46 pensamientos en “Taller literario abril: Las cuatro estaciones

  1. Este mes entro solo como lectora. Voy a tope con mil cosas. Y que conste que me pica la idea, eh… Disfrutad de la escribición.

  2. Me gusta mucho la tarea, pero me pilla floja, muy floja, y ya me veo con poco tiempo para escribir lo que tengo en la cabeza. Así que en esta ocasión no me apunto. Sorry.
    (Sé que me voy a arrepentir 😟).

  3. Hola a todo el mundo. Al final he conseguido sacar adelante una idea, de las tropecientas supercomplicadas que he tenido que ir descartando.
    No es un buen relato, lo sé. Trato de jugar con muchas cosas, me temo que demasiadas, y sé que podría contarlo de otra manera. Pero… ahora mismo no me sale nada mejor. Y he preferido entregar esto a no mandar nada. Así que perdonadme. Y sobre todo, disfrutad criticando 😜

    Por cierto: está basado en una vivencia personal que me dejó bastante marcada 😢😟

    Espero que os encontréis vosotras y vuestras allegadas estupendamente.
    —————————————————————————————————————————————————-

    ─¡Ya sale!
    ─¡Límpiale! Que pueda respirar.
    ─¡Tiene una estrella entre los ojos! Hola, Estrellita.
    ─Cariño, sabes que no podemos ponerles nombre.

    * * * * * * * * * * * * * * * *

    Mumá dice que no fue fácil: es mala época para nacer. Frío, a veces mucho. En casa estamos recogidos y Mumá da mucho calor. A una la tomaron del suelo. No volvió.
    El olor de Mumá es el mejor de todas. Seguridad y calorcito.
    A veces se aleja. “Para comer”, dice. Yo con su leche soy muy feliz. Casi todas las pequeños nos acercamos para ver qué hacen. Las mumás nos echan, pero sin daño.
    Fuera, algo blanco y frío lo cubre todo. El primer día dio miedo; luego fue interesante. Rasco, lo pruebo, me enfría la boca. ¡Qué divertido! Correteamos hasta que Mumá me llama. Volvemos al calor.
    Cada día hay novedades. Mumá dice que porque soy una pequeño.

    Hoy, al salir fuera hace más calor. Lo blanco no está pegado a todas partes. Cae agua del cielo. Un poco molesto si miras.
    ¡Salen churrillos verdes entre el barro! Lo colorean todo. Huele hermoso.
    Cada vez más tiempo en el exterior.
    Probamos lo que Mumá llama flores. Huelen graciosas. Algunas saben mal.
    Mumá, todas las mumas, nos dejan acercarnos a donde comen. “Probad”. Es entretenido. Y trabajoso.

    Hoy han venido; nos han sacado a todas. Trotamos bastante. Las mumás olían preocupadas. Hasta que nos han acariciado a todas. Empieza una aventura. Mumás felices; las pequeños felices.
    Ahora andamos mucho. ¡Dormimos fuera! Comemos lo que encontramos por el camino. Mumá me enseña. Es divertido.
    Hoy a venido ÉL. A las pequeños nos ha fascinado. Una se ha acercado, pero su mumá le ha apartado. Se dedica a jugar con las mumás. No hay que ponerse en medio cuando lo hace. Una sufrió un golpe. Se la llevaron. Esperamos que vuelva pronto.
    Va haciendo más calor. Cuesta mucho encontrar comida. A veces nos llaman y echan algo al suelo. Las mumás no nos dejan mucho para probarlo.

    Va refrescando. En ocasiones llueve. Es agradable andar sobre húmedo.
    Vienen con mayor frecuencia. Mumá no quiere que me aproxime demasiado. La siento asustada. No me cuenta porqué huele así.
    Hoy aparecen muchos. Nos rodean, nos dirigen, se empeñan en llevarnos hasta un cercado. Todas las mumás huelen a nervios. Miedo. Incluso en ÉL. Una mumá y su pequeño se escapan. No llegan lejos.
    Cuando estamos dentro, respiramos. Todo habrá pasado.
    Pero me obligan a correr. Me separan de Mumá. ¡Me meten en una caja con todas las demás pequeños! Grito. Gritamos. Desesperados. Oímos a nuestras mumás.
    La caja se mueven. Mumá, cada vez más lejos. Chillo.
    ─¡Mumá! ¡¡Mumá!! ¡¡¡MUUUUMÁ!!!

    * * * * * * * * * * * * * * * *

    ─Joder. No paran de mugir. Y se sigue oyendo a las vacas, a pesar de estar ya a kilómetros. No creí que fuera tan duro separar a las terneras de las madres.
    ─Así es la ganadería. Al menos sé que estos bichos han tenido la mejor de las vidas que podían disfrutar.
    ─Sí, una vida de un año. Menuda mierda.

