáculos. Pero tengo algún problema con los personajes. Creo que es por cómo has estructurado los diálogos. He de confesarte que en la parte central me he perdido un poco, porque me liaba entre la madre de la protagonista y quien la acompaña. A favor he de decir que la protagonista está mejor construida a partir del conflicto pasado con su madre. Punto positivo 🙂
      Otro problema que he tenido es que hay varias cosas que no me cuadran. Al principio escribes: “Son las doce y cinco”, sin embargo el relato lo terminas indicando: “Marca las doce en punto”. Supongo que solo es que al inicio querías poner “Son las doce menos cinco”. O que no he entendido alguna parte. Y luego describes el puente como una “construcción férrea e imponente”, que aguanta a “las inclemencias y al paso del tiempo”, pero después “se balancea y nuestras pisadas provocan una desagradable vibración”.
      Discúlpame, porque parece que solo te digo cosas negativas. No es mi intención, ni mucho menos. Solo que, en mi opinión, con pequeños cambios te quedaría más redondo. Porque tiene muchos elementos a favor. El lenguaje que usas y cómo se expresa la protagonista aporta dinamismo. La historia contada por la protagonista me parece que cumple con la premisa, aunque la ordenaría de otro modo.
      En cuanto al desenlace me gusta que tenga una pequeña sorpresa y, sobre todo, que enganche con el título del relato.
      No estoy de acuerdo cuando dices de tu propio relato que “no es gran cosa”. Con alguna revisión más, se te queda un relato bastante aceptable.
      Un saludo.

      1. ¡Hola, Francisco!
        Muchas gracias por leerme y comentarme. Agradezco mucho todos tus comentarios.
        La verdad es que he intentado hacer un ejercicio tan complejo, que lo he hecho todo un lío. Déjame que te explique.
        La narradora y su acompañante cruzan un puente. La voz narradora, de origen mexicano -de ahí ciertas expresiones y alusiones a la cultura mexicana- cruza el puente junto con una figura misteriosa que permanece en silencio todo el rato. De hecho, Cecilia se lo recrimina varias veces. Esta figura misteriosa es la Muerte que la acompaña al otro lado. Por eso el reloj va hacia atrás, y aunque los personajes avanzan por el puente, el tiempo de su vida se agota y en realidad se dirigen hacia “el otro lado” .
        El puente lo he utilizado como metáfora de ese tránsito hacia la muerte. Por eso, a veces es sólido, como la vida, y de igual manera, cuando llega a su fin, se tambalea y desmorona con cada paso.
        ¡Ah! La historia que cuenta la chica no es otra que la violencia de género y las convenciones sociales en un determinado contexto. Además de la historia de la relación con su madre, ya muerta, y que la espera al otro lado.
        En fin, dicho así, y a grandes rasgos, supongo que es más sencillo todo jejeje. Como bien dices, con más revisión quedaría mejor.
        De nuevo, muchas gracias y nos leemos el mes que viene 😊

    3. Me gustan la elección de los dicendi y que haya esa mezcla extraña de los tiempos verbales. No tengo claro qué es lo que se cuenta. ¿Alguien que muere?

      1. ¡Hola, Juan!
        La intención era contar, con rasgos fantásticos, el tránsito de la vida y la muerte con la imagen del “puente” como metáfora de este proceso.
        Gracias por tu comentario.

        un saludo!

  5. ¡Feliz cumpleaños, Alicia! Aunque no nos conozcamos, formas parte de mi vida. Y para bien. Por eso te deseo una vida larga y próspera.
    Al resto: ¡Hola, compañeras! No pude participar en los dos últimos retos literarios y me dio rabia porque las premisas me gustaban mucho. Pero no he dejado de escribir en este tiempo. Estoy contento con el relato que he escrito para febrero, pero he de reconocer que tenga dudas sobre si he cumplido con lo que se pedía. Bueno, las críticas son cosa vuestra, así que voy a dejar de tirarme piedras. Aquí dejo mi relato.

