62 pensamientos en “Taller literario de mayo: escribir con pie forzado

  1. ¡Hola!

    ¿Es aquí donde debo comentar para decir que me apunto? Si es así, perfecto, me apunto. Si no, perdón por las molestias pero es que soy nuevo y todavía no le he pillado el punto a todo esto. Sea como sea, saludos.

  2. ¡A lo loco! Yo me apunto, aunque todavía no he leído de lo que va el reto este mes 😁
    Feliz día para todo el mundo.

    (Por cierto: yo me quejaba, pero en el fondo me venía muy bien el límite de palabras 😜).

    1. Vale, pero entonces puede que te pierdas el reto de junio.
      A lo mejor quieres escribir mil palabras fuera de taller y tenerlas a mano para el mes que viene. 🙂

      1. Pasé toda la noche despierta mientras escuchaba ruidos inquietantes bajo mi piel. Me tapé las orejas con la almohada pero aún así los seguía oyendo. Perdí la cuenta de las veces que me giré en la cama. Las horas pasaron lentas y preocupantes como si aquella noche fuera la última con vida para mí. Los picores eran cada vez más intensos y el bicho roedor de mi interior no encontraba la paz. Comía sin descanso fuera lo que fuera que había crecido en los folículos de mis piernas.

        Desayuné al romper el alba. No podía seguir en la cama y me senté en la silla de la cocina con la mirada fija puesta en el reloj. Cuando la manecilla sobrepasó las 9, me levanté como un resorte y salí de casa tras un portazo.

        Las calles estaban bastante llenas para ser agosto en Madrid. El calor todavía no apretaba lo suyo y aceleré el paso. Quería llegar a aquella maldita tienda lo antes posible, si era capaz de encontrarla, claro está. No recordaba exactamente cómo me había topado con ella la primera vez, sólo que su bonita puerta art-decó de elementos botánicos me había llamado poderosamente la atención. Entré y tras el mostrador estaba aquella señora de rostro agusanado y sonrisa amable que me había preguntado si necesitaba ayuda. Y, por supuesto que necesitaba ayuda, mi vida iba cuesta abajo y en barrena, sin frenos y a lo loco hacia una inminente colisión con la realidad. Pero no pude decirle exactamente lo que me ocurría, ni yo misma lo sabía. Me levantaba cada día llorando sin motivo aparente y mi piel, mi piel estaba sufriendo las consecuencias ante tanta deshidratación.

        —Tengo la piel seca. Me salen escamas en las piernas. Y cuando me depilo me escuece muchísimo. Se me infectan los folículos y ya no sé qué hacer. Mire, tengo las piernas llenas de heridas. Así no puedo irme de vacaciones a la playa—confesé al fin.

        La señora sonrió y se perdió en la rebotica. Entonces, abrí los ojos y me di cuenta de donde estaba. Era una floristería. ¿Por qué le había dicho lo que le había dicho sin ni siquiera saber dónde me encontraba? Quise que me tragara la tierra y eché a correr hacia la puerta pero no la pude abrir. Estaba atascada.

        —¿Ya se va? —una voz suave y melodiosa preguntaba a mi espalda—. Mire, le he encontrado la solución a su problema. Aquí tiene este fertilizante orgánico que le vendrá estupendo para la piel. El vello le saldrá más fuerte y así evitará que se infecten los folículos al depilarse. Mano de santo, se lo juro.

        —Gra…gra..cias—tartamudeé—¿cuánto le debo?

        —Nada, no se preocupe. Ya volverá a pagarme cuando esté satisfecha con los resultados.

        Sonreí, no estaba acostumbrada a tanta bondad sin pedir nada a cambio. Aquella señora era realmente entrañable. Cogí el fertilizante del mostrador y me lo puse al llegar a casa. Lo de la hierba era un efecto secundario inesperado pero por lo menos los granos infectados habían desaparecido por completo. Y me sentí feliz por primera vez en mucho tiempo.

        Me enfurecí al recordarlo todo. El efecto secundario ya se había convertido en un problema real y esa mujer lo iba a pagar bien caro. No sabía quién era yo. No me conocía enfadada. Y salí de mis pensamientos al ver la puerta al fondo del callejón. No recordaba un callejón la primera vez que fui pero qué importaba, allí estaba la fuente de todos mis problemas.

        Entré directamente furiosa y abrí la puerta de par en par. La señora de rostro agusanado ni se inmutó. Seguía sonriendo en el mostrador como si no se hubiera percatado del considerable cabreo que llevaba encima.

        —Usted—la amenacé con el dedo—usted me ha mentido. Hay algo que me está royendo por dentro y me lo va a sacar.

        —¿Yo? ¿Mentirle? ¿No está mejor su piel? —esa pregunta me desconcertó—. No debería alterarse tanto, no es bueno para la transición.

        —¿La transición? ¿Pero de qué coño está hablando? Yo no transito. Estoy muy bien cómo estoy —aseguré convencida.

        —Ah, ¿sí? ¿Ya no lloras cada mañana? ¿Has dejado de sentirte inútil y miserable? ¿Ya no te sientes sola? —me tuteó como si me conociera de toda la vida.

        ¿Cómo sabía todo aquello esa mujer? Ni yo misma había podido ponerle nombre a lo que me ocurría.

        —Venga, siéntate aquí y tómate este té. Te ayudará a no sentir nada cuando ocurra. No es muy doloroso, como cuando se corta uno al depilarse. Una gotita de sangre y enseguida cicatriza. No es un dolor del que debas tener miedo.

        Empecé a sentirme mareada. El bicho roedor daba bocados cada vez más grandes y entonces vi un hilito de sangre en mi pierna derecha, como si me hubiera cortado al depilarme. Estiré la mano para secar la mancha roja y ya no pude hacerlo. La oscuridad por un tiempo indefinido.

        El sol me despertó. No sabía cuánto había dormido. Me desperecé y entonces me encontré frente a frente unos ojos familiares.

        —Qué preciosidad eres. Lo supe nada más verte entrar. ¡Qué frondosa! Y añil. Hacía tiempo que no tenía una hortensia añil. Verás qué feliz vas a ser aquí con nosotras. ¿Verdad, chicas? Aquí no volverás a sentirte sola nunca más. Yo te cuidaré.

        Intenté contestar pero ya no tenía boca de la que pudieran salir palabras. Miré a mi alrededor. Miles de flores, arbustos, árboles y demás vegetación llenaban un invernadero de cristal del que no lograba distinguir el final. Miré mis piernas pero ya no eran piernas. Me sentí enraizada a la tierra, y, sí, aquella señora tenía razón: Allí no estaría nunca sola.

        1. Hola, Esther.

          Mucho menos truculento que el de Sergio, tu cuento tiene esos detalles delicados que me gustan de tu escritura. Lo mejor, el worldbuilding, lo que no deja de tener mucho mérito en un relato tan corto. Las ciudades que cambian de forma son un filón literario y aquí lo aprovechas muy bien. Me encanta el portón y que de repente aparezca una calleja estrecha que no estaba ahí antes.

          Me gusta también el rango emocional de la protagonista. A veces nos empeñamos tanto en la coherencia que nos salen personajes monocordes, pero en este caso las emociones pendulares están bien justificadas y hacen que el personaje sea tridimensional.

          El uso de la casualidad y la ofuscación también me parecen muy bien traídos.

          El punto débil es el estilo. Abusas un pelín de frases cortas y de la repetición de ideas, pero, como le digo a Sergio, eso queda para el mes de junio.

          ¡Buen ejercicio!

        2. Hola, Esther:
          Al igual que le he dicho a Manuel, espero que puedas perdonar mi inexperiencia comentando tu relato ya que es el primer mes que comienzo el taller.
          Así pues, para empezar te diré que me ha encantado tu relato. El comienzo me parece muy intrigante y perfecto para crear un clímax de tensión. De igual manera, el final me parece increíble. Quizás, solo modificaría “miré mis piernas”, ya que a esas alturas no tiene boca, tampoco debería tener ojos, y si directamente añadieras “mis piernas ya no eran piernas”, a mi parecer, la imagen tendría más fuerza y consistencia. Pero, de verdad, me ha gustado mucho.
          También me gusta la evolución de tu personaje. Me quedo con la intriga de porqué se siente así y qué es lo que le ha pasado para llegar a ese estado.
          La única cosa que no entiendo es lo de bicho roedor, me chirría un poco, pero esto ya es una apreciación personal.
          Un relato muy interesante, que atrapa al lector y te deja con ganas de seguir leyendo 🙂
          ¡un saludo!

          1. Muchas gracias Silvia! Sí que tienes razón en lo de las piernas y revisaré lo del bicho para que no chirrie tanto. Me alegro que te haya gustado. Yo también soy novata en esto de comentar a ver cómo se da! Tu comentario me ha gustado mucho. Nos seguimos leyendo.