    Nunca volverá a ayudar a la recogida de terneras para carne.

    1. Cumple en parte con los requisitos, porque se ve el paso de las estaciones, pero el giro final no es muy sorprendente y eso me parece que le quita un poco de fuerza al relato. El lenguaje me gusta, suena en un adecuado tono tierno y de sorpresa por descubrir el mundo, así que me parece que está bien conseguido. Creo que hubiese estado bastante más logrado sin las partes de fuera de los asteriscos (las partes humanas) que hacen que me chirríe un poco, sin eso, en el mismo tono todo el texto, creo que se entendería también. El ritmo se consigue con repeticiones y eso quizá hace que parezca facilón, pero consigue el propósito, asi que funciona. Era una premisa muy difícil y sólo presentar algo es digno de mérito.

      1. Hola, Lilim.
        Antes de nada, gracias por tus comentarios.

        La parte de los humanos… no sé. Supongo que el mes pasado estaba en plan de no fiarme de las lectoras y creí necesario escribirlo para que quedara claro. Bueno, y que me sentía un poco necesitada de cosas sencillas, tal vez incluso lineales, y no tenía fuerzas para complicarme mucho. También quería un comienzo “interesante”.
        Como Sergio ha dicho algo similar, la próxima vez trataré de tener más fe (😅) y fiarme también un poco de mi capacidad de explicar las cosas.
        Fíjate: hoy sí se me ha ocurrido cómo podría hacer el relato solo desde el punto de vista de la ternerita. Hasta con clímax y desenlace. ¡Ay, qué bien viene volver a ver el sol!

        Las repeticiones están puestas a posta. Es una de las cosas que quería probar. Creo que no soy de repetirme mucho. O sí, pero en las revisiones consigo quitar la mayoría. Aquí sin embargo lo provoqué. De hecho, me costó un esfuerzo tremendo dejarlo así. Me pareció que le daba el tono infantil y no demasiado humano al/a la pequeñ@ protagonista del relato.
        De todas formas, lo revisaré. Es probable que me haya pasado 😅

        Lo dicho: muchas gracias por los comentarios, que tendré muy en cuenta si/cuando corrija el relato. Muchos ánimos y saludos cordiales:

        Amaya

    2. Hola, Amyra!
      En cuanto a los requisitos del taller, las estaciones las veo, pero el giro final no tanto. De hecho, me da la impresión de que las “partes humanas” están ahí para añadir ese giro final, pero creo que no funcionan y son lo que menos me gusta del relato.
      El lenguaje de la parte central me parece muy acertado (con sus particularidades, sus repeticiones y todo), transmite la inocencia y el sentido de la maravilla que uno esperaría de un niño. Me han gustado especialmente las mezclas de sentidos (“Huele hermoso”). Y aunque al principio descoloca un poco enseguida se le coge el tranquillo y el ritmo te lleva fácil hasta el final.
      Pues que me ha gustado, creo que hubiera funcionado mejor sólo la parte centrar, pero es sólo mi opinión 😉
      Un abrazote, nos leemos!

      1. Hola, Sergio.
        Antes de nada, gracias por tus comentarios.

        El giro final lo planteé como la parte en la que separan a la ternerita de su mumá. Las partes humanas del final eran más el desenlace, donde explico por qué ha pasado lo que ha pasado. Como Lilim también me ha comentado lo de las partes humanas, algo que metí porque creí que lo necesitaba el relato para comprenderse, esas dos partes las revisaré y seguramente las quitaré. De hecho, se me acaba de ocurrir otra idea que, siguiendo la parte central, inicie y finalice la historia de otra forma y sin dejar de ver nunca a la ternerita. Lo de volver a notar el sol me está viniendo bien. Jeje.

        Gracias por lo que dices del estilo. Jugué con muchas cosas de las que me resultan incómodas porque me dio por ahí, y no las tenía todas conmigo. Si te han gustado, seguro que necesitan una revisión, pero genial porque al menos no molestan. Lo de la mezcla de sentidos… me sale mucho. Menos mal que queda bien 😅

        Muchísimas gracias por todo lo que me has comentado, me alegro de que, con lo mucho que me costó escribirlo al menos parte te haya gustado, y sí, nos seguimos leyendo (Estoy vaga y no comento más textos, pero me gustan mucho tus historias 😉). Otro abrazote para ti:

        Amaya

  4. Pues pensaba que no al final no iba a poder participar, esto días de aislamiento me están sentando peor de lo que esperaba y ando un poco zombi. Pero al final me he estrujado las neuronas y he conseguido esto. Me parece que lo del final explosivo va a ser que no, aunque yo creo que algo de poso deja, pero ya me diréis.
    Un abrazote, nos leemos!