    UN DIA MÁS
    Hemos pasado todo el día juntas, como solíamos hacer. Un sol ambarino empieza a rozar la línea del horizonte. Quedan pocos minutos de luz cuando llegamos al puente. No le digo nada, pero Tara sabe que no quiero cruzarlo.
    —Vamos, no te pares —me espeta con un impostado tono de enfado—. La luna está menguante. ¿Acaso no conoces la leyenda de este puente?
    —Cuéntamela —le digo y consigo que me dedique otra de las sonrisas que casi había olvidado.
    Toma mi mano, ambas nos posamos sobre la primera tabla y tira levemente de mí para que la siga.
    —Es la única vía de entrada y salida del pueblo que ves allí abajo. Sin embargo, nadie sabe cuándo ni quién lo construyó. Simplemente, ha estado siempre aquí.
    —Su construcción puede ser anterior a los registros.
    —Puede. Aunque lo más extraño es que nadie, ni las personas más ancianas del lugar, recuerdan que haya necesitado alguna reparación. Y sigue siendo muy estable para ser tan antiguo, ¿no?
    Asiento. Apenas hemos cruzado un tercio, pero ni las maderas han crujido ni nos hemos balanceado por falta de tensión.
    —Las tierras que baña este río —dice señalando el caudal que corre bajo nosotras— eran fértiles y sus gentes vivían en paz. Hasta que una noche como esta, en que la luna sale un par de horas después del ocaso y la oscuridad lo invade todo, los vecinos oyeron cómo algo —remarca la palabra con un gesto que me aflige— cruzó el puente, llegó hasta el pueblo y volvió a cruzarlo llevándose consigo el alma de uno de ellos.
    —No me gusta esa historia —le digo, me detengo a la mitad y me apoyo sobre una gruesa cuerda que sirve de pasamanos, mirando hacia las casas bajas rodeadas de campos de cultivo.
    Tara reanuda la marcha y me deja allí.
    —Da igual lo que te guste —me dice alzando la voz mientras se aleja—. Hay cosas que son inamovibles, como este viejo puente.
    Cuando la miro, le quedan cinco tablas para llegar a tierra. Corro hacia ella y la alcanzo por la cintura en el momento en que pisa la otra orilla.
    —Y ese algo, de proceder inexorable y terrible, sigue cruzando por aquí para llevarse una alma cada noche de cuarto menguante.
    —Este puente no existe—voceo angustiada—, ni este río, ni
    —¿Ni yo? —me dice tornándose hacia mí.
    La abrazo y vuelvo a sentir su calor.
    —Adiós —le digo.
    Tara, al principio de un camino bordeado de altos cipreses, me observa mientras deshago el recorrido. El sol lanza un último grito luminiscente antes de desaparecer. Después, la negrura.

    Abro los ojos. Aún floto en la solución salina que ha facilitado mi conexión al programa.
    La directora de UN DÍA MÁS S.A. me ayuda a salir al tiempo que me pregunta por la experiencia. Yo, con cierta paz, le doy las gracias por darme la oportunidad para despedirme de Tara. La oportunidad que me arrebató el vehículo que la atropelló hace tres meses.

    1. Hola, Francisco:

      Muchas gracias por participar.

      Te toca comentar los relatos de Silvia y Rebeca que encontrarás en comentarios. Para dejar tus impresiones solo tienes que congtestar a sus relatos, también en forma de comentario.

      ¡Un saludo!

    2. Hola! Lo primero, disculpa por la tardanza en responder.

      La trama está bien, al principio no entendía mucho de qué iba la cosa, el final le da sentido. Lo que me cuesta identificar es el conflicto, pero es muy difícil hilar una escena completa con todos los conceptos en tan poquitas palabras.

      El final tramite la paz en la que se queda el protagonista, lo que es bueno. Siempre se agradece que el cuerpo se re quede calentito tras un rato de lectura.

      Buen trabajo.

      1. ¡Hola, Andrés! Muchas gracias por tu opinión. Como este mes solo me has escrito tú, tu comentario vale por dos 😀
        Siempre hay algún elemento que se me atraganta. Le di muchas vueltas al conflicto, pero finalmente parece que no conseguí desarrollarlo del todo. Lo mejoraré.
        Me alegra que el final te haya gustado. No leemos el próximo mes. Un saludo.

    3. Me ha parecido muy interesante el giro final, tal vez un poco precipitado. Me interesan mucho los cuentos que juegan con la recreación futura de los muertos, y el relato en este caso además cumple con todas las restricciones del reto. Felicidades!

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