Alicia Pérez Gil

11 pensamientos en “Reto literario marzo 2021: la Estatua de la Libertad lleva una espada

  1. Ha sido otro trabajo complicado de poda, pero he logrado llegar a las 500 palabras redondas. Me lo he pasado muy bien escribiéndolo, las ucronías son algo genial. ¡Espero que sea de vuestro agrado! ¡Un saludo!

    Control
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    El barco entró en el puerto.
    El enorme cuerpo de la Estatua de la Libertad tapó el sol crepuscular. Cédric, apoyado en la barandilla, alzó la cabeza. La espada levantada brillaba, Libertad parecía estar a punto de saltar, dispuesta a combatir. Como los días en los que Francia y los Estados Unidos combatieron unidas.
    ¿Quién esperaría que, tras recibir aquel regalo, los soldados norteamericanos atacarían Francia? Fue el principio del fin: la conquista total de Europa. Mucho tiempo había pasado ya de aquello. Demasiado.
    Un bocinazo sacó a Cédric de su ensoñación. El sol volvió a aparecer, cegándolo durante un instante.
    Suspirando, regresó a su camarote. Debía prepararse, pronto llegaría el momento más delicado.
    El control de pasaportes.
    Descendió del barco junto a los otros inmigrantes. Siguieron los toques de silbato de los militares, hasta colocarse en filas ante los controles. Uno a uno fueron pasando bajo la mirada de los agentes de inmigración. Cualquier irregularidad, inconveniente, o simple sospecha podría hacer que arrastrasen a cualquiera a los furgones negros. Mujer, niño u hombre. Y en los furgones negros…
    Aguardó en silencio en la cola, inquieto. Tenía que pasar aquel control como fuera. Le habían asegurado que los documentos eran un trabajo de primera, que no tendría problemas en la inspección. Apretó los dientes. Tenía que funcionar.
    Sintió un tacto frío bajo la barbilla. Intentó controlarse, no hacer el más mínimo movimiento. La porra de uno de los militares le obligó a levantar la cara.
    —¿Todo bien?
    Cédric asintió levemente, sin mirar directamente al militar. Se concentró en las condecoraciones, en el apellido grabado en la solapa. Comandante Morris.
    —Sí, señor.
    —Pareces nervioso.
    La cola avanzó, pero Cédric se quedó quieto, con la porra pegada a la barbilla.
    —No, señor. Espero mi turno.
    El militar se quedó en silencio, mirándolo. Finalmente apartó la porra y le ordenó avanzar.
    Cédric expulsó el aire. Siguió mirando al suelo hasta que llegó ante el mostrador.
    —Documentación.
    —Tome, señor.
    El agente de aduanas lo miró en silencio, mientras pasaba lentamente las páginas del pasaporte con el símbolo de los estados de la dominación de ultramar. La Europa conquistada.
    —¿Qué le trae a Nueva York?
    —Trabajo. —Sacó lentamente un papel doblado. Más militares vigilaban los mostradores con las armas prestas, no quería darles motivos para disparar—. Tengo un contrato.
    El agente leyó despacio. Cédric tragó saliva. Tenía que conseguirlo, muchas cosas dependían de él. No podía fallar, no… ¿Por qué tardaba tanto?
    Escuchó pasos a su izquierda.
    —¿Todo correcto, Miller?
    Cédric se descompuso al ver al comandante Morris acercándose al mostrador. Apretó los dientes. Las imágenes de las atrocidades que sucedían en el interior de esos furgones negros le inundaron la cabeza sin remedio.
    El agente de inmigración negó, tras un momento interminable.
    —Otro para las fábricas. —Estampó un sello sobre su pasaporte—. ¡Siguiente!
    Cédric abandonó el puerto sintiéndose como si hubiera vuelto a nacer. Sonrió, eufórico. Ahora podría actuar. Por fin comenzaría la revolución.
    La nueva revolución francesa.
    —Libertad, igualdad, fraternidad…

    1. Hola, Andrés:

      Este mes te toca comentar el relato de Rebeca. Para que haya dos comentarios en cada uno, yo te diré algo sobre el tuyo también 🙂
      La fecha límite es el día 28.

    2. Lo primero que tengo que decir es que me encanta.
      Respecto a estructura, veo bien definidos principio, nudo, clímax y desenlace, así como los obstáculos y el conflicto.
      La angustia del protagonista, la actitud de los guardias, todo remite a lo que hemos visto mil veces referido a nazis y judíos. Y sin embargo todo cambia, y el país que más afirma defender la libertad resulta ser el opresor. Creo que has conseguido retratar muy bien el miedo, a través de esos furgones negros en cuyo interior pasan cosas terribles que disparan la imaginación. Y esa euforia final, el rayo de esperanza, no porque haya terminado todo, sino porque la lucha puede volver a comenzar.
      Es curioso (o igual no tanto) que a los dos el simple cambio de ornamento de una estatua nos lleve a escenarios de dolor, miedo y angustia, que se resuelven mediante el combate.
      Muy buen trabajo.

      1. Hola. ¡Muchas gracias por el comentario! Me alegra ver que he logrado transmitirte esa imagen, era lo que tenía en la cabeza 🙂 Coincido contigo en que es curioso que hayamos coincidido en ese concepto de base, normalmente estas historias hechas por varias autoras a partir de un mismo concepto suelen ir cada una por un lado. Creo que el propio uso bélico de la espada nos ha condicionado un poco, y por eso hemos ido los dos por la parte de la lucha. Quien sabe 🙂 ¡Nos leemos! ¡Un saludo!