    ———————————

    Estación de nieblas

    Construyó su casa con lo que tenía a mano: muebles prestados, cuadros que eran recortes de fotonovelas y papeles pintados que se llevó a escondidas. Le puso unas ventanas enormes, para que entrara toda la luz del mundo, y en el patio interior preparó un parterre, rodeado de piedras verdes.

    Afuera el viento era cálido y las flores estallaban de color. Ella las observaba abrirse y crecer, sentada en el alféizar de sus ventanas, en las tardes a veces lluviosas, a veces cálidas. De camino a la cocina o al taller de costura echaba un vistazo fugaz a su parterre, deseando que llegara el día en que pudiera tener su propio jardín. Suspiraba con una sonrisa preñada de expectativas y seguía con sus quehaceres.

    Y llegaron las noches de calor y sudor, las de sueños febriles y deseos nuevos. Pero no fue una de esas noches cuando llegó, fue un medio día. Lo encontró frente a una ventana, mirando hacia interior. También iba cargado de cosas prestadas, algunas clavadas al cuerpo, como las que ella se arrancó para usarlas en la construcción. Sonreía y a ella le pareció suficiente. Lo dejó entrar, al principio para ofrecerle un vaso de agua y un poco de consuelo compartido, pero acabó quedándose para compartir sudores nocturnos, unas pocas risas y algunas promesas. Juntos cultivaron el jardín interior.

    Un día de viento, en que Ella estaba regando el patio, una de las enormes contraventanas se sacudió con violencia. Corrió para asegurarla y lo vio a él fuera; bebía y hablaba a gritos con otros, hacía bromas estúpidas y usaba “su sonrisa”, aquella que le había servido de salvoconducto al interior de su casa, a su interior, para compartir chistes obscenos. Cerró y volvió al patio. Mantuvo la ventanas cerradas desde aquel día, con la excusa de evitar que las hojas secas y las primeras lluvias intensas se colaran en la casa. Dio la espalda a toda la luz del mundo, para evitar la realidad cruel que se empeñaba en mostrar. No le hacía falta, se dijo, tenía su jardín interior. Verde, fragante y con un enorme girasol que crecía en el centro, mirando al trozo de cielo que se asomaba al patio.

    Al final cerró también la puerta y lo dejó a él fuera, con todo lo demás. Decidió que con su casa, su parterre y su girasol, su precioso girasol, ya le bastaba. Tuvo que comprar pestillos y cierres para evitar que el viento y la lluvia de los días más grises la obligaran a enfrentarse de nuevo al exterior. Él volvió para llorar en su puerta alguna vez, pero no hizo caso. Cuando no estaba encharcado, se sentaba junto al girasol para acompañarlo en su contemplación del cielo.

    Hasta que un día sintió que faltaba luz. No se asustó, sólo miró alrededor, pensó que había demasiado polvo, sonrió satisfecha y echó en la tierra del jardín para alimentar por última vez a su girasol, con su cuerpo obsoleto y unas pocas lágrimas.

    1. Hola, Sergio 🙂
      En primer lugar, encantado de leerte. Como decía a Lilim, sois mis primeros comentarios y espero tener buen criterio y que os sea útil.
      -Tema estaciones: Están, discretas y sin molestar, como telón de fondo. A mí me gusta así, así que me parece más que correcto.
      -El clímax: No me queda claro si el cuerpo con el que alimenta la tierra es el de Él o el de Ella. Sospecho que es el de Ella, pero no me queda claro y cambia bastante el significado de la historia. Además, por el carácter que demuestra, no me extrañaría que le metiese un palazo en la cabeza y lo echase de abono al girasol XD. En cualquier caso, se me queda un poco flojo. Creo que hace falta un poco más de carga emocional a la relación entre ambos, algún obstáculo, algo más de conflicto, algo que me haga preocuparme más por ella o que desprecie más a él. La relación está muy precipitada y no da casi tiempo a implicarte emocionalmente con ella. Un posible solución que se me ocurre sería que él apareciese antes y se desarrollase más el conflicto.
      Otro punto relacionado con el anterior es el tema de la sonrisa. Yo entiendo que para ella es importate la sonrisa de él porque me lo marcas con comillas, no porque la cargues de significado. He tenido que releer y rebuscar a ver donde hacías mención con anterioridad a su sonrisa y he visto el problema: cuando ella decide compartir su hogar con él mencionas que sonríe, no que lo haga porque su sonrisa sea especial sino por el mismo hecho de sonreír. No sé si me explico.
      Lo importante es la sonrisa de él en particular, no el hecho de sonreír, entonces es lo que tienes que mencionar al principio y dejar claro.

