Alicia Pérez Gil

22 pensamientos en “Reto literario mayo 2021: despegue y aterrizaje

  1. En una frase

    No soy más que un sevillano normal y corriente, así que dejen de mirarme todos con esos ojos acusatorios, con esas caras de desagrado, con ese gesto de ‘¡Vaya un pringao que vuela en dirección contraria a todos los demás, de Sevilla a Rabat!’, con esa aspecto prepotente, como el de mi padre, que me dijo que fue si no sabía mantener la picha en los calzoncillos, o como el de mi madre, que hace como que no me ve cuando nos cruzamos por el pasillo y se limita a persignarse y a murmurar frases de vete a saber qué libro sagrado sobre los infieles y sus tentaciones, o como el de mi tío, el presbitero, que lo único que me ha llegado a decir es que ni se me ocurra volver sin casarme por la iglesia, por la nuestra, no por la de ellos, porque la de ellos no es ni iglesia ni nada, nada más que una sucia secta de malnacidos hijos de Mahoma, sarracenos fuma-cachimbas, traga-humos de maría, cultivadores de hachís, ismaelitas folla-cabras, y muchas otras cosas más que mascullaba mientras se iba poniendo más y más rojo, rojo como un tomate muy maduro, rojo como el traje que lleva la azafata, o como el traje de baño que llevaba Fátima cuando la conocí, allí, en Matalascañas y que me dejó sin aliento nada más verla, con esas piernas tan morenas y tal largas, con ese traje de baño tan ceñido y tan carmesí, a juego con su lápiz de labios, ese lápiz de labios de sabor tan raro y tan delicioso que no pude sacarme de mi boca en todo el verano, ese que ella quería compartir una y otra vez conmigo, sin pausa ni descanso, sin pudor ni traje de baño, ambos así, sudorosos y desnudos, medio escondidos a la vista de todos entre las dunas, los lirios de mar y las cañas, sofocados y jadeantes, como los cochinos que dice mi tío que son todos ellos, incluyendo a mi suegra y a mi suegro, a mi amada, a la madre de mi hijo, a mi futura esposa, y me lo dice a la cara, así, sin más, como si lo nuestro no fuese más que pecado en lugar de amor, un amor tan real que ha engendrado un hijo, un amor que los derrotará a todos, a mi tío farfullante, a mi madre aterrada, a mi padre quejumbrosos y a todos vosotros que no paráis de mirarme y mirarme, a juzgarme sin parar, cuando lo que he hecho, lo que estoy haciendo, no es más que lo que corresponde a mi edad, a la naturaleza, a lo que me toca hacer, a lo que deseo hacer, a lo que todos hacéis antes o después, y es que me juzgáis con esos ojos rojos de desagrado tan solo por la envidia, por esa envidia que os corroe porque voy a casarme con ella, con Fátima, en cuanto logre bajarme de este avión.

    1. Hola, Johan.

      Lo primero, darte la enhorabuena, porque si el reto de este més era complicado, tú te lo has puesto un poco más dificil aún escogiendo un vuelo de tan solo una hora. Olé tú.

      En cuanto al contenido del relato: está muy bien tramado, con esa escena desgraciadamente costumbrista que representa la xenofobia que está enquistada en mucha gente. Con cuatro pinceladas describes a unos personajes que nos podemos imaginar, tanto a la familia de ese hombre que viaja por amor, como a la familia de esa mujer, Fátima. Con otras cuatro pinceladas describes un tórrido romance veraniego que acaba con un embarazo. Y con otras cuatro manifiestas el rechazo de su entorno y la determinación del protagonista. Todo rápido, conciso y perfectamente entendible. Muy bien hecho, me ha gustado mucho.

      En cuanto a la composición de esa megafrase: el primer tercio se me ha hecho un poco más pesado, los otros dos tercios ya han fluído un poco mejor. Mi cabeza pedía pausas mientras iba leyendo, como es normal, pero aún así la veo perfectamente asumible. Por lo que veo, cumple con el relato a rajatabla.