        3. Hola, Esther!
          Lo primero que me ha llamado la atención es que el relato comienza con el pie que nos dio Alicia. La primera parte es prácticamente una reescritura a tu estilo de la narración de partida, yo (burro de mi) entendí que lo que había que hace era continuarla xD.

          Me gusta el aire onírico que tiene, aunque no se diga a las claras que es un sueño y de hecho no lo sea. Creo que ayuda mucho a definir el estado mental de la protagonista. Y también me ha gustado mucho el final, con esa aceptación del horror.

          Donde tengo algo más de problema es el estilo del texto. Hay muchas partes en las que encadenas frases cortas que lo hace a uno “tropezar” (“Sonreí, no estaba acostumbrada a tanta bondad sin pedir nada a cambio. Aquella señora era realmente entrañable. Cogí el fertilizante del mostrador y me lo puse al llegar a casa.”). También pasa mucho en los diálogo, que prácticamente todos estás construidos con frases cortas y directas, y puede que sea una decisión personal para representar el lenguaje oral, pero creo que funciona muy bien.

          También creo que hay muchas partes sobre explicadas (“… esa mujer lo iba a pagar bien caro. No sabía quién era yo. No me conocía enfadada.”) que puedes condensar para hacer que el texto gane en fluidez 😉

          De hecho, como ya sabemos cuál va a ser el reto del mes que viene estoy seguro que tendrás ocasión de ver todo esto que te comento.

          Un saludo, nos leemos!

          1. Te pongo esto aquí para ver si funciona. Aunque supongo que lo veremos cuando me contestes. Si me contestas XD

  3. Buenas, Alicia!
    Oye, no puedo ver el post del taller (sí, a estas alturas me iba a poner a escribir) … me dice que tengo que ser “usuario bronce” para poder verlo O_O …. y Lilim me comenta que a ella le pasa lo mismo. ¿alguna idea?

      1. Listo!! Ya puedo leerlo… Pero me acabo de dar cuenta de que no “me apunté”, ¿Puedo subirme al carro aún? Es más, ¿Puedo quedarme subido por lo que queda de año? 😝 Para no andar confirmando cada vez

  4. Hola a todo el mundo. Espero que os encontréis muy bien, vosotras y vuestras allegadas.

    Aquí va mi relato para el reto de este mes. La primera idea conseguí ¡por primera vez! que no llegara a las 500 palabras. Jajaja. La que os ofrezco ha salido más larga, pero estoy contenta porque no me he pasado del nuevo límite que tenemos 👍🏻
    Me he dedicado de nuevo a jugar un poco, así que hay partes que no parezco “yo”. Disfrutad con la lectura y criticando 😉
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    El abono actúa rápido, demasiado. Cuando me he levantado esta mañana, no era capaz de moverme debido al pastizal en el que se me ha convertido la pierna por la noche. Están hermosas las hojas; según arranco una, veo la punta de un nuevo brote. Lo bueno es que lo que se mueve parece contento: acaricia los bulbos y se desplaza con calma.

    Debo tener cuidado cuando me ducho: cubro la frondosa pierna para que la presión del agua no rompa los tallos, para no apelmazar la hierba cuando me paso la esponja, para no aplastar el cesped espigado cuando me seco con la toalla. Siempre rocío con un difusor la pequeña pradera como colofón del baño.
    No debería secarme todo el cuerpo con el mismo paño. He visto pequeñas briznas asomando por alguno de los poros de la extremidad contraria. Decido fertilizarla para que vayan a la par. Así conseguiré equilibrar mis ahora torpes movimientos. Esta vez no usaré la depiladora.

    Volví a la floristería y ya no estaba la mujer de cara agusanada. Pregunté a uno de sus compañeros, éste con piel de costra arrugada color siena quebrada y raíces nudosas por dientes. Me animó a probar semillas de diversa flora para darle colorido a mis prados. Me decidí por algunas variedades de margaritas y violetas.
    No ha funcionado bien. El proceso es complicado: debo arrancar una brizna, introducir meticulosa la pepita sin aplastarla, abonar con cuidado y echarle unas gotas de agua vitaminada, pero Algo, el que se mueve, no está conforme. Al despertar, me encuentro las simientes tiradas encima de la cama, rotas para no ser de nuevo utilizadas. No quiero enfadarle; no lo he vuelto a intentar. Le he regalado las que me quedaban a un vecino, cuyos brazos muestran pequeñas florecillas. Le quedan hermosas.

    Algo está hoy enfadado. Parece que gruñe. Tal vez solo lo imagino. Se mueve rápido por la pierna. Demasiado. Choca con algunos cogollos y me hace daño. Varios haces de hojas han desaparecido pierna adentro en cuestión de segundos. No entiendo por qué lo hace. Vuelvo a la floristería y un nuevo dependiente, la cabeza un bouquet de flores salvajes primorosamente colocadas, me aconseja ofrecerle vitaminas, siempre acompañadas de baños de luz solar. Mejor hacerlo por la mañana temprano y antes de que anochezca. A casa me voy tratando de compaginar mis tareas diarias con las nuevas necesidades de Algo.

    Nunca he sido sonámbula, pero me he despertado descalza, en pijama, de pie, con la mano metida en la bolsa de abono y la boca llena, masticándolo. No me he asustado. He tragado con cierto esfuerzo, me he acercado al baño y me he lavado la cara. La noto más lisa. Me lavo los dientes tras el aperitivo; los noto más planos, más pegados. Mi reflejo me recuerda a alguien.

    Los chapuzones de sol junto a las vitaminas nos están yendo bien. No soy la única que sale de su casa para recibirlos; así conozco a mucha gente. Distingo cambios en sus anatomías a lo largo de los días. No me molesta. Me gusta el aspecto que están cosechando.
    Ayer, una chiquilla nueva apareció cerca de mí. Nerviosa, asustada, rascando dolorosamente su brazo brotado. Me cuenta entre grititos y susurros que algo dentro del brazo no para de moverse y que le da miedo. Según la escucho me doy cuenta de que hace un tiempo que no noto a Algo. No puedo decir que le siento integrado; en realidad, me da igual. Estoy… estamos cómodos con nuestras vitaminas repartidas por el cuerpo dejando que el astro rey nos de energía. Trato de calmar a la muchacha. Me temo que no lo he conseguido. Se ha levantado moviendo con rabia los brazos y clamando que nos estamos convirtiendo todos en lo mismo. Según se va alejando, ya me he olvidado de ella.

    He dejado de ir al mercado.

    En la floristería, una nueva mujer de rostro agusanado me ha atendido. Sabía lo que estaba buscando sin necesidad de que dijera una sola palabra. Mejor. Hablar se está convirtiendo en una incomodidad. He comprado tierras y mantillos de diversos tipo. Me ha aconsejado, como un secreto que debiera quedar entre nosotras, que pase alguna noche echada en el parque.

    Hoy voy a probar a dormir en el terreno ajardinado. Noto mi corazón tranquilo, casi insonoro, animándome a hacerlo. Tres figuras más en el campo. Me tumbo y me entra hambre. Empiezo a engullir el suelo. Creo un túnel por el que me voy introduciendo. Ahora soy feliz.

    1. ¡Amaya!
      ¡Qué relato tan bonito!
      Lo mejor: es difícil escoger porque el cuento tiene muchas más cosas buenas que malas, pero me parece especialmente destacable el contexto. La aparición de la niña es muy de alta literatura. Bien hecho. No hace falta describir una ciudad entera para que sepamos lo que ocurre en el mundo.

      Otra cosa muy buena: solo al final sabemos por qué los dependientes desaparecen de la tienda. Muy bueno el foreshadowing ahí, sí señora. Podría mejorarse, a los Shirley Jacson, si en algún momento dijeras que notas la ciudad más verde o que hay más plantas en la tienda, etc. Pero tal y como está, está bien. Es sutil y correcto.

      Los puntos débiles: me pone un poco nerviosa y me saca de la lectura que te refieras a Algo en mayúscula y le des ese nombre propio. Creo que le resta calidad al texto y que le da una importancia demasiado evidente al bicho. Creo que quedaría mejor si lo suavizaras.

      Hay cositas de estilo con las que te las verás en junio.

      ¡Buen ejercicio!

    2. Amaya!

      Me ha gustado mucho tu relato. Sobre todo la precisión con la que narras las acciones. Utilizas la yuxtaposición (es un recurso que yo también uso) en las descripciones y le da intensidad. A mí me gusta pero sí que es cierto que algún profe de narrativa me ha dicho que no abuse pq suena muy repetitivo. Pero bueno supongo que es cuestión de estilos.
      Me ha parecido muy buena la transformación aunque en mi primera lectura debo confesar que pensé que se había fundido con la tierra. Lo del túnel final no queda muy claro que la transformación fuera a un gusano. Aún así, sea un gusano o la fusión con la madre tierra, la última imagen es poderosa.
      Tal vez lo que menos me ha gustado es el uso excesivo de cambiar el orden de la frase pero en su justa medida puede ser un recurso muy útil.
      Me ha alegrado mucho volver a leerte!
      Saludos y sigue escribiendo así de bien.