      En cuanto a temas de estilo:
      -Me gusta la prosa poética, me ha evocado el estado emocional que creo que pretendes transmitir. Me gusta la metáfora del exterior (casa, jardín, girasol) respecto al interior (alma de Ella).
      -Hay una rima al principio, parterre con verde, que me suena un poco fea.
      -Tengo un par de cambios que sugerirte: cambiar el “echó para alimentar” por “alimentó” y “estaba regando” por “regaba”. Así el texto gana en contundencia y te quitas esas perifrasis y gerundios con un verbo pasivo.
      -Creo que enriquecería mucho el texto si incluyeses referencias a otros sentidos. El elemento central es el jardín interior: tierra, flores, agua, luz, aromas. Ella se dedica a observar mucho; cuéntame a qué huele la tierra mojada, cómo se oyen sus pisadas en la tierra cultivada. Algo tan terrenal, tangible, sensorial creo que se beneficiaría de la evocación de otros sentidos, aunque sea una metáfora de la realidad interior de ella.

      Creo que eso es todo. No soy ningún experto y te cuento un poco lo que yo haría, pero no sé si es mejor o peor, espero que te sirva para algo.
      Un placer haberte leído, Sergio 🙂

      1. Hola, Guille!
        Lo primero: gracias por pasarte a comentar y esmerarte tanto. En cuanto a lo que apuntas, tomo buena nota de lo que comentas de las contracciones y las repeticiones, creo que fue un problema de precipitación… bueno, quiero pensar que lo fue xD… para la próxima intentaré no ajustarme tanto al límite para revisar bien el resultado final, que llevo dos relatos en el taller y los dos medio cojos por correr.
        Sobre lo del clímax, algo habré hecho mal cuando puedes haber pensado que era el cuerpo de “Él” el que caía a los pies del girasol. Mi intención era que “Él” fuera algo anecdótico en el relato; llega casi por casualidad, la ayuda a plantar el jardín, ella se desencanta y lo echa, fin de la historia xP Cuando me ponga a revisarlo ojearé fuerte eso.
        Da igual que seas un experto o no, lo importante es la buena voluntad. Gracias!
        Un abrazote, nos leemos!

    2. Sutiles, muy sutiles las estaciones, así que en esa parte aprueba, pero por los pelos. Muy poético, bastante melancólico y con un giro final muy triste pero no muy impactante, me temo. El lenguaje precioso, aunque me quedé con la sensación de que había demasiados parterres y cosas verdes y demasiadas veces la palabra girasol. Y en el último párrafo la verdad es que me suena extraña la sonrisa satisfecha con el cuerpo obsoleto y las lágrimas.

      1. Tienes toda la razón del mundo en cuanto a las repeticiones de parterres y verdes… si lo hubiera trabajado más podría haberle sacado más partido variando esos conceptos, me lo apunto para la próxima.
        Me alegra que te guste el tono poético, no es lo que suelo escribir y me sentía un poco fuera de lugar.
        Un abrazote, nos leemos! :*

  5. Mono no aware
    Es el olor, no puedo evitarlo. Ya florecen las lilas, mayo esplende detrás de los cristales invadiendo todo y ese aroma te trae a mí, tal cual eras, atareada, pequeña, casi invisible en tus tareas.
    Mueves los labios como si rezaras, murmurando, mientras te deslizas en movimientos armónicos, esos acordes de tiempo y espacio que componen tu danza particular.
    Hay tanta belleza en tus pies, en la coreografía de lo cotidiano.
    «Demasiado pronto, demasiado pronto» susurran tus pasos apresurándose. «no estoy lista, aún no» y te mueves, sin mirarme, siempre sin mirarme, oliendo a lilas y miedo.
    Claro, él llegará pronto y encontrará, siempre lo hace, algo, lo que sea, para romper tu vida.
    Lo odio.
    En verano no es mucho mejor, agosto apuñala detrás de los cristales burlándose de nosotras: encerradas, malditas, solas…
    Tan solas y, sin embargo, tan cerca una de la otra, los ojos bailando en los rayos de sol que no puedes permitirte saborear, ocupada en ser perfecta para quien no puede apreciar que ya lo eres.
    Hermosa y perfecta, moviéndote sin verme (mírame, por favor, mírame) la manos ocupadas siempre en cosas bellas pero muertas, flores cortadas en hermosos jarrones que no llegan a la luz y que, aunque la alcanzaran, no sabrían que hacer, porque están muertas, solas y malditas.
    Por eso, porque es tuya la belleza de lo moribundo, estás radiante en otoño, cuando las ventanas arden en el reflejo de lo que ya no puede ser. Octubre es el momento del fénix, de renacer en un mundo que explota en llamas de hojas secas y árboles que se desnudan y cantas, bajito, no vaya a oírte y yo sólo deseo que cantes para mí o que dure para siempre, lo más fácil.
    Pero nada es fácil y él destroza las notas sobre tus labios, partiéndolas contra tus dientes.
    Cuando llega el invierno, pálido y solemne, lamiendo de blanco los cristales, ya no bailas, ni creas, ni cantas y sigues sin mirarme.
    Cuando llega el invierno ya lo he decidido, me comeré al lobo y salvaré a la princesa. Sólo entonces me verás, verás mi amor, mi necesidad, mi presencia y todo será como debería haber sido, con tu aroma a lilas llenando de bailes los pasillos, de flores las ventanas y de canciones las sombras.
    Cuando llega el invierno…
    Cuando por fin llega él hace lo que tú no has podido hacer este año que hemos pasado juntas: Me mira, me ve y me hace real.
    Cuando llega lo espero y mi sombra toca la suya. Baila un segundo, incrédulo, en el borde de la ventana que nunca te ha permitido abrir y cae.
    Y creo haber vencido, creo que serás mía por fin.
    Pero en esa maleta en que empaquetaste tu tristeza te llevaste mi triunfo.
    Me dejaste sola, sin mirarme.
    Añorando mayo y las lilas.