      Solo he visto una pequeña errata de concordancia, un “esa aspecto prepotente” que no enturbia para nada la lectura.

      Una vez más, gran trabajo.

    2. Lo primero, el texto. Para mí, la sensación que me deja es que el narrador está hasta los mismísimos de que todo el mundo critique lo que para él es lo mejor que le ha pasado en la vida. Una hartura rabiosa que a nadie le extrañaría si colmara su paciencia y mandara a más de uno a tomar por donde amargan los pepinos.
      Respecto al reto, te ciñes a lo prometido: una sola frase, que te precipita cada vez más rápido, hasta dejarte sin aliento (y quien crea que exagero, que lea el texto en voz alta), hacia la conclusión inevitable: el protagonista hará lo que le dé la gana, digan lo que digan los demás. Y bien que hace.
      Johan, me quito el sombrero. Enhorabuena.

    3. Ole tú y ole todo lo loco estás por juntar todas esas palabras en una sola frase!!

      Obviamente el reto está cumplido y opino que también la exigencia de incluir un planteamiento-nudo-desenlace, aunque, por ponerme picajoso el planteamiento (las dos primeras líneas) me parecen un poco desvaídas. Sí plantean la incomodidad y el cabreo del protagonista, pero ese “No soy más que un sevillano normal y corriente” parecía que iba a llevar a la narración hacia un sitio, pero luego no… Pero vamos, no me hagas mucho caso, un ejercicio estupendo.

      Lo que más me ha gustado del texto es lo mal que me ha hecho sentir por no encontrar ninguna pausa. Ha sido un sensación curiosa. Y se me ocurre que si el relato hubiera sido más tenso (¿un accidente aereo?) el efecto final hubiera sido espectacular.

      Perdona que divague un poco, pero es que el relato es tan redondo que no puedo hacer más que eso 😉

      Gran trabajo!

  2. Aquí dejo mi aportación para el complicadísimo reto de este mes.
    He escogido un vuelo Perth (Australia) – Londres (Reino Unido), con la aerolínea Qantas, 14.500 kilómetros en un Boeing 787-9, que cubre el trayecto en 17 horas y 50 minutos. Así, he escrito 18 frases, que allá van.

    Turbulencias

    En los doce años que trabajé como auxiliar de cabina tuve ocasión de vivir unos cuantos episodios de turbulencias, que en su mayoría quedan en simples anécdotas de cafés derramados o aparatosas caídas, pero que en un vuelo de Perth a Londres fueron tan intensas que todos los que viajábamos en el avión llegamos a pensar que no íbamos a contarlo.
    Durante todo el vuelo, la revuelta atmósfera había causado la impresión de que en lugar de en un avión a once kilómetros de altura estábamos viajando por un camino de cabras, hasta el punto que muchos pasajeros se sintieron mal y mis compañeros y yo no dábamos abasto para repartir bolsas de mareo.
    A una hora de Heathrow, y después de una sacudida especialmente brusca, el piloto nos comunicó por megafonía que uno de los motores había tenido un fallo catastrófico y que era esencial desviarse para llegar a un aeródromo cercano en la costa francesa, además de indicar que todo el mundo debía abrocharse los cinturones y colocarse en posición de seguridad, con la cabeza entre las rodillas y los antebrazos por encima, porque el resto del vuelo iba a ser muy agitado.
    En ese momento las luces se apagaron y el avión empezó a descender en un ángulo bastante acusado y a mucha velocidad, de forma tan inesperada que no solo el pasaje se asustó de verdad, sino que la compañera que tenía al lado, con lágrimas en los ojos, buscó mi mano y la apretó con tanta fuerza que los nudillos se le quedaron blancos.
    Y empezó el infierno.
    Por la portilla podía ver que estábamos cerca de la costa. El avión no dejaba de dar bandazos. Había perdido mucha altura, el agua se acercaba cada vez más. Las cosas sueltas salían disparadas en todas direcciones. Por encima del rugir de los motores se podían oír gritos de terror. Algunos pasajeros lloraban abrazados a completos desconocidos.
    Por fin, casi al borde mismo del acantilado, apareció la pista, un poco demasiado corta para nuestro avión. El viento se empeñaba en volver a levantarnos del suelo una y otra vez. Pero el piloto no se rendía.
    Y, de repente, el silencio.
    Nos miramos los unos a los otros, como si no pudiésemos creer que todo había acabado. Roto el hechizo de la muerte cierta, los desconocidos se fueron separando, ya solo estaba permitido tocarse igual que si se fuera familia lejana; media hora después, ya nadie se saludaba.