    3. Hola, Amyra! Me ha encantado tu relato, es muy original y me encanta cómo vas narrando el proceso de transformación. Si tengo que ponerle un pero es que al principio parece que Algo vaya a tener un peso importante: está dentro de su cuerpo, se enfada, tira para adentro hierba… pero desaparece y no “vemos” esa transición de que Algo se fusione con ella.

  5. ¡Hola!
    Aquí os dejo mi historia. Lamento no poder haber trabajado más en ella, pero esta semana no me ha dado la vida para mucho más. Ya tengo ganas de que llegue el siguiente taller y de leer vuestras historias 🙂

    Había dormido fatal y tenía esa sensación de falsa realidad que se experimenta cuando se duerme demasiado y se pierde el sentido del tiempo. Pensando que llegaba tarde, me levanté de un bote de la cama y con los ojos todavía cerrados por el sueño, me dirigí al cuarto de baño y abrí el grifo de la ducha. Dejé correr el agua fría sobre mi cuerpo recién despierto para despejarme un poco y poder así, comenzar la jornada de una forma digna.
    Las piernas me dolían todavía. Palpé los bultos que me habían salido y me rasqué con fuerza una de las heridas. Apreté con fuerza hasta que algo verdoso asomó, pero no lo pude sacar. Tiraba con las puntas de los dedos hasta que estos, reblandecidos por el agua, empezaron a dolerme. Los folículos me picaban y me ardían por dentro, como cuando va a salir un diente y notas la encía que se rompe para dejar paso.
    El día anterior me había pasado por la tienda de plantas. La dependienta me había atendido con una amabilidad abrumadora y cuando estaba a punto de marcharme, me dijo que tenía un regalo para mí. De debajo del mostrador sacó una planta exótica, que según me dijo, acababa de recibir.
    De mala gana agarré la planta y me marché con una sensación desagradable en el estómago.
    Esa misma noche, empecé a sentir un bultito en la pantorrilla de la pierna derecha. Algo más pequeño que una lenteja y lo sentía palpitar en esa zona, ahora como ajena a mi cuerpo.
    A mitad de la noche me desperté y noté la metamorfosis en mis piernas. Hierba, todo llenito de hierba verde.
    Así pues, hoy tenía que ir a hablar con la dependienta. Probablemente, ella supiera algo.
    Mientras iba en el metro, notaba la hierba crecer bajo mis vaqueros. A mi alrededor, la gente charlaba animada, ajena a mi situación.
    Cuando por fin llegué a la tienda, la mujer me saludó con la misma sonrisa forzada de siempre. Me volvió a dar un líquido y me despidió casi a empujones de la tienda mientras me decía que mucho cuidado con regarme, que probablemente todo fuera por exceso de agua. Chiflada, qué sabrá ella.
    Mi día acabó a la inversa, como un mero simulacro de la realidad.
    Esa noche volví a soñar que me salía hierba. Primero, en una pierna y después, la hierba continuó creciendo por todo el cuerpo. Se extendía alrededor de mi cuello y mi ojos se empañaron con una sombra verde invadiendo mi cuerpo. Mi nariz, taponada por los brotes, exhalaba un hilito de aire que sonaba estridente en el silencio de la habitación. Con los dedos paralizados apenas podía arañar la piel.
    Soñé que era humana o ¿era planta? Soñé en verde, en tonos oscuros y matices que no conocía. Soñé con el aire y el agua. La tierra me sostenía en un abrazo cálido y húmedo. El viento, acariciándome, me mecía de un lado a otro. Era amor en toda la inmensidad de la palabra.
    Sin embargo, una monstruosa sombra, en su desmedida avaricia, se abalanzó sobre mí provocando un tremendo crujido. Algo me devoró, me desmembró completamente hasta dejarme reducida a tan solo un leve trozo. Esa imagen borrosa me atrapó hasta el último segundo, como una pesadilla en la que caes y nunca ves el final.
    Lo último que recuerdo antes de perder la conciencia fue como el insecto se cernía por última vez sobre mí, y ya nunca más volví a abrir los ojos.

    1. Hola, Silvia:

      Tu relato parte de una idea muy chula, si lo he entendido bien. Lo que pasa es que la chica se transforma en hierba y que un insecto se la come ¿verdad? La parte en la que explicas que no sabe si es una humana que sueña ser una planta o una planta que sueña ser una humana es sin duda la mejor del relato.

      El problema principal es el punto de vista. El relato está contado en primera persona, pero, si atendemos a la última línea, parece que la narradora ha muerto devorada por el insecto, así que ¿Cómo es posible que lo esté narrando? Este tema se soluciona fácilmente si en lugar de matarla terminas el relato con un nuevo comienzo: ella es hierba y ya no siente sus dolores títpicos de humana, pero no todo es paz y amor: los insectos la devoran a diario. Sería un final terrorífico y evitarías la contradcción.

      Dicho lo cual, el cuento empieza con otra contradcción: había dormido fatal pero se sentía como si hubiera dormido demasiado… Yo lo revisaría.

      En general, creo que has desarrollado una idea muy chula en muy pocas palabras y que por eso el relato sufre, pero yo le veo mimbres. A ver qué pasa en junio 🙂

      ¡Buen ejercicio!

      1. ¡Gracias, Alicia!
        Tienes razón, estaré atenta a tus consejos para la próxima vez.
        Me ha encantado este ejercicio porque tiene muchas posibilidades.
        También, me han gustado mucho los ejercicios de los compañeros.
        ¡Un saludo a todos!

    2. Hola, Silvia. Antes de nada, encantada de verte por aquí. Bienvenida. Espero que disfrutes mucho.

      Yo siempre me enrollo un montón, y creo que a veces no me explico demasiado bien, así que te aviso para que no te desesperes.😅

      Lo primero que suelo hacer es comprobar si aparecen los requisitos que nos ha pedido Alicia. Y sí, tienes una historia con un principio, un nudo y un desenlace. El inicio se me ha hecho un poco lioso, tal vez por el flashback, aunque seguramente será porque yo estoy un poco torpe.
      Más que el recuerdo (cuando hablas de cuando va a la tienda por primera vez), creo que me ha chocado la forma en la que sales de él. Tal vez sea porque usas los mismos tiempos verbales. O por ese “Así pues”, que da la impresión de que el único camino que le queda a la/al protagonista es ir a la tienda, pero no es la sensación que al menos me ha dejado a mí. ¿Quizás un “No me quedaba más remedio” o algo así que nos muestre lo que él/ella siente en ese momento?

      El desenlace me ha gustado mucho. He entendido más o menos lo mismo que Alicia, que se transforma en un campo humano de hierba y es comida por un insecto, aunque tuve que leerlo un par de veces porque al principio no sé si hablabas de un monstruo de tamaño humano, y cuando lo llamas insecto, me hace dudar porque no sé de dónde sale. ¿Es lo que se la comía por dentro en el microrrelato de Alicia? ¿O es el bultito que siente en la pantorrilla? Tal vez si hablaras un poco más de él antes del final, de manera muy breve, podrías marcar más la sensación de angustia del/de la protagonista, y sobre todo yo, que ya te digo que ando muy torpe, no me quedaría con esa sensación de que me he perdido algo.

      Sobre lo segundo que nos pidió Alicia: escribir la continuación de su microrrelato “Hierba”.
      Veo tu historia como una explicación a lo que Alicia nos contaba en su micro, continuándola luego tal y como nos pedía y dando un final. Así que sí, creo que cumple; no al pie de la letra, pero los retos están bien logrados.

      La frase “volví a soñar” me ha parecido un poco forzada. Si unes tu relato al de Alicia puede tener sentido, pero como tu historia me ha parecido completa en sí misma, lo de que vuelva a soñar sin que hayas dicho antes nada sobre que ha soñado, teniendo en cuenta que la noche anterior dices que se despertó para notar la metamorfosis de sus piernas.. Me ha sonado raro. Es cierto que haces un juego entre sueño y vigilia que mola, pero la parte del sueño es tan leve que en este caso me ha dado la sensación de que era un poco forzado. ¿Tal vez cambiar esas tres palabras por un “volví a sentir”, “volví a notar” o algo similar?

      La historia me parece muy chula, muy original, mola el final y te animo a que sigas con ella.
      Me ha gustado mucho no saber si el o la protagonista es hombre o mujer físicamente hablando, que suele ser algo que me encanta en los relatos. No sé si lo has hecho a posta.
      Me gusta mucho la parte del metro, a pesar de ser tan cortita.
      Y el clímax con ella convirtiéndose en cesped me ha encantado. Muy bueno el detalle de los sueños, y sobre todo el la respiración. Me he sentido un poco identificada por el tema de la alergia.

      Así que felicidades. Espero que sigamos viéndonos por aquí y poder leer tus relatos en los próximos meses. Saludos cordiales:

      Amaya

      1. ¡Hola, Amaya!