    https://docs.google.com/document/d/1_DKwPqudt2-nUjgs33PI_uUScQ_dpSGHRUW9AMZ7Fi8/edit?usp=sharing

      1. Gracias, acabo de verlas… Tienes mucha razón en las tres, lo que le falta a este relato es una correción después de reposar, pero lo cierto es que, para mí, ha sido tan difícil este reto que lo terminé en la madrugada del último día y ni reposo ni revisión. Dentro de un mes volveré a abrirlo, revisar (y tal vez sin las restricciones del talller) dejar más clara la idea que hay en mi cabeza.

    1. Hola, Lilim. Es la primera vez que comento un relato, espero que te sea útil. He hecho como Juan y te lo he comentado en el Google Docs porque te he marcado varias cosas concretas.
      Un saludo y encantado de leer tu relato 🙂

    2. Todos los comentarios han sido en el enlace por si alguien quiere verlos 🙂 gracias por el esfuerzo en comentar y los tendré en cuenta porque no pensé que pudiera presentar nada y lo cierto es que no me desagrada mucho lo que salió, puede que lo deje reposar y haga algo fuera de las restricciones del taller.

  6. Como la Patrona es tan generosa y ha aplazado las fechas de entrega, he aquí mi propuesta estacional:

    El amor no tiene rostro

    IV
    La explosión retumbó por todo el pueblo. Mia se asomó a la ventana. Un humo negro y denso como el carbón ensombrecía ya el barrio del colegio. Sonó el teléfono. Oyó a su madre hablar. Colgó y se acercó a ella.
    —Ha sido en la casa de Rubén. Mia, no…
    No escuchó más. Salió en camisón y chanclas y corrió pueblo abajo.
    Media casa había desaparecido. Lo que quedaba en pie ardería hasta los cimientos, bien lo sabían las chicharras y los yerbajos secos. Entonces, vio a un chico dirigirse al corazón del incendio. Se apresuró tras él.

    I
    Rubén se abría paso entre la niebla y la nieve con una docena de churros en una mano y chocolate en la otra.
    ¡Bum!
    —¡Ay, perdona!
    Rubén suspiró ante el chocolate desperdiciado.
    —No pasa nada, tranquila.
    La chica le escrutó sin vergüenza alguna.
    —¿No serás Mateo?
    —Pues no.
    —Vaya. Parece que ha pasado de mí. ¿Le conoces?
    Rubén miró al cielo.
    —Desgraciadamente.
    La chica le miró divertida.
    —Pues ya que me ha plantado y parece que a ti te cae mal, ¿te parece que compartamos esos churros y le pongamos verde?
    La chica le tendió la mano y sonrió.
    —Por cierto, soy Mia.

    II
    —¡Voooy! ¡Papá, vigila los ajos!
    El timbre sonó de nuevo y Rubén se apresuró en abrir. Mia pareció no reconocerle con el delantal y el gorro
    —¿Mia?
    Entonces, se le iluminó la cara.
    —¡Hola!
    Se besaron hasta que Rubén olió los ajos quemados.
    ***
    —Estaba buenísimo. —Mia le acarició la mano.
    —Las hortalizas de temporada saben mejor. Además son batatas cultivadas por nosotros.
    —¡Hijo, voy a fumar!
    —¡Cierra bien el gas! —Y añadió entre risas— Un día salimos volando.
    —No digas eso ni en broma —le reprendió Mia, pero enseguida cambió de expresión y bajó la voz—. Oye, ¿nos tomamos el postre en mi casa?