    1. Hola, Rebeca.

      Primero, analizando el texto sin más, fuera de la cadenas del reto: está muy bien, y transmite la angustia del momento, que es la intención. Las frases largas no se hacen pesadas, y todo fluye bastante bien ayudado por la tensión de la escena. ¡Me ha gustado!

      Segundo, si ya me voy al reto en sí… Aquí tengo un dilema. Veo que hay dos formas de interpretar el reto, y yo lo he interpretado como “Una frase por cada hora de vuelo, es decir, que englobe una hora temporal completa” y tú lo has interpretado como “Una frase por cada hora de vuelo, aunque pueda englobar más de una frase en una de esas horas”. Como eso ya es cuestión de interpretación, nada diré, aunque quizás se queda un poco raro cuando vas a hacer un vuelo largo, de un porrón de horas, y al final por un problema mecánico (es decir, el conflicto del relato) el vuelo se corta a una cuarta parte o menos. No sé, quizás, si al final ha aterrizado en francia, debería haberse calculado ese destino para el cómputo de horas, que es el vuelo real que narra el relato. Pero bueno, que eso es un poco lo de menos, ya que me parece que has hecho muy bien interpretando el reto de una forma diferente que ni se me había pasado por la cabeza. Por lo que a mi respecta, tu relato cumple bien.

      El reto de este mes era más complicado, y lo has salvado con mucha dignidad, así que enhorabuena.

      1. Pues muchas gracias por tu valoración. A mí me ha pasado justo al contrario que a tí, nunca se me habría ocurrido interpretar que cada frase debía corresponder a una hora de vuelo. Y menos mal, porque si ya me costó muchísimo ceñirme a lo que yo entendí, a tu manera me hubiera vuelto loca del todo! Jajajaja

    2. Buenas, Rebeca!

      En cuanto a las exigencias del reto creo que está todo en orden: el número de frases coincide, porque aunque estoy de acuerdo con Andrés en que si hubiera tomado tierra antes tendrían que haber sido menos horas y, por tanto, menos frases (de hecho ese podría haber sido un buen giro) al final el había llega Heatrow, así que todo en orden. Y también veo la estructura planteamiento-nudo-desenlace.

      Sin embargo tengo un problema con tu texto, que puede que sean tonterías mías, pero es que me parece que le falta tensión. El relato es una anécdota que cuenta la protagonista, así que ya sabemos que por muy feas que se pongan esas turbulencias la cosa no va a acabar mal, porque ella está ahí contándonos lo que pasó. Y la cosa hubiera tenido su gracia si hubiera contado algo más que la descripción de esa mala experiencia, de hecho la parte que más me gusta es la final, donde comenta esa familiaridad que conlleva la desgracia y cómo se esfuma cuando todo pasa. No sé, me da la sensación de que falta algo, aunque como te decía arriba veo el planteamiento-nudo-desenlace.

      Pero, a pesar de mis paranoias, veo claramente el curro que te has pegado y cómo encaja en el reto. Buen trabajo!

      pd. que también serán cosas mías xP… pero esa “revuelta atmósfera” del principio del segundo párrafo me ha chirriado bastante. los adjetivos antepuestos me parecen el mal, pero es que además ahí me descolocó porque me pareció que te referías al ambiente dentro del avión. me parece que se puede construir de otra forma para que la frase sea más efectiva.