        Antes de nada, disculparme por no haber contestado antes. He estado terminando el curso y entre el trabajo y las tareas que tenía que presentar, no me ha dado la vida para mucho más.
        Muchas gracias por tu comentario y para nada te enrollas 🙂 Tus comentarios son muy valiosos y estoy agradecida por tu ayuda.

        En primer lugar, efectivamente, no he conseguido el efecto que quería crear al comienzo de la historia. Me he liado yo solita y ha quedado muy confuso. Lo tendré en cuenta para las próximas veces. También tenía que haber definido más el final. Efectivamente, al final un debora a mi protagonista. Quería jugar con las posibilidades de la ensoñación, sobre el terror de los sueños que no sabes si son reales o no, un estado de confusión en el que todo es posible.
        Además, la idea de una metamorfosis me ha fascinado desde siempre. Es una pena que no tuviera más tiempo para desarrollarla porque tiene muchos puntos débiles, y me hubiera gustado trabajar la idea un poco más, pero me quería apuntar porque si no, al final, pospongo las cosas demasiado.

        Muchas gracias de nuevo por todos los comentarios, a ver el relato de este mes cómo me sale
        Un saludo 🙂

    3. Hola Silvia. Me toca comentar tu relato este mes, así que me pongo a ello.

      En general, me ha gustado bastante y creo que aunque siempre se puede mejorar, está bastante bien. Te voy a decir las cosas buenas que tiene, y luego las que quizá yo pondría de otra manera. Todo desde el más absoluto respeto, por supuesto.

      Cosas buenas: el inicio me gusta mucho. Es muy difícil hacer un buen principio, y tú lo logras. Entendí perfectamente la sensación de “irrealidad” a la que aludes, y me pareció una buena forma de plasmarlo. También me ha gustado mucho que veo mucha plasticidad en el relato: hay colorido, sensaciones y transmite bien una sensación de calidez. Uno está leyendo y se deja llevar por esas sensaciones, y eso contribuye a que el texto no sea plano. Por otro lado, me ha parecido genial la idea de jugar con el tema del sueño de ser humana/planta. Por lo que entiendo, parece que es una planta soñando que es una humana que, a su vez, sueña que le sale hierba.

      Luego, las cosas que yo a mí me parecen menos brillantes. Lo primero, me descuadra mucho cuando el personaje vuelve a la tienda para hablar con la dependienta pero luego dice “chiflada. Ella qué sabrá”. No sé, se me hace poco coherente que vaya a buscarla para luego desestimar sus consejos/opinión. Aquí lo que habría hecho yo es darle más peso a la dependienta, que el contacto con ella aportase información de alguna manera. Por último, hay expresiones que yo no pondría, aunque esto es totalmente cosa mía. Son cosas del tipo “así pues” o poner “cuello” y “cuerpo” en la línea siguiente. Esto son sutilezas y seguramente estoy siendo tiquismiquis, pero he pensado que era mejor decirlo que no.

      Con todo, me parece un trabajazo. Ya el mero hecho de hacerlo en los tiempos marcados y lograr que resulte interesante, sorprenda y te lleve de excursión por colores y texturas variadas me parece un puntazo, pero aparte creo que tiene más mérito aun haberlo hecho en tan pocas palabras.

      Un saludo.

      1. Hola Sergio,
        Debo felicitarte por el final de la historia. Me ha impactado mucho!
        Quería haberte comentado en Google docs pero mi ordenador ha decidido morir esta semana así que lo hago por aquí.
        Estoy de acuerdo con Alicia en el orden de los cambios corporales. La de la cara es sensacional y al llegar a la de los pechos se queda como floja y creo que rompe el ritmo de la historia.
        Y también concuerdo con Manuel en el que la sintaxis dificulta un poco la lectura. A mí me pasa un poco como a ti con las frases cortas y es un vicio que debo olvidar.
        Una cosa que he echado de menos es el tema del cumpleaños y la amistad con Ana, creo que podrías haberla usado más. Mezclar el weird con la chicklit hubiera sido brutal.
        Tu relato es un buen punto de partida. Con un poco de revisión superficial serías capaz de bordar la historia.
        Y de nuevo felicidades por ese gran final.
        Un saludo!

        1. Hola, Esther.

          Gracias por el comentario, me alegra mucho que te guste el final, tenía serias dudas con él. Lo reescribí un par de veces, hasta que encontré la frase justa para acabar.

          Como le digo a Manuel en la respuesta a su comentario, en realidad la sintaxis, el narrador y ese estilo de flujo de conciencia fueron un desafío para mi. Porque decidí hacer una continuación directa del pie que nos dio Alicia y esa era la sintaxis, el narrador y el estilo que tenía. Habitualmente no escribo así, pero lo consideré parte del reto… y bueno, yo acabé contento, pero parece que os ha chirriado un poco así que habrá que echarle un ojo.

          Sobre lo de amiga, yo creo que se me fue la mano con esa parte. Ya me dice Alicia que las refencias a Marco son excesivas. Pero es verdad que tiene un punto chicklit que no había planeado, je. Mmm, ¿una revisión terrorífica de Bridget Jones? Tomo nota, nunca se sabe 😉

          Gracias por comentar (otra vez). Nos leemos!

      2. ¡Hola, Manuel!

        Al igual que le comentaba a Amaya, disculpa que no te contestara antes. Entre los estudios y el trabajo he ido de cabeza durante todo este tiempo.

        Muchas gracias por tus comentarios. Te agradezco tus observaciones.
        Tomo nota a tu comentario de darle más peso a la dependienta. Tienes razón en que debería haber desarrollado más esa parte, queda un poco floja. En mi cabeza quedaba bastante mejor y no he plasmado bien la idea. También te agradezco que me digas tu visión de las expresiones “así pues”, “cuello” y “cuerpo”, voy a intentar en centrarme en esos aspectos y pulir más la expresión.

        Ha sido un placer leerte y gracias por tus comentarios que me ayudan a avanzar. A ver el reto de este mes como me sale 🙂

        Un saludo!

  6. Hola, compañeras!
    Pues si que ha estado complicado el reto de este mes. También es cierto que, como siempre, lo he dejado estar demasiado.
    Total, que el resultado ha sido un poco más bizarro de lo que esperaba y puede que incluso moleste a alguien. Me disculpo por adelantado. De hecho, Alicia, si crees que puede ser un problema elimínalo.
    Al final os dejo un link al documento en Google Docs, por si os resulta más cómodo comentarlo allí.
    Tengo un montón de ganas de ver qué habéis hecho con este pie que tantas zancadillas me ha hecho a mi xP
    Un abrazote, nos leemos!
    —————————————————
    Anoche soñé que me salía hierba. En una pierna.
    No es extraño, puesto que la había abonado con fertilizante orgánico del que venden en las floristerías.
    Una mujer con rostro agusanado me lo vendió. Tenía casi todos los dientes planos tras la sonrisa.
    Las hojas crecían fuertes, espesas, y la pierna me picaba, pero si las arrancaba no me dolía.
    Solo sentía el tirón, los folículos se me abrían y las raíces salían blancas y limpias con un cosquilleo.
    Un poco como cuando arrancas los pétalos a una margarita para saber si te quiere o no te quiere y al hacerlo notas su caricia en el corazón.
    Cuando me he depilado esta mañana no ha habido tanta suerte.
    La maquinilla me ha dejado unos círculos verdes, pequeños pero visibles, con un poso de tierra en el fondo.
    Esperaré a que crezca para sacar las plantas de raíz.
    Ojalá el fertilizante actúe rápido, porque bajo los bulbos noto algo que se mueve. Tiene hambre.
    Y si se acaba la hierba… Prefiero no pensar qué comerá si se acaba la hierba.
    Paso la tarde con Ana, preparando nuestra fiesta de cumpleaños. No le he dicho nada de lo de la hierba, pero me ve rascarme y pregunta.
    No me cuesta desviar el tema. Ella está más emocionada que yo por cumplir cuarenta.
    Da vértigo pensar lo lejos que quedan los pasteles de barro que hacíamos en el llano, en frente de su casa.
    Después de bañarme inspecciono mis piernas, otra vez. Sí, algo se mueve ahí debajo. Decido dormir con unos leotardos gruesos, pero en realidad no puedo dormir.
    Hasta que puedo y no llego a enterarme.
    El miedo actúa de timón imposible en el océano enloquecido de mis sueño. Llevándome de nuevo hasta la mujer que me vendió el fertilizante.
    Pero ya no es la misma. Ahora sólo tiene un ojo. Y lleva un pañuelo rosado sobre la cabeza, anudado en la barbilla. Puede que lo llevara la última vez y no me diera cuenta.
    Le explico lo que me pasa y me sonríe enseñando su dientes planos. Entonces me doy cuenta de que lo que había tomado por gusanos son más bien renacuajos.
    Blancos y nerviosos. Me dice que tiene un herbicida perfecto para lo que me pasa. Me lo da. Y dice que debería hacer algo con los surcos que tengo en la cara.
    ¿Qué surcos? Despierto con las manos crispadas sobre las mejillas.
    En la imagen del espejo descubro las terribles hendiduras que me recorren la cara allí donde antes había marcas de expresión. Simétricas y profundas como heridas viejas.
    Pero no duelen, pero me cuesta reconocerme. El acto reflejo es lavarme la cara y volverme a mirarme ansiosa. Pero siguen ahí.
    Recuerdo el herbicida. ¿Me lo apliqué antes de despertar? No lo sé, pero debajo de los leotardos ya no hay verde.
    Aún noto un hormigueo en la piel, pero ahora ese no es mi principal problema.
    Paso el resto de la mañana evitando los espejos, pero apurando cualquier reflejo fugaz para confirmar que las marcas siguen ahí. Pienso en ir al médico.
    Pienso en llamar a Ana. Pienso en tirarme por la ventana. Pienso en la cita que tenía esta noche con Marco. El otro día lo pasé genial.
    No siempres encuentras en Tinder un tío agradable y que folle bien. Pero no voy a aparecer con esta cara. Debería llamarlo para aplazar la cita.
    Al final es Ana quien me llama. Quiere saber si vamos a invitar a amigas casadas a nuestra fiesta loca. Como si nos quedara alguna soltera. No se lo digo.
    Intento alargar la conversación para impregnarme de su alegría y ella lo toma como una señal de estoy de buen humor. No.
    Cuando cuelgo apenas recuerdo la mitad de las propuestas, pero estoy más tranquila.
    Me voy a la cama temprano. La comezón en las piernas se ha extendido hacia el abdomen.
    No puedo dejar de pensar que hay algo debajo que me quiere devorar. Me duermo.
    Vuelvo a encontrar a la mujer. Esta vez lleva el pañuelo más ajustado. Le aprieta sobre las cejas inexistentes y bajo la barbilla.
    Parece tener la boca y su único ojo más cerca entre ellos. Sonríe cuando me ve nadar entre pesadillas hacia ella. Sus dientes se han fundido en una sola pieza blanca, que casi no la deja hablar. Le digo que necesito una solución y estiro el cuello para que pueda verme bien la cara.
    Hace un gesto como de preocupación. Pero es complicado interpretarlo en esa cara constreñida. Con una mano raquítica señala un objeto que hay en el suelo blando.
    Es una azada pequeña, del tamaño de una maquinilla desechable. Hace el gesto de acariciarse la mejilla, aunque sus brazos no son tan largos como para hacerlo.
    Mientras me acerco la azada a los surcos de cara me fijo por primera vez en el cuerpo de la mujer. Lleva un traje rosado tostado, como el pañuelo, que le cubre hasta los pies.
    Tiene los brazos muy delgados, como atrofiados. Estoy pensado en su extraño aspecto cuando noto el picor que la mini azada va dejándome al paso por la cara.
    Siento un alivio desesperado cuando examino el picor con las yemas de los dedos. La piel vuelve ser la de siempre.
    Miro a la mujer para darle las gracias, pero la veo señalando el suelo de nuevo. Ahora entre las dos hay un montón de horquillas de madera.
    Como las que se usan para apuntalar las parras. La miro sin entender. Ella me devuelve el gesto con su único ojo.
    Me señala el torso y siguiendo la trayectoria de su dedo encuentro mis pechos caídos, mi carne cansada y traicionera, colgando.
    Despierto empapada en angustia. Voy directa al baño, al espejo. Busco las consecuencias de la pesadilla. No hay nada.
    Ni hierba en las piernas, ni marcas en la cara y ni más flacidez de la habitual.
    Me derrumbo en la taza con los codos hundidos en las rodillas y la cabeza apuntalada sobre las manos. Como si fueran las horquillas de una parra.
    La idea me hace levantarme de un salto y meterme en la ducha. Me voy a la calle, tengo que hacer algo normal o me acabaré de volverme loca.
    Llamo a Ana para irnos de desayuno precumpleañero. Funciona durante un par de horas. Hasta la tarde no noto el movimiento en el abdomen. Puede lo haya estado ignorando.
    Estoy a punto de llamar a Marcos cuando algo se me revuelve detrás del ombligo. Me quedo apoyada en la pared del portal y me palpo la zona.
    Vuelve aquella sensación absurda de hace unos días. Ahí dentro hay algo que tiene hambre. Pero es absurdo. Subo como puedo al piso y esta vez no espero a tener sueño.
    Me meto un par de somníferos y voy en busca de la mujer.
    Tropiezo con ella antes de verla. Y aún cuando lo hago sólo la reconozco por la lógica absurda del sueño. Ha vuelto a cambiar.
    Ahora sus rasgos se han concentrado en un una boca en el centro de la cara. En lugar de dientes asoma una baba blanca que gotea lentamente por su barbilla inexistente.
    Ha perdido por completo las extremidades y el vestido rosado se le ha ceñido, uniéndose al pañuelo en una sola prenda tubular.
    Voy a dirigirme a ella cuando me vomita un chorro de baba espesa. La cantidad es desmesurada.
    Me tira al suelo, escuece en los ojos y me inunda la boca con un sabor salobre. Cuando intento incorporarme lo que llevo en el vientre despierta.
    Un dolor impensable me parte por la mitad desde la entrepierna. Eso va a salir. Quiere alimentarse de la porquería que me empapa.
    Mis propios gritos me devuelven a la vigilia. La luz de un sol indeterminado ilumina el sillón donde me quedé dormida.
    Empapado de la sangre que me corre entre las piernas. Empapado de una vida perdida.

    https://docs.google.com/document/d/1NaypIDb3GaEnSpcK94ZCc1qXSbkn9WHXX3eewHHtz5M/edit?usp=sharing

    1. Hola, Sergio:
      Lo publico. Cuando has avisado de su bizarrismo me he asustado un poco, pero la verdad es que no es para tanto… O no para lo que yo considero tanto.

      El relato está muy bien, quizá lo mejor sea la tensión, el tono ominoso y el punto de vista sólido que has adoptado. Bien por esas decisiones. El elemento fantástico está bajo control y me parecen especialmente bien manejadas las dinámicas del sueño. La transformación de la bruja es muy efectiva.

      En el lado menos bueno: corregir es buena idea. Hay unas cuantas reiteraciones y en ocasiones repeticiones de sufijos innecesarios que son, estoy segura, fruto de la prisa. Ejemplo: «me acabaré de volverme loca».

      Y luego yo cambiaría el orden del primer sueño y el segundo: es más impactante soñar que tienes surcos en la cara que se te ha caído el pecho. Sobre todo porque el pecho se cae que da gusto y es algo con lo que tienes que llegar a un acuerdo con no agresión contigo misma. Los pechos se ocultan y se alzan con sujetadores. La cara está ahí, a la vista de todo el mundo. El impacto sicológico es mayor y la escalada de psicosis funcionaría mejor. En la primera lectura el fragmento del segundo sueño se me ha hecho aburrido porque bajaba los decibelios.

      Las menciones a Marcos tampoco son necesarias, pero de eso hablamos en junio…

      ¡Buen relato!

    2. Hola Sergio. Este mes uno de los relatos que me toca comentar es el tuyo, así que allá voy.

      En general he disfrutado de su lectura. Creo que está bien trabado, y aunque a veces cuesta un poco navegar por tus palabras, el desarrollo narrativo es algo que me parece logrado. Concretamente, había pensado en comentar primero las cosas buenas y luego las que yo quizá pondría de otra manera o que me han chirriado un poco en la lectura. Todo siempre desde el más absoluto respeto, por supuesto.

      Las cosas buenas. El léxico me ha sorprendido para bien. Hay palabras que tienen una sonoridad enorme, como por ejemplo “comezón”. Y las combinas bien con términos más coloquiales como “me meto”, lo cual es un logro. También me parece buena idea que hayas incluido elementos de lo que tú llamas bizarrismo. Me parece una elección atrevida, pero creo que está bien que hayas querido ir hacia lo weird.

      Las cosas que al menos a mí me han llamado un poco la atención son las siguientes. Lo primero, la sintaxis. Si el léxico está bien, la sintaxis me descolocaba mucho. Frases muy cortas, pero con poca agilidad. Hablo de cosas del tipo “me vomita un chorro de baba espesa. La cantidad es desmesurada”. Luego, la sensación que yo tuve al leer el relato es que el narrador sabe más que la protagonista, pero eso no se refleja en el tipo de narrador que escogiste. Optaste por un narrador en primera persona, y en algunos momentos parece que la protagonista sepa algo más de lo que ve. Por ejemplo en “Intento alargar la conversación para impregnarme de su alegría y ella lo toma como una señal de estoy de buen humor” o “Hace un gesto como de preocupación. Pero es complicado interpretarlo en esa cara constreñida”.