    3. Hola, Andrés.
      La verdad es que el comienzo del relato me ha decepcionado un poco. Como cuentas los motivos por los que la estatua lleva espada, he pensado que no ibas a cumplir el reto, pero he tenido que tragarme mis palabras 😀

      La historia tiene todos los elementos que pedía y me encanta el concepto de Nueva Revolución Francesa.

      Solo una cosita: revísate los verbos, que en esta ocasión abusas de “tener”. También he visto alguna reiteración al principio, pero por lo demás, el relato cuenta mucho en muy pocas palabras, así que perfecto.

      ¡Gracias por participar!

      1. Me apunto los dos problemillas, a ver si no tropiezo con la misma piedra en los siguientes retos. ¡Muchas gracias por el comentario! ¡Un saludo!

  2. Allá va mi relato de este mes, casi sobre la bocina, pero es que no se me ocurría nada que cumpliera con la premisa, y aún no estoy muy segura de haberlo conseguido…
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    LIBERTAD O MUERTE

    Ya casi era la hora. Por fin. El momento había llegado, y de una forma retorcida, lo agradecía. Ya no más noches sin dormir, ya no más dudas, ya no más miedo.
    Respiró hondo y se incorporó. Cogió el uniforme del arcón y se vistió muy despacio. Tenía tiempo de sobra.
    Había dejado sus cosas sobre la pequeña mesa, separadas en tres montones cuidadosamente empaquetados. Cada lote contenía un papel doblado con los datos del destinatario, y una nota de despedida. No es que tuviera mucho que legar. Unas novelas para su hermano, el reloj de su graduación para su madre, y algunas botellas de licor para sus compañeros. Para los que pudieran regresar.
    Nada más le pertenecía. Sábanas, ropa, objetos de aseo, eran propiedad de la Armada Espacial. Según el reglamento, lo colocó todo en el arcón bajo su catre. Se preguntó si, en el caso de que no volviera, habría otro recluta que usara sus uniformes y durmiera en su colchón. Si quedaría alguien siquiera para recogerlo.
    Su compañero de camareta no había sido tan escrupuloso con las normas. Sus cosas todavía estaban por todas partes: un cepillo de dientes encima del lavabo, un libro sobre el lecho, la pared llena de fotos y postales. Evidentemente, cuando salió de allí no tenía intención de morir. Estúpido engreído.
    Había pensado en guardarlo todo, en arrancar una a una todas aquellas imágenes de la pared. En su lugar, se tumbó sobre el colchón, esperando la llamada a la batalla.
    Ahora, con todo preparado, sentía cierta reticencia. Recorrió con la mirada el cuarto que había sido su refugio las últimas semanas, despidiéndose de los muebles encastrados y de las lámparas empotradas. La sensación de que los veía por última vez le apretujaba la garganta.
    Su mirada pasó sobre una de las postales de la pared. Se trataba de una representación de la Estatua de la Libertad, la imagen verdosa de una mujer con túnica, de pie entre cadenas y grilletes, que sostenía una placa con una mano y levantaba una inmensa espada dorada que relucía al sol. En el pedestal, el famoso lema, en varios idiomas, lucía en una placa: “Valor para luchar por una causa justa: la libertad”.
    Asintió, pensativo. Era el resumen perfecto de su situación. En un impulso, arrancó la postal y la guardó en el bolsillo de su guerrera. Tal vez fuera una estupidez, pero le confortaba llevar consigo aquel trozo de cartón. Le recordaba por qué estaba allí. La batalla que se avecinaba sería la última de un largo conflicto contra un enemigo alienígena, y de su resultado dependería el futuro de la especie humana. Libertad o muerte, tan sencillo, tan terrible.
    El estridente pitido de la alarma general rompió el silencio, llamando a las armas a la tripulación de la nave. El soldado se cuadró con un sonoro golpe de tacón, saludó a la estancia vacía, y salió por la puerta, hacia su puesto de combate.

    1. Hola, Rebeca:

      Este mes te toca comentar el relato de Andrés. Para que haya dos comentarios en cada uno, yo te diré algo sobre el tuyo también 🙂
      La fecha límite es el día 28.

    2. Hola, Rebeca. Tu relato me ha transmitido un poco de desasosiego, con todas esas frases cortas, cortantes. Viendo el tono algo derrotista del protagonista, parece que es una sensación buscada, para poner a las lectoras en un tono similar. Si es así, objetivo cumplido. Aunque estos textos cortos me suelen dejar con ganas de más, esta es una historia perfectamente solvente con lo que tiene: parece que todo lleva a pensar a que el resultado de esa batalla será fatal para el protagonista (y, por ende, para la especie humana en general), hasta que llega ese momento con la postal que abre el otro camino, la posibilidad de que haya una esperanza. La historia no necesita más, solo mostrar lo que inevitablemente sucederá y mostrar dos caminos para que las lectoras escojan en su cabeza. Me resulta complicadísimo conseguir estas cosas en tan pocas palabras. Me ha gustado, ¡buen trabajo!

    3. Hola, Rebeca:
      ¡Un relato muy pulido! En cuestiones de estilo es casi, casi perfecto. Me ha guiñado un ojo el único gerundio que no me cuadra mucho (recorrió con la mirada despidiéndose suena feuchis) y hay alguna repetición hacia el final. Pero, por lo demás, guay.

      Lo único que no termina de convencerme es el mini infodump del final. Contarnos así en dos líneas que hay algo tan inconcreto como “un conflicto alienígena” le quita mucha fuerza al resto de la narración, que se centra muy muy bien en la protagonista. Quizá si circunscribiera el conflicto a algo más personal funcionaría mejor. Claro, que habría que definirlo más en el comienzo, para no dejarlo todo a esas dos líneas finales. Pero bueno, que son 500 palabras. Yo creo que has hecho un gran trabajo.
      En cuanto a tu duda, la historia cumple con el reto sin problemas.

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