  3. El último vuelo del Bondenburg
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    He de permitir que hoy mi cuerpo se eleve por primera y última vez, aunque sepa que es una blasfemia despegar mis pies del suelo, aunque sienta la voz de mis dioses en el rugido del viento que golpea constantemente la barcaza del Bondenburg, he de permitirlo porque es la única opción que nos queda.

    Los pasajeros celebran las primeras horas de vuelo con alborozo mientras yo rezo en silencio pegado al cristal, ajenos al mal que desean causar, ignorantes de que están siendo arrastrados a una misión suicida por ese tal Oskan Rahn, el emisario de Himmler, ¡maldito sea el día de su nacimiento!

    A medida que el vuelo del zeppelin sigue su curso sobre las heladas aguas del Mar del Norte, rumbo a las sagradas tierras que no deben ser holladas donde habitan los dioses, las voces del viento cambian sus gritos por un cántico grave y lento, monocorde, un cántico que tan solo yo puedo entender.

    Asiento y sigo rezando y preparando mi mente con la ayuda de los mandalas imposibles que dibuja el mar sobre las aguas, mientras los arqueólogos alemanes viajan entre copas, riendo ruidosamente y brindando por el éxito de la expedición, un éxito que jamás obtendrán si yo puedo evitarlo.

    Y puedo, oh, si, puedo y lo haré, es mi deber, mi sagrada misión.

    Las voces de los dioses se apagan en la sexta hora de vuelo, indicándome que es el momento de actuar, ordeńandome que me prepare para actuar, para completar mi misión y volver al pisar el suelo firme del paraíso sagrado.

    Sonrío mientras espero a que aparezcan por los ventanales del Bondenburg las siluetas de las altas torres de la ciudad donde habitan mis dioses y, pronunciando sus nombres en voz baja, acciono el mecanismo de detonación de los cinturones de bombas que me cubren el cuerpo.

    ¡Oh, dioses, acogedme en vuestro seno a la hora octava, permitidme entrar en el paraíso y yo haré que el secreto de vuestra existencia siga intacto!

    1. Buenas, Andrés!

      Te dejo mi comentario en un documento de Google Drive 😉

      Ya sabes que todo lo que te comento es sólo mi opinión, ignora lo que no te valga y quédate sólo con lo que te parezca útil.

      Un saludo!

    2. Perdón por el retraso.

      Me gusta mucho el tema escogido, tal vez yo hubiese intentado agregar aún más intensidad épica dado el tema.
      No acabo de entender la frase:

      “[…] Los pasajeros celebran las primeras horas de vuelo con alborozo mientras yo rezo en silencio pegado al cristal, ajenos al mal que desean causar, ignorantes de que están siendo arrastrados a una misión suicida por ese tal Oskan Rahn, el emisario de Himmler, ¡maldito sea el día de su nacimiento! […]”

      ¿El mencionado no es él?

      1. Hola, Juan.
        La intención era transmitir: “El futuro terrorista está pegado al cristal, viendo como el resto celebran el inicio de la misión; Oskar Rahn, un emisario de Himmler, es el que está al cargo de la misión; el terrorista maldice el día de su nacimiento”
        Es posible que con estas frases tan largas haya perdido un poco el control de la frase y se haya vuelto confusa. Repasaré la frase con atención para hacerla más clara.
        ¡Muchas gracias por la respuesta!
        ¡Un saludo!

  4. Ale, pues aquí estaría, que soy un desastre y siempre llego tarde, así que estará lleno de errores tontos. El trayecto es Valencia-Bangkok, que son 12 hora y media aprox, así que ¡12 oraciones!

    Al final os dejo un enlace al texto en Google Drive, por si preferís comentarlo allí ^^

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    Miedo a las alturas.

    Yo no puedo tener miedo a volar, es tan simple como eso. Y sin embargo, mientras avanzamos por la pasarela hacia la cabina del avión, noto una comesón de dentro hacia afuera, desde los huesos, a través de la carne, molesta por inaudita. Junto a mi, Matías nota que algo no va bien, no dice nada, pero me coge por el brazo parodiando el gesto de caballeresco, me tira un beso y sonríe, al que respondo con un guiño, pero igual sin mejorar un ápice.
    Ocupamos los asientos que reservamos desde casa, que no son los más espaciosos, pero desde los que puedo ver el ala derecha del dildo volador que nos va a llevar hasta Bangkok y, sobre todo, el sigilo de protección que inscribí sobre ella la otra noche y que es invisible para todos excepto para mí. Lo repaso, signo por signo, hasta convencerme de que está perfecto, pero la sensación no desaparece, quizá tendría que haber atado algún espíritu alado, por si el enorme trozo de hierro se desprende, o se para el motor, o nos embiste otro otro juguete sexual sobredimencionado…
    Lo único que evita que destripe a las azafatas y rasgue el lateral del avión para saltar a tierra firme es el beso que Matías me deja en el cuello, uno de esos que me recuerdan que lo mejor que pude hacer fue atarme a esta forma carnal para pasar el resto de su vida con él. Inspiro su olor, el de verdad, el que, como todos los humanos, intenta enterrar entre desodorante, perfume, detergente y otras mil mierdeces, pero que sigue ahí pese a todo y en su caso es un aroma a ternura y a ilusión que vale incluso que pase por esta tortura para acompañarlo. Eso consigue tranquilizarse un rato, por fín, y despegamos sin mayor problema, conversando sobre cuántas ganas tiene de ver la ciudad y la playa de Phra Nang, donde vamos a pasar una semana. Mientras habla me retiro al interior de mi envoltura, que para él se quedará dormida, me concentro en aislarme de todo menos de él y durante un rato todo va de perlas, hasta que la voz de la comandante anuncia que vamos a noséqué velocidad, que nos falta nosécuánto de vuelo y que estamos a 12525 metros de altura. De pronto me siento muy agobiado, me levanto como un resorte, le digo a Matías que no se preocupe y prácticamente corro hasta servicio. Cierro la puerta a mi espalda, abro mi envoltura, que me está asfixiando (¡como si yo respirase!) y me enfrento al espejito que hay en la pared en toda mi gloria demoniaca, pero el gesto no ayuda a diluir la idea que se me acaba de meter entre los cuernos. Lo que me asusta no es volar, que en un tiempo tuve alas, joder, sino que estoy doce kilómetros más cerca de El Cielo de lo que he estado desde la rebelión.
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    El texto en Google Drive: https://docs.google.com/document/d/1HLbdi8HzPhLunAo_2wpszTnzsHcX17vYRKcIyNloXB8/edit?usp=sharing

    1. Aaayyy, que ternurica de demonio, ¡lo mal que lo está pasando por el humano que quiere! Es sorprendente que un ser inmortal se preocupe tanto por si el avión se estampa, por eso el giro del final me parece simplemente delicioso. Has conseguido sacarme una sonrisa, y ahora me apetece mucho leer más aventuras de Matías y su amante demonio.
      Respecto al reto, si no me he equivocado al contar has respetado la norma, y además has conseguido que no sean frases pesadas ni mal construídas. Pues nada más que decir. ¡Muy bien!

  5. Hola, Sergio.
    Desde luego, ver a un demonio pasándolo mal por un acto tan mundano como volar es una imagen muy interesante y divertida. Da para pensar, ¿Qué más harán en ente mundo entre posesión y posesión? ¿Irán a comer un whooper de vez en cuando? La historia es entrañable y divertida.
    Sobre las frases, no las he contado, asumo que estarán bien. Me alegro de que no hayas interpretado el reto como yo, que parece que me gusta complicarme la vida… La lectura no se hace pesada, así que reto conseguido.
    ¡Saludos!

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