      Por último, he tenido un poco la sensación de que estaba leyendo un flujo de conciencia. No sé si es lo que pretendías, y esto de por sí no es ni bueno ni malo. Solo te lo comento porque al leer he tenido esa sensación de estar en parte recorriendo una psique.

      Te digo lo mismo que en el anterior comentario sobre el que opiné. Es ya difícil hacer estas cosas con los plazos que tenemos y lograr que salgan buenos textos. Si para encima añadimos los límites de palabras, no es pequeña cosa que hayas armado un relato donde en menos de 1000 palabras hay weird, terror y flujo de conciencia. Esto hay que ponerlo en valor.

      Un saludo.

      1. Hola, Manuel!

        ¡Gracias por tu comentario! Me alegra mucho que te gusten los riesgos que tomé, la verdad es que iba un poco asustado con el tema, por eso puse la advertencia al principio.

        Sobre lo que comentas de la sintaxis, pues resulta que para mi esa fue una dificultad añadida. Porque no suelo escribir así, pero como decidí hacer una continuación directa del pie que nos dio Alicia tomé también la sintaxis usada en él para mantener la coherencia. Habitualmente no escribo en un estilo tan directo y tan abrupto. De todas formas intenté que fuera lo más cómodo posible, si no te lo ha resultado supongo que podría retocarse. Tomo nota.

        En cuanto a narrador (y al estilo “flujo de conciencia”), me pasa como con la sintaxis: es el mismo que tenía el pie de Alicia. No entiendo muy bien a qué refieres, porque el narrador y la protagonista son la misma persona. No es que el narrador sepa algo de más, es que la protagonista supone algo o tiene dudas sobre lo que percibe. Pero le daré una vuelta, que si te ha sonado raro seguro que hay algo que chirría.

        Una vez más: muchas gracias por tu comentario. Un saludo, nos leemos!

        1. Hola:

          Con cariño te lo digo: en español no se toman riesgos, se corren. Así somos. En inglés son más de take risks.

          😉

  7. Hola, Alicia!
    Me alegro de que te gustara el relato y, sobretodo, de no haberme pasado de creepy. Ponerme a hablar sobre los temas que toco en el relato, y encima con ese tono bizarro, se me hacía un poco cuesta arriba. Pero es que el pie que nos diste sólo me dejó ir hacia ahí xD
    Sobre lo de la corrección tienes toda la razón del mundo. Soy un cutre que se ajusta mucho al plazo final. Uno de mis propósitos de año nuevo era empezar a usar una agenda, como Gaiman manda, incluso me compré una monísima con gatos y citas literarias molonas, pero nada… que soy un desastre y punto.
    Sobre lo de los sueños: lo hice en este orden porque el tercer sueño no iba a tener consecuencias en su vida diurna, porque quería darle un respiro antes del acto fin.
    Estoy ansioso por ver qué nos tienes preparado para el mes que viene.
    Un abrazote! Nos leemos!

  8. Hola a todas!
    Lo primero, os deseo tanto vosotras como vuestras familias estéis bien. También quiero pediros perdón por el retraso en la entrega. Generalmente, procuro ser más organizado con estas cosas, pero están siendo semanas duras de trabajo y he andado con poco/sin tiempo. Y sin más, os dejo acá mi relato. Un abrazo enorme y muchos ánimos para todas! 🙂

    La noche pasada lo sentí moverse. Me picaban mucho las pantorrillas, y esta mañana al levantarme tenía una urticaria. Pensé que podía ser una reacción alérgica, porque las hojas me habían salido poco después de mudarme al piso de mi novio. Me puse unos vaqueros y volví a la floristería de la mujer que me había vendido el fertilizante, pero estaba cerrado. Pregunté por la zona y la gente me dijo que el negocio lo llevaba una familia china y que no sabían mucho más. Volviendo hacía un calor insoportable, así que al llegar a casa lo primero que hice fue quitarme el pantalón. Para mi sorpresa, los círculos verdes habían germinado y comenzaban a verse algunas hojas pequeñas que podía desollar. El picor había desparecido, pero me apetecía mucho darme una ducha para refrescarme, así que me metí bajo la alcachofa un buen rato, como media hora o algo más. Sentí mis piernas hincharse un poco. A los pocos días comenzó a salirme hierba en los brazos y bajo las axilas. También pequeñas hojas que podía arrancar, pero no noté nada moverse por dentro.

    Las siguientes semanas fueron un poco extrañas. Empezaron a salirme más hojas de hierba y más urticaria. Interpreté que aquellas ronchas eran la forma que tenía la cosa de decirme que tenía hambre. Cuando eso pasaba, me regaba un poco o me ponía un poco de aquel fertilizante orgánico y con eso aguantaba hasta el siguiente picor. Eso sí, dejé de salir a la calle porque me daba mucha vergüenza que otras personas me viesen así y no quería tener que cubrirme entera y volver sudando. Mi novio me sugirió que, si me sentía más cómoda, podía quedarme en casa, que él ganaba suficiente dinero para mantenernos a los dos con el concesionario. Cuando llamé a mi amiga Sofía para contárselo, me dijo que aquello le parecía un error y me recomendó no hacerlo, pero no la escuché. No te ha entendido, dijo mi novio cuando se lo conté. Podemos vivir perfectamente los dos con lo que yo gano, y si no quieres salir, siempre puedes quedarte en casa, que no tiene nada de malo.

    Al cabo de un tiempo, estaba cubierta de hojas por todo mi cuerpo. La cosa me había dejado heridas abiertas de las que brotaba pus en la espalda, y los dedos de la mano derecha los tenía en carne viva. Me costaba dormir y muchas noches me quedaba sola en la cama. Afortunadamente, las hojas, que crecían verdes y frondosas, disimulaban bien aquel desastre. Como no estaba para salir, mi novio me propuso dedicarme al cuidado de la casa. Dado que él trabajaba fuera, alguien se tenía que ocupar de limpiarlo todo y hacer la comida. Tener hierba me generó otros problemas: como me daba vergüenza que otras personas me viesen así, pedía la compra por Internet. También dejé de quedar con mis amigas. A veces, ellas proponían un plan, pero yo me sentía sin ánimos. Entonces me preguntaban si estaba bien, y yo contestaba que sí. Siempre que sí, a pesar de las yagas, el pus y la urticaria. Me dejé crecer el pelo porque no quería ir a la peluquería y mi novio no sabía cortármelo. A veces me miraba en el espejo y me cuestionaba por qué seguía conmigo porque yo me daba asco, aunque él nunca me lo echaba en cara. Un día le pregunté si todavía me quería, y me respondió que claro que sí, que qué cosas tengo. Le dije que me sentía fea y me contestó que estaba exagerando.

    Mi madre me llamó un martes por la tarde para saber si aquel domingo podíamos ir a su casa por su cumpleaños. Yo no les había dicho nada a mis padres nada por miedo a que se preocupasen. No, no podemos. Es que Carlos está enfermo. Sí, si mejora, yo os aviso y vamos. A la tarde siguiente mis padres se presentaron en casa. Carlos estaba en el trabajo, y cuando abrí la puerta supieron por mi aspecto que algo andaba mal. Mi madre me dijo que mis amigas habían hablado con ellos. Que estaban preocupadas por mí desde hacía un tiempo. Quisieron saber cuándo había empezado a salirme hierba, y se lo conté todo. Me sugirieron irme a casa con ellos un tiempo, que allí mejoraría. Les aclaré que mi novio no tenía la culpa. Me dijeron que claro que era su culpa, que todo había empezado cuando me mudé con él. Dice que te quiere, pero te tiene aquí aislada, sin salir a la calle y con el cuerpo lleno de heridas, pero limpiando y teniéndole lista la comida. Yo insistí en que no era su culpa. Vale. Si lo no es, vente con nosotros y si no mejoras, hablamos. Es lo mejor para ti.

    Carlos se enteró de que me había marchado porque mis padres le dejaron una nota colgada de un imán en la nevera. Fue a por mí hecho una furia. Que nadie me iba a querer, que puta zorra, que cómo le hacía eso, que siempre me había tratado bien, que me quería mucho, y que estaba dispuesto a lo que fuese. A lo que fuese. Y yo quería creerle, pero por primera vez desde hacía mucho no notaba a la cosa moviéndose por dentro de mis piernas. Y quería volver, pero supe que mejor que no. Él estuvo varios meses pidiéndome perdón, diciendo que sentía mucho todo, que estaba solo y proponiéndome volver, pero yo seguía mejorando. Ya no me salía hierba, las heridas y la urticaria estaban desapareciendo y me encontraba con ánimos. Había vuelto a salir a la calle y a quedar con mis amigas. Un día, de repente, Carlos dejó de escribirme, como si se lo hubiese tragado la tierra. No me importó, yo estaba bien. Al cabo de un tiempo, me enteré de que era porque otra chica se había mudado a su piso… y había empezado a salirle hierba en una pierna.

    1. Pues otro gran relato. La verdad es que este mes me estáis haciendo muy feliz. En este caso, además, elemento fantástico es puramente alegórico, lo que siempre le da el doble punto de inquietud. Una no sabe si de verdad es hierba lo que tiene la muchacha u otra cosa. La mención a las heridas por parte de la familia es crucial en eso.

      Hay algunas cosas que le ponen un poco más de peso del necesario, detalles que no añaden mucho. Por ejemplo: «me metí bajo la alcachofa un buen rato, como media hora o algo más». A ninguna lectora le interesa demasiado el lapso de tiempo exacto en que un personaje hace algo salvo que sea de extrema importancia para la trama. Como el detalle de que la tienda la llevara una familia china ¿de verdad es relevante eso?

      Lo importante de esta historia es el proceso de aislamiento de la chica y cómo su personalidad se va oscureciendo.

      Creo que el trabajo que merece el relato es despojarlo de las cosas que no suman y poner algunos detalles que lo hagan más tangible.

      Luego, hay algunas frases que creo que sé por dónde van pero que no están del todo conseguidas: «Me costaba dormir y muchas noches me quedaba sola en la cama». Creo que esto alude a que el muchacho dormía en otro sitio y que por tanto se produce cierto abandono, pero no termino de estar segura.
      Le pasa algo parecido a Silvia.

      Tened en cuenta, en las revisiones, que una cosa es lo que vosotros sabéis en vuestras cabezas y otra cosa es lo que escribís, no siempre es lo mismo.
      ¡Buen ejercicio!

      1. Ay, pues muchas gracias por tomarte el tiempo de leerlo en detalle y señalar los fallos. Tomo buena nota de lo que dices y me lo apunto todo para seguir puliéndolo 🙂

    2. ¡Hola, Manuel!
      Como soy nueva por aquí, espero comentar tu relato correctamente. Así que, perdóname si se me escapa algún aspecto que debiera mencionar.
      Para empezar, me ha encantado tu historia. La idea central me parece muy original, así como la crítica social que conlleva. Me gusta como comienza y como acaba. El desarrollo me parece correcto. Además, creo que llevas al lector al sorprendente punto final a través de una “tensión” que está muy conseguida a lo largo del texto por la transformación que describes. También me ha encantado como evoluciona el personaje y como esa evolución es física y a través de convertirse en planta. Me recuerda al mito de Daphne y Apolo. A mi parecer, un relato muy interesante, y si es así, un trabajo intertextual muy bien hecho (con sus diferencias con el original, por supuesto).
      Como puntos más flojos, quizás, como comenta Alicia, también señalaría algunas frases como : “las siguientes semanas fueron un poco extrañas” o “media hora o algo más”. Quizás, ese sentimiento de lapsus de tiempo o la sensación de que algo está pasando por la descripción de “extraño”, lo pudieras describir mejor a través de los sentidos y no algo tan ambiguo.
      Vuelvo a decírtelo, me ha gustado mucho tu historia. Un placer haberte leído 🙂
      Un saludo y hasta el próximo mes.

      1. Ay, muchas gracias por el comentario! Yo también he comentado en el tuyo este mes. Modestamente, te agradezco mucho los halagos y me parece que las críticas tienen mucho sentido. Gracias por ponerlo de forma constructiva!

    3. Buenas, Manuel! Acabo de leer tu relato y lo que más remarcaría es el proceso hacia la desidia y la pasividad que toma la chica. Hay ciertos momentos que parece tender hacia algo más crudo y visceral que un drama, cuando hablas de sus heridas en la espalda, de que no se corta el pelo o del pus. Me gustaría que hubieses tomado ese rumbo. Por contra creo que la reacción del novio cuando se pone echo una fiera y la llama puta, etc; no sé si está justificada, o simplemente me da la sensación de que no hay ningún indicio que indique el mal carácter o una posible reacción así por parte del novio, todo lo contrario: se ve muy comprensivo y bueno. Dicho esto, el relato me parece como una alegoría de la toxicidad que puede tener una pareja y como puede herirte. Lo veo muy bien porque dentro de esta historia que podría considerarse realismo mágico hay un drama social que cuenta con un elemento fantástico que no sabes realmente si es una metáfora o es real, como hacía Poe.

  9. La última de su estirpe — Azel Highwind

    Su nombre es Yatziri Lunae y nació hace ya miles de años en algún lugar recóndito de la meseta americana, en el seno de una tribu sedentaria cuyo sustento era la caza. Desde bien pequeña sintió que era diferente de todos quienes la rodeaban. Le horrorizaba la caza, no le gustaba comer los mismos alimentos, incluso algunas veces llegaba a vomitarlos; detestaba vivir en las montañas y siempre pedía poder ir a jugar al bosque.
    «Es peligroso, querida hija, viajar más allá de esos árboles. Fíjate, hay arañas que te matarían en segundos. Serpientes que te tragarían sin mayor esfuerzo. Aléjate del bosque.»
    Las palabras de sus padres le infundían temor, pero el reclamo que sentía de los árboles era mucho más fuerte. Y, sintiéndose incomprendida por su tribu, una noche huyó hacia el interior del bosque.
    Encontró arañas amenazantes, de colores y dibujos en sus cuerpos que hubiesen hecho estremecer incluso al más valiente. Su camino fue flanqueado por serpientes de ojos que ves en las pesadillas, cuando te encuentras atrapado. Pero Yatziri no sintió miedo. Siguió andando, acompañada de criaturas desafiantes, cuyos movimientos eran abruptos, acechantes y violentos. Pero que en ellos se vislumbraba una cualidad intencionada, como si todo fuese sólo un espejismo.
    Cuando llegó a un claro se encontró miles de hadas cuchicheando nerviosas, dibujando con sus diminutas manos gestos impacientes en medio de la discusión. Y en un lago central emergían las cabezas de criaturas de leyenda.
    —Querida niñita, ¿cómo has entrado aquí? —le preguntó un hada que se acercó rápidamente a ella.
    —Esto es maravilloso, nunca había visto nada tan bonito… —musitó Yatziri
    —¿Te gusta? —preguntó otra hada—, ¿no te asustan estas criaturas?
    —¿Las arañas y las serpientes? ¡No! Son preciosas, de veras.
    Entonces ascendieron del lago unos seres gigantescos. Sus cabezas, de hocicos alargados, aletas puntiagudas y branquias que parecían hablar; rozaron las copas de los árboles, agitando las retorcidas ramas que dejaron caer algunas hojas de aspecto ilusorio que se deshicieron en polvo centelleante sobre las manos de la niña.
    —¿Y estas? —profirió otra hada
    Yatziri observó unas criaturas hipocéfalas agarradas a las gigantescas patas cuyas dueñas ahora se alimentaban de la luz que se colaba entre las copas de los árboles.
    —¡Qué divertidas! ¡Me encantan!
    —Esta niña es muy rara…
    —Quizá podemos hacerle la prueba.
    —¿Estás loca? ¡Es muy pequeña!
    —Pero el tiempo apremia.
    —Y los monstruos acechan…
    —Es verdad, no aguantaremos el próximo ataque.
    Las hadas hablaban entre ellas con aire excitado. Se pusieron a discutir largo rato mientras Yatziri jugaba con las extrañas criaturas azuladas que no dejaban de menear la cabeza agarradas a esas patas gigantescas de las que crecían flores.
    —Es especial. Ha conseguido llegar hasta aquí —dijo una de las hadas.
    —Tienes razón, es posible que su cuerpo lo acepte…
    —¿Lo hacemos?
    Un clamoroso «sí» llenó el claro y se alargó hasta las alturas donde los gigantes de escamas rosadas que olían a tulipanes y a anguilas chupaban la luz con sus morros alargados.
    —Atiende, niñita —dijo el hada Zazilendia.
    —¿Sí?
    —Queremos pedirte un favor. Si lo aceptas, podrás ser nuestra amiga para siempre.
    —¡Claro que sí! Me encantaría.
    —Entonces, querida amiga, debes venir con nosotras al fondo del bosque. Conocerás el arroyo que nos dio vida, y en él tú te convertirás en una de nosotras. Aunque serás mucho más —el hada Zazilendia dudó un instante—, también debo decirte que es una transformación peligrosa y podrías morir.
    —Pero yo no quiero morir…
    —No te vamos a obligar, si tienes miedo puedes volver a tu casa.
    —¡No tengo miedo!
    Entonces, las hadas rodearon a Yatziri y la elevaron en el aire. Rodeadas de una luz multicolor y crepitante como el fuego, se fueron volando hacia el lugar donde la niña pasaría siete días y siete noches sufriendo la más dolorosa transformación, sumida en unas tinieblas delirantes de fiebre y sudores.
    Cuando salió de las sombras, multitud de hadas aplaudían, reían y lanzaba vítores de victoria. Yatziri tuvo que esforzarse para ponerse de pie. Poco a poco sus sentidos volvieron, y se vio a sí misma radiante. Creyó percibir que su cuerpo había cambiado, como si la magia de ese paraíso se hubiese fusionado con ella. O, quizá, como si algo de allí, su raíz esencial, se hubiese colado en su cuerpo.
    —Ahora eres una de nosotras, preciosa Yatziri. Te hemos conferido nuestros poderes y, a partir de ahora, todas nosotras viviremos en tu interior.
    Yatziri palpó su cuerpo, nerviosa, y sus ojos saltaron de un hada a otra.
    —No te asustes, piensa en nosotras como tus nuevos poderes.
    —¿Pero por qué habéis entrado dentro de mí?
    Las hadas cambiaron sus semblantes. Se podía percibir tristeza.
    —Nuestra hora llegará a su fin. El bosque perecerá pronto, los animales y las plantas morirán.
    —¡¿Qué?! ¿Cómo sabéis eso?
    —En este mundo habitan criaturas peligrosas, querida niña, ya nos atacaron antes.
    —Debo avisar a mis padres. ¿Ya es de noche?
    —Pequeña Yatziri, ¡ve con cuidado! ¡Los monstruos acechan! —gritó el hada Zazilendia viéndola irse corriendo a través de los árboles.
    Cuando la niña llegó a su aldea, la devastación pintada con sangre y barro se imprimió en sus retinas. La aldea había sido arrasada. Los cuerpos de sus padres, mutilados en una especie de ritual.
    —Todo es culpa vuestra, ¡malditas hadas!
    Mientras gritaba y escupía su amargura vio crecer algo verde en sus piernas. Luego la hierba llenó sus brazos y la sintió desarrollarse debajo de sus ropas.
    Pero había algo más, muy adentro, algo diferente y más poderoso. Se retorcía dentro de su útero, pidiendo comida.
    Yatziri abandonó el lugar con gran recelo y un rencor indescifrable clavado en su corazón.
    Pasaron los años y el recuerdo de su tribu cada vez era más difuso. En cambio, las hadas empezaron a hablarle.
    Actualmente vive en un apartamento en la decimotercera planta de un rascacielos de Nueva York. Ha aprendido a dominar su magia y también al monstruo que habita en su interior.