    III
    Quedamos a las seis en la plaza. Igual me retraso. Te quiero.
    Habían pasado las siete y Mia no cogía el teléfono, así que Rubén fue a su casa. De camino, maldijo la primavera y su alergia.
    Llamó al timbre. Dentro, sonó un estrépito. Llamó de nuevo. Se oyó un «¡Mia, no!» y Mia apareció con solo una bata a medio atar.
    —¿Quién es?
    Rubén no contestó. Por detrás de Mia, surgió otra cabeza.
    —Hola, Rubén —dijo Mateo enseñando los dientes y el móvil de Mia. Fingía una voz nasal.
    Entonces, Mia palideció.
    —Rubén, yo… —Las lágrimas le impidieron continuar.
    Pero él ya se había ido.

    V
    Mia aún no se acostumbraba a la silla de ruedas, pero consiguió llegar a la habitación de Rubén. Un enfermero le cambiaba los sueros.
    —Siento lo de tu padre. ¿Cómo estás?
    —Más guapo que tú. —Sonrió con una mueca de dolor.
    —Y menos cojo. —Mia meneó los pies vendados.— Recuérdame que no entre en un incendio con chanclas.
    Rubén se incorporó en la cama.
    —Así que prosopagnosia, «ceguera para las caras». Tu madre me lo contó.
    Mia se acercó a él.
    —Lo siento. Fui un imbécil.
    Le acarició la enorme cicatriz que ahora tenía por cara y le besó.

    1. Me gusta el desorden temporal del relato. No sé si me gusta mucho o no me gusta nada usar los números para las escenas. Sé que es contradictorio, pero es así, a ratos me gusta como variante y a ratos me parece que hubiese sido innecesario.

      La principal crítica (con muchas comillas) que puedo hacer es que la presencia de las estaciones es muy sutil (cosecha, helado, alergia,…), tanto que he tenido que releerlo para verlas.

      El giro final y la parte de la prosopagnosia y la importancia en el relato, creo que no lo he entendido.

      1. Hola, Juan. Muchas gracias por tus comentarios.
        Respecto a los números de escena, entiendo lo que quieres decir, igual quedan un poco feos. Tal vez debería haber entreasteriscado la parte central del flashback y ya está.
        Lo del giro final no sé si no lo has entendido porque no me he explicado bien o porque a lo mejor no sabes lo que es la prosopagnosia. si quieres lo podemos comentar y me trato de explicar mejor 🙂

    2. Antes de nada, encantada de conocerte, Guille. Eres una de las personas sobre la que tengo que comentar el relato, así que me pongo a ello.

      Empiezo con la estructura que deben tener los relatos. Creo que aparecen todos, incluidos el conflicto (que explicas al final) y diferentes obstáculos que los protagonistas se van encontrando por el camino. Y mira que este trabajo me ha parecido muy complicado por la cantidad de información que teníamos que meter en tan poco espacio. Así que, felicidades.
      El clímax y el desenlace también se encuentran presentes, y con tanta importancia que sin la explicación que das al final, el relato se hubiera quedado muy cojo. Genial por este lado.
      Pero las estaciones del año no quedan demasiado definidas. Me cuesta ver en qué época del año se encuentran. Podrías haber exagerado un poco algo de los protagonistas (que fueran abrigados de arriba abajo cuando se conocieron, que lo que cocina Rubén sean setas de temporada, que nieve, que suden debido al excesivo calor que hace… Por poner algunos ejemplos) para que dichas estaciones se vean. Tal vez no lo has hecho por no pasarte en el número de palabras, pero creo que le iría bien para poder trazar el tiempo en el que suceden todos los hechos.

      Sobre la estructura: creo que has sido muy valiente al intentar cambiar el modo lineal y provocar una ruptura temporal. No está mal, aunque me ha surgido una incomodidad con esto. Como usas el mismo tiempo verbal en todos los bloques, me ha dado la impresión de que todo sucede de manera lineal, y no de que parte del relato es un flashback (éste dividido en varios bloques y completamente lineal).
      Puede que si intentaras cambiar las formas verbales para que los bloques IV y V fueran en presente y el resto en pasado, diferentes tipos de pretérito para marcar los distintos tiempos, el relato quedara más redondo. Que en vez de parecer lineal debido a los tiempos verbales que has empleado, forzaras los recuerdos a través de otras formas verbales. No sé si consigo explicarme.

      Sobre el estilo. Pues tengo que felicitarte porque te concentras en lo que necesitas contar para que la historia tenga sentido y no te pierdes en detalles. Por eso puedes meter tanta información. Siempre me flipa la gente que sois capaces de escribir así debido a lo mucho que me enrollo yo con todo.

      Me ha gustado mucho la solución que le das a todo el relato. Una vez lo comentas sí se explica porqué Mia no era capaz de saber si Rubén era o no Mateo y porqué les confunde o no sabe si es él hasta que habla. Tal vez, por si alguien no se da cuenta de esos detalles, podrías intensificar su importancia dentro de la historia, aunque a mí me gusta como lo has dejado.

      Jejeje. Acabo de ver que te has pasado un poco en el número de palabras. Hay unas cuantas que podrías quitar sin que perdiera forma el texto. Seguro que con otra vuelta podrías dejarlo bien ajustado (Que conste que esto te lo digo aún sabiendo que yo también me he pasado en el número de palabras de mi relato. Pero me hace ilusión que os pase a más gente).

      Lo dicho: en general me ha gustado mucho. Lo que menos, lo de las numeraciones de los bloques, sobre todo porque das una pista que creo que no debería estar con la colocación del bloque IV. Y lo que más, la historia en sí y la conclusión. Muy chulo.

      Saludos cordiales y espero seguir leyéndote:

      Amaya

      1. Hola, Amaya 🙂
        Muchísimas gracias por tu comentario tan detallado y me alegra mucho que te haya gustado tanto 🙂
        Lo de las estaciones, pues es verdad que las he escondido un poco. Ha sido un poco a modo de juego intencionado (a ver dónde están las estaciones, que yo las vea ) XD.
        Lo de los números, como le decía a Juan, reconozco que queda un poco feo y que a lo mejor con haber separados con unos asteriscos el flashback o, como bien dices, jugar con los tiempos verbales. Entono el mea culpa porque ha sido cuestión de pereza de no querer complicar mucho el tema.
        Y sí, me he pasado un poquito con las palabras :3

        Muchas gracias por tus comentarios 😀

          1. Jeje. No tienes nada por lo que disculparte. Si es que lleva a confusión: en Amyra somos dos, pero mi pareja no tiene ahora tiempo para escribir, con lo que uso esta cuenta conjunta yo sola. Y me llamo Amaya, aunque respondo a ambos nombres 😉

            Nos vemos el próximo mes. Saludos cordiales:

            Amaya

  7. Perdón, pensaba que era hasta el final de mes. He tenido que improvisar esto:

    Llegado el invierno
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    Apenas recuerdo la primavera. Sé que hay quién lo hace, incluso que se recrea en ella, que la considera su mejor época, pero no es mi caso. Tal vez es que, como alérgico, no soy muy de la inocencia de las flores. Las margaritas siempre me parecieron unas flores insulsas. O tal vez es que hubo mucha enfermedad, mucho médico, mucha plantilla ortopédica para mis pies planos, demasiada crisis por asma, inhaladores, amigdalitis y pólipos acabados en sangre y mucho helado. Tal vez por eso haya decidido olvidar aquellos tiempos de los que no tendría recuerdos agradables.

    El verano, sin embargo, llena mis álbumes de fotos. Tengo fotos de ella, allí, en la playa, con los demás. Sonriente, de pelo negro, la piel tan blanca como la arena y los ojos más azules que el mar. También hay fotos de la universidad junto a ella: con su piel morena, su gesto sardónico habitual, su media sonrisa de diente torcido acompañada de esos ojos de un color inclasificable, ni verdes ni marrones. Tan inteligente, tan incisiva. Pero no olvidemos aquella de nuestro viaje: empapada por la lluvia de Londres y con su pelo rubio liso por una vez.

    El otoño se me ha hecho largo. No me desagrada el frío, la lluvia, ni el viento, pero sí la monotonía de las hojas de calendario que caen todas iguales. ¿Qué diferencia una de otra? Casi nada. Levantarse temprano, cruzar la ciudad que empiezas a odiar y que sabes que te está matando lentamente. Arrastrarse hasta la siguiente reunión, poner cara de profesional y asentir a tus jefes incluso cuando se equivocan, cuando sabes que las tormentas están por llegar y que incluso podría acabar por haber ventisca. El suelo se ve lleno con esas hojas de calendario medio podridas.

    Así que ahora, ya llegado el invierno, miro por la ventana desde mi confinamiento y no sé si he aprovechado bien la vida. La escarcha me empieza a empañar la visión, me oculta los colores. Tal vez no debí olvidarme de las sangrientas flores de la primavera, tal vez debía haber hecho más fotos durante el verano. O todo lo contrario, tal vez una única foto, vieja pero bien enmarcada, alegraría estas noches cada vez más largas en las que el frío amenaza por acabar de ocupar toda la casa y matar el resto de las semillas que aún guardo.

    Cuando empiezan los años parecen estar cargados de vida y esperanza. Cada nuevo año implica nuevos planes, promesas de futuro. A gatas se inician en un mundo, que, con sus ojos, está por explorar; pero, a medida que el año va pasando, se acumulan las fotos sin sentido, las flores secas y las hojas en putrefacción. Los años fermentan pero no se vuelven vino añejo, sino vinagre, vinagre que casi siempre de poca calidad.

    Supongo que por eso los años han de morir, para dejarle espacio a los que han de venir, cada uno con sus primaveras y sus veranos.

    1. Hola, Juan. Es la primera vez que comento algo tuyo. Encantada.

      Antes de nada, felicidades por conseguir acabar un relato tan poco tiempo. Esto es ya para sentirte orgulloso (Con lo que yo tardo, me ha flipado 😉).

      Me resulta complicado ver el comienzo, el nudo y el desenlace dentro de la historia. Me ha parecido más un viaje, que en algunos momentos resultaba metafórico, de una persona a lo largo de un año o de una vida, pero no he visto una historia cerrada donde “un” algo sucede y desencadena más sucesos. Así que no sé si has cumplido con lo que se nos pedía para este relato, aunque a mí no me ha importado porque me ha gustado mucho la manera en la que lo has construido.

      El párrafo del verano me ha liado un poco. Demasiados “ella” que inicialmente parecen referirse a la misma chica-mujer. He tenido que leer dos veces el párrafo para entenderlo. Tal vez, para gente “torpe” como yo, sería bueno referirse a cada una de forma que se las identifique mejor: Ella, la otra ella, aquella… algo como lo que haces con la última.
      El uso del plural en la frase “Pero no olvidemos aquella de nuestro viaje”: ¿quienes no la pueden olvidar? No parece tener sentido en ese párrafo, ¿no? Ni en el relato, ya que creo que lo has escrito todo en singular.

      Cuando hablas del invierno, parece que es la estación-ciclo de vida que está sucediendo ahora. Precisamente por el adverbio. Está bien marcado, pero me da la impresión de que que hay un poco de mezcla de tiempos verbales a lo largo del relato que a veces me ha resultado extraña. En realidad suenan bien, pero tal vez podrías probar a ponerlo todo en presente, para que asemeje una historia lineal, como probar a ponerlo todo en presente, o dejarlo todo en pretérito salvo el invierno para que de la sensación de que lo demás son recuerdos. Tal vez yo me encuentro en un momento en el que necesito que todo sea muy lineal y muy claro 😅.

      Me ha gustado mucho el párrafo del invierno, donde da la impresión de que alguien está repasando su vida, o cualquier vida en general, empleando las estaciones de un año para marcar sus vivencias y la importancia de las mismas. Creo que es de lo que más me ha gustado del relato.
      Pero el siguiente párrafo, donde creo que inicias el desenlace, me descoloca un poco. No le veo el mismo tono que al resto del relato.
      Cuidado con la repetición de la palabra “años” en dicho párrafo, que aparece un montón de veces.
      Además, si quitaras la última frase del texto, me parece que quedaría mejor sin perder significado. Creo que es una frase que ya has explicado, de otra manera, en el párrafo anterior.

      Por cierto: ¡500 palabras exactas! Uauh. Felicidades. Te ha quedado redondo. 👍🏻

      Me ha gustado mucho el relato. Creo que todo lo que no me ha terminado de convencer ha sido provocado tan solo por falta de tiempo. Así que felicidades y nos leemos el próximo mes. Saludos cordiales:

      Amaya

    2. Hola, Juan!
      En cuanto a los objetivos marcados para el taller; las estaciones están, obviamente, sin embargo veo menos el giro final y la estructura de planteamiento, nudo y desenlace.
      Me gusta la imagen poética de un año como una vida (de hecho yo también la usé en mi relato xP), pero creo que aquí te la ha jugado, porque pare afianzar esa estructura has eliminado la del planteamiento-nudo-desenlace. Hay un camino a lo largo de la vida del protagonista y una reflexión final, pero no un evento que tenga consecuencias y termine resolviéndose.
      El estilo también me ha gustado mucho, hay algunas frases (“La escarcha me empieza a empañar la visión, me oculta los colores.”, por ej.) que me parecen un gran acierto de síntesis. La única parte en la que el estilo se me atragantó fue en el verano, que me despistó con lo de las dos “ellas” y en la que usaste “sardónico”, que es perfectamente legítimo, pero que para mi tiene connotaciones mucho más oscuras que un llano “sarcástico”.
      Mención aparte para la puntuación. Puedo ser yo, que no soy ningún experto, pero me da la impresión de que hay frases demasiado largas y demasiado “articuladas”. Hacia el final, la que empieza con “A gatas…” me pareció especialmente problemática.
      Sobre el final, “… el resto de las semillas que aún guardo” me parece una de esas frases estupendas que tiene el texto y un final más que adecuado para lo que está contando. A partir de ahí me parece que el mensaje se reitera y pierde fuerza. A lo mejor valdría más la pena “engordar” alguna sección anterior, para darle más matices y dejar el texto ahí.
      Por si no ha quedado claro el relato me ha gustado, todo eso de arriba son sólo ganas de sacarle brillo.
      Un saludo, nos leemos!

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