Alicia Pérez Gil

5 pensamientos en “Reto literario octubre 2021: desde otro ángulo

  1. Sabiduría de abuela

    Después de toda la vida cuidando de mi hija y de mis nietos, ella se niega a llevarme a una residencia que entre las dos podríamos pagar y decide poner en riesgo la vida de mi pequeña mandándola a traerme la comida.

    Así que aquí espero más sola que la una a que, una niña que debería estar jugando, cruce todo el bosque día sí y día también. ¡Con todos los riesgos que conlleva! No solo es el bosque, sino tener unos horarios determinados para recorrerlo, es muy fácil que alguien poco deseable quiera embaucarle. Le repito a menudo que no debe hablar con la gente, incluso que ir cambiando de camino es buena idea, pero no deja de ser una niña y tampoco puedo meterle el miedo en el cuerpo solo conseguiría hacerle crecer demasiado rápido y convertirla en una criatura desconfiada y temerosa. Pero tener un horario fijo para un recorrido peligroso me recuerda esa vez que se llevaron a mi padre y cuando nos lo devolvieron mi yo niña creía que habían metido a otro dentro de su cuerpo maltrecho para siempre.

    No debería tardar en llegar, espero que al menos lleve alguna hogaza de pan de más sino va a acabar comiendo a las tantas o, como siempre, comiéndose buena parte de mi almuerzo. Por suerte yo necesito poco, la guerra te descubre que la sensación de hambre no es grave sino llegas al desmayo y la cesta que me trae permitiría comer a una familia entera en tiempos de privaciones.

    Me alimentan más sus aventuras del colegio, aunque a veces llega con una mirada sombría que solo puedo cambiar explicando mis propias historias, más o menos reales, para hacerla viajar a un mundo donde lo que haya sucedido no existe. ¿Algún día aceptará responder a mis preguntas? A veces consigo que me hable de un lobo que no es buena persona. No le puedo sonsacar nada más y una vez le dije que no había lobos en este monte, pero eso la entristeció.

    Se retrasa de nuevo, quizá me ha hecho caso y ha ido por otro camino. Nunca espero visita, pero la dama muerte ha llamado a la puerta. Le digo que mi pequeña está a punto de llegar y le pido que se acerque más tarde, pero me responde que el tiempo se ha acabado y no tiene poder para otorgarme más.

    Ante tal situación se me ocurre la idea de que se pase por un lobo y urdimos un sencillo plan que me concede como último deseo.

    Una vez que mi cuerpo resta inerte oigo llegar a la pequeña y entre lágrimas escucho como en su inocencia cree lo que le dice la Muerte. Todo va tal como hemos planeado y el cazador llega para llevarse al supuesto lobo. Sé que mi nieta llorará mucho tiempo pero quizá después de esto sea capaz de enfrentarse a su verdadero lobo, ese que le ensombrece la mirada demasiados días.

    1. Hola, Kimus.

      Me gusta esa aproximación tan oscura al cuento de Caperucita. Además, el cambio de contexto -del cuento a una ambiente más realista-, los detalles del pasado de los personajes -la mención a la guerra, a ese extraño lobo-, etc. le aportan bastante. El punto de vista es original, y el relato se distingue a la perfección, se ajusta sin problemas a lo que pedía el reto.

      Me ha confundido un poco algunas partes (sobre todo, lo del lobo “que ensombrece la mirada” de la niña), pero asumo que se debe a que había que meter mucho transfondo en muy pocas palabras. El relato está chulo, pero creo que una versión con más palabras le sentaría mejor.

      El final es interesante, el toque sobrenatural después de ese extra de realismo que tiene la historia le sienta muy bien.

      ¡Gran trabajo!

  2. CROQUET
    =========
    Tengo que huír de aquí, tengo que… ¡Ay!
    —¡Otro punto! ¡Estoy en racha!
    No puedo más, necesito escapar. No sé cuánto podré aguantar todo esto.
    —Vamos, niña, ¡Juega! ¡U ordenaré que te corten la cabeza!
    No soporto mi vida. No puedo vivir así.
    —Pero… ¡No se puede jugar! Las bolas se mueven solas, el mazo me mira. No tiene sentido.
    —¿Cómo dices? Ven, yo te enseñaré, niña.
    No soporto su voz. Escucharla me duele más que los golpes. ¡Cállate, por favor!
    —¡Me llamo Alicia!
    —¡Como te llames! Mira y aprende.
    No sé cuánto tiempo llevo viviendo así, los días parecen años. ¡Ay!
    Ya ni recuerdo el día que me atraparon. Me arrancaron de mi hogar, de mi vida. Me lo arrebataron todo. Y ahora…
    —¡Otro punto! ¿Ves? ¡Así se hace!
    —¿Por qué juegan todos a la vez?
    —¿Acaso hay otra forma de jugar? Vamos, ¡juega! ¡O haré que te corten la cabeza!
    Tras tantos años de golpes y maltratos, estoy perdiendo hasta mis recuerdos. Ya se borraron los rostros de mi familia, de mis amigos, de todos aquellos que quise. Ya no recuerdo las formas del acantilado donde tenía mi hogar. Solo me queda el recuerdo del mar.
    Lo que daría por escapar de aquí y volver a ver el mar… ¡Ay!
    —¡Dos arcos a la vez! ¡Sí! Un golpe maestro.
    —No quiero jugar.
    —¿Qué? ¡Cortadle la cabeza! ¡Y cazad a ese erizo!
    El mar… Hasta su recuerdo se me empieza a borrar. ¿Cuántos golpes más aguantaré antes de perderlo todo? Quizás sea lo mejor. Vaciarme. Ser un cascarón. Si no tengo nada dentro, quizás tampoco sufriré como sufro ahora.
    —¡Gato!
    —Hola, Alicia. He venido a ver qué tal te va. ¿Quién gana?
    —¿Qué es eso? ¡Una cabeza flotante! Inadmisible, ¡que se la corten!
    ¿Que…? Sus dedos, se están aflojando, algo la está distrayendo. Quizás…
    —Este juego es una locura. Las pelotas son erizos que no paran de moverse. Los arcos son soldados con dolor de espalda. Y los mazos, ¡mira! Estos flamencos no dejan de mirarme con pena. ¡Y no se quedan rectos!
    —¡Niña! ¿Te estás quejando? ¡Atrapadla! ¡Que juegue!
    Me… ¡Me ha soltado! Esto nunca había pasado antes.
    —Gato, ayúdame.
    Oh, si, aparición flotante, ayúdame también a mi.
    —¡Atrapad a ese gato! ¡Y cortadle la cabeza!
    —Pero… Solo es una cabeza, Reina, ¿como se la cortamos?
    —¡Hacedlo!
    Ahora o nunca. Debo volar, como cuando aún era libre. Duele volver a extender las alas, pero tengo que hacerlo.
    —¡Gato! ¿Qué hago?
    Un poco más, ya siento el aire en las plumas…
    —Juega o márchate, Alicia.
    —¡Oh, no! Terminarás tu partido, niña. ¡O haré que te corten la cabeza!
    Un último salto y podré escapar, regresar a mi hogar, volver a sentir el… ¡argahgghghgghgh!
    —¿Donde te crees que vas, flamenco? Terminaré este juego, cueste lo que cueste ¡O haré que os corten la cabeza a todos!
    No, otra vez no… ¡Ay!

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