    1. Hola, Azel.

      Ya hemos hablado por privado, así que no me sorprende que el texto se desvíe un poco del tema propuesto. Y digo algo porque en realidad yo pedía el después, pero tú has escrito el antes. No es un desvío tan terrible.

      El relato es interesante, pero algunos fragmentos son innecesariamente largos, por ejemplo la conversación de las hadas. Creo que el resultado ganaría si dibujaras un poco más e l comienzo, con el viaje por el bosque, y redujeras las dudas de las hadas que, de todas formas, son personajes secundarios.

      Uno de los fallitos que veo a menudo en tus relatos es que acumulas adjetivos para provocar emociones, pero luego esas emociones no se trasladan al texto. El famoso contar vs mostrar. Por ejemplo aquí:

      -Le horrorizaba la caza, no le gustaba comer los mismos alimentos, incluso algunas veces llegaba a vomitarlos; detestaba vivir en las montañas y siempre pedía poder ir a jugar al bosque.

      Fíjate en la diferencia si escribes algo así:
      -Le horrorizaba la caza. Cada vez que le ponían un pedazo de carne en el plato se le retorcía el estómago y, aunque ignoraba las nauseas y masticaba las fibras que antes habían pertenecido a un precioso animal, terminaba vomitando.
      La idea es que veamos a la niña y veamos lo que significa para ella odiar la caza. Lo mismo en este segundo ejemplo:
      -Su camino fue flanqueado por serpientes de ojos que ves en las pesadillas, cuando te encuentras atrapado. Pero Yatziri no sintió miedo. Siguió andando, acompañada de criaturas desafiantes, cuyos movimientos eran abruptos, acechantes y violentos. Pero que en ellos se vislumbraba una cualidad intencionada, como si todo fuese sólo un espejismo.
      Podrías hacer esto más gráfico para que tu lector se sienta amenazado:
      La acompañaron grandes serpientes sinuosas, engendros de pesadilla plagadas de ojos que acechaban todos sus movimientos. Pero Ytziri no sintió miedo, sino curiosidad. Trató de acariciar a una de ellas, pero el ofidio se apartó. A las serpientes las sustituyeron otras criaturas. Reptaban y se arrastraban tras ella.

      La cuestión es poblar tu relato de imágenes y dar a esas imágenes un significado que afecte al protagonista. Lo del espejismo lo quitaría porque parece que las hadas dan a entender que los bichos son de verdad. Además, que lo sean funciona mejor para definir a la niña.

      Por lo demás, me gusta el tono legendario del relato y creo que es un buen comienzo para el ejercicio de junio.
      ¡Buen trabajo!

      Por lo demás,

    2. Hola, Azel. Es la primera vez que me toca comentar un relato tuyo. Vamos a ello.

      Sobre lo que nos ha pedido Alicia en este reto, pues la primera parte la cuadras: has creado una historia que tiene un inicio, un nudo, un clímax y un desenlace, todo bien marcado, con lo que por ese lado, genial.
      Tal vez el desenlace me ha parecido demasiado rápido en comparación con la velocidad del resto de la historia. Es cierto que no te has pasado de las palabras, pero me das dos imágenes muy potentes (cuando el recuerdo de su tribu se va desvaneciendo y empieza a oír de nuevo a las hadas, y donde nos dices que vive en Nueva York y que ha aprendido a dominar su magia) las dejas sin desarrollar. Tal vez era algo que buscabas: dejar un final abierto con múltiples posibilidades. O puede que sea una cuestión del número de palabras (a mí me suele pasar casi siempre). Si yo fuera tú, creo que quitaría ambos párrafos y terminaría el relato en la frase anterior, que deja muy buena imagen al final de la historia. Molan, en serio, pero puede que no sean necesarios.

      Lo otro que nos ha pedido Alicia es que escribiéramos la continuación de su microrrelato. Y aunque aludes al crecimiento de hierba en Yatziri, es muy leve, más una excusa para presentar al monstruo que habita en su interior.
      Me mola lo que has hecho, pero no es exactamente lo que nos había pedido Alicia. Eso no quita que la historia te haya quedado muy interesante.

      Me ha gustado mucho que hayas enmarcado el relato en la meseta americana hace miles de años, cosa que también se saborea a lo largo del relato. Magia, antigüedad y el inicio del viaje del héroe. Una estupenda manera de resolver el reto de este mes.

      Tal vez yo no le daría nombre al hada (Zazilendia) que habla con ella, pues le da una importancia que la final no parece consolidarse. Como muchas hadas hablan con la niña, no parece necesario que haya una más importante que las demás. Y además, me gusta la imagen de mogollón de hadas hablando todas. ¿Quizá miles sean demasiadas? Podrías ser menos concreto con ese dato con algo del estilo “Cuando llegó a un claro lo encontró abarrotado de hadas que cuchicheando nerviosas…”.

      Lo dicho: un relato muy interesante y muy distinto a los que las demás hemos hecho. Felicidades y nos vemos por aquí. Saludos cordiales:

      Amaya

  10. Hola, Azel!
    En cuanto a planteamiento-nudo-desenlace, pues está claro que cumple. De hecho en cuanto al “desenlace” cumple dos veces y me parece que no hace le hace falta. La imagen finalísima es muy potente por contrate, pero justo antes nos das otro giro de tuerca y terminan por deslucir los dos. Yo te diría que quitaras el último párrafo o integraras en el la última frase del penúltimo. Podría ser algo así como “… el recuerdo de su tribu cada vez más difuso. // Actualmente vive en un apartamento en la decimotercera planta de un rascacielos de Nueva York. Ha aprendido aprendido a hablar con las hadas, domina su magia y también al monstruo que habita en su interior.”

    El tono mitológico del relato me gusta un montón. Me gusta mucho que esté ambientado en América y quizá por eso (y por mi propio desconocimiento) me ha chocado que usaras “hadas”, que son un ser mitológico que yo asocio más a Europa. Después de esas “arañas de colores y dibujos en sus cuerpos que hubiesen hecho estremecer incluso al más valiente” (me encanta esa frase, implica un conocimiento previo de la fauna que me parece que aporta mucho) yo esperaba ver un claro lleno de serpientes aladas o de espíritus del bosque a secas.. no sé, será algo personal, pero es que a mi me dices “hada” y pienso automáticamente en Campanilla…

    De hecho, en cuanto a la hadas, yo creo que no vale la pena que nombres a la interlocutora. No va a tener mayor peso en la historia y haciéndolo desvías la atención de la Yatziri.

    Y que me ha gustado mucho, vamos. Aunque se saliera un poco (bastante) del pie propuesto por Alicia 😉

    Un saludo, nos leemos!

    pd. mmm, eso de las criaturas “hipocéfalas”… O_o… ¿dónde tienen la cabeza